Convento San Bernardo

Este edificio es uno de los más antiguos de la ciudad de Salta, fue construido a fines del S. XVI o comienzos del S. XVII, según lo expresan en 1626 Gómez de los Ríos y el Gobernador Alonso de la Rivera.

Fue declarado Monumento histórico nacional el 14 de julio de 1941 por decreto Nº 95687.

En principio fue Ermita de San Bernardo, patrono de Salta en sus albores. En 1586 se levantó un edificio contiguo, destinado para hospital, bajo el nombre de San Andrés, que sólo en 1726 quedó en condiciones de ser habilitado.

Posiblemente desapareció en el terremoto de 1692, ya que no existía a principios del S. XVIII. La construcción de esta nueva dependencia fue muy lenta, en 1726 quedó en condiciones de ser habilitada.

Con el correr de los años sufrió reiterados inconvenientes y tuvo que cerrar sus puertas, tomando distintos nombres al reabrirlas en 1787 y 1805, para este último año, el 20 de agosto, el hospital reabrió sus puertas bajo la atención de los Padres Betlemitas.

Presbítero Don Isidoro Fernández

Con el correr del tiempo, el hospital fue perdiendo importancia, el Presbítero Don Isidoro Fernández, hizo venir de Chile en 1846 unas Monjas Carmelitas Descalzas con el fin de crear un beaterio al que dio el Nombre "Nuevo Carmelo de San Bernardo". Así, la primitiva Ermita y el Hospital Anexo quedaron Convertidos en el Convento de San Bernardo que ha llegado hasta nuestros días.

Cuando las Monjas se hicieron cargo del convento se clausuró la Puerta que servía de entrada al hospital contigua a la capilla y se abrió una nueva portada. La decoración de ésta y las monjas que se realizaron en el frente de la Iglesia, fueron realizadas por el ya nombrado Isidoro Fernández. En la nueva entrada al Convento, se colocó una hermosa puerta que perteneció a la familia de Bernardo de la Cámara. Esta puerta fue realizada en madera de Algarrobo, tallada a mano por los nativos en 1762. tiene jambas compuestas de columnas Salónica que sostienen un curioso dintel de dos arcos, unidos en el centro por motivos de hojas y una tarjeta con la sigla de Cristo. Las laterales son de estructura similar, ubicadas por encima de las jámbas que tienen la inscripción "Don Pedro Balentín de la Cámara, año 1762". Fue colocada en el año 1847 y constituye la más pura expresión de su género en el país.


Fotografías: Fernanda Agüero y José de Guardia de Ponté

 

EL CONVENTO SAN BERNARDO

Por Diego Cornejo Castellanos

“A pesar de la transformación argentina, Salta es todavía una de las ciudades que guarda su característica colonial....”, escribía allá por 1926 el destacado historiador Carlos Ibarguren añadiendo: “En sus rincones reviven los tiempos idos; el vetusto monasterio de las Carmelitas, al pie del cerro San Bernardo en la rústica iglesia de fachada secular con su nicho frontal que guarece una imagen española, descolorida y añosa, en la venerable puerta del convento tallada con lujo ingenio y defendida con gruesos cerrojos enmohecidos; en las callejas apacibles, cruzadas a ratos, por siluetas silenciosas, por graves eclesiáticos, por mujeres del pueblo arrebujadas en amplios mantos”.

¿Por qué se lo nombra a San Bernardo como patrono de Salta?. Según relataron algunos autores en la antigua gobernación del Tucumán, aproximadamente en 1706 la ejercía don Esteban de Urizar y Arrespacochaga, Caballeros de la Orden de Santiago y Maestre de Campo de la Infantería de España, las tribus aborígenes salvajes del Chaco, tobas, matacos y malvalás, declararon una cruenta guerra contra Salta tendiente a su exterminio.

Cuando el grueso de los indios se hallaba dispuesto a irrumpir en nuestra ciudad, las autoridades locales enviaron como negociadores dos hermanos provenientes de Buenos Aires, al capitán don Gabriel Torres y a don José Ignacio, estos fueron inmolados mientras los escasos habitantes salteños estaban decididos a sucumbir ante el asedio de los invasores.

Un narrador de la época, a quien transcribe don Miguel Solá daba cuenta que un cambio sustancial se operó entre los invasores: “Al pie de la ciudad, por la parte oriente se levantaba un monte bellísimo. Sobre unas piedras mostrándose libremente a la vista de los bárbaros, un bulto blanco, un bulto de varón, de pequeña figura, cuya capa blanca también mecía suavemente el viento de la tarde, se fijó impertérrito desde que se dio la voz de asalto”.

“Cuando poco tiempo después algunos comisionados del Chaco vinieron a la ciudad de Salta y penetraron en la Capilla de San Bernardo -¡aquél es, aquél es!- es fama que dijeron los indios, señalando la imagen del santo doctor, y echando a correr hasta parar sólo en pleno campo” concluye su referencia el mencionado historiador salteño.

En el seno del actual convento, vestigio inconmovible de la Salta fundacional a lo largo de más de cuatro siglos, se desarrollaron labores tanto de índole humanitaria y de asistencia a los ejércitos de la Patria, en el período comprendido entre los años 1586 a 1844 cuando fue sede del legendario Hospital San Andrés.

Luego en un breve interregno también en sus claustros se impartió la enseñanza de las primeras letras –según afirman algunos autores- y finalmente gracias a la tenacidad e íntima convicción pastoral del presbítero doctor don Isidoro Fernández, pudo establecerse la orden religiosa de las Hermanas Carmelitas Descalzas.

La recopilación documental y la investigación histórica más lograda acerca de este monasterio, la obra édita más completa sobre el tema, los salteños se la deben, sin duda alguna a Monseñor Miguel Angel Vergara, aquel insigne prelado e investigador de Salta y Jujuy que amerita ser el autor que sacó del olvido toda esta inapreciable historia para ponerla al conocimiento de sus comunidades: documentos, personajes, relatos que se remontan a los primeros años del actual Convento San Bernardo.

Monseñor Vergara fundó todas sus apreciaciones con profesionalismo recreando con gran amenidad aquellos “tiempos idos” a los que aludía el doctor Ibarguren. Según escribió este inolvidable obispo en sus narraciones, tiempo después que el viejo Hospital San Andrés había dejado de cumplir su cometido, desde Jujuy un joven sacerdote don Isidoro Fernández con apenas 29 años de edad, venía pergeñando la idea de reconstruir aquel preciado lugar que se encontraba prácticamente en la ruindad, pese a encontrarse radicado en la vecina provincia enseñando latín, regresa a Salta solicita y recibe el apoyo tanto a las autoridades del gobierno como de la comunidad: “... allí levantaría su Monasterio de hijas de Santa Teresa”.

Corría el año 1844 cuando el cura Fernández expuso su propósito al entonces gobernador de la provincia don Manuel Saravia, solicitándole expresamente se otorgara a título de donación perpetua, a cuánto él estimase imprescindible para llevar adelante su cometido.

El gobernador Saravia pasó vista de la presentación en primer lugar al Vicario Capitular, al Procurador de la Ciudad, de ese modo el presbítero Fernández pudo acceder a la compra de los predios circundantes al Convento, el gobierno también estimó prudente efectuar un relevamiento de cuantos ornamentos sagrados, útiles, etc., existían en el antiguo edificio y con fecha 12 de agosto de 1844 se aceptó la propuesta del sacerdote que en su parte dispositiva, artículo 5º estableció: “Sirva este Decreto de suficiente título de forma”.

Muchas de las damas que brindaron su apoyo económico a esta iniciativa, fueron las primeras novicias como posteriormente ocurrió con las donantes provenientes de Córdoba.

En cuanto a las labores cotidianas que realizaban las primeras hermanas, al presente no existen datos escritos sobre las mismas. Monseñor Vergara afirmó en su investigación. “Podemos imaginar la vida y actividad de las hermanas religiosas en medio de su nueva santa morada en Salta rodeadas de las futuras novicias” y afirma que “pero la tradición que se conserva como una herencia preciosa en los muros del Carmelo salteño, es harta expresiva. Todas trabajaban y oraban incesantemente. Con sus manos hacían labores y alcorzas para convertirlos en dinero necesario para la obra inconclusa del monasterio”.

Un asunto que inquietaba tanto a don Isidoro Fernández como a las autoridades eclesiásticas provinciales, era el referido a la instalación canónica del Monasterio, a tal fin se elevó a la Santa Sede dicha inquietud que fue gratamente acogida por su Santidad el Papa Gregorio XVI, en audiencia conducida por el Santo Padre al Vicario Capitular de Salta el 05 de setiembre de 1845 se concedió la autorización correspondiente: “y se encomendó al Vicario Capitular de Salta para que, previas a las prescripciones de la Orden Carmelita y del derecho común, realice el acto de fundación” según consigna en su libro Monseñor Vergara.

El actual Convento San Bernardo constituye a la fecha el más genuino referente de la Salta fundacional, pese al sinnúmero de avatares que esa reliquia arquitectónica está impregnada por hechos que signaron en no pocas oportunidades el destino de Salta y de la Patria misma.

 

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