Historia de Salta

Gral. Ricardo Solá

Gobernador de Salta en 1918

Por Andrés Mendieta

urante la gestión del presidente de la Nación doctor Hipólito Yrigoyen la provincia de Salta fue sancionada con tres interventores federales después de ser destituido el doctor Abraham Cornejo, en 1918. Una vez elegido gobernador de la Provincia el doctor Joaquín Castellanos éste se desempeñó al frente del Poder Ejecutivo por espacio de dos años por renuncia siendo reemplazado, para terminar el periodo, interinamente, por el doctor Juan Basílides Peñalba en virtud de ser presidente del Senado de la Provincia.

Al ser destituido el doctor Abraham Cornejo el 9 de mayo de 1918 por el gobierno nacional designó interventor de Salta al doctor Emilio Giménez Zapiola quien se vio obligado alejarse de tales obligaciones, mediante despacho telegráfico, a raíz de severos desencuentros con Yrigoyen y su ministro del Interior quienes no avalaron algunas medidas judiciales dispuestas por el comisionado federal.

El gobierno nacional no consideró la renuncia, sino en cambio, por decreto lo declaró cesante el 23 de julio de 1918, vale decir que su mandato solo alcanzó a cubrir los dos meses.

La llegada al poder del entonces Coronel de Brigada Ricardo Solá fue fortuita en razón que al alejarse Giménez Zapiola el citado jefe militar, que se encontraba como Comandante accidental de la V Brigada de Artillería, debió hacerse cargo del gobierno de Salta al encontrarse acéfalo, teniendo por misión preservar la seguridad, los archivos y edificios públicos de acuerdo con los reglamentos militares previstos para estos casos.

Si bien es cierto que son contradictorias las informaciones procedentes de sus biógrafos con referencia a su lugar de origen me permito en estas circunstancias sostener, por informaciones recogida en organismos pertenecientes al Ejército Argentino, que nació en San Miguel de Tucumán el 13 de julio de 1868, siendo hijo de Juan Solá y de Julia Terán, apellidos pertenecientes a tradicionales familias de Salta como de Tucumán. De su casamiento con Ana Fléming nacieron Juan Napomuceno y Mercedes Elisa.

Su foja de servicio contiene una vasta información tales como: en 1922 Ricardo Solá alcanzó al grado de General de División después de haber cumplido con marcado éxito en las diferentes misiones que le fueron encomendadas. En 1914 fue nombrado Comisionado Nacional en La Rioja; después de haber actuado como Interventor Federal en Salta, debió cumplir similares funciones en Tucumán en 1934.

Este oficial del Arma de Ingenieros fue, entre otras funciones, Jefe de Estado Mayor de la IV Región Militar del Ejército, miembro de la Comisión de Armamentos en el Arsenal Principal de Guerra, Jefe de la II División del Gabinete Militar, Agregado Militar en el Brasil, Director de la Escuela de Tiro, Director interino del Colegio Militar de la Nación, Presidente del Consejo de Guerra para Jefes y Oficiales, Comandante de la IV División de Ejército e Inspector General de Ejército.

Regresando a Salta se integró al quehacer provinciano tanto en su vida cívica como en la comercial. Su afición por la política lo llevó a ocupar una banca como Senador en dos oportunidades (1934-38 y 1938-42); participó en la fundación del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos cuyo sitial que lleva su nombre es ocupado en la actualidad por la doctora Marta de la Cuesta. Iintegró además la Asociación Retirados del Ejército y la Armada. En la faz comercial fue designado presidente de la Sociedad Anónima "La Salteña Ltda.".

Durante su carrera castrense fue distinguido con la Orden Al Mérito Militar, de Chile y con la Orden del Águila Roja, de Alemania.

El General Solá también dejó numerosas obras, tales como: "Reglamento de Pontoneros de Campaña", 1904; "Reglamento de Pontoneros de Montaña", 1907; "Reglamento para las ametralladoras a lomo", 1915 y "El General Güemes. Su actuación en la Guerra del a Independencia y su justificación ante la posteridad", en 1933.

Había nacido en Tucumán en 1868 y a los 83 años dejó de existir en Salta el 19 de enero de 1951.

 

Gral. Ricardo Solá

Figura señera, representativa de muchas cosas tradicionales y nobles de nuestro ambiente, era la del general Ricardo Solá, que desaparece a los 82 años dejando tras sí la estela de una vigorosa personalidad. Militar chapado a la antigua, había enriquecido su espíritu con los progresos de la ciencia, lo que lo llevó a desempeñar con extraordinaria eficacia cargos técnicos tan importantes como la Dirección de la Escuela de Tiro, la Dirección del Colegio Militar de la Nación y el comando superior del Ejército de IV División con asiento en Córdoba, desde el cargo de Inspector General. Integró también comisiones destacadas en Europa para la adquisición de armamentos, y fue autor de reglamentos militares como el de Pontoneros y el de las Ametralladoras a lomo, aprobados por el gobierno de la Nación. Había alcanzado Solá al egresar del Colegio Militar el primer puesto entre sus camaradas, puesto que mantuvo a través de toda su carrera, confirmando una vez más esa posición al obtener su diploma de Estado Mayor. Pertenecía el general Solá a una vieja familia salteña que tuvo como troncos a grandes conquistadores españoles: Jerónimo Luis de Cabrera, Ramírez de Velazco, Cangasy Tineo. Su estirpe aparece posteriormente prestigiada por la figura venerable del Pbro. Don Juan Nepomuceno de Solá, elegido miembro de la Junta mixta en el Cabildo abierto del 22 de Mayo de 1810, por la de su abuelo, el gobernador Manuel Solá, porta estandarte en Salta durante la tiranía de la primera cruzada por la libertad, y por la de su propio padre, el Coronel Juan Solá, guerrero del Paraguay, conquistador del Chaco y dos veces gobernador de su provincia. Pero donde la figura del general Solá adquiere relieves lnconfundibles, es en el orden civil de su vida. Ciudadano modesto, dotado de una serena energía siempre al servicio de la razón, de la justicia y del bien público, había logrado conquistar, tanto en el ambiente del Ejército como en la Sociedad, ese raro prestigio que sólo se fundamenta en la confianza pública nacida del conocimiento personal y directo de los hombres y de los hechos. Demócrata de corazón, execraba, como el que más tanto al despotismo como a la demagogia, porque veía en ambas deformaciones de la cultura política el lóbrego camino que conduce a los pueblos hacia el caos y la disolución social. Retirado del servicio activo, el general Solá continuó sirviendo al país desde distintos planos con acendrado patriotismo y circunspección. A su buena fe y a su cordura confió el gobierno de la Nación delicadas misiones de orden militar y político. Fue así como, en circunstancias difíciles de nuestras relaciones internacionales con el Brasil, el General Solá, Teniente Coronel entonces, cumplió como agregado militar en Río de Janeiro una fina labor de acercamiento y mutua compresión entre los dos países, favorecido por la amistad y la confianza que le dispensara el eminente canciller brasilero Baron de Río Branco. Durante el gobierno del Dr. Alvear, el general Solá desempeñó en circunstancias difíciles dos intervenciones federales, una en La Rioja y otra en San Juan. En el gobierno del general Justo cumplió idéntico cometido en la provincia de Tucumán. Electo senador por el departamento de Guachipas a la Legislatura de Salta, destinó sus dietas a la provisión del alumbrado público para dicho pueblo. Su patriotismo no excluía su localismo, forma práctica de ser más sincera y hondamente patriota. Es ese sentimiento regionalista el que engendró entre nosotros el federalismo, fórmula maravillosa de nuestra organización republicana y representativa, que dio conciencia, contenido y responsabilidad al espíritu público argentino. Cuando el federalismo se relaja, la responsabilidad se diluye y el fervor de las grandes causas se enerva en el Nirvana donde cantan todas las sirenas de la fama. El general Solá ha figurado siempre en Salta a la cabeza de todos los movimientos defensivos de los grandes intereses locales. Las causas del Huaytiquina y de la navegación del Bermejo lo contaron entre sus más entusiastas propulsores. Cuando un erróneo concepto político indujo a los dirigentes metropolitanos y a muchos provincianos absorbidos por la Metrópolis, a despojar a las provincias de sus derechos patrimoniales y jurisdiccionales sobre sus minas de petróleo, vulnerando así principios básicos de la autonomía provincial contenidos en la constitución entonces vigente, el general Solá se puso a la cabeza del "Comité de Defensa de los derechos provinciales", frente a dicho problema, y la acción de propaganda y de dilucidación realizada por ese comité malogró oportunamente en el Congreso de la Nación una legislación equivocada que en ese momento hubiera perjudicado profundamente a las provincias sin beneficio alguno para la Nación. Las horas de su merecido retiro fueron fecundas en ejemplos y acción. Incursionó por la industria, auspiciando económicamente una usina de pasteurización en procura de mejorar las condiciones higiénicas de la leche que se consumía en la ciudad de Salta. Hallábase, también, vinculado a una importante obra de colonización agrícola en la Provincia de Jujuy. El general Solá fue presidente del Club XX de Febrero y del Instituto San Felipe y Santiago de Investigaciones Históricas de Salta. Es también autor de una interesante biografía militar del general Martín Güemes. *El Gral. Ricardo Solá vio la luz en la ciudad de Tucumán en 1868 y falleció en Salta el 19 de enero de 1951. La semblanza que precede fue publicada en "Aurora", ocasión del fallecimiento del general. (Nota de la redacción del boletín N°40)

Fuente: http://www.institutosanfelipeysantiago.org

 

 

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