Año II - N° 21 - Salta, noviembre de 2004

Hoja Primera

Ilustración: Antonio Yutronich

Hoja Nº 1

Hoja Nº 2

Hoja Nº 3

Hoja Nº 4

Hoja Nº 5

Hoja Nº 6

Hoja Nº 7

Hoja Nº 8

Hoja Nº 9

Hoja Nº 10

Hoja Nº 11

Hoja Nº 12

Hoja Nº 13

Tercer domingo de octubre

I
Madre:
En el espacio magro
del dormir compartido
mi curiosidad cumplía once años
cuando advertí el desarrollo de tu noche:
tu cuerpo hábil y ajeno
en la simulación del coito individual
ejercido por mi padre, donde te cubría, retirado
poniendo las redes, estrechando el cerco con torpeza
mientras tu sexo
seguía recogiendo los tazones vacíos,
la ropa deshabitada de nosotros
tus seres demandantes
y tu lujuria en la tarea cotidiana
iba a parar al lavadero
en desesperado y femenino gesto
Nunca un beso que acortara las distancias
o te dijera que el amor no es callado
ni secreto.
Reproches en la oscuridad
me confirmaban que no lo disfrutabas
y el miedo al -somos tantos-
clausuraba tus piernas,
entonces, las fraguadas líneas de mi fiebre
o el dolor de mi cabeza
daban tregua a tu noche
en cómplice inocencia

II
Madre:
hoy me siento a tu lado,
la ventana se limpia de pudores,
el sol sale en tus ojos
febril, acelerado.

Por fin has dejado
de vigilar el presupuesto
de inventar la compra
de pensar qué se puede comer hoy,
que sea barato y diferente.
Hoy el fuelle de tu cama
en su costado viudo
chilla alegremente
cuando señalando el libro de iniciación sexual
que te acercó tu nieta
entre las hojas llenas de dobleces
me dices con espeso brillo
-hoy conocí mi primer orgasmo-
Y por la boca abierta
de tu confesión, madre,
florecen los dolidos muñones de mi género
dando vuelta frígidos colchones
de sometimiento.
LEONOR ROSAS VILLADA
¡Oh! Artesano de letras...
¡Oh! Artesano de letras
que plasmas en el papel
la ira en la injusticia
Cirujano en vocales y consonantes
testigo de la realidad
de aquel vientre vacío
aquella muerte recién
Nacida
A ti Poeta
a ti
las grandes denuncias
del Porvenir...
SERGIO ‘JIRAFA’ MAROCCO
(de Anarquía, Salta, 1997)


Yo hablaba

Tu respuesta era guión –espacio en blanco.
Yo buscaba otra forma, otras palabras.
Era tu turno. Yo esperaba.
Guión –espacio en blanco.
Entonces yo rogaba,
corregía mis palabras, explicaba. Guión.
A último momento, el ascensor se abría
y yo me iba. Espacio en blanco. Y vos te ibas.
Guión -espacio en blanco.
BEATRIZ GALLI


El objeto del deseo

Mi madre me cosió un vestido
de falda amplia
que me ceñía
el talle.
Era verde
y cloqueaba a mi paso
en perpetuo cortejo.
Ella se miraba al mirarme.
Cuando me lo quitaba
librada ya del cerco de sus ojos
volvía a ser esa niña salvaje
desnuda
salvo de las palabras
acaso un poco tonta
que confiscaba sueños
y trituraba
espejos.
ESTELA SMANIA

Lo que hago todo el día

Persigo a mi exiliado vagar
y a la estela triste que lo imprime
y me conmueve.
Porque emigra,
como un sábalo que se apartó de su cardumen...
nadando lento por el fondo casi arrepentido.
Su ondulación me arrastra por lóbregos pasajes
que ahondan mi oquedad.
Otros parajes, son cristalinas hadas
donde el sol descansa triunfal
y enarbola la esperanza.
Casi crédulo entonces
de que su exclusión no ha sido en vano,
sigue...
Y continúa el aguado peregrinar, acaso convencido...
pero de nuevo el frío y las algas
lo atrapan.
Vestigios de las cosas naufragadas
lo obnubilan...
Y se atasca de terror ante tenebrosas barrancas.
Así es el flotante discurrir de mi andar.
Como el nado del sábalo...
perdido.
SEBASTIÁN MAINOLI

A las viñas cafayateñas

(fragmentos)
Dios estuvo aquí
cuando plantaron la primer semilla
o el gajo padre;
cuando sus tallos se abrieron
sobre los arenales;
cuando el valle sintió,
desde el lecho de sus aguas enterradas,
que nacía el fruto más antiguo de la tierra.(...)
Con el zumo de las vertientes
la tierra cafayateña subió por su savia
y la luna, desde entonces,
les dejó su manto platinado y maternal.
Los ríos de las montañas
treparon bulliciosos a sus sarmientos
y se aserraron los algarrobos
para recibir en sus maderas
a sus vinos ciegos.
Veo pastoras, hilanderas y silenciosas,
entre las serpientes azules de las acequias
entre las rocas grises, mudas y eternas,
bajo sombras verdes
donde cantan pájaros y coyuyos
festejando cada amanecer que llega.
Viñas Cafayateñas:
Hermanas del pan que nace en los trigales.(...)
Por sus ojos rubios,
las uvas que cuelgan de sus brazos
contemplan la embriaguez dormida en los toneles
y al amor, que acariciando sus sombras,
se esconde entre los molles y los álamos.(...)
JOSÉ RÍOS
(de Cantología, Salta, 1988)

 

 

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