Año II - N° 16 - Salta, mayo de 2004

Hoja Primera

Hoja Nº 1

Hoja Nº 2

Hoja Nº 3

Hoja Nº 4

Hoja Nº 5

Hoja Nº 6

Hoja Nº 7

Hoja Nº 8

Hoja Nº 9

Hoja Nº 10

Hoja Nº 11

Hoja Nº 12

Hoja Nº 13

 

Ilustración: Graciela Gonta

 

NADIE escuchó GRITAR
a MARCELINA MENESES

Marcelina Meneses y su hijo
-una guagua de diez meses-
fueron arrojados desde un tren en Avellaneda
Era inmigrante. Sólo poseía
las manos para el trabajo
y esa guagüita que había nacido aquí, en esta tierra.
"Boliviana de mierda"-dicen
que le dijeron- y después
se generó una interesante discusión
acerca de los inmigrantes ilegales
y de la hermandad latinoamericana.
Ella llevaba en brazos a su hijito
Llevaba bolsos y paquetes
pero ninguno le cedió el asiento.
-Marcelina era boliviana,
no sé si lo he mencionado-.
El guarda escuchó insultos y palabrotas
"Otra vez estos bolivianos
haciendo despelote" -dicen que dijo
Y siguió su camino
Después, nadie sabe qué ocurrió
Pero alguien la empujó
Arrojó del tren a Marcelina y a su guagua
Alguien los mató
Era un comando de la Gestapo -estoy seguro-
que siempre recorre los trenes suburbanos
descargando el instinto del psicópata con los pobres
-da lo mismo de dónde son-
Este no es un hecho aislado
No. No seamos imbéciles
Alguien los torturó primero en Escobar
Los metió a la cámara de gas, en Auschwitz
Y luego los mató, los arrojó del tren en Avellaneda.
Alguien los insultó en Rhodesia
"Boliviano sucio" -le dijeron
los compañeritos boers de la escuela-
Alguien los persiguió y los mató a balazos en Ringuelet
o bajo el puente de la hermandad, en Pocitos.
Marcelina Meneses y su guagua de diez meses
mueren una y otra vez asesinados
Mueren a cada rato
y con ellos se muere también esta idea
de país, de comunidad,
La nación se nos muere de vergüenza
con cada inmigrante muerto;
El poder de la Gestapo
se instala sobre los miedos,
Sobre nuestros miedos. Avanzan
sobre el silencio de la mayoría
Sobre nuestro silencio obsceno y ruin
Sumando odios y muertes como trofeos
Invocando una patria que vomita sobre ellos
No es un hecho aislado
No.
La Gestapo tiene sucursales en todo el mundo;
Pero las más peligrosas
son las pequeñas sucursales clandestinas
en los cerebros con odio.
Marcelina Meneses y su guagua
esta vez murieron en Argentina,
fueron arrojadas desde un tren
Un tren harto de gente malhumorada
que viajaba con ese calor...
Un tren fantasma, repleto
de ciegos, de sordos y de mudos
lleno de cómplices
apenas pasadas las nueve de la mañana...
Era el 10 de enero de 2001
ese día Marcelina Meneses y su guagua
no pudieron gritar o no fueron escuchadas;

Y es por ello que ahora
los que viajamos aún en el tren del horror
Todos juntos debemos gritar por ellos
Gritar por sus gargantas
Gritar hasta que se nos escuche
Hasta derrotar a los sicarios y a los indiferentes
Definitivamente.

CARLOS MÜLLER

 

La niña y el mendigo

XXXIX

la niña se estremece
nada separa
la vida
del sueño
él se dejó
los sueños
en la piel
de ella
XL
el tiempo
acusa
delira
el tiempo los atraviesa
extirpa razones
a los amantes
ellos resisten
el amor trasciende
a todos los tiranos

ILDIKO VALERIA NASSR
(de La niña y el mendigo, 2002)

A veces...

XIX

Se levanta,
desde lo más profundo
de mí
ese sembrador dormido.
Es entonces
cuando abro estas manos
y echo a volar,
hacia todos los vientos,
sus semillas mías...
para quedarme,
¡para quedarme viva!
cuando la ultima noche
me cubra de silencios.

BEATRIZ MARTÍNEZ
(de A veces..., Salta, 1993)


Martes 13

Vuelo
en espiral
sube y
baja sobre la tumba.
Ingenuo o macabro
imita al colibrí
en las flores
que fueron arrancadas del jardín.
Abajo
subestima el veloz instinto
del gato.
El sortilegio cósmico
se cumple.

MARÍA TERESA MOLINA

El mar en la casa

Venían a buscar la casa
de cuando chicos. Volvían al amparo
como aquellos que regresan a visitarse
en sus fotografías
para la Navidad.
Traían palomas de una estación
del tiempo.
Tornaban con sus pasajeros, aquí,
bajo la sombra de la parra;
se contemplaban
cuando el parral sin sombra
dejaba correr el sol sobre los baldosines
y ellos estaban viajando solos
por su tierra, creciendo los brazos
al abrigo de nuestras solas sombras recordadas.
Volvían a buscar la casa
y a buscarnos
como el recomenzado mar a un náufrago.

Yo era el náufrago
y ellos el mar que siempre vuelve a sotener la casa.

NÉSTOR GROPPA
(de Libro de Ondas, 2000)

 

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