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La Prensa y el Periodismo en Salta

“¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que mani-fiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires".

(Mariano Moreno)

Por Andrés Mendieta

En el transcurso del Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba en 1938 se resolvió celebrar el “Día del Periodista” el 7 de junio como recordación a la aparición de la "Gazeta de Buenos Ayres", fundada por Mariano Moreno en esa misma fecha pero del año 1810. Fue la primera publicación una vez pronunciado el primer grito de libertad.

Un poco de historia

Los inicios de la prensa

Las primeras crónicas en el mundo se encuentran en el Antiguo Testamento. Tienen un sentido histórico propiamente dicho. Los sucesos se hilvanan de siglo en siglo; saltan a veces sobre centena de años pero documentan los acontecimientos de la tierra desde sus oscuros orígenes, a través de milenios.

El proceso de las delicadas dinastías egipcias quedó consignado en los papiros de los escribas. Homero, el aedo ciego, hizo periodismo oral en su Ilíada y su Odisea.

Toda la historia romana, en la plenitud del esplendor imperial y en la disgregación de la rápida decadencia, fue documentada por los escritos de historiadores, filósofos, poetas y sabios; emperadores y esclavos; patricios, guerreros o comerciantes, pero, siempre virtuales periodistas.

En los primeros años de la era cristiana, es la Iglesia, con sus ejércitos de monjes, la que escribe la historia. Cada monasterio era una sala de redacción. El tiempo transcurre a pasos acelerados exigiendo cambios y reformas. En el siglo VI los chinos imprimen sus cartuchos en planchas de madera.

En 1455 el alemán Juan Gutemberg vagaba ansioso y esperanzado por las calles de la vieja Estrasburgo en procura de unas pocas monedas con que dar realidad a sus afiebrados sueños. Pese al secreto que se guardaba, algunos pobladores hablaban de una fábrica nueva y extraña de espejos.

Algo hay de “plomo”, de “formas”, de “prensa”, términos que corresponden a la industria del espejo. Vocablos equívocos, barajados hábilmente por el desconfiado Gutemberg con la mira de despistar a posibles competidores. Su primera obra es el “Speculum humanae salvationis” (“Espejo de Salvación de la Humanidad”), librito de devoción muy a la moda entonces y totalmente olvidado hoy.

Esa misma Iglesia es la que introduce en América la primitiva imprenta en México en 1533. La primera máquina impresora que hubo en el país fue construida por la Orden de los Jesuitas en la Reducción de Nuestra Señora de Loreto, con madera misionera y tipos de estaño, en el año 1700.

La Independencia:

La Primera Junta dispuso por decreto su fundación por ser imperiosa la necesidad de difundir los actos de gobierno y, como así, las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

En Salta:

Resulta interesante ahora reflexionar de como concurrieron los primeros años del ejercicio del periodismo en Salta.

En 1824, durante el gobierno del general José Antonio Álvarez de Arenales se le encomendó a Victorino Solá cuando se desempeñaba como Agente de Comercio la compra de esta impresora ante el presidente Bernardino Rivadavia, siendo tasada en la suma de 457 mil pesos y 5 reales.

Solá, desde los inicios por concretar la instalación de la prensa de los Niños Expósitos, tuvo que resistir algunos trámites burocráticos (plaga que afecta a los argentinos a través de los años) trabas que fueron superándose poco a poco.

En primera instancia se conectó con el poeta y después guerrero, pese a no contar con más de dieciocho años, Hilario Azcasubi quien asumió la responsabilidad de ponerla en funcionamiento y, posteriormente, constituirse en el primer impresor que tuvo la provincia.

Hilario Azcasubi

La primera publicación salteña apareció el 30 de setiembre de 1824 con el título de “Revista Mensual”, bajo la dirección de José Álvarez de Arenales, - hijo de José Antonio-. Claro está que ésta no fue la iniciadora de las publicaciones aparecidas en el interior argentino.

Ya, en 1817, Tucumán se daba a luz “El Diario del Ejército Au-xiliar del Perú”, mientras que en Santa Fe “La Gaceta Federal”; en 1820; en Mendoza “El Termómetro del Día”; y, en 1823, en Córdoba aparecía “El Observador Eclesiástico”.

Después de “La Revista Mensual”; se publicó: “La Diana de Salta”, “El Pregón de Salta” y “El Desengaño Salteño” registrándose que en lapso de 23 años (1831 a 1854) los salteños se vieron impedi-dos de contar con nuevas publicaciones.

Posteriormente de la caída de Juan Manuel de Rosas ganó la calle: “La Industria”, “La Organización”, “El Comercio”, “El Bermejo”, “La Libertad en el Orden”, “El Eco del Norte”; “La Voz del Norte” y “La Prensa”, en 1861; al tiempo que en 1863 circularon en Salta: “La Época”, “El Salteño” y “El Libre”. Al año siguiente “Sereno”, “El Cohete” y “Actualidad”; en 1865; y “El Aguijón”; en 1866.

Si bien es cierto que ingresaron a Salta otras impresoras la prensa traída de Buenos Aires conocida como de los Niños Expósitos esta fue desmantelada en octubre de 1867, fecha en que ocupó la ciudad Felipe Varela, ocasión que el fervor patriótico del pueblo convirtió los tipos de la imprenta en balas para la defensa.

Como fruto de ello la imprenta quedó impedida para continuar trabajando ocasión que impulsó a Tomás Arias Chavarría trasladarse a Buenos Aires para comprar nuevos tipos y, a continuación, se llevó la histórica reliquia a Cafayate, lugar donde se expone en la actualidad en el Museo del Vino.

En ella se imprimió “El Progreso” en cuyas columnas reflejaba la importancia en la economía de los valles calchaquíes hasta 1891. Luego surge un nuevo afán en la región editándose “El Calchaquí”, “Unión Calchaquí” y “La Verdad”, de vida fugaz.

A partir de 1867 circularon en esta ciudad: “La Tribuna”; “La Verdad”, en 1869; “El Meteoro” y “La Democracia”, en 1871; “El Porvenir”, en 1873; “La Discusión”, en 1874; y “La Reforma”, en 1875.

A partir de 1877 circularon las siguientes publicaciones: “La Opinión”, “La Libertad” y “El Eco de Salta”; “La Civilización” y “El Demócrata”, en 1879; “La Situación”, en 1871; “El Trovador”, en 1882; “El Obrero”, “La Juventud”, “La Esperanza”, “El Diario Popular” y “El Elector”, en 1885; “El Progreso”, en 1886; “El Nacional”, 1887; “El Látigo”, en 1888; y, en 1890, “El Sinapismo”, “El Norte”, “La Unión” y “El Pueblo”.

En los diez últimos años de esa época circularon los siguientes periódicos: “El Eco del Corazón de Jesús”, “El Cívico”, “El Conciliador”, “El Calchaquí”, “El Comercio”, “L’Iltaliano”, “Eco del Norte”, “El Pueblo”, “El Bien Público”, “La Actualidad”, “La Razón”, “Tribuna”, “La Gaceta Comercial” y “El Deber”, respectivamente.

En esta síntesis se debe considerar desde los primeros tiempos de la manera que se transmitía la información y como actuaron sus protagonista.

El periodista de ayer como el de hoy debe ser considerado por la opinión pública como un dogma de decencia y verdad; dado que lo que publicita no representa ya el pan nuestro de cada día sino al aire que se respira y la comunión espiritual del hombre con el hombre.

Claro está que el periodismo, por mucha grandeza que haya alcanzado, no es infalible, ni perfecto, ni desinteresado, porque esas cualidades reunidas no están en cosa alguna en este bajo suelo. Pero hay sin duda, sí, un periodismo serio que aspira a la imparcialidad, a la perfección y hace cuanto puede, por lograrlo.


Tanto Miguel Solá como la profesora Eulalia Figueroa de Freytes son responsables de dos importantes trabajos de investigación sobre la historia del periodismo, a quienes tributo un sentido reconocimiento.

 


Primeros Cronistas
 

 

Puntos a destacar:

La primera imprenta que llegó al país fue en 1776 y se instaló en Córdoba. Estaba construida por los jesuitas.

En 1747 la imprenta misionera deja de dar señales de vida, y para encontrar nuevos impresos argentinos debe llegarse hasta 1766, fecha de las primeras publicaciones de la imprenta cordobesa del Colegio Montserrat, de los jesuitas. Esta imprenta enmudece poco después a raíz de la expulsión de la orden, pero reaparece, más tarde, en Buenos Aires, gracias al celo del virrey Vértiz, con el nombre de Real Imprenta de los Niños Expósitos.

En 1824, ya existiendo en la ciudad y en el país otras imprentas, se desmantela para formar, en parte con sus elementos, la Imprenta del Estado que crea Rivadavia.

 

Dr. Manuel Antonio Castro

Primer periodista en Salta

Cuando hablamos del periodismo debemos tributar nuestra recordación al salteño doctor Manuel Antonio de Castro por haber sido el primero que se aferró a la pluma para volcar su sano pensamiento como redactor de “La Gazeta de Buenos Aires”, fundada por Mariano Moreno el 7 de junio de 1810.

Nació en Salta en 1772 en el hogar conformado por don Feliciano Castro y por doña Margarita González., donde cultivó sus primeros conocimientos vinculados a la educación en su tierra natal, bajo la dirección del famoso educador Mariano Cabezón. En mérito a sus relevantes dotes intelectuales sus padres lo enviaron a Córdoba inscribiéndolo en la Universidad de Córdoba.

Luego se dirigió a Charcas donde alcanzó el doctorado en Jurisprudencia siendo condiscípulo, entre otros, de Mariano Moreno. Quienes después participaron en los principios revolucionarios que estalló en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810.

Castro, todavía radicado en Charcas ejerció su profesión exitosamente motivo por el cual el presidente la Real Audiencia, don Ramón García de León y Pizarro – fundador de San Ramón de la Nueva Orán (Salta), la última ciudad instituida por España en América – lo designó secretario privado. Funciones que desempeñó hasta que fue nombrado Subdelegado en Yungas -al norte de La Paz- por el Virrey.
Cuando en el Alto Perú los movimientos sediciosos en contra de la Corona, el doctor Castro que había contribuido especialmente con el fracasado conato insurrecto de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809, se vio obligado abandonar el Alto Perú para dirigirse a Buenos Aires arribando en los primeros días de 1810 donde fue nombrado ayudante y abogado al servicio del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.
Al estallar la Revolución de Mayo se transformó en su abogado personal, para defenderlo en los posibles procesos a que fuera sometido. Pero no hubo proceso, sino sencillamente la expulsión del ex virrey.
A raíz de su vinculación y cargos que ocupó en el gobierno realista entre los miembros de la Junta de Gobierno originó desconfianza procediéndose a su detención el 24 de junio de 1810, confiscándosele todos sus papeles y desterrado a Córdoba.

No fueron pocas las gestiones realizadas para demostrar su lealtad a la causa patriótica hasta que fue reivindicado con la designación en la Cámara de Apelaciones de Buenos Aires para luego ocupar cargos en las Academia de Jurisprudencia; director del periódico El Observador Americano; gobernador de Córdoba; presidente del Supremo Tribunal de Justicia; y se constituyó como el primer codificador argentino al redactar el Código de Procedimientos, aprobado en 1821.

Con la aparición de “La Gaceta de Buenos Aires”, bajo la dirección de Mariano Moreno, esta publicación lo contó entre sus redactores. Cuenta Miguel Solá que en la “Gaceta de Buenos Aires” en uno de sus artículos combatió las tendencias anárquicas y censuró los desbordes de la prensa”.

Al producirse el Éxodo Jujeño, promovido por el General Manuel Belgrano, se trasladó a Tucumán y luego a Salta y Córdoba. En esas ciudades desempeñó funciones judiciales. Retornó a Buenos Aires después de la caída del Director Carlos María de Alvear. Fue uno de los redactores del Estatuto Provisional (especie de constitución) de 1815 y fundó la Academia de Jurisprudencia, de modo que influyó mucho en el derecho civil y penal de la época.

Saturnino Castro, su hermano mayor, fue un acentuado militar realista, que peleó en Tucumán y Salta y, más tarde, resolvió la victoria de los realistas en Vilcapugio al derrotar al Ejército del Norte. Manuel Antonio lo persuadió que debía incorporarse a las filas patriotas, pero antes fue fusilado por orden del general Joaquín de la Pezuela, en septiembre de 1814.

En 1816 se dirigió a Tucumán para abrir las sesiones del Congreso en nombre del Director Supremo, y editó la crónica de sus sesiones, escritas por el diputado Fray Cayetano Rodríguez. Allí integró una comisión de reforma del Estatuto Provisional sancionado el año anterior, para convertirlo en una Constitución, fracasando el proyecto al dejarlo sin efecto por resolución el .

A fines de ese año fue nombrado miembro de la Cámara de Apelaciones de Córdoba; viajó a esa ciudad justo a tiempo de presenciar la derrota de los federales dirigidos por Juan Pablo Bulnes. Después viajó a Salta, a tratar de conseguir ayuda del general Güemes para enfrentar a los federales del litoral.

El doctor Manuel Antonio de Castro, entre otras cosas, fundó la Academia de Jurisprudencia de la Universidad de Córdoba y la biblioteca pública; presidente de la Corte de Justicia de Buenos Aires; diputado por Salta al Congreso General de 1824, siendo su primer presidente; redactó la Constitución Unitaria de 1826, que alcanzó a jurarla, porque por ser nombrado presidente de la Cámara de Justicia.

Este eminente hombre público salteño estaba considerado como jurisconsulto famoso, parlamentario dúctil, y elocuente escritor falleció en Buenos Aires en agosto de 1832.

 

 

 

"NO PUEDE HABER LIBERTAD DE PRENSA SI LOS PERIODISTAS EJERCEN SU PROFESIÓN EN UN ENTORNO DE CORRUPCION, POBREZA O TEMOR",

reza una de las manifestaciones de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Nada más acorde con la situación actual que viven los periodistas en la Argentina y en el mundo. sobretodo en América Latina donde el asesinato y persecución que sufren los priodistas y reporteros es moneda común, sin que los gobiernos de turno tomen las medidas necesarias

En este sentido la Federación Internacional de Periodistas (FIP) se viene manifestando desde tiempos remotos, tal es así que en Congreso Mundial de 1954, se aprobó la Declaración de Principios de la FIP sobre la "Conducta de los periodistas" y emanada luego en el Congreso mundial de 1986.

Se proclama a esta Declaración Internacional como el parámetro a ser seguido por los periodistas al desarrollar su labor de buscar, transmitir, difundir y comentar las noticiase informaciones al describir los acontecimientos. Esta declaración consta de 9 artículos que a continuación se describen:

1.- Respetar la verdady el derecho del público a conocerla es el deber primordial del/a periodista.

2,- Al perseguir el cumplimiento de este deber, el/la periodistadefenderá en todo momento los principios de libertad en la recopilación y publicación honesta de la información y el derecho al comentario y la crítica justa.

3.- El/la periodista solo emitirá información de acuerdo a hechos sobre los cualesconozca la fuente. El/la periodistano suprimirá información undamentalni falsificará documentos.

4.- El/la periodista solo utilizará métodos honrados para obtener información, fotografías y documentos.

5.- El/la periodistahará todo lo posible Por rectificar cualquier informaciónpublicada que resulte ser inexactade forma perjudicial.

6.- El/la periodista observará el secreto profesional cOn relación a la fuente de información que se haya obtenido en confianZa.

7.- El/laperiodista tendrá en cuenta el peligro que representa el fomentar la discriminacióna través de los medios de comunicación y hará todo lo posiblepara evitar facilitar tales discriminaciones basadas entre otros factores, en la raza, el género, la orientaciónsexual,el idioma, la religión, las opiniones políticas o de otra índole, y el orígennacional o social.

8.- El/la periodistaconsiderará a las siguientes como ofensas profesionales graves: el plágio; la distorsión malintecionada; la calumnia; la difamación; la injúria; las acusaciones sin fundamento; la aceptación del soborno, sea en forma que sea a cambio de la publicación ó supresión de una noticia ó información.

9.- Loa/las periodistasdignos de así llamarce considerarán que es su deber cumplir fielmente con los principios arriba mencionados dentro del marco legal de cada país, el/la periodista sólo aceptará, en materia profesional, la jurisdicción de sus colegas, excluyendocualquier ingerencia gubernamental o de otras fuentes.

Teniendo en cuenta el contenido de ésta Declaración, qué lejos estamos de que se cumpla y que riesgoso es ser un periodista íntegro, no?


Martín Fernández

 

 
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