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Entre la Memoria y la Historia: el FOLKLORE

 

Por José de Guardia de Ponté

MEMORIA E HISTORIA (una convivencia difícil)
Hablando de falsedades, sabemos y hemos podido observar que muchas veces los historiadores han omitido convenientemente hechos y situaciones del pasado por determinados motivos. La omisión deliberada es necesariamente una falsedad, un acto de sabotaje, una prohibición del conocimiento.
Al igual que existen ciertas memorias “celebradas”, hay memorias negadas, amputadas o deformadas que pueden ser objeto de “recuperación”
Las relaciones, en este sentido, entre historia y memoria son tan estrechas como complejas. Su ambigüedad es inherente a cada uno de estos términos. En la “historia” convergen “hechos” pero también “interpretaciones”. 
Si bien la memoria es la construcción social históricamente determinada. El “Poder” puede condicionar al historiador en su interrogación y explicación de los hechos.
La memoria y la historia funcionan de forma diferente. Si bien es innegable su estrecha relación, se puede decir que la historia se basa en la memoria, se origina en ella.
La Memoria es un fenómeno colectivo, aunque sea psicológicamente vivida como individual, de un pasado vivido o imaginado, portada por grupos comunitarios que experimentaron los hechos o creen haberlo hecho. Es afectiva, emotiva, abierta a todas las transformaciones, inconsciente de sus sucesivas transformaciones, vulnerable y susceptible de permanecer latente durante largos períodos y de bruscos despertares. 
Las historia, en cambio, estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado, Dichos sucesos son analizados y examinados en función de sus antecedentes, causas y consecuencias, y en la acción mutua de unos sobre otros, es una construcción siempre problemática e incompleta, el historiador trata de reconstituir lo que pudo pasar y, sobre todo, integrar esos hechos en un conjunto explicativo. El Historiador se basa en la Heurística (documentos – pruebas) y recrea los hechos por medio de la Hermenéutica (la interpretación).

La memoria puede ser difusa, afectiva y selectiva. Depende en gran parte de lo emocional. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual.

En un pasado no muy lejano gran parte de los habitantes de nuestro país vivían en el campo, la vida campesina se constituía en sociedades tradicionales de carácter homogéneo también llamadas comunidades folk. El hombre tradicional vivía en un perfecto esquema folklórico que poseía un significado que superaba su propia existencia. Pero todo cambió de manera brusca, los tiempos se aceleraron y las ciudades empezaron a tener una predominancia extrema, La modernidad junto con la revolución industrial forjó un nuevo hombre que pasó de ser un homo folklórico a un homo urbano, y este hombre comenzó a decirse que no vivía en la tradición, sino en la historia. 
Pero casi al mismo tiempo apareció una vida mediática densa, que contribuyó a crear una forma de memoria colectiva muchas veces dependiente del “poder”. La posmodernidad del siglo XX contribuyó, en gran medida, por un lado a democratizar la historia, es decir, a hacerla vivir. Pero por el otro los medios de comunicación forjaron realidades, manipularon ideas y opiniones, creando un mundo paralelo donde el "Mercado" es un ídolo ciego y las cosas valen más que las personas.

LOS INTENTOS DE HOMOGENIZACIÓN (todos los gatos en la misma bolsa)
A principios del siglo XX, el nacionalismo, como movimiento intelectual reaccionario, en contra de la inmigración y de las ideologías foráneas como el anarquismo y socialismo europeo forjaron un proyecto de país que apostaba a la homogenización para generar un proceso de unificación de poblaciones heterogéneas y desiguales, establecer el perímetro del territorio nacional y desarrollar en el ciudadano un sentido de lealtad hacia la nación. A través esta homogenización se buscaba absorber las diferencias étnicas, sociales y políticas previas a la formación de la nación. Dicho dispositivo se desarrolló desde la educación para la elaboración de un imaginario colectivo nacional. De esta manera, la historia oficial cumplió un papel capital, paralelamente se trabajó en una monumental compilación de material folklórico del país y parte del mismo se utilizó en publicaciones tendientes a desarrollar contenidos referidos a diferentes géneros folklóricos, con el objeto de incluirlos en la currícula escolar de los distintos niveles educativos. De esta manera se procuró reprimir las memorias, limitarlas al seno de las familias, al ejercicio privado.
Un niño podía ser hijo o nieto de un aristócrata, hijo de un campesino indígena o de un criollo empleado o dependiente en un negocio. Pero cuando estaba en la escuela era un pequeño argentino como cualquier otro.
 Lo que sucedió en los últimos 50 años es que se rompió ese doble registro privado/público y que esas memorias particulares de las minorías en vías de emancipación y de integración en el colectivo nacional reclaman ser como las demás, reconocidas por la mayoría nacional, y, a la vez, conservar algo de sus identidades. Algo que llaman "su" memoria.

De mentiras y otros cuentos:
Cuando hablamos de “la verdad” entramos en un concepto complejo ya que mucho depende de las subjetividades e interpretaciones de la realidad, una realidad que a la vez no es la misma para unos que para otros. Pero cuando hablamos de la mentira es quizás más sencillo, en el sentido que mentir es un acto intencional y voluntario de expresar lo que consideramos una falsedad. 
Según los expertos, al ser humano lo caracteriza su disposición intrínseca y cultural para mentir. Si tenemos en cuenta que la mentira es una forma de supervivencia, que en ocasiones nos resulta provechosa, acudimos a ella cuando necesitamos que esté al servicio de nuestros intereses o conveniencias. En definitiva la mentira forma parte de la esencia humana por lo que no es descabellado pensar que no es ajena a la dinámica de la historia. Tanto es así que muchos filósofos, revolucionarios de su tiempo, denunciaron las terribles mentiras que formaron parte y fueron la base sustentadora de nuestra civilización. 
De la historia a la educación que se imparte, y convengamos, una educación para la "domesticación", para sujetar al sujeto, además de "enseñar" algunas mentiras históricas, se "enseña" sin filosofía y sin articulación crítica con los demás saberes.

En el caso de la llamada "historia patria", que no es otra cosa que "leyenda patria", que a esta altura del partido y lamentablemente los chicos no creen, no entienden y no les interesa.

Ante esta lamentable situación actual es necesario actuar con urgencia, no solo para replantearnos la situación en que se encuentra la historia en la educación, sino más bien para establecer los paradigmas necesarios para reconstruir nuestro legado a la posteridad.

SOBRE LA VERDAD HISTÓRICA Y QUIEN DICE TENERLA
Para empezar este artículo, voy a parafrasear una máxima del pensador Karl Theodor Jaspers (1883 - 1969) "La verdad histórica no está en quien la escribe, sino en quién la lee". Dando un lugar preponderante al lector y a su decisión de definir lo que cree puede haber pasado y por otra parte determinando que todo historiador está cargado de subjetividades de las que no puede liberarse.
En nuestro país existieron y existen diversas corrientes historicistas que buscaron mostrarnos múltiples interpretaciones de lo que sucedió en el pasado con notables divergencias. Pero los cronistas e historiadores no se quedaron solamente en las diferencias teóricas sino que también se defenestraron, descalificaron y hasta se insultaron sin miramientos.
Pongo algunas perlitas al respecto:
Decía José María Rosa de Rodolfo Ghioldi "Cuando el revisionismo llegó estos marxistas se unieron a la batida general que nos decretó la oligarquía; nos persiguieron con santo horror convencidos de que éramos devotos de un culto diabólico, y, de que bajo la apariencia de tenidas históricas celebrábamos verdaderas misas negras donde se despotricaba contra la libertad y se rendía culto a la violencia y a la sangre, con el retrato de Sarmiento puesto cabeza para abajo..."
Arturo Jauretche decía de Mitre "el muy pretencioso quiso amoldar la cabeza al sombrero o sea la realidad a los mitos que ha creado". También lapidaba: "no existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa”.
Raúl Escalabrini Ortiz decía de la Academia Nacional de la Historia: “La historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido consciente y deliberadamente deformados, falseados y encadenados de acuerdo a un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este contiene"
Tulio Halperín Donghi de la corriente renovadora de la historia opinaba de Julio Levene “… es un historiador sumido en la oscuridad del archivo, coleccionista de nomenclaturas sin contenido alguno”.
Amanda Paltrinieri dice de Felipe Pigna “quiero que todos sepan que él (por Pigna) se apropia del trabaja ajeno, que distorsiona la historia, que no es un historiador serio ya que no tiene en cuenta la premisa fundamental para iniciar una investigación histórica, hablo del hecho de que no debe vender ningún tipo de ideología”.
La Junta de Estudios Históricos de Tucumán opinaba sobre el Instituto Manuel Dorrego: "un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país".
Luis Alberto Romero publica en Clarín contra los historiadores revisionistas del Kirchnerismo: "Predominan entre los “historiadores recientes” los militantes de causas diversas, que quieren hacer una revolución revestida de memoria. Este tipo de historiador se siente como un sacerdote. En la Memoria suele encontrar una verdad revelada que debe mantener lejos de las manos sacrílegas que pretendan mancillarla".

En definitiva... la verdad se anda escondiendo detrás de las innumerables interpretaciones que hacen a la historia.

QUE SIGNIFICARÍA: "DESCOLONIZAR"
Para comenzar debemos tomar en cuenta y fundamentalmente comprender que la Indepoendencia de los pueblos de América lamentablemente no fue precisamente una "REVOLUCIÓN" ya que se mantuvo la dependencia cultural con Europa. Los pueblos americanos habían nacido y crecido como "cultura dependiente". Quién después de unos años empezaron a hacer la diferencia fueron justamente "los del pueblo" que por el sincretismo entre el español y el indio mostraban rasgos originales, una identidad nueva, una neocultura resultante. La cultura propia. No así en las clases criollas adineradas que mantenían como estigma fuertes lazos culturales con la antigua metrópoli. Todas las ideologías recibidas de Francia e Inglaterra no sirvieron sino para cambiar económicamente de dueños e ideológicamente de modelos.
En los distintos ámbitos de la cultura, durante gran parte del siglo XIX, las clases oligárquicas fueron consumidores acríticos de todas las corrientes artísticas, filosóficas, científicas, políticas y religiosas que se ponían de moda en Europa. Nuestra cultura, la puramente resultante y americana fue considerada cultura y/o arte menor, degradado a la posición de populachero o más porteñamente dicho "arrabalero". 
Fue a partir de la llegada de la nueva Inmigración y como reacción ante ciertos peligros ideológicos entrantes como el socialismo o el anarquismo las clases dominantes buscaron afanosamente arquetipos validos de nacionalidad como el gaucho, lo gauchesco y el folklore. Pero en realidad nunca dejaron de ser cultura-dependientes de los imperios de turno. Esta actitud extranjerizante, fruto de la miopía o mejor dicho de "siempre andar mirando para afuera", es por desgracia un signo distintivo de nuestros problemas actuales de colonización cultural.
El compromiso ético de pensar por nosotros mismos es, quizás la clave para nuestra liberación, nuestra emancipación y nuestra independencia de opiniones y condicionamientos ajenos a nuestro auténtico ser. Esta es la actitud crítica que nos permitirá tomar conciencia de lo que somos como producto de una cultura determinada.

El estudio de nuestro patrimonio cultural folklórico, el verdadero resultante de nuestro devenir. El respeto a la multiculturalidad, a la diversidad y el compromiso en la superación de los esquemas dominantes, quizás sean la clave de la descolonización. Un acto intelectual pero también afectivo de nuestra propia concientización

CUESTIONES DE LA MEMORIA
Lo del "pasado pisado" es una verdadera falsedad. El pasado está absolutamente vivo. La gente cuando rememora trae partes, fragmentos, por lo general lo que le impresionó o le impactó. Pero fundamentalmente lo que recuerda no es precisamente lo que pasó porque de alguna manera reinventamos lo sucedido. En mayor medida y más todavía cuando lo contamos, cuando relatamos un recuerdo a alguien, ya que interviene el arte de mejorar las circunstancias. Generalmente tendemos a ilustrar con mayor teatralidad los sucesos, los mejoramos, los embellecemos. 
Y así, el pasado se recrea, se forja nuevamente como algo nuevo. El pasado revive.
Esta cuestión se desarrolla mas o menos así cuando la memoria es colectiva, cuando el grupo social promueve el pasado de forma romántica, la épica del pasado, los hechos ya no son hechos, son mitos, leyendas y relatos. Y en todo sentido sea tragedia, comedia o drama, el pasado se desgrana en fragmentos casi poéticos... la mística. 
La memoria colectiva es profundamente folklórica porque entreteje un entramado identitario, el pueblo se refleja en esa construcción para definirse, conocerse y por que no, diferenciarse. El pueblo se unifica como conjunto social cuando se recuerda, cuando se constituye como histórico y singular.
Y he aquí que nunca somos lo que fuimos, ya que fuimos construyendo nuestra existencia, nuestra particular forma de ser. Y vamos cambiando según nuestros ideales y valores, como así también nuestras equivocaciones y errores. 
Hay quienes pretenden seguir siendo "como antes", le llaman mantener las tradiciones, pero esa es una tarea casi imposible, hasta inútil, Arnold Toynbee nos decía “cuando pretendemos embalsamar la cultura la condenamos a la decadencia…” el verdadero sentido de la Tradición es respetar el legado, el patrimonio, y su forma de preservarlo es revitalizarlo por medio de su conocimiento y divulgación. No se puede querer lo que no se conoce y menos defender lo que no se quiere. La “tradición” se vive, no se impone, porque dejaría de ser una herencia para convertirse en una caricatura.

El pasado, el presente y el futuro es nuestro único tiempo, el "ahora". El momento supremo que vivimos.

EL PRESENTE
Aurelius Augustinus Hipponensis o más conocido como San Agustín concebía a la historia en tres estadios del "presente", el PASADO que es presente, el momento actual o PRESENTE y el FUTURO que concebimos en el presente, pero de alguna manera los tres estadios temporales se desarrollan en el mismo momento, el cual podemos llamar ACTUALIDAD.
El como vemos esta actualidad depende de cada realidad subjetiva, aunque también podemos decir que se movilizan fuerzas constantemente para que la realidad sea vista o mirada de una u otra manera, maneras convenientes, apariencias que responden a determinados intereses que hacen al "poder" imperante.
Los filósofos, los científicos y todo ser humano que se precie de querer explicar la "realidad" se ha inmiscuido en esta temática, ya que es, sin lugar a dudas, el tema de los temas, "el quid de la cuestión".
Carl Gustav Jung decía que "Todo depende de cómo vemos las cosas y no de como son en realidad". y he aquí el dilema, el problema o la dificultad está en ver la realidad tal cual es. 
La historia en cierto sentido nos da una escapatoria al laberinto ya que intenta encajar la realidad pasada, la realidad presente y concebir la realidad futura. Es una llave que puede abrir las puertas correctas o quizás no, llevarnos a paradojas temporales.
Existe también un factor que equilibra la complejidad, y es la "memoria colectiva", la tradición oral, los esquemas identitarios, que juegan un papel de conflicto entre el mundo natural y el moral, entre la realidad y la conciencia, la razón y la pasión.
Y en este berenjenal dialéctico se suman los medios de comunicación que han y juegan un papel preponderante desde hace muchos años, demasiados, y aparentemente su dominio recién empieza, o mejor dicho, el dominio de quienes los dominan.

Y aquí estamos... en un mundo interpretado por otros, con sujetos sujetados, con pasados adulterados, con presentes aparentes y ese futuro tan esperanzador que nos había prometido Julio Verne... cada vez más lejos.

José de Guardia de Ponté

 

 

 

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