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Lucrecia Martel

 

Nace en Salta el 14 de diciembre de 1966,

Dirigió los cortos El 56 (1988), Piso 24 (1989), Besos Rojos (1991) y Rey Muerto (1995), así como la serie de televisión D.N.I. (1995) antes de realizar su primer largo, La Ciénaga (2001), por el cual obtuvo numerosos premios, entre ellos el premio NHK del Festival de Cine Independiente de Sundance, el Grand Prix del Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse y el premio a mejor película y mejor director del Festival de Cine de La Habana, además de una nominación al Oso de Oro en Festival Internacional de Cine de Berlín.

En 2004 su segundo largometraje, La niña santa, fue nominado a la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes.

Su tercer film, La mujer sin cabeza, fue seleccionado en Cannes en 2008.


Trayectoria:


Director:

1.

La mujer sin cabeza (2007)

2.

La niña santa (2004)

3.

La ciénaga (2000)

4.

Las dependencias (telefilm - 1999)

5.

Rey muerto (corto - 1995)

6.

Besos rojos (corto - 1991)

7.

Piso 24 (corto - 1989)

8.

El 56 (corto - 1988)


Guionista:


1.

La mujer sin cabeza (2007)

2.

La niña santa (2004)

3.

La ciénaga (2000)

4.

Rey muerto (corto - 1995)


Intérprete:


1.

Dirigido por... (2004)


Producción:


1.

La mujer sin cabeza (2007)

A continuación transcribimos una entrevista que le hiciera el Diario El Clarín

A los 37 años siente el vértigo del tiempo que pasa. Dice que quiere tener un hijo y cuenta que en el cine nunca fue discriminada por ser mujer.

La Ciénaga, tu primera película, sigue recorriendo el mundo. ¿Sentís que estás representando a las mujeres, a los argentinos, a las cineastas, a los salteños...?

A las mujeres seguro que no, ellas se representan por sí mismas. Los varones directores no se están preocupando de cómo representar al resto. Lo que sí pasa es que cuando vas a un festival te da un pequeño orgullito ver que cuando hablan de tu película, hablan del cine argentino... Te da una pequeña emoción patriótica que es medio falsa, pero la sentís. En realidad, lo que siempre me preocupó fue qué iba a pasar en Salta con La Ciénaga. Para mí era muy importante.

En Salta, por mi pequeña experiencia, hay gente con pensamientos muy contrapuestos. No se puede generalizar y decir: "les gustó a los salteños".

No. De hecho no es una película que pueda representar a Salta, porque es un lugar absolutamente diverso. Me acuerdo, sobre todo, de un chico que se acercó y me dijo que le daba mucha vergüenza saludarme porque se sentía desnudo frente a mí, sentía que yo había visto a su familia. Me pareció muy halagador

¿Con qué asiduidad vas allá?

Una vez por mes. Tengo a toda mi familia allá: seis hermanos, mi mamá, mi papá y mi sobrino.

¿Por qué se sabe muy poco de tu vida privada?

Una tiene un trabajo con una parte pública, pero la persona que está con una, concretamente, te dice: "No quiero aparecer". Y yo pienso: "¿Por qué tiene que ser el destino obligado para las personas que nos acompañan?"

¿Es una decisión de tu pareja entonces?

Es una decisión compartida.

En EE.UU., ya antes de la entrega de los Oscar, las mujeres vaticinaban que Sofía Coppola no iba a ganar el premio a la mejor directora por ser mujer. ¿Es un pensamiento fuera de época?

Me cuesta creer que haya discriminación, porque no la he vivido. Quizás viví una discriminación positiva. Yo creo que el premio Sundance me lo dieron por ser una minita latinoamericana. En ese momento convenía. Yo pertenezco a una generación que tuvo la suerte de tener previamente mujeres muy guerreras. Y en la Argentina de mi generación debe haber más de veinte directoras. Entonces, es muy difícil que se puedan mantener ciertas exclusiones habiendo tantas mujeres. Te diría que sentí discriminación en televisión, no en cine. Una vez un director de piso me echó. Yo tenía 26 años y me tomaba el trabajo con mucha pasión y ése tipo me dijo: "No voy a tolerar que una mocosa de 17 me venga a decir lo que hay que hacer".

- Pero no tenías 17.
- No, tenía 26. Fue halagador lo de los 17 (risas).

- ¿Te definís como feminista?
- Soy profeminista, absolutamente. No me considero feminista, porque intelectualmente tenés que hacer un camino para serlo. No me voy a subir a ese barco.

- ¿Cómo se despertó tu vocación? ¿Te acordás de ese momento?
- No. Hay algo de azar. Es difícil imaginarse "voy a ser directora de cine". Yo no me lo imaginaba.

- ¿Y qué sucedió después? ¿Qué te pasó cuando empezaste a conocer gente que ni te imaginabas que podías conocer?
- Cuando fui jurado en Berlín tuve la experiencia de más glamour cinematográfico de mi vida. De ver gente verdaderamente grande: Geraldine Chaplin, Wim Wenders... Y lo más divertido de los festivales es que podés terminar en una mesa sentada al lado de Robert Redford, por ejemplo. Y de golpe decís: "Uy Dios, ¡cómo llegué hasta acá!".

- ¿Te choluleas, digamos?
- Sí. No llevaba cámara pero daba para sacarse fotos (risas).

- Con Robert Redford te merecías una foto.
- Los japoneses, que eran los que pagaban el premio, me mandaron fotos. Ellos tienen esa costumbre de documentar todo. A mí me escribió Costa Gavras una carta y casi me muero, o al otro día que los productores italianos vieron la película en España, me llamó una señora y me dijo: "Me ha detto Bernardo Bertolucci che il tuo filme é il piú bello delle ultimi anno...", una cosa así, tremendo y yo preguntaba: "¿Me está hablando de Bernardo Bertolucci?". Ahí medio te pega.

- Pero, el éxito acaba de empezar, tenés 37 años. A propósito, ¿cómo te pega el tema de la edad?
- Yo, desde los 18, me siento vieja, Y a los 19, cuando se murió una abuela que era muy importante en mi vida, tuve la certeza de la muerte y eso, me parece que te hace envejecer. Desde ese momento siento el tiempo transcurrir fuertemente.

- ¿Te sentís vieja a veces?
- Sí. Y la mayoría de las mujeres que admiro ha dado sus frutos a partir de los 50. Además, siempre me resultó más fácil conectarme con gente mucho más grande que yo. Me divierte la gente que te habla desde un lugar de sabiduría. Son años, horas tras horas vividas.

- ¿Qué te pasa con el paso del tiempo y la maternidad?
- Ah, me encantaría tener un hijo. El año pasado tuve la sensación de que si no resolvía el tema lo tenía que dar por frustrado. Igual, no hice ninguna averiguación concreta porque, si no puedo tener un hijo con mi pareja o no lo puedo tener porque estoy sola, adoptar me parece perfecto.

- ¿Cerrarlo sería resignarte a no tenerlo o resolverlo y tenerlo?
- Alguna de las dos opciones.

- Sos joven, Lucrecia.
- Más o menos. Desde los 28 es un tema sobre el que he pensado con muchísima intensidad. Y no digo: "Mi hijo es una película". No voy a hacer la estupidez de comparar una cosa con la otra.

- Si desde los 28 estás pensando en eso, parecería extraño que el camino llegara a ser no tenerlo, ¿no?
- No sé. Igual, no me parece mal tener alguna frustración. Es una estupidez de nuestra civilización pensar que a las frustraciones hay que evitarlas. Estoy muy agradecida con las cosas que me han pasado en mi vida, como enamorarme, como tener un reconocimiento en mi trabajo, que es complicado, y estoy dispuesta a soportar algunas frustraciones. No se puede ser tan exitista. No sé, es un tema delicadísimo. Si no tengo hijos, va a ser una frustración, y hacer películas no los va a reemplazar.

- Pero, igual, le seguís dando vueltas a la cosa.
- Algunas personas quedan embarazadas en el asiento de atrás a los 18 y otras veces se complica. Es una decisión, ésa es la cagada: cada año que pasa lo pensás más. A veces digo: "¡Qué lástima que no quedé embarazada en un colectivo a los 20". (risas)

- ¿Qué es lo que más te gusta que se diga de vos?
- Que soy buena, no. ¿Viste cuando alguien te quiere alabar y va por el lado de la bondad? Eso no me importa.

- ¿Que tenés talento?
- No, prefiero que digan que trabajo mucho.

- "Lucrecia trabaja mucho y estudia mucho".
- Se esfuerza mucho. Prefiero eso. La locura del artista no me interesa.

- ¿Qué digan que Lucrecia es inteligente?
- Es que, si alguien dice solamente eso, seguro sos fulera (risas).

- ¿Qué se supone que pasa en tu vida para que no se te note el paso del tiempo? No se nota en tu cara, en tu aspecto.
- ¡No, se me re-nota! Quizá con este pantalón...

- No parecés una mujer de 37 años.
- Estaré a punto de parecerlo de golpe, y ahí sí me voy a morir (risas). Tuve una adolescencia prolongada, extendida.

- ¿Seguís en la adolescencia entonces?
- Tener mucho tiempo para pensar solo en tus cosas, eso es muy parecido a la adolescencia.

- Te sentís vieja pero pareces muy joven.
- Yo no me veo más joven. Y, a veces, me siento espiritualmente de más edad. De 45, 47... (risas) Está bueno.

- A punto de estrenar tu película, La niña santa, ¿qué imaginás que va a pasar?
- Lo que aprendés al mostrar una película es que existe una diversidad de reacciones, buenas y malas. Y por suerte, una se pone en contacto con las buenas. Los que tienen una reacción adversa no se acercan.

Es esta la tierra heroica, la tierra gaucha por excelencia.
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