MACACHA GÜEMES

agdalena (Macacha) Güemes de Tejada. Hermana del general Martín Miguel de Güemes, de cuya acción en pro de la independencia fue eficaz colaboradora. Nació en Salta el 11 de diciembre de 1787 y era hija de María Magdalena Goyechea y de la Corte y Gabriel Güemes Montero, tesorero de la Real Hacienda. Recibió la educación habitual para las mujeres de su época y oposición, pero poseía cualidades propias que le permitieron descollar en un medio rico en mujeres de personladidad.

El 24 de octubre de 1803 se casó con Román Tejada, perteneciente a una antigua familia de Salta. Su acción poco después de la Revolución de Mayo, cuando convirtió su casa en taller para confeccionar ropa para los soldados de la partida de observación organizada por su hermano. A partir de entonces fue su más entusiasta colaboradora, y supo sacar partido de su inteligencia y su posición para desempeñar tareas arriesgadas, especialmente cuando los realistas ocupaban la ciudad de Salta y Güemes los combatía por todos los medios.

Dotada de habilidad política, la puso al servicio de su hermano en los momentos difíciles, como en 1815, cuando gracias a sus gestiones se llegó a la paz de los Cerrillos, luego de la delicada situación surgida entre Güemes y las fuerzas de Buenos Aires al mando del general Rondeau.

Güemes se encontraba con ella cuando una partida realista lo atacó e hirió, en Salta, el 7 de junio de 1821, causándole la muerte en pocos días después. Macacha continuó participando en los sucesos políticos de la provincia, con la audacia que la caracterizaba. Fue muy querida por el pueblo debido a la generosidad con que ayudaba a los necesitados.

Falleció en Salta el 7 de junio de 1866.

"Diccionario Biográfico de Mujeres Argentina", de Lily Sosa de Newton. Plus Ultra.


Investigación y elaboración a cargo de Martín A. Cagliani, estudiante de Antropología Arqueológica e Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Victoria, Buenos Aires, Argentina.

"La Macacha" - Jaime Dávalos

Una figura de mujer con la inspiración intuitiva

Por Andrés Mendieta

"En momentos de apuro, montaba a caballo, recorría las filas, arengaba las tropas. Frente a los escuadrones gauchos, gaucheaba sin titubear. De niña cabalgaba en pelo, criada en el campo conocía a sus hombres y sus árboles, sus costumbres y sus voces."

( Bernardo González Arrili)

los 90 años falleció en Salta, un 7 de junio, la ilustre patricia María Magdalena Dámasa Güemes Magdalena Güemes de Tejada, hermana del héroe de la nacionalidad como ya fuera reconocido el General D. Martín Miguel de Güemes.

Al calificarla de "ilustre patricia" no tengo el ánimo de engrandecer la figura de esta salteña, sino hacer justicia con su accionar para concretar los ideales del "Primer Grito de Libertad".

Macacha - conocida así en su época y en el futuro -, su personalidad era poseedora tan destacada, que se imponía donde quiera se encontrara dado que con igual idioma y cariño se comunicaba con todos: humildes o poderosos, con igual delicadeza y simpatía.

Tan es así, si algún aficionado o estudioso de la historia se aprestara a inclinar sus investigaciones vinculada a la historia de la mujer salteña, se destacaría en primera línea la figura de doña Magdalena Goyechea por su entrega a la vida y por la causa por la libertad americana.

Esta joven destaca por sus dotes como patricia, a los veintitrés años -había nacido el 11 de diciembre de 1787- destinó algunas dependencias de su casa en una fábrica de confección de uniformes para los soldados de la Partida de Observación organizada por su hermano, Martín Miguel, para impedir que por la puna jujeña sirviera para evadirse los antirrevolucionarios o bien tolerar el ingreso de apoyos en favor de los sediciosos.

Desde aquel momento se convirtió en su más apasionada colaboradora del hoy ya "héroe nacional"; supo aprovechar sus cualidades; su extraordinaria imaginativa y posición económica para ejercer tareas aventuradas, esencialmente cuando los realistas irrumpían la ciudad de Salta, y Güemes los embestía con todos los medios a su alcance.

Además, propietaria de una gran sagacidad política, la puso al servicio de su hermano en las circunstancias más dificultosas, como en 1816, cuando estuvo a punto de concretarse el enfrentamiento entre las fuerzas de José Rondeau con las milicias de Martín Miguel de Güemes, hecho conocido como "Pacto de los Cerrillos".

José Rondeau, nacido en Buenos Aires, se unió a los patriotas al mando de las fuerzas del Alto Perú, fue derrotado en la batalla de Sipe-Sipe y confrontado con Güemes lo declaró "reo de Estado" al no conseguir que el caudillo gaucho restituyera las armas inutilizadas que se apropiara en Jujuy para equipar a sus gauchos.

Rondeau acometió sobre Salta siendo su permanencia muy desagradable. Las tropas desacataban las órdenes; los pobladores comenzaron a emigrar; por la falta de recursos para las subsistencias y medios de movilidad; los gauchos les cerraban las acequias y le sustraían caballos y vacunos.

Una guerra de recursos demoledora. Macacha, que se había quedado en la ciudad, desenvolviéndose como mediadora, obtuvo una conferencia entre los jefes enfrentados quienes suscribieron un compromiso de no agresión, paz que es conocido como la "de los Cerrillos".

José San Martín, encontrándose en Mendoza, al conocer la feliz solución al conflicto se expresó así: "Más que mil victorias he celebrado las mil veces feliz unión de Güemes con Rondeau. Así es que las demostraciones en ésta sobre tan feliz incidentes han celebrado con una salva de veinte cañonazos, iluminación, repiques y otras mil cosas".

No pretendo hacer más historia para honrar a esta matrona salteña, casada con Román Tejada. Cuando Macacha se hallaba en su casa de La Amargura y de Yocci (hoy Balcarce (ex de la Amargura) y España (de la Victoria) en la noche del 7 de junio de 1821 llegó Güemes respondiendo a un supuesto llamado de su hermana, pero luego se dieron cuenta que era parte de una estrategia de los realistas que pretendían sorprenderlo al "mártir de la patria" -él único jefe militar muerto en el campo de batalla- abandonó el hogar y al disparar escoltado por sus "Infernales" fue mortalmente herido para morir diez días después.

Macacha continúo participando de los sucesos políticos de la provincia, con la valentía que la distinguía. Intervino en la llamada "Revolución de las Mujeres" que, con el apoyo militar de Pablo Latorre derrocaron al gobernador Fernández Cornejo y pusieron en el cargo al general doctor José Ignacio de Gorriti.

Más tarde, en 1824, participó en un acto sedicioso en oposición al general Juan Antonio Álvarez de Arenales "y nuevamente contra el General José Antonio Fernández Cornejo once años después ,provocando la delegación del mando de éste en manos del general Felipe Varela", según María Teresa Cadena de Hessling.

Macacha Güemes murió en su ciudad natal el 7 de junio de 1886 y, por su carisma el pueblo la llamaba "la madre del pobrerío".

Julio César Luzzatto, en su Obra Poética en el capítulo que titulara como "Güemes y otros cantares" le dedica a "Macacha" la siguiente producción poética:

MACACHA

"Era un junco del minué

la hermana del guerrillero.

Con su talle se enjoyaban

los coloniales espejos.

Al recibir su mistela

se inclinaban los caballeros,

el zapato con hebilla

y la camisa coin vuelos.

Quién la viera en el caballo,

con la chaqueta de cuero,

cubrir vacantes de sangre

en los rudos entreveros.

El poncho en sus hombres cura

nopstalgias del terciopelo.

Se han hecho para la guerra

sus ojos color de acero.

Como su hermano Martín,

jineteó potros en pelo,

corrió ganado en el monte,

bebió chicha con el pueblo,

y cuando suene el clarín

galopará selva adentro,

entre lapachos y cardos,

entre chalchales y ceibos,

casi todas flores rojas,

como si el monte guerrero

sólo floreciera sangre

a tono con esos tiempos.

Macaccha, Macacha Güemes

se ha contagiado de hierro.

Ya no la nombran los pianos;

los pianos quedaron lejos.

Para siembre la ganaron

las espuelas sin sociego,

los tambores de voz ronca

y el clarín del entrevero

 

MAGDALENA GÜEMES DE TEJADA

 

Margarita Isabel GONZÁLEZ ·

Al hablar de las mujeres salteñas en la guerra por la Independencia, debemos considerar el coraje y la decisión, la inteligencia y la altura, la capacidad sistémica y orgánica para apoyar las acciones de la guerra. Mujeres que sintiendo la necesidad de que sus hijos crecieran en una patria libre e independiente, no dudaran en transgredir ciertas reglas sociales de la época, en las que el rol de la mujer era muy limitado. Y si embargo, demostraban su capacidad, su valentía, su valía de estrategas y por sobre todo la pasión y el coraje para concretar y realizar aquellos ideales patrióticos.

Estas mujeres tenían a sus padres, a sus maridos, a sus hijos, a sus hermanos sirviendo en los ejércitos patriotas, circunstancias todas que dieran por resultado que se convirtieran en espías constantes y celosas en un sistema organizado de información, pues desafiaban los peligros y penalidades que eran propias de una ciudad sitiada. Cuentan, que las ingeniosas actividades de espionaje que realizaban estas mujeres, tenían numerosos métodos, por ejemplo llevaba ocultos mensajes y comunicaciones en el ruedo de sus polleras.

En Salta se necesitaba una comunicación casi diaria sobre lo que ocurría en la plaza. Se ideó establecer entonces una estafeta muy singular en las afueras de la cuidad, así, en el tronco de un árbol copioso que crecía en la ribera del río Arias se hizo un hueco a manera de buzón de modo que se pueda introducir la mano. Una vez que se dejaba la comunicación en un papel camuflado quedaba el hueco cubierto con una tapa de la misma corteza.

Era común en ese entonces enviar a las criadas al río para el lavado de la ropa, estas criadas fieles a sus señoras y entusiastas patriotas, conducían con la ropa o el cántaro, los papeles de la correspondencia que eran puestos en el árbol sin ser vistos.

A fin de conocer el número de tropas con que contaba el enemigo, una mujer humilde y menesterosa, aparecía por las calles ofreciendo pan que ella misma hacía. De esta manera tenía acceso a los cuarteles del rey, siempre a la hora en que se pasaba lista a la tropa. No siempre estas mujeres eran diestras para contar y para no equivocarse, llevaban en el bolsillo de sus pollera una cantidad de maíz y dos bolsitas vacías colgadas en la cintura (tal era el sistema de contabilidad).

Sentadas allí con su pan en el patio del cuartel, en la plaza o en la calle iba echando el maíz en la bolsita de su derecha por cada soldado que respondía presente, haciendo lo mismo con la de la izquierda cada vez que se respondía ausente. Se lograba de esta manera saber el número exacto de enemigos existentes en aquel sitio, esta operación se repetía cada vez que llegaban refuerzos del Perú, comunicando el resultado al jefe patriota Gral. Güemes. Esta operación se llevaba a cabo tanto en Salta como en Jujuy: Doña Loreto Sánchez de Peón de Frías fue siempre una espía destacada que tuvieron los españoles cuantas veces bajaron a las provincias argentinas desde 1814.

Estas señoras que constituían lo descollante en el grupo de patriotas, eran acompañadas por un importante número de mujeres de la plebe. Es así que entre estas distinguidas damas estaba doña Magdalena Güemes de Tejada que al decir de Vicente Osvaldo Cutolo era una Patricia popularizada en la historia bajo el nombre de “Macacha”. Nació en Salta el 11 de noviembre de 1787, hija de don Gabriel de Güemes y Montero, tesorero de la Real Hacienda en la Provincia, y de doña María Magdalena de Goyechea y de la Corte. Era la hermana del general Martín Miguel de Güemes de quien fue singular colaboradora. Recibió la educación habitual para las mujeres de su época y posición, además del ejemplo moral que su familia le brindaba.

Decidida en la lucha contra los realistas actuó en política con gran acierto. Era de carácter dulce y placentero, sabía hacerse querer. Tenía el mismo trato amable tanto para la gente encumbrada como para la humilde, por que era una dama de gran corazón que llenó de clemencia el difícil gobierno de su glorioso hermano en los momentos de mayor furor de las pasiones políticas. Bernardo González Arrili comenta que Macacha salvó más de una vida, aunque no fuese de su bando, refugiándolos en su casona central, y enviándolos disfrazados a su finca, ideando fugas nocturnas y novelescas, cuya descripción detallada no desdeñaría ningún narrador de aventuras.

Dicen que en momentos de apuro montaba a caballo y recorría las filas, arengando a las tropas. Frente a los escuadrones gauchos “gaucheaba” sin titubear, de niña cabalgaba en pelo, criada en el campo conocía sus hombres y sus árboles, el mensaje del viento, sus costumbres y sus voces. Según Roberto Vitry, el general José María Paz en su libro “Campanas de la Independencia” (Memorias Póstumas) la describe como mujer ambiciosa, intrigante y animosa dotada de garbo y hermosura.

El 24 de octubre de 1803, con solo 16 años fue desposada por don Román Tejada. Su acción a favor de la causa patriota se inició después de la Revolución de Mayo, cuando convirtió su casa en taller de confección de uniformes para los soldados de la partida de observaciones organizada por Güemes. A partir de entonces fue la más interesada en colaborar, pues supo sacar partida de su notable inteligencia y posición para realizar tareas arriesgadas, especialmente cuando los realistas ocupaban la ciudad de Salta y el Gral. Güemes los combatía con todos los medios a su alcance. Puso al servicio de su hermano su gran habilidad política, especialmente en los momentos más difíciles, como en 1815, cuando gracias a sus gestiones se llegó a la paz de los Cerrillos, luego de la delicada situación surgida entre Güemes y Rondeau.

Macacha luchó codo a codo junto a su hermano y con su madre fueron eficaces propulsoras de la causa patriota en el norte, como dije antes, interviniendo personalmente en los actos públicos y de guerra. En septiembre de 1939 una salteña doña María Flora Márquez inspirada por ésta mujer que dejó huellas indelebles en la historia de Salta, la homenajeó con esta poesía.

 

A Macacha
      (fragmento)

Quiso Dios estampar en tu mirada
un retazo de su límpido color
lo arrancó de sus nubes azuladas,
en tus ojos de virgen lo estampó.

Tus facciones de belleza cálida
teñían tus mejillas de arrebol
adornando tu figura pálida
un marco a tus cabellos puso el sol.

El gauchaje amó tu patriotismo,
tus consejos y sana protección
vio en tu alma un singular patriotismo
y como a Dios te rindió tu adoración.

 

FUENTES CONSULTADAS

 

BIBLIOGRAFÍA

CARAS Y CARETAS (año 1910).
CORNEJO, Atilio: “Historia de Güemes”. Segunda Edición. Salta, 1971.
CUTOLO, Vicente Osvaldo: “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”. Tomo III. Buenos Aires.
GONZÁLEZ ARRILI, Bernardo: “Macacha Güemes”.
GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”. Plus Ultra. Buenos Aires.
VITRY, Roberto: “Mujeres Salteñas”. Ed Víctor Manuel Hanne. Salta, 2000.
YABEN, Jacinto R.: “Bibliografías Argentinas y Sudamericanas”. Tomo 2. Ed Metrópolis.

 

 

· Profesora en geografía, 1980 (Profesorado de Lenguas Vivas de Salta). Socia activa del Instituto Güemesiano de Salta.

 

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