TARIJEÑOS, ALTOPERUANOS Y SALTEÑOS,

CONSUSTANCIADOS CON LA CAUSA DE MAYO

 

 

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL ·

 

 

                A la memoria de mi padrino

                D. Virgilio Carlos Plaza Navamuel (Salta, 19/V/1929-25/XII/2007),

                caballero inolvidable y primer enólogo salteño en el Valle de Calchaquí.

                Fiel depositario de la tradición de sus orígenes patricios,

                como de la historia y costumbres de la Salta de antes

 

 

                                   “La tierra esgrimía contra el invasor las cuchillas de sus montañas,

                                   las boleadoras de sus tormentos, el pial de sus enmarañadas selvas,

                                   conjuntamente con el criollaje bravío, agitado por el patriotismo, hasta

                                   convertirse en notable cordillera humana, bajo la inspiración y el

                                   comando de Martín Güemes, capitán por derecho natural, con

                                   despacho de general expedido por Dios y una limpia y honrosa

                                   foja de servicios, de tal magnitud y trascendencia que, con la firma

                                   de la Patria, merece llevar la rúbrica de la humanidad civilizada”.

                                                                                                              Joaquín Castellanos, 17-VI-1921

 

            La Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa, se funda a orillas del río nuevo Guadalquivir, el 4 de julio de 1574. Corresponde resaltar el nombre de su fundador, el sevillano Luis de Fuentes y Vargas[1], acompañado por cuarenta y cinco españoles y otros tantos indios traídos como sirvientes, e instruido por el quinto Virrey del Perú don Francisco Álvarez de Toledo a través de la Real Provisión del 22 de enero de 1574, expedida en La Plata, Alto Perú (hoy Sucre).

            Es sabido que la Villa de San Bernardo de Tarija perteneció “en un principio a la provincia de los Chichas y dependía del Virreinato del Perú. En 1776, al crearse el Virreinato del Río de la Plata, todo el Alto Perú pasó a depender del mismo, cuya capital era Buenos Aires. En 1782 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo dividió el Virreinato en intendencias, la de Buenos Aires (que comprendía además las subintendencias de Santa Fe y Corrientes), la de Córdoba (con las subintendencias de La Rioja y Cuyo), la de Salta (con las subintendencias de Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, Jujuy y Orán), la de Potosí (con la Subintendencia de Tarija), la de La Plata o Charcas, la de Cochabamba, la de La Paz (con la Subintendencia de Puno), y la de Paraguay”[2]. En 1807, por Real Cédula del 17 de febrero de ese año, Tarija pasó a depender de la Intendencia de Salta en el orden político, y del Obispado de Salta en el espiritual[3]. Es importante recordar que Tarija adhirió desde el principio a la Revolución de Mayo.

            El 13 de julio de 1811, José Antonio de Larrea redactó la célebre Proclama de la Junta Subalterna, que “llamó a los tarijeños a correr a Viacha, a regar con su sangre esas áridas campiñas para hacer florecer la frondosa palma de la victoria. Los tarijeños habían intervenido en la defensa de Santiago de Cotagaita y en la Batalla de Suipacha, a cuya victoria contribuyeron con la sangre de sus chapacos y vecinos que se unieron al primer ejército auxiliar del norte”[4]. Oportuno es incluir la citada Proclama, cuyo significativo texto dice: “Proclama de la Junta Subalterna de Tarija a los moradores, y milicianos de ella, y sus partidos. Valerosos tarijeños: Desde los primeros momentos, en que supisteis que la inmortal Buenos Ayres trataba de salvar la patria de la esclavitud y tiranía, en que ha gemido por tres siglos, manifestasteis vuestra adhesión a este gran sistema, y quando algunos de los pueblos circunvecinos se disponían a sofocarlo en sus nacimientos, vosotros le disteis lecciones de patriotismo, jurando derramar vuestra sangre para sostenerlo. Así lo cumplisteis. La patria os llamó a Santiago en su defensa, y volasteis a socorrerla. Allí peleasteis contra unas tropas veteranas, aguerridas, y superiores en número; y a pesar de estas ventajas, que debían asegurarles la victoria, las obligasteis a encerrarse en sus trincheras. En Suipacha os cubristeis de gloria, ganando una victoria, que dio una nueva fuerza y energía a nuestro sistema. El bambalea ahora por unos sucesos poco favorables de la guerra, pero no de la consecuencia que se han figurado. En estas críticas circunstancias os vuelve a llamar la patria, informada de vuestro valor, que ha resonado en los ángulos más remotos de este continente; ¿os ensordeceréis a sus clamores? ¿Permitiréis que ella sucumba, y que vuelva a arrastrar nuestras cadenas, que la tiranía sabrá hacer más pesadas, y más ignominiosas? No. Lejos de vosotros esta conducta, que eclipsaría la gloria que habéis adquirido con vuestras hazañas, y os cubriría de ignominia y confusión. Vosotros tenéis una gran parte en la sagrada obra de nuestra libertad, no la dexeis imperfecta; consumadla. Vosotros habéis ceñido vuestras sienes con laureles inmarcesibles en los campos del honor: no permitáis que una infame cobardía los marchite. No temáis a esas huestes mercenarias y cobardes, que con prestigios, y simulaciones, pretenden colorir su infame causa. La nuestra sí, es justa, y sagrada. El cielo no puede dexar de protexerla. Aprontaos pues para correr a Viacha, a uniros con vuestros hermanos, que han dado nuevas pruebas de valor en la acción del 20 de junio. Regad, si es preciso, con vuestra sangre, esas áridas campañas, para que produzcan la frondosa palma de la victoria, que va a decidir nuestra felicidad, y nuestra suerte. Haced este último, y generoso sacrificio, en obsequio de la madre patria. Ella lo recompensará a su tiempo, y transmitirá su memoria a la posteridad más remota, escribiendo en los fastos de esta sagrada revolución el siguiente epíteto: Tarija me salvó. – Dada a 13 de julio de 1811. – José Antonio de Larrea. – Francisco José Gutiérrez del Dozal. – José Manuel Núñez de Pérez”.

            En 1826 Tarija obtuvo el rango de provincia, y ese mismo año se incorpora a la nueva República de Bolivia fundada por Sucre[5]. A su vez, las historiadoras Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom, agregan que Tarija y Salta mantuvieron una estrecha vinculación durante toda la época colonial; perteneció a la Intendencia de Salta y siguió formando parte de la provincia en 1814, cuando se dividió la intendencia (…). Tarija estuvo alternadamente en manos de las fuerzas argentinas que querían invadir el Alto Perú y de las fuerzas realistas que bajaban hacia estas tierras para atacar a Salta y a Jujuy. Después de la victoria de Ayacucho en Perú, que selló la independencia de Sudamérica, algunas tropas realistas permanecieron en el Alto Perú y en posesión de Tarija. Cuando Sucre logró apoderarse de esta región, una delegación de Buenos Aires se reunió con Bolívar, superior de Sucre, para pedir que Tarija fuera devuelta a las Provincias Unidas. A pesar de las protestas de Sucre, Bolívar aceptó la propuesta y retiró sus fuerzas; el 17 de noviembre de 1825, el Cabildo de Tarija entregó la provincia al delegado argentino. Tarija ya había enviado representantes al Congreso Constituyente de Buenos Aires para colaborar en la redacción de la Constitución de 1826. Durante la etapa de crisis en la organización nacional argentina, de 1826 a 1827, Tarija pasó a jurisdicción boliviana, hasta que en 1831 fue incorporada a Bolivia[6].

            El Alto Perú (actual Bolivia) durante los primeros siglos del “período colonial -escriben sucintamente las historiadoras mencionadas- el territorio comprendido por la actual República Argentina (con excepción de Cuyo) fue adjudicado administrativamente a la Audiencia de Charcas (Sucre); con la creación del Virreinato del Río de la Plata (1776), el Alto Perú pasó a formar parte de él y fue gobernado desde Buenos Aires. Muchos intentos se realizaron para unificar el Alto Perú con las restantes provincias, bajo la autoridad de los gobiernos patrios posteriores a la Revolución de Mayo de 1810, pero se desistió de ellos en 1815, después de que tres sucesivos ejércitos revolucionarios fueron repelidos. Con posterioridad a la derrota final de los españoles en Ayacucho, en el Perú, el Alto Perú se erigió a sí mismo como una república independiente, tomando el nombre de Bolívar, adoptando una constitución redactada por él y designando a Antonio José de Sucre, vencedor de Ayacucho, como su primer presidente”[7].

            En Argentina, la cultura criolla observa particularidades regionales y provinciales, como tonadas, modas de vestimenta, costumbres, creencias, etc. sin que ello sea opuesto a la conciencia de unidad nacional, debido a esa singular relación entre pueblo, territorio y desarrollo histórico. El tipo de hombre que mejor representa al criollo, es el gaucho; amalgama magnífica de la diversidad de orígenes y perfecta adaptación al medio geográfico y al ambiente campesino y ganadero. Ser gaucho significa una forma de vida, en la que no importa el nivel social ni económico, sino una escala de valores muy especial, que se puede aplicar tanto en la vida rural o en la ciudad y en cualquier momento de la historia. Fue el principal protagonista en las luchas por la independencia, participando luego en la vida política, en donde aplicó su código de honor, madurado en la historia[8].

 

bsalta

Batalla de Salta

 

            Tarija tiene las mismas características y culturalmente se iguala a las tradiciones del noroeste argentino, un ejemplo de lo dicho es el chapaco tarijeño que se asemeja al gaucho salteño, diferenciándose notablemente con los de la Puna. “La sangre de los argentinos -opina Manuel María Urcullo- había corrido mezclada con la de los altoperuanos en defensa de una misma causa. Juntos enarbolaron los mismos pendones, juntos batallaron, juntos cayeron, juntos triunfaron. Todos se ligaron con un mismo juramento, uno fue el objeto, uno el empeño…”[9].

            En el caso de los apellidos patricios, los vemos durante las guerras de la Independencia, en las contiendas en contra de los realistas y luego en las luchas intestinas. Durante los enfrentamientos civiles, los adversarios de Juan Manuel de Rosas tuvieron que trasladarse al exilio en los países vecinos, optando muchos por Tarija, debiendo sortear una fastidiosa travesía, para escapar de los partidarios del tirano.

            En un intento de ensayar una descripción de las familias de la región, hemos optado por destacar la actuación de los hombres que pertenecieron a esos linajes ya potenciados en los descendientes que dieron lustre a su nombre por sus heroicas gestas. No debemos dejar de lado una brevísima reseña biográfica, simples noticias al menos de algunos, como para encuadrar la situación de la época y de las familias a través de sus hombres destacados, tanto de patriotas argentinos como de altoperuanos y tarijeños. Estos últimos muy fusionados a nuestras genealogías e historia, pese a que desafortunadamente son desconocidos en Salta, y mucho más en el resto de la región. Durante la guerra de la Independencia figuraron numerosos tarijeños que se destacaron lúcidamente, entre los más conocidos, el escritor Juan Navajas Paz menciona a los hermanos sacerdotes José Mariano y Sebastián Ruyloba[10], a José Julián Pérez de Echalar que fue un panfletista contra los opresores, a Francisco y Manuel Pérez de Uriondo, a José María Avilés[11], a Ramón y Manuel Rojas[12], a Pedro Antonio Flores, al bravo comandante José Ignacio Mendieta[13], y a los hermanos Clodomiro, Mariano y Saturnino León[14], que desde el comienzo adhirieron a la causa de Mayo, sirviendo denodadamente en los ejércitos de la Patria.

            Tampoco debemos olvidar los nombres de otros poco recordados militares y religiosos que rescató el historiador Mariano de Echazú Lezica. Entre ellos, mencionaremos a Manuel Álvarez, al cura Baltasar Arze, Mateo Berdeja, Manuel Caínzo, Ambrosio Catoyra, Juan Díaz Chávez, Manuel de Echalar, Nicolás de Echalar, Juan de Dios de Evia y Baca (de Hevia y Vaca), Francisco González de Villa, José Hurtado de Saracho, Vicente de Ichaso, Manuel Jaramillo, Eugenio Méndez, José Manuel Núñez de Pérez, Leandro Pacheco, Francisco de Paula Aráoz, José Antonio Reguerin, Agustín de los Ríos, Pedro Manuel Rodríguez Valdivieso, Miguel Gerónimo Tejerina, Cecilio Trigo, y al destacado cura jujeño José Miguel de Zegada y Rubianes[15]. Van figurando en el presente trabajo, incontables hombres de la época que actuaron en la zona, muchos de los cuales se encuentran por primera vez en la historiografía salteña.

            A continuación, nos ocuparemos por orden alfabético, de nueve hombres y una mujer.

 

 

            José María Aguirre

 

            Militar. Tuvo constante participación durante la guerra de la Independencia. A las órdenes del comandante don Eustaquio (Moto) Méndez, a quién lo secundó, alcanzó el grado de teniente coronel. En la Villa de Tarija, el 9 de septiembre de 1825, el general Juan Antonio Álvarez de Arenales reglaba “el servicio interior del Pueblo, y exterior de su campaña para los casos que puedan ocurrir, y por último facilitar esta de un modo seguro y fácil, ha acordado crear, formar, y organizar los Escuadrones de Milicias (…) El Segundo Escuadrón se formará en el Partido de Sella desde la Abra del monte hasta el Río de Piluya, San Pedrito, la negra muerta, y el Temporal. Su Comandante el Teniente Coronel Don José María Aguirre”[16]. Del mismo modo fue designado por el general Arenales, el 13 de septiembre de 1825, Comandante del 10.º Escuadrón de Tarija y a cargo de diez y siete hombres[17]. El 13 de septiembre de 1825 resultó electo Regidor Suplente en la Villa de Tarija, juntamente con don José Domingo de Arze[18]. En abril de 1826 figura desempeñándose como Regidor. Fue elegido por Tarija Diputado ante la Asamblea Constituyente de Bolivia, el 7 de setiembre de 1826, cargo en el que se desempeñó exitosamente, y juntamente con don José Fernando de Aguirre y el coronel don Gabino Ibáñez, fueron sus primeros representantes.

 

 

            Juan Antonio Álvarez de Arenales

 

            Guerrero de la Independencia, héroe distinguido de la América del Sud. Gran Mariscal del Perú, General de las Provincias de la Unión, Gobernador Intendente y Capitán General de la Provincia de Salta[19]. Fueron sus padres don Francisco Álvarez de Arenales y doña María González. Nació en la villa de Reynosa, Castilla la Vieja el 13 de junio de 1770 y quedó huérfano a los 9 años, siendo criado por su pariente cercano, el dignatario de la Iglesia de Galicia, sacerdote don Remigio Navamuel, hasta que en 1783 y cuando tenía 13 años se incorporó como cadete al Regimiento de Burgos, España. Al año siguiente se trasladó a Buenos Aires, donde terminó sus estudios de ciencias exactas y pasó a revistar en el Regimiento Fijo de esa ciudad. Más tarde, cuando don Juan Antonio Álvarez de Arenales arribó a Salta, se hospedó por algún tiempo en la casa de su posible pariente, el capitán don Juan Esteban Arias de Navamuel[20], a partir de ese momento apoyó incondicionalmente la Revolución de Mayo[21]. Al poco tiempo Arenales adquirió la estancia Pampa Grande, una de las más importantes del Valle de Lerma. Asistió al general Manuel Belgrano en la Batalla de Salta y solicitó a la Asamblea de 1813 que le emitiera un documento designándolo ciudadano de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Combatió en Chile y en Perú, y fue gobernador de Chuquisaca. Tuvo una lúcida actuación organizando la guerra de guerrillas, combatiendo al general realista Joaquín de la Pezuela. El bravo Arenales recuperó Chuquisaca y luego se unió a las fuerzas patriotas del general José Rondeau en su tercer intento por recuperar el Alto Perú (Bolivia). Después, el Gran Capitán lo designó en el mando de una División de la Expedición Libertadora del Perú y a su arribo, se hizo cargo de las dos campañas a las Sierras. Declarada la Independencia de Perú, en abril de 1821 se convirtió en gobernador de las provincias norteñas de ese país. Respecto al general Arenales, dice el general José María Paz en sus “Memorias” que aquel se incorporó al Ejército del general Belgrano “al marchar a Salta, en cuya victoria se halló (1813). Este fue el principio de su honrosa carrera en los Ejércitos de la Independencia, en los que prestó tan útiles servicios, y donde adquirió victorias gloriosas, tal como las de Pasco y La Florida”[22]. Es preciso señalar que el general Arenales, fue parte integrante del plan sanmartiniano de avanzar hasta el Perú, al igual que el general salteño Martín Miguel de Güemes.

            Desde 1823 fue gobernador de Salta, hasta que una revuelta encabezada por José Gorriti, lo depuso en 1827[23]. En setiembre de 1826, Álvarez de Arenales visitó el río Bermejo para tomar las medidas necesarias en apoyo de la Compañía organizada por don Pablo Soria “Descubrimiento y Navegación del Bermejo”, lo que significa su participación en los proyectos de navegación del río, que tenían como objeto favorecer la economía regional facilitando la comunicación entre Salta, el Chaco con el Puerto de Buenos Aires[24].

            Cabe destacar su preocupación por la educación. Proyectó que cada pueblo del interior de la provincia tuviera su escuela, y así creó las escuelas de San Carlos, Cobos, San Ramón de la Nueva Orán[25], y otra en la Puna. Éstas, ante la carencia de maestros se regirían con el método lancasteriano. Su obra educativa e interés por lo cultural se ve reflejado en su empeño por la creación de la Banda de Música de Salta, y al designar a Victorino Solá con la misión de comprar la imprenta de los Niños Expósitos, la cual llegó a Salta en 1824, comenzando la edición de “La Revista Mensual”, “El Pregón de Salta” (1826) y el semanario “La Diana de Salta”. Por medio de una Ley de 1825, dictada por la Sala de Representantes, desde el punto de vista institucional el gobierno de Arenales marcó un hito, pues reformó la Administración Provincial, fue abolido el Cabildo de Salta y creó el Departamento de Policía[26]. Debemos resaltar el empeño de Álvarez de Arenales porque Tarija siguiera perteneciendo a la jurisdicción salteña[27].

            Contrajo matrimonio en Salta, el 9 de setiembre de 1795, con doña Serafina González de Hoyos y Torres[28], patricia salteña fallecida a los 80 años de edad, el 7 de setiembre de 1851; hija de don Bonifacio González de Hoyos y del Hoyo, y de doña Martina de Torres y Gaete Fernández de Córdoba. Álvarez de Arenales fue derrocado del gobierno de la provincia en 1827 y se trasladó a Bolivia donde falleció en la casa de su amigo, el coronel José Manuel Pizarro, en Moraya, en 1831, siendo sepultado al lado de la entonces iglesia parroquial, que años más tarde se derrumbó. Su memoria es honrada en numerosas calles; en la Plaza 9 de Julio de la ciudad de Salta se erigió, en 1919, un magnífico monumento realizado por el escultor argentino Arturo Dresco, y actualmente sus restos mortales descansan en un osario común en Moraya, excepto su cráneo que reposa en el Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral de Salta. La ilustre y ejemplar figura del general Arenales es tristemente víctima de la indiferencia y casi desconocida por el común de los salteños.

            Uno de sus hijos fue el guerrero de la Independencia don José Ildefonso de Arenales, ingeniero, autor de interesantes estudios históricos y topográficos, y distinguido edecán del general San Martín. Como ayudante de Campo de su padre, fue un colaborador insustituible; alcanzó el grado de coronel y en 1826 fue diputado por Salta al Congreso General Constituyente; falleció en Buenos Aires el 14 de julio de 1862.

 

 

            Juana Azurduy

 

            Heroína de la Guerra de la Independencia. Fueron sus padres don Matías Azurduy y doña Eulalia Bermúdez. Nació en Chuquisaca el 8 de marzo de 1781 y se educó en un convento para consagrarse como monja, pero abandonó la vida religiosa a los dieciocho años de edad. En 1805, contrajo matrimonio con don Manuel Ascencio Padilla y juntos se plegaron al movimiento revolucionario que se inició cuatro años más tarde en Charcas.

            Su esposo don Manuel Ascencio Padilla, nació en la finca “Chipirina” de sus padres, situada en la provincia de Chayanta, el 28 de setiembre de 1774, en el hogar formado por el hacendado don Melchor Padilla y doña Eugenia Gallardo[29]. Participó en las campañas del Ejército Patriota enviado desde Buenos Aires, realizando hazañas que le granjearon nombradía entre los patriotas. Después de producido el desastre en la Batalla de Huaqui (20 de junio de 1811), sus bienes fueron confiscados y debieron huir a las montañas, pero los triunfos de Tucumán y Salta les permitieron regresar a Chuquisaca. Luego, dice Joaquín Gantier, que el matrimonio Padilla se presentó ante el general Manuel Belgrano “para acudir al combate por la libertad de la tierra altoperuana”[30]. Son conocidas las denominadas “guerras de republiquetas” que eran movimientos revolucionarios provocados por los altos espíritus anticolonialistas y coordinados por el general Juan Antonio Álvarez de Arenales. Entre los citados movimientos más aventajados se cuentan los iniciados por los caudillos Ignacio Warnes[31], Miguel Lanza y, entre otros, el de los Padilla a través de un importante reclutamiento de indios, estableciendo su cuartel general en La Laguna. Durante estas sangrientas campañas Juana Azurduy de Padilla perdió a sus cuatro hijos, pero tuvo después a una niña[32], que la acompañó hasta el fin de sus días. El historiador Luis Paz señala que “esta revolución de caudillos en los Partidos de La Laguna, Tomina, Azero, ha sido de las más heroicas y persistentes durante el año 1814, dirigida por don Manuel Ascencio Padilla, que es el tipo del guerrillero del Alto Perú, quien dominaba su alma por el sentimiento religioso y era acompañado en sus correrías y campañas por su esposa la heroína doña Juana Azurduy, que como él alcanzó la corona de la gloria”[33].

            Por todas partes se difundían las ideas de independencia, dice Luis Paz, “casi simultáneamente en el sud y en el norte del Alto Perú, se manifestaron turbaciones de grande trascendencia. Don José Miguel Lanza proclamó la libertad en los valles de Ayopaya, don Ramón Rojas lo hizo en Tarija, don José Vicente Camargo en Cinti, y don Manuel Ascencio Padilla en La Laguna. Otro tanto hicieron los habitantes del partido de Porco, acaudillados por don José Ignacio Zárate y don Miguel Betanzos…”[34].

            Doña Juana vestía en los combates, con una túnica escarlata con franjas y alambres de oro y un ligero birrete con adornos de plata y plumas blancas y celestes[35]. Logró numerosas hazañas, intervino en las acciones bélicas de Tocobamba, Quilaquila, Potolo, Río Grande de los Guayabos, Pocona, Tarvita, Ayquile, Carretas, Laguna, Pocpo, Tarabuco, y Presto. En el combate del Villar, el 14 de setiembre de 1816, al frente del Batallón Leales, cuando el número de víctimas superaba las mil, luchó con valor en la encarnizada disputa, fue herida y allí debió presenciar la muerte de su esposo que cayó de un sablazo perpetrado por el sanguinario realista Javier de Aguilera[36]. Doña Juana Azurduy continuó la lucha y se trasladó a Salta uniéndose al general Martín Miguel de Güemes, luego el gobierno de Buenos Aires le confirió los despachos de teniente coronel efectivo. Merced a las gestiones del general Belgrano, obtuvo permiso del director Juan Martín de Pueyrredón para usar el uniforme y hacer uso de los privilegios de su rango[37].

            El 21 de octubre de 1816, desde Tucumán, el general Manuel Belgrano le escribe a doña Juana Azurduy: “En testimonio de la gran satisfacción que han merecido de nuestro Supremo Gobierno las acciones heroicas, nada comunes a su sexo, con que usted ha probado su adhesión a la santa causa que defendemos, le dirige por mi conducto el despacho de teniente coronel: doy a usted por mi parte los plácemes más sinceros, y espero que serán un nuevo estímulo para que redoblando sus esfuerzos, sirva usted de un modelo enérgico a cuantos militan bajo los estandartes de la Nación”[38]. Permaneció en la ciudad de Salta, hasta 1825. Volvió a Chuquisaca y allí tuvo el honor de recibir la visita del general Simón Bolívar.

            El gobierno nacional, le concedió una pensión como guerrera de la Independencia y viuda de un militar. Doña Juana Azurduy de Padilla falleció ante la indiferencia de sus correligionarios, el 25 de mayo de 1862. Su entierro fue muy humilde y solo cuatro o seis personas acompañaron su ataúd al cementerio, donde fueron inhumados sus restos mortales[39]. En la actualidad se ignora el lugar donde fue sepultada y la urna que, supuestamente guarda sus restos (en la Casa de la Libertad de la ciudad de Sucre), contiene partes humanas extraídas de una fosa común del soldado desconocido boliviano[40].

 

 

            Simón Bolívar

 

            Libertador, presidente de la República de Colombia y Libertador del Perú. Nació en Caracas el 24 de julio de 1783 y falleció en Santa María el 17 de diciembre de 1830[41]. Líder venezolano que liberó el norte de Hispano América. Militar y político. Nombrado coronel del Ejército de Nueva Granada, logró las victorias de Cúcuta y Pamplona, y entró victorioso en Caracas, donde es proclamado comandante general de los Ejércitos Patriotas y Libertador de Venezuela, en 1813. Tras la victoria de Boyacá en 1819 entra en Bogotá, Francisco Santander es nombrado presidente y Bolívar se dedica a organizar y legislar.

            Vuelto a Venezuela es nombrado presidente de la Gran Colombia, formada por Venezuela, Ecuador y Nueva Granada. Prosigue su lucha por la liberación y vence en Carabobo, en 1821. Al año siguiente se reúne en Guayaquil con San Martín, quien renuncia a la campaña de liberación de Perú, Bolívar unificó los dos ejércitos y con el general Sucre, derrotó a las fuerzas españolas en Ayacucho, en 1824. Funda en 1825 la República del Alto Perú, que cambia su nombre por el de República Bolívar (posteriormente reemplazado por su nombre actual Bolivia) y de la que es nombrado primer presidente[42]. Simón Bolívar redactó en la nueva república una constitución, donde expuso algunas de sus ideas en materia política, la cual fue aprobada por un congreso especial en mayo de 1826. Vuelto a Lima, la presidencia de Bolivia recayó en el general Antonio José de Sucre.

 

 

            Mariano Antonio de Echazú

 

            Nació en Tarija el 23 de enero de 1762. Fue hijo del hacendado don Bernardino de Echazú (Protector de naturales, alcalde de la Santa Hermandad, procurador general de Tarija y defensor de menores), y de doña Agustina Mejía; nieto paterno del maestre de campo don Baltazar de Ichaso y Rodríguez de Valdivieso y de doña Ana María de Villanueva, tarijeños.

            Bachiller en Sagrados Cánones y licenciado en Leyes recibido en la Universidad de San Francisco Javier, en Chuquisaca. Luego, el 3 de noviembre de 1786 se recibió de abogado de la Real Audiencia de Charcas. Se desempeñó en importantes funciones, como la de asesor letrado del Cabildo de Tarija y de sus juzgados ordinarios. En 1799 fue alcalde de segundo voto y en 1809 y 1810 alcalde de primer voto[43].

            Se adhirió a la causa de la Revolución de Mayo desde el primer momento, y el 18 de agosto de 1810 presidió el Cabildo Abierto en el que Tarija se pronunció a favor de la Junta de Buenos Aires. A partir de entonces dio a la Patria numerosos servicios militares y funciones oficiales gubernativas, habiendo sido designado Comandante de Armas de Tarija. En 1820, “durante el gobierno del general Güemes, fue electo miembro del Cabildo de Salta, participando al año siguiente en la deposición del caudillo salteño”[44]. De regreso a Tarija, el 25 de agosto de 1825 fue electo diputado por Tarija y Padcaya a la Honorable Junta Provincial de Salta y, en la misma fecha, miembro de la Junta Electoral de Tarija que debía efectuar la elección del diputado por Tarija al Soberano Congreso Constituyente reunido en Buenos Aires. Desde 1825 hasta 1827 “sostuvo los derechos de la República Argentina con respecto al distrito de Tarija, oponiéndose a su separación de la Provincia de Salta”. Durante 1826, siendo diputado por Tarija a la Junta General de Representantes de la provincia de Salta, se trasladó a esta ciudad como asesor del gobernador José Ignacio de Gorriti y en 1833, ocupó el cargo de Ministro Secretario Interino y Juez Comisionado del gobernador Pablo Alemán. Perseguido en 1834 durante la administración del general Latorre, regresó a Tarija a los 72 años de edad[45]. En 1842 se radicó definitivamente en la ciudad de Salta, donde falleció seis años después, en 1848[46]. Se había casado en Tarija, el 15 de abril de 1789, con doña Catalina de Arce y Ruiz de Mendoza. Viudo, contrajo matrimonio con la salteña doña Rosa de Aguirre, el 19 de marzo de 1819; hija de don Francisco Tomás de Aguirre y de doña Josefa Luján y Cuello. Tuvo destacada descendencia en ambos matrimonios. Uno de sus hijos fue don José Felipe de Echazú.

 

 

            Mariano de Gordaliza

 

            Nació en Salta. Hijo del coronel don Lorenzo de Gordaliza y Santos de León[47] (noble, natural de la Villa de Villalón de Castilla la Vieja; coronel del Regimiento de San Carlos del Valle de Calchaquí y procurador síndico general de San Felipe de Salta[48]) y de doña María Isabel González de Hoyos, nieto paterno de don Lorenzo de Gordaliza y de doña María Santos de León y Gil, y nieto materno del maestre de campo don Nicolás González de Hoyos y Díaz de Loria y de doña Petronila Pérez del Hoyo. Don Mariano estaba emparentado al general Juan Antonio Álvarez de Arenales, por la esposa de éste, doña Serafina González de Hoyos, hija de don Bonifacio González de Hoyos y, por lo tanto, sobrina carnal de doña María Isabel González de Hoyos. De esta manera, don Mariano de Gordaliza “mantuvo fuerte amistad con muchas de las principales familias de Tarija”[49].

            Don Mariano de Gordaliza y González de Hoyos, contrajo matrimonio en la provincia de Jujuy, con doña María Manuela Otero Goyechea, hija de don Martín Otero y de doña María Luisa de Goyechea.

            Tuvo una descollante intervención política en su época; se trasladó a Charcas donde en 1798 se recibió de abogado y más tarde ocupó diversos cargos, entre ellos, el de camarista que ha desempeñado brillantemente. En octubre de 1810 fue nombrado Teniente de Gobernador de Jujuy, por el representante de la Junta doctor Juan José Castelli, en substitución del coronel Diego Pueyrredón, que acompañó al coronel Castelli en su marcha hacia el Perú. El historiador Antonio Zinny, añade que antes de la partida de Castelli dejó a Mariano de Gordaliza instrucciones, dinero, y recomendación al Cabildo y Comandante Militar para que le prestara el auxilio que llegara a necesitar. Gordaliza permaneció en el mando hasta 1812.

            Más tarde, fue nuevamente nombrado Teniente de Gobernador de Jujuy, desde el 17 de mayo de 1815, hasta marzo de 1816, oponiéndose a la autoridad del general Martín Miguel de Güemes. Dice el historiador Antonio Zinny que en 1815, el general Güemes ocupó el gobierno unos pocos días, “hasta que, en vista de la manifiesta oposición del pueblo jujeño, se vio obligado a dimitirlo, reasumiendo el doctor Mariano de Gordaliza”. Y agrega que dado el estado de anarquía existente, y de la desinteligencia entre el cabildo y el general Güemes, entró en enero de 1816 sin su división, el general Domingo French “quien consiguiera tomar por el momento las diferencias y obtener copiosos auxilios de los vecinos de Jujuy, para el ejército patriota”[50]. A lo dicho por Zinny, es justo aclarar que Güemes, en 1815 era designado gobernador y capitán general de la provincia de Salta, democráticamente, mediante una elección popular, pues Güemes fue un político y tal condición la reafirma cuando en un primer momento Jujuy desconoció esa designación, porque no se le había dado participación. Güemes marchó entonces a la vecina ciudad para requerir el apoyo de su Cabildo. Tras plantear su inquietud, se retiró de la sala de deliberaciones para que sus representantes pudieran debatir libremente, representando a Salta el Dr. Mariano Boedo en el estudio de las bases del acuerdo entre ambas ciudades. Finalizado esto, se realizó la elección del gobernador con el voto de todos los ciudadanos presentes. Este episodio honra al pueblo de Jujuy que defendió sus derechos electorales, pero honra de manera muy especial al general gaucho, que doblegó su espada ante la soberanía popular.

            El 15 de octubre de 1825, don Juan Antonio Álvarez de Arenales lo nombró Teniente Gobernador de la villa y territorio de Tarija, con retención de su empleo que en ese momento tenía en propiedad en la Cámara de Justicia[51]. Sin embargo, Álvarez de Arenales debió viajar a Tarija con el objetivo de restablecer el orden porque el encargado de la legación argentina, doctor José Díaz Vélez, “no quería entregar el mando al gobernador electo doctor Mariano de Gordaliza. El 10 de mayo, se reincorpora ese territorio a la Provincia y se designa a los doctores Felipe Echazú y Domingo Arce como diputados al Congreso Constituyente que, por Ley del 3 de diciembre de 1826, eleva a Tarija a rango de Provincia desmembrándola de Salta”[52]. Durante 1830 lo vemos nuevamente desempeñándose como Teniente de Gobernador de Jujuy[53].

 

 

            Manuel de Lea Plaza

 

            Nació alrededor de 1769 y falleció en Tarija, a los 68 años de edad, el 25 de febrero de 1837; fue militar y capitular de Tarija. Ignoramos la vinculación familiar de los Lea Plaza de Tarija con los de Salta, entronque o parentesco que no descartamos[54]. No obstante, es justo destacar las coincidencias entre las diferentes ramas de la familia patricia de Lea y Plaza asentadas en Chile, Bolivia y Argentina, en cuanto a la gloria de haber entregado la mayoría de sus varones a los ejércitos en la lucha por la Independencia, así como el fervor a dicha causa de sus mujeres, cuyas memorias esperan un justo reconocimiento.

            En algunos documentos, don Manuel figura como don Manuel Martínez de Lea Plaza. Patriota, guerrero de la Independencia que alcanzó el grado de teniente coronel. El biógrafo del general Güemes, lo menciona a don Manuel Martínez de Lea Plaza, como oficial de los tarijeños. Y señala: “Para la Historia es un testigo abonado pues que anduvo muy cerca de las balas”[55].

            Formando parte de las milicias tarijeñas, estuvo incorporado a la Vanguardia del Ejército Auxiliar al Perú, que comandaba el coronel González Balcarce. Una conocida carta (sobre lo ocurrido en el combate de Santiago de Cotagaita) fechada en Tupiza el 13 de noviembre de 1810, remitida por don Manuel de Lea Plaza a don José Hurtado de Saracho[56], señala su intervención en una de las cruentas contiendas durante la Guerra de la Independencia, dice así: “El 27 del pasado fue el combate que tuvimos en Santiago, donde perdimos las esperanzas de poder seguir para adelante… el general hizo retirar la gente que caminamos esa noche toda la noche, que si los de arriba no hubieran andado tan cobardes, nos apresan a todos según el desorden que hubo, así para emprender la batalla, como para la retirada, pero Dios quiso que no, y nos vinimos a Tupiza. Luego de alguna información acerca de la batalla de Suipacha (…), Manuel de Lea Plaza agrega: los tarijeños se han portado en el día (7 de noviembre) grandemente, como en Santiago, sólo ellos fueron los que sostuvieron el fuego a excepción de los artilleros, que los de abajo se andaban escondiendo por los cerros[57] (…) Estando en Tupiza vinieron los de arriba a pagarnos la vista… y tuvimos que mandarnos mudar a Suipacha, y al día siguiente bajaron los de arriban a Suipacha, y esa noche antes nos llegaron las municiones y también dos cañones; con que, a los de arriba les habían informado que no teníamos municiones, y con esa satisfacción nos fueron siguiendo, pero, Dios mediante, los hemos hecho retroceder como que les hemos avanzado cuatro cañones, cerca de dos pearas de municiones, aguardiente, bizcocho, reses, charqui, mulas, fusiles, muchos prisioneros, heridos 20, muertos me parece que han de ser más de 50. Estos infelices daban mucha lástima al ver como disparaban, dejando uno la mula, otros, aún la casaca, que es la última ponderación… (el resto del párrafo ya es conocido). El día siguiente mandó el general Córdoba un parlamentario a nuestro general que decía que como lo dispensase a él, entregaría al señor Nieto y que sólo él era el causante de todas estas revoluciones; no sé en lo que parará… Nuestro Sargento Mayor (Güemes) caminó el día 9 de éste para Cinti con más de 3000 hombres para ver si está allí la plata del señor Nieto y otras condiciones que dicen ha llevado secretas, que según a mi parecer pueden traer algunos cómplices, como es Cavero y otros… De los tarijeños murió uno que es de San Lorenzo, que según me aseguran que se había estrechado con temeridad como que lo mataron a boca de cañón; heridos dos o tres, pero no es cosa de cuidado. Que los de abajo han sido ocho. Yo quedo bueno, gracias a Dios, que he salido bien, sin embargo que hemos andado muy cerca de las balas. Y en posdata: Después de escrita ésta, llegó un propio de Potosí a nuestro general en el que le dicen que ya tienen preso al gobernador de dicho Potosí y van en pos de Nieto, y quedamos esperando al general Ocampo, y estamos de esperada en Tupiza. Vale”[58].

            Don Manuel de Lea Plaza participó activamente en el Cabildo de Tarija, siendo uno de los que en 1826 decidió la suerte de Tarija, es decir su pertenencia a Bolivia[59]. Así lo vemos al cabildante de Lea Plaza figurando entre los llamados “separatistas” que firman el Acta redactada el 16 de julio de 1825, donde manifiestan su deseo de pertenecer al Alto Perú. El acta es enviada el 13 de agosto, a los diputados de la Asamblea instalada en Chuquisaca, y también al general Arenales que aún se encontraba en Chuquisaca. Edgar Ávila Echazú, dice que “tales peticionarios eran el coronel Bernardo Trigo, Ignacio Mealla, Manuel de Lea Plaza, José de Aráoz, Agustín Mendieta, Francisco Javier Arce, Manuel Zacarías Saracho, y Pedro Ichazo. A todos ellos el Moto Méndez les puso el mote de “bolivianistas de nueva hora”, sin pensar que él mismo engrosaría sus filas a poco”[60]. Esta declaración, como bien señala Ávila Echazú, fue la primera que hacía pública la voluntad anexionista de Tarija a Bolivia.

            Mientras tanto, en la Villa de Tarija, el 9 de septiembre de 1825, el general Juan Antonio Álvarez de Arenales reglaba “el servicio interior del Pueblo, y exterior de su campaña para los casos que puedan ocurrir, y por último facilitar esta de un modo seguro y fácil, ha acordado crear, formar, y organizar los Escuadrones de Milicias (…) El Segundo Escuadrón se compondrá desde el río de esta Villa para adelante en todo el Partido de Tolomosa desde Tablada, y San Jacinto hasta los confines de la Caldera. Su Comandante Teniente Coronel Don Manuel de Leaplaza”[61]. En documentos sobre Tarija, existentes en la Provincia de Salta; figura el teniente coronel D. Manuel de Lea Plaza en una lista fechada en septiembre 13 de 1825 y firmada por el general Álvarez de Arenales, como Comandante del 2.º Escuadrón de Tarija, con diez y siete hombres[62]. En mayo del mismo año figura como Alcalde Ordinario de Segundo Voto o como Alcalde Nacional de Segunda Elección, dando su voto para Diputados del Congreso Peruano al señor Cura y Vicario doctor don José Mariano Ruyloba[63]. Más tarde, tras las elecciones del 26 de febrero de 1826 y un sin fin de actas y controversias, el 26 de agosto de 1826, los representantes del pueblo de Tarija resolvieron independizarse de Salta y de Argentina, reclamando su anexión a Bolivia. En seguida se nombró a las nuevas autoridades: Prefecto del Departamento fue designado el ex gobernador Bernardo Trigo; jefe de las Milicias don Mariano Valverde; regidores fueron nombrados José María Aguirre, Juan Ramón Ruyloba, Manuel Lea Plaza, Fermín Vaca, Agustín Mendieta, Luis Castillo, José Antonio Vázquez; procurador general Mariano Cecilio Trigo. “Se nombraron diputados ante el Congreso Boliviano al coronel Gavino Ibáñez, José María Aguirre y José Fernando Aguirre -señala Ávila Echazú-; quienes, con el nuevo Prefecto, representarían los derechos de las Provincias en el Congreso de Bolivia, al que debían solicitar la incorporación de Tarija a la República de Bolivia (…)”[64].

            Contrajo matrimonio con doña Manuela Mendoza y dejó numerosa e ilustre descendencia de su Casa, la que llega hasta nuestros días en Tarija, otros lugares de Bolivia, Argentina, Chile, Uruguay y países de Europa. Uno de sus hijos, el doctor Manuel de Lea Plaza y Mendoza de sobresaliente actuación en Tarija, fue Ministro de la Corte Suprema en 1869. El Tte. coronel D. Manuel de Lea Plaza falleció el 25 de febrero de 1837, a los 68 años de edad.

 

 

            Eustaquio Méndez (a) “El Moto”

 

            Nació en Carachimayo, Cantón Canasmoro, en el lugar denominado “La Torre”, el 19 de setiembre de 1784[65]; más tarde, siendo ya joven, se radicó en San Lorenzo. Fue hijo de Juan Méndez y de María Arenas. Aprendió las primeras letras que su madre le enseñó. Doña María Arenas falleció cuando Méndez, frisaba los primeros años de su juventud.

            Juan Navajas Paz, a diferencia de otros autores que estudiaron a Méndez, señala que “Así se origina el nombre y la alcurnia de quien en el transcurso de los años habría de ser varón, honrado, valiente y magnificente en la guerra de los quince años”[66]; por otra parte, Luis Paz, dice que “los que han conocido a Méndez refieren que era el tipo del gaucho tarijeño, que pertenecía a una familia del bajo pueblo de San Lorenzo, que no recibió ninguna educación…”[67]. Mientras que el escritor Bernardo Trigo, recalca que sus veinticuatro primeros años se dedicó a las tareas rurales “sin anhelos de superación. Si América no se sacude del yugo español formando las legiones de guerrilleros, Méndez hubiese pasado confundido con los gauchos camorreros y tabeadores (…)”. Sin embargo, más adelante agrega que “vivió y murió abnegadamente”[68]. De conducta controvertida, dice al respecto una de las tradiciones tarijeñas: “que en su juventud llegó en estado de ebriedad a su casa, siendo reprendido por su madre, lo que ocasionó que Méndez, dado su estado inconsciente, le diera un empellón (empujón) y abandonara la casa para seguir bebiendo. Al día siguiente, Méndez sufrió una caída del caballo que montaba, lesionándose la mano gravemente. Se dirigió a su casa, y llamando a su madre le dijo: la mano que te ha golpeado no debe existir y sacando un machete se la seccionó. Desde entonces, fue conocido como el Moto”[69].

            Méndez se adhirió desde el principio a la causa de la Independencia, organizando milicias y disciplinando a sus gauchos. Pasó con sus hombres a las fuerzas de Pedro Antonio Flores y participó en la Batalla de Tucumán, el 24 de setiembre de 1812. Fueron numerosas las contiendas y campañas en las que Méndez intervino y muy conocidas las acciones donde descolló su hombría. En abril de 1816 Tarija se declaraba teatro de la guerra, y a fines del mismo año, Méndez figura como Comandante de División de San Lorenzo. Desde su campo de Carachimayo emprendía operaciones, sorprendiendo muy a menudo las partidas realistas que salían a recorrer la tierra. Se encontró en la Batalla de la Tablada, el 15 de abril de 1817; en ese encuentro las armas chapacas se llenaron de gloria, sobresaliendo por su intrepidez y serenidad[70]. La orgullosa tradición chapaca recuerda que el 22 de noviembre de 1818, el general Belgrano felicitó a Méndez por sus acciones de armas, y le envió en obsequio un sable y un uniforme. No obstante, durante las luchas intestinas entre los generales realistas Pedro Antonio de Olañeta y Jerónimo Valdés, en el Alto Perú, el patriota Méndez jugó un doble papel, primero se adhirió al general Olañeta, con el cargo de teniente coronel y jefe del Escuadrón “San Lorenzo”, traicionándolo al poco tiempo, y poniéndose con su Escuadrón al lado del general Valdés. Los historiadores de Bolivia justifican este hecho particular, como una estrategia del Moto, para eliminar las fuerzas reales.

            El Moto Méndez, originó el levantamiento de Tarija contra el gobernador Mariano Gordaliza a raíz de su apresamiento, dando lugar al Cabildo Abierto el 25 de agosto de 1826, de cuyo resultado Tarija fue incorporada a Bolivia, al haber admitido el Parlamento boliviano a los Diputados elegidos en dicho Cabildo. El Libertador Simón Bolívar le otorgó los despachos de Coronel del Ejército de Bolivia. Luego se retiró a sus propiedades en Carachimayo, donde, dice Bernardo Trigo, “vivía pobre y solo, reteniendo el cargo honorífico de Comandante del 3er. Regimiento de la Guardia Nacional”. En 1838 fue llamado para colaborar en la organización de efectivos militares, que debían incorporarse a las fuerzas de Santa Cruz que libraban la campaña del Perú, y ese mismo año actuó como Coronel de la Guardia Nacional en la Batalla de Montenegro. El general Francisco Burdett O´ Connor, definió a Méndez como “el célebre guerrillero, antiguo y muy benemérito patriota tarijeño, gaucho en toda la extensión de la palabra, hombre de mucho carácter, de sincero patriotismo y valiente en sumo grado…”[71]. Su nombre se perpetúa en la provincia Méndez (antigua provincia de San Lorenzo, del Departamento de Tarija), por Ley de la Convención Nacional del 19 de octubre de 1880.

            Contrajo primera nupcias, el 21 de enero de 1825, con doña Salomé Ibarbol, con la que tuvo nueve hijos. Durante este matrimonio tuvo en María Estefanía Rojas tres hijos adulterinos. Viudo, en segunda nupcias, se casó con la nombrada María Estefanía Rojas[72]. Méndez murió a consecuencia de una herida habida en el combate de Santa Bárbara, Tarija, el 4 de mayo de 1849, adjudicada al coronel don José Rosendi. Herido y conducido al presidio, se le permitió hacer su testamento que redactó el notario Agustín Mendieta, documento en el que Méndez ha dejado la huella de sus virtudes. El ítem más sublime de su testamento y que perdura trascripto en una placa al pie del monumento al Moto Méndez emplazado en la plaza principal de San Lorenzo, dice: “A los que dicen que me deben, les perdono; y mando a mi albacea don Juan Cortez, no cobre ni ejecute, por ser gente que sirvió a mi Patria, y porque supieron dar su vida por seguirme, como guapos que luchamos por nuestros pagos. Muero sin aborrecer, sin haber quitado nada a nadie, y habiendo servido con mis animales que se acabaron en las milicias. No queda más que retazos de bienes, que serán partidos entre mis hijos por igual, y si alguno reclama o se queja, perderá todo. Quiero que me entierren con mi ropa overa, usada en el Montenegro, y al lado de mi madre en el panteón de San Lorenzo”.

 

 

            Francisco Burdett O´ Connor

 

            Nacido en Cork, Irlanda el 12 de junio de 1791. De noble linaje, descendía de la Casa de Conaught, sus padres fueron don Roger O´ Connor, señor de Connerville y doña Wilhelmina Bowen. Militar, organizó en su país un regimiento de lanceros a cuyo mando vino a América del Sur para luchar por su independencia, incorporándose al Ejército del general Simón Bolívar con el grado de teniente coronel, ascendiendo luego a coronel. Combatió en Junín y, como jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador, triunfó en la Batalla de Ayacucho[73]. Ejecutor de las órdenes del general Antonio José de Sucre se radicó en Tarija con la misión de que siempre que encuentre justificada la petición de los tarijeños cambie al gobernador. Don Francisco Burdett O´ Connor ejecutó la orden sustituyendo al gobernador José Felipe Echazú con don Bernardo Trigo. Se vinculó definitivamente a Tarija, a través de su matrimonio con una dama del lugar, doña Francisca Ruyloba[74], hija de don Juan Ramón Ruyloba y de doña Dolores Echeverría[75]. Asimismo, se batió en la campaña del Perú, en Socabaya y Yanacocha. Se desempeñó como ministro de Gobierno y recibió el grado de General de División.

            Nos informa el historiador Eduardo Trigo O´Connor d´Arlach, que “después de recibir una esmerada formación, en 1819 Francisco Burdett O´ Connor se embarcó con un regimiento de lanceros financiado por él. Se incorporó a las fuerzas de Bolívar habiendo participado, entre otras, en las batallas de Río Hacha, Margarita, Santa Marta, Magdalena, Junín y Ayacucho. En 1824, en el Perú, fue designado jefe del Estado Mayor del Ejército Unido Libertador; como tal asistió a la Batalla de Ayacucho, eligiendo el campo de batalla. Fue partidario de la incorporación de Tarija a Bolivia en 1826. Por encargo del gobierno de Bolivia fundó el puerto de Cobija. Volvió al Ejército para servir al mariscal Santa Cruz, siendo designado Ministro de Guerra, participó de las campañas de la Confederación Perú-Boliviana. Restablecido en Tarija, se unió al general Brown para repeler la invasión argentina derrotando a las fuerzas de Heredia en Iruya y Montenegro, quedando a su cargo el Ejército del Sud. Ejerció el cargo de Prefecto de Tarija e hizo un levantamiento de la frontera del Sur. Escribió sus memorias que tituló “Recuerdos”. Perteneció a la Orden de Libertadores de Venezuela, Cundinamarca y el Perú; fue coronel del Ejército de Colombia, general de Brigada del Perú y general de División de Bolivia. Josep Barnadas dice que fue “una de las figuras más simpáticas y de trayectoria más aleccionadora de la generación de la independencia”. Apoyó notablemente a la educación pública fundando escuelas con su propio peculio”[76].

            Completa Aráoz Campero, que “su memoria ha sido perpetuada designando con su apellido la antigua provincia Salinas”[77]. El matrimonio O´Connor-Ruyloba dejó ilustre descendencia y entre sus nietos se cuenta a don Tomás O´Connor d´Arlach (1853-1932) ilustre poeta, historiador, periodista y parlamentario que “honró a Tarija con su vida y con su obra”. Falleció Francisco Burdett O´ Connor en Tarija, el 5 de octubre de 1871, cuando ejercía el cargo de Jefe Superior Militar del Departamento.

 

 

            Bernardo Trigo

 

            Nació en Tarija el 28 de marzo de 1789. Hijo de don Cecilio Trigo, español, y de doña María Josefa Espejo, natural de Málaga, España; nieto paterno de don Gregorio Trigo y de doña Isabel Jacoba de los Santos Acosta y Barrios, pobladores de Sevilla, España; bisnieto paterno paterno de don Pedro Trigo y de doña Benigna Tolosa; tataranieto paterno paterno paterno de don Martín Trigo y de doña Catalina Dominga Díaz[78].

            Incorporado desde muy joven a las milicias del rey, participó en algunas campañas contra los chiriguanos. Cumpliendo el mandato de su padre asistió a sus hermanos huérfanos, e instaló un pequeño comercio con el cual pudo sostenerlos. El haber hereditario que le correspondió en la partición de bienes con sus hermanos consistía en un mil quinientos veintiséis pesos, con seis reales, y se le adjudicaron los terrenos de San Luis, Asnapujio y La Banda, y una casa en la ciudad de Tarija[79]. Al producirse los movimientos armados en Buenos Aires y Chuquisaca, Trigo abrazó la causa patriota a la que prestó importantes servicios desde los primeros combates, hallándoselo en la Batalla de Cotagaita y en la de Suipacha, y en la derrota de Huaqui. Se alistó en las fuerzas salteñas del general Güemes, desde 1812 a 1816.

            Señala el historiador Tomás O´ Connor d´ Arlach, que Bernardo Trigo “mediante su honradez y su trabajo perseverante, logró formar una regular fortuna (…) Amigo íntimo del heroico Méndez, sobre quien tenía gran ascendencia, proporcionó a éste más de una vez, importantes servicios pecuniarios para sus campañas en favor de la Independencia”[80]. Por su parte, Jorge Aráoz Campero afirma que “indiscutiblemente, don Bernardo Trigo y el coronel Eustaquio Méndez, son los dos personajes más sobresalientes que actuaron desde su iniciación hasta la reincorporación de Tarija a Bolivia”[81]. En efecto, cuando el 23 de agosto de 1826 el gobernador Mariano de Gordaliza capturó al Moto Méndez, el coronel Trigo “aprovechó la oportunidad de realizar sus propósitos y de acuerdo con el mismo (Moto) Méndez, con (Manuel) Lea Plaza, Ruiloba, (Gabino) Ibáñez, (José María) Aguirre, (Agustín) Mendieta y otros abnegados patriotas tarijeños, el 26 de agosto de 1826, estalló la revolución y proclamaron la reincorporación de Tarija a Bolivia, poniéndose bajo la protección del Ejército Libertador de Colombia”[82]. El alma de este movimiento fueron Trigo y Méndez, añade O´ Connor d´ Arlach.

            El coronel Bernardo Trigo fue nombrado por el general O´ Connor gobernador de Tarija en setiembre de 1826, y luego estuvo en la campaña de la Confederación Perú-Boliviana. A su regreso, el mariscal Andrés de Santa Cruz lo designó nuevamente gobernador de Tarija. Creada la provincia de Tarija en departamento de la República de Bolivia por Ley del 24 de setiembre de 1831, fue nombrado su primer prefecto. En 1837 asume interinamente la jefatura política de Tarija y tuvo una destacada actuación durante la campaña, conocida en la historia con el nombre de la Batalla de Montenegro[83]. Representó a Tarija en la Convención Nacional de 1839, y luego, con Fernando Campero, se batió en Ingavi. Después de esa batalla, el gobierno del general José Ballivián lo ascendió a General de Brigada[84].

            Contrajo matrimonio el general don Bernardo Trigo, con doña Isabel Díaz de Guitián, viuda del oficial don Mariano José Mealla y tuvo numerosa descendencia: Martín, Juan de Dios, Salustiano, Manuela, Mercedes, Petrona y Beatriz Trigo y Díaz de Guitián. Hemos visto que Trigo fue desinteresado y generoso; dueño de una regular fortuna, poseyó varias estancias y aportó fuertes sumas al servicio de Bolivia. Falleció el 8 de marzo de 1848 y fue sepultado en la iglesia de su hacienda de “Camacho”.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

ARCHIVOS

 

Archivo del Arzobispado de Salta

Archivo de D. Eduardo Trigo O´Connor d´Arlach

Archivo de la antigua Iglesia Matriz de la Villa Imperial de Potosí, hoy llamado Archivo de la Vicaría de Potosí.

Archivo de la familia Plaza Navamuel

Archivo Diocesano de Valladolid, investigaciones de D F. Roberto Gordaliza Aparicio

Archivo General de la Nación

Archivo parroquial de la antigua Iglesia Matriz de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarija, hoy Iglesia Catedral.

Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, Antología de documentos sobre la Administración del Mariscal Sucre en Bolivia (1825-1828).

Cementerio del Municipio de Tarija.

 

 

BIBLIOTECAS

 

Biblioteca del Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Biblioteca Dr. Atilio Cornejo (Salta)

Biblioteca Provincial Dr. Victorino de la Plaza (Salta)

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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-- “La Anexión de Tarija a Bolivia”. Presentado en el Primer Encuentro de Historiadores de Salta y Tarija, el 18 de abril de 2003. Copia gentilmente facilitada al autor. Inédito.

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-- “Los de Lea y Plaza. Señorío y Tradición del Valle del Calchaquí Salteño”. Talleres Gráficos de Editorial Milor. Salta, 2000.

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· Martillero público nacional (Tucumán-Salta). Actualmente es integrante del Consejo Directivo y director de publicaciones del Instituto Güemesiano de Salta. Vicepresidente, director y coordinador general de publicaciones del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta.

[1] Don Luis de Fuentes y Vargas procedente de una familia sevillana que ha dado importantes servicios a la corona y a la iglesia de España, nació aproximadamente en 1530 y sus padres fueron don Pedro de Fuentes (nacido en La Rioja y contador de la Casa de Contratación de Sevilla), y doña Ana de Vargas, nacida en Sevilla.

[2] Porcel, Roberto Edelmiro: “Los Porcel en la conquista del Perú y Alto Perú”, págs. 19 y 20. Segunda edición. Talleres de “Editorial Luis de Fuentes”. Bolivia, Tarija, 1999.

[3] Porcel, Roberto Edelmiro: “Los Porcel en la conquista…”, págs. 19 y 20, cit.

[4] Porcel, Roberto Edelmiro: “Los Porcel…”, págs. 20, cit.

[5] Al respecto, consideramos de sumo interés el Acta labrada en Tarija el 26 de agosto de 1826, que fue publicada por el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia y que el historiador salteño Luis Oscar Colmenares inserta en la página 118 del Boletín Nº 23 del Instituto Güemesiano de Salta, en 1998:

                “En esta Sala Capitular de Tarija, en veinte y seis del mes de agosto de mil ochocientos veinte y seis años. Habiéndonos congregado los Municipales y vecinos a virtud de haber entrado a esta plaza la gente de los partidos de la campaña y entre ésta mucha parte de lo mejor del vecindario, reclamando su libertad, porque ésta era actualmente oprimida, en que esta provincia a más de estar sujeta y subyugada a la de Salta, también lo estuviese a la República Argentina, precisamente en la forma dicha, siendo su voluntad, como efectivamente lo es, de que constituida en departamento separado, permanezca incorporada a la República de Bolivia y que el hacerse lo contrario era contradecir y oprimir su libre voluntad y muchas razones de justicia y conveniencia y que en su virtud ratificaban nuevamente la solemne decisión que hicieron sus representantes el día seis de junio del próximo año pasado del mil ochocientos veinticinco en junta departamental, en que se declararon por la República Bolivia del Perú sin la menor opresión y seducción y en su virtud se juraron sus banderas y que ahora cansados ya de sufrir la opresión de ésta su voluntad y libre decisión, viendo atacadas sus personas por esta opinión, habían tomado la medida de hacer este movimiento, sin que se le tenga por tumultuario, pues sólo con él podrían ponerse en estado de reclamar con libertad sus derechos; y hallándose en uso de ellos deciden y mandan se repongan en el acto todas las autoridades, así del Prefecto como del Cuerpo Municipal representativo al mismo estado en que estuvieron antes de que se sujetase esta provincia capital en este presente año a la República Argentina: y que asimismo se nombren diputados representantes para que se presenten ante la soberanía del Congreso de la República de Bolivia a pedir y solicitar en dicho Congreso y el Presidente de la República, la reincorporación que de hecho tienen practicada. En el mismo acto y en la misma conformidad nombraron por voto directo y aclamación total por su prefecto al señor coronel de milicias don Bernardo Trigo, quien habiendo aceptado el cargo quedó inmediatamente recibido y posesionado en su empleo según derecho y su forma. Declarando asimismo como declaran por nulos, de ningún valor ni efecto, todos los actos y hechos practicados anteriormente por la dependencia de la República Argentina, por haber sido opresivos y a la fuerza contra la voluntad y libre opinión de los ciudadanos. Todo lo cual anteriormente expresado y practicado lo certifica el prefecto, el Cuerpo Municipal y demás vecindario con el actuario que se hallen presentes y reunidos que suscriben la presenta Acta; y para que conste lo firmaron dichos señores por ante mi el presente escribano de que doy fe. Bernardo Trigo, Manuel Valverde, Isidoro Pantoja, Eustaquio Méndez, José María Aguirre, Gabino Ibáñez, José Fernando de Aguirre, Juan Ramón Ruiloba, Juan Rojas, Fernando Marín, Manuel Feliz del Orno, Manuel de Lea Plaza, Fermín Hevia y Baca (de Hevia y Vaca), Agustín Mendieta, Juan José Mendieta, José Antonio Vázquez, Bernardo Méndez, Mariano Cecilio Trigo, Simón González de Villa, Pedro Balverde, Mariano Lino de Echalar, Dionisio Segovia, Javier Segovia, Mariano Echarte, Manuel Zacarías Saracho, Manuel José Hevia y Baca (de Hevia y Vaca), Cornelio de Aguirre, José Mariano Trigo, Pedro Carrillo, Mariano Rodríguez de Lema, Nicolás Ichazo, Dámaso de Aguirre, Mariano José Núñez, Juan Asencio Avilés, Mariano Eduardo Alcoba, José Domisiano Castro, José Mariano Ibáñez, Bernabé Catona, Juan Manuel Estrada, José Camilo Moreno, Mateo Velasco, Antonino Alcoba, Tomás Rodríguez de Castro, José Francisco Baca, Agustín Rodríguez, Antonino Ríos, Gregorio Sánchez, Fortunato Núñez, José María Rodríguez Valdivieso, Isidro Ignacio de la Caba, Leandro Montero, Juan Caso, Manuel Mariano López, Carlos Zaldívar. Ante mí Manuel José Aráoz, Escribano Público de Gobierno y Cabildo”.

[6] Wright, Ione S. y Nekhom, Lisa M.: “Diccionario Histórico Argentino”, pág. 766. Emecé Editores S.A., Buenos Aires, 1990.

[7] Wright, Ione S. y Nekhom, Lisa M.: “Diccionario Histórico…”, pág. 23, cit.

[8] Navamuel, Ercilia: “Salta y su Pasado”. Edición de la autora, Salta.

[9] Urcullo, Manuel María: “Apuntes para la historia de la revolución del Alto Perú, hoy Bolivia”, citado por Luis Paz en Historia general del Alto Perú, hoy Bolivia. Sucre, 1919: T. II, p. 330.

[10] Los hermanos sacerdotes D. José Mariano y D. Sebastián Ruyloba se destacaron tanto en el sacerdocio como en la política; nacidos en Tarija, en setiembre de 1771 y en enero de 1777, respectivamente. Ambos brillaron por su prédica en el púlpito. Generosos y caritativos con los más necesitados. Patriotas acérrimos, sacrificaron toda su fortuna por la causa de la Independencia. Recuerda la tradición que sus padres habían tenido numerosos esclavos, el primer paso de los hermanos Ruyloba, a su regreso de Chuquisaca, fue dar carta de libertad a todos ellos. Los historiadores tarijeños coinciden en que sus “talentos dieron gloria y honor a su país, mereciendo figurar en primera línea entre los más notables ciudadanos que ha tenido Tarija” (Tomás O´Connor d´Arlach: “Tarijeños Notables”, págs. 16 a 18. Imprenta “La Estrella de Tarija”, Tarija, Bolivia, 1888).

[11] El general José María Avilés nació en Tojo y es uno de los caudillos que más se distinguió en la guerra de la Independencia. Compañero de Eustaquio Méndez, combatió con singular valor en diversas oportunidades contra las tropas realistas. En 1818 fue gravemente herido. Creada la República de Bolivia, el Libertador José Antonio de Sucre lo ascendió a coronel en 1825. Participó en la Batalla de Yanacocha el 13 de agosto de 1835, donde tuvo una lúcida actuación, siendo reconocido su valor y patriotismo por el gobierno del gran mariscal Andrés Santa Cruz, que lo promovió al grado de General de Brigada. El prestigioso guerrero falleció en Perú, en 1838.

[12] Don Ramón Rojas nació en Tarija en noviembre de 1753, hijo de don Cipriano Rojas y de doña Bárbara Jirón. En su tierra chapaca Rojas es considerado el caudillo más notable después de Méndez; alcanzó durante la guerra de la Independencia el grado de teniente coronel y comandó el Regimiento de Dragones Infernales, Regimiento que según señala O´Connor d´Arlach “se componía en su mayor parte de soldados tarijeños y era la pesadilla de los españoles”. Venció a las fuerzas realistas comandadas por el general Joaquín de la Pezuela, en el combate de La Tablada, el 30 de octubre de 1814. Intervino en numerosas campañas desde 1810 a 1816. Ante un nuevo avance de los españoles, el 5 de abril de 1816 en el combate de Las Barrancas, nuevamente se enfrentó contra Olañeta, donde perdió la vida. Don Manuel Rojas tarijeño como su tío Ramón, pues su madre Micaela Rojas que falleció dejándolo de uno o dos años de edad, era hermana de don Ramón Rojas. El historiador Bernardo Trigo apunta que “se cree que el padre fue don Deudato Ruyloba, hermano o familiar, al menos, de Nicolás Ruyloba, que es quien educó y formó en su hogar al joven Manuel”. Rojitas, como se lo llamaba familiarmente fue un valeroso guerrero que se inició en el Regimiento de Infernales que comandaba su tío Ramón Rojas. A mediados de 1816 y con el cargo de comandante, actuó valerosamente en los combates de Concepción, Padcaya, Orozas, Cuyambuyo y Yesera. Perseguido por los realistas, en 1821 el comandante Manuel Rojas fue sorprendido en las laderas de “Colón”, tomado prisionero fue degollado y su cabeza fue colgada en un algarrobo en el camino al pueblo de Concepción, actual capital de la provincia de Avilés.

[13] El comandante José Ignacio Mendieta, tarijeño nacido en 1782. Patriota aguerrido que con su compañía chapaca de los “Guerrilleros” dio batalla a los realistas con el fin de evitar el avance de éstos a la Villa de Tarija. El último combate en el que intervino es el de Sivingamayo del que logra escapar, herido, hasta Padcaya, donde fue asesinado.

[14] Navajas Paz, Juan: “El Moto Méndez”, pág. 44 y 45. Ediciones Isla, casilla 4311. La Paz, Bolivia, 1990.

[15] Echazú Lezica, Mariano de: “Datos biográficos de treinta patriotas que actuaron en Tarija”, inédito. Gentileza del doctor Eduardo Trigo O´Connor d´Arlach.

[16] A. y B. H. S. Carpeta Fantasma 52. Tarija: Diversas cartas con datos importantes sobre este territorio y su Organización. Tarija, 1825.

[17] A. y B. H. S. Carpeta de Gobierno. “Relación del número de reclutas que corresponde dar a cada uno de los Escuadrones de Tarija”.

[18] A. y B. H. S. Carpeta Fantasma 52, cit.

[19] A. y B. H. S. Carpeta de Gobierno, 1825/26.

[20] El capitán Juan Esteban Arias de Navamuel fue bautizado en Salta el 21 de setiembre de 1778. Descendía de una distinguida y antigua familia de esta provincia. Hijo del hacendado don José (o Joseph) Arias de Navamuel y Diez Gómez, y de doña Tomasa de Fonseca y Fiusa y Diez Gómez. Don Juan Esteban fue un ilustre guerrero de la Independencia. Muchas son las comisiones y servicios civiles y militares de importancia que desempeñó durante su vida. Se incorporó al “Cuerpo de Decididos” que organizó el general don Juan Antonio Álvarez de Arenales participando en las batallas de Tucumán y Salta, el 24 de setiembre de 1812 y el 20 de febrero de 1813, respectivamente, e intervino en el Combate de río Las Piedras el 3 de setiembre de 1812. Sirvió en el Ejército Auxiliar del Alto Perú “desempeñando con doblados anhelos las fatigas, destino y comisión que se me han encargado, hallándome en acción, así generales de guerra, como particulares de guerrillas acreditando y haciendo brillar aquel entusiasmo, y encumbrado amor de que he estado poseído a favor de la Independencia de América, ofreciéndome con garantía, y alistándome en el distinguido Cuerpo de Decididos, guardo la gloriosa acción de Tucumán, y lo mismo en la célebre del 20 de Febrero en esta Capital…”. A lo largo de la guerra luchó a las órdenes de Belgrano y de Güemes, y en muchas acciones junto al coronel don Luis Borja Díaz, a los hermanos Manuel Ubaldo y José Remigio de Lea y Plaza, a los hermanos Gorriti, a los hermanos Torino, a Rudecindo Alvarado, a Bonifacio Ruiz de los Llanos, a Mariano Benítez y al bravo general Juan Antonio Álvarez de Arenales. Fue alcalde de La Viña, y administrador de los Almacenes del Estado de Salta, durante casi toda la guerra de la Independencia. De claros valores, hombres como don Juan Esteban Arias de Navamuel son dignos de ponderación por sus pensamientos superiores, por su ilimitado altruismo y desinterés. Desde que empezó su carrera como militar en los Ejércitos de la Patria, colaboró con su propio peculio al sostenimiento del ejército, habiendo quedado en sus últimos años sin bienes, ni siquiera una pensión por sus servicios para poder subsistir, o compensar con las liquidaciones de sus sueldos devengados. Falleció en fecha imprecisa, a mediados del siglo XIX.

[21] Plaza, Rodolfo Leandro: “Ensayo biográfico genealógico del capitán Don Juan Esteban Arias de Navamuel. Un abnegado patriota de la Independencia”. Boletín del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Tomo 22, Número 221, Buenos Aires (septiembre - octubre, 2001).

[22] Paz, José María: “Memorias Póstumas”, pág. 35. Tomo I, segunda edición, Campañas de la Independencia, Comienzos de la Guerra Civil, Campaña de Córdoba. Editorial Almanueva, diciembre de 1954. También Plaza, Rodolfo Leandro: “Ensayo biográfico genealógico del capitán…”, pág. 11, cit.

[23] Plaza, Rodolfo Leandro: “Los de Lea y Plaza. Señorío y Tradición del Valle del Calchaquí Salteño”. Talleres Gráficos de Editorial Milor, Salta, 2000.

[24] Hessling, María Teresa Cadena de: “Historia Ilustrada de Salta”, pág. 86. Segunda edición actualizada, Salta, 1995.

[25] Hessling, María Teresa Cadena de: “Historia Ilustrada…”, cit.

[26] Hessling, María Teresa Cadena de: “Historia Ilustrada…”, pág. 85, cit.

[27] A. y B. H. S. Carpeta de Gobierno.

[28] Archivo del Arzobispado de Salta. Matrimonios.

[29] Plaza Navamuel, Rodolfo Leandro: Recopilación Documental, Genealogías.

[30] Gantier V., Joaquín: “La Bandera de Macha” ponencia presentada al IV Congreso Internacional de Historia de América, celebrado en Buenos Aires del 5 al 12 de octubre de 1966. Impresa en los talleres gráficos del Banco Central de Bolivia, 1990.

[31] El papel del coronel Ignacio Warnes es secundario respecto de Arenales. Hijo de Buenos Aires que se había distinguido en 1807 en la defensa de su ciudad natal combatiendo contra los ingleses (no obstante de ser descendiente de inglés como su apellido lo indica), Warnes debía ilustrarse más tarde con hazañas extraordinarias, muriendo como un héroe al frente de partidarios, en el mismo teatro ilustrado por Arenales, en cuya escuela se formó (…) El coronel don Ignacio Warnes gobernó y dominó en Santa Cruz de la Sierra. Descendiente de inglés y de argentina como queda dicho, había empezado su carrera militar como cadete del Regimiento de Blandengues de Montevideo. Enrolado en los primeros ejércitos de la Revolución, acompañó a Belgrano en las campañas del Paraguay, Tucumán y Salta, recibiendo los despachos de teniente coronel. Después de la desgraciada campaña de Vilcapugio y Ayohuma, fue nombrado por Belgrano en 1813 gobernador intendente de Santa Cruz de la Sierra, puesto en que debía morir e inmortalizarse. Asistió junto a Arenales a la Batalla de