RODOLFO LEANDRO PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PATRIARCA DEL CALCHAQUÍ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

·

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SALTA

REPÚBLICA ARGENTINA

2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© 2009, Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

 

 

ISBN: 978-987-05-6349-5

 

 

Queda hecho el depósito que previene la Ley 11.723

Derechos exclusivos reservados para todo el mundo

Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor

 

 

Salta, Capital. República Argentina

Impreso en Argentina / Printed in Argentina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

(Creado el 17-6-72. Decreto Nº 5042/1972)

 

GENERAL D. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

 

 

 

I

 

CONSEJO DIRECTIVO

(2008 – 2012) ·

 

 

Presidente

Ercilia NAVAMUEL

 

Vicepresidente

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

Tesorero

Víctor Manuel FERNÁNDEZ ESTEBAN

 

Secretario

José Alejandro CAÑIZARES

 

Prosecretario

Margarita GONZÁLEZ

 

Vocales

Raymundo GARCÍA PINTO

Jorge SÁENZ

Álvaro CORNEJO FLEMING

Félix Rodrigo BRAVO HERRERA

Narciso Ángel FABBRONI

Darío WAYAR NÚÑEZ

 

 

Director de Publicaciones

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                A mis hijos Ana Lourdes, Rodolfo Wenceslao

                y Juan de Dios Plaza Navamuel, que también

                llevan la sangre del Patriarca del Calchaquí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              

Escudo de armas de Díaz

(Ilustración de Da. Cecilia Ibarguren en base a las armas primitivas de la Casa solar de Díaz, de Bobia, provincia de León, según los heraldistas D. Alberto y D. Arturo García Garraffa)

 

Escudo: En campo de plata, un león rampante de gules empuñando un bastón de oro, perfilado de sable; bordura de gules con cinco flores de lis de oro.

 

 

 

 

                                                                                             

 

                       

 

 

 

 

 

Escudo de armas de Lea y Plaza

(Ilustración del heraldista D. Luis Mc Garrell Gallo en base a

representaciones de antiguos documentos y armoriales de Navarra)

 

Escudo cortado: 1º, jaquelado de plata y sable, que es de Lea

(o del Valle del Baztán); y 2º, en campo de plata, tres barras de oro, perfiladas de sable, que es de Plaza.

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                               “Podrán las tropas del rey destrozar nuestros campos,

                                               acribillar a nuestros soldados y plantar nuevos gólgotas en

                                               aras de la Independencia Americana, pero nunca doblegar

                                               el patriotismo de Borja Díaz, el valiente caudillo vallisto,

                                                que combate con empeño en Humahuaca”

                                                                                              Pedro Antonio Arias Velázquez, Junio de 1821

 

 

 

            En Salta, después de la Revolución de Mayo se crearon Unidades de Caballería en diferentes puntos, aunque muchas de ellas provisorias. En 1810, se registra la “Compañía Veterana. Partida de Fronteras”, “Asamblea de la Ciudad”, “Milicias Provinciales Patriotas”. En 1811 “Patricios de la Plaza”, “Compañía de Fronteras”, “Milicias Auxiliares del Fuerte Pizarro”, “Milicias de Orán”, “Dragones Ligeros de la Patria”, “Cuerpo de Húsares”, “Milicias de San Carlos”, “Milicias de Cachi”, “Milicias del Rosario de Cerrillos”, “Milicias de la Candelaria”, “Milicias de Chicoana”, “Milicias de la Frontera del Rosario”, “Regimientos de Dragones Patricios de la Plaza”, “Regimiento de Milicianos Voluntarios”, “Regimiento Provincial de Milicias de Salta”, “Milicias de Santa María”, “Dragones Patricios de Caballería de Salta”, “Compañía de Campo Santo”, “Compañía de Cerrillos”, “Milicias del Fuerte de Caraparí”, “Milicias Auxiliares del Regimiento de San Francisco”, “Milicias del Río del Valle”, “Milicias del Fuerte de San Bernardo”, “Tropas de la Frontera de Tarija”. En 1812 “Guarnición del Fuerte Ledesma”. En 1815 “Cuerpo de Gauchos”, “División Infernal de Línea”. En 1816 “Piquete de Artillería de Línea”, “Piquete de Gauchos de Jujuy”, “Granaderos a Caballo de Güemes de Línea”. En 1817 “División de Cazadores”. En 1820 “Estado Mayor de Línea”, “División de Santa Cruz”, entre otras. Cada una de estas Unidades era comandada por insignes próceres de la Emancipación Americana, muchos de los cuales aún permanecen en el olvido.

            Por eso, entre tantísimos héroes anónimos y poco o nada recordados, vale rescatar aunque sea en un resumen algunas de las facetas más significativas de un prócer invencible de nuestra emancipación, el coronel don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza, quien fue una de las figuras más destacadas de los Valles, habría de ser en su momento lugarteniente de Güemes, y considerado como el “Patriarca del Calchaquí” por los componentes de la falange patriótica de Salta[1].

            Don Luis Borja había nacido en el Valle de San José de Cachi (Salta) hacia 1770, en el distinguido hogar formado por el hacendado don Martín Díaz de Urmendía (natural y afincado en los Valles de arriba, Cachi y Seclantás, dedicado al comercio de mulares y también a la agricultura, fue dueño entre otras propiedades, de la estancia “Tin-tín Grande” la que en la posteridad heredaría su hijo el guerrero de la Independencia, capitán don José Mariano Díaz), y doña María Paula de Lea y Plaza de Texerina, ambos descendientes de los primeros conquistadores, descubridores y pobladores de América. En efecto, don Luis Borja era nieto paterno de don Domingo Díaz de Loria[2] y de doña Felipa de Urmendía, y nieto materno de don Miguel de Lea y Plaza[3] y de doña Rosa de Texerina. Cursó sus estudios en los claustros del colegio de San Diego (hoy convento San Francisco) de la ciudad de Salta, donde además cursó humanidades[4]. Posteriormente regresó a su pueblo natal en Cachi, residiendo también en Seclantás para ocuparse de las fincas de sus padres, en las que trabajó afanosamente. En “La Banda”, de Seclantás (Departamento de Molinos), poseyó un importante molino harinero que ya funcionaba en 1812[5].

            Al producirse la Revolución de Mayo expresó su adhesión, aportando dinero, hombres, animales y cosechas para el mantenimiento de las tropas. En tanto, don José Ignacio de Gorriti, le escribía a Díaz “Es necesaria la ayuda de esos Valles a las tropas en las cuales me hallo empeñado en formar - le dice, y agrega - Martín (de Güemes) y Toribio (Tedín) me han dado datos de la gente de por allí y me han hablado de usted diciéndome que es un eficaz y verdadero amigo de la causa de Mayo. Los del Rosario de Lerma también se ofrecen a prestarme ayuda y especialmente don Hermenejildo Diez y don Jorge Torino, vecinos de calificación y de méritos”. Don Borja estuvo de esta manera entre los primeros salteños que se incorporó a las filas de la Patria, y organizó con los vecinos más destacados las milicias de Seclantás, de Molinos, de Atapsi y de Cachi, e ingresó con sus huestes al “Regimiento de Patriotas”, participando en la memorable Batalla de Suipacha el 7 de noviembre de 1810 a las órdenes del coronel Antonio González Balcarce, donde se obtuvo la primera victoria de las fuerzas emancipadoras sobre las realistas.

            En agosto de 1811, con el grado de sargento de la Compañía de Dragones de Milicias Patrióticas, asistió a numerosos encuentros con las tropas realistas en el Alto Perú. En febrero de 1812 el Triunvirato designó al doctor Manuel Belgrano en reemplazo de Pueyrredón en el mando del Ejército Auxiliar del Perú. Belgrano llegó a Tucumán en marzo partiendo enseguida a Jujuy para hacerse cargo, y el 19 de mayo instaló su Cuartel General. El 28 del mismo mes, desde San Carlos del Valle de Calchaquí, don Justo Pastor Arce le escribía a don José de Gurruchaga, diciéndole “Muy digno amigo y compatriota: Aquí, aislado de noticias, pensando en la suerte que habrá corrido el ejército del general Belgrano, recibo la visita de su amigo don Jorge Torino y las mulas cargueras que usted ha tenido la deferencia de mandarme de Bolivia. Impresión muy buena me ha hecho el rosarino (Jorge Torino) y no podía ser de otro modo, si es que usted me lo recomendaba con tanta insistencia. Sobre todo he advertido su gran sencillez, ya que aquí donde cada uno se cree algo así como un Dios chico, empezando por el godo Aramburú (Manuel Fernando) y todos los que llevan sangre de nobles, creyendo apocarnos a los que la llevamos con mayor honra y dignidad, se ha hecho una figura simpática, y todos le han atendido como se merece, sin que él se hubiese envalentonado en ninguna hora.

            Torino me ha dicho que don Francisco (de Gurruchaga) no está en Salta y que usted piensa también irse a San Juan. Gran sentimiento y pérdida, sería para nosotros, que Ud. abandonara esta ciudad, desde donde nos vienen sus conceptos tan oportunos y los alientos, que nos da para evitarnos nuestro desfallecimiento. El Dr. Gorriti ha andado en Cachi y nos ha llamado para hablarnos de sus planes militares. Borja (Díaz de Lea y Plaza) está dispuesto a ayudarlo, lo mismo que Ubaldo (de Lea y Plaza) y don Bonifacio (Ruiz de los Llanos). Como vé el entusiasmo no se ha perdido del todo. Salude a Doña Martina (Silva de Gurruchaga) en nombre de los míos y mande a su íntimo. Justo Pastor Arce[6]. Con omisión del comandante don Pedro Alcántara Ferreyra, que pasó a la historia por convocar a los patriotas en Seclantás a fin de organizar las milicias en momentos decisivos, Arce nombra en esta carta a los que con el tiempo serían los tres más importantes guerreros de la Independencia que tuvo el Valle de Calchaquí, y que aún esperan un justo reconocimiento de su Salta natal, los coroneles don Luis Borja Díaz, don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza y don Bonifacio Ruiz de los Llanos, conocido este último como “El Intrépido” por sus valerosas hazañas.

            Luego del éxodo jujeño que se realizó el 23 de agosto, y del Combate de Las Piedras el 3 de setiembre, Belgrano regresa a Tucumán no por el Camino Real sino optando por el camino llamado “de Las Carretas”, perseguido de cerca por el general Pío Tristán. Don Luis Borja Díaz incorporado al Ejército del Norte, marchó igualmente a Tucumán donde Belgrano resolvió enfrentar a Tristán, participando en la victoriosa Batalla del 24 de setiembre de 1812. Con posterioridad a esta victoria, en el denominado Campo de las Carreras en Tucumán, Belgrano se ocupó del adiestramiento de sus soldados y marchó a la provincia de Salta, hasta donde habían retrocedido y se atrincheraron los derrotados españoles. El 20 de febrero de 1813, las huestes de Belgrano atacan nuevamente al general Pío Tristán, derrotándolo por completo. El triunfo de Salta comprometía la gratitud nacional, y el gobierno, - dice Mitre - “asociándose al sentimiento público, colmó de distinciones a los vencedores”[7].

            Recordemos que desde el inicio de la guerra todos los hermanos y primos hermanos de Lea y Plaza organizaron en Escoipe, Cachi, Atapsi, Seclantás y San Carlos, varios escuadrones con sus allegados, sus peonadas y sus propios recursos, distinguiéndose y luchando en distintas batallas y combates juntos a González Balcarce, Belgrano, Rondeau, Güemes, Arenales y a otros memorables próceres de la Independencia Argentina[8]. Precisamente, el 10 de diciembre de 1813, don Luis ponía a disposición el pie de lista de los militares del Regimiento de Dragones de Milicias Patrióticas “que compone la Compañía que se presenta en revista de comisario”. La encabezaba el capitán D. Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y el teniente D. Pedro Alcántara Ferreyra. Sargentos: D. Juan Pablo de Lea y Plaza y D. José Remigio de Lea y Plaza. Cabos: José Aparicio, José Manuel Mora, Manuel Avendaño y José María Cabrera. Soldados: Bernardo Balboa, Juan de la Cruz Castro, Mauricio Guerra, Doroteo García, Francisco Macías, Juan Torres, Vicente Escobar, José Blas Burgos, Francisco López, José Manuel Cruz, Juan de Dios Mamaní, Valentín Carral, Felipe Gallegos, José Mondaca, Pedro Erazo, Felipe Venancio Fuenteseca, José Benito Guerra, Juan Bautista Mendoza, Pantaleón Llanos, Ambrosio Bordón, Marcos Estopiñán, Juan E. Mendoza, José Manuel Pucapuca, Mariano Flores, Diego Vedia, Juan Bautista Burgos, Martín Farfán, Carlos Villanueva, Pablo Luna, Ermenegildo Torres, Tomás Aguirre, Juan Vázquez, Juan Erazo, Manuel Guantay, Valentín Guzmán, Teodoro Hurtado, Bonifacio Aguirre, Francisco Velarde, José Velarde, Severo Genovés, José Manuel Magno, Antonio Abano, Agustín Hurtado, José Tiburcio Choque, Francisco Borja Barrosa, Estanislao Plaza, Agustín Ochoa, José Manuel Mamaní, Agustín Gutiérrez, Julián Mexía, José Mariano Aguirre, Cipriano Parra, José Hoyos, Pedro Pablo Corte, José Manuel Chaile, Mariano Cayata, José Santos Gutiérrez, Bartolo Aguirre y Pedro Garnica[9].

            El 29 de diciembre, el general Belgrano ascendió a Díaz, en mérito a sus servicios, a capitán de la Primera Compañía del Primer Escuadrón de Dragones Patricios de Salta. Anteriormente, el 1º de octubre, Díaz Plaza había tomado parte de la derrota de Vilcapugio, en la que el ejército patrio perdió parte de los soldados, armas y alimentos; y también, el 14 de noviembre, en la de Ayohuma, en la que el general Joaquín de la Pezuela produjo la casi total destrucción del Ejército del Norte. En Seclantás, mientras tanto, Ferreyra tenía la misión de reclutar voluntarios para el ejército, tarea en la que consiguió numerosas incorporaciones, sobre todo entre los peones de Díaz, los que en su momento auxiliaron a Belgrano en su retirada.

            Victorioso Pezuela, penetró en la ciudad de Jujuy para luego dirigirse a Salta, de la que se apodera a comienzos de 1814; ya por entonces Joaquín de la Pezuela había sido designado general en Jefe del Ejército del Alto Perú, por el Virrey José Fernando Abascal. Luis Díaz “se distinguió en el rechazo de esta invasión, logrando hacerlos huir con grandes pérdidas”[10]. Esta malograda acción de Pezuela fue llamada “Invasión de los Cuicos”, ya que las tropas se componían en su mayor parte de mestizos nativos del Alto y Bajo Perú[11]. Díaz, en setiembre de 1814 se encuentra en la Rinconada como punta de vanguardia de las fuerzas avanzadas del comandante don Alejandro Heredia[12], a quien el 23 del mismo mes le comunicaba de las noticias que había podido recoger sobre el repliegue de los españoles. Por su valiente comportamiento en esta ruda campaña fue nombrado por el general Rondeau, el 1º de abril de 1815, capitán de una Compañía Veterana[13]. En efecto, el general Rondeau, desde su Cuartel General de Huacalera (Jujuy), aprobaba los respectivos despachos del nombramiento de Díaz como capitán de la Primera Compañía Veterana del Cuarto Escuadrón del Valle de Cachi y partidos adyacentes, tomándose razón el 22 de mayo[14].

            Emprendida la guerra gaucha, Díaz fue una de sus figuras salientes. Sabido es que la Guerra Gaucha conducida por el general Martín Miguel de Güemes se inicia el 1º de marzo de 1814, y a partir de entonces, numerosos patriotas encabezados por don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza en los Valles Calchaquíes, don Luis Burela en Salta, don Pedro Zavala en Cerrillos y don Juan de Dios de Lea y Plaza en Escoipe, entre otros, se rebelan contra la invasión de los ejércitos españoles, formando unidades de Caballería que luego servirían para la organización de verdaderas Milicias. Es así que durante la guerra de la Independencia, el día antes de asumir el general Güemes el gobierno de la Provincia, el 6 de mayo de 1815, creó el “Cuerpo de Gauchos”. Luego, tal como anticipamos, organizó las milicias, respondiendo a las divisiones políticas y regionales del vasto territorio de la Intendencia de Salta, formando en lugares estratégicos verdaderos Regimientos de Caballería denominándolos “Escuadrones de Gauchos”[15].

            El 17 de agosto de 1815, don Martín Miguel de Güemes en su carácter de “Coronel de los Ejércitos de la Patria, Comandante General de la Campaña y Gobernador Intendente de esta Provincia de Salta”, y “Atendiendo a los méritos y servicios del capitán don Luis Borja Díaz, su adhesión al sistema, aptitud, juicio...” lo nombra Comandante General de la División de Gauchos en el Valle de San Carlos[16]. Don Luis asume el cargo siendo luego uno de los principales jefes de los “Escuadrones de Gauchos”, juntamente con don Manuel Eduardo Arias, don Manuel Álvarez Prado, don Francisco Pastor, don José Francisco “Pachi” Gorriti, don Luis Burela y don Bonifacio Ruiz de los Llanos. Todos estos valientes oficiales estaban bajo el mando del coronel don Martín Miguel de Güemes, a quien en abril de 1815 ya se lo calificaba como “Comandante de Gauchos”, y con ellos emprendería la organización de sus milicias, conforme a su programa de división política de la provincia.

 

 

Título (en forma) de Comandante General de la División de Gauchos en el Valle

de San Carlos, otorgado el 17 de agosto de 1815, al capitán D. Luis Borja Díaz,

por el gobernador intendente de Salta, coronel D. Martín Miguel de Güemes

 

            Una vez planeada la defensa de Salta, el coronel don Manuel Fernando de Aramburú, hijo del feudatario de San Carlos don Nicolás Ignacio de Aramburú y Lisperguer, equipó un “Escuadrón de Caballería de San Carlos”, en defensa de la causa del rey Fernando VII, procurando mantener los Valles Calchaquíes despojados de la influencia de los patriotas, afamado foco de resistencia realista aunque indiscutible su inferioridad militar en la zona. Sabemos que los principales hacendados de la región, existentes en ambos bandos, surgieron como los indiscutidos jefes militares de la campaña y de esta manera aparecen las familias acaudaladas de los Valles Calchaquíes como los mayores protagonistas durante las reñidas contiendas. Pues vemos a realistas como los de Aramburú y los de Isasmendi en los Valles Calchaquíes, que debieron enfrentarse políticamente con los Díaz, los de Lea y Plaza, los Ruiz de los Llanos, los Arce y los Fernández de Córdoba, entre otros. Así, todos estos guerreros de la Independencia oriundos de los Valles Calchaquíes, fuesen de la causa del rey o de la emancipación, supieron actuar las fuerzas de sus linajes. Del mismo modo, dentro de esas familias realistas también se contaban con algunos miembros adheridos fuertemente a la causa independentista. Bien destaca Carlos Luque Colombres, cuando escribe que estos apellidos mencionados “de noble cepa española, dieron lustre a su nombre por sus heroicas gestas”. Díaz, pues, se vio obligado a enfrentarse numerosas veces con el comandante Aramburú, de marcada ideología realista y que permanentemente se levantó en contra de los “Escuadrones de los Gauchos Vallistos”.

            En diciembre de 1815 el teniente coronel don Luis Borja Díaz fue electo Alcalde Rural por Cachi. En esa fecha también fueron electos en el mismo cargo, según oficiaba la Asamblea Electoral “atendiendo como ciudadanos honrados e hijos beneméritos de la Patria el derecho que ésta misma tiene para exigirles sus servicios”, don Martín Espinosa por Rosario de Cerrillos, don Santiago Morales por Chicoana, don Nicolás Frías por San Carlos, don José Gabino Cornejo por Rosario de la Frontera, don José Gabriel Jáuregui por Anta y don Casimiro Arrieta por Perico[17].

            Güemes sentía un verdadero aprecio por don Luis Borja Díaz y por don Gaspar López de Vera [hombre culto, amante de las letras, discreto versificador, autor de versos jocosos, románticos, gauchescos y de olvidados cielitos, abogado, guerrero de la Independencia, coronel, gobernador de Salta (1840 y 1841), y esposo de doña Juana de Lea y Plaza de Valdés, prima hermana de Díaz][18], en quienes don Martín Miguel de Güemes depositó su confianza y los consideraba sus amigos. El caudillo gaucho estando en Jujuy el 15 de setiembre de 1816, le escribe a don Teodoro López una carta llena de sentimientos patrióticos: “Mi Teodoro: Es tanto el deseo que tengo de hacer ver al mundo entero la energía de nuestra provincia que he dado orden a mi vanguardia no les hagan un tiro a fin de que no se vuelvan. Mis medidas las tengo hace mucho tiempo tomadas y así es que los únicos días que he tenido ociosos y tranquilos son desde que tuve noticias que el enemigo cargaba, a pesar que carga con furia. Esto quisiera que le sucediera en el Valle a mi amigo don Luis (Borja) Díaz; por eso es que nunca más que ahora conviene que vayas inmediatamente a ayudarle a cumplir las órdenes que anteriormente le tengo comunicadas. Tú sabes que don Gaspar López es uno de los amigos de quien más confianza tengo por su patriotismo, por su agilidad y por cuanto lo busquen; dile pues de mi parte, que me le ayude en cuanto pueda, a mi compañero Díaz. No perdamos, pues, momento mi querido Teodoro: llenemos de gloria a nuestro país, ya que la fortuna nos proporciona un lance tan oportuno. Hagamos ver al mundo todo, que sola, nuestra provincia, ha de sacar de los trabajos a tanto infeliz errante”[19].

            Más adelante, Díaz “se halló en la famosa sorpresa de Yavi, el 15 de noviembre de 1816, fecha en que se encontraba reuniendo gente en el lugar de las Barrancas, boca de la quebrada del Valle, próxima a aquel punto”[20], donde su primo hermano y cuñado el entonces teniente don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza, fue tomado prisionero y conducido al Perú, lugar en el que permaneció largos años entre las rejas de los godos. Los enemigos habían tomado a seis prisioneros, uno de ellos pudo escapar y avisó al momento, trayendo la alarma al campamento del cuarto marqués del Valle de Tojo, encomendero de los Pueblos de Casabindo y Cochinoca, caballero de la Orden de Carlos III, coronel mayor don Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero Martearena del Barranco y Pérez de Uriondo[21] (inclinado a la Patria), allí se encontraban don Bonifacio Ruiz de los Llanos, don Luis Borja Díaz, don Juan José Quesada y don José Gregorio López. Sobre el particular dice Mitre que “inmediatamente el enemigo apareció haciendo fuego. Desde este momento todo fue confusión”. Mientras tanto, los patriotas atinaron a tomar algunas providencias y el marqués intentó escapar con los citados oficiales, que le salvaron la vida, pero el marqués fue capturado pese a la ayuda que le prestó don Bonifacio Ruiz de los Llanos, cediéndole su mula. Campero, en plena huida, cae de la bestia de espaldas y sobrevinieron en él los enemigos intimándole rendición, siendo tomado prisionero junto al teniente coronel Quesada. Por su parte los patriotas Díaz, Ruiz y Frías también fueron intimados por los realistas a rendirse con la promesa de ser perdonados, sin contestarles y huyendo, los Cuycos les hicieron tres tiros mientras los seguían. Al cesar la persecución, nuestros hombres se dirigieron rumbo a Chiyavi, con destino a Salta. El comandante Luis Borja Díaz logró escapar de aquel desastre con ciento y tantos hombres, entre los que se cuentan los capitanes Bonifacio Ruiz de los Llanos y Nicolás Frías[22].

            En los años siguientes tendrán Salta y Jujuy nuevas invasiones realistas, venidas del Alto Perú, encontrándose los guerreros de nuestro Ejército en un estado deplorable, tanto económica como anímicamente. En 1817 Güemes recibía del Director Pueyrredón los despachos de coronel mayor de los Ejércitos de la Patria. Como ya lo adelantamos, se habían organizado los principales Escuadrones de Gauchos: a) el de Orán, que mandaba el Tte. coronel Manuel Eduardo Arias; b) los tres de la Quebrada de Humahuaca que mandaban los Ttes. coroneles Manuel Álvarez Prado, Juan Francisco Pastor y Guillermo Belmonte; c) el de Sta. Victoria, al mando del Tte. coronel José Antonio Ruiz; d) el de la Frontera del Rosario que mandaba el Tte. coronel Francisco Gorriti; e) los dos de la ciudad de Jujuy, mandados por los Ttes. coroneles Bartolomé de la Corte y José Gabino de la Quintana; f) los tres de Salta y su campaña mandados por los Ttes. coroneles Santos Morales, José Luis Burela, Francisco Velarde y Ángel Mariano Zerda; los de los Valles los mandaban los Ttes. coroneles Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y Bonifacio Ruiz de los Llanos. En 1817 el general José de La Serna avanza sobre Salta; esta fue la tercera invasión hispana precedidas como vimos por la de Pío Tristán, en 1812 y la de Joaquín de la Pezuela en 1814, la cuarta invasión a la Patria sería la del general Pedro Antonio de Olañeta, hasta Humahuaca, luego en 1818 sobrevendrá otra de Olañeta y el coronel Jerónimo Valdés. Al año siguiente, en marzo de 1819, el Ejército Español invade nuevamente la provincia, por sexta vez, ocupando el general José Canterac la ciudad de Jujuy, el día 26, sin poder seguir avanzando y salvándose la ciudad de Salta de ser ocupada merced a que las milicias gauchas no cesaron los hostigamientos. Don Luis Borja Díaz, en su carácter de comandante, continuó en permanente defensa durante todo ese tiempo, en el que se producían innumerables combates, sobresaliendo en aquellos episodios por su valor y coraje.

            El coronel don Feliciano de la Mota Botello, gobernador intendente de la provincia de Tucumán, le informaba a Güemes el 29 de marzo de 1819 “Ya tengo dado providencia para que se pongan en Santa María dos escuadrones que están a las órdenes del comandante Díaz y he tomado las demás consiguientes a la defensa de esta provincia”[23]. Mientras que el 3 de abril de la Mota Botello, le comunicaba a Güemes que “Había dispuesto auxiliar a don Luis Borja (Díaz) con 600 hombres de la caballada de Catamarca que estaban en movimiento desde el 31 y a este fin mandé a Santa María dos mil cartuchos a bala al comandante Alurralde que debía obrar a las ordenes de aquel”[24].

            El 9 de junio de 1819 el Director Pueyrredón renuncia a su cargo, sucediéndole el general José Rondeau, quién el 27 de agosto “Atendiendo a los servicios prestados a la causa de la libertad”, designó a Díaz comandante del Escuadrón de Gauchos del Valle de Cachi.

            Meses más tarde, desde Cachi don Luis Borja Díaz le escribe, el 18 de mayo de 1820, a don José de Gurruchaga: “Mi muy querido amigo: Por intermedio del cabo sancarleño don José María Cabrera, patriota valeroso y de méritos, vengo a saber de las revueltas continuas, que se vienen produciendo en esa, debido a las intrigas de Dámaso (Uriburu) y a las intransigencias de Arias Velázquez (Pedro Antonio). Estas cosas no pueden ser peores según me cuenta el cura Celedonio Molina que ha venido por asuntos de la Javierita (Molina y Gallo, hija del después cura don Celedonio), que sin mayor preámbulo se ha casado con un oficial del Perú y por nombre Dávalos (Toribio, el que originó una rama de ese apellido en Salta). Yo no se el porqué de estas reyertas, cuando Güemes es un hombre decente y de prestigio como lo ha dicho Belgrano a todos sus jefes. Cabrera ha sido llamado para ir a Salta y ayudar las maniobras que harán en esa don Juan Galo (Leguizamón) y sus segundos Alemán (Pablo), Romero (Miguel), Burela (Luis) y Ríos (Mateo). Cabrera irá a esa el 30 para comandar las fuerzas de Yavi, adonde dicen que está combatiendo Pachi (Gorriti). Aquí no hay más que contar, a no ser la enfermedad de don Severo (Isasmendi), que piensa ir a esa en una silla conducida por sus peones. Reciba cariñosos afectos de su servidor y envío saludos al Dr. Francisco (de Gurruchaga), suyo Luis Borja Díaz[25].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rúbricas del comandante general de los

Valles, coronel D. Luis Borja Díaz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Los realistas en este lapso, no se detenían y se empeñaban en emprender una nueva invasión sobre las provincias situadas al Sur del Alto Perú. El general godo Juan Ramírez y Orozco, sucesor de La Serna en el mando del Ejército Real del Perú y con una fuerza de siete mil hombres llega hasta Tupiza el 5 de febrero de 1820, disponiendo un movimiento sobre las ciudades de Jujuy y Salta. El general José Canterac entró el 24 de mayo a la ciudad de Jujuy, siguiendo hacia la ciudad de Salta y ocupándola el día 31, se trataba de la séptima invasión realista a la Provincia de Salta. Pero las fuerzas españolas, dada la encarnizada hostilidad de las partidas gauchas, debieron replegarse y regresar a Tupiza, a donde llegaron el 30 de junio. En la retirada, las fuerzas reales fueron tenazmente perseguidas bajo la dirección acertada del teniente coronel Francisco Pérez de Uriondo, resultando varios soldados enemigos heridos y muertos. Don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza con su División se unió a Pérez de Uriondo en el rechazo de los invasores distinguiéndose en su condición de Comandante General de los Valles, cargo para el que había sido nombrado por Güemes el 22 de junio de 1820, en mérito a su “comportación valerosa”. El 30 de agosto de ese año, Güemes, en su carácter de General en Jefe del Ejército de Observación del Perú, le confirió los despachos de coronel graduado.

            El 26 de noviembre de 1820 don Luis Borja Díaz le decía al general Güemes en una nota fechada en San Carlos “Mi venerado y muy digno señor general: Anoche recibí la de V.S. de 13 del corriente, junto con el oficio que contesto. Estoy íntimamente persuadido de la necesidad en que todos nos hallamos de hacer los últimos sacrificios para no ser infelices, después de haber padecido y trabajado tanto por ser libres. Cuente V.S. con todos mis esfuerzos para proporcionar la marcha del señor jefe del Estado Mayor por lo que respecta a víveres, cabalgaduras y otros precisos, a pesar de la escasez suma y pobreza en que veo a este Valle. La única dificultad insuperable que encuentro, es la de proporcionar los cien caballos que me pide, porque no hay entre los vecinos más pudientes quien tenga arriba de cuatro. Al gaucho, sabe V.S. que no se le puede hacer mayor vejamen que despojarlo de su caballo y solo por la fuerza sería asequible su consecución. Si lo tiene V.S. por conveniente daré este paso. No tenga V.S. la menor duda, de que si puedo rezagar todos los artículos reunidos anteriormente de su orden, para el sostén de los dos mil hombres que van marchando, lo he de hacer, porque me hago cargo de los grandes conflictos en que se vé, no teniendo el Estado, caudales ni arbitrios para las erogaciones que demanda esta importante empresa, cuyo buen éxito se deberá realmente a los continuos sacrificios que consagra V.S. al bien común. Descuide V.S. de la seguridad de todos los caminos que se dirigen al interior, porque esta es la principal atención que me ocupa. Deseo a V.S. toda felicidad y que mande en la fina voluntad con que le ama su más atento y afectísimo súbdito Q.S.M.B Luis Borja Díaz. - P.D. Después que marche el jefe del Estado Mayor, agradeceré a V.S. me franquee permiso para ir a esa. Señor general en jefe don Martín Miguel de Güemes”[26]. Este documento demuestra que el avance de Güemes al Perú ya estaba en plena ejecución.

            Antes de producida la muerte del héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, en junio de 1821, don Pedro Antonio Arias Velázquez le decía en una carta al gobernador: “Podrán las tropas del rey destrozar nuestros campos, acribillar a nuestros soldados y plantar nuevos gólgotas en aras de la Independencia Americana, pero nunca doblegar el patriotismo de Borja Díaz, el valiente caudillo vallisto, que combate con empeño en Humahuaca”[27].

            El coronel Díaz fue un verdadero líder en todo el Valle de Calchaquí, en el que lució su coraje y su gran ascendencia entre los pobladores. En abril de 1823 era comandante del Valle de Cachi; por aquella época dada las preocupaciones que se tenían con respecto a los sacrificios de los gauchos, don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza desde San José de Cachi informaba: “Sin duda fueron éstas las consideraciones que impulsaron al Sr. ex gobernador don Martín Miguel de Güemes, a abolir, o moderar la cuota de arrendamiento con respecto a los gauchos, eligiendo prudentemente del mal, el menor, y una alteración absoluta sobre el particular, no podía menos que producir un desaliento o un sacrificio. Pagando la mitad de los arriendos durante la guerra, parece soportable el perjuicio recíproco del propietario y del gaucho arrendero y cesando aquella, el gobierno tomará las medidas conducentes a reparar las quiebras que haya ocasionado la defensa común en cuanto a los derechos parroquiales, se estableció ya en éste curato de Cachi y en San Carlos que los entierros de los gauchos se hicieran gratuitamente y los casamientos por cuatro pesos”[28]. Lilia F. Pérez de Arévalo, señala respecto de la nota transcripta, que “en el mismo informe se hace una reflexión; que ya se pagan estos derechos parroquiales sin haber cesado la causa, y nos dice que los sacrificios de los gauchos son inmensos y todo lo que se dispone en su favor es premio a sus fatigas. Que por su parte los párrocos pueden subsistir con las contribuciones de los demás feligreses o que la paga del gaucho sea moderada”[29]. Díaz siempre tuvo presente a sus valientes guerreros, para quienes fue como un padre que a la par del bienestar que les procuraba, con ellos compartía las victorias y las derrotas. Se caracterizó asimismo por defender a la población vallista más necesitada, de injusticias y malos tratos.

            En tanto, don José María Paz, quién al decir de Mitre: “debía ser con el tiempo uno de los primeros generales de América del Sur”, fue invitado en 1823 por el coronel José M. Pérez de Urdininea, para cooperar en la expedición al Perú proyectada por San Martín. Partió Paz “asumiendo el cargo de 2do. jefe del Cuerpo de Dragones de San Juan, que estuvo a sus órdenes en Animaná y en el pueblo de San Carlos, hasta junio de 1824 en que Urdininea marchó al Norte con los Dragones”. Estando José María Paz en San Carlos, observó que la producción principal eran “los trigos, algunas viñas y alfalfares”, productos que indudablemente le interesaba sobremanera, debido en principio, a la falta de alimento y dificultades que presentaba tanto la tropa, como los animales[30]. A pesar de estas limitaciones, aunque siempre aliviado con leña, carne y otros víveres por el “Patriarca del Calchaquí”, el coronel Paz contribuyó al auxilio del gobernador de la provincia, general don Juan Antonio Álvarez de Arenales, amenazado por algunos conspiradores. El 17 de febrero de 1824, Paz se encontraba en el Valle de arriba, pasando por la Cuesta del Obispo; al día siguiente desembocó en las inmediaciones de las propiedades del coronel Luis Borja Díaz, quien estaba con sus fuerzas en Cachi[31], entonces el día 20 Paz se unió a Díaz con sus tropas en el punto de La Viña, avanzando sobre Salta motivado por los temores de la subversión que existía.

            Entre los conspiradores de Arenales se encontraban los coroneles Jorge Enrique Widt, Sinforoso Morales y Bernardino Olivera, que se habían levantado en armas en la zona de Guachipas, siendo tomados prisioneros los dos últimos (Morales y Olivera) el 5 de febrero de 1824, y sentenciados a muerte como “reos de conspiración” fueron ejecutados el 27 de febrero, bajo la dirección de Urdininea y la aprobación de Arenales[32]. Luego de estos episodios, el 8 de marzo Díaz Plaza y sus gauchos regresan nuevamente al Valle de Cachi. El 30 de setiembre de 1824, Díaz recibía del gobernador Arenales los despachos de coronel efectivo del Primer Escuadrón de los Valles Calchaquíes. En marzo del año siguiente, el general don Juan Antonio Álvarez de Arenales le escribía al coronel Díaz “Ha llegado el momento de hacer uso de las repetidas y generosas instancias con que V.S. procuró tener parte en los honorantes objetos a que marcha la División de mi mando: En consecuencia y siendo irreparable la pérdida de un solo día en la aproximación al territorio en que debe obrar, prevengo a V.S. por medio del presente, que desde el acto de recibirlo ponga su movimiento todo cuanto convenga para alistar cien hombres exigidos de los de su mando, y con ellos marchar con una rapidez y celeridad que comprueben su celo y eficacia, y llenen las miras con que el llamado, debiendo traer cada hombre dos bestias al menos y con preferencia las mulas de mejor calidad. La marcha de V.S. a la cabeza de dicha fuerza debe ser directa a los puntos de Colorados o La Quiaca dándome continuos y prontos avisos de sus movimientos para según ellos arreglar mis marchas y procurar nuestra citada reunión. Como será preciso impedir algunos gastos para mover dicha fuerza y para su manutención en el tránsito hasta la reunión mencionada, faculto a V.S. para suplirse 300 pesos destinados a dichos objetos, que serán religiosamente satisfechos por la Comisaría de la División, al mismo tiempo a los soldados se les dará a su arribo al mismo vestuario que se ha dado a los otros Cuerpos. Dios guarde. Cuartel General en Jujuy Marzo 30 de 1825. J. A. A. de Arenales. J. M. Serrano, Secretario. - Sr. Coronel Comandante Dn. Luis Borja Díaz”[33].

            Debemos destacar que don José María Paz tuvo por aquella época importante actuación en la organización de las milicias salteñas, con el grado de coronel en 1825 procedió a levantar un Batallón de Infantería bajo su mando, junto a la inspección del gobernador de Salta, don Juan Antonio Álvarez de Arenales, con el fin de incorporarse al Ejército de Operaciones contra el Emperador del Brasil, que comenzaba a organizarse en San José del Uruguay[34]. En ese pequeño Regimiento de 800 hombres, formado por Paz y Arenales, se incorporaron muchos de los guerreros de los Valles Calchaquíes, entre los que figuraron varios oficiales del Escuadrón del comandante Díaz, participando activamente en toda la campaña del Brasil, aunque muchos otros que se alistaron no llegaron a tomar intervención en la guerra.

            Figuró Luis Borja Díaz entre algunos oficiales, como Jorge Torino, Bonifacio Ruiz de los Llanos, Ángel Mariano Zerda, Pedro Alcántara Ferreyra, Manuel Álvarez Prado y Miguel Puch, que compartían plenamente la corriente política del general Juan Antonio Álvarez de Arenales[35], quien desde su asunción al poder procuraba establecer en Salta un gobierno liberal Rivadaviano, pero los problemas internos entre los distintos partidos políticos hizo que un grupo de los mismos partidarios de Arenales se unieran en 1827, en la revuelta encabezada por José Gorriti que derrocó al gobierno, del que temían que intentara prolongarse en su mandato[36]. El coronel Díaz Plaza prosiguió en la carrera de las armas, alternando su tiempo con la atención de sus propiedades en Seclantás y en San José de Cachi; su nombre estaba muy prestigiado entre los salteños por su destacado y persistente servicio al país, fue valeroso y un gran estratega, virtudes que evidenció durante toda su vida. Ya entrado en años, decidió asentarse definitivamente en el Valle de Cachi, pero su lúcida actuación en la guerra gaucha determinó que debiera asumir el cargo de “Comandante Principal de las Milicias de San José de Cachi”[37], que ocupó hasta su muerte.

            Contrajo matrimonio con su prima hermana, la Dama Patricia doña María Magdalena de Lea y Plaza Ríos[38], la que lo sobrevivió varios años, hija del hacendado y pionero de la vitivinicultura salteña de mediados del siglo XVIII, don Julián de Lea y Plaza de Texerina (1748-1798), y de doña María Cándida de los Ríos.

            Hizo su testamento sin poner fecha “en Salta siendo testigos los ciudadanos don Juan de Dios Aparicio, don Juan Luis Maurin y don José Antonio Cesar y Robles” el que se protocolizó en setiembre de 1831, en la escribanía de don Mariano Nicolás Valda; seguramente temeroso de algún desafortunado destino en la guerra, pues sus textuales palabras en este documento dicen: “Sepan cuantos este testam.to., última y postrimera voluntad vieren, como yo el Ciudadano Luis Borja Díaz Coronel, y Comandante principal de las milicias de Sn. José de Cachi, hijo legítimo de los finados Dn. Martín Díaz, y doña María Paula Plaza qe. en paz descansen, hallándome por la misericordia del Señor sano, y en marcha a la guerra a que me destina el Sr. General Gobernador de ésta Provincia de Salta a la cual correspondo; creyendo en el alto, e infalible misterio de la santísima Trinidad y en todos los demás que cree predica y enseña Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica Romana, en cuya fé, y creencia he vivido, y protesto vivir, y morir como católico fiel cristiano invocando a mi protectora Nuestra Señora de las Mercedes[39] para que interceda por mi alma...”, más adelante dice: “Declaro que he sido casado bajo los ritos de la Iglesia con doña Magdalena Plaza, y que no hemos tenido hijos en dicho matrimonio”.

            Entre otras cláusulas dispone “Mando que con respecto a la declaración de los bienes que recíprocamente introdujimos al matrimonio se esté a la verdad de mi espresada compañera por estar penetrado de su rectitud y buena fé”. Nombró por sus albaceas a su esposa en primer lugar, al cura de Cachi doctor don José Manuel Salguero en segundo lugar, y a una hija adoptiva doña Flora Díaz en tercer lugar; siendo sus herederos su “consorte” doña Magdalena Plaza, doña Flora Díaz y su sobrina doña Micaela Plaza “...hija de mi primo, y hermano político el Capitán don Remigio Plaza...”.

            No tenemos con exactitud su fecha de fallecimiento; no obstante doña Magdalena se presentó en Salta el 17 de setiembre de 1831, ante el juez de Paz en 1ra. Nominación, ya viuda y como albacea testamentaria “del finado coronel don Luis Borja Díaz”, por lo que bien creemos que don Luis falleció a mediados de 1831[40], siendo enterrado, según consta, en la Iglesia Parroquial de Seclantás. Dicha parroquia fue fundada por su hermano don José Mariano Díaz de Lea y Plaza, quien en su testamento encargaba al primer ordenado de sus descendientes, “con paternal expresión, que procure fomentar en él la devoción a mi Señora del Carmen”[41].

El nombre de Díaz figura entre los más destacados oficiales de la Independencia en una placa del monumento al héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, al pie del cerro San Bernardo, en Salta. También se lo recuerda en otra placa de bronce en el monolito a Güemes en Cachi; además con merecida justicia la provincia de Salta le rindió homenaje imponiendo su nombre a una calle en la ciudad capital[42].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

ARCHIVOS

 

Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Archivo María Teresa Cadena de Hessling

Archivo Plaza Navamuel

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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YABEN, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”. Buenos Aires.



· Decreto Nº 1480, dictado por el Poder Ejecutivo de la Provincia de Salta, en fecha 25 de marzo de 2008, mediante el cual se designa a los integrantes del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, durante el período comprendido entre el 14-II-2008 al 14-II-2012. Los miembros del Consejo Directivo desempeñan sus funciones con carácter “Ad-Honorem”, según lo reglamentado en los estatutos.

[1] Reyes Gajardo, Carlos M.: “Apuntes Históricos Sobre San Carlos del Valle Calchaquí de Salta”, pág. 103. S. A. Casa Jacobo Peuser, Ltda. Buenos Aires, 1938. Carlos G. Romero Sosa, por su parte, dice: “el invencible y audaz coronel don Luis Borja Díaz y Plaza, que se inició durante el fragor de la originaria Expedición Libertadora hacia el Alto Perú, sirviendo bajo las órdenes sucesivas de Ortíz de Ocampo, de Balcarce, de Castelli, de Pueyrredón, de Belgrano y de San Martín (…), y después ejecutor y brazo derecho de todas las milicias de los Valles Calchaquíes, durante la cruenta y heroica epopeya de Güemes”.

[2] Don Domingo Díaz de Loria descendía del capitán Pedro Díaz de Loria “El Viejo”, vecino encomendero de la Ciudad de Lerma, y de don Matías de Hervás y Andrade, vecino morador de Salta, y de Da. Juana de Mesa, “hija y nieta de los primeros descubridores y pobladores de esta Provincia y beneméritos de ella”.

[3] Don Miguel de Lea y Plaza fue fundador de su familia en Salta y sus orígenes genealógicos, según nuevas investigaciones en el Archivo General de Indias, se remontan a los primeros conquistadores en el Cuzco. Dedicado a la agricultura, poseyó un “molino de piedra” donde procesaba su producción de granos; también se dedicó a la cría y engorde de ganado, principalmente de mulares, los que comercializaba en Tarija, Potosí y Chile. Entre los entroncados al linaje, se distingue el capitán de Caballos Ligeros don Pedro de Lea y Plaza, nacido en el Cuzco a mediados del siglo XVI, llegó a Chile alrededor de 1570, donde fue feudatario. Guerreó toda su vida con los indios. Chillán donde tuvo una merced de tierras y una encomienda de indios, según datos históricos, fue fundada en 1580. Los documentos existentes en el Archivo General de Indias en Sevilla, que debemos a Benjamín Lea-Plaza Edwards, y cuyas copias conservamos, indican que el capitán Pedro de Lea y Plaza, era “hijo y nieto de los primeros conquistadores”.

[4] Figueroa, Fernando R.: “Diccionario Biográfico de Salteños”. Editorial Universidad Católica de Salta. Salta, 1980. Figueroa registra equivocada su filiación.

[5] Nelson, Cristian: “Notas Sobre la Industria Harinera de Salta”, pág. 94. Boletín Nº 1 del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Salta, 1938.

[6] Reyes Gajardo, Carlos: “Apuntes...”, pág. 255, cit.

[7] Mitre, Bartolomé: “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”. Edit. Anaconda. Buenos Aires, 1950.

[8] Entre los hermanos y primos hermanos, mencionaremos a D. Tomás, a la distinguida dama patricia Da. María Magdalena, esposa y prima hermana del “Patriarca del Calchaquí”, coronel D. Luis Borja Díaz, a D. Manuel Ubaldo y su esposa doña María del Milagro Cabrera y Díaz, proba patricia salteña, D. Juan Pablo, D. Felipe, D. José Remigio (sus tres esposas, Da. Dorotea Mendía y Baisa, Da. Trinidad Gallardo y Olmos, y Da. Trinidad Arias de Navamuel, de altos ideales independentistas, hermana e hijas respectivamente, de abnegados oficiales partícipes en célebres y cruentas contiendas), y D. Ramón de Lea y Plaza Ríos; D. José María y D. Juan de Dios de Lea y Plaza de Mendoza y su esposa, doña Manuela de Zamora y Castellanos, fervorosa partidaria de la causa americana; D. José Mariano de Lea y Plaza de Isasmendi; D. Luis Borja, D. José Mariano y Da. Dolores Díaz de Lea y Plaza (una ilustre dama que fue gran colaboradora de la Patria, esposa del alférez de Caballería D. José Antonio Suárez, que sacrificó su propia vida en el “Combate de Sauce Redondo” el 24 de marzo de 1814); D. José Mariano y su hermana la altruista dama patricia, Da. Juana de Lea y Plaza Valdés de Vargas, casada con el coronel, doctor D. Gaspar López de Vera, son algunos de los preclaros hombres y mujeres miembros de esta familia salteña, que contribuyó incorporando gente de sus mandos a las milicias de Salta, Tucumán, Catamarca, Jujuy, Tarija y el Alto Perú, organizando de esta manera varios escuadrones, y entregando a la noble causa de la Independencia Argentina y Americana generosas fortunas, haciendas, cosechas y, principalmente, la sangre de sus hijos, derramada una y otra vez en los campos de batalla.

[9] A. y B. H. S. (Archivo y Biblioteca Históricos de Salta) Carpeta Fantasma Nº 41 “Dragones de Milicias Patrióticas de Salta” Pie de Listas, año 1813.

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo: “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”. VI volúmenes. Edit. Elche, Imprenta Crisol. Buenos Aires, 1968.

[11] Cutolo, Vicente Osvaldo: “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”, cit.

[12] Yaben, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”. Buenos Aires.

[13] Yaben, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”, cit.

[14] Cornejo, Atilio: “Historia de Güemes”, Segunda Edición. Talleres Artes Gráficas S. A. Salta, 1971.

[15] Plaza Navamuel, Rodolfo Leandro: “Protagonistas de una Gesta Incomparable”, pág. 5. Separata del Boletín Nº 29-30 del Instituto Güemesiano de Salta, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Salta. Salta, 2007.

[16] A. y B. H. S. Libro Nro. 1, años 1819 a 1820, Títulos Militares.

[17] Cuesta Figueroa, Marta de la: “El Cabildo de Salta (1582-1825)”, págs. 239 y 240. Instituto de Investigaciones Históricas de Salta. Consejo de Investigaciones de la Universidad Católica de Salta. Salta, 1998.

[18] El coronel D. Gaspar López de Vera y Gómez, nació en Salta el 11 de enero de 1790, proveniente de antiguas y acaudaladas familias descendientes de conquistadores y primeros pobladores. Fueron sus padres D. Pedro Ignacio López de Vera y Uría y Da. Margarita Gómez; nieto paterno de D. Jacinto López de Vera y de Da. María Josefa de Uría y Losa Bravo; bisnieto paterno paterno del maestre de campo D. Pedro López de Vera y de Da. Antonia Torres Valenzuela; bisnieto paterno materno de D. Francisco de Uría Pérez y de Da. Margarita de Losa Bravo de Abreu y Figueroa (Archivo Plaza Navamuel).

[19] Carta de Güemes a Teodoro López, Jujuy, 15-IX-1816, en Güemes, Luis: “Güemes Documentado”. Tomo 6, pág. 128. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires, 1980. También Cornejo, Atilio: “Güemes y la Tradición Gaucha de Salta”, pág. 101. Boletín del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, Tomo VIII, Nº 29.

[20] Yaben, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”, cit.

[21] A. y B. H. S. Carpeta de Gobierno. En 1802 en Tarija, firmaba un certificado cuya copia conservamos en nuestro archivo, donde él mismo se nombraba de la siguiente manera: “Dn. Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero Martearena del Barranco Pérez de Uriondo Gutiérrez de la Portilla de Herrera Rodríguez Pérez Camino Ugalde de Sapiain de Beamurguía Fernández Cavallero; Marqués del Valle de Toxo, Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos 3º Encomendero de los Pueblos de Casabindo, y Cochinoca Teniente Coronel del Regimiento de Dragones de las Milicias de San Salvador de Jujuy, y Alcalde Ordinario de primer Voto reelecto de esta Villa de Tarija …”.

[22] Declaración del teniente Justo González, Salta, 21-XI-1816, en Güemes, Luis: “Güemes Documentado”. Tomo 4, págs. 111 a 113. También carta de Ruiz de los Llanos a su tío, Cachi, 26-XI-1816, en Güemes, Luis: “Güemes Documentado”. Tomo 4, págs. 102 a 107. - Mitre, Bartolomé: “Historia de Belgrano…”, pág. 400, cit. - Cutolo, Vicente Osvaldo: “Nuevo Diccionario...”, cit. Piccirilli, Ricardo; Romay, Francisco L. y Gianello, Leoncio: “Diccionario Histórico Argentino; Tomo III, pág. 116. También Yaben, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”, cit.

– Por todo aquello de heroico que sucedió en Yavi, nos parece oportuno publicar completa la mencionada carta de Ruiz de los Llanos a su tío “Cachi. Noviembre 26 de 1816. Mi amadísimo tío: después de una larga serie de trabajos originados de su ausencia, ninguna comunicación, ni contesto a varias que le he dirigido, y por último, el terrible, e inesperado del 15 del presente en Yavi; me hallo en este lugar desde ayer, gracias a Dios, al que me dirigí reunido con nuestro Díaz, y el capitán Frías, con quienes me permitió la fortuna escapar; sé que usted y otras personas allegadas desearán el saber como he escapado, y lo demás que precedió aquel infausto día, que perdimos constantes sacrificios en ocho meses de servicio a las órdenes de nuestro marqués, comandando seis de éstos las avanzadas, y en fin cuanto podía perder, a excepción de mi vida, y libertad, para evitar prolijidades; me explicaré por un diario desde que movió el dicho Marqués su campo de Mira Flores a Abrapampa, que fue el día 8 del corriente; en este mismo llegó el referido Marqués a aquel destino con toda su fuerza, constando la mía, ya algunos días situada allí de doscientos hombres. El 9 marché con toda ella al Puesto, y en el momento destaqué partidas; 1º en Congrejillos al mando del teniente Don Gregorio Villada; 2º en Pulpera, al mando de Berresford; 3º en Pumaguasi, al mando del alférez de Cala; 4º en Chocoiti al del oficial Quadros; el 10 por la mañana recibí partes de las de Pumaguasi, y Pulpera, que el enemigo estaba en movimiento en el mismo Yavi, y que por una mujer sabían trataban de salir hasta el Puesto; inmediatamente pasé el parte correspondiente; con este motivo dispondría el coronel su marcha al Puesto; pues el 11 llegó, e inmediatamente ordenó que Lanza con su división de Dragones, e Infernales, y yo con la mía marchásemos a Pulpera, se efectuó aquel mismo día, y ordené yo a mis partidas que a cada una se avanzase con dirección a Yavi: el 12 muy temprano recibí parte de Berresford datado en Yavi, quien había entrado junto con Villada a dicho Yavi el día antes, y dos horas primero que éstos, el capitán Rojas quién había venido mandado por el señor Güemes; este Rojas traía su partida de quince hombres, con la que pasó hasta Sococha; en este mismo día dispusimos con Lanza seguir de Pulpera nuestra marcha para Yavi, pues ya teníamos orden para ello, así es, que la emprendimos y habiendo llegado a Barrios, dispuse el mandar dos partidas, la una a Tapia al mando de Burgos, y el capitán Saravia del Toro con la mitad de su compañía; y la otra a la Quiaca con la otra mitad al mando de su teniente Baldivieso. A las horas que éstas marcharon de aquel punto, llegó el segundo Jefe Quesada, a quien inmediatamente di cuenta de todo, y lo aprobó dicho jefe; dispuso pasar en esta misma tarde a Yavi, acompañado de mí, y una escolta de Dragones; efectivamente pasamos y llegamos a Yavi al anochecer. Este jefe trajo instrucciones del 1º, y a lo que creo no fueron cumplidas. El 13 salieron tres oficiales con partidas, el uno que fue Berresford destacado a Rota a cuidar el camino de Tarija, y Santa Victoria, el otro fue Iturbe, quien con cuatro hombres se fue a Toro con una carta para el europeo Garner con el objeto según me dijeron de traer plata y qué sé yo qué otras cosas más para nuestro auxilio, y el otro que fue Villada a cuidar la encrucijada de Sampaya; aquel mismo día por la tarde llegó a Yavi un sargento de Rojas, quien traía pliegos para dicho señor Güemes, y dos bastones puño de oro, y se rugió la voz de que sables, petacas, y una cantidad de pesos se había tomado al enemigo por Rojas, o su gente; parece que estas noticias abrieron la codicia, lo cierto es, que sin pérdida de tiempo se le ofició a Rojas llamándolo, y con responsabilidad de Sococha, se vino con toda su partida, y allí mismo fue reconvenido de que a él sólo se le había llamado, lo cierto es que el camino de Sococha ya no se cubrió más, y por allí fue nuestra desgracia. Rojas en su conversación dijo haber sabido que en Toro habían enemigos haciendo sus correrías, con esto dispuso Quesada que saliese Lanza con su división a proteger a su ayudante Iturbe; todo se efectuó esa misma tarde. El 14 por la mañana llegó toda nuestra fuerza con el coronel, inmediatamente le di cuenta a dicho señor de todo, en conversación que tuvimos los dos, y con todo se avino, en todo aquel día no hubo novedad. El 15 a las ocho de la mañana salieron algunos vallistos a recoger leña, como por el lado de Yavi Chico, y allí mismo sin separarse ni dos cuadras del pueblo habían tomado, los enemigos que ya cargaban, seis de ellos prisioneros, uno escapó, y vino avisándolo a voces: yo me hallaba en casa del coronel con Quesada, Don Luis Díaz, José Gregorio López, y otros varios; y como oyésemos aquella inesperada voz nos aterramos; pero yo, Díaz y López no en tanto grado que no atinásemos a tomar algunas providencias, así es que corrimos a nuestras casas, yo vivía en la de Campero por donde mismo venían los Cuycos, allí también Quesada, corrí, y tomé mi sable, y traté de ensillar mi caballo, sólo conseguí enfrenarlo pues cuando quise ponerle jergas, y lomillo ya me hicieron dos tiros. Quesada pudo hacer lo mismo, y éste con la satisfacción que debía tener, en su caballo al que no monté por consideración a él, en fin monté en pelo, y caí a la plaza; ya el enemigo se apoderó de las alturas de Tapiales, jamás pudimos conseguir formarlos, y sí el que con algún desorden hicieran fuego. En este estado aparéceseme el Marqués me consternó su suerte, y sin advertir en la mía al oír sus exclamaciones, Ruiz (de los Llanos) qué haré, favorézcame, me desmonté, y con gran trabajo alzándolo lo cabalgué en el mío, advirtiéndole que trate de caminar hasta el alto derecho, y allí vea de formar la tropa que ya en gran número había tomado esa dirección; estando en esto, yo a pie, y con tan poca fuerza, y algo aturdido se oye una voz, nos cortan por la zanja, que es aquella que está a la izquierda, por donde venía una columna como de seiscientos hombres sin caja y a paso redoblado, allí fueron mis apuros, y sin atender a más defensa que la de huir, lo hice con tal agitación que ante de tres cuadras ya no pude, alcancé al Marqués, y brinqué en sus ancas, diciéndole que hasta donde estaba mi tropa, no había mucha distancia me llevase, pero el hombre apenas hizo con mi peso un movimiento extraño el caballo quiso caer, y tuve a bien apearme, y enderezarlo, corra usted le dije, y pasó. Encuéntrome con Durán de Castro, el mozo, y como lo viese en buena mula le rogué me alzase, después de algunos instantes me admitió brinqué en sus ancas, y ladeóse con recado, y todo en tal estado que cayó allí; me apee, y lo dejé componiendo su recado, pasé adelante, y mi felicidad me depara la mejor de mis mulas ensillada en poder de Alejo, aquel mozo de José Gregorio López, se la pedí, me objetó la necesidad en que se hallaba su patrón, le contesté que ya había montado en ancas de Gaspar, y el infeliz no tuvo embarazo en dármela con todo el apero de su patrón, cuando yo me ví en ella, como la conociese ser tan buena ya me conté libre pasé adelante, alcancé mi tropa, e hice montar al ayudante (intercalado: de Lanza) Quiroga, y con esta compañía hicimos alcance otra vez al Marqués, que en el momento que me vio exclamó segunda vez diciéndome que ya no podía sufrir en empelo en un caballo tan flaco, no tuve embarazo en cambiarle con la mula, advirtiéndole lo buena que era, lo hice montar en ella, pues si eso podía, y tratamos sólo de huir, ya las circunstancias no admitían otro partido, allí estábamos reunidos con el Tatito, Castro, Frías, y yo, cuando nos alcanza Díaz, y dicen apuren que nos traen muy cerca. El Tatito y Castro se separaron, y fue el medio más seguro para que el enemigo ya sabía quiénes éramos los que huyamos por los prisioneros de atrás, revolví, y vi que venían siete hombres en persecución de cuatro que éramos, y tan inmediatos que a salvo nos venían tiroteando dos de ellos que se adelantaban venían en los caballos de Quesada, los mismos que quedaron en mi casa, allí se cayó el Marqués no por otra cosa que por haberse criado en mejores pañales que nosotros, ayudamos a alzarlo y seguimos sufriendo un vivo tiroteo, visto lo cual desviándonos del camino hacia mano derecha, subimos con gran trabajo un cerro, más los siete no dejaron de perseguirnos, bajamos éste, y pasamos al río de Barrios, y aseguró a usted que aunque ya habían quedado cinco de nuestros perseguidores arriba del cerro, dos nos traían tan inmediatos que no distaban tres cuartos de cuadra, cada uno de estos con dos fusiles, con los que nos hacían un fuego diestro; aquí fueron los apuros del Marqués, y peor cuando encontramos una zanja como de vara y media de latitud, y onda, fui el primero que salvé, y después Díaz, y Frías, quedando dicho Marqués, sin animarse a hacerlo, nos paramos, le hicimos instancia a que pasara, él se animó, pero sin un esfuerzo cual lo requería el caso que no podía ser más apurado; pues con nuestra detención se aproximaron los dos referidos a menos de media cuadra, y se unían ya los otros cinco, en este estado metió, la mencionada mula del coronel las dos manos en la zanja, y cómo esta bestia no encontró jinete que la apurase la sacó de golpe por un lado con cuyo movimiento cayó en tierra el Marqués de espaldas, inmediatamente cargaron sobre él, los enemigos intimándole rendición, se paró él, y contestó que estaba rendido, y los que venían atrás le hicieron un tiro, pero no le acertaron, y fueron reprendidos por el que lo rindió, el mismo que dirigió sus expresiones a nosotros, que nos rindiésemos, que seríamos perdonados a lo que sin contestarles advirtiéndole a Díaz, y Frías, me siguieron, huimos con dirección a Chiyavi, al huir nos hicieron tres tiros, y advertí nos seguían, corrimos como seis cuadras, y alcanzamos a Canero que venía montado, le advertimos que apurase, y no sé cual fue el motivo, pues a poco rato advertí que llegaron a alcanzarlo los enemigos, y lo volvieron prisionero con lo que cesó nuestra persecución; ya podrá usted formar una idea de mi narración que satisfaga el deseo de saber lo sucedido, pues aún no han concluido hasta entonces los peligros que amenazaban, es el caso que el mismo día de nuestra desgracia marchaba para Yavi un oficial Marcó con una partida de veinte y tantos Infernales, quienes encontrando a algunos derrotados, formaron un cabo y seis de ellos el proyecto de desertarse, como lo verificaron, no puede usted figurarse el tamaño de los delitos que han cometido, sólo me ciño a decirle que después que han robado, saqueado, y arrasado por donde han venido, que han sido los lugares de Cochinoca, Tambillo, en donde quitándole a un indio una carguita lo maniataron, y lo dejaron distante del camino, lo dejaron así, Casabindo, en donde fusilaron al oficial Telles, y un soldado habiendo salvado milagrosamente Gregorio Villada, y otro soldado, que todos cuatro iban a ser víctimas, en Abra de Barrancas en donde dieron una puñalada, y dejaron moribundo a un hombre en Corralitos donde se batieron, haciéndonos y recibiendo fuego de nosotros etcétera. A éstos nos hallamos juzgando por una comisión militar, y creo no escaparán tres o cuatro, salvando la vida los demás por consideraciones. Mi tío, yo sólo he salvado mi freno perdiendo todo, todo lo demás, así es, que necesito un todo espero que me mande lo poco que me queda por lo pronto, y para después del modo más posible lo preciso, en la inteligencia que yo sé que usted no lo podrá proporcionar, porque me hago el cargo de su estado; pero la Providencia no me ha negado del todo sus recursos. Nada sé de mi Barrios que es lo que más falta me hace, ojalá aparezca por ahí, que no hay mucha dificultad, pues aquí ya nos hemos juntado con más de cincuenta fusiles, cuando creíamos todos perdidos, y por consiguiente con el duplo, o más gente; yo no pienso bajar a ésa, pues sabe usted mi amistad con Díaz, y que aquí necesito menos, fuera de que es mucha mi inclinación a esta división, y puedo serle útil con mis conocimientos y pocas luces. José Gregorio López, llegó ayer, éste ha padecido muchos más trabajos que yo, y como ya se han acabado, y estamos juntos todos, parece que nos hallamos satisfechos, con esta recompensa, ya he dicho lo principal; si algo me resta, lo diré después en mis continuas correspondencias, y entregado las adjuntas, mande en la voluntad más firme de su sobrino que sus manos besa. Bonifacio Ruiz. Entre renglones de Lanza, enmendado Prisionero. Vale. Es copia. Icazate. Secretario”.

[23] Carta de Feliciano de la Mota Botello a Güemes, Tucumán, 29-III-1819, en Güemes, Luis: “Güemes Documentado”. Tomo 6, pág. 383, cit.

[24] Carta de Feliciano de la Mota Botello a Güemes, Tucumán, 3-IV-1819, en Güemes, Luis: “Güemes Documentado”. Tomo 6, págs. 383 y 384, cit.

[25] Reyes Gajardo, Carlos: “Apuntes...”, pág. 252, cit.

[26] Carta de Luis Borja Díaz a Güemes, San Carlos, 26-XI-1820, en Güemes, Luis: “Güemes Documentado”, Tomo 6, págs. 474 y 475.

[27] Reyes Gajardo, Carlos: “Apuntes...”. Carta de Pedro Antonio Arias a Güemes, pág. 103, cit.

[28] Arévalo, Lilia Fanny Pérez de: “El Fuero Gaucho”. Boletín Nº 3 del Instituto Güemesiano de Salta, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Salta. Salta, 1979.

[29] Arévalo, Lilia Fanny Pérez de: “El Fuero Gaucho”, Ibídem.

[30] Archivo Plaza Navamuel.

[31] Cornejo, Atilio: “José María Paz en Salta”, pág. 141. Boletín del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Tomo 30. Salta, 1960.

[32] Paz, José María: “Memorias Póstumas”, Tomo I y II. Editorial Almanueva. Buenos Aires, 1954. También Yaben, Jacinto: “Biografías Argentinas…”, cit.

[33] A. y B. H. S. Registro Administrativo. Poder Ejecutivo. Departamento de Gobierno - Correspondencia oficial, 1825. Salta, no foliada.

[34] Paz, José María: “Memorias Póstumas”, cit.

[35] Archivo y Biblioteca Históricos de Salta. - 1825 - Registro Administrativo. Poder Ejecutivo. Departamento de Gobierno - Correspondencia oficial. Salta, no foliada Cuaderno de Comunicaciones con el Señor Gobernador y Capitán General interino de Salta. Año 1825. [Documentos] “Después que ya no se debe contar con el Escuadrón del Coronel Urdininea, y cuando el enemigo según noticias resientes aumenta considerablemente su fuerza, creo de necesidad que llegada la división de mi mando al territorio enemigo, pueda en cualquier lance maniobrar por si sola con probable suceso: al efecto a calculado poner en el número de quinientas plazas el Batallón de Cazadores, y en igual numero la tropa de Caballería: detenerme quince días en la quebrada y con una incesante disciplina poner expedita toda la fuerza, mientras por otra parte la caballada descansa y afirma mejor el vaso. En tal empeño y recordando los esfuerzos que hizo el Coronel Comandante Dn. Luis Borja Díaz [de Lea y Plaza], para reunirse a la División con cien hombres escogidos de los de su mando, le he dirigido con esta fecha directamente, por haberse presentado buena oportunidad de hacerlos así, orden terminante para que sin pérdida de momentos, y con toda la posible rapidez, venga a reunírseme saliendo en derechura al punto de Colorados o La Quiaca con los cien hombres expresados. En consecuencia e inteligenciado V.S. de esta medida, se servirá disponer la más pronta y rápida remisión a mi Cuartel General de todos los vestuarios, armamentos, municiones y demás útiles de guerra que expresa la razón adjunta, oficiando también por su parte y estimulando como mejor crea convenir, al citado Coronel Díaz, para que sus marchas sean con la posible rapidez. Dios guarde Cuartel General en Jujuy Marzo 30 de 1825 - J. A. A. de Arenales. José Mariano Serrano, Secretario”.

[36] Cornejo, Atilio: “Causas y Consecuencias de la Muerte de Güemes”, pág. 20. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1973.

[37] A. y B. H. S. Carpeta 27, Prot. 286, fs. 90, Testamento de don Luis Borja Díaz Plaza.

[38] Doña María Magdalena de Lea y Plaza nació en San José de Cachi del Valle de Calchaquí, en 1778. Heredó de sus padres extensas propiedades en Cachi, las que al contraer matrimonio se sumaron a las de Díaz de Lea y Plaza, alcanzando los conyugues una cuantiosa fortuna. Noble patriota, benefactora y ejemplar esposa, desde que se produjo la Revolución de 1810 estuvo entre las primeras mujeres decididas en colaborar con la causa de la emancipación. Aunque no tuvo hijos propios, crió desde la infancia a su sobrino nieto don Eduardo Plaza, aparte, en su vida conyugal adoptaron a una niña, llamada Flora, que llevó el apellido Díaz. Desempeñó asimismo un especial papel de madre con muchos de sus sobrinos carnales y con los hijos de algunos primos hermanos a todos los cuales brindó un esmerado cuidado. Conoció y trató con la casi mayoría de los próceres de su tiempo, que compartían las ideas y las convicciones de su familia, tanto de sus hermanos y primos como la de su esposo, a quien acompañó en todos sus emprendimientos y luchas. Se caracterizó en el Valle de Cachi por su espíritu caritativo, y fueron importantes sus donaciones de joyas y vestuarios para los diferentes escuadrones de la época de la Independencia, ayudando también en las guerras civiles de la década del 30’, a su hermano el coronel Manuel Ubaldo de Lea y Plaza, cuando se desempeñaba como Comandante General de los Valles de las “Fuerzas Revolucionarias Unitarias”, hasta su fallecimiento en 1837. Del mismo modo, desde el Valle de Calchaquí apoyó con dinero a su primo político el coronel doctor Gaspar López, en su militancia adversa a Rosas, hasta producirse la disolución de la Liga del Norte, en 1841. Doña Magdalena no solo aportó su fortuna a la causa, sino que ocupó un papel descollante en su oposición a la tiranía; era tal el grado de desasosiego que provocaba, que el gobernador delegado, coronel Evaristo de Uriburu y su ministro secretario Ciriaco Cornejo, le comunicaban el 20 de febrero de 1838, desde Salta, al general en jefe del Ejército Argentino Confederado, brigadier Alejandro Heredia, entre otros asuntos, que en los Departamentos de los Valles Calchaquíes se habían tomado mayores medidas de precaución y añaden que “Doña Magdalena Plaza debe venir con seguridad de los Valles Calchaquíes, y estará en adelante donde no pueda dar ensanche a su genio sedicioso”. Posteriormente fue acusada por sus adversarios “de ser una mujer privada de su razón”, siendo llamada “loca” y valiéndose de ello para intentar la confiscación de sus bienes. A pesar de aquellas infamias los fieles de Rosas no lograron su cometido y doña Magdalena prosiguió apoyando hasta el fin de la reorganización nacional, ya muy anciana, la causa unitaria. Su entrega y lealtad fueron inagotables en sacrificios y renunciamientos. El 18 de setiembre de 1855, doña Magdalena vendió la última propiedad rural que le quedaba en San José (Cachi), a su primo don Andrés de Lea y Plaza. Hizo un primer testamento ante el escribano don Heriberto Sandoval, luego otorgó otro el 5 de noviembre de 1855, que se protocolizó en Salta en la escribanía de don Manuel N. Quijano, y el 1º de diciembre de 1856 esta heroica mujer otorgó su último testamento ante el juez de primera Instancia del pueblo de Cachi, don Pedro José Frías, actuando como testigos don Dámaso de la Zerda, don Pío Bustamante, don José Díaz, don Carmelo Díaz, don Marcos Sandoval, don Pedro Delgado y don Francisco Navea: en dicho documento declara “... yo Da. Magdalena Lea Plaza, hija legítima de los finados Dn. Julián Lea Plaza y Da. Cándida Ríos, vecinos del Valle de Calchaqui de la Provincia de Salta, sin embargo de hallarme con salud cumplida, pero anciana y temerosa de que algún accidente imprevisto me sorprenda y prive de la serenidad y tiempo necesario, y creyendo como firmemente creo en todos los misterios y sacramentos que cree, confiesa y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, en cuya fe y coherencia he vivido y protesto vivir y morir, especialmente en el de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios verdadero, en el de la Encarnación del Verbo Divino, en las purísimas entrañas de María Santísima, vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesu Cristo y el de la Santa Eucaristía e invocando por mi protectora a Nuestra Señora de las Mercedes, al Santo Ángel de mi guarda y el de mi nombre, para que en todo tiempo me amparen y defiendan, ordeno éste mi testamento...” Entre las cláusulas, estaba la que disponía doña María Magdalena que su cuerpo “... sea amortajado con el hábito de N. S. de Mercedes y sepultado con entierro menor rezado y misa de cuerpo presente en la Santa Iglesia de Cachi...” Declaró además, no deber a persona alguna “pero si apareciere alguna deuda en mi contra justificada que sea por mis albaceas, mando se pague a la mayor brevedad”. Afirma haber “sido casada y velada según el orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con el finado coronel Dn. Luis Borja Díaz de cuyo legítimo matrimonio no tuvimos sucesión alguna”. Debido a la circunstancia de no tener herederos forzosos, dejó sus bienes a varios familiares cercanos, especialmente y en primer lugar favoreciendo con la mayor parte a su sobrino nieto don Eduardo Plaza, “a quién he criado desde su infancia con amor de hijo...”. Doña María Magdalena de Lea y Plaza, figura en varios documentos que se conservan en el Archivo y Biblioteca Históricos de Salta, referidos también a facetas del transcurso de su vida posterior a la muerte de su esposo, mencionándosela como “viuda de honor” del coronel y comandante don Luis Borja Díaz, título reconocido por parte de muchos destacados personajes de la época que supieron honrar y apreciar su vida. Falleció casi un año y medio después de otorgado su testamento, a fines de marzo de 1858, en la casa de su sobrino don José María Plaza, en Cachi. Su acta de defunción reza así: “En esta Parroquia de Sn. José de Cachi a 28 de Marzo de 1858, sepulté en el Panteón con oficio cantado el cadáver de Da. Magdalena Plaza, viuda, de edad de 70 a 80 años: no alcanzó auxilios espirituales”. Firma: Pedro Columba.

[39] Es tradición que su abuela doña Rosa de Texerina, inculcó la devoción a Ntra. Sra. de las Mercedes a todos sus descendientes.

[40] A. y B. H. S. Carpeta 27, Prot. 286, folio 91v., Testamento de don Luis Borja Díaz Plaza. - También Hessling, María Teresa Cadena de: Apuntes y Archivo Particular.

[41] A. y B. H. S. Testamento de don José Mariano Díaz, 1830. Esc. Félix Ignacio Molina.

[42] Monumento al general Güemes en la ciudad de Salta y monolito a Güemes en Cachi, Provincia de Salta. Lamentablemente, el  magnífico monumento al general Güemes en la ciudad de Salta carece del reconocimiento a muchísimos próceres; la placa donde figuran algunos de los nombres más importantes, y que pretende ser una lista acabada de los principales comandantes, es incompleta desde todo punto de vista.