GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE SALTA

 

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Boletín del

 

Instituto Güemesiano

 

de Salta

 

 

Nº 33

 

Año 2008

 

______

 

 

 

 

DIRECTOR DE PUBLICACIONES

MPN Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

SALTA

REPÚBLICA ARGENTINA

2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

España 730 (ex casa del general D. Martín Miguel de Güemes)

Teléfono 054 – 0387 – 4215568

(A4400ANR) Salta, Capital · República Argentina

www.institutoguemesiano.gov.ar

 

Dirección y Coordinación General: Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

 

Selección de textos: Ercilia Navamuel

 

 

Impreso en Argentina / Printed in Argentina

 

 

 

 

 

 

 

GENERAL D. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AUTORIDADES DE LA

PROVINCIA DE SALTA

 

 

 

 

I ·

 

Gobernador

Juan Manuel URTUBEY

 

Vicegobernador

Miguel Andrés ZOTTOS

 

Vicepresidente 1º de la Cámara de Senadores

Mashur LAPAD

 

Presidente de la Cámara de Diputados

Santiago Manuel GODOY

 

Presidente de la Corte de Justicia

Guillermo Alberto POSADAS

 

Ministro de Gobierno

Antonio Oscar MAROCCO

 

Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos

Pablo Francisco Juan KOSINER

 

Ministro de Desarrollo Económico

Julio César LOUTAYF

 

Ministro de Educación

Leopoldo VAN CAUWLAERT

 

Ministro de Trabajo y Previsión Social

Nora del Valle GIMÉNEZ

 

Ministro de Turismo

Federico POSADAS

 

Secretario de Cultura

Víctor Manuel FERNÁNDEZ ESTEBAN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

(Creado el 17-6-72. Decreto Nº 5042/1972)

 

GENERAL D. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

 

 

 

I

 

CONSEJO DIRECTIVO

(2008 – 2012) ·

 

 

Presidente

Ercilia NAVAMUEL

 

Vicepresidente

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

Tesorero

Víctor Manuel FERNÁNDEZ ESTEBAN

 

Secretario

José Alejandro CAÑIZARES

 

Prosecretario

Margarita GONZÁLEZ

 

Vocales

Raymundo GARCÍA PINTO

Jorge SÁENZ

Álvaro CORNEJO FLEMING

Félix Rodrigo BRAVO HERRERA

Narciso Ángel FABBRONI

Darío WAYAR NÚÑEZ

 

 

Director de Publicaciones

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano en su reunión del mes de julio de 2003 resolvió instituir un Reglamento de Publicaciones. Solo se publicarán las disertaciones y artículos inéditos vinculados a los objetivos del Instituto, el ambiente socio cultural e histórico durante la gesta güemesiana; a la vida y obra del general Martín Miguel de Güemes y de quienes lo acompañaron en la lucha por la emancipación americana. Asimismo, el Consejo Directivo seleccionará el material a publicarse, sin que ello libere a cada autor de su responsabilidad intelectual y científica. La extensión de los trabajos no debe superar las 25 páginas en papel A4, letra Times New Roman, en cuerpo 11, escritos en procesador de texto Word 6.0 o compatible. Los mismos se deberán entregar en tiempo y forma, y se acompañarán en una copia impresa y en diskette o CD. Deben contener fuente documental y/o bibliografía, citas y notas al pie de página, numerándoselas en el texto.

            Nota: La sola presentación de los trabajos queda a exclusiva consideración del Consejo Directivo, no obliga su publicación y no se devuelven.

 

PRÓLOGO

 

 

            El Instituto Güemesiano de Salta cumplió el 17 de junio de 2008 treinta y seis años y una vez más afianza sus esfuerzos para recordar la gran Gesta Güemesiana. Esta labor reivindicativa es una larga lucha historiográfica, porque pese a la amplia difusión del Instituto y a los logros obtenidos en la provincia como en el Congreso de la Nación, todavía los argentinos, en su gran mayoría, desconocen la historia de la emancipación y la de esta gesta del pueblo salto-jujeño-tarijeño, que abrió paso a la libertad y a la Independencia Nacional.

            Se acerca el Bicentenario de la Revolución de Mayo, y si bien debería ser una fiesta de  las grandes, se sufre la triste desvalorización de la historia profunda de nuestro origen en la Argentina Fundacional y de nuestra República Criolla. Ha costado mucho llegar hasta aquí en términos historiográficos, y sabemos que va a costar mucho más continuar transmitiendo nuestras tradiciones en estos tiempos de desvalorización de todo lo argentino. Es oportuno reconocer que no es del todo efectivo publicar libros con una redacción amena, folletos o artículos impresos o en miles de sitios de internet, porque la gente lee muy poco y casi nada sobre el origen y pasado de su patria. Esa Patria que fue forjada por los hijos del mestizaje biológico y cultural, es decir, los de la raza criolla, los de la estirpe hispanoamericana -al decir de Ignacio Tejerina Carreras- que es el “producto de la más gigantesca mestización en la historia de la humanidad entre europeos y pobladores originarios”, surgida a partir del 12 de octubre de 1492 con la llegada de los conquistadores ibéricos. Y luego esta tierra, soberana, ideada por Güemes y los próceres de su tiempo.

            A pesar de todo, el Instituto Güemesiano sigue trabajando para encauzar y conservar las ideas claras de argentinidad y el respeto por esos valores, en una nación que anhela crecer con los ejemplos de nuestras memorables epopeyas y mirar siempre hacia adelante, por una Argentina en paz, con garantías, trabajo digno, salud, educación y cultura tradicional que nos da identidad.

            Presentamos un nuevo Boletín que hace treinta y un años abrió por primera vez sus páginas para que noveles y versadas plumas se incorporen todos los años y desarrollen sus investigaciones historiográficas en libertad, con seriedad, el necesario rigor científico y publiquen sus conclusiones y trabajos. Cabe señalar que en este derrotero estoy abocado desde que me incorporé en 2005 como director de publicaciones del Instituto y por eso en cada edición reitero la invitación a participar a todos los güemesianos e historiadores en general, para que en consecuencia se sientan parte y entre todos, aunemos experiencias, aportemos ideas, conocimientos y esfuerzos.

            Este libro reúne las siguientes conferencias y discursos de actos y sesiones públicas cumplidas por la institución: “Eustaquio Méndez y la Guerra Gaucha”, de Margarita Isabel González; “Güemes y el Sol de Mayo”, de Darío Wayar Núñez; “El General Güemes en la Medalla. Iconografía del General Martín Miguel de Güemes Relacionada con las Medallas Acuñadas”, de Roberto Enrique Díaz; “La Gran Gesta Güemesiana en la Lucha por la Independencia, Vista por el Doctor Dalmacio Vélez Sarsfield”, de Víctor Fernández Esteban, y “El legado del Doctor Adolfo Güemes: Escuela Agrícola”, de Mirian Violeta Gutiérrez.

            En la sección denominada “El Valle de Calchaquí y sus Patriotas. Justo Homenaje a Tres Guerreros de la Independencia Americana”, se incluyen “El Patriarca del Calchaquí”, de Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, y “El Intrépido”, de Bernardo Ruiz de los Llanos.

            Mientras que el capítulo Investigaciones y Artículos, cuenta con cinco colaboraciones, a saber: “Vocaciones Gauchas”, de Ercilia Navamuel; “El Rostro de Güemes”, de Rogelio Wenceslao Saravia Toledo; “El General Manuel Belgrano en la Gesta del Norte. Amistad entre los Generales Martín Miguel de Güemes y Manuel Belgrano”, de Ricardo Federico Mena y Martínez Castro; “Batalla de Huaqui. Fin de la Primera Expedición al Alto Perú”, de José Alfonso de Guardia de Ponté; “Patriotismo Gaucho”, de María Cristina Fernández de Pérez.

            El apartado Notas y Discursos, contiene una poesía “Los Héroes”, de Rodolfo E. Ibáñez Plaza, y una oración “Oración Gaucha”, de Carlos Diez San Millán, respectivamente. Además, el comentario sobre la presentación en Salta del libro “Guía Genealógica en el Milenium”. Como todos los años publicamos la Memoria Anual, esta vez la correspondiente al periodo 2008, confeccionada por la presidente de la entidad Ercilia Navamuel. En síntesis, podemos sostener que con estos fundamentales aportes, este año se han cumplido los objetivos institucionales.

 

Salta, 22 de noviembre de 2008

 

 

                                                                       Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

                                                                                        Vicepresidente y Director de Publicaciones

                                                                                                   Instituto Güemesiano de Salta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LEY 26.125

GÜEMES HÉROE NACIONAL

 

 

            El 22 de agosto de 2006 se promulgó la Ley Nº 26.125 que declara a Güemes Héroe Nacional. El texto de la Ley expresa:

            El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso (…), sancionan con fuerza de Ley:

 

Artículo 1º- Declárase Héroe Nacional a D. Martín Miguel de Güemes, único general argentino muerto en acción de guerra el 17 de junio de 1821, en la histórica epopeya de la emancipación del continente americano.

           

            Artículo 2º- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Dada en la Sala de sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los dos días del mes de agosto del año dos mil seis.

            Registrado bajo el Nº 26.125

            Alberto Balestrini - José B. Pampuro - Enrique Hidalgo - Juan H. Estrada.

            Decreto Nº 1082/2006

            Buenos Aires, 22/8/2006

 

            Por tanto:

 

Téngase por Ley de la Nación Nº 26.125 cúmplase, comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.

            Kirchner - Alberto A. Fernández - Nilda Garré

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nº 33

 

AÑO 2008

 

(PRESIDENCIA ERCILIA NAVAMUEL)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOMENAJES

 

DE LA

 

ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 8 de febrero de 2008

 

            El Instituto Güemesiano de Salta adhiere a los actos en conmemoración de un aniversario del natalicio del general don Martín Miguel de Güemes, organizados por la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes. El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta acompaña a la Agrupación Tradicionalista en el homenaje realizado en la Plaza 9 de Julio, y luego en la misa que se celebró en la Catedral Basílica, como al acto en el Panteón de las Glorias del Norte.

            En horas de la tarde, como todos los años, se realizó la sesión pública en la sede del Instituto Güemesiano de Salta, España 730. La apertura de la sesión académica estuvo a cargo de la presidente del Instituto, profesora Ercilia Navamuel. Acto seguido se procedió al ingreso de las banderas siendo escoltadas por el grupo folclórico gaucho “Infernales de Güemes” de Buenos Aires. Se entonaron las estrofas del Himno Nacional y el Himno al general Güemes.

            Las disertaciones fueron sucediéndose de la siguiente manera: la profesora Margarita Isabel González, que trató sobre “Eustaquio Méndez y la Guerra Gaucha”, y el licenciado Jorge Sáenz, respecto a “La guerra por la Independencia en el Norte”. Finalmente la senadora nacional, doctora Sonia Escudero, expuso sobre el proyecto de la UNESCO del relevamiento del patrimonio histórico, invitando a participar al Instituto Güemesiano de Salta.

 

 

 

EUSTAQUIO MÉNDEZ Y

LA GUERRA GAUCHA

 

 

Margarita Isabel GONZÁLEZ ·

 

 

            1. De lo que pasó en el Alto Perú, Bolivia, siendo Tarija de la jurisdicción de Salta hasta 1825

 

Según el historiador boliviano Edgar Ávila Echazú, el proceso emancipador denominado “Guerra de la Independencia. Revolución Libertadora del poder colonial español”, se originó por causas políticas sociales: el abuso de los administradores coloniales, su prepotencia discriminadora y la escasa atención a los problemas nacidos de un estancamiento del progreso económico, así como también el oscurantismo cultural empañado por la iglesia, más la segregación de las masas indígenas que se convirtió en la justificación de los levantamientos y rebeldías, este cuadro se empaña aún más con la inhumana explotación de la mano de obra mitaya minera (trabajo rudo y sacrificado).

Ese mundo de complicidades, abusos y sobornos fue el sustrato movedizo de la inestabilidad social y las consecuencias trastornos políticos-económicos que tenían que fluir, teniendo como protagonistas precisamente a los criollos y mestizos ricos de Charcas y Potosí.

Pues a la guerra de batallas campales, sucedió una de guerrillas, escaramuzas, sorpresas y asaltos de grupos que tan pronto aparecían como desaparecían, pero que mantenían una lucha tenaz y constante, sin tregua ni descanso. Imposible detallar todas las acciones, es el decir de Humberto Vázquez Machicado (catedrático de la universidad mayor de San Andrés de Chuquisaca) “las acciones eran a diario, por todas partes, obligando a los realistas a vivir siempre alertas y en combate permanente. Capitaneaba esos grupos de acciones hombres de ciertos carismas y liderazgos, denominados caudillos, quienes luchaban en nombre de la Patria”.

Fue trágica la suerte de muchos de ellos, sea en los recios combates en los cuales no se daba ni se pedía cuartel. Sea por enfermedades como consecuencias de las privaciones de esa vida de guerrillas, la mayor parte de estos personajes murieron antes de ver realizados sus sueños de una Patria libre.

Toda una tierra que vivió ruido de lanzas y gritos de guerra, habla de un pueblo que se levantó en armas para luchar con un gran valor, dice la “Historia de Tarija”, escrita por Ávila Echazú, que venció con heroísmo sin igual, que grabó con letras de fuego en el libro de la historia, nombres tanto de hombres, mujeres y niños de la gran nación Americana, como Martín Miguel Güemes, José Antonio Sucre, Simón Bolívar, Álvarez de Arenales, Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez, entre otros.

 

 

2. Tarijeños y salteños hermanados en la lucha por la Independencia americana

 

Conocido es el aporte que hizo Tarija con hombres, víveres, dinero, monturas a los cuatro ejércitos auxiliares del Perú. Este territorio tuvo una serie de líderes, que a la par de Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez, Pedro Antonio Flores entre otros, tendrán contactos muy cercanos con próceres argentinos como Martín Miguel de Güemes y Manuel Belgrano, pues llevaron a cabo una política contestataria contra las tropas realistas, que de manera permanente asediaban a Tarija, que se convierte en una especie de bisagra por su ubicación estratégica.

Esta realidad, sin dudas, demuestra que la comunicación que hubo entre Salta y Tarija, siempre fue muy fluida. La comunicación epistolar entre Güemes, Belgrano, Francisco de Uriondo y otros jefes locales tarijeños era factible por una serie de razones, entre ellas, los pueblos de Tarija y Salta han estado muy ligados por las mismas ansias de libertad, por compartir historia y cultura. En Tarija las acciones estuvieron bajo los objetivos de la estrategia güemesiana, cuando no a instancias de las espontáneas y no bien ordenadas tácticas de los jefes locales, que en lo esencial trataban de emboscar y desgastar a los regimientos realistas.

Precisamente, en esos tiempos José Ignacio Mendieta comandante en esa jurisdicción y Manuel Rojas, uno de los organizadores de los entonces temidos “Dragones Infernales”, con la ayuda táctica de Eustaquio Méndez y José María Avilés, lograron vencer a los soldados realistas.

En la “Abra del Gallinazo”, en la misma región de Tolomoza, Méndez unió sus fuerzas a las de Lamadrid. Defendían los alrededores de Tarija las unidades de Ramírez. Pero el ya famoso “Moto Manco Méndez” desplegándose desde las inmediaciones de Concepción, ganó los terrenos de la Tablada, al tiempo que Lamadrid, con Avilés y Uriondo, que se habían unido, se acantonaban en las vecindades de la Loma de San Juan y desde allá, exigieron rendirse a las tropas de Ramírez que se encontraron en Tarija.

Ramírez contestó en una arenga a sus soldados “Vamos a desparpajar a esos gauchos” y cruzó el río para enfrentarse con los jinetes de Méndez, que a todo esto bajaban por la Cuesta de la Tablada. Con una irreprimible carga de caballería Méndez rechazó a Ramírez, quien se retiró a la ciudad, mientras Lamadrid había ocupado el barrio de San Roque, donde volvió a intimar rendición a Ramírez. El 15 de abril de 1817 se enfrentaron ambos bandos a orillas del río Guadalquivir. Los gauchos, chapacos de Méndez, Uriondo y Avilés impidieron a los realistas avanzar por las riberas del río, al mismo tiempo que el propio Méndez con sus jinetes y Lamadrid iban venciendo a las tropas de Ramírez.

El héroe de la Tablada, José Eustaquio Méndez, fue hijo de dos descendientes directos de españoles: Juan Méndez y María Arenas, quienes eran campesinos adinerados de San Lorenzo, nació en Carachimayo el 19 de septiembre de 1784, pasó su infancia y adolescencia en las fincas paternas, acaso sin recibir más educación que la común de esos tiempos en los poblados de Tarija; la impartida por algún sacerdote.

No sabemos si por natural inquietud aventurera, o por reveses de fortuna familiar, emigró muy joven a tierras del Río de la Plata. Allá debió correr la suerte de los “mozos perdidos” que eran hijos de estancieros criollos o de campesinos empobrecidos; estos son los llamados “gauchos” peones trashumantes de las haciendas, gente a caballo, diestros en todos los manejos ganaderos, que requerían muchas veces de coraje suicida, donde se supone Eustaquio Méndez perdió una mano en una pialada, donde se le enredó el lazo en la muñeca, quedando la mano pendiente de un tendón, y en un acto de arrojo desesperado, tomó el cuchillo y se cortó la misma, adquiriendo así el apodo de “el manco o moto Méndez”.

El hecho de estar al lado de los desamparados y en contra de las injusticias de los corregidores españoles, no solo debió despertarle en aquellos años la conciencia social, de la libertad y el derecho, la igualdad y el respeto, sino que afirmaría esos principios por haber sufrido en carne propia los abusos del poder.

Al retornar a su tierra, se relacionó con la familia Echazú, haciéndose muy amigo de don Felipe, hijo de don Mariano Antonio. Tal como lo demuestra una carta que Méndez mandó a redactar en 1825, donde pedía la restitución de Felipe como Alcalde de Tarija, al ser depuesto éste por el coronel O’ Connor, también fue compadre de don Bernardo Trigo, es decir, ambos patricios tarijeños.

Lo cierto es que el que ya popular “Moto Méndez” tanto por sus hazañas de valiente jinete gaucho, jovial bebedor y gran enamorado, como por su bondad e ingenuidad, a la vez que por su ancestral sabiduría campesina, logró un gran ascendiente entre los chapacos de San Lorenzo y Tarija, especialmente en los ánimos de los campesinos empobrecidos por las onerosas tributaciones exigidas por las autoridades españolas, en los primeros años del siglo XIX.

En las regiones de San Lorenzo y en todo el valle central, ya en 1813 Eustaquio Méndez era reconocido como el jefe indiscutible de las montoneras que organizó después del triunfo de Suipacha y de la derrota del primer Ejército Auxiliar del Río de la Plata. Se sabe que participó en la refriega de Río de las Piedras, antes de la Batalla de Tucumán, donde se cree también que combatió al lado de Pedro Antonio Flores y Francisco de Uriondo.

Desde 1814 luchó obedeciendo las instrucciones de Uriondo y Güemes, especialmente apoyando las acciones de Uriondo por el Valle de la Concepción, sin descuidar la zona de San Lorenzo. Después del triunfo de “La Tablada”, Méndez y Manuel de Uriondo, hermano de Francisco Uriondo, se dedicaron a reclutar nuevos contingentes para la lucha que, se recrudecería con mayor ímpetu por parte de los españoles.

Uno de los batallones realistas sorprendió en “Mojos” en julio de 1817 a Manuel Rojas, pero éste logró huir ante la superioridad de los enemigos y Mariano Ricafourt (jefe realista) en persona, derrotó a lo jinetes de Uriondo y Méndez el 2 de agosto en Chocloca y el 5 en Santa Ana. A pesar de esos desastres Eustaquio Méndez, había reconstituido sus montoneras, con las que se replegó fuera del alcance de las tropas de Ricafourt.

Sin embargo, esa situación desesperada les infundió a los gauchos chapacos un nuevo vigor casi suicida: considerando sus jefes que, ante el triunfo de San Martín en Chile y el inmediato retorno de La Serna a Tupiza, era la ocasión propicia de intentar otro accionar parecido al de la toma de Tarija en abril, y a la vez de colaborar con los planes de Güemes; de diseminar la retaguardia de La Serna y neutralizar a Olañeta, finalidad que se había fortalecido con los contingentes del entonces lugarteniente de Güemes, José María Pérez de Urdininea.

Ante estos acontecimientos, el coronel realista Vigil pudo permanecer más o menos tranquilo en Tarija, luego de semejante ofensiva contra las partidas rioplatenses y Tarijeñas. No obstante, a principios de noviembre de 1818, el huidizo Eustaquio Méndez, con un sigilo digno de las mejores tácticas, puso cerca a la villa con un considerable contingente. En esa ocasión Méndez jugo una de sus más eficaces cartas. El sitio fue tan efectivo que las partidas realistas no podían asomarse ni siquiera por las barrancas.

Anoticiado de La Serna de tan embarazosa situación para sus vanguardias, invitó a Eustaquio Méndez a parlamentar en su cuartel de Tupiza, ofreciéndole el despacho de coronel del ejército realista y una pensión. Según el acta de la conferencia entre La Serna y Méndez dada a conocer por el general García Camba en sus memorias, Méndez tuvo un heroico desplante, pues le dijo al comandante español que a “Méndez no se lo compra con dinero pese a estar herido”. Sin embargo, dándose cuenta de su situación, ya que no podía continuar con el cerco, sino a riesgo de sacrificar a toda su gente, propuso levantar el sitio a Tarija a condición de que se anulen los tributos de guerra impuestos por los realistas a los campesinos tarijeños y que no se persiga a los jinetes chapacos.

La Serna aceptó esas condiciones de Méndez enalteciendo su honor militar. Según don Tomas O´ Connor d´ Arlach ese compromiso fue respetado hasta incluso después de lograda la Independencia, o mejor dicho finiquitada la anexión de Tarija a Bolivia.

Por su parte el virrey Pezuela, después de la ocupación de Chile por San Martín, en 1819, ordenó el retiro paulatino de las más importantes fracciones del ejército realista del Alto Perú, medida que hacia 1820, va quedando bajo el mando del Gral. Olañeta con su Cuartel Gral. en Tupiza.

Es interesante reflexionar sobre la siguiente situación. Es todo un tema, que según el historiador Ávila Echazú, no se explicó con la debida documentación o bien no se le dio la importancia que merecía, o todo estuvo envuelto en las nubes de un miope patriotismo. Se trata precisamente del retiro de algunos jefes locales por convenios con los comandantes españoles, a fin de establecer una especie de coyuntural armisticio que dejara en suspenso todo lo obrado, es decir, un “statu quo” favorable a los intereses de ambos bandos en contienda.

El ex comandante español García Camba que actuó bajo las órdenes de La Serna en el Alto Perú, dice que Eustaquio Méndez, capituló ante el general en 1818. El mismo Eustaquio Méndez en una carta de junio de 1826 al gobernador Gordaliza de Tarija, confirma tal capitulación, haciendo hincapié bajo qué condiciones lo hizo, además de informar que estaba herido de bala en el pecho, sin municiones, sin auxilio, sin recursos y a las barbas del enemigo.

También debemos saber que en Tarija se organizó un brillante escuadrón de voluntarios tarijeños que se incorporaron al ejército de Olañeta. Ahora bien ¿Estuvo Eustaquio Méndez en ese regimiento de voluntarios tarijeños? ¿Estuvo en el ejército de Olañeta?

 La historiadora Cristina Minutulo de Orsi, al hacer una reseña de los acontecimientos de enero a marzo de 1825, dice: En esos días la figura del coronel Eustaquio Méndez cobra importancia, pues regresa a Tarija después de haberse mezclado en la guerra doméstica que mantenía Pezuela y La Serna, guerra que en el Alto Perú dirimían Olañeta y Valdés. Méndez como partidario de Olañeta recorre el país, después de participar en varios encuentros bélicos, regresa a su tierra que se encontraba conflictuada a raíz de la actividad desplegada por el general José María Pérez de Urdininea, que se había apartado de las órdenes del gobierno de Salta.

Lo cierto es que hasta el día de hoy, no se conoce o al menos nosotros no conocemos detalles documentales de las actividades de Eustaquio Méndez desde fines de 1818 hasta marzo de 1825 que libera Tarija. Al respecto se tejieron muchas leyendas y diversas opiniones, pero la historia escrita puede proporcionar soportes a esas leyendas o cultos, pero no se confunde con ésta, no se rige por sus pautas, por eso no siempre las demandas del culto o leyenda pueden ser satisfechas por la oferta de la investigación.

Continuando con las investigaciones del historiador Ávila Echazú, “En un oficio al Gral. Sucre, en el que da cuenta de la reposición de don Felipe Echazú en el gobierno de Tarija, Méndez se refiere a una veloz expedición que entre ambos hicieron, estando ya de gobernador, en auxilio de las divisiones patriotas contra el tirano Olañeta”.

Ahora bien, no queda sino atenerse a esos testimonios y a los documentos que lo refrendan, los cuales de ninguna manera deslucen al héroe chapaco, podemos decir según Ávila Echazú que se trató de jugadas tácticas de Méndez, una vez que se desligó del compromiso de 1818 con La Serna. “Hoy José Eustaquio Méndez es reconocido en Bolivia, especialmente en Tarija, como un gran héroe de la Independencia de la madre Patria Española”.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ACTA LA REPUBLIQUETA DE TARIJA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. Primer Congreso Argentino: “Gral. M. M. de Güemes”. Tarija, Bolivia.

ÁVILA ECHAZÚ, Edgar: “Historia de Tarija”. Tarija, Bolivia, 1997.

VÁZQUEZ MACHICADO, Humberto; MESA, José; MESA, Teresa GISBERT de: “Manual de Historia Boliviana”.

II

 

 

HOMENAJE AL GENERAL GÜEMES

EN EL LUGAR DONDE FUE HERIDO

 

 

El 7 de junio de 2008

 

 

            El Instituto Güemesiano de Salta, organizó los actos en conmemoración de la fecha y lugar en que fue herido mortalmente el general Martín Miguel de Güemes. El homenaje dio comienzo en horas de la mañana, con una ofrenda floral en el monolito ubicado en el extremo sudeste de la plaza Belgrano de Salta. La dirección del acto estuvo a cargo de la profesora Ercilia Navamuel.

            A continuación, hubo presentación de banderas y entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino. Ercilia Navamuel expuso palabras alusivas a la fecha. Posteriormente el vocal del Instituto Darío Wayar Núñez, pronunció un discurso que titulóGüemes y el sol de Mayo”. Se cerró el acto con el retiro de las banderas. Asistieron autoridades provinciales, miembros del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano, de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes, fortines gauchos, maestros, alumnos y público en general.

 

 

 

GÜEMES Y EL SOL DE MAYO

 

 

Darío WAYAR NÚÑEZ ·

 

            El Instituto Güemesiano, madre, formadora, y gestora, de los actos académicos de esa gran gesta gaucha, me ha conferido esta emotiva tarea de recordar esa fatídica noche del 7 de junio de 1821, cuando fuese herido por una bala enemiga – en este lugar, el Gral. Martín Miguel Juan de Mata Güemes.

            En ese anochecer frío como el egoísmo, callada como el silencio, e impregnada de tinieblas como la frente de un muerto, la noche se fue esparciendo, entre densos nubarrones desbaratados a trechos, montando en su noble “Negro” se fue alejando, en silencio.

            Esa herida, que llevaría diez días después a ingresar en la memoria de las páginas más brillantes de nuestra histórica patria, esa herida abierta que aún hoy, a 187 años sigue sangrante y latente. Güemes no fue un guerrero improvisado, fue militar de carrera, ennoblecido de la cuna misma, no necesitó de laureles, ni de emblemas nobiliarios, bastándole solamente el amor de su pueblo, de su gente, de sus gauchos, de aquellos que inspirados por él, tomaron entre sus manos la tacuara para defender esta tierra del poder invasor. Enarbolando así la bandera de la justicia, la bandera de los desposeídos, la bandera que hace libre a los hombres, que junto a San Martín y Bolívar conformaron la trípode de la LIBERTAD AMERICANA.

            Junto a la cruz, la espada. Hombres y mujeres, jóvenes, niños y viejos, tarijeños, salteños y jujeños, norteños todos, emprendieron una lucha sin cuartel, convirtiéndola en una de las más auténticas, sangrientas de la historia. Detallar esta gesta llevaría a llenar páginas y páginas que no harían más que laurear esta tierra regada por el néctar del valor de ese hombre vestido por la luz de los grandes.

            Hablar de Güemes es surcar el firmamento de las cumbres andinas, cual cóndor que vuela libre y majestuoso, desde el saliente al poniente, desde el este al oeste, desde el norte al sur, desde los Andes a las costas atlánticas y a las extensas llanuras pampeanas. Suelo del inca, del araucano, del diaguita, del guaraní, y de tantos otros que laten cual fuerza inconmensurable en las venas del mestizaje criollo que puebla esta tierra.

            Hoy, a 187 años de ese juramento hecho por sus gauchos, que al mando delegado al coronel Jorge Enrique Widt de no descansar hasta que el último de los invasores no fuese expulsado de estas tierras – digo – ¿No es momento de recordar aquel pacto hechos por nuestros mayores?. ¿No es este el momento como argentinos, reavivar en nuestros jóvenes y en nosotros mismos la conciencia de ser libres, de nuestros gobernantes el dejar de lado mezquinos individualismos, renunciando a ambiciones personales, para lograr así la unión de la patria?.

            Hoy cuando nos encaminamos a ese gran jubileo de la patria de los argentinos y de todos los hombres de buena voluntad de la tierra, que, en unión con nosotros han contribuido el logro de sus destinos, saludo desde mi humilde ser, la aurora de ese memorable día venidero, animado con la esperanza de que, dentro de lo efímero de las cosas humanas, nuestra patria entrará triunfante, en la inmortalidad de la vida de los siglos.

            A los que alcancen ver renacer las luces seculares del Sol de Mayo, que marchen con aliento hacia adelante, siempre adelante, recordando la figura de ese cadete que intervino en la toma de la “Justina”, con espíritu joven y valiente. Reavivemos la llama encendida por nuestros mayores, haciendo renacer el auténtico espíritu cristiano, entendiendo que la libertad de los hombres está en cada uno de nuestros actos para empuñar así, la única arma que hace fuerte a una nación, la razón.

            Que esta ventisca fría de junio sirva para refrescarnos a cada salteño, a cada argentino, a cada americano, que la lucha emprendida por el general Martín Miguel de Güemes no fue en vano, que aquella lejana noche del 7 de junio sea recordada año tras año, como ejemplo de lucha en cada hombre, mujer y niño de los más alejados parajes.

            Desde esta plaza tan emblemática para los salteños, que como aquella marcha iniciada hace casi 200 años, solo sea para reencuentro en un abrazo de auténtica unión latinoamericana. Güemes gobernante nos enseñó a comprender que la magnanimidad del poder que ejerció durante su mandato no fue signo de debilidad, sino que es el gesto de los grandes.

            Nada más, muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 7 de junio de 2008

 

            La sesión académica se cumplió en la sede del Instituto Güemesiano de Salta, ante una importante y calificada concurrencia. Se presentaron las banderas y se entonaron las estrofas del Himno Nacional y el Himno a Güemes. La apertura con palabras alusivas en homenaje al gran defensor de la libertad y la independencia americana, estuvo a cargo de la presidente Prof. Ercilia Navamuel.

            A continuación, el vicepresidente del Instituto MPN Rodolfo Leandro Plaza Navamuel presentó el Boletín Nº 32, de 302 páginas, recordando que el Instituto Güemesiano de Salta “fundado por el Poder Ejecutivo de la Provincia el 17 de junio de 1972, mediante el decreto Nº 5042, resolvió publicar un Boletín recién en 1977, que seguramente su Consejo Directivo no imaginaba en aquel momento la periodicidad con que se publicaría, aunque ansiaba –como actualmente ocurre- que sus números salieran con frecuencia, conteniendo siempre trabajos de investigación a fin de contribuir al conocimiento de la epopeya güemesiana”. Hizo hincapié en que “gracias al esfuerzo de aquellos primeros directores de publicaciones: Atilio Cornejo y Luis Oscar Colmenares, el Boletín siguió apareciendo una vez por año. Y que “a menos de tres para cumplirse en 2010, el Bicentenario de la Revolución de Mayo, es justo recordar el valioso trabajo realizado por quienes nos precedieron”. Mencionó asimismo que desde octubre de 2007 “tenemos listo el Boletín Nº 32, y era la intención presentarlo en febrero (2008), pero cambios de autoridades gubernamentales como del Instituto, fueron postergando que los originales ingresaran a la imprenta”, anhelando del mismo modo que el número siguiente “se presente en febrero de 2009”. Reseñó su contenido y resaltó que el Consejo Directivo correspondiente al período 2005-2008 “tiene también una profunda satisfacción de poder ofrecer este copioso Nº 32 correspondiente al período 2007”, considerando que para él “fue un honor dirigir y coordinar en este periodo las publicaciones del Instituto y, aún más, poder completar los objetivos. Con esfuerzo, y como si fuera una verdadera recompensa, en estos cuatro años se han publicado todos los números atrasados, desde la segunda edición del Nº 27-28 hasta el Nº 32 que se fueron perfeccionando en cada edición, alcanzando desarrollar un libro que hoy puede compararse con las más acreditadas ediciones análogas de otras instituciones del país”, convencido que el próximo Boletín llegaría con la misma fuerza que los seis últimos números. Informó además, que en breve aquella publicación Nº 32 se incluiría en el sitio digital del Instituto www.institutoguemesiano.gov.ar para quienes lo quisieran consultar On-Line. Para finalizar, como todos los años, invitó formalmente “a los güemesianos e investigadores en general, a colaborar con sus trabajos historiográficos en las páginas de este órgano institucional”.

            Prosiguió el acto con la conferencia del licenciado Jorge Sáenz, que expuso sobre “El golpe de mano en Humahuaca”, y con la del doctor Roberto Enrique Díaz, que por primera vez en la institución se dilucidó sobre un tema poco estudiado en nuestro medio: “El general Güemes en la medalla. Iconografía del general Martín Miguel de Güemes relacionada con las medallas acuñadas”. Esta última conferencia estuvo acompañada de una exposición de medallas en dos vitrinas aseguradas, esta exposición quedó en el establecimiento por diez días para ser visitada por el público.

            Se cerró la sesión con el retiro de las banderas. Finalmente se procedió a la distribución del Boletín Nº 32 a todos los presentes.

 

 

 

EL GENERAL GÜEMES EN LA MEDALLA. ICONOGRAFÍA

DEL GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

RELACIONADA CON LAS MEDALLAS ACUÑADAS ·

 

 

Roberto Enrique DÍAZ ··

 

Sabido es que al tiempo del fallecimiento de Güemes no existía ni la fotografía ni se confeccionaban daguerrotipos, tampoco el héroe gaucho había posado para ningún pintor o retratista. La imagen que de Güemes se conservaba es producto de los distintos relatos que realizaban familiares o personas a él allegadas. Tal vez la primera en documentar esas descripciones, fue Juana Manuela Gorriti, quién en su obra “Güemes. Recuerdos de la infancia” (1853), lo retrata como “un guerrero alto, esbelto y de admirable apostura. Una magnifica cabellera negra de largos bucles y una barba rizada y brillante, encuadraban su hermoso rostro de perfil griego y de expresión dulce y benigna…”.

Se ocupó de la temática el profesor Carlos G. Romero Sosa, quien en su estudio titulado “Iconografía Norteña de Belgrano y Güemes” adjudica la primacía de la representación de Güemes al pintor francés Ernest Charton, trabajo que habría ejecutado en 1876 teniendo como modelo al sobrino nieto del prócer el Sr. Carlos Murúa Figueroa, bajo las directivas de don Juan Martín Leguizamón; este trabajo habría sido obsequiado al Dr. Ángel Justiniano Carranza.

Sostiene el profesor Romero Sosa, que el retrato realizado por Charton de un Güemes con indumentaria gaucha no habría sido del agrado de Carranza, por lo que encontrándose en Salta en 1885 hizo confeccionar, por el educacionista don Flavio García, un bosquejo a lápiz de Güemes militar, firmado con las iniciales F.G., en el que solo se habría modificado la indumentaria reproduciendo en lo demás, el primitivo dibujo de Charton.

 

 

Carlos Murúa Figueroa

 

 

 

 

 

1. Martín del Milagro Güemes Puch

2. Luis Güemes Puch 3. Carlos Murúa Figueroa

 

 

 

 

 

F. G. SALTA

 

El coronel Luis Alberto Leoni Houssay - quien discrepa con las opiniones del profesor Romero Sosa- se preocupó de sistematizar las distintas referencias que con respecto a la persona de Güemes realizaron historiadores en las épocas más diversas, y nos aporta en respaldo de sus opiniones valiosa documentación.

Puntualiza el coronel Leoni Houssay que las afirmaciones de Romero Sosa se basan en expresiones orales y que no concuerdan con lo que dan cuenta varias cartas intercambiadas por Luis Güemes Puch con sus hijos Domingo, Luis y Martín y entre estos últimos.

Desde Buenos Aires, el 14 de agosto de 1879 Luis Güemes Castro escribe a su hermano Martín en Salta, lo siguiente: “Holmberg me ha dicho que en Salta están haciendo el retrato de mi abuelo. El Dr. Carranza le ha pedido a Miguel Aráoz el retrato de mi abuelo porque va a escribir su biografía”.

En otra carta escrita en Buenos Aires por Domingo Güemes Castro a su padre Luis en Salta, con fecha 7 de agosto de 1883, le dice: “Ya me han hecho un nuevo ensayo del retrato de mi abuelo. El Gral. Mitre me hizo decir que le hiciera poner traje de húsar y él mismo le dio al pintor un modelo. El retrato ha gustado a todos, dicen que es el más parecido a nosotros y el más lindo también. Se lo he mandado a doña Juana Manuela para que lo tenga unos días y lo revise despacio”.

 

 

Una gran nebulosa se cierne con respecto a la existencia de algún óleo anterior a 1885, ejecutado por Charton u otro pintor. El 30 de diciembre de 1885 en la RevistaLa Ilustración Argentina” aparece a página entera el dibujo del general, vistiendo el uniforme de húsar, con el dolman sobre el hombro derecho, en el corte del brazo izquierdo se lee la firma de su autor F. Hoyos, un joven dibujante salteño radicado entonces en Buenos Aires.

En 1894 aparece la primera medalla ordenada por la Junta de Numismática Americana, en el anverso Güemes luce de mayor edad, con uniforme de húsar, ostentando tres condecoraciones sobre su pecho, y en el reverso Güemes vestido de gaucho, encabeza una carga de los “Infernales”.

Ángel Justiniano Carranza en un artículo publicado el 17 de junio de 1894, nos informa que la medalla antes mencionada, fue “compuesta y dibujada bajo la inspiración de los miembros de la Junta Numismática, por el hábil pintor Eduardo Cerrutti y grabada por José Domingo, reputado maestro entre los de su arte.”

Al año siguiente, en 1895, en el libro del escritor F. de Oliveira Cezar, con varios dibujos del catalán Fortuny, titulado “Güemes y sus gauchos”, se reproduce una litografía de Güemes con uniforme de húsar, firmada al corte del brazo izquierdo por Fortuny.

 

 

 

A principios de siglo el pintor Eduardo Schiaffino, a requerimiento del Dr. Luis Güemes Castro realiza, en la casa de Martín Miguel Güemes Castro y su hermano Luis en la calle Lavalle 733 en Buenos Aires, un cuadro tomando como modelo aparte de las fotografías que le proporcionaron, el rostro y la figura espigada de Martín Miguel Güemes Castro.

Es el propio Schiaffino quien nos proporciona información sobre los elementos y modelos en los que se basó para componer el retrato que en 1965, sería “certificado” y “legalizado” por Decreto Nº 8988 del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Salta.

El 13 de setiembre de 1903, Schiaffino remite al Dr. Luis Güemes una carta en la que expresa: “Mi querido amigo, tengo de enviar a Ud. una reproducción (única) del retrato al pastel negro que hice de su ilustre abuelo, mientras realizo el retrato pintado, que deseo dedicar a Ud. en testimonio de afecto. Al mismo tiempo le devuelvo el uniforme de húsar blanco de la Princesa y la casaca negra del General Güemes, que Ud. tuvo la gentileza de facilitarme para estudiar el retrato, así como varias fotografías suyas y de miembros de su familia. Pronto iré a verle. Lo saludo cordialmente. Su afmo. E Schiaffino”.

El cuadro es un dibujo a lápiz y carbonilla sobre cartón que lleva la firma de “E. Schiaffino” y fechado 1902, consignando la frase “Cartón para el retrato del General Güemes”.

 

 

 

 

1894

 

Homenaje de la Junta de Numismática Americana

al general Güemes y a sus heroicos gauchos

 

 

 

 

ANVERSO: En el campo, busto del Gral. Güemes de tres cuartos perfil izquierdo con uniforme militar; en la base una rama de roble y otra de palma, unidas por un moño. Leyenda perimetral superior / GENERAL MARTIN MIGUEL GÜEMES / Separada de la inferior por dos estrellas de cinco puntas / 7 DE FEBRERO 1785 / SALTA / (sobre ramas de laurel en sotuer) / 17 DE JUNIO 1821 /. Bajo la rama de roble el nombre del grabador.: / J. DOMINGO /. Sin gráfila.

REVERSO: En el campo, gaucho con sombrero y poncho montado en caballo con la marca de Güemes (3) encabeza una carga de lanceros “Infernales”. Al fondo, sol elevándose sobre montañas. Leyenda perimetral superior / 1814 A LOS HEROICOS GAUCHOS 1823 / En el exergo en siete líneas: / 1894 JUNTA DE NUMISMATICA AMERICANA (6 estrellas de cinco puntas) / LA PATRIA OS LLAMO A DEFENDER SUS / FRONTERAS DEL NORTE COMBATIENDO / CON GORRITI.VIDT.ARIAS.URDININEA./ROJAS.SARAVIA.LATORRE.BURELA./ZAVALA.URIONDO / MOLINA / A la altura de la segunda línea a izquierda las iniciales J. D. y a derecha C.E.

METAL: Cobre

MODULO: 70 mm.

PESO: 137 grs.

ARTISTAS: José Domingo (escultor) y Eduardo Cerrutti (pintor)

ACUÑADA en: Casa de Moneda de la Nación.

EJEMPLARES ACUÑADOS: 100.

 

 

1. Medalla al general Güemes y sus heroicos gauchos. Junta de Numismática Americana 1894

 

Es esta la primera pieza que se acuña en homenaje al Gral. Martín Miguel de Güemes.

En el año 1894 el historiador Ángel Justiniano Carranza, intervino para lograr que en Buenos Aires la Junta de Numismática Americana, actual Academia Nacional de la Historia, acuñase una medalla conmemorativa y de homenaje.

Un ejemplar de la misma fue remitido al nieto mayor del héroe, Sr. Don Martín Miguel Güemes juntamente con una nota fechada el 17 de junio de 1894 en la que los miembros de la Junta expresaban

 

Junta de Numismática

Americana

Buenos Aires, 17 de junio de 1894

 

Señor D. Martín Miguel Güemes

Salta

 

Muy Señor nuestro:

En el aniversario 73º del trágico fin del glorioso defensor de Salta, general

Martín Miguel Güemes, esta Junta de Numismática Americana, ha creído rendir un merecido homenaje a su memoria, mandando acuñar la adjunta medalla conmemorativa de sus hazañas en la era inolvidable de nuestra independencia.

Reconociendo en Ud. a uno de los dignos descendientes de aquel Gran

Patriota, sírvase aceptarla como una prueba palpitante de que se aproximan los días de reparaciones y de justicia para los que, como su Ilustre antecesor nos legaron una patria libre y soberana.

Con tal motivo tenemos el muy satisfactorio de ofrecer a Ud. las

seguridades de mayor consideración.

 

Bartolomé Mitre

José Marcó del Pont           Ángel Justiniano Carranza

Alfredo Meabe                     Enrique Peña

Alejandro Rosa”

 

Ángel Justiniano Carranza publicó en La Prensa, el día 17 de junio de 1894 un encendido artículo bajo el título “Una página de bronce a la memoria del patriota Güemes”, en el que se refiere a la personalidad del héroe y aporta una amplia descripción de la medalla, informando que la misma había sido compuesta y dibujada, bajo la inspiración de los miembros de la Junta, por el hábil pintor Eduardo Cerrutti y grabada por José Domingo, reputado maestro entre los de su arte en el país, habiéndose dejado la acuñación al cuidado del ingeniero Sr. Eduardo Castilla, director de la Casa de Moneda de la Nación.

 

 

 

 

                   

 

 

 

 

 

 

Alejandro Rosa en su memorable trabajo “Medallas y Monedas de la República Argentina” (págs. 361/73) publicado en Buenos Aires en 1898 se ocupa de esta pieza, reproduciéndola, describiéndola en forma pormenorizada y agregando noticias sobre la vida de Güemes, incluyendo luego, el ya citado artículo de Carranza y otro que escrito por José Juan Biedma habíase publicado en La Nación el 16 de junio.

 

Me ocuparé ahora de algunos de los “polémicos” temas que surgen de la medalla:

 

1) Se consigna en la misma como fecha de nacimiento de Güemes el día 7 de febrero de 1785, sin embargo hoy en forma casi unánime se reconoce como fecha de nacimiento el día 8.

Reza en la partida de bautismo de Martín Miguel de Güemes

 

“En esta Santa Iglesia Matriz de Salta el 9 de febrero de 1785, Yo el Cura Rector más antiguo, exorcicé, bauticé y puse óleo y crisma a Martín Miguel Juan de Mata, criatura nacida de dos días e hijo legítimo de don Gabriel de Güemes Montero y doña María Magdalena de Goyechea y la Corte y fueron sus padrinos de agua y óleo don José González de Prada, Contador Ministro Principal de Real Hacienda y doña María Ignacia Cornejo y para que conste lo firmé. Dr. Gabriel Gómez Recio”

 

En la citada partida no figura el día del nacimiento por lo que algunos historiadores, Carranza entre ellos, sostuvieron que el nacimiento de Martín Miguel se produjo el día 7 y otros, que lo fue el día 8 de febrero.

El Instituto Güemesiano de Salta se pronunció por esta segunda fecha teniendo en cuenta que la iglesia celebra San Juan de Mata el 8 de febrero y que los descendientes del prócer afirmaron que, la familia siempre sostuvo que nació el citado día.

 

            2) El segundo tema “polémico” lo constituyen las condecoraciones que se colocaron en el pecho del héroe. Expresaba Carranza que eran las correspondientes a la defensa de Buenos Aires, Suipacha y Salta.

Existen más dudas que certezas sobre la posibilidad que algunas de estas condecoraciones le hubieran sido otorgadas o entregadas y que las hubiera usado en alguna oportunidad.

 

 

                        

 

 

 

 

 

 

 

Cabe hacer notar que si bien está acreditado que Güemes participó en la Reconquista y luego Defensa de Buenos Aires, no es menos cierto que lo hizo en el carácter de cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires y recién en enero de 1809 en reconocimiento a su actuación, se le concede el despacho de subteniente.

Ninguna constancia existe de que medalla alguna le fue otorgada en esa oportunidad, Fernando VII, a través de Suprema Junta Gubernativa de España e Indias, ordenó entregar a quienes “han contribuido a la gloriosa victoria que las armas de SM han conseguido sobre las enemigas…”, entre otros al cadete Martín Güemes, como premio un pequeño escudo de paño y seda, circular de seis centímetros de diámetro, con la figura del escudo de la ciudad de Buenos Aires en su centro, y a su alrededor la leyenda “RECONQUISTADOR Y DEFENSOR DE BUENOS AIRES” detalles todos éstos bordados en hilos de oro, plata y seda. El escudo que habría pertenecido a Güemes fue donado y se conserva en el Museo del Regimiento de Caballería Ligero 5 “Gral. Martín Miguel de Güemes” (Salta).

La supuesta medalla por la participación en Suipacha no constituye “una verdad histórica” sino “una reivindicación histórica” porque si bien la participación de Güemes en este primer triunfo argentino fue principalísima, por motivos aún hoy desconocidos, en los partes oficiales de Castelli y González Balcarce no mencionan la actuación del capitán Güemes, lo que lleva a suponer que ningún reconocimiento le fue otorgado.

Finalmente con relación a la medalla de Salta, suponemos que se trataría del premio que el Gral. Belgrano propuso por la Defensa de Salta, que consistía en una estrella heráldica militar de seis puntas y que diera origen al Decreto Nacional del 28 de noviembre de 1817, por el que el Director Supremo Gral. Martín de Pueyrredón distinguía a Güemes y a los defensores de la libertad en Salta.

Para Güemes toda en oro, para los comandantes y oficiales los brazos de la estrella en oro y el centro de plata, con pendientes de cintas celeste para lucir en el pecho, estrella que llevaba la inscripción “AL MÉRITO EN SALTA” y en su centro “AÑO DE 1817”, unida a la cinta por una corona de laureles.

Esta condecoración, sobre la que mucho se ha escrito, constituye el principal precedente del actual escudo de Salta, llamado Escudo de la Estrella pero a pesar del dictado del decreto respectivo y de las órdenes trasmitidas para la fabricación de las condecoraciones, a nuestros días no ha llegado ejemplar alguno de dicha pieza, dudando algunos de que fuera efectivamente acuñada y asegurando otros que nunca lo fue. Según el Dr. Luis Güemes (en Güemes Documentado, tomo 7, págs., 417/31), la estrella de oro nunca fue recibida por su antecesor el Gral. Martín Miguel de Güemes.

 

            3) Otro aspecto polémico lo constituye la imagen que de Güemes se grabó en el anverso de la medalla, si consultamos la opinión de quienes se ocuparon de la iconografía de Güemes, nos encontraremos con disímiles posiciones, así Carlos G. Romero Sosa sostiene que fue un retrato confeccionado por Flavio García en Salta, modificando el original retrato pintado por el francés Charton en el que Güemes aparecía vestido con traje de gaucho, el que, a pedido de Carranza, fue sustituido por el uniforme militar (de húsar, con alamares), opinión que no comparte el investigador coronel Leoni Houssay.

En verdad, es el propio Carranza quien nos proporciona la correcta información, ya que en el citado artículo publicado en La Nación da su testimonio adjudicando el dibujo a Eduardo Cerrutti, miniaturista y retratista italiano que había fijado su residencia en Buenos Aires hacia 1887, cuyas iniciales fueron grabadas en el reverso de la medalla al costado derecho del exergo, dibujo cuyo paradero es hoy desconocido.

 

            4) Algunos historiadores han sostenido que la figura central representada en el reverso no es otra que la de Güemes vestido de gaucho con sombrero y poncho, dirigiendo la carga de los “Infernales”, sobre este punto nada nos dicen los que participaron en la concepción de la medalla, pero resulta sugestivo que en el anca de ese caballo con claridad se advierta la marca de ganado utilizada por el Gral. Güemes y que consistía en un dibujo muy similar a un número 3 invertido.

 

 

           

 

Lo expuesto precedentemente pone en evidencia la relación estrecha entre la medallística y la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1931

Inauguración del Monumento Nacional en Salta

 

 

 

 

 

 

 

ANVERSO: En el campo, reproducción de la estatua ecuestre que corona el monumento, perfil izquierdo, fondo de cerros. Anepígrafe. Sin gráfila.

REVERSO: En el campo, encerrada entre ramas de laurel frutado, en nueve líneas la leyenda: / .XX.II.MCMXXXI. / MONUMENTO NACIONAL / AL / GENERAL DE LA INDEPENDENCIA / MARTIN GÜEMES / EN / SALTA /. PRESIDENTE DE LA NACION / TENIENTE GENERAL JOSE F. URIBURU /. Sin gráfila.

METAL: Plata dorada.

MODULO: 61 mm.

PESO: 72.50 grs.

ARTISTA: V. GARINO (en el exergo del anverso).

ACUÑADA en: Casa de Moneda de la Nación.

EJEMPLARES ACUÑADOS: 90.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1931

Inauguración del Monumento Nacional en Salta

 

 

 

 

 

METAL: Plata            PESO: 70 grs. EJEMPLARES ACUÑADOS: 60.

 

 

 

 

1931

Inauguración del Monumento Nacional en Salta

 

 

 

 

METAL: Cobre          PESO: 74.50 grs.        EJEMPLARES ACUÑADOS: 200.

NOTA: Se acuñaron también 10 ejemplares en oro, 110 grs. Y 100 ejemplares en cobre plateado, 75.50 grs.

 

 

            2. Inauguración del monumento al general Güemes en Salta

 

El 17 de junio de 1885, don Ángel Justiniano Carranza inicia un movimiento procurando el reconocimiento del héroe nacional Martín Miguel de Güemes y la construcción de un monumento ecuestre en Salta, así durante la “velada conmemorativa del histórico 17 de junio de 1821” lanzó la idea de levantar el citado monumento, para lo que se formaron tres comisiones que habrían de impulsar la iniciativa.

Los enfrentamientos entre partidarios y adversarios, produjeron diversas modificaciones en cuanto al lugar adecuado para el emplazamiento del mismo. Inicialmente se pensó en la plaza principal, la plaza 9 de julio. En 1910 una nueva comisión insiste en ese emplazamiento pero al suscitarse discusiones en el seno de la misma se decidió levantarlo en una plaza creada frente al edificio de la entonces Casa de Gobierno (hoy sede de la Legislatura), que fue denominada “Plaza Güemes”.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajo el gobierno de Joaquín Castellanos, el 17 de junio de 1921, entre los actos conmemorativos del centenario de la muerte del prócer, se colocó la piedra fundamental del monumento en el centro de dicha plaza.

Nuevas polémicas se desataron y el monumento se postergaba, hasta que la propuesta del Dr. Ernesto Padilla logró concitar adhesiones en el sentido de crear al pie del cerro San Bernardo la “Plaza de los Suburbios”, la que fue inaugurada en 1926. Allí finalmente se emplazaría el monumento.

El concurso convocado por la Comisión Nacional fue ganado por el escultor Víctor J. Garino, quien había visitado con propósitos artísticos y científicos conjuntamente con su pariente el sabio entrerriano Juan B. Ambrosetti, el norte argentino. El escultor estudió prolijamente las características del caballo que habría de portar la estatua de Güemes, se documentó en forma acabada sobre la envergadura, la fisonomía, las costumbres del Gral. Martín Miguel de Güemes, contó con la colaboración de numerosos historiadores y el testimonio de antiguos pobladores para imaginar las escenas que habría de plasmar en los bronces que integrarían el monumento.

Tanto la figura ecuestre, como los bien perfilados y originales relieves fueron fundidos en el Arsenal de Guerra de la Nación. Las tareas de construcción fueron encomendadas a la Dirección General de Arquitectura y realizadas en coordinación con el escultor. Luego de diversas modificaciones tanto en el tamaño como en el revestimiento del fuste, se colocó la estatua de Güemes en su pedestal, finalizándose las obras el 11 de diciembre de 1930.

Varios articulistas se han referido a las piezas que se acuñaron con motivo de la inauguración del monumento, pero ninguno de ellos aportó datos sobre la autoría artística de dicha medalla, ni sobre el taller en el que habría sido acuñada. La curiosidad y un dejo de suerte nos permiten hoy brindar información sobre el particular.

La medalla ostenta en el anverso una fiel reproducción de la estatua ecuestre que corona el monumento y en el reverso las leyendas indicando la fecha de inauguración, esto es el 20 de febrero de 1931, bajo la presidencia del Tte. Gral. José F. Uriburu.

Esta pieza, que es considerada una de las más bellas, denota que su autor era un escultor de exquisita formación. Hoy, sin duda podemos afirmar que el autor de los platos con los que se fabricaron los cuños de esta medalla, fueron de autoría del ya citado Víctor J. Garino.

 

Víctor J. Garino

 

En el exergo del anverso, de forma tenue en algunos casos y apenas perceptible en otros se observa la leyenda /V. GARINO/, ello nos permite afirmar que solo a él cabe atribuir la paternidad artística de la pieza.

 

 

 

 

 

 

 

 

           

 

 

 

 

 

 

Se había fijado como fecha para la inauguración el día 20 de febrero de 1931. La investigación realizada nos permitió acceder a documentos que acreditan que las medallas fueron acuñadas en la Casa de Moneda de la Nación.

A pedido de la Dirección General de Arquitectura, el 12 de enero de 1931, la Casa de Moneda elabora un presupuesto por la confección de dos cuños, uno con el anverso y otro con el reverso según reza el mismo “Según modelo remitido”, presupuestando cada medalla de oro de 110 grs. en la cantidad de $ 236,90 las de plata de 70 grs. en $ 13,15 y las de cobre de 100 grs. en $ 1,90.

Otro presupuesto de fecha 15 de enero de 1931 consigna que se cobraría por el dorado de 50 medallas de plata $ 1,00 por cada una y por el plateado de 100 medallas de cobre $ 0.50 por cada una

El 27 de enero de 1931 el jefe de talleres solicita al director de la Casa de Moneda la adquisición del oro y la plata necesarios para la confección de las medallas.

En la memoria de la Casa de Moneda de la Nación correspondiente al ejercicio 1931 se expresa: “El día 27 de enero de 1931 se empleó por primera vez la máquina de reducir para hacer trabajos relativos a la confección de medallas”.

“El primer trabajo fue la reducción y grabado de un cuño para el anverso de la medalla conmemorativa de la inauguración del monumento al Gral. Güemes, en Salta”.

“El 21 de febrero se entregaron a la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, las siguientes medallas de 6 cm. de diámetro:

      

     Medallas de oro                               10

     Medallas de plata dorada                 90

     Medallas de cobre plateado                       100

     Medallas de plata                             60

     Medallas de cobre                          200

        Total                                                       460

 

Resulta curioso que produciéndose la inauguración el día 20 de febrero, la Casa de Moneda hubiera entregado las medallas al día siguiente de la inauguración. Otros documentos hacen dudar sobre si la entrega se efectuó efectivamente en esa fecha o si fueron entregadas con anterioridad y recién se tomó nota en la fecha que consigna la memoria. Existen en la Casa de Moneda dos balances de Tesorería, uno de oro correspondiente a 1931 que menciona:

“21 de febrero de 1931. Nuestra entrega en 10 (diez) medallas para la inauguración al Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 900. Peso bruto: 1078 grs. Fino gramos: 970,200 grs.”.

“21 de febrero de 1931. Nuestra entrega en dorado de medallas de plata para la inauguración del Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 90-. Peso bruto; 31.345 grs. Fino gramos: 28.210.05 grs.”.

“Balance de plata, 1931. 13 de febrero: Nuestra entrega en 150 medallas para la inauguración del Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 900. Peso bruto: 10.500 grs. Fino gramos: 9.450.00 grs.”.

“Nuestra entrega en baño dado a 100 medallas de cobre para la inauguración del Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 900. Peso bruto: 110 grs. Fino gramos: 99.00 grs.”.

Este documento pareciera indicar que al menos las medallas acuñadas en cobre y en plata, habrían sido entregadas el día 13 de febrero, con lo cual pudieron obsequiarse a los asistentes al acto del día 20, al tiempo de la inauguración.

Este acontecimiento tuvo varios ausentes, uno de ellos el más grande historiador sobre la vida y obra del Gral. Martín Miguel de Güemes, don Bernardo Frías, quien había fallecido el 17 de diciembre de 1930. Y también los descendientes del Gral. Martín Miguel de Güemes a raíz de la detención en Buenos Aires del Dr. Adolfo Güemes –nieto del General- lo que motivó el enojo y ausencia de los familiares, a pesar de que el Gral. Uriburu había ordenado la libertad del mismo para que pudiera asistir a los actos. Como los medios de comunicación eran precarios, los familiares del Dr. Adolfo Güemes residentes en Salta tomaron conocimiento de su detención, no así de su liberación, por lo que no asistieron al acto inaugural del Monumento.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CARRANZA, Ángel Justiniano: “Una Página de Bronce”. La Prensa, 17 de junio de 1894.

GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”. Tomos 1, 6, 7 y 12. Ed. Plus Ultra. Buenos Aires.

LEONI HOUSSAY, Luis Alberto: “Iconografía del General Martín Miguel de Güemes”. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta Nº 08. Salta, 1984.

LIBRO DE NOTAS DE TALLERES DE CASA DE MONEDA DE LA NACIÓN, 1931 y MEMORIA DE CASA DE MONEDA DE LA NACIÓN, 1931.

OLIVEIRA CEZAR, Filiberto de: “Güemes y sus Gauchos”. Buenos Aires, 1895.

PERDIGUERO, César: “Antología del Cerro San Bernardo”. Fundación Etchart. Salta, 1984.

ROMERO SOSA, Carlos G.: “Iconografías Norteñas de Belgrano y Güemes”. Boletín Instituto Bonaerense de Numismática Nº 10.

-- “Orígenes y Ejecución del Monumento al General Güemes en la Ciudad de Salta”. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta Nº 06. Salta, 1982.

ROSA, Alejandro: “Medallas y Monedas de la República Argentina. Imprenta Biedma e Hijos. Buenos Aires, 1898.

SARAVIA TOLEDO, Rogelio W.: “El Rostro de Güemes”, en “Distintas miradas sobre Martín Miguel de Güemes”. Salta, 2002.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 17 de junio de 2008

 

 

            Adhesión y asistencia del Instituto Güemesiano de Salta a los actos organizados por el Gobierno Provincial a las 9,00 de la mañana. Representado por miembros del Consejo Directivo y socios, el Instituto asistió al Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral Basílica y al posterior desfile ante el Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes, en Av. Uruguay.

            El Instituto Güemesiano programó el acto académico a las 19,00 en su sede de España 730. La apertura con palabras alusivas al aniversario del fallecimiento del general Martín Miguel de Güemes, estuvo a cargo de la profesora Ercilia Navamuel. Luego se cumplió la entrada de banderas y se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y el Himno a Güemes.

            Seguidamente, se abrió la sesión pública con la conferencia La gran Gesta Güemesiana en la lucha por la Independencia, vista por el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield”, a cargo del escribano Víctor Fernández Esteban. Continuó el profesor Matías Jorge, que habló sobre “El general José de San Martín en Salta”, y la profesora Mirian Gutiérrez, disertó acerca de “El legado Dr. Adolfo Güemes y la Escuela Agrícola. Se finalizó con el retiro de las banderas y entrega de material bibliográfico a cada uno de los asistentes.

 

 

 

LA GRAN GESTA GÜEMESIANA EN LA LUCHA

POR LA INDEPENDENCIA, VISTA POR EL

DOCTOR DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD

 

 

Víctor FERNÁNDEZ ESTEBAN ·

 

Dalmacio Vélez Sarsfield nace en Amboy, hoy en el departamento de Calamuchita, provincia de Córdoba el 18 de febrero de 1800 y Martín Miguel de Güemes en la ciudad de Salta, en la actual calle Balcarce 51, donde vivía su familia, el 8 de febrero de 1785. Sarmiento en una biografía sobre Vélez diría que nació en 1801 y aquí durante años se discutió si fue 7 u 8 de febrero el día del nacimiento del general. En vista de ello diré que escuché de labios del licenciado Luis Oscar Colmenares la conferencia pronunciada el 8 de febrero de 2000 en el Cabildo Histórico de Salta en el 215 aniversario del nacimiento de Güemes y en conmemoración al bicentenario del natalicio de Vélez, titulada “Dalmacio Vélez Sarsfield autor del primer homenaje a Güemes”.

En ella hizo exposición de una faceta, que para los que estudiamos Derecho, nos era totalmente desconocida. Se refirió a la polémica mantenida con Mitre, a raíz de la publicación de su Historia de Belgrano, en la que el abogado, general y masón aparece como un deslucido personaje. Colmenares exhumaba así un texto que parecía tornar en superficial el esfuerzo de muchos por la prístina idea de libertad encendida en la Revolución de Mayo. Allí apuntaba la brillante disertación, a la que quiero aportar otros conceptos y reflexiones, acaso para tratar de comprender la magnitud de la gesta de Martín Miguel de Güemes.

Hace un tiempo pude dar con un libro de una colección titulada Grandes escritores argentinos donde recoge Páginas magistrales de V. Sarsfield con prólogo de Domingo Faustino Sarmiento, editado en Buenos Aires en 1944. Dice el autor del Facundo en la última línea del discurso con el que despide los restos del ilustre cordobés: “El Dr. D. Dalmacio Vélez Sarsfield ha salvado con el asiduo trabajo de medio siglo, estas barreras naturales, y su nombre, sus trabajos y sus libros, lo harán vivir con nosotros, nuestros hijos y los de otros países, por una larga serie de años, sino por siempre, mientras haya leyes, crédito y comercio, que tanto favoreció. ¡Adiós, viejo Vélez!”

Sarmiento le había propuesto, como presidente de la República, un cargo en el gabinete nacional, a lo que aquel contestó: “… ¿Viene usted buscando el latín?” Esta es la caracterización más acertada que pueda haber del Vélez hombre y del Vélez el hombre para el futuro. Cuando el licenciado Colmenares se refiere al homenaje a Güemes, a muchos nos quedó en claro que había que releer el texto publicado en El Nacional.

Aracelli Bellotta en su novela Aurelia Vélez. La amante de Sarmiento, afirma que Urquiza le dio el dinero para la empresa editorial. Así se lee en dicho libro: “Es que para la joven Aurelia, de dieciséis años, nada de lo que estaba ocurriendo en el país le era extraño. Su padre hacia tiempo que estaba en contacto con Urquiza, de quien había recibido una subvención para fundar el diario El Nacional, y más de una vez lo había escuchado conversar con Domingo Sarmiento -un amigo sanjuanino de la época del exilio cuyos escritos y opiniones deslumbraban especialmente a Aurelia- de que por fin se iniciaría la gran obra de la constitución de la República, igual que se hablaba en los tiempos de Rivadavia, nombre venerado en el hogar de los Vélez Sarsfield.” La mención al primer presidente, Rivadavia, es útil para tomar cuenta de la actuación pública de Vélez Sarsfield y de calificarlo como un auténtico testigo de su tiempo, fiel en todo sentido, y con la impronta de haber estado donde se desarrollaba la historia.

El joven Dalmacio se matricula en el Colegio Monserrat en Córdoba donde alcanza los grados necesarios para ingresar a su universidad y de ella egresar con el título de Bachiller en Leyes. No consigue nunca el de doctor en leyes y en teología, atribuidos por Sarmientos en la mentada biografía. Sí hace la práctica necesaria para poder litigar y luego, con poco más de veintidós años, emprende una carrera pública con bien afianzados conocimientos. Su hermana, a la sazón casada con el gobernador de San Luis, le permite ser elegido, -digamos: designado- diputado por esa provincia. En Buenos Aires, empieza a brillar su genio de conocedor del latín, del derecho y de la diplomacia, que con un carácter parco, lo tornará reservado e irónico en los debates. Rivadavia lo acoge como un joven promisorio y Vélez le responde convencido de que el pensamiento liberal era el adecuado para estas provincias que apenas había superado la sorpresa de saberse dueñas de su destino.

Una semblanza de la anarquía está reflejada magistralmente por Jorge Luis Borges en su Poema Conjetural: “Zumban las balas en la tarde última. / Hay viento y hay cenizas en el viento, / se dispersa el día y la batalla / deforme, y la victoria es de los otros. / Vencen los bárbaros, los gauchos vencen…”. En tanto Vélez lee con fruición a los autores ingleses que escriben sobre economía para afianzar su triunfante revolución industrial. Así llega a la cátedra de economía política en la Universidad de Buenos Aires. Eran épocas de Rivadavia, de la lucha contra el Imperio del Brasil, y de la magnífica oportunidad que desdeñaron los militares que habían quedado del glorioso Ejército del Perú encerrados en las luchas fraticidas. Y así también se empezaba a tomar conciencia de que a nadie le interesaba pensar en algo más que en mantener las viejas prerrogativas de la colonia pero bajo formas acaso más novedosas de nada hacer. Porque “…triunfaron los propósitos disolventes de los caudillos sobre los anhelos de orden y organización de Rivadavia”. Apunta un erudito estudio de Enrique Martínez Paz.

 

 

1. Polémica histórica

 

Dice: “En un libro de historia de la revolución…” acaso parafraseando al comienzo del Quijote: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” que “Este juicio injurioso y calumniante a los pueblos del interior, está copiado de la obra del general Mitre Historia de Belgrano, y el general Mitre lo toma a la letra de un oficio de Belgrano al Gobierno General”. Allí se abre la disputa. La referencia a Belgrano, que tanto irritó el espíritu de Vélez, está tomada de una comunicación en la que le dice que, ya en la provincia de Jujuy, no ha encontrado sino “…quejas, frialdad e indiferencia y que (…) preferirían a Goyeneche por mejorar su suerte…”. Así como hoy las declaraciones sacadas de contexto hacen perder gobiernos, así esas afirmaciones hicieron tomar otros rumbos a la opinión de la incipiente República. Más, nos sorprende el conocimiento de la provinciana de Vélez. Contradictorio hombre que habiendo renegado del interior a los momentos de su amistad con Rivadavia, quiera perdurar por rescatar la real nación. Hay factores que nos hacen pensar que pudo más la sangre que el intelecto y uno de ellos fue cuando en el artículo de marras dice: “… Lucena y Vélez se defienden heroicamente esperando ser auxiliados a tiempo por Viamonte; mueren allí con todo sus soldados sin admitir capitulación alguna, después de dejar tendidos más de 300 soldados del ejército español. Cuando la noticia de la pérdida de la batalla y de la muerte del capitán Vélez, natural de Córdoba llegó a aquella ciudad, todo el pueblo se agolpó a la casa de su familia ¿A qué? A felicitarla, a darle los parabienes por la gloriosa muerte del capitán Vélez, dispuestos todos a seguir su ejemplo”. No nos dice que fue su hermano el difunto y heroico hombre que había quedado en el Alto Perú. Su grandeza era tal que omite la referencia, no por parco, sino por hombre del Derecho a quien por la cita le corresponderían las generales de la ley. Critica la actitud de Belgrano, a quien la suerte le había sido esquiva pero salva su honor y entrega, admitiendo que hubo de tener más inteligencia que mando para lidiar con los restos del glorioso Ejército del Perú. Vélez no se queda en la anécdota de las guerras desiguales. Analiza y pondera las posibilidades a la luz del momento en que Belgrano esperaba tener consenso para imponer a un hijo del imperio incaico para las Provincias Unidas del Río de la Plata, mientras otros buscan afanosamente en la rubia Albión un manto protector para estas crueles provincias. Así los que estaban esperanzados en dicho favor ansiaban que se asociaran estas lindes del mundo a la política inglesa bajo el tilde de socios en el libre comercio. No en vano la similitud del plan de Maitland con el plan continental de San Martín pueden crear dudas o acercar posiciones, pero que en nada invalidan la ingente premura por tener ganada la independencia por sobre la libertad.

El texto de defensa de las provincias de la incipiente Argentina cobra vigor en la letra de Vélez, un cordobés arropado con lo mejor del latín, de las leyes de la vieja Europa y el modelo de la incipiente democracia de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

 

2. El tiempo pasado

 

Podemos imaginar mucho, pero nada comparado con lo que el erudito hombre del Derecho, de pronunciada tonada, tenía en ciernes. Cuando se refiere a Güemes, y he ahí el nudo de la conferencia de Colmenares, lo hace con conocimiento de causa. Recordamos que uno nace en 1800 y otro en 1785, es decir son sólo quince años de diferencia. Poco, y a la vez muchos, en aquellos tiempos. Cuando Vélez está rindiendo sus materias en la universidad, Güemes está luchando contra el godo invasor. Y recordemos un instante la voz torrentosa de Jaime Dávalos diciendo: “Vendrá esta vez del norte / el godo artero / en una noche lloviznosa y fría / en que un Judas te vende por dinero…

 

 

3. ¿Quién acompañaba al héroe gaucho en la historia?

 

A Güemes lo acompañaba el olvido y una parte de la gente que no estaba para ser tomada como referencia por los altos mandos. Nos apoyamos en dos supuestos, el uno, en una sociedad que no podía comprender un esfuerzo que no tenía destino inmediato, y el otro, en una clase social desclasada, los gauchos.

Dice Sara Mata en su libro Los gauchos de Güemes, desde una óptica superadora en cuanto a análisis: “La insurrección generó sus propios líderes, muchos de ellos de disímiles orígenes y trayectoria diferentes, poseedores de capacidad de sumar hombres a las milicias que enfrentaban a las fuerzas realistas (…). No es extraño entonces que siempre se atribuyera al “patriotismo” la razón por la cual estos hombres luchaban contra la “opresión” española. Sacerdotes, pequeños productores, jueces rurales, estancieros vecinos, jefes de las milicias locales e incluso esclavos, peones y arrenderos alcanzaron entre pares y subordinados al influjo necesario para convertirse en referentes capaces de movilizar y de adquirir por este medio la posibilidad de trascender las limitaciones impuestas por su condición social”.

Queremos decir que la clase social, si es que puede considerarse clase a un grupo de gente que estaba fuera del canon del tiempo, no tenía conciencia de su espacio. La preocupación estaba en obtener un mejor pasar, en no pagar el arriendo, en tener tierra de pastoreo y en que las mieses y los ganados crecieran por la mano y el trabajo de Dios y no por el propio. No debemos apartarnos de la idea de una sociedad que esperaba todo de la corona. La fuerza social denominada: los gauchos, fueron una parte de la sociedad que tenía, salvando las distancias, los mismos orígenes, futuro y hasta presente que los actuales. Dice Mata “Cualquiera que fuese la razón de esta denominación, lo cierto es que entre estos “gauchos” de Salta se encontraban negros, mulatos y pardos, algunos esclavos, tributarios indios de procedencia altoperuana radicados en Salta, españoles o “blancos” pobres y mestizos, mayoritariamente arrenderos y agregados, no faltaron tampoco peones junto con pequeños y medianos propietarios. Igualmente participaron milicianos del Alto Perú que llegaron siguiendo en su retirada al Ejército Auxiliar. De este modo la composición étnica y social de estas milicias fue muy heterogénea”.

 

 

4. La edad de la razón

 

Vélez tenía veinte años cuando muere Belgrano y veintiuno cuando muere Güemes. Está en lo mejor de su carrera universitaria y con la mira puesta en ampliar sus horizontes. Recordemos que las invasiones realistas se habían ensañado con el territorio de Salta, Jujuy y el Alto Perú. Belgrano estaba en Tucumán y Güemes mantenía, como podía, con la guerra de guerrillas a raya a las huestes de España. Mientras se educaba y participaba de la intelectualidad cordobesa, nuestro jurista veía la desintegración de las provincias que abjuraban a viva voz de cualquier lazo con el puerto. El pensamiento unitario y el federal buscarían, por caminos separados, un lugar que arrastraría por años demasiada desinteligencia y atraso.

 

 

5. El Nacional

 

A la caída de Rosas las grandes ciudades, Rosario Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, tienen un particular sentido de la información. Pululan periódicos y diarios de reducida tirada que se escriben al fragor de las luchas de unitarios y federales. Anónimos, libelos, brulotes y sueltos son la mejor prosa y la fuente vital para comprender lo que ocurría. En una respuesta a Evaristo Carriego, redactor del Progreso, -y abuelo del poeta a quien Borges hiciera trascender al rescatar el viejo Palermo- salta el genio levantisco de Vélez. “…Ud. afirma que durante 30 años yo he combatido la integridad de la Nación y que he sido uno de los que más a cooperado a la desmembración del país. (…) Ud. ha hablado sin antecedente alguno de mi vida pública…Yo era el más joven de los diputados que dio la Constitución del año 26. Provinciano recién venido a Buenos Aires, tuve la felicidad de contar con la estimación muy manifiesta del señor Rivadavia (…) Era un apasionado partidario de aquella administración y sin mucho examen voté el 18 de agosto de 1827 la disolución de la Nación, porque así lo aconsejaban los jefes del partido unitario. Esta es toda mi culpa, pero es la única culpa que debo reparar (…). A ese voto lo di en 1827, lo continuáis, señor, por 30 años, lo cargáis con una exageración que cae en el anacronismo. En esta última fecha fundé “El Nacional” (1852) y en sus primeros números traté en varios artículos de los efectos fatales que había traído al país el aislamiento de Buenos Aires de los demás pueblos (…) y podía enumerar como lo hacía el territorio que había perdido desde entonces; podría recordar las deudas que gravaban al Estado, los sufrimientos y los martirios de los hombres en esos largos años; las guerras civiles que habían sucedido, y la despoblación consiguiente a tanta sangre como la que se había derramado”.

 

 

6. La medida de la respuesta

 

Vélez Sarsfield afirma: “La historia de la revolución ha obtenido un importante ensanche, con motivo del artículo que escribimos sobre el General Güemes, indicando ligeramente sus servicios para que en adelante, en los libros que se escribieran sobre nuestra historia no se dijera que Güemes debía su celebridad al caudillaje (…). Que los generales San Martín y Belgrano lo nombraron jefe de la vanguardia en la provincia de Salta; que desde la primera invasión del ejército español después de las tres derrotas consecutivas de nuestros ejércitos en Vilcapugio, Ayohuma y Sipe-Sipe, Güemes sublevó toda aquella provincia en masa y que entonces fueron innumerables los gloriosos y desiguales combates que sostuvo; que atacó al enemigo en sus mismas fortificaciones y lo obligó a abandonar aquella provincia en 1817 con la pérdida de la cuarta parte del numeroso ejército español; que en las sucesivas invasiones a Salta de otros ejércitos españoles, pusieron nuevamente a prueba la constancia de su famoso caudillo…”. Agrega: “La actitud de Güemes desde 1817 en aquella parte de la República es única en la historia de la independencia de los pueblos de América.”

“Mitre, -dice Vélez- recurre a la ridiculización para tratar de hacer caer la figura del héroe, habla de su defecto en la voz, del carácter despótico de su mandato de gobernador, en fin dice, como se dice del historiador de Marco Aurelio, de retoque en retoque, de cortesía a severidad y de allí a la injusticia para acabar en la inexactitud”. Y da como ejemplo a Alvear que celebra las Pascuas colgando en la Plaza de la Victoria al capitán Úbeda por haber hablado mal de él en un café. Pero lo absuelve expresando: “Todo poder era absoluto y mucho más si se trataba de la patria”. Se detiene en la famosa desobediencia de Güemes y no solo la justifica, la pondera y la ensalza porque con actitudes, que como la de Rondeau, dan razón a no respetar ese orden jerárquico. Por ello dice en su artículo que: “… si la obediencia es la primera regla de un ejército, la desobediencia se justifica con el resultado”. Cita a Arenales y las Republiquetas en el Alto Perú y la gran victoria de La Florida y a la posterior soledad de Arenales, de quien hoy sólo tenemos un monumento en la Plaza 9 de Julio y una perdida calle. Resalta la triste experiencia de la obediencia en Belgrano cuando distrae al Ejército del Perú para luchar en la guerra civil en Santa Fe. Y la magnífica desobediencia de San Martín que sólo llega hasta Río Cuarto, en Córdoba, y regresa sobre sus pasos para no unirse a las luchas intestinas que debilitaban las ideas de la Revolución de Mayo. Más aún, cuando Mitre meritúa la actitud de Belgrano en Tucumán como apoyo de Güemes, Vélez dice que no hizo demasiado por la lucha en vista a que no se movió del lugar y que desde el 17 al 20 hubo de vérselas el general gaucho con los realistas sin auxilio alguno. Los números pasan los tres mil (hombres) y sin colaboración, entonces, se pregunta Vélez, de qué estrategia se puede hablar para hacer posible la libertad en esta parte del mundo. Otro detalle interesante es su conocimiento, directo o indirecto de los acontecimientos. Dice: “El historiador de Belgrano enumera las invasiones del ejército español desde 1817 hasta la muerte de Güemes, como si solo hubieran venido a pasear a Salta (…) El número que hemos dado, lo tenemos de personas muy respetables de Salta, testigos presenciales en aquella época y relacionados con los jefes españoles.” El codificador afirma de Güemes que: “Es el único soldado que defiende ya la revolución de Mayo, el único que después de la sublevación del ejército del Perú enarbolaba y defendía con su sangre la bandera argentina”.

 

 

7. Parecer lo que pareciera

 

La historia que Vélez defiende es la historia de los aciertos y errores del interior de la nación que se estaba formado, de lo que ocurría y de lo que se desconocía, donde nadie puede decir que estaba para arrojar la primera piedra. Eran tiempos de fuerza, de violencia y de derechos en ciernes. Tendría que pasar mucho tiempo para que el país, como gustada decir, tuviera un asomo al proyecto de nación. ¿Qué hemos recogido de esas luchas cuerpo a cuerpo entre la intelectualidad y la barbarie? nada.

 

 

8. “Vélez viator”

 

Enrique Martínez Paz en su obra Dalmacio Vélez Sarsfield y el Código Civil Argentino: “Sin embargo, no fueron para el presidente Sarmiento todos sus actos, de lucha y sacrificio. La visita que hizo a Córdoba para inaugurar, en compañía del ministro Vélez, la exposición nacional, le puso de manifiesto que la opinión de las provincias lo acompañaba francamente; en ésta como en la visita que hizo el general Urquiza atravesó en marcha triunfal por las provincias y fue recibido con las muestras de mayor afecto (…). Durante el ministerio de Vélez se construyeron telégrafos y caminos hierro (…). Por eso cuando Sarmiento al recordar su obra (…) lo llamó al modo de los viejos romanos “Vélez viator”. Por aquellos años terminaba el Código Civil y estaba próximo a entrar en vigencia el Código de Comercio.

 

 

Conclusión

 

Que un hombre del Derecho se ocupara de las gentes y las provincias fue un incipiente signo de madurez y erudición en cuanto a imaginar una patria. Así como lo fueron la Generación del 27 junto a los primeros presidentes constitucionales y la Generación del Ochenta, que con paz y progreso delineó el contorno definitivo de la República. Que la acción de Belgrano, a quien la historia trató con desigual fortuna, y la gesta de Güemes, apenas comprendida, sean el incentivo para construir una nación para todos los hombres de buena voluntad que aún piensen que lo mejor está por venir.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BELLOTTA, Araceli: “Aurelia Vélez. La amante de Sarmiento”. Planeta. Buenos Aires, 1998.

BORGES, Jorge Luis: “Obras Completas”. Emecé Editores. Buenos Aires, 1980.

COLMENARES, Luis Oscar: “Dalmacio Vélez Sarsfield. Autor del Primer Homenaje a Güemes”. Conferencia. Instituto Güemesiano de Salta. Salta, 2000.

CORNEJO, Atilio: “Historia de Güemes”. Segunda Edición. Salta, 1971.

MARTÍNEZ PAZ, Enrique: “Dalmacio Vélez Sarsfield y el Código Civil Argentino”. Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Córdoba, 2000.

MATA, Sara Emilia: “Los gauchos de Güemes. Guerra de Independencia y Conflicto Social”. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 2008.

MITRE, Bartolomé: “Historia de Belgrano”. Biblioteca La Nación. Volumen 34. Quinta edición. Buenos Aires, 1902.

VÉLEZ SARSFIELD, Dalmacio: “Páginas Magistrales”. Prólogo de Domingo F. Sarmiento. W. M. Jackson Inc, Editores. Buenos Aires, 1944.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL LEGADO DEL DOCTOR ADOLFO GÜEMES:

ESCUELA AGRÍCOLA

 

 

 Mirian Violeta GUTIÉRREZ ·

 

En este momento me cabe abordar los alcances y límites entre dos realidades: aquel pasado histórico llamado Finca El Carmen y nuestra presente Escuela Agrícola. El tránsito temporal referido, no es más que la conjugación de una visión retrospectiva proyectada al bien común. Es decir, el espacio topográfico que actualmente ocupa el establecimiento educacional antes mencionado, es también el espacio de una parte que nos evoca al pasado.

Nada más para ponernos en contexto. Transcurría el siglo XVIII, y en el actual Noroeste Argentino, perteneciente a la antigua gobernación del Tucumán, se podía observar un crecimiento económico, como consecuencia directa de la política modernizadora borbónica, logrando un aumento de la producción minera y agropecuaria, además de una gran reactivación comercial.

Producto de este crecimiento económico, lo refleja el mapa arquitectónico que muestran las antiguas casonas estilo colonial, y precisamente a dos leguas de la ciudad se encontraba una de ellas, para ubicarnos, actualmente hablamos de la zona suroeste de la ciudad, camino al aeropuerto sobre ruta Nº 51, lo que nosotros conocemos como chacra El Carmen, en aquel entonces su propietario era don Pantaleón Aguirre y que más adelante la dejaría en herencia a sus hijos: Anselmo Félix, Isabel y María del Milagro.

En 1817 el predio de casi 300 (trescientas) hectáreas, pasó a ser la única propiedad adquirida por el general Martín Miguel de Güemes, así lo refiere Atilio Cornejo “no tuvo más que una pequeña chacra a dos leguas de la ciudad”, acto realizado ante el escribano público don Félix Ignacio Molina. Según los documentos la operación se concreta en 80 pesos fuertes, posteriormente, parte de la finca fue destinada al Vivero Municipal y por decreto Nº 2478 se declaró a la vieja casa Monumento Histórico Nacional.

Para completar este breve cuadro, cabe destacar la importancia histórica que tuvo esta zona en la guerra independista cuando las tropas realistas acechaban la ciudad de Salta. Supo el general Güemes ocupar la finca para el adiestramiento de sus milicias gauchas, como también fue escenario y punto estratégico para el desarrollo de las fuerzas de combate realizado en todo el valle de Lerma, además hay que entender la realidad de aquel entonces, la finca no sólo era juntas de ganado, era hogar, escuela y capilla, lo que evidencia una sociabilidad importante entre los grupos humanos, que aprovecharon muy bien esta cualidad para enfrentar al enemigo. Ahora bien, el doctor Adolfo Güemes, nieto del general Güemes, quien fuera además gobernador de la provincia de Salta durante el periodo de 1922 a 1925, realiza la siguiente gestión: “Por legado testamentario a favor de la Nación se dispuso donar la histórica chacra El Carmen para ser destinada a la construcción de una escuela agrícola-ganadera (mensura judicial Nº 62 matricula 2391) con el objetivo de beneficiar con la educación a los hijos del sector rural”, pero además, esta medida muy bien acertada, era impulsada ya por los representantes salteños en el Congreso de la Nación en 1895 y dice así : “¿Qué otra provincia hay que ofrezca mayor ventaja que la nuestra para establecer una escuela de agronomía?, Salta, cuyo suelo ofrece una variedad asombrosa de vegetación con todos los climas y latitudes, sería propicio y beneficioso para la provincia fomentar toda actividad agrícola” (El Cívico, Nº 1138).

Para una mejor comprensión, la Real Academia Española, define el concepto de Legado: “manda que en su testamento o codicilo hace un testador a una o varias personas naturales o jurídicas, una donación tiene fuerzas de la palabra cumplida para concretar el objetivo deseado”.

Así fue el pensamiento del Dr. Adolfo Güemes, con una clara visión de la problemática regional y un claro compromiso con la comunidad dedicada al trabajo rural, supo interpretar esta necesidad con la instalación de una escuela agrícola, que al efectivizarse la donación en 1945, se pone en marcha el proyecto iniciado por el Gobierno Nacional quien a través del ministerio de Obras Publicas Nacional y la Dirección Nacional de Arquitectura, contratan a la empresa Mazota y Cadu, para la ejecución de la obra.

Se inaugura el 17 de Mayo de 1952 (pero sus puertas se abren al año siguiente). En esta oportunidad, además de la presencia de las autoridades nacionales, asistió el gobernador Carlos Xamena, el arzobispo monseñor Tavella, una ilustre dama doña Francisca Eusebia Güemes de Arias, nieta del general Güemes, mas conocida como la mamama, así llamada en el cariño por los hermanos Arroyo (aquí presente entre nosotros la Sra. Hortensia Arroyo).

La infraestructura de la escuela, corresponde al complejo habitacional al mejor estilo americano, en un terreno de 287 hectáreas se construyeron 11.000mts2, este es un edificio para internado con amplia galería cubierta que conecta directamente a la escuela, allí funcionan siete grandes aulas, dos gabinetes y laboratorios, salón de actos, oficina, comedor cocina, lavadero, salón de esparcimiento, biblioteca, consultorio médico y odontológico, y enfermería; lo completan con una industria agrícola, un tambo, talleres de carpintería, depósito y secciones de trabajo didácticos y productivos, cunicultura, avicultura, apicultura, vivero, silos, además de tener un fortín que lo integran alumnos y docentes del establecimiento.

También están los espacios para el deporte: dos canchas de fútbol, una cancha de básquet, de hamboll y de paddle, todo ello rodeado de una asombrosa vegetación y arbolada con variedad de frutos típicos de la región.

La Escuela Agrícola Nº 5122 Gral. Martín Miguel de Güemes, en sus años de actividad tanto en el ámbito pedagógico, deportivo y cultural, a obtenido un alto prestigió social, a ella asisten casi 600 alumnos, muchos provienen del interior y de provincias vecinas que se les otorga el título de agrotécnicos, esto fue hasta 1993, actualmente pasó a ser bachiller con orientación en bienes y servicio; gran parte de su funcionamiento se realiza a través de su autofinanciación que se logra gracias a la producción de diversos productos lácteos: leche, queso, dulce de leche, dulce de callote, faenados de conejos y cerdos, que son vendidos en el mismo establecimiento. Cabe aclarar que el cuidado de los animales y cultivos requiere la presencia permanente de personal capacitado, alumnos en año avanzado y docentes del área taller tienen la tarea de controlar su funcionamiento los 365 días del año, es decir, la organización se basa en el sistema de turno para los días hábiles y los feriados, de esta manera se complementa el conocimiento de la teoría y la práctica que el alumno incorpora en su proceso de enseñanza. En el aspecto deportivo son numerosos los trofeos obtenidos mediante los concursos de campeonatos interprovinciales, como también los diplomas que obtuvieron en exposiciones de ganadería y productos regionales organizado por la Sociedad Rural Salteña, entre otras entidades del rubro. Lamentablemente la escuela agrícola no fue ajena a los vaivenes de la crisis del país, es por ello que algunas de su secciones, por ejemplo enfermería odontología, laboratorio, no funcionan. El edificio del internado lo ocupa la Escuela de Cadetes de la Penitenciaria de Salta, que el director ingeniero Aráoz lo cedió a cambio de la custodia y seguridad del establecimiento, como también otras carencias edilicias: pintura, mantenimiento de maquinaria, etc.

Para finalizar, y considerando todos estos aspectos, la Escuela Agrícola es un legado güemesiano a su gente, un tributo a la salteñidad, para que todos los niños, jóvenes, educadores y profesionales, accedan al manejo y conservación de los recursos naturales y tecnológicos utilizados en los procesos de producción que la escuela brinda, es también un legado al conocimiento de nuestra tierra, de nuestra historia, el lugar donde habitamos, donde desarrollamos el sentido de pertenecía e identidad, que en definitiva, es lo que nos hace ser argentinos conociendo lo nuestro, un escenario del pasado donde el general Güemes y sus milicias gauchas dejaron su huellas, es también el escenario del presente donde se levanta una escuela agrícola, dos formas de mantener nuestros valores, de nuestra historia que debemos recordar como ciudadanos salteños.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

DIARIO CUARTO PODER, Salta, 2007.

DIARIO EL CÍVICO, Salta, Diciembre 1895, Año V, Nº 1138.

DIARIO EL TRIBUNO, Salta, Agosto, 1998.

 

CORNEJO, Atilio: “Historia de Güemes”. Tercera Edición, págs.130 y 131.

SOLÁ, Manuel: “Memoria Descriptiva de la Provincia de Salta”, Buenos Aires, 1889.

ULLOA, Mónica: “Jujuy en la Historia, págs. 46-47. UNJU, 1995.

SALTA IV SIGLOS DE ARQUITECTURA Y URBANISMO, págs. 155.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL VALLE DE CALCHAQUÍ Y SUS PATRIOTAS. JUSTO HOMENAJE A TRES GUERREROS

DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA

 

 

 

 

 

 

            El comandante don Pedro Alcántara Ferreyra, nacido en Seclantás y dedicado a labores agrícolas, adhirió y abrazó la causa de la Patria desde el primer momento, participando en la Batalla de Tucumán y en otras numerosas acciones, pero principalmente pasó a la historia por convocar a los patriotas en la hoy Plaza de La Junta, en 1812, frente a la vieja casona de sus mayores en Seclantás, para organizar las milicias y planificar las acciones contra los realistas. Estuvo casado con doña Isabel Duenas, quién le dio al menos dos hijos (Archivo Leandro Plaza Navamuel).

            Además de este destacado guerrero de la Independencia, es justo recordar los nombres de tres próceres vallistos, los comandantes del Valle, coroneles don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza, de quién se trató en el Boletín Nº 31 del Instituto Güemesiano de Salta, don Luis Borja Díaz y don Bonifacio Ruiz de los Llanos, que incluiremos en las siguientes páginas de este Boletín Nº 33.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              

Escudo de armas de Díaz

(Ilustración de Da. Cecilia Ibarguren en base a las armas primitivas de la Casa solar de Díaz, de Bobia, provincia de León, según los heraldistas D. Alberto y D. Arturo García Garraffa)

 

Escudo: En campo de plata, un león rampante de gules empuñando un bastón de oro, perfilado de sable; bordura de gules con cinco flores de lis de oro.

 

 

 

 

                                                                                             

 

                       

 

 

 

 

 

Escudo de armas de Lea y Plaza

(Ilustración del heraldista D. Luis Mc Garrell Gallo en base a

representaciones de antiguos documentos y armoriales de Navarra)

 

Escudo cortado: 1º, jaquelado de plata y sable, que es de Lea

(o del Valle del Baztán); y 2º, en campo de plata, tres barras de oro, perfiladas de sable, que es de Plaza.

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PATRIARCA DEL CALCHAQUÍ

 

 

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL ·

 

 

                A mis hijos Ana Lourdes, Rodolfo Wenceslao

                y Juan de Dios Plaza Navamuel, que también

                llevan la sangre del Patriarca del Calchaquí

 

 

                                               “Podrán las tropas del rey destrozar nuestros campos,

                                               acribillar a nuestros soldados y plantar nuevos gólgotas en

                                               aras de la Independencia Americana, pero nunca doblegar

                                               el patriotismo de Borja Díaz, el valiente caudillo vallisto,

                                               que combate con empeño en Humahuaca”

                                                                                              Pedro Antonio Arias Velázquez, Junio de 1821

 

            En Salta, después de la Revolución de Mayo se crearon Unidades de Caballería en diferentes puntos, aunque muchas de ellas provisorias. En 1810, se registra la “Compañía Veterana. Partida de Fronteras”, “Asamblea de la Ciudad”, “Milicias Provinciales Patriotas”. En 1811 “Patricios de la Plaza”, “Compañía de Fronteras”, “Milicias Auxiliares del Fuerte Pizarro”, “Milicias de Orán”, “Dragones Ligeros de la Patria”, “Cuerpo de Húsares”, “Milicias de San Carlos”, “Milicias de Cachi”, “Milicias del Rosario de Cerrillos”, “Milicias de la Candelaria”, “Milicias de Chicoana”, “Milicias de la Frontera del Rosario”, “Regimientos de Dragones Patricios de la Plaza”, “Regimiento de Milicianos Voluntarios”, “Regimiento Provincial de Milicias de Salta”, “Milicias de Santa María”, “Dragones Patricios de Caballería de Salta”, “Compañía de Campo Santo”, “Compañía de Cerrillos”, “Milicias del Fuerte de Caraparí”, “Milicias Auxiliares del Regimiento de San Francisco”, “Milicias del Río del Valle”, “Milicias del Fuerte de San Bernardo”, “Tropas de la Frontera de Tarija”. En 1812 “Guarnición del Fuerte Ledesma”. En 1815 “Cuerpo de Gauchos”, “División Infernal de Línea”. En 1816 “Piquete de Artillería de Línea”, “Piquete de Gauchos de Jujuy”, “Granaderos a Caballo de Güemes de Línea”. En 1817 “División de Cazadores”. En 1820 “Estado Mayor de Línea”, “División de Santa Cruz”, entre otras. Cada una de estas Unidades era comandada por insignes próceres de la Emancipación Americana, muchos de los cuales aún permanecen en el olvido.

            Por eso, entre tantísimos héroes anónimos y poco o nada recordados, vale rescatar aunque sea en un resumen algunas de las facetas más significativas de un prócer invencible de nuestra emancipación, el coronel don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza, quien fue una de las figuras más destacadas de los Valles, habría de ser en su momento lugarteniente de Güemes, y considerado como el “Patriarca del Calchaquí” por los componentes de la falange patriótica de Salta[1].

            Don Luis Borja había nacido en el Valle de San José de Cachi (Salta) hacia 1770, en el distinguido hogar formado por el hacendado don Martín Díaz de Urmendía (natural y afincado en los Valles de arriba, Cachi y Seclantás, dedicado al comercio de mulares y también a la agricultura, fue dueño entre otras propiedades, de la estancia “Tin-tín Grande” la que en la posteridad heredaría su hijo el guerrero de la Independencia, capitán don José Mariano Díaz), y doña María Paula de Lea y Plaza de Texerina, ambos descendientes de los primeros conquistadores, descubridores y pobladores de América. En efecto, don Luis Borja era nieto paterno de don Domingo Díaz de Loria[2] y de doña Felipa de Urmendía, y nieto materno de don Miguel de Lea y Plaza[3] y de doña Rosa de Texerina. Cursó sus estudios en los claustros del colegio de San Diego (hoy convento San Francisco) de la ciudad de Salta, donde además cursó humanidades[4]. Posteriormente regresó a su pueblo natal en Cachi, residiendo también en Seclantás para ocuparse de las fincas de sus padres, en las que trabajó afanosamente. En “La Banda”, de Seclantás (Departamento de Molinos), poseyó un importante molino harinero que ya funcionaba en 1812[5].

            Al producirse la Revolución de Mayo expresó su adhesión, aportando dinero, hombres, animales y cosechas para el mantenimiento de las tropas. En tanto, don José Ignacio de Gorriti, le escribía a Díaz “Es necesaria la ayuda de esos Valles a las tropas en las cuales me hallo empeñado en formar - le dice, y agrega - Martín (de Güemes) y Toribio (Tedín) me han dado datos de la gente de por allí y me han hablado de usted diciéndome que es un eficaz y verdadero amigo de la causa de Mayo. Los del Rosario de Lerma también se ofrecen a prestarme ayuda y especialmente don Hermenejildo Diez y don Jorge Torino, vecinos de calificación y de méritos”. Don Borja estuvo de esta manera entre los primeros salteños que se incorporó a las filas de la Patria, y organizó con los vecinos más destacados las milicias de Seclantás, de Molinos, de Atapsi y de Cachi, e ingresó con sus huestes al “Regimiento de Patriotas”, participando en la memorable Batalla de Suipacha el 7 de noviembre de 1810 a las órdenes del coronel Antonio González Balcarce, donde se obtuvo la primera victoria de las fuerzas emancipadoras sobre las realistas.

            En agosto de 1811, con el grado de sargento de la Compañía de Dragones de Milicias Patrióticas, asistió a numerosos encuentros con las tropas realistas en el Alto Perú. En febrero de 1812 el Triunvirato designó al doctor Manuel Belgrano en reemplazo de Pueyrredón en el mando del Ejército Auxiliar del Perú. Belgrano llegó a Tucumán en marzo partiendo enseguida a Jujuy para hacerse cargo, y el 19 de mayo instaló su Cuartel General. El 28 del mismo mes, desde San Carlos del Valle de Calchaquí, don Justo Pastor Arce le escribía a don José de Gurruchaga, diciéndole “Muy digno amigo y compatriota: Aquí, aislado de noticias, pensando en la suerte que habrá corrido el ejército del general Belgrano, recibo la visita de su amigo don Jorge Torino y las mulas cargueras que usted ha tenido la deferencia de mandarme de Bolivia. Impresión muy buena me ha hecho el rosarino (Jorge Torino) y no podía ser de otro modo, si es que usted me lo recomendaba con tanta insistencia. Sobre todo he advertido su gran sencillez, ya que aquí donde cada uno se cree algo así como un Dios chico, empezando por el godo Aramburú (Manuel Fernando) y todos los que llevan sangre de nobles, creyendo apocarnos a los que la llevamos con mayor honra y dignidad, se ha hecho una figura simpática, y todos le han atendido como se merece, sin que él se hubiese envalentonado en ninguna hora.

            Torino me ha dicho que don Francisco (de Gurruchaga) no está en Salta y que usted piensa también irse a San Juan. Gran sentimiento y pérdida, sería para nosotros, que Ud. abandonara esta ciudad, desde donde nos vienen sus conceptos tan oportunos y los alientos, que nos da para evitarnos nuestro desfallecimiento. El Dr. Gorriti ha andado en Cachi y nos ha llamado para hablarnos de sus planes militares. Borja (Díaz de Lea y Plaza) está dispuesto a ayudarlo, lo mismo que Ubaldo (de Lea y Plaza) y don Bonifacio (Ruiz de los Llanos). Como vé el entusiasmo no se ha perdido del todo. Salude a Doña Martina (Silva de Gurruchaga) en nombre de los míos y mande a su íntimo. Justo Pastor Arce[6]. Con omisión del comandante don Pedro Alcántara Ferreyra, que pasó a la historia por convocar a los patriotas en Seclantás a fin de organizar las milicias en momentos decisivos, Arce nombra en esta carta a los que con el tiempo serían los tres más importantes guerreros de la Independencia que tuvo el Valle de Calchaquí, y que aún esperan un justo reconocimiento de su Salta natal, los coroneles don Luis Borja Díaz, don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza y don Bonifacio Ruiz de los Llanos, conocido este último como “El Intrépido” por sus valerosas hazañas.

            Luego del éxodo jujeño que se realizó el 23 de agosto, y del Combate de Las Piedras el 3 de setiembre, Belgrano regresa a Tucumán no por el Camino Real sino optando por el camino llamado “de Las Carretas”, perseguido de cerca por el general Pío Tristán. Don Luis Borja Díaz incorporado al Ejército del Norte, marchó igualmente a Tucumán donde Belgrano resolvió enfrentar a Tristán, participando en la victoriosa Batalla del 24 de setiembre de 1812. Con posterioridad a esta victoria, en el denominado Campo de las Carreras en Tucumán, Belgrano se ocupó del adiestramiento de sus soldados y marchó a la provincia de Salta, hasta donde habían retrocedido y se atrincheraron los derrotados españoles. El 20 de febrero de 1813, las huestes de Belgrano atacan nuevamente al general Pío Tristán, derrotándolo por completo. El triunfo de Salta comprometía la gratitud nacional, y el gobierno, - dice Mitre - “asociándose al sentimiento público, colmó de distinciones a los vencedores”[7].

            Recordemos que desde el inicio de la guerra todos los hermanos y primos hermanos de Lea y Plaza organizaron en Escoipe, Cachi, Atapsi, Seclantás y San Carlos, varios escuadrones con sus allegados, sus peonadas y sus propios recursos, distinguiéndose y luchando en distintas batallas y combates juntos a González Balcarce, Belgrano, Rondeau, Güemes, Arenales y a otros memorables próceres de la Independencia Argentina[8]. Precisamente, el 10 de diciembre de 1813, don Luis ponía a disposición el pie de lista de los militares del Regimiento de Dragones de Milicias Patrióticas “que compone la Compañía que se presenta en revista de comisario”. La encabezaba el capitán D. Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y el teniente D. Pedro Alcántara Ferreyra. Sargentos: D. Juan Pablo de Lea y Plaza y D. José Remigio de Lea y Plaza. Cabos: José Aparicio, José Manuel Mora, Manuel Avendaño y José María Cabrera. Soldados: Bernardo Balboa, Juan de la Cruz Castro, Mauricio Guerra, Doroteo García, Francisco Macías, Juan Torres, Vicente Escobar, José Blas Burgos, Francisco López, José Manuel Cruz, Juan de Dios Mamaní, Valentín Carral, Felipe Gallegos, José Mondaca, Pedro Erazo, Felipe Venancio Fuenteseca, José Benito Guerra, Juan Bautista Mendoza, Pantaleón Llanos, Ambrosio Bordón, Marcos Estopiñán, Juan E. Mendoza, José Manuel Pucapuca, Mariano Flores, Diego Vedia, Juan Bautista Burgos, Martín Farfán, Carlos Villanueva, Pablo Luna, Ermenegildo Torres, Tomás Aguirre, Juan Vázquez, Juan Erazo, Manuel Guantay, Valentín Guzmán, Teodoro Hurtado, Bonifacio Aguirre, Francisco Velarde, José Velarde, Severo Genovés, José Manuel Magno, Antonio Abano, Agustín Hurtado, José Tiburcio Choque, Francisco Borja Barrosa, Estanislao Plaza, Agustín Ochoa, José Manuel Mamaní, Agustín Gutiérrez, Julián Mexía, José Mariano Aguirre, Cipriano Parra, José Hoyos, Pedro Pablo Corte, José Manuel Chaile, Mariano Cayata, José Santos Gutiérrez, Bartolo Aguirre y Pedro Garnica[9].

            El 29 de diciembre, el general Belgrano ascendió a Díaz, en mérito a sus servicios, a capitán de la Primera Compañía del Primer Escuadrón de Dragones Patricios de Salta. Anteriormente, el 1º de octubre, Díaz Plaza había tomado parte de la derrota de Vilcapugio, en la que el ejército patrio perdió parte de los soldados, armas y alimentos; y también, el 14 de noviembre, en la de Ayohuma, en la que el general Joaquín de la Pezuela produjo la casi total destrucción del Ejército del Norte. En Seclantás, mientras tanto, Ferreyra tenía la misión de reclutar voluntarios para el ejército, tarea en la que consiguió numerosas incorporaciones, sobre todo entre los peones de Díaz, los que en su momento auxiliaron a Belgrano en su retirada.

            Victorioso Pezuela, penetró en la ciudad de Jujuy para luego dirigirse a Salta, de la que se apodera a comienzos de 1814; ya por entonces Joaquín de la Pezuela había sido designado general en Jefe del Ejército del Alto Perú, por el Virrey José Fernando Abascal. Luis Díaz “se distinguió en el rechazo de esta invasión, logrando hacerlos huir con grandes pérdidas”[10]. Esta malograda acción de Pezuela fue llamada “Invasión de los Cuicos”, ya que las tropas se componían en su mayor parte de mestizos nativos del Alto y Bajo Perú[11]. Díaz, en setiembre de 1814 se encuentra en la Rinconada como punta de vanguardia de las fuerzas avanzadas del comandante don Alejandro Heredia[12], a quien el 23 del mismo mes le comunicaba de las noticias que había podido recoger sobre el repliegue de los españoles. Por su valiente comportamiento en esta ruda campaña fue nombrado por el general Rondeau, el 1º de abril de 1815, capitán de una Compañía Veterana[13]. En efecto, el general Rondeau, desde su Cuartel General de Huacalera (Jujuy), aprobaba los respectivos despachos del nombramiento de Díaz como capitán de la Primera Compañía Veterana del Cuarto Escuadrón del Valle de Cachi y partidos adyacentes, tomándose razón el 22 de mayo[14].

            Emprendida la guerra gaucha, Díaz fue una de sus figuras salientes. Sabido es que la Guerra Gaucha conducida por el general Martín Miguel de Güemes se inicia el 1º de marzo de 1814, y a partir de entonces, numerosos patriotas encabezados por don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza en los Valles Calchaquíes, don Luis Burela en Salta, don Pedro Zavala en Cerrillos y don Juan de Dios de Lea y Plaza en Escoipe, entre otros, se rebelan contra la invasión de los ejércitos españoles, formando unidades de Caballería que luego servirían para la organización de verdaderas Milicias. Es así que durante la guerra de la Independencia, el día antes de asumir el general Güemes el gobierno de la Provincia, el 6 de mayo de 1815, creó el “Cuerpo de Gauchos”. Luego, tal como anticipamos, organizó las milicias, respondiendo a las divisiones políticas y regionales del vasto territorio de la Intendencia de Salta, formando en lugares estratégicos verdaderos Regimientos de Caballería denominándolos “Escuadrones de Gauchos”[15].

            El 17 de agosto de 1815, don Martín Miguel de Güemes en su carácter de “Coronel de los Ejércitos de la Patria, Comandante General de la Campaña y Gobernador Intendente de esta Provincia de Salta”, y “Atendiendo a los méritos y servicios del capitán don Luis Borja Díaz, su adhesión al sistema, aptitud, juicio...” lo nombra Comandante General de la División de Gauchos en el Valle de San Carlos[16]. Don Luis asume el cargo siendo luego uno de los principales jefes de los “Escuadrones de Gauchos”, juntamente con don Manuel Eduardo Arias, don Manuel Álvarez Prado, don Francisco Pastor, don José Francisco “Pachi” Gorriti, don Luis Burela y don Bonifacio Ruiz de los Llanos. Todos estos valientes oficiales estaban bajo el mando del coronel don Martín Miguel de Güemes, a quien en abril de 1815 ya se lo calificaba como “Comandante de Gauchos”, y con ellos emprendería la organización de sus milicias, conforme a su programa de división política de la provincia.

 

 

Título (en forma) de Comandante General de la División de Gauchos en el Valle

de San Carlos, otorgado el 17 de agosto de 1815, al capitán D. Luis Borja Díaz,

por el gobernador intendente de Salta, coronel D. Martín Miguel de Güemes

 

            Una vez planeada la defensa de Salta, el coronel don Manuel Fernando de Aramburú, hijo del feudatario de San Carlos don Nicolás Ignacio de Aramburú y Lisperguer, equipó un “Escuadrón de Caballería de San Carlos”, en defensa de la causa del rey Fernando VII, procurando mantener los Valles Calchaquíes despojados de la influencia de los patriotas, afamado foco de resistencia realista aunque indiscutible su inferioridad militar en la zona. Sabemos que los principales hacendados de la región, existentes en ambos bandos, surgieron como los indiscutidos jefes militares de la campaña y de esta manera aparecen las familias acaudaladas de los Valles Calchaquíes como los mayores protagonistas durante las reñidas contiendas. Pues vemos a realistas como los de Aramburú y los de Isasmendi en los Valles Calchaquíes, que debieron enfrentarse políticamente con los Díaz, los de Lea y Plaza, los Ruiz de los Llanos, los Arce y los Fernández de Córdoba, entre otros. Así, todos estos guerreros de la Independencia oriundos de los Valles Calchaquíes, fuesen de la causa del rey o de la emancipación, supieron actuar las fuerzas de sus linajes. Del mismo modo, dentro de esas familias realistas también se contaban con algunos miembros adheridos fuertemente a la causa independentista. Bien destaca Carlos Luque Colombres, cuando escribe que estos apellidos mencionados “de noble cepa española, dieron lustre a su nombre por sus heroicas gestas”. Díaz, pues, se vio obligado a enfrentarse numerosas veces con el comandante Aramburú, de marcada ideología realista y que permanentemente se levantó en contra de los “Escuadrones de los Gauchos Vallistos”.

            En diciembre de 1815 el teniente coronel don Luis Borja Díaz fue electo Alcalde Rural por Cachi. En esa fecha también fueron electos en el mismo cargo, según oficiaba la Asamblea Electoral “atendiendo como ciudadanos honrados e hijos beneméritos de la Patria el derecho que ésta misma tiene para exigirles sus servicios”, don Martín Espinosa por Rosario de Cerrillos, don Santiago Morales por Chicoana, don Nicolás Frías por San Carlos, don José Gabino Cornejo por Rosario de la Frontera, don José Gabriel Jáuregui por Anta y don Casimiro Arrieta por Perico[17].

            Güemes sentía un verdadero aprecio por don Luis Borja Díaz y por don Gaspar López de Vera [hombre culto, amante de las letras, discreto versificador, autor de versos jocosos, románticos, gauchescos y de olvidados cielitos, abogado, guerrero de la Independencia, coronel, gobernador de Salta (1840 y 1841), y esposo de doña Juana de Lea y Plaza de Valdés, prima hermana de Díaz][18], en quienes don Martín Miguel de Güemes depositó su confianza y los consideraba sus amigos. El caudillo gaucho estando en Jujuy el 15 de setiembre de 1816, le escribe a don Teodoro López una carta llena de sentimientos patrióticos: “Mi Teodoro: Es tanto el deseo que tengo de hacer ver al mundo entero la energía de nuestra provincia que he dado orden a mi vanguardia no les hagan un tiro a fin de que no se vuelvan. Mis medidas las tengo hace mucho tiempo tomadas y así es que los únicos días que he tenido ociosos y tranquilos son desde que tuve noticias que el enemigo cargaba, a pesar que carga con furia. Esto quisiera que le sucediera en el Valle a mi amigo don Luis (Borja) Díaz; por eso es que nunca más que ahora conviene que vayas inmediatamente a ayudarle a cumplir las órdenes que anteriormente le tengo comunicadas. Tú sabes que don Gaspar López es uno de los amigos de quien más confianza tengo por su patriotismo, por su agilidad y por cuanto lo busquen; dile pues de mi parte, que me le ayude en cuanto pueda, a mi compañero Díaz. No perdamos, pues, momento mi querido Teodoro: llenemos de gloria a nuestro país, ya que la fortuna nos proporciona un lance tan oportuno. Hagamos ver al mundo todo, que sola, nuestra provincia, ha de sacar de los trabajos a tanto infeliz errante[19].

            Más adelante, Díaz “se halló en la famosa sorpresa de Yavi, el 15 de noviembre de 1816, fecha en que se encontraba reuniendo gente en el lugar de las Barrancas, boca de la quebrada del Valle, próxima a aquel punto”[20], donde su primo hermano y cuñado el entonces teniente don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza, fue tomado prisionero y conducido al Perú, lugar en el que permaneció largos años entre las rejas de los godos. Los enemigos habían tomado a seis prisioneros, uno de ellos pudo escapar y avisó al momento, trayendo la alarma al campamento del cuarto marqués del Valle de Tojo, encomendero de los Pueblos de Casabindo y Cochinoca, caballero de la Orden de Carlos III, coronel mayor don Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero Martearena del Barranco y Pérez de Uriondo[21] (inclinado a la Patria), allí se encontraban don Bonifacio Ruiz de los Llanos, don Luis Borja Díaz, don Juan José Quesada y don José Gregorio López. Sobre el particular dice Mitre que “inmediatamente el enemigo apareció haciendo fuego. Desde este momento todo fue confusión”. Mientras tanto, los patriotas atinaron a tomar algunas providencias y el marqués intentó escapar con los citados oficiales, que le salvaron la vida, pero el marqués fue capturado pese a la ayuda que le prestó don Bonifacio Ruiz de los Llanos, cediéndole su mula. Campero, en plena huida, cae de la bestia de espaldas y sobrevinieron en él los enemigos intimándole rendición, siendo tomado prisionero junto al teniente coronel Quesada. Por su parte los patriotas Díaz, Ruiz y Frías también fueron intimados por los realistas a rendirse con la promesa de ser perdonados, sin contestarles y huyendo, los Cuycos les hicieron tres tiros mientras los seguían. Al cesar la persecución, nuestros hombres se dirigieron rumbo a Chiyavi, con destino a Salta. El comandante Luis Borja Díaz logró escapar de aquel desastre con ciento y tantos hombres, entre los que se cuentan los capitanes Bonifacio Ruiz de los Llanos y Nicolás Frías[22].

            En los años siguientes tendrán Salta y Jujuy nuevas invasiones realistas, venidas del Alto Perú, encontrándose los guerreros de nuestro Ejército en un estado deplorable, tanto económica como anímicamente. En 1817 Güemes recibía del Director Pueyrredón los despachos de coronel mayor de los Ejércitos de la Patria. Como ya lo adelantamos, se habían organizado los principales Escuadrones de Gauchos: a) el de Orán, que mandaba el Tte. coronel Manuel Eduardo Arias; b) los tres de la Quebrada de Humahuaca que mandaban los Ttes. coroneles Manuel Álvarez Prado, Juan Francisco Pastor y Guillermo Belmonte; c) el de Sta. Victoria, al mando del Tte. coronel José Antonio Ruiz; d) el de la Frontera del Rosario que mandaba el Tte. coronel Francisco Gorriti; e) los dos de la ciudad de Jujuy, mandados por los Ttes. coroneles Bartolomé de la Corte y José Gabino de la Quintana; f) los tres de Salta y su campaña mandados por los Ttes. coroneles Santos Morales, José Luis Burela, Francisco Velarde y Ángel Mariano Zerda; los de los Valles los mandaban los Ttes. coroneles Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y Bonifacio Ruiz de los Llanos. En 1817 el general José de La Serna avanza sobre Salta; esta fue la tercera invasión hispana precedidas como vimos por la de Pío Tristán, en 1812 y la de Joaquín de la Pezuela en 1814, la cuarta invasión a la Patria sería la del general Pedro Antonio de Olañeta, hasta Humahuaca, luego en 1818 sobrevendrá otra de Olañeta y el coronel Jerónimo Valdés. Al año siguiente, en marzo de 1819, el Ejército Español invade nuevamente la provincia, por sexta vez, ocupando el general José Canterac la ciudad de Jujuy, el día 26, sin poder seguir avanzando y salvándose la ciudad de Salta de ser ocupada merced a que las milicias gauchas no cesaron los hostigamientos. Don Luis Borja Díaz, en su carácter de comandante, continuó en permanente defensa durante todo ese tiempo, en el que se producían innumerables combates, sobresaliendo en aquellos episodios por su valor y coraje.

            El coronel don Feliciano de la Mota Botello, gobernador intendente de la provincia de Tucumán, le informaba a Güemes el 29 de marzo de 1819 “Ya tengo dado providencia para que se pongan en Santa María dos escuadrones que están a las órdenes del comandante Díaz y he tomado las demás consiguientes a la defensa de esta provincia”[23]. Mientras que el 3 de abril de la Mota Botello, le comunicaba a Güemes que “Había dispuesto auxiliar a don Luis Borja (Díaz) con 600 hombres de la caballada de Catamarca que estaban en movimiento desde el 31 y a este fin mandé a Santa María dos mil cartuchos a bala al comandante Alurralde que debía obrar a las ordenes de aquel”[24].

            El 9 de junio de 1819 el Director Pueyrredón renuncia a su cargo, sucediéndole el general José Rondeau, quién el 27 de agosto “Atendiendo a los servicios prestados a la causa de la libertad”, designó a Díaz comandante del Escuadrón de Gauchos del Valle de Cachi.

            Meses más tarde, desde Cachi don Luis Borja Díaz le escribe, el 18 de mayo de 1820, a don José de Gurruchaga: “Mi muy querido amigo: Por intermedio del cabo sancarleño don José María Cabrera, patriota valeroso y de méritos, vengo a saber de las revueltas continuas, que se vienen produciendo en esa, debido a las intrigas de Dámaso (Uriburu) y a las intransigencias de Arias Velázquez (Pedro Antonio). Estas cosas no pueden ser peores según me cuenta el cura Celedonio Molina que ha venido por asuntos de la Javierita (Molina y Gallo, hija del después cura don Celedonio), que sin mayor preámbulo se ha casado con un oficial del Perú y por nombre Dávalos (Toribio, el que originó una rama de ese apellido en Salta). Yo no se el porqué de estas reyertas, cuando Güemes es un hombre decente y de prestigio como lo ha dicho Belgrano a todos sus jefes. Cabrera ha sido llamado para ir a Salta y ayudar las maniobras que harán en esa don Juan Galo (Leguizamón) y sus segundos Alemán (Pablo), Romero (Miguel), Burela (Luis) y Ríos (Mateo). Cabrera irá a esa el 30 para comandar las fuerzas de Yavi, adonde dicen que está combatiendo Pachi (Gorriti). Aquí no hay más que contar, a no ser la enfermedad de don Severo (Isasmendi), que piensa ir a esa en una silla conducida por sus peones. Reciba cariñosos afectos de su servidor y envío saludos al Dr. Francisco (de Gurruchaga), suyo Luis Borja Díaz[25].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rúbricas del comandante general de los

Valles, coronel D. Luis Borja Díaz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Los realistas en este lapso, no se detenían y se empeñaban en emprender una nueva invasión sobre las provincias situadas al Sur del Alto Perú. El general godo Juan Ramírez y Orozco, sucesor de La Serna en el mando del Ejército Real del Perú y con una fuerza de siete mil hombres llega hasta Tupiza el 5 de febrero de 1820, disponiendo un movimiento sobre las ciudades de Jujuy y Salta. El general José Canterac entró el 24 de mayo a la ciudad de Jujuy, siguiendo hacia la ciudad de Salta y ocupándola el día 31, se trataba de la séptima invasión realista a la Provincia de Salta. Pero las fuerzas españolas, dada la encarnizada hostilidad de las partidas gauchas, debieron replegarse y regresar a Tupiza, a donde llegaron el 30 de junio. En la retirada, las fuerzas reales fueron tenazmente perseguidas bajo la dirección acertada del teniente coronel Francisco Pérez de Uriondo, resultando varios soldados enemigos heridos y muertos. Don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza con su División se unió a Pérez de Uriondo en el rechazo de los invasores distinguiéndose en su condición de Comandante General de los Valles, cargo para el que había sido nombrado por Güemes el 22 de junio de 1820, en mérito a su “comportación valerosa”. El 30 de agosto de ese año, Güemes, en su carácter de General en Jefe del Ejército de Observación del Perú, le confirió los despachos de coronel graduado.

            El 26 de noviembre de 1820 don Luis Borja Díaz le decía al general Güemes en una nota fechada en San Carlos “Mi venerado y muy digno señor general: Anoche recibí la de V.S. de 13 del corriente, junto con el oficio que contesto. Estoy íntimamente persuadido de la necesidad en que todos nos hallamos de hacer los últimos sacrificios para no ser infelices, después de haber padecido y trabajado tanto por ser libres. Cuente V.S. con todos mis esfuerzos para proporcionar la marcha del señor jefe del Estado Mayor por lo que respecta a víveres, cabalgaduras y otros precisos, a pesar de la escasez suma y pobreza en que veo a este Valle. La única dificultad insuperable que encuentro, es la de proporcionar los cien caballos que me pide, porque no hay entre los vecinos más pudientes quien tenga arriba de cuatro. Al gaucho, sabe V.S. que no se le puede hacer mayor vejamen que despojarlo de su caballo y solo por la fuerza sería asequible su consecución. Si lo tiene V.S. por conveniente daré este paso. No tenga V.S. la menor duda, de que si puedo rezagar todos los artículos reunidos anteriormente de su orden, para el sostén de los dos mil hombres que van marchando, lo he de hacer, porque me hago cargo de los grandes conflictos en que se vé, no teniendo el Estado, caudales ni arbitrios para las erogaciones que demanda esta importante empresa, cuyo buen éxito se deberá realmente a los continuos sacrificios que consagra V.S. al bien común. Descuide V.S. de la seguridad de todos los caminos que se dirigen al interior, porque esta es la principal atención que me ocupa. Deseo a V.S. toda felicidad y que mande en la fina voluntad con que le ama su más atento y afectísimo súbdito Q.S.M.B Luis Borja Díaz. - P.D. Después que marche el jefe del Estado Mayor, agradeceré a V.S. me franquee permiso para ir a esa. Señor general en jefe don Martín Miguel de Güemes”[26]. Este documento demuestra que el avance de Güemes al Perú ya estaba en plena ejecución.

            Antes de producida la muerte del héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, en junio de 1821, don Pedro Antonio Arias Velázquez le decía en una carta al gobernador: “Podrán las tropas del rey destrozar nuestros campos, acribillar a nuestros soldados y plantar nuevos gólgotas en aras de la Independencia Americana, pero nunca doblegar el patriotismo de Borja Díaz, el valiente caudillo vallisto, que combate con empeño en Humahuaca”[27].

            El coronel Díaz fue un verdadero líder en todo el Valle de Calchaquí, en el que lució su coraje y su gran ascendencia entre los pobladores. En abril de 1823 era comandante del Valle de Cachi; por aquella época dada las preocupaciones que se tenían con respecto a los sacrificios de los gauchos, don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza desde San José de Cachi informaba: “Sin duda fueron éstas las consideraciones que impulsaron al Sr. ex gobernador don Martín Miguel de Güemes, a abolir, o moderar la cuota de arrendamiento con respecto a los gauchos, eligiendo prudentemente del mal, el menor, y una alteración absoluta sobre el particular, no podía menos que producir un desaliento o un sacrificio. Pagando la mitad de los arriendos durante la guerra, parece soportable el perjuicio recíproco del propietario y del gaucho arrendero y cesando aquella, el gobierno tomará las medidas conducentes a reparar las quiebras que haya ocasionado la defensa común en cuanto a los derechos parroquiales, se estableció ya en éste curato de Cachi y en San Carlos que los entierros de los gauchos se hicieran gratuitamente y los casamientos por cuatro pesos[28]. Lilia F. Pérez de Arévalo, señala respecto de la nota transcripta, que “en el mismo informe se hace una reflexión; que ya se pagan estos derechos parroquiales sin haber cesado la causa, y nos dice que los sacrificios de los gauchos son inmensos y todo lo que se dispone en su favor es premio a sus fatigas. Que por su parte los párrocos pueden subsistir con las contribuciones de los demás feligreses o que la paga del gaucho sea moderada”[29]. Díaz siempre tuvo presente a sus valientes guerreros, para quienes fue como un padre que a la par del bienestar que les procuraba, con ellos compartía las victorias y las derrotas. Se caracterizó asimismo por defender a la población vallista más necesitada, de injusticias y malos tratos.

            En tanto, don José María Paz, quién al decir de Mitre: “debía ser con el tiempo uno de los primeros generales de América del Sur”, fue invitado en 1823 por el coronel José M. Pérez de Urdininea, para cooperar en la expedición al Perú proyectada por San Martín. Partió Paz “asumiendo el cargo de 2do. jefe del Cuerpo de Dragones de San Juan, que estuvo a sus órdenes en Animaná y en el pueblo de San Carlos, hasta junio de 1824 en que Urdininea marchó al Norte con los Dragones”. Estando José María Paz en San Carlos, observó que la producción principal eran “los trigos, algunas viñas y alfalfares”, productos que indudablemente le interesaba sobremanera, debido en principio, a la falta de alimento y dificultades que presentaba tanto la tropa, como los animales[30]. A pesar de estas limitaciones, aunque siempre aliviado con leña, carne y otros víveres por el “Patriarca del Calchaquí”, el coronel Paz contribuyó al auxilio del gobernador de la provincia, general don Juan Antonio Álvarez de Arenales, amenazado por algunos conspiradores. El 17 de febrero de 1824, Paz se encontraba en el Valle de arriba, pasando por la Cuesta del Obispo; al día siguiente desembocó en las inmediaciones de las propiedades del coronel Luis Borja Díaz, quien estaba con sus fuerzas en Cachi[31], entonces el día 20 Paz se unió a Díaz con sus tropas en el punto de La Viña, avanzando sobre Salta motivado por los temores de la subversión que existía.

            Entre los conspiradores de Arenales se encontraban los coroneles Jorge Enrique Widt, Sinforoso Morales y Bernardino Olivera, que se habían levantado en armas en la zona de Guachipas, siendo tomados prisioneros los dos últimos (Morales y Olivera) el 5 de febrero de 1824, y sentenciados a muerte como “reos de conspiración” fueron ejecutados el 27 de febrero, bajo la dirección de Urdininea y la aprobación de Arenales[32]. Luego de estos episodios, el 8 de marzo Díaz Plaza y sus gauchos regresan nuevamente al Valle de Cachi. El 30 de setiembre de 1824, Díaz recibía del gobernador Arenales los despachos de coronel efectivo del Primer Escuadrón de los Valles Calchaquíes. En marzo del año siguiente, el general don Juan Antonio Álvarez de Arenales le escribía al coronel Díaz “Ha llegado el momento de hacer uso de las repetidas y generosas instancias con que V.S. procuró tener parte en los honorantes objetos a que marcha la División de mi mando: En consecuencia y siendo irreparable la pérdida de un solo día en la aproximación al territorio en que debe obrar, prevengo a V.S. por medio del presente, que desde el acto de recibirlo ponga su movimiento todo cuanto convenga para alistar cien hombres exigidos de los de su mando, y con ellos marchar con una rapidez y celeridad que comprueben su celo y eficacia, y llenen las miras con que el llamado, debiendo traer cada hombre dos bestias al menos y con preferencia las mulas de mejor calidad. La marcha de V.S. a la cabeza de dicha fuerza debe ser directa a los puntos de Colorados o La Quiaca dándome continuos y prontos avisos de sus movimientos para según ellos arreglar mis marchas y procurar nuestra citada reunión. Como será preciso impedir algunos gastos para mover dicha fuerza y para su manutención en el tránsito hasta la reunión mencionada, faculto a V.S. para suplirse 300 pesos destinados a dichos objetos, que serán religiosamente satisfechos por la Comisaría de la División, al mismo tiempo a los soldados se les dará a su arribo al mismo vestuario que se ha dado a los otros Cuerpos. Dios guarde. Cuartel General en Jujuy Marzo 30 de 1825. J. A. A. de Arenales. J. M. Serrano, Secretario. - Sr. Coronel Comandante Dn. Luis Borja Díaz[33].

            Debemos destacar que don José María Paz tuvo por aquella época importante actuación en la organización de las milicias salteñas, con el grado de coronel en 1825 procedió a levantar un Batallón de Infantería bajo su mando, junto a la inspección del gobernador de Salta, don Juan Antonio Álvarez de Arenales, con el fin de incorporarse al Ejército de Operaciones contra el Emperador del Brasil, que comenzaba a organizarse en San José del Uruguay[34]. En ese pequeño Regimiento de 800 hombres, formado por Paz y Arenales, se incorporaron muchos de los guerreros de los Valles Calchaquíes, entre los que figuraron varios oficiales del Escuadrón del comandante Díaz, participando activamente en toda la campaña del Brasil, aunque muchos otros que se alistaron no llegaron a tomar intervención en la guerra.

            Figuró Luis Borja Díaz entre algunos oficiales, como Jorge Torino, Bonifacio Ruiz de los Llanos, Ángel Mariano Zerda, Pedro Alcántara Ferreyra, Manuel Álvarez Prado y Miguel Puch, que compartían plenamente la corriente política del general Juan Antonio Álvarez de Arenales[35], quien desde su asunción al poder procuraba establecer en Salta un gobierno liberal Rivadaviano, pero los problemas internos entre los distintos partidos políticos hizo que un grupo de los mismos partidarios de Arenales se unieran en 1827, en la revuelta encabezada por José Gorriti que derrocó al gobierno, del que temían que intentara prolongarse en su mandato[36]. El coronel Díaz Plaza prosiguió en la carrera de las armas, alternando su tiempo con la atención de sus propiedades en Seclantás y en San José de Cachi; su nombre estaba muy prestigiado entre los salteños por su destacado y persistente servicio al país, fue valeroso y un gran estratega, virtudes que evidenció durante toda su vida. Ya entrado en años, decidió asentarse definitivamente en el Valle de Cachi, pero su lúcida actuación en la guerra gaucha determinó que debiera asumir el cargo de “Comandante Principal de las Milicias de San José de Cachi”[37], que ocupó hasta su muerte.

            Contrajo matrimonio con su prima hermana, la Dama Patricia doña María Magdalena de Lea y Plaza Ríos[38], la que lo sobrevivió varios años, hija del hacendado y pionero de la vitivinicultura salteña de mediados del siglo XVIII, don Julián de Lea y Plaza de Texerina (1748-1798), y de doña María Cándida de los Ríos.

            Hizo su testamento sin poner fecha “en Salta siendo testigos los ciudadanos don Juan de Dios Aparicio, don Juan Luis Maurin y don José Antonio Cesar y Robles” el que se protocolizó en setiembre de 1831, en la escribanía de don Mariano Nicolás Valda; seguramente temeroso de algún desafortunado destino en la guerra, pues sus textuales palabras en este documento dicen: “Sepan cuantos este testam.to., última y postrimera voluntad vieren, como yo el Ciudadano Luis Borja Díaz Coronel, y Comandante principal de las milicias de Sn. José de Cachi, hijo legítimo de los finados Dn. Martín Díaz, y doña María Paula Plaza qe. en paz descansen, hallándome por la misericordia del Señor sano, y en marcha a la guerra a que me destina el Sr. General Gobernador de ésta Provincia de Salta a la cual correspondo; creyendo en el alto, e infalible misterio de la santísima Trinidad y en todos los demás que cree predica y enseña Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica Romana, en cuya fé, y creencia he vivido, y protesto vivir, y morir como católico fiel cristiano invocando a mi protectora Nuestra Señora de las Mercedes[39] para que interceda por mi alma...”, más adelante dice: “Declaro que he sido casado bajo los ritos de la Iglesia con doña Magdalena Plaza, y que no hemos tenido hijos en dicho matrimonio”.

            Entre otras cláusulas dispone “Mando que con respecto a la declaración de los bienes que recíprocamente introdujimos al matrimonio se esté a la verdad de mi espresada compañera por estar penetrado de su rectitud y buena fé”. Nombró por sus albaceas a su esposa en primer lugar, al cura de Cachi doctor don José Manuel Salguero en segundo lugar, y a una hija adoptiva doña Flora Díaz en tercer lugar; siendo sus herederos su “consorte” doña Magdalena Plaza, doña Flora Díaz y su sobrina doña Micaela Plaza “...hija de mi primo, y hermano político el Capitán don Remigio Plaza...”.

            No tenemos con exactitud su fecha de fallecimiento; no obstante doña Magdalena se presentó en Salta el 17 de setiembre de 1831, ante el juez de Paz en 1ra. Nominación, ya viuda y como albacea testamentaria “del finado coronel don Luis Borja Díaz”, por lo que bien creemos que don Luis falleció a mediados de 1831[40], siendo enterrado, según consta, en la Iglesia Parroquial de Seclantás. Dicha parroquia fue fundada por su hermano don José Mariano Díaz de Lea y Plaza, quien en su testamento encargaba al primer ordenado de sus descendientes, “con paternal expresión, que procure fomentar en él la devoción a mi Señora del Carmen”[41].

El nombre de Díaz figura entre los más destacados oficiales de la Independencia en una placa del monumento al héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, al pie del cerro San Bernardo, en Salta. También se lo recuerda en otra placa de bronce en el monolito a Güemes en Cachi; además con merecida justicia la provincia de Salta le rindió homenaje imponiendo su nombre a una calle en la ciudad capital[42].

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

ARCHIVOS

 

Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Archivo María Teresa Cadena de Hessling

Archivo Plaza Navamuel

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ARÉVALO, Lilia Fanny Pérez de: “El Fuero Gaucho”. Boletín Nº 3 del Instituto Güemesiano de Salta, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Salta. Salta, 1979.

CORNEJO, Atilio: “Causas y Consecuencias de la Muerte de Güemes”, pág. 20. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1973.

-- “Güemes y la Tradición Gaucha de Salta”. Boletín del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, Tomo VIII, Nº 29. Salta.

-- “José María Paz en Salta”, pág. 141. Boletín del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Tomo 30. Salta, 1960

-- “Historia de Güemes”, Segunda Edición. Talleres Artes Gráficas S. A. Salta, 1971.

CUESTA FIGUEROA, Marta de la: “El Cabildo de Salta (1582-1825)”. Instituto de Investigaciones Históricas de Salta. Consejo de Investigaciones de la Universidad Católica de Salta. Salta, 1998.

CUTOLO, Vicente Osvaldo: “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”. VI volúmenes. Edit. Elche, Imprenta Crisol. Buenos Aires, 1968.

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GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”. 12 Tomos. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires, 1986.

IBARGUREN, Carlos (h): “Los Antepasados. A lo largo y más allá de la Historia Argentina. Genealogía de sus respectivos linajes”, Tomo III. Buenos Aires, 1983 (“Los Antepasados” debemos a la gentileza de nuestro pariente y amigo don Marcelo Aubone Ibarguren).

MITRE, Bartolomé: “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Edit. Anaconda. Buenos Aires, 1950.

NELSON, Cristian: “Notas sobre la Industria Harinera de Salta”. Boletín Nº 1 del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Salta, 1938.

PAZ, José María: “Memorias Póstumas”, Tomo I y II. Editorial Almanueva. Buenos Aires, 1954.

PLAZA NAVAMUEL, Rodolfo Leandro: “Protagonistas de una Gesta Incomparable”. Separata del Boletín Nº 29-30 del Instituto Güemesiano de Salta, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Salta. Salta, 2007.

REYES GAJARDO, Carlos M.: “Apuntes Históricos sobre San Carlos del Valle Calchaquí de Salta”. S. A. Casa Jacobo Peuser, Ltda. Buenos Aires, 1938.

YABEN, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”. Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              

Escudo de armas de Ruiz de Llanos

(Ilustración de Da. Cecilia Ibarguren en base al “Nobiliario del Antiguo Virreynato del Río de la Plata”, de D. Carlos Calvo)

 

Escudo: En campo de plata, cuatro calderas de sable puestas de dos en dos; terrazado de sinople.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   Coronel D. Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

 

 

 

EL INTRÉPIDO

 

 

Bernardo RUIZ de los LLANOS ·

 

 

Introducción

 

            A través de estas líneas se rescata al coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos, uno de los capitanes del general Martín Miguel de Güemes y valiente soldado de la Independencia. Desde mis tiempos de niñez y adolescencia cuando vivía en la ciudad de La Plata, tuve el anhelo de profundizar mis conocimientos acerca de los hechos, las anécdotas y los episodios vinculados con la historia de la Patria naciente, de los que fui empapándome a través de imborrables narraciones de mi padre, Bernardo Manuel Ruiz de los Llanos. Consideré que el camino más apropiado para llegar a la meta que buscaba y develar las inquietudes pendientes, era recurrir en consulta a los antecedentes históricos documentados en las obras escritas por grandes historiadores como lo fueron, entre otros, Bartolomé Mitre, Bernardo Frías y Luis Güemes. Vaya entonces mi reconocimiento a estos escritores, especialmente por haber otorgado al coronel Ruiz de los Llanos, dueño de tan inquebrantable lealtad, el justo y merecido sitial que ocupa en las más esclarecidas páginas de nuestra historia.

            Finalmente ansío que mediante esta breve reseña y recopilación documental, se puedan conocer algunos aspectos de la personalidad de este abnegado militar salteño, cuyo aporte a la gesta güemesiana fue en más de una oportunidad decisivo, valeroso y patriótico.

 

 

            1. Su trayectoria

 

            Don Manuel Bonifacio Ruiz de los Llanos nació en la ciudad de Salta el 15 de junio de 1791 y fue bautizado el 25 de septiembre del mismo año. Hijo de don Ventura Ruiz de los Llanos y Berdeja y de doña Petrona Villada y Ríos, según investigaciones del historiador y genealogista Rodolfo Leandro Plaza Navamuel.

            Guerrero de la Independencia. Comenzó la carrera de las armas el 15 de septiembre de 1811 en calidad de Sargento 2º en el “Regimiento de Patricios de Salta” (Compañía de Infantería) comandado en ese entonces por el teniente 1º Rudecindo Alvarado, con el que se encontró en las primeras avanzadas patriotas. En octubre de ese mismo año se marchó de Salta con su Compañía hasta Humahuaca y desde allí a Orán, al frente de un reducido destacamento, custodiando los caudales que consistían en 39 zurrones cerrados de plata y oro sellado, en tejos y armamentos, que transportaba desde la ciudad de Potosí hacia Tucumán el coronel Juan Martín de Pueyrredón, regresando luego nuevamente a Salta.

            Un mes después se incorporó con su compañía a la vanguardia del “Ejército Auxiliar” que se hallaba en Jujuy. Oportunidad que fue ascendido a Sargento 1º, el 1º de noviembre de 1811. En aquella provincia, se distinguió en un acto de arrojo, ya que a fuerza de coraje se abrió paso por entre las filas enemigas, superiores en número, en una célebre retirada, para luego reunirse con el grueso del ejército de Belgrano que retrocedía al sur y encontrarse en la acción de Nazareno a las órdenes del coronel Eustaquio Díaz Vélez el 12 de enero de 1812, después de la cual el ejército se retiró hasta Yatasto, donde en el mes de marzo, el general Manuel Belgrano se recibió del comando en jefe.

            En la nueva organización que dio el general Belgrano al “Ejército Auxiliar”, la Compañía de Ruiz de los Llanos quedó refundida en los demás cuerpos del ejército, continuando sus servicios en la “2ª. Compañía del Regimiento Nº 6 de Infantería”, que mandaba el capitán Francisco Antonio Sempol, pasando posteriormente al “Regimiento de Artillería” a las órdenes del Barón de Holmberg, comandante de aquella arma y junto a él se batió con singular bravura en la Batalla de Tucumán el 24 de septiembre de 1812.

            Fue reincorporado nuevamente en diciembre, al “Regimiento Nº 6 de Infantería”, por orden del general Manuel Belgrano y bajo su mando luchó en la gloriosa “Batalla de Salta” el 20 de febrero de 1813, marchando luego hasta la ciudad de Potosí. Debido a su comportamiento en ambas acciones fue ascendido sucesivamente a Subteniente, el 1º de febrero y a Teniente, el 1º de junio, grado con el que peleó en Vilcapugio el 1º de octubre y en Ayohuma el 14 de noviembre de 1813, retirándose después de esta derrota a Tucumán con los restos del ejército, y como expresan documentos de esa época “con los soldados que seguían leales a su bandera”.

            De regreso a Salta, solicitó su baja por encontrarse enfermo, la cual obtuvo el 20 de mayo de 1814, pero una vez restablecido, se alistó en las avanzadas del “Ejército Patriota” dirigidas por el sargento mayor José Apolinario Saravia, situadas en Guachipas, a las que fue incorporado el 1º de marzo de 1815. Sirvió en ellas hasta que fue desalojado de Salta el ejército español. Al incorporarse a las avanzadas de Apolinario Saravia, Ruiz de los Llanos es reconocido como Teniente Primero.

            A partir de 1815 pasó a revistar en las partidas gauchas incorporándose al “Regimiento de Dragones Infernales”. Unidad que creó el jefe salteño en contraposición del cuerpo realista que se conocía con el nombre de “Angélicos”, destacándose por su valentía y estrategia combativa, bajo la dirección del entonces coronel Martín Miguel de Güemes, y desempeñándose en calidad de Ayudante Mayor desde el 1º de noviembre de aquel año, hasta el 16 del mismo mes, en que obtuvo su baja.

            El 1º de marzo de 1816 regresó al servicio, y por espacio de varios años tomó parte en las operaciones de vanguardia, incorporándose en clase de capitán del “Regimiento Páramo del Orden” sirviendo al mando del coronel mayor Juan José Fernández Campero, el conocido marqués de Yavi o del Valle de Tojo, caballero de la Orden de Carlos III, quien tenía a su mando directo una división de 800 hombres, de la cual era segundo jefe el teniente coronel Juan José Quesada, comandante de Caballería; desempeñando el capitán Ruiz de los Llanos el cargo de Jefe de Avanzadas. Dicha división fue por varios meses un excelente destacamento de vanguardia y obtuvo algunos triunfos parciales que detuvieron las agresiones del enemigo.

            El 29 de junio de 1816, el marqués escribió en borrador un oficio dirigido a Güemes, que dice: “Creo que el enemigo no ha pasado de Miraflores, ni aún a Casabindo, respecto de que el capitán Ruiz de los Llanos que quedó en aquel punto no ha dado parte alguno. Este se halla con cerca de 70 hombres (...) observando los movimientos del ejército contrario, el que según los bomberos se emplea en robar los ganados enviando partidas gruesas para todas partes...”.

            Posteriormente, el 16 de septiembre de ese año, Juan José Fernández Campero le escribió un oficio al gobernador intendente don Martín Miguel de Güemes desde el Cuartel Principal en el Moreno, donde le manifiesta que: “Con fecha de 14 del presente me dice el Comandante de Avanzadas, capitán Don Bonifacio Ruiz de los Llanos lo siguiente: Ayer recibí parte del capitán Rivera, y Cala en que me dicen que el enemigo en número de 700 a 800 hombres pasaron por las Cortaderas, y que en Abrapampa acamparon 200, quienes no pasan de Miraflores. Yo lo dificulto, y más bien creo que como saben que hay tropa en ese punto, quieran llamarles la atención y dirijan una partida por un camino que hay de Abrapampa por Tres Cruces, Vicuñayoc para evitar el ser sorprendido por esa parte. A los Capitanes Rivera y Cala se los he prevenido, dándoles las órdenes convenientes; les he encargado que me avisen con certeza si el enemigo no pasa de ahí para con las noticias que espero tener del Jefe de Vanguardia a quien le he comunicado lo interesante de este parte, dirigirme a reunirme con dichos Capitanes con toda mi tropa para hostilizar al enemigo. En posdata se me asegura que los enemigos que van para Humahuaca son 500, y 100 los que han llegado a la Abra...”. (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            Participó en el combate de Colpayo, el 15 de septiembre de 1816, junto con fuerzas pertenecientes al “Regimiento Peruano”, donde las armas patriotas salieron victoriosas. Güemes desde su Cuartel General ubicado en Humahuaca ordenó al Marqués de Yavi que se estableciera en Abrapampa, colocando de Jefe de Avanzadas al capitán Bonifacio Ruiz de los Llanos.

            Estando en esta situación, el 11 de noviembre su Jefe de Avanzadas dio aviso al marqués de que el enemigo estaba en movimiento sobre Yavi, inmediatamente se adelantó con todas sus fuerzas hasta el Puesto e hizo adelantar de allí a los comandantes Lanza y Ruiz de los Llanos con dos columnas de Dragones Infernales y gauchos, trasladándose luego este último con Quesada y una escolta de Dragones desde Pulpera hacia la población de Yavi donde llegaron al anochecer. Lugar en el cual el 12 de noviembre, las avanzadas de Ruiz de los Llanos (con ocho meses de servicio en la puna jujeña apoyando a las gestas emancipadoras) sostuvieron un fuerte choque contra los realistas, donde se destacaron oficiales de las tropas gauchas de los Valles Calchaquíes, en el que salieron victoriosos, pero tres días después la caballería enemiga del coronel Marquiegui cayó sorpresivamente sobre la descuidada división del coronel Fernández Campero entre las 8 y las 9 de la mañana, y se apoderó de sus fuerzas tomándolo prisionero al igual que al 2º jefe de aquellas, teniente coronel Quesada. Asimismo, cayeron en poder de los realistas: 100 vallistas, 200 peruanos, 58 infernales y dragones, quienes quedaron como prisioneros, después de ocasionarle muchas bajas entre muertos y heridos. A excepción de los fallecidos durante la pelea, el enemigo no abusó de su victoria.

            Bonifacio Ruiz de los Llanos luego de este contraste y de gran confusión, le cedió su caballo a su jefe el marqués del Valle de Tojo, y luego una cabalgadura mejor, una mula ensillada para que se salvase, pero el esfuerzo fue en vano, ya que éste no era gran jinete y no supo sacar todo el provecho posible a la ayuda recibida, debiendo don Bonifacio huir entre el fuego de sus enemigos junto al comandante Luis Borja Díaz y al capitán Nicolás Frías, quienes a pie llegaron a Cachi.

            El capitán de fragata (R) Jacinto Yaben, en su obra “Biografías Argentinas y Sudamericanas”, sostiene que el marqués Fernández Campero, habría recibido un parte del comandante Gaspar Aramayo, avisándole que el enemigo “trataba de cargar a Yavi” y que estuviese vigilante, pero el marqués descuidó tomar inmediatas medidas de seguridad para evitar la sorpresa; los realistas sorprendieron en circunstancias en que Quesada, Ruiz de los Llanos y otros oficiales se hallaban en casa de su Jefe y la tropa no estaba menos descuidada. Parte logró salvarse saltando sobre los caballos en pelo, pero Quesada tuvo que rendirse y el Marqués fue capturado en la huída...”.

            Bartolomé Mitre en su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” hace alusión a un parte inédito de Güemes de fecha 22 de noviembre de 1816 en el cual narra detalles de la carta de don Bonifacio Ruiz de los Llanos sobre la sorpresa como testigo personal de aquel suceso ocurrido en Yavi. Dicho parte expresa: “Al tumulto salió el Marqués a la plaza, en momentos que pasaba por ella el oficial Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, Comandante de las Avanzadas de Güemes, montado en pelos un caballo flaco enfrenado. El Marqués atribulado le gritó: Ruiz ¿qué haré? ¡Favoréceme! – Ruiz de los Llanos le cedió generosamente su caballo, costando trabajo hacerle montar por su mucha corpulencia. Una vez a caballo, le recomendó tratar de reunir la tropa, y se puso en salvo; pero en aquel momento, a la voz de ¡nos cortan por la zanja! (que era la izquierda por el lado del río, por donde en efecto aparecía una columna) todos huyeron. Ruiz a pie, pudo alcanzar al Marqués que huía y montar de un salto en ancas, pero viendo que su compañero no podía sostenerse, se bajó, y consiguió tomar una mula ensillada, que dio a su jefe, cambiando con él cabalgadura...”.

            Bernardo Frías en su obra “Historia del General Martín Güemes”, narra también aquel episodio de la siguiente manera: “El Marqués, más desgraciado que todos, oía en esos momentos la misa. Sintiendo el tropel en la plaza, salió cuando el enemigo cargaba. El desventurado, que era corpulento y casi obeso, se hallaba a pie. Acierta en esto a pasar Don Bonifacio Ruiz de los Llanos montado en pelos un caballo flaco enfrenado; el Marqués que lo ve, le suplica su consejo y protección, a lo que el generoso oficial cedió, dándole su caballo. Cuesta al Marqués cabalgar, aun con ayuda; mas una vez encima, ordena a Ruiz organizar la tropa, mientras tira él a ponerse a salvo. Pero el enemigo, entrando también por la parte del río en aquel momento, dilata el pánico; todos se creen cercados y tratan de huir cada uno como mejor puede. Todo quedaba así perdido. Ruiz, que era alto y flexible, alcanza al Marqués y de un salto se le trepa a las ancas; pero viendo era imposible sostener al Marqués en caballo sin silla ni estribos, toma una mula con la cual da, cambia el Marqués de cabalgadura...”.

            Cuatro días después, Ruiz de los Llanos le escribe a un tío suyo desde la localidad de Cachi, contándole el terrible e inesperado suceso ocurrido el 15 de noviembre en Yavi en el que por fortuna logró escapar y poner a salvo su vida. Esta carta se publicó en la obra “Güemes Documentado” del historiador Luis Güemes, la que transcribiré más adelante. Además, entre los documentos históricos recopilados por Luis Güemes, encontramos una carta de Belgrano dirigida al general Martín Miguel de Güemes, donde le expresa: “Compañero y amigo querido: Dígame Ud. ¿no sería conveniente que la gente que fue del peruano se reorganizase? López, el José Gregorio y Ruiz de los Llanos podrían emprender esta obra; déme usted su parecer en el particular para que entremos a esta obra, porque el asunto es hallarnos con gente útil por todas partes para concluir con la empresa pronto...”.

            El 15 de septiembre de 1816 Bonifacio Ruiz de los Llanos, en su calidad de Comandante de Avanzadas, comunicó desde Lumará al marqués del Valle de Tojo del triunfo de los patriotas en el Combate de Colpayo al sur de la actual población boliviana de Tarija y luego, desde Pulpera pone en aviso que se desplaza rumbo a Yavi.

            El marqués, a su vez, tres días después le comunica desde el Cuartel Principal en el Moreno a Güemes, lo siguiente: “Son las 7 de la mañana: hora en que he recibido el parte del Comandante de Avanzadas Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, que en copia acompaño: doy a vuestra señoría los parabienes por el triunfo de nuestras armas, y me congratulo con que el peruano empiece sus ensayos militares, lleno de laureles, los individuos que recomienda tanto el comandante Ruiz de los Llanos como el capitán Rivera, son dignos de ser atendidos...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            Pablo de la Torre le escribe a Güemes en Calchaquí el 26 de septiembre de 1816, diciéndole: “Mi venerado jefe y señor: En el momento que llegué a San Carlos oficié al europeo Irrivarrín, para que compareciese a dicho lugar, y allí imponerle el empréstito que V. S. me ordenó; recibió mi oficio y sin contestarme se ocultó, de suerte, que hasta el día no se dónde se haya; en esta virtud he dispuesto pase a su estancia el capitán Ruiz de los Llanos a tomar razón de la hacienda que tenga, y traiga consigo a su capataz, para que éste declare el número de burros, que tenga a su cargo, porque en la actualidad es imposible parar rodeo por la falta de cabalgadura. Si he de dejar en depósito esta hacienda, o la he de conducir a Salta, V. S. me ordenará...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            El 13 de agosto de 1816, el marqués del Valle de Tojo Juan José Fernández Campero, le envía a Güemes una carta desde Toro, en la puna jujeña, por medio de la cual se puede apreciar la estrategia y la capacidad de lucha de los vallistos. En ella expresa lo siguiente: “Mi amado primo y querido Martín: nuestra avanzada principal está en Cueva al cargo de Ruiz de los Llanos y otros oficiales de honor que no se duermen a vista de sus deberes y del enemigo...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            También en la obra citada precedentemente, encontramos un oficio del 6 de noviembre de 1816 remitido por Güemes desde Huacalera al comandante Manuel Eduardo Arias a quién le ordena que: “Mande usted un par de bomberos buenos al dicho punto de Santa Victoria, bien montados, a averiguar si el enemigo ha vuelto, o qué ruta ha tomado, lo mismo que de la suerte de los tarijeños; encárgueles usted averigüen todo con el mayor empeño y con verdad, y usted sin perder un momento me dará parte de lo más mínimo: la adjunta, que pase inmediatamente a Ruiz de los Llanos para que sin demora cumpla lo que en ella le prevengo. En el momento que reciba usted éste, mande cinco hombres a que reciban 25 mulas chúcaras para que las reparta a la gente de su mando (...) P.D. Remito a usted dos mulas más, para que éstas se las pase al Comandante Ruiz de los Llanos con las que ha de pagar un chasqui que importa. Las mulas que tiene usted tenga mucho cuidado con ellas para que no se aniquilen, haciéndolas poner en los mejores pastos, a fin de estar prontas para segunda orden...”.

            Así, entre los documentos güemesianos encontramos sendos oficios remitidos por Fernández Campero a Güemes, desde el Campamento Andante de la Raya y en el Puesto, de fechas 11 y 12 de noviembre de 1816, donde le comunica: “Ayer tarde escribí a vuestra señoría con el parte que me dio el Comandante de Avanzadas Ruiz de los Llanos, de que el enemigo lejos de tratar de atacarnos, hacía su retirada a Suipacha: en cuya virtud, mando al teniente Don Santiago Berresford, que se avance hasta el indicado destino, para que observe sus movimientos...”. “El Teniente Coronel Don Juan José Quesada al presente se había reunido con el Comandante Ruiz de los Llanos...”. “En la declaración ante el gobierno militar del teniente Don Justo González de fecha 2l de noviembre de 1816, procedente de la División que iba al mando del coronel mayor Don Juan José Fernández Campero, sorprendida en el punto de Yavi, y no pudiendo pasar por enfermo al punto de Jujuy a dar su declaración verbal al señor gobernador comandante general de Vanguardia Don Martín Miguel de Güemes, ha tenido por conveniente ordenar al sargento mayor Don Juan Esteban Pérez, para que estampando por escrito la correspondiente declaración me la pase inmediatamente para dar cuenta con ella a dicho jefe. Fecha ut supra. Pablo de la Torre. Certifico que la declaración que sigue es la misma que ha dado el teniente Don Justo González. ...Preguntado si sabe haya escapado alguno de los jefes u oficiales, dijo; que no sabe que hayan escapado más que el comandante Díaz, el capitán Ruiz de los Llanos, el ídem Don Nicolás Frías, y que el coronel Campero, a pesar de haber disparado en un caballo de Ruiz de los Llanos en pelo, fue perseguido, y tomado prisionero, y el teniente coronel Quesada, le han dicho corrió igual suerte con algunos sablazos que le dieron en el mismo pueblo...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            Encontramos también en la citada obra documental, una carta del 2 de septiembre de 1816 remitida por el marqués del Valle de Tojo a Güemes desde Moreno, en la que manifiesta: “Al momento he dirigido cincuenta hombres armados a reforzar las avanzadas bajo las órdenes del capitán Ruiz de los Llanos, con dirección al lado de Cangrejos unos, y otros a los puntos más inmediatos que puedan. No he podido engrosar más esta partida por falta de mulas mansas y porque las del servicio están incapaces, por el trajín y por el tiempo. Por los últimos partes que he recibido, sé que el enemigo se halla ya con toda su fuerza en Yavi (...) A Ruiz de los Llanos le hago las prevenciones que me parece convienen...”.

            En enero de 1817, don Bonifacio Ruiz de los Llanos fue nombrado segundo jefe del “Escuadrón de Gauchos del Valle de Cachi”, bajando con dichas milicias a la ciudad de Salta a hostilizar a los realistas que ocupaban toda la provincia. Poco después, por su valor, era trasladado al “Comando de los Infernales” con el grado de Capitán a cuyo frente participó en las acciones contra La Serna. Debió librar violentos combates desde el 17 de abril al 1º de mayo, en las regiones de Cerrillos y El Bañado, donde los invasores resultaron con importantes bajas.

            La Serna inició el repliegue sobre Jujuy, el día 4 de este último mes. Mientras que el comandante Luis Burela previno a su par Ruiz de los Llanos que ocupara, por orden de Güemes, la Pampa del Rosario, dando cumplimiento a lo requerido. El 13 de mayo de 1817 La Serna intensamente hostilizado por sus flancos, y su retaguardia por las partidas de Infernales, emprendía la retirada de Jujuy, a los seis meses de iniciada la invasión.

            El Boletín número 20, desde el 10 de abril de 1817 hasta el 30 del mismo del “Ejército Auxiliar del Perú” registra que “Se distinguió también mucho en estos días el intrépido Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, Segundo Comandante de la División del Valle Calchaquí...”.

            Güemes en su parte Nº 1, del 25 de abril de ese año remitido desde el campamento volante “El Bañado” al general Belgrano, expresa textualmente: “Excelentísimo señor...No puedo pasar en silencio recomendar la conducta y valor militar del Segundo Comandante de la División del Valle Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, quien con treinta soldados de su mando logró en un avance matarle diez hombres, y quitarles algunas armas con pérdida de dos muertos, y un herido, según me acabo de informar por el último parte. Si la fortuna nos presenta más ocasiones de servir y merecer, tendremos la satisfacción de dar a la invencible nación americana, muchos días de gloria...”.

            El 10 de junio de 1817 Manuel Belgrano le escribe a Güemes desde la Provincia de Tucumán diciéndole: “Compañero y amigo querido: ...Un oficial Peñalba, de los prisioneros en Yavi, me fue remitido por Aramayo en compañía de un Centeno, que fue prisionero en Salo; el oficial Ruiz de los Llanos le ordenó al tal Peñalba que fuese a ver a Ud. primero y le entregó la carta que acompaño; no sé por qué el nominado Ruiz de los Llanos no le querría dejar pasar viniendo a donde yo estoy. Según oigo, parece que en los Valles hay muchas arbitrariedad en los Comandantes y bueno sería que Ud. pusiere un orden con tiempo. Tampoco ha parecido hasta ahora un hombre de los que Ud. me dijo que habían de venir de allí para el ejército por inobedientes; ¡quién sabe si los que deben entender en esto so