GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE SALTA

 

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Boletín del

 

Instituto Güemesiano

 

de Salta

 

 

Nº 33

 

Año 2008

 

______

 

 

 

 

DIRECTOR DE PUBLICACIONES

MPN Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

SALTA

REPÚBLICA ARGENTINA

2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

España 730 (ex casa del general D. Martín Miguel de Güemes)

Teléfono 054 – 0387 – 4215568

(A4400ANR) Salta, Capital · República Argentina

www.institutoguemesiano.gov.ar

 

Dirección y Coordinación General: Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

 

Selección de textos: Ercilia Navamuel

 

 

Impreso en Argentina / Printed in Argentina

 

 

 

 

 

 

 

GENERAL D. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AUTORIDADES DE LA

PROVINCIA DE SALTA

 

 

 

 

I ·

 

Gobernador

Juan Manuel URTUBEY

 

Vicegobernador

Miguel Andrés ZOTTOS

 

Vicepresidente 1º de la Cámara de Senadores

Mashur LAPAD

 

Presidente de la Cámara de Diputados

Santiago Manuel GODOY

 

Presidente de la Corte de Justicia

Guillermo Alberto POSADAS

 

Ministro de Gobierno

Antonio Oscar MAROCCO

 

Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos

Pablo Francisco Juan KOSINER

 

Ministro de Desarrollo Económico

Julio César LOUTAYF

 

Ministro de Educación

Leopoldo VAN CAUWLAERT

 

Ministro de Trabajo y Previsión Social

Nora del Valle GIMÉNEZ

 

Ministro de Turismo

Federico POSADAS

 

Secretario de Cultura

Víctor Manuel FERNÁNDEZ ESTEBAN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

(Creado el 17-6-72. Decreto Nº 5042/1972)

 

GENERAL D. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

 

 

 

I

 

CONSEJO DIRECTIVO

(2008 – 2012) ·

 

 

Presidente

Ercilia NAVAMUEL

 

Vicepresidente

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

Tesorero

Víctor Manuel FERNÁNDEZ ESTEBAN

 

Secretario

José Alejandro CAÑIZARES

 

Prosecretario

Margarita GONZÁLEZ

 

Vocales

Raymundo GARCÍA PINTO

Jorge SÁENZ

Álvaro CORNEJO FLEMING

Félix Rodrigo BRAVO HERRERA

Narciso Ángel FABBRONI

Darío WAYAR NÚÑEZ

 

 

Director de Publicaciones

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano en su reunión del mes de julio de 2003 resolvió instituir un Reglamento de Publicaciones. Solo se publicarán las disertaciones y artículos inéditos vinculados a los objetivos del Instituto, el ambiente socio cultural e histórico durante la gesta güemesiana; a la vida y obra del general Martín Miguel de Güemes y de quienes lo acompañaron en la lucha por la emancipación americana. Asimismo, el Consejo Directivo seleccionará el material a publicarse, sin que ello libere a cada autor de su responsabilidad intelectual y científica. La extensión de los trabajos no debe superar las 25 páginas en papel A4, letra Times New Roman, en cuerpo 11, escritos en procesador de texto Word 6.0 o compatible. Los mismos se deberán entregar en tiempo y forma, y se acompañarán en una copia impresa y en diskette o CD. Deben contener fuente documental y/o bibliografía, citas y notas al pie de página, numerándoselas en el texto.

            Nota: La sola presentación de los trabajos queda a exclusiva consideración del Consejo Directivo, no obliga su publicación y no se devuelven.

 

PRÓLOGO

 

 

            El Instituto Güemesiano de Salta cumplió el 17 de junio de 2008 treinta y seis años y una vez más afianza sus esfuerzos para recordar la gran Gesta Güemesiana. Esta labor reivindicativa es una larga lucha historiográfica, porque pese a la amplia difusión del Instituto y a los logros obtenidos en la provincia como en el Congreso de la Nación, todavía los argentinos, en su gran mayoría, desconocen la historia de la emancipación y la de esta gesta del pueblo salto-jujeño-tarijeño, que abrió paso a la libertad y a la Independencia Nacional.

            Se acerca el Bicentenario de la Revolución de Mayo, y si bien debería ser una fiesta de  las grandes, se sufre la triste desvalorización de la historia profunda de nuestro origen en la Argentina Fundacional y de nuestra República Criolla. Ha costado mucho llegar hasta aquí en términos historiográficos, y sabemos que va a costar mucho más continuar transmitiendo nuestras tradiciones en estos tiempos de desvalorización de todo lo argentino. Es oportuno reconocer que no es del todo efectivo publicar libros con una redacción amena, folletos o artículos impresos o en miles de sitios de internet, porque la gente lee muy poco y casi nada sobre el origen y pasado de su patria. Esa Patria que fue forjada por los hijos del mestizaje biológico y cultural, es decir, los de la raza criolla, los de la estirpe hispanoamericana -al decir de Ignacio Tejerina Carreras- que es el “producto de la más gigantesca mestización en la historia de la humanidad entre europeos y pobladores originarios”, surgida a partir del 12 de octubre de 1492 con la llegada de los conquistadores ibéricos. Y luego esta tierra, soberana, ideada por Güemes y los próceres de su tiempo.

            A pesar de todo, el Instituto Güemesiano sigue trabajando para encauzar y conservar las ideas claras de argentinidad y el respeto por esos valores, en una nación que anhela crecer con los ejemplos de nuestras memorables epopeyas y mirar siempre hacia adelante, por una Argentina en paz, con garantías, trabajo digno, salud, educación y cultura tradicional que nos da identidad.

            Presentamos un nuevo Boletín que hace treinta y un años abrió por primera vez sus páginas para que noveles y versadas plumas se incorporen todos los años y desarrollen sus investigaciones historiográficas en libertad, con seriedad, el necesario rigor científico y publiquen sus conclusiones y trabajos. Cabe señalar que en este derrotero estoy abocado desde que me incorporé en 2005 como director de publicaciones del Instituto y por eso en cada edición reitero la invitación a participar a todos los güemesianos e historiadores en general, para que en consecuencia se sientan parte y entre todos, aunemos experiencias, aportemos ideas, conocimientos y esfuerzos.

            Este libro reúne las siguientes conferencias y discursos de actos y sesiones públicas cumplidas por la institución: “Eustaquio Méndez y la Guerra Gaucha”, de Margarita Isabel González; “Güemes y el Sol de Mayo”, de Darío Wayar Núñez; “El General Güemes en la Medalla. Iconografía del General Martín Miguel de Güemes Relacionada con las Medallas Acuñadas”, de Roberto Enrique Díaz; “La Gran Gesta Güemesiana en la Lucha por la Independencia, Vista por el Doctor Dalmacio Vélez Sarsfield”, de Víctor Fernández Esteban, y “El legado del Doctor Adolfo Güemes: Escuela Agrícola”, de Mirian Violeta Gutiérrez.

            En la sección denominada “El Valle de Calchaquí y sus Patriotas. Justo Homenaje a Tres Guerreros de la Independencia Americana”, se incluyen “El Patriarca del Calchaquí”, de Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, y “El Intrépido”, de Bernardo Ruiz de los Llanos.

            Mientras que el capítulo Investigaciones y Artículos, cuenta con cinco colaboraciones, a saber: “Vocaciones Gauchas”, de Ercilia Navamuel; “El Rostro de Güemes”, de Rogelio Wenceslao Saravia Toledo; “El General Manuel Belgrano en la Gesta del Norte. Amistad entre los Generales Martín Miguel de Güemes y Manuel Belgrano”, de Ricardo Federico Mena y Martínez Castro; “Batalla de Huaqui. Fin de la Primera Expedición al Alto Perú”, de José Alfonso de Guardia de Ponté; “Patriotismo Gaucho”, de María Cristina Fernández de Pérez.

            El apartado Notas y Discursos, contiene una poesía “Los Héroes”, de Rodolfo E. Ibáñez Plaza, y una oración “Oración Gaucha”, de Carlos Diez San Millán, respectivamente. Además, el comentario sobre la presentación en Salta del libro “Guía Genealógica en el Milenium”. Como todos los años publicamos la Memoria Anual, esta vez la correspondiente al periodo 2008, confeccionada por la presidente de la entidad Ercilia Navamuel. En síntesis, podemos sostener que con estos fundamentales aportes, este año se han cumplido los objetivos institucionales.

 

Salta, 22 de noviembre de 2008

 

 

                                                                       Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

                                                                                        Vicepresidente y Director de Publicaciones

                                                                                                   Instituto Güemesiano de Salta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LEY 26.125

GÜEMES HÉROE NACIONAL

 

 

            El 22 de agosto de 2006 se promulgó la Ley Nº 26.125 que declara a Güemes Héroe Nacional. El texto de la Ley expresa:

            El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso (…), sancionan con fuerza de Ley:

 

Artículo 1º- Declárase Héroe Nacional a D. Martín Miguel de Güemes, único general argentino muerto en acción de guerra el 17 de junio de 1821, en la histórica epopeya de la emancipación del continente americano.

           

            Artículo 2º- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Dada en la Sala de sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los dos días del mes de agosto del año dos mil seis.

            Registrado bajo el Nº 26.125

            Alberto Balestrini - José B. Pampuro - Enrique Hidalgo - Juan H. Estrada.

            Decreto Nº 1082/2006

            Buenos Aires, 22/8/2006

 

            Por tanto:

 

Téngase por Ley de la Nación Nº 26.125 cúmplase, comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.

            Kirchner - Alberto A. Fernández - Nilda Garré

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nº 33

 

AÑO 2008

 

(PRESIDENCIA ERCILIA NAVAMUEL)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOMENAJES

 

DE LA

 

ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 8 de febrero de 2008

 

            El Instituto Güemesiano de Salta adhiere a los actos en conmemoración de un aniversario del natalicio del general don Martín Miguel de Güemes, organizados por la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes. El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta acompaña a la Agrupación Tradicionalista en el homenaje realizado en la Plaza 9 de Julio, y luego en la misa que se celebró en la Catedral Basílica, como al acto en el Panteón de las Glorias del Norte.

            En horas de la tarde, como todos los años, se realizó la sesión pública en la sede del Instituto Güemesiano de Salta, España 730. La apertura de la sesión académica estuvo a cargo de la presidente del Instituto, profesora Ercilia Navamuel. Acto seguido se procedió al ingreso de las banderas siendo escoltadas por el grupo folclórico gaucho “Infernales de Güemes” de Buenos Aires. Se entonaron las estrofas del Himno Nacional y el Himno al general Güemes.

            Las disertaciones fueron sucediéndose de la siguiente manera: la profesora Margarita Isabel González, que trató sobre “Eustaquio Méndez y la Guerra Gaucha”, y el licenciado Jorge Sáenz, respecto a “La guerra por la Independencia en el Norte”. Finalmente la senadora nacional, doctora Sonia Escudero, expuso sobre el proyecto de la UNESCO del relevamiento del patrimonio histórico, invitando a participar al Instituto Güemesiano de Salta.

 

 

 

EUSTAQUIO MÉNDEZ Y

LA GUERRA GAUCHA

 

 

Margarita Isabel GONZÁLEZ ·

 

 

            1. De lo que pasó en el Alto Perú, Bolivia, siendo Tarija de la jurisdicción de Salta hasta 1825

 

Según el historiador boliviano Edgar Ávila Echazú, el proceso emancipador denominado “Guerra de la Independencia. Revolución Libertadora del poder colonial español”, se originó por causas políticas sociales: el abuso de los administradores coloniales, su prepotencia discriminadora y la escasa atención a los problemas nacidos de un estancamiento del progreso económico, así como también el oscurantismo cultural empañado por la iglesia, más la segregación de las masas indígenas que se convirtió en la justificación de los levantamientos y rebeldías, este cuadro se empaña aún más con la inhumana explotación de la mano de obra mitaya minera (trabajo rudo y sacrificado).

Ese mundo de complicidades, abusos y sobornos fue el sustrato movedizo de la inestabilidad social y las consecuencias trastornos políticos-económicos que tenían que fluir, teniendo como protagonistas precisamente a los criollos y mestizos ricos de Charcas y Potosí.

Pues a la guerra de batallas campales, sucedió una de guerrillas, escaramuzas, sorpresas y asaltos de grupos que tan pronto aparecían como desaparecían, pero que mantenían una lucha tenaz y constante, sin tregua ni descanso. Imposible detallar todas las acciones, es el decir de Humberto Vázquez Machicado (catedrático de la universidad mayor de San Andrés de Chuquisaca) “las acciones eran a diario, por todas partes, obligando a los realistas a vivir siempre alertas y en combate permanente. Capitaneaba esos grupos de acciones hombres de ciertos carismas y liderazgos, denominados caudillos, quienes luchaban en nombre de la Patria”.

Fue trágica la suerte de muchos de ellos, sea en los recios combates en los cuales no se daba ni se pedía cuartel. Sea por enfermedades como consecuencias de las privaciones de esa vida de guerrillas, la mayor parte de estos personajes murieron antes de ver realizados sus sueños de una Patria libre.

Toda una tierra que vivió ruido de lanzas y gritos de guerra, habla de un pueblo que se levantó en armas para luchar con un gran valor, dice la “Historia de Tarija”, escrita por Ávila Echazú, que venció con heroísmo sin igual, que grabó con letras de fuego en el libro de la historia, nombres tanto de hombres, mujeres y niños de la gran nación Americana, como Martín Miguel Güemes, José Antonio Sucre, Simón Bolívar, Álvarez de Arenales, Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez, entre otros.

 

 

2. Tarijeños y salteños hermanados en la lucha por la Independencia americana

 

Conocido es el aporte que hizo Tarija con hombres, víveres, dinero, monturas a los cuatro ejércitos auxiliares del Perú. Este territorio tuvo una serie de líderes, que a la par de Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez, Pedro Antonio Flores entre otros, tendrán contactos muy cercanos con próceres argentinos como Martín Miguel de Güemes y Manuel Belgrano, pues llevaron a cabo una política contestataria contra las tropas realistas, que de manera permanente asediaban a Tarija, que se convierte en una especie de bisagra por su ubicación estratégica.

Esta realidad, sin dudas, demuestra que la comunicación que hubo entre Salta y Tarija, siempre fue muy fluida. La comunicación epistolar entre Güemes, Belgrano, Francisco de Uriondo y otros jefes locales tarijeños era factible por una serie de razones, entre ellas, los pueblos de Tarija y Salta han estado muy ligados por las mismas ansias de libertad, por compartir historia y cultura. En Tarija las acciones estuvieron bajo los objetivos de la estrategia güemesiana, cuando no a instancias de las espontáneas y no bien ordenadas tácticas de los jefes locales, que en lo esencial trataban de emboscar y desgastar a los regimientos realistas.

Precisamente, en esos tiempos José Ignacio Mendieta comandante en esa jurisdicción y Manuel Rojas, uno de los organizadores de los entonces temidos “Dragones Infernales”, con la ayuda táctica de Eustaquio Méndez y José María Avilés, lograron vencer a los soldados realistas.

En la “Abra del Gallinazo”, en la misma región de Tolomoza, Méndez unió sus fuerzas a las de Lamadrid. Defendían los alrededores de Tarija las unidades de Ramírez. Pero el ya famoso “Moto Manco Méndez” desplegándose desde las inmediaciones de Concepción, ganó los terrenos de la Tablada, al tiempo que Lamadrid, con Avilés y Uriondo, que se habían unido, se acantonaban en las vecindades de la Loma de San Juan y desde allá, exigieron rendirse a las tropas de Ramírez que se encontraron en Tarija.

Ramírez contestó en una arenga a sus soldados “Vamos a desparpajar a esos gauchos” y cruzó el río para enfrentarse con los jinetes de Méndez, que a todo esto bajaban por la Cuesta de la Tablada. Con una irreprimible carga de caballería Méndez rechazó a Ramírez, quien se retiró a la ciudad, mientras Lamadrid había ocupado el barrio de San Roque, donde volvió a intimar rendición a Ramírez. El 15 de abril de 1817 se enfrentaron ambos bandos a orillas del río Guadalquivir. Los gauchos, chapacos de Méndez, Uriondo y Avilés impidieron a los realistas avanzar por las riberas del río, al mismo tiempo que el propio Méndez con sus jinetes y Lamadrid iban venciendo a las tropas de Ramírez.

El héroe de la Tablada, José Eustaquio Méndez, fue hijo de dos descendientes directos de españoles: Juan Méndez y María Arenas, quienes eran campesinos adinerados de San Lorenzo, nació en Carachimayo el 19 de septiembre de 1784, pasó su infancia y adolescencia en las fincas paternas, acaso sin recibir más educación que la común de esos tiempos en los poblados de Tarija; la impartida por algún sacerdote.

No sabemos si por natural inquietud aventurera, o por reveses de fortuna familiar, emigró muy joven a tierras del Río de la Plata. Allá debió correr la suerte de los “mozos perdidos” que eran hijos de estancieros criollos o de campesinos empobrecidos; estos son los llamados “gauchos” peones trashumantes de las haciendas, gente a caballo, diestros en todos los manejos ganaderos, que requerían muchas veces de coraje suicida, donde se supone Eustaquio Méndez perdió una mano en una pialada, donde se le enredó el lazo en la muñeca, quedando la mano pendiente de un tendón, y en un acto de arrojo desesperado, tomó el cuchillo y se cortó la misma, adquiriendo así el apodo de “el manco o moto Méndez”.

El hecho de estar al lado de los desamparados y en contra de las injusticias de los corregidores españoles, no solo debió despertarle en aquellos años la conciencia social, de la libertad y el derecho, la igualdad y el respeto, sino que afirmaría esos principios por haber sufrido en carne propia los abusos del poder.

Al retornar a su tierra, se relacionó con la familia Echazú, haciéndose muy amigo de don Felipe, hijo de don Mariano Antonio. Tal como lo demuestra una carta que Méndez mandó a redactar en 1825, donde pedía la restitución de Felipe como Alcalde de Tarija, al ser depuesto éste por el coronel O’ Connor, también fue compadre de don Bernardo Trigo, es decir, ambos patricios tarijeños.

Lo cierto es que el que ya popular “Moto Méndez” tanto por sus hazañas de valiente jinete gaucho, jovial bebedor y gran enamorado, como por su bondad e ingenuidad, a la vez que por su ancestral sabiduría campesina, logró un gran ascendiente entre los chapacos de San Lorenzo y Tarija, especialmente en los ánimos de los campesinos empobrecidos por las onerosas tributaciones exigidas por las autoridades españolas, en los primeros años del siglo XIX.

En las regiones de San Lorenzo y en todo el valle central, ya en 1813 Eustaquio Méndez era reconocido como el jefe indiscutible de las montoneras que organizó después del triunfo de Suipacha y de la derrota del primer Ejército Auxiliar del Río de la Plata. Se sabe que participó en la refriega de Río de las Piedras, antes de la Batalla de Tucumán, donde se cree también que combatió al lado de Pedro Antonio Flores y Francisco de Uriondo.

Desde 1814 luchó obedeciendo las instrucciones de Uriondo y Güemes, especialmente apoyando las acciones de Uriondo por el Valle de la Concepción, sin descuidar la zona de San Lorenzo. Después del triunfo de “La Tablada”, Méndez y Manuel de Uriondo, hermano de Francisco Uriondo, se dedicaron a reclutar nuevos contingentes para la lucha que, se recrudecería con mayor ímpetu por parte de los españoles.

Uno de los batallones realistas sorprendió en “Mojos” en julio de 1817 a Manuel Rojas, pero éste logró huir ante la superioridad de los enemigos y Mariano Ricafourt (jefe realista) en persona, derrotó a lo jinetes de Uriondo y Méndez el 2 de agosto en Chocloca y el 5 en Santa Ana. A pesar de esos desastres Eustaquio Méndez, había reconstituido sus montoneras, con las que se replegó fuera del alcance de las tropas de Ricafourt.

Sin embargo, esa situación desesperada les infundió a los gauchos chapacos un nuevo vigor casi suicida: considerando sus jefes que, ante el triunfo de San Martín en Chile y el inmediato retorno de La Serna a Tupiza, era la ocasión propicia de intentar otro accionar parecido al de la toma de Tarija en abril, y a la vez de colaborar con los planes de Güemes; de diseminar la retaguardia de La Serna y neutralizar a Olañeta, finalidad que se había fortalecido con los contingentes del entonces lugarteniente de Güemes, José María Pérez de Urdininea.

Ante estos acontecimientos, el coronel realista Vigil pudo permanecer más o menos tranquilo en Tarija, luego de semejante ofensiva contra las partidas rioplatenses y Tarijeñas. No obstante, a principios de noviembre de 1818, el huidizo Eustaquio Méndez, con un sigilo digno de las mejores tácticas, puso cerca a la villa con un considerable contingente. En esa ocasión Méndez jugo una de sus más eficaces cartas. El sitio fue tan efectivo que las partidas realistas no podían asomarse ni siquiera por las barrancas.

Anoticiado de La Serna de tan embarazosa situación para sus vanguardias, invitó a Eustaquio Méndez a parlamentar en su cuartel de Tupiza, ofreciéndole el despacho de coronel del ejército realista y una pensión. Según el acta de la conferencia entre La Serna y Méndez dada a conocer por el general García Camba en sus memorias, Méndez tuvo un heroico desplante, pues le dijo al comandante español que a “Méndez no se lo compra con dinero pese a estar herido”. Sin embargo, dándose cuenta de su situación, ya que no podía continuar con el cerco, sino a riesgo de sacrificar a toda su gente, propuso levantar el sitio a Tarija a condición de que se anulen los tributos de guerra impuestos por los realistas a los campesinos tarijeños y que no se persiga a los jinetes chapacos.

La Serna aceptó esas condiciones de Méndez enalteciendo su honor militar. Según don Tomas O´ Connor d´ Arlach ese compromiso fue respetado hasta incluso después de lograda la Independencia, o mejor dicho finiquitada la anexión de Tarija a Bolivia.

Por su parte el virrey Pezuela, después de la ocupación de Chile por San Martín, en 1819, ordenó el retiro paulatino de las más importantes fracciones del ejército realista del Alto Perú, medida que hacia 1820, va quedando bajo el mando del Gral. Olañeta con su Cuartel Gral. en Tupiza.

Es interesante reflexionar sobre la siguiente situación. Es todo un tema, que según el historiador Ávila Echazú, no se explicó con la debida documentación o bien no se le dio la importancia que merecía, o todo estuvo envuelto en las nubes de un miope patriotismo. Se trata precisamente del retiro de algunos jefes locales por convenios con los comandantes españoles, a fin de establecer una especie de coyuntural armisticio que dejara en suspenso todo lo obrado, es decir, un “statu quo” favorable a los intereses de ambos bandos en contienda.

El ex comandante español García Camba que actuó bajo las órdenes de La Serna en el Alto Perú, dice que Eustaquio Méndez, capituló ante el general en 1818. El mismo Eustaquio Méndez en una carta de junio de 1826 al gobernador Gordaliza de Tarija, confirma tal capitulación, haciendo hincapié bajo qué condiciones lo hizo, además de informar que estaba herido de bala en el pecho, sin municiones, sin auxilio, sin recursos y a las barbas del enemigo.

También debemos saber que en Tarija se organizó un brillante escuadrón de voluntarios tarijeños que se incorporaron al ejército de Olañeta. Ahora bien ¿Estuvo Eustaquio Méndez en ese regimiento de voluntarios tarijeños? ¿Estuvo en el ejército de Olañeta?

 La historiadora Cristina Minutulo de Orsi, al hacer una reseña de los acontecimientos de enero a marzo de 1825, dice: En esos días la figura del coronel Eustaquio Méndez cobra importancia, pues regresa a Tarija después de haberse mezclado en la guerra doméstica que mantenía Pezuela y La Serna, guerra que en el Alto Perú dirimían Olañeta y Valdés. Méndez como partidario de Olañeta recorre el país, después de participar en varios encuentros bélicos, regresa a su tierra que se encontraba conflictuada a raíz de la actividad desplegada por el general José María Pérez de Urdininea, que se había apartado de las órdenes del gobierno de Salta.

Lo cierto es que hasta el día de hoy, no se conoce o al menos nosotros no conocemos detalles documentales de las actividades de Eustaquio Méndez desde fines de 1818 hasta marzo de 1825 que libera Tarija. Al respecto se tejieron muchas leyendas y diversas opiniones, pero la historia escrita puede proporcionar soportes a esas leyendas o cultos, pero no se confunde con ésta, no se rige por sus pautas, por eso no siempre las demandas del culto o leyenda pueden ser satisfechas por la oferta de la investigación.

Continuando con las investigaciones del historiador Ávila Echazú, “En un oficio al Gral. Sucre, en el que da cuenta de la reposición de don Felipe Echazú en el gobierno de Tarija, Méndez se refiere a una veloz expedición que entre ambos hicieron, estando ya de gobernador, en auxilio de las divisiones patriotas contra el tirano Olañeta”.

Ahora bien, no queda sino atenerse a esos testimonios y a los documentos que lo refrendan, los cuales de ninguna manera deslucen al héroe chapaco, podemos decir según Ávila Echazú que se trató de jugadas tácticas de Méndez, una vez que se desligó del compromiso de 1818 con La Serna. “Hoy José Eustaquio Méndez es reconocido en Bolivia, especialmente en Tarija, como un gran héroe de la Independencia de la madre Patria Española”.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ACTA LA REPUBLIQUETA DE TARIJA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. Primer Congreso Argentino: “Gral. M. M. de Güemes”. Tarija, Bolivia.

ÁVILA ECHAZÚ, Edgar: “Historia de Tarija”. Tarija, Bolivia, 1997.

VÁZQUEZ MACHICADO, Humberto; MESA, José; MESA, Teresa GISBERT de: “Manual de Historia Boliviana”.

II

 

 

HOMENAJE AL GENERAL GÜEMES

EN EL LUGAR DONDE FUE HERIDO

 

 

El 7 de junio de 2008

 

 

            El Instituto Güemesiano de Salta, organizó los actos en conmemoración de la fecha y lugar en que fue herido mortalmente el general Martín Miguel de Güemes. El homenaje dio comienzo en horas de la mañana, con una ofrenda floral en el monolito ubicado en el extremo sudeste de la plaza Belgrano de Salta. La dirección del acto estuvo a cargo de la profesora Ercilia Navamuel.

            A continuación, hubo presentación de banderas y entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino. Ercilia Navamuel expuso palabras alusivas a la fecha. Posteriormente el vocal del Instituto Darío Wayar Núñez, pronunció un discurso que tituló “Güemes y el sol de Mayo”. Se cerró el acto con el retiro de las banderas. Asistieron autoridades provinciales, miembros del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano, de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes, fortines gauchos, maestros, alumnos y público en general.

 

 

 

GÜEMES Y EL SOL DE MAYO

 

 

Darío WAYAR NÚÑEZ ·

 

            El Instituto Güemesiano, madre, formadora, y gestora, de los actos académicos de esa gran gesta gaucha, me ha conferido esta emotiva tarea de recordar esa fatídica noche del 7 de junio de 1821, cuando fuese herido por una bala enemiga – en este lugar, el Gral. Martín Miguel Juan de Mata Güemes.

            En ese anochecer frío como el egoísmo, callada como el silencio, e impregnada de tinieblas como la frente de un muerto, la noche se fue esparciendo, entre densos nubarrones desbaratados a trechos, montando en su noble “Negro” se fue alejando, en silencio.

            Esa herida, que llevaría diez días después a ingresar en la memoria de las páginas más brillantes de nuestra histórica patria, esa herida abierta que aún hoy, a 187 años sigue sangrante y latente. Güemes no fue un guerrero improvisado, fue militar de carrera, ennoblecido de la cuna misma, no necesitó de laureles, ni de emblemas nobiliarios, bastándole solamente el amor de su pueblo, de su gente, de sus gauchos, de aquellos que inspirados por él, tomaron entre sus manos la tacuara para defender esta tierra del poder invasor. Enarbolando así la bandera de la justicia, la bandera de los desposeídos, la bandera que hace libre a los hombres, que junto a San Martín y Bolívar conformaron la trípode de la LIBERTAD AMERICANA.

            Junto a la cruz, la espada. Hombres y mujeres, jóvenes, niños y viejos, tarijeños, salteños y jujeños, norteños todos, emprendieron una lucha sin cuartel, convirtiéndola en una de las más auténticas, sangrientas de la historia. Detallar esta gesta llevaría a llenar páginas y páginas que no harían más que laurear esta tierra regada por el néctar del valor de ese hombre vestido por la luz de los grandes.

            Hablar de Güemes es surcar el firmamento de las cumbres andinas, cual cóndor que vuela libre y majestuoso, desde el saliente al poniente, desde el este al oeste, desde el norte al sur, desde los Andes a las costas atlánticas y a las extensas llanuras pampeanas. Suelo del inca, del araucano, del diaguita, del guaraní, y de tantos otros que laten cual fuerza inconmensurable en las venas del mestizaje criollo que puebla esta tierra.

            Hoy, a 187 años de ese juramento hecho por sus gauchos, que al mando delegado al coronel Jorge Enrique Widt de no descansar hasta que el último de los invasores no fuese expulsado de estas tierras – digo – ¿No es momento de recordar aquel pacto hechos por nuestros mayores?. ¿No es este el momento como argentinos, reavivar en nuestros jóvenes y en nosotros mismos la conciencia de ser libres, de nuestros gobernantes el dejar de lado mezquinos individualismos, renunciando a ambiciones personales, para lograr así la unión de la patria?.

            Hoy cuando nos encaminamos a ese gran jubileo de la patria de los argentinos y de todos los hombres de buena voluntad de la tierra, que, en unión con nosotros han contribuido el logro de sus destinos, saludo desde mi humilde ser, la aurora de ese memorable día venidero, animado con la esperanza de que, dentro de lo efímero de las cosas humanas, nuestra patria entrará triunfante, en la inmortalidad de la vida de los siglos.

            A los que alcancen ver renacer las luces seculares del Sol de Mayo, que marchen con aliento hacia adelante, siempre adelante, recordando la figura de ese cadete que intervino en la toma de la “Justina”, con espíritu joven y valiente. Reavivemos la llama encendida por nuestros mayores, haciendo renacer el auténtico espíritu cristiano, entendiendo que la libertad de los hombres está en cada uno de nuestros actos para empuñar así, la única arma que hace fuerte a una nación, la razón.

            Que esta ventisca fría de junio sirva para refrescarnos a cada salteño, a cada argentino, a cada americano, que la lucha emprendida por el general Martín Miguel de Güemes no fue en vano, que aquella lejana noche del 7 de junio sea recordada año tras año, como ejemplo de lucha en cada hombre, mujer y niño de los más alejados parajes.

            Desde esta plaza tan emblemática para los salteños, que como aquella marcha iniciada hace casi 200 años, solo sea para reencuentro en un abrazo de auténtica unión latinoamericana. Güemes gobernante nos enseñó a comprender que la magnanimidad del poder que ejerció durante su mandato no fue signo de debilidad, sino que es el gesto de los grandes.

            Nada más, muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 7 de junio de 2008

 

            La sesión académica se cumplió en la sede del Instituto Güemesiano de Salta, ante una importante y calificada concurrencia. Se presentaron las banderas y se entonaron las estrofas del Himno Nacional y el Himno a Güemes. La apertura con palabras alusivas en homenaje al gran defensor de la libertad y la independencia americana, estuvo a cargo de la presidente Prof. Ercilia Navamuel.

            A continuación, el vicepresidente del Instituto MPN Rodolfo Leandro Plaza Navamuel presentó el Boletín Nº 32, de 302 páginas, recordando que el Instituto Güemesiano de Salta “fundado por el Poder Ejecutivo de la Provincia el 17 de junio de 1972, mediante el decreto Nº 5042, resolvió publicar un Boletín recién en 1977, que seguramente su Consejo Directivo no imaginaba en aquel momento la periodicidad con que se publicaría, aunque ansiaba –como actualmente ocurre- que sus números salieran con frecuencia, conteniendo siempre trabajos de investigación a fin de contribuir al conocimiento de la epopeya güemesiana”. Hizo hincapié en que “gracias al esfuerzo de aquellos primeros directores de publicaciones: Atilio Cornejo y Luis Oscar Colmenares, el Boletín siguió apareciendo una vez por año. Y que “a menos de tres para cumplirse en 2010, el Bicentenario de la Revolución de Mayo, es justo recordar el valioso trabajo realizado por quienes nos precedieron”. Mencionó asimismo que desde octubre de 2007 “tenemos listo el Boletín Nº 32, y era la intención presentarlo en febrero (2008), pero cambios de autoridades gubernamentales como del Instituto, fueron postergando que los originales ingresaran a la imprenta”, anhelando del mismo modo que el número siguiente “se presente en febrero de 2009”. Reseñó su contenido y resaltó que el Consejo Directivo correspondiente al período 2005-2008 “tiene también una profunda satisfacción de poder ofrecer este copioso Nº 32 correspondiente al período 2007”, considerando que para él “fue un honor dirigir y coordinar en este periodo las publicaciones del Instituto y, aún más, poder completar los objetivos. Con esfuerzo, y como si fuera una verdadera recompensa, en estos cuatro años se han publicado todos los números atrasados, desde la segunda edición del Nº 27-28 hasta el Nº 32 que se fueron perfeccionando en cada edición, alcanzando desarrollar un libro que hoy puede compararse con las más acreditadas ediciones análogas de otras instituciones del país”, convencido que el próximo Boletín llegaría con la misma fuerza que los seis últimos números. Informó además, que en breve aquella publicación Nº 32 se incluiría en el sitio digital del Instituto www.institutoguemesiano.gov.ar para quienes lo quisieran consultar On-Line. Para finalizar, como todos los años, invitó formalmente “a los güemesianos e investigadores en general, a colaborar con sus trabajos historiográficos en las páginas de este órgano institucional”.

            Prosiguió el acto con la conferencia del licenciado Jorge Sáenz, que expuso sobre “El golpe de mano en Humahuaca”, y con la del doctor Roberto Enrique Díaz, que por primera vez en la institución se dilucidó sobre un tema poco estudiado en nuestro medio: “El general Güemes en la medalla. Iconografía del general Martín Miguel de Güemes relacionada con las medallas acuñadas”. Esta última conferencia estuvo acompañada de una exposición de medallas en dos vitrinas aseguradas, esta exposición quedó en el establecimiento por diez días para ser visitada por el público.

            Se cerró la sesión con el retiro de las banderas. Finalmente se procedió a la distribución del Boletín Nº 32 a todos los presentes.

 

 

 

EL GENERAL GÜEMES EN LA MEDALLA. ICONOGRAFÍA

DEL GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

RELACIONADA CON LAS MEDALLAS ACUÑADAS ·

 

 

Roberto Enrique DÍAZ ··

 

Sabido es que al tiempo del fallecimiento de Güemes no existía ni la fotografía ni se confeccionaban daguerrotipos, tampoco el héroe gaucho había posado para ningún pintor o retratista. La imagen que de Güemes se conservaba es producto de los distintos relatos que realizaban familiares o personas a él allegadas. Tal vez la primera en documentar esas descripciones, fue Juana Manuela Gorriti, quién en su obra “Güemes. Recuerdos de la infancia” (1853), lo retrata como “un guerrero alto, esbelto y de admirable apostura. Una magnifica cabellera negra de largos bucles y una barba rizada y brillante, encuadraban su hermoso rostro de perfil griego y de expresión dulce y benigna…”.

Se ocupó de la temática el profesor Carlos G. Romero Sosa, quien en su estudio titulado “Iconografía Norteña de Belgrano y Güemes” adjudica la primacía de la representación de Güemes al pintor francés Ernest Charton, trabajo que habría ejecutado en 1876 teniendo como modelo al sobrino nieto del prócer el Sr. Carlos Murúa Figueroa, bajo las directivas de don Juan Martín Leguizamón; este trabajo habría sido obsequiado al Dr. Ángel Justiniano Carranza.

Sostiene el profesor Romero Sosa, que el retrato realizado por Charton de un Güemes con indumentaria gaucha no habría sido del agrado de Carranza, por lo que encontrándose en Salta en 1885 hizo confeccionar, por el educacionista don Flavio García, un bosquejo a lápiz de Güemes militar, firmado con las iniciales F.G., en el que solo se habría modificado la indumentaria reproduciendo en lo demás, el primitivo dibujo de Charton.

 

 

Carlos Murúa Figueroa

 

 

 

 

 

1. Martín del Milagro Güemes Puch

2. Luis Güemes Puch 3. Carlos Murúa Figueroa

 

 

 

 

 

F. G. SALTA

 

El coronel Luis Alberto Leoni Houssay - quien discrepa con las opiniones del profesor Romero Sosa- se preocupó de sistematizar las distintas referencias que con respecto a la persona de Güemes realizaron historiadores en las épocas más diversas, y nos aporta en respaldo de sus opiniones valiosa documentación.

Puntualiza el coronel Leoni Houssay que las afirmaciones de Romero Sosa se basan en expresiones orales y que no concuerdan con lo que dan cuenta varias cartas intercambiadas por Luis Güemes Puch con sus hijos Domingo, Luis y Martín y entre estos últimos.

Desde Buenos Aires, el 14 de agosto de 1879 Luis Güemes Castro escribe a su hermano Martín en Salta, lo siguiente: “Holmberg me ha dicho que en Salta están haciendo el retrato de mi abuelo. El Dr. Carranza le ha pedido a Miguel Aráoz el retrato de mi abuelo porque va a escribir su biografía”.

En otra carta escrita en Buenos Aires por Domingo Güemes Castro a su padre Luis en Salta, con fecha 7 de agosto de 1883, le dice: “Ya me han hecho un nuevo ensayo del retrato de mi abuelo. El Gral. Mitre me hizo decir que le hiciera poner traje de húsar y él mismo le dio al pintor un modelo. El retrato ha gustado a todos, dicen que es el más parecido a nosotros y el más lindo también. Se lo he mandado a doña Juana Manuela para que lo tenga unos días y lo revise despacio”.

 

 

Una gran nebulosa se cierne con respecto a la existencia de algún óleo anterior a 1885, ejecutado por Charton u otro pintor. El 30 de diciembre de 1885 en la Revista “La Ilustración Argentina” aparece a página entera el dibujo del general, vistiendo el uniforme de húsar, con el dolman sobre el hombro derecho, en el corte del brazo izquierdo se lee la firma de su autor F. Hoyos, un joven dibujante salteño radicado entonces en Buenos Aires.

En 1894 aparece la primera medalla ordenada por la Junta de Numismática Americana, en el anverso Güemes luce de mayor edad, con uniforme de húsar, ostentando tres condecoraciones sobre su pecho, y en el reverso Güemes vestido de gaucho, encabeza una carga de los “Infernales”.

Ángel Justiniano Carranza en un artículo publicado el 17 de junio de 1894, nos informa que la medalla antes mencionada, fue “compuesta y dibujada bajo la inspiración de los miembros de la Junta Numismática, por el hábil pintor Eduardo Cerrutti y grabada por José Domingo, reputado maestro entre los de su arte.”

Al año siguiente, en 1895, en el libro del escritor F. de Oliveira Cezar, con varios dibujos del catalán Fortuny, titulado “Güemes y sus gauchos”, se reproduce una litografía de Güemes con uniforme de húsar, firmada al corte del brazo izquierdo por Fortuny.

 

 

 

A principios de siglo el pintor Eduardo Schiaffino, a requerimiento del Dr. Luis Güemes Castro realiza, en la casa de Martín Miguel Güemes Castro y su hermano Luis en la calle Lavalle 733 en Buenos Aires, un cuadro tomando como modelo aparte de las fotografías que le proporcionaron, el rostro y la figura espigada de Martín Miguel Güemes Castro.

Es el propio Schiaffino quien nos proporciona información sobre los elementos y modelos en los que se basó para componer el retrato que en 1965, sería “certificado” y “legalizado” por Decreto Nº 8988 del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Salta.

El 13 de setiembre de 1903, Schiaffino remite al Dr. Luis Güemes una carta en la que expresa: “Mi querido amigo, tengo de enviar a Ud. una reproducción (única) del retrato al pastel negro que hice de su ilustre abuelo, mientras realizo el retrato pintado, que deseo dedicar a Ud. en testimonio de afecto. Al mismo tiempo le devuelvo el uniforme de húsar blanco de la Princesa y la casaca negra del General Güemes, que Ud. tuvo la gentileza de facilitarme para estudiar el retrato, así como varias fotografías suyas y de miembros de su familia. Pronto iré a verle. Lo saludo cordialmente. Su afmo. E Schiaffino”.

El cuadro es un dibujo a lápiz y carbonilla sobre cartón que lleva la firma de “E. Schiaffino” y fechado 1902, consignando la frase “Cartón para el retrato del General Güemes”.

 

 

 

 

1894

 

Homenaje de la Junta de Numismática Americana

al general Güemes y a sus heroicos gauchos

 

 

 

 

ANVERSO: En el campo, busto del Gral. Güemes de tres cuartos perfil izquierdo con uniforme militar; en la base una rama de roble y otra de palma, unidas por un moño. Leyenda perimetral superior / GENERAL MARTIN MIGUEL GÜEMES / Separada de la inferior por dos estrellas de cinco puntas / 7 DE FEBRERO 1785 / SALTA / (sobre ramas de laurel en sotuer) / 17 DE JUNIO 1821 /. Bajo la rama de roble el nombre del grabador.: / J. DOMINGO /. Sin gráfila.

REVERSO: En el campo, gaucho con sombrero y poncho montado en caballo con la marca de Güemes (3) encabeza una carga de lanceros “Infernales”. Al fondo, sol elevándose sobre montañas. Leyenda perimetral superior / 1814 A LOS HEROICOS GAUCHOS 1823 / En el exergo en siete líneas: / 1894 JUNTA DE NUMISMATICA AMERICANA (6 estrellas de cinco puntas) / LA PATRIA OS LLAMO A DEFENDER SUS / FRONTERAS DEL NORTE COMBATIENDO / CON GORRITI.VIDT.ARIAS.URDININEA./ROJAS.SARAVIA.LATORRE.BURELA./ZAVALA.URIONDO / MOLINA / A la altura de la segunda línea a izquierda las iniciales J. D. y a derecha C.E.

METAL: Cobre

MODULO: 70 mm.

PESO: 137 grs.

ARTISTAS: José Domingo (escultor) y Eduardo Cerrutti (pintor)

ACUÑADA en: Casa de Moneda de la Nación.

EJEMPLARES ACUÑADOS: 100.

 

 

1. Medalla al general Güemes y sus heroicos gauchos. Junta de Numismática Americana 1894

 

Es esta la primera pieza que se acuña en homenaje al Gral. Martín Miguel de Güemes.

En el año 1894 el historiador Ángel Justiniano Carranza, intervino para lograr que en Buenos Aires la Junta de Numismática Americana, actual Academia Nacional de la Historia, acuñase una medalla conmemorativa y de homenaje.

Un ejemplar de la misma fue remitido al nieto mayor del héroe, Sr. Don Martín Miguel Güemes juntamente con una nota fechada el 17 de junio de 1894 en la que los miembros de la Junta expresaban

 

“Junta de Numismática

Americana

Buenos Aires, 17 de junio de 1894

 

Señor D. Martín Miguel Güemes

Salta

 

Muy Señor nuestro:

En el aniversario 73º del trágico fin del glorioso defensor de Salta, general

Martín Miguel Güemes, esta Junta de Numismática Americana, ha creído rendir un merecido homenaje a su memoria, mandando acuñar la adjunta medalla conmemorativa de sus hazañas en la era inolvidable de nuestra independencia.

Reconociendo en Ud. a uno de los dignos descendientes de aquel Gran

Patriota, sírvase aceptarla como una prueba palpitante de que se aproximan los días de reparaciones y de justicia para los que, como su Ilustre antecesor nos legaron una patria libre y soberana.

Con tal motivo tenemos el muy satisfactorio de ofrecer a Ud. las

seguridades de mayor consideración.

 

Bartolomé Mitre

José Marcó del Pont           Ángel Justiniano Carranza

Alfredo Meabe                     Enrique Peña

Alejandro Rosa”

 

Ángel Justiniano Carranza publicó en La Prensa, el día 17 de junio de 1894 un encendido artículo bajo el título “Una página de bronce a la memoria del patriota Güemes”, en el que se refiere a la personalidad del héroe y aporta una amplia descripción de la medalla, informando que la misma había sido compuesta y dibujada, bajo la inspiración de los miembros de la Junta, por el hábil pintor Eduardo Cerrutti y grabada por José Domingo, reputado maestro entre los de su arte en el país, habiéndose dejado la acuñación al cuidado del ingeniero Sr. Eduardo Castilla, director de la Casa de Moneda de la Nación.

 

 

 

 

                   

 

 

 

 

 

 

Alejandro Rosa en su memorable trabajo “Medallas y Monedas de la República Argentina” (págs. 361/73) publicado en Buenos Aires en 1898 se ocupa de esta pieza, reproduciéndola, describiéndola en forma pormenorizada y agregando noticias sobre la vida de Güemes, incluyendo luego, el ya citado artículo de Carranza y otro que escrito por José Juan Biedma habíase publicado en La Nación el 16 de junio.

 

Me ocuparé ahora de algunos de los “polémicos” temas que surgen de la medalla:

 

1) Se consigna en la misma como fecha de nacimiento de Güemes el día 7 de febrero de 1785, sin embargo hoy en forma casi unánime se reconoce como fecha de nacimiento el día 8.

Reza en la partida de bautismo de Martín Miguel de Güemes

 

“En esta Santa Iglesia Matriz de Salta el 9 de febrero de 1785, Yo el Cura Rector más antiguo, exorcicé, bauticé y puse óleo y crisma a Martín Miguel Juan de Mata, criatura nacida de dos días e hijo legítimo de don Gabriel de Güemes Montero y doña María Magdalena de Goyechea y la Corte y fueron sus padrinos de agua y óleo don José González de Prada, Contador Ministro Principal de Real Hacienda y doña María Ignacia Cornejo y para que conste lo firmé. Dr. Gabriel Gómez Recio”

 

En la citada partida no figura el día del nacimiento por lo que algunos historiadores, Carranza entre ellos, sostuvieron que el nacimiento de Martín Miguel se produjo el día 7 y otros, que lo fue el día 8 de febrero.

El Instituto Güemesiano de Salta se pronunció por esta segunda fecha teniendo en cuenta que la iglesia celebra San Juan de Mata el 8 de febrero y que los descendientes del prócer afirmaron que, la familia siempre sostuvo que nació el citado día.

 

            2) El segundo tema “polémico” lo constituyen las condecoraciones que se colocaron en el pecho del héroe. Expresaba Carranza que eran las correspondientes a la defensa de Buenos Aires, Suipacha y Salta.

Existen más dudas que certezas sobre la posibilidad que algunas de estas condecoraciones le hubieran sido otorgadas o entregadas y que las hubiera usado en alguna oportunidad.

 

 

                        

 

 

 

 

 

 

 

Cabe hacer notar que si bien está acreditado que Güemes participó en la Reconquista y luego Defensa de Buenos Aires, no es menos cierto que lo hizo en el carácter de cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires y recién en enero de 1809 en reconocimiento a su actuación, se le concede el despacho de subteniente.

Ninguna constancia existe de que medalla alguna le fue otorgada en esa oportunidad, Fernando VII, a través de Suprema Junta Gubernativa de España e Indias, ordenó entregar a quienes “han contribuido a la gloriosa victoria que las armas de SM han conseguido sobre las enemigas…”, entre otros al cadete Martín Güemes, como premio un pequeño escudo de paño y seda, circular de seis centímetros de diámetro, con la figura del escudo de la ciudad de Buenos Aires en su centro, y a su alrededor la leyenda “RECONQUISTADOR Y DEFENSOR DE BUENOS AIRES” detalles todos éstos bordados en hilos de oro, plata y seda. El escudo que habría pertenecido a Güemes fue donado y se conserva en el Museo del Regimiento de Caballería Ligero 5 “Gral. Martín Miguel de Güemes” (Salta).

La supuesta medalla por la participación en Suipacha no constituye “una verdad histórica” sino “una reivindicación histórica” porque si bien la participación de Güemes en este primer triunfo argentino fue principalísima, por motivos aún hoy desconocidos, en los partes oficiales de Castelli y González Balcarce no mencionan la actuación del capitán Güemes, lo que lleva a suponer que ningún reconocimiento le fue otorgado.

Finalmente con relación a la medalla de Salta, suponemos que se trataría del premio que el Gral. Belgrano propuso por la Defensa de Salta, que consistía en una estrella heráldica militar de seis puntas y que diera origen al Decreto Nacional del 28 de noviembre de 1817, por el que el Director Supremo Gral. Martín de Pueyrredón distinguía a Güemes y a los defensores de la libertad en Salta.

Para Güemes toda en oro, para los comandantes y oficiales los brazos de la estrella en oro y el centro de plata, con pendientes de cintas celeste para lucir en el pecho, estrella que llevaba la inscripción “AL MÉRITO EN SALTA” y en su centro “AÑO DE 1817”, unida a la cinta por una corona de laureles.

Esta condecoración, sobre la que mucho se ha escrito, constituye el principal precedente del actual escudo de Salta, llamado Escudo de la Estrella pero a pesar del dictado del decreto respectivo y de las órdenes trasmitidas para la fabricación de las condecoraciones, a nuestros días no ha llegado ejemplar alguno de dicha pieza, dudando algunos de que fuera efectivamente acuñada y asegurando otros que nunca lo fue. Según el Dr. Luis Güemes (en Güemes Documentado, tomo 7, págs., 417/31), la estrella de oro nunca fue recibida por su antecesor el Gral. Martín Miguel de Güemes.

 

            3) Otro aspecto polémico lo constituye la imagen que de Güemes se grabó en el anverso de la medalla, si consultamos la opinión de quienes se ocuparon de la iconografía de Güemes, nos encontraremos con disímiles posiciones, así Carlos G. Romero Sosa sostiene que fue un retrato confeccionado por Flavio García en Salta, modificando el original retrato pintado por el francés Charton en el que Güemes aparecía vestido con traje de gaucho, el que, a pedido de Carranza, fue sustituido por el uniforme militar (de húsar, con alamares), opinión que no comparte el investigador coronel Leoni Houssay.

En verdad, es el propio Carranza quien nos proporciona la correcta información, ya que en el citado artículo publicado en La Nación da su testimonio adjudicando el dibujo a Eduardo Cerrutti, miniaturista y retratista italiano que había fijado su residencia en Buenos Aires hacia 1887, cuyas iniciales fueron grabadas en el reverso de la medalla al costado derecho del exergo, dibujo cuyo paradero es hoy desconocido.

 

            4) Algunos historiadores han sostenido que la figura central representada en el reverso no es otra que la de Güemes vestido de gaucho con sombrero y poncho, dirigiendo la carga de los “Infernales”, sobre este punto nada nos dicen los que participaron en la concepción de la medalla, pero resulta sugestivo que en el anca de ese caballo con claridad se advierta la marca de ganado utilizada por el Gral. Güemes y que consistía en un dibujo muy similar a un número 3 invertido.

 

 

           

 

Lo expuesto precedentemente pone en evidencia la relación estrecha entre la medallística y la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1931

Inauguración del Monumento Nacional en Salta

 

 

 

 

 

 

 

ANVERSO: En el campo, reproducción de la estatua ecuestre que corona el monumento, perfil izquierdo, fondo de cerros. Anepígrafe. Sin gráfila.

REVERSO: En el campo, encerrada entre ramas de laurel frutado, en nueve líneas la leyenda: / .XX.II.MCMXXXI. / MONUMENTO NACIONAL / AL / GENERAL DE LA INDEPENDENCIA / MARTIN GÜEMES / EN / SALTA /. PRESIDENTE DE LA NACION / TENIENTE GENERAL JOSE F. URIBURU /. Sin gráfila.

METAL: Plata dorada.

MODULO: 61 mm.

PESO: 72.50 grs.

ARTISTA: V. GARINO (en el exergo del anverso).

ACUÑADA en: Casa de Moneda de la Nación.

EJEMPLARES ACUÑADOS: 90.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1931

Inauguración del Monumento Nacional en Salta

 

 

 

 

 

METAL: Plata            PESO: 70 grs. EJEMPLARES ACUÑADOS: 60.

 

 

 

 

1931

Inauguración del Monumento Nacional en Salta

 

 

 

 

METAL: Cobre          PESO: 74.50 grs.        EJEMPLARES ACUÑADOS: 200.

NOTA: Se acuñaron también 10 ejemplares en oro, 110 grs. Y 100 ejemplares en cobre plateado, 75.50 grs.

 

 

            2. Inauguración del monumento al general Güemes en Salta

 

El 17 de junio de 1885, don Ángel Justiniano Carranza inicia un movimiento procurando el reconocimiento del héroe nacional Martín Miguel de Güemes y la construcción de un monumento ecuestre en Salta, así durante la “velada conmemorativa del histórico 17 de junio de 1821” lanzó la idea de levantar el citado monumento, para lo que se formaron tres comisiones que habrían de impulsar la iniciativa.

Los enfrentamientos entre partidarios y adversarios, produjeron diversas modificaciones en cuanto al lugar adecuado para el emplazamiento del mismo. Inicialmente se pensó en la plaza principal, la plaza 9 de julio. En 1910 una nueva comisión insiste en ese emplazamiento pero al suscitarse discusiones en el seno de la misma se decidió levantarlo en una plaza creada frente al edificio de la entonces Casa de Gobierno (hoy sede de la Legislatura), que fue denominada “Plaza Güemes”.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajo el gobierno de Joaquín Castellanos, el 17 de junio de 1921, entre los actos conmemorativos del centenario de la muerte del prócer, se colocó la piedra fundamental del monumento en el centro de dicha plaza.

Nuevas polémicas se desataron y el monumento se postergaba, hasta que la propuesta del Dr. Ernesto Padilla logró concitar adhesiones en el sentido de crear al pie del cerro San Bernardo la “Plaza de los Suburbios”, la que fue inaugurada en 1926. Allí finalmente se emplazaría el monumento.

El concurso convocado por la Comisión Nacional fue ganado por el escultor Víctor J. Garino, quien había visitado con propósitos artísticos y científicos conjuntamente con su pariente el sabio entrerriano Juan B. Ambrosetti, el norte argentino. El escultor estudió prolijamente las características del caballo que habría de portar la estatua de Güemes, se documentó en forma acabada sobre la envergadura, la fisonomía, las costumbres del Gral. Martín Miguel de Güemes, contó con la colaboración de numerosos historiadores y el testimonio de antiguos pobladores para imaginar las escenas que habría de plasmar en los bronces que integrarían el monumento.

Tanto la figura ecuestre, como los bien perfilados y originales relieves fueron fundidos en el Arsenal de Guerra de la Nación. Las tareas de construcción fueron encomendadas a la Dirección General de Arquitectura y realizadas en coordinación con el escultor. Luego de diversas modificaciones tanto en el tamaño como en el revestimiento del fuste, se colocó la estatua de Güemes en su pedestal, finalizándose las obras el 11 de diciembre de 1930.

Varios articulistas se han referido a las piezas que se acuñaron con motivo de la inauguración del monumento, pero ninguno de ellos aportó datos sobre la autoría artística de dicha medalla, ni sobre el taller en el que habría sido acuñada. La curiosidad y un dejo de suerte nos permiten hoy brindar información sobre el particular.

La medalla ostenta en el anverso una fiel reproducción de la estatua ecuestre que corona el monumento y en el reverso las leyendas indicando la fecha de inauguración, esto es el 20 de febrero de 1931, bajo la presidencia del Tte. Gral. José F. Uriburu.

Esta pieza, que es considerada una de las más bellas, denota que su autor era un escultor de exquisita formación. Hoy, sin duda podemos afirmar que el autor de los platos con los que se fabricaron los cuños de esta medalla, fueron de autoría del ya citado Víctor J. Garino.

 

Víctor J. Garino

 

En el exergo del anverso, de forma tenue en algunos casos y apenas perceptible en otros se observa la leyenda /V. GARINO/, ello nos permite afirmar que solo a él cabe atribuir la paternidad artística de la pieza.

 

 

 

 

 

 

 

 

           

 

 

 

 

 

 

Se había fijado como fecha para la inauguración el día 20 de febrero de 1931. La investigación realizada nos permitió acceder a documentos que acreditan que las medallas fueron acuñadas en la Casa de Moneda de la Nación.

A pedido de la Dirección General de Arquitectura, el 12 de enero de 1931, la Casa de Moneda elabora un presupuesto por la confección de dos cuños, uno con el anverso y otro con el reverso según reza el mismo “Según modelo remitido”, presupuestando cada medalla de oro de 110 grs. en la cantidad de $ 236,90 las de plata de 70 grs. en $ 13,15 y las de cobre de 100 grs. en $ 1,90.

Otro presupuesto de fecha 15 de enero de 1931 consigna que se cobraría por el dorado de 50 medallas de plata $ 1,00 por cada una y por el plateado de 100 medallas de cobre $ 0.50 por cada una

El 27 de enero de 1931 el jefe de talleres solicita al director de la Casa de Moneda la adquisición del oro y la plata necesarios para la confección de las medallas.

En la memoria de la Casa de Moneda de la Nación correspondiente al ejercicio 1931 se expresa: “El día 27 de enero de 1931 se empleó por primera vez la máquina de reducir para hacer trabajos relativos a la confección de medallas”.

“El primer trabajo fue la reducción y grabado de un cuño para el anverso de la medalla conmemorativa de la inauguración del monumento al Gral. Güemes, en Salta”.

“El 21 de febrero se entregaron a la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, las siguientes medallas de 6 cm. de diámetro:

      

     Medallas de oro                               10

     Medallas de plata dorada                 90

     Medallas de cobre plateado                       100

     Medallas de plata                             60

     Medallas de cobre                          200

        Total                                                       460

 

Resulta curioso que produciéndose la inauguración el día 20 de febrero, la Casa de Moneda hubiera entregado las medallas al día siguiente de la inauguración. Otros documentos hacen dudar sobre si la entrega se efectuó efectivamente en esa fecha o si fueron entregadas con anterioridad y recién se tomó nota en la fecha que consigna la memoria. Existen en la Casa de Moneda dos balances de Tesorería, uno de oro correspondiente a 1931 que menciona:

“21 de febrero de 1931. Nuestra entrega en 10 (diez) medallas para la inauguración al Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 900. Peso bruto: 1078 grs. Fino gramos: 970,200 grs.”.

“21 de febrero de 1931. Nuestra entrega en dorado de medallas de plata para la inauguración del Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 90-. Peso bruto; 31.345 grs. Fino gramos: 28.210.05 grs.”.

“Balance de plata, 1931. 13 de febrero: Nuestra entrega en 150 medallas para la inauguración del Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 900. Peso bruto: 10.500 grs. Fino gramos: 9.450.00 grs.”.

“Nuestra entrega en baño dado a 100 medallas de cobre para la inauguración del Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes en Salta. Ley 900. Peso bruto: 110 grs. Fino gramos: 99.00 grs.”.

Este documento pareciera indicar que al menos las medallas acuñadas en cobre y en plata, habrían sido entregadas el día 13 de febrero, con lo cual pudieron obsequiarse a los asistentes al acto del día 20, al tiempo de la inauguración.

Este acontecimiento tuvo varios ausentes, uno de ellos el más grande historiador sobre la vida y obra del Gral. Martín Miguel de Güemes, don Bernardo Frías, quien había fallecido el 17 de diciembre de 1930. Y también los descendientes del Gral. Martín Miguel de Güemes a raíz de la detención en Buenos Aires del Dr. Adolfo Güemes –nieto del General- lo que motivó el enojo y ausencia de los familiares, a pesar de que el Gral. Uriburu había ordenado la libertad del mismo para que pudiera asistir a los actos. Como los medios de comunicación eran precarios, los familiares del Dr. Adolfo Güemes residentes en Salta tomaron conocimiento de su detención, no así de su liberación, por lo que no asistieron al acto inaugural del Monumento.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CARRANZA, Ángel Justiniano: “Una Página de Bronce”. La Prensa, 17 de junio de 1894.

GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”. Tomos 1, 6, 7 y 12. Ed. Plus Ultra. Buenos Aires.

LEONI HOUSSAY, Luis Alberto: “Iconografía del General Martín Miguel de Güemes”. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta Nº 08. Salta, 1984.

LIBRO DE NOTAS DE TALLERES DE CASA DE MONEDA DE LA NACIÓN, 1931 y MEMORIA DE CASA DE MONEDA DE LA NACIÓN, 1931.

OLIVEIRA CEZAR, Filiberto de: “Güemes y sus Gauchos”. Buenos Aires, 1895.

PERDIGUERO, César: “Antología del Cerro San Bernardo”. Fundación Etchart. Salta, 1984.

ROMERO SOSA, Carlos G.: “Iconografías Norteñas de Belgrano y Güemes”. Boletín Instituto Bonaerense de Numismática Nº 10.

-- “Orígenes y Ejecución del Monumento al General Güemes en la Ciudad de Salta”. Boletín del Instituto Güemesiano de Salta Nº 06. Salta, 1982.

ROSA, Alejandro: “Medallas y Monedas de la República Argentina”. Imprenta Biedma e Hijos. Buenos Aires, 1898.

SARAVIA TOLEDO, Rogelio W.: “El Rostro de Güemes”, en “Distintas miradas sobre Martín Miguel de Güemes”. Salta, 2002.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 17 de junio de 2008

 

 

            Adhesión y asistencia del Instituto Güemesiano de Salta a los actos organizados por el Gobierno Provincial a las 9,00 de la mañana. Representado por miembros del Consejo Directivo y socios, el Instituto asistió al Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral Basílica y al posterior desfile ante el Monumento al Gral. Martín Miguel de Güemes, en Av. Uruguay.

            El Instituto Güemesiano programó el acto académico a las 19,00 en su sede de España 730. La apertura con palabras alusivas al aniversario del fallecimiento del general Martín Miguel de Güemes, estuvo a cargo de la profesora Ercilia Navamuel. Luego se cumplió la entrada de banderas y se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y el Himno a Güemes.

            Seguidamente, se abrió la sesión pública con la conferencia “La gran Gesta Güemesiana en la lucha por la Independencia, vista por el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield”, a cargo del escribano Víctor Fernández Esteban. Continuó el profesor Matías Jorge, que habló sobre “El general José de San Martín en Salta”, y la profesora Mirian Gutiérrez, disertó acerca de “El legado Dr. Adolfo Güemes y la Escuela Agrícola”. Se finalizó con el retiro de las banderas y entrega de material bibliográfico a cada uno de los asistentes.

 

 

 

LA GRAN GESTA GÜEMESIANA EN LA LUCHA

POR LA INDEPENDENCIA, VISTA POR EL

DOCTOR DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD

 

 

Víctor FERNÁNDEZ ESTEBAN ·

 

Dalmacio Vélez Sarsfield nace en Amboy, hoy en el departamento de Calamuchita, provincia de Córdoba el 18 de febrero de 1800 y Martín Miguel de Güemes en la ciudad de Salta, en la actual calle Balcarce 51, donde vivía su familia, el 8 de febrero de 1785. Sarmiento en una biografía sobre Vélez diría que nació en 1801 y aquí durante años se discutió si fue 7 u 8 de febrero el día del nacimiento del general. En vista de ello diré que escuché de labios del licenciado Luis Oscar Colmenares la conferencia pronunciada el 8 de febrero de 2000 en el Cabildo Histórico de Salta en el 215 aniversario del nacimiento de Güemes y en conmemoración al bicentenario del natalicio de Vélez, titulada “Dalmacio Vélez Sarsfield autor del primer homenaje a Güemes”.

En ella hizo exposición de una faceta, que para los que estudiamos Derecho, nos era totalmente desconocida. Se refirió a la polémica mantenida con Mitre, a raíz de la publicación de su Historia de Belgrano, en la que el abogado, general y masón aparece como un deslucido personaje. Colmenares exhumaba así un texto que parecía tornar en superficial el esfuerzo de muchos por la prístina idea de libertad encendida en la Revolución de Mayo. Allí apuntaba la brillante disertación, a la que quiero aportar otros conceptos y reflexiones, acaso para tratar de comprender la magnitud de la gesta de Martín Miguel de Güemes.

Hace un tiempo pude dar con un libro de una colección titulada Grandes escritores argentinos donde recoge Páginas magistrales de V. Sarsfield con prólogo de Domingo Faustino Sarmiento, editado en Buenos Aires en 1944. Dice el autor del Facundo en la última línea del discurso con el que despide los restos del ilustre cordobés: “El Dr. D. Dalmacio Vélez Sarsfield ha salvado con el asiduo trabajo de medio siglo, estas barreras naturales, y su nombre, sus trabajos y sus libros, lo harán vivir con nosotros, nuestros hijos y los de otros países, por una larga serie de años, sino por siempre, mientras haya leyes, crédito y comercio, que tanto favoreció. ¡Adiós, viejo Vélez!”

Sarmiento le había propuesto, como presidente de la República, un cargo en el gabinete nacional, a lo que aquel contestó: “… ¿Viene usted buscando el latín?” Esta es la caracterización más acertada que pueda haber del Vélez hombre y del Vélez el hombre para el futuro. Cuando el licenciado Colmenares se refiere al homenaje a Güemes, a muchos nos quedó en claro que había que releer el texto publicado en El Nacional.

Aracelli Bellotta en su novela Aurelia Vélez. La amante de Sarmiento, afirma que Urquiza le dio el dinero para la empresa editorial. Así se lee en dicho libro: “Es que para la joven Aurelia, de dieciséis años, nada de lo que estaba ocurriendo en el país le era extraño. Su padre hacia tiempo que estaba en contacto con Urquiza, de quien había recibido una subvención para fundar el diario El Nacional, y más de una vez lo había escuchado conversar con Domingo Sarmiento -un amigo sanjuanino de la época del exilio cuyos escritos y opiniones deslumbraban especialmente a Aurelia- de que por fin se iniciaría la gran obra de la constitución de la República, igual que se hablaba en los tiempos de Rivadavia, nombre venerado en el hogar de los Vélez Sarsfield.” La mención al primer presidente, Rivadavia, es útil para tomar cuenta de la actuación pública de Vélez Sarsfield y de calificarlo como un auténtico testigo de su tiempo, fiel en todo sentido, y con la impronta de haber estado donde se desarrollaba la historia.

El joven Dalmacio se matricula en el Colegio Monserrat en Córdoba donde alcanza los grados necesarios para ingresar a su universidad y de ella egresar con el título de Bachiller en Leyes. No consigue nunca el de doctor en leyes y en teología, atribuidos por Sarmientos en la mentada biografía. Sí hace la práctica necesaria para poder litigar y luego, con poco más de veintidós años, emprende una carrera pública con bien afianzados conocimientos. Su hermana, a la sazón casada con el gobernador de San Luis, le permite ser elegido, -digamos: designado- diputado por esa provincia. En Buenos Aires, empieza a brillar su genio de conocedor del latín, del derecho y de la diplomacia, que con un carácter parco, lo tornará reservado e irónico en los debates. Rivadavia lo acoge como un joven promisorio y Vélez le responde convencido de que el pensamiento liberal era el adecuado para estas provincias que apenas había superado la sorpresa de saberse dueñas de su destino.

Una semblanza de la anarquía está reflejada magistralmente por Jorge Luis Borges en su Poema Conjetural: “Zumban las balas en la tarde última. / Hay viento y hay cenizas en el viento, / se dispersa el día y la batalla / deforme, y la victoria es de los otros. / Vencen los bárbaros, los gauchos vencen…”. En tanto Vélez lee con fruición a los autores ingleses que escriben sobre economía para afianzar su triunfante revolución industrial. Así llega a la cátedra de economía política en la Universidad de Buenos Aires. Eran épocas de Rivadavia, de la lucha contra el Imperio del Brasil, y de la magnífica oportunidad que desdeñaron los militares que habían quedado del glorioso Ejército del Perú encerrados en las luchas fraticidas. Y así también se empezaba a tomar conciencia de que a nadie le interesaba pensar en algo más que en mantener las viejas prerrogativas de la colonia pero bajo formas acaso más novedosas de nada hacer. Porque “…triunfaron los propósitos disolventes de los caudillos sobre los anhelos de orden y organización de Rivadavia”. Apunta un erudito estudio de Enrique Martínez Paz.

 

 

1. Polémica histórica

 

Dice: “En un libro de historia de la revolución…” acaso parafraseando al comienzo del Quijote: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” que “Este juicio injurioso y calumniante a los pueblos del interior, está copiado de la obra del general Mitre Historia de Belgrano, y el general Mitre lo toma a la letra de un oficio de Belgrano al Gobierno General”. Allí se abre la disputa. La referencia a Belgrano, que tanto irritó el espíritu de Vélez, está tomada de una comunicación en la que le dice que, ya en la provincia de Jujuy, no ha encontrado sino “…quejas, frialdad e indiferencia y que (…) preferirían a Goyeneche por mejorar su suerte…”. Así como hoy las declaraciones sacadas de contexto hacen perder gobiernos, así esas afirmaciones hicieron tomar otros rumbos a la opinión de la incipiente República. Más, nos sorprende el conocimiento de la provinciana de Vélez. Contradictorio hombre que habiendo renegado del interior a los momentos de su amistad con Rivadavia, quiera perdurar por rescatar la real nación. Hay factores que nos hacen pensar que pudo más la sangre que el intelecto y uno de ellos fue cuando en el artículo de marras dice: “… Lucena y Vélez se defienden heroicamente esperando ser auxiliados a tiempo por Viamonte; mueren allí con todo sus soldados sin admitir capitulación alguna, después de dejar tendidos más de 300 soldados del ejército español. Cuando la noticia de la pérdida de la batalla y de la muerte del capitán Vélez, natural de Córdoba llegó a aquella ciudad, todo el pueblo se agolpó a la casa de su familia ¿A qué? A felicitarla, a darle los parabienes por la gloriosa muerte del capitán Vélez, dispuestos todos a seguir su ejemplo”. No nos dice que fue su hermano el difunto y heroico hombre que había quedado en el Alto Perú. Su grandeza era tal que omite la referencia, no por parco, sino por hombre del Derecho a quien por la cita le corresponderían las generales de la ley. Critica la actitud de Belgrano, a quien la suerte le había sido esquiva pero salva su honor y entrega, admitiendo que hubo de tener más inteligencia que mando para lidiar con los restos del glorioso Ejército del Perú. Vélez no se queda en la anécdota de las guerras desiguales. Analiza y pondera las posibilidades a la luz del momento en que Belgrano esperaba tener consenso para imponer a un hijo del imperio incaico para las Provincias Unidas del Río de la Plata, mientras otros buscan afanosamente en la rubia Albión un manto protector para estas crueles provincias. Así los que estaban esperanzados en dicho favor ansiaban que se asociaran estas lindes del mundo a la política inglesa bajo el tilde de socios en el libre comercio. No en vano la similitud del plan de Maitland con el plan continental de San Martín pueden crear dudas o acercar posiciones, pero que en nada invalidan la ingente premura por tener ganada la independencia por sobre la libertad.

El texto de defensa de las provincias de la incipiente Argentina cobra vigor en la letra de Vélez, un cordobés arropado con lo mejor del latín, de las leyes de la vieja Europa y el modelo de la incipiente democracia de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

 

2. El tiempo pasado

 

Podemos imaginar mucho, pero nada comparado con lo que el erudito hombre del Derecho, de pronunciada tonada, tenía en ciernes. Cuando se refiere a Güemes, y he ahí el nudo de la conferencia de Colmenares, lo hace con conocimiento de causa. Recordamos que uno nace en 1800 y otro en 1785, es decir son sólo quince años de diferencia. Poco, y a la vez muchos, en aquellos tiempos. Cuando Vélez está rindiendo sus materias en la universidad, Güemes está luchando contra el godo invasor. Y recordemos un instante la voz torrentosa de Jaime Dávalos diciendo: “Vendrá esta vez del norte / el godo artero / en una noche lloviznosa y fría / en que un Judas te vende por dinero…

 

 

3. ¿Quién acompañaba al héroe gaucho en la historia?

 

A Güemes lo acompañaba el olvido y una parte de la gente que no estaba para ser tomada como referencia por los altos mandos. Nos apoyamos en dos supuestos, el uno, en una sociedad que no podía comprender un esfuerzo que no tenía destino inmediato, y el otro, en una clase social desclasada, los gauchos.

Dice Sara Mata en su libro Los gauchos de Güemes, desde una óptica superadora en cuanto a análisis: “La insurrección generó sus propios líderes, muchos de ellos de disímiles orígenes y trayectoria diferentes, poseedores de capacidad de sumar hombres a las milicias que enfrentaban a las fuerzas realistas (…). No es extraño entonces que siempre se atribuyera al “patriotismo” la razón por la cual estos hombres luchaban contra la “opresión” española. Sacerdotes, pequeños productores, jueces rurales, estancieros vecinos, jefes de las milicias locales e incluso esclavos, peones y arrenderos alcanzaron entre pares y subordinados al influjo necesario para convertirse en referentes capaces de movilizar y de adquirir por este medio la posibilidad de trascender las limitaciones impuestas por su condición social”.

Queremos decir que la clase social, si es que puede considerarse clase a un grupo de gente que estaba fuera del canon del tiempo, no tenía conciencia de su espacio. La preocupación estaba en obtener un mejor pasar, en no pagar el arriendo, en tener tierra de pastoreo y en que las mieses y los ganados crecieran por la mano y el trabajo de Dios y no por el propio. No debemos apartarnos de la idea de una sociedad que esperaba todo de la corona. La fuerza social denominada: los gauchos, fueron una parte de la sociedad que tenía, salvando las distancias, los mismos orígenes, futuro y hasta presente que los actuales. Dice Mata “Cualquiera que fuese la razón de esta denominación, lo cierto es que entre estos “gauchos” de Salta se encontraban negros, mulatos y pardos, algunos esclavos, tributarios indios de procedencia altoperuana radicados en Salta, españoles o “blancos” pobres y mestizos, mayoritariamente arrenderos y agregados, no faltaron tampoco peones junto con pequeños y medianos propietarios. Igualmente participaron milicianos del Alto Perú que llegaron siguiendo en su retirada al Ejército Auxiliar. De este modo la composición étnica y social de estas milicias fue muy heterogénea”.

 

 

4. La edad de la razón

 

Vélez tenía veinte años cuando muere Belgrano y veintiuno cuando muere Güemes. Está en lo mejor de su carrera universitaria y con la mira puesta en ampliar sus horizontes. Recordemos que las invasiones realistas se habían ensañado con el territorio de Salta, Jujuy y el Alto Perú. Belgrano estaba en Tucumán y Güemes mantenía, como podía, con la guerra de guerrillas a raya a las huestes de España. Mientras se educaba y participaba de la intelectualidad cordobesa, nuestro jurista veía la desintegración de las provincias que abjuraban a viva voz de cualquier lazo con el puerto. El pensamiento unitario y el federal buscarían, por caminos separados, un lugar que arrastraría por años demasiada desinteligencia y atraso.

 

 

5. El Nacional

 

A la caída de Rosas las grandes ciudades, Rosario Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, tienen un particular sentido de la información. Pululan periódicos y diarios de reducida tirada que se escriben al fragor de las luchas de unitarios y federales. Anónimos, libelos, brulotes y sueltos son la mejor prosa y la fuente vital para comprender lo que ocurría. En una respuesta a Evaristo Carriego, redactor del Progreso, -y abuelo del poeta a quien Borges hiciera trascender al rescatar el viejo Palermo- salta el genio levantisco de Vélez. “…Ud. afirma que durante 30 años yo he combatido la integridad de la Nación y que he sido uno de los que más a cooperado a la desmembración del país. (…) Ud. ha hablado sin antecedente alguno de mi vida pública…Yo era el más joven de los diputados que dio la Constitución del año 26. Provinciano recién venido a Buenos Aires, tuve la felicidad de contar con la estimación muy manifiesta del señor Rivadavia (…) Era un apasionado partidario de aquella administración y sin mucho examen voté el 18 de agosto de 1827 la disolución de la Nación, porque así lo aconsejaban los jefes del partido unitario. Esta es toda mi culpa, pero es la única culpa que debo reparar (…). A ese voto lo di en 1827, lo continuáis, señor, por 30 años, lo cargáis con una exageración que cae en el anacronismo. En esta última fecha fundé “El Nacional” (1852) y en sus primeros números traté en varios artículos de los efectos fatales que había traído al país el aislamiento de Buenos Aires de los demás pueblos (…) y podía enumerar como lo hacía el territorio que había perdido desde entonces; podría recordar las deudas que gravaban al Estado, los sufrimientos y los martirios de los hombres en esos largos años; las guerras civiles que habían sucedido, y la despoblación consiguiente a tanta sangre como la que se había derramado”.

 

 

6. La medida de la respuesta

 

Vélez Sarsfield afirma: “La historia de la revolución ha obtenido un importante ensanche, con motivo del artículo que escribimos sobre el General Güemes, indicando ligeramente sus servicios para que en adelante, en los libros que se escribieran sobre nuestra historia no se dijera que Güemes debía su celebridad al caudillaje (…). Que los generales San Martín y Belgrano lo nombraron jefe de la vanguardia en la provincia de Salta; que desde la primera invasión del ejército español después de las tres derrotas consecutivas de nuestros ejércitos en Vilcapugio, Ayohuma y Sipe-Sipe, Güemes sublevó toda aquella provincia en masa y que entonces fueron innumerables los gloriosos y desiguales combates que sostuvo; que atacó al enemigo en sus mismas fortificaciones y lo obligó a abandonar aquella provincia en 1817 con la pérdida de la cuarta parte del numeroso ejército español; que en las sucesivas invasiones a Salta de otros ejércitos españoles, pusieron nuevamente a prueba la constancia de su famoso caudillo…”. Agrega: “La actitud de Güemes desde 1817 en aquella parte de la República es única en la historia de la independencia de los pueblos de América.”

“Mitre, -dice Vélez- recurre a la ridiculización para tratar de hacer caer la figura del héroe, habla de su defecto en la voz, del carácter despótico de su mandato de gobernador, en fin dice, como se dice del historiador de Marco Aurelio, de retoque en retoque, de cortesía a severidad y de allí a la injusticia para acabar en la inexactitud”. Y da como ejemplo a Alvear que celebra las Pascuas colgando en la Plaza de la Victoria al capitán Úbeda por haber hablado mal de él en un café. Pero lo absuelve expresando: “Todo poder era absoluto y mucho más si se trataba de la patria”. Se detiene en la famosa desobediencia de Güemes y no solo la justifica, la pondera y la ensalza porque con actitudes, que como la de Rondeau, dan razón a no respetar ese orden jerárquico. Por ello dice en su artículo que: “… si la obediencia es la primera regla de un ejército, la desobediencia se justifica con el resultado”. Cita a Arenales y las Republiquetas en el Alto Perú y la gran victoria de La Florida y a la posterior soledad de Arenales, de quien hoy sólo tenemos un monumento en la Plaza 9 de Julio y una perdida calle. Resalta la triste experiencia de la obediencia en Belgrano cuando distrae al Ejército del Perú para luchar en la guerra civil en Santa Fe. Y la magnífica desobediencia de San Martín que sólo llega hasta Río Cuarto, en Córdoba, y regresa sobre sus pasos para no unirse a las luchas intestinas que debilitaban las ideas de la Revolución de Mayo. Más aún, cuando Mitre meritúa la actitud de Belgrano en Tucumán como apoyo de Güemes, Vélez dice que no hizo demasiado por la lucha en vista a que no se movió del lugar y que desde el 17 al 20 hubo de vérselas el general gaucho con los realistas sin auxilio alguno. Los números pasan los tres mil (hombres) y sin colaboración, entonces, se pregunta Vélez, de qué estrategia se puede hablar para hacer posible la libertad en esta parte del mundo. Otro detalle interesante es su conocimiento, directo o indirecto de los acontecimientos. Dice: “El historiador de Belgrano enumera las invasiones del ejército español desde 1817 hasta la muerte de Güemes, como si solo hubieran venido a pasear a Salta (…) El número que hemos dado, lo tenemos de personas muy respetables de Salta, testigos presenciales en aquella época y relacionados con los jefes españoles.” El codificador afirma de Güemes que: “Es el único soldado que defiende ya la revolución de Mayo, el único que después de la sublevación del ejército del Perú enarbolaba y defendía con su sangre la bandera argentina”.

 

 

7. Parecer lo que pareciera

 

La historia que Vélez defiende es la historia de los aciertos y errores del interior de la nación que se estaba formado, de lo que ocurría y de lo que se desconocía, donde nadie puede decir que estaba para arrojar la primera piedra. Eran tiempos de fuerza, de violencia y de derechos en ciernes. Tendría que pasar mucho tiempo para que el país, como gustada decir, tuviera un asomo al proyecto de nación. ¿Qué hemos recogido de esas luchas cuerpo a cuerpo entre la intelectualidad y la barbarie? nada.

 

 

8. “Vélez viator”

 

Enrique Martínez Paz en su obra Dalmacio Vélez Sarsfield y el Código Civil Argentino: “Sin embargo, no fueron para el presidente Sarmiento todos sus actos, de lucha y sacrificio. La visita que hizo a Córdoba para inaugurar, en compañía del ministro Vélez, la exposición nacional, le puso de manifiesto que la opinión de las provincias lo acompañaba francamente; en ésta como en la visita que hizo el general Urquiza atravesó en marcha triunfal por las provincias y fue recibido con las muestras de mayor afecto (…). Durante el ministerio de Vélez se construyeron telégrafos y caminos hierro (…). Por eso cuando Sarmiento al recordar su obra (…) lo llamó al modo de los viejos romanos “Vélez viator”. Por aquellos años terminaba el Código Civil y estaba próximo a entrar en vigencia el Código de Comercio.

 

 

Conclusión

 

Que un hombre del Derecho se ocupara de las gentes y las provincias fue un incipiente signo de madurez y erudición en cuanto a imaginar una patria. Así como lo fueron la Generación del 27 junto a los primeros presidentes constitucionales y la Generación del Ochenta, que con paz y progreso delineó el contorno definitivo de la República. Que la acción de Belgrano, a quien la historia trató con desigual fortuna, y la gesta de Güemes, apenas comprendida, sean el incentivo para construir una nación para todos los hombres de buena voluntad que aún piensen que lo mejor está por venir.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BELLOTTA, Araceli: “Aurelia Vélez. La amante de Sarmiento”. Planeta. Buenos Aires, 1998.

BORGES, Jorge Luis: “Obras Completas”. Emecé Editores. Buenos Aires, 1980.

COLMENARES, Luis Oscar: “Dalmacio Vélez Sarsfield. Autor del Primer Homenaje a Güemes”. Conferencia. Instituto Güemesiano de Salta. Salta, 2000.

CORNEJO, Atilio: “Historia de Güemes”. Segunda Edición. Salta, 1971.

MARTÍNEZ PAZ, Enrique: “Dalmacio Vélez Sarsfield y el Código Civil Argentino”. Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Córdoba, 2000.

MATA, Sara Emilia: “Los gauchos de Güemes. Guerra de Independencia y Conflicto Social”. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 2008.

MITRE, Bartolomé: “Historia de Belgrano”. Biblioteca La Nación. Volumen 34. Quinta edición. Buenos Aires, 1902.

VÉLEZ SARSFIELD, Dalmacio: “Páginas Magistrales”. Prólogo de Domingo F. Sarmiento. W. M. Jackson Inc, Editores. Buenos Aires, 1944.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL LEGADO DEL DOCTOR ADOLFO GÜEMES:

ESCUELA AGRÍCOLA

 

 

 Mirian Violeta GUTIÉRREZ ·

 

En este momento me cabe abordar los alcances y límites entre dos realidades: aquel pasado histórico llamado Finca El Carmen y nuestra presente Escuela Agrícola. El tránsito temporal referido, no es más que la conjugación de una visión retrospectiva proyectada al bien común. Es decir, el espacio topográfico que actualmente ocupa el establecimiento educacional antes mencionado, es también el espacio de una parte que nos evoca al pasado.

Nada más para ponernos en contexto. Transcurría el siglo XVIII, y en el actual Noroeste Argentino, perteneciente a la antigua gobernación del Tucumán, se podía observar un crecimiento económico, como consecuencia directa de la política modernizadora borbónica, logrando un aumento de la producción minera y agropecuaria, además de una gran reactivación comercial.

Producto de este crecimiento económico, lo refleja el mapa arquitectónico que muestran las antiguas casonas estilo colonial, y precisamente a dos leguas de la ciudad se encontraba una de ellas, para ubicarnos, actualmente hablamos de la zona suroeste de la ciudad, camino al aeropuerto sobre ruta Nº 51, lo que nosotros conocemos como chacra El Carmen, en aquel entonces su propietario era don Pantaleón Aguirre y que más adelante la dejaría en herencia a sus hijos: Anselmo Félix, Isabel y María del Milagro.

En 1817 el predio de casi 300 (trescientas) hectáreas, pasó a ser la única propiedad adquirida por el general Martín Miguel de Güemes, así lo refiere Atilio Cornejo “no tuvo más que una pequeña chacra a dos leguas de la ciudad”, acto realizado ante el escribano público don Félix Ignacio Molina. Según los documentos la operación se concreta en 80 pesos fuertes, posteriormente, parte de la finca fue destinada al Vivero Municipal y por decreto Nº 2478 se declaró a la vieja casa Monumento Histórico Nacional.

Para completar este breve cuadro, cabe destacar la importancia histórica que tuvo esta zona en la guerra independista cuando las tropas realistas acechaban la ciudad de Salta. Supo el general Güemes ocupar la finca para el adiestramiento de sus milicias gauchas, como también fue escenario y punto estratégico para el desarrollo de las fuerzas de combate realizado en todo el valle de Lerma, además hay que entender la realidad de aquel entonces, la finca no sólo era juntas de ganado, era hogar, escuela y capilla, lo que evidencia una sociabilidad importante entre los grupos humanos, que aprovecharon muy bien esta cualidad para enfrentar al enemigo. Ahora bien, el doctor Adolfo Güemes, nieto del general Güemes, quien fuera además gobernador de la provincia de Salta durante el periodo de 1922 a 1925, realiza la siguiente gestión: “Por legado testamentario a favor de la Nación se dispuso donar la histórica chacra El Carmen para ser destinada a la construcción de una escuela agrícola-ganadera (mensura judicial Nº 62 matricula 2391) con el objetivo de beneficiar con la educación a los hijos del sector rural”, pero además, esta medida muy bien acertada, era impulsada ya por los representantes salteños en el Congreso de la Nación en 1895 y dice así : “¿Qué otra provincia hay que ofrezca mayor ventaja que la nuestra para establecer una escuela de agronomía?, Salta, cuyo suelo ofrece una variedad asombrosa de vegetación con todos los climas y latitudes, sería propicio y beneficioso para la provincia fomentar toda actividad agrícola” (El Cívico, Nº 1138).

Para una mejor comprensión, la Real Academia Española, define el concepto de Legado: “manda que en su testamento o codicilo hace un testador a una o varias personas naturales o jurídicas, una donación tiene fuerzas de la palabra cumplida para concretar el objetivo deseado”.

Así fue el pensamiento del Dr. Adolfo Güemes, con una clara visión de la problemática regional y un claro compromiso con la comunidad dedicada al trabajo rural, supo interpretar esta necesidad con la instalación de una escuela agrícola, que al efectivizarse la donación en 1945, se pone en marcha el proyecto iniciado por el Gobierno Nacional quien a través del ministerio de Obras Publicas Nacional y la Dirección Nacional de Arquitectura, contratan a la empresa Mazota y Cadu, para la ejecución de la obra.

Se inaugura el 17 de Mayo de 1952 (pero sus puertas se abren al año siguiente). En esta oportunidad, además de la presencia de las autoridades nacionales, asistió el gobernador Carlos Xamena, el arzobispo monseñor Tavella, una ilustre dama doña Francisca Eusebia Güemes de Arias, nieta del general Güemes, mas conocida como la mamama, así llamada en el cariño por los hermanos Arroyo (aquí presente entre nosotros la Sra. Hortensia Arroyo).

La infraestructura de la escuela, corresponde al complejo habitacional al mejor estilo americano, en un terreno de 287 hectáreas se construyeron 11.000mts2, este es un edificio para internado con amplia galería cubierta que conecta directamente a la escuela, allí funcionan siete grandes aulas, dos gabinetes y laboratorios, salón de actos, oficina, comedor cocina, lavadero, salón de esparcimiento, biblioteca, consultorio médico y odontológico, y enfermería; lo completan con una industria agrícola, un tambo, talleres de carpintería, depósito y secciones de trabajo didácticos y productivos, cunicultura, avicultura, apicultura, vivero, silos, además de tener un fortín que lo integran alumnos y docentes del establecimiento.

También están los espacios para el deporte: dos canchas de fútbol, una cancha de básquet, de hamboll y de paddle, todo ello rodeado de una asombrosa vegetación y arbolada con variedad de frutos típicos de la región.

La Escuela Agrícola Nº 5122 Gral. Martín Miguel de Güemes, en sus años de actividad tanto en el ámbito pedagógico, deportivo y cultural, a obtenido un alto prestigió social, a ella asisten casi 600 alumnos, muchos provienen del interior y de provincias vecinas que se les otorga el título de agrotécnicos, esto fue hasta 1993, actualmente pasó a ser bachiller con orientación en bienes y servicio; gran parte de su funcionamiento se realiza a través de su autofinanciación que se logra gracias a la producción de diversos productos lácteos: leche, queso, dulce de leche, dulce de callote, faenados de conejos y cerdos, que son vendidos en el mismo establecimiento. Cabe aclarar que el cuidado de los animales y cultivos requiere la presencia permanente de personal capacitado, alumnos en año avanzado y docentes del área taller tienen la tarea de controlar su funcionamiento los 365 días del año, es decir, la organización se basa en el sistema de turno para los días hábiles y los feriados, de esta manera se complementa el conocimiento de la teoría y la práctica que el alumno incorpora en su proceso de enseñanza. En el aspecto deportivo son numerosos los trofeos obtenidos mediante los concursos de campeonatos interprovinciales, como también los diplomas que obtuvieron en exposiciones de ganadería y productos regionales organizado por la Sociedad Rural Salteña, entre otras entidades del rubro. Lamentablemente la escuela agrícola no fue ajena a los vaivenes de la crisis del país, es por ello que algunas de su secciones, por ejemplo enfermería odontología, laboratorio, no funcionan. El edificio del internado lo ocupa la Escuela de Cadetes de la Penitenciaria de Salta, que el director ingeniero Aráoz lo cedió a cambio de la custodia y seguridad del establecimiento, como también otras carencias edilicias: pintura, mantenimiento de maquinaria, etc.

Para finalizar, y considerando todos estos aspectos, la Escuela Agrícola es un legado güemesiano a su gente, un tributo a la salteñidad, para que todos los niños, jóvenes, educadores y profesionales, accedan al manejo y conservación de los recursos naturales y tecnológicos utilizados en los procesos de producción que la escuela brinda, es también un legado al conocimiento de nuestra tierra, de nuestra historia, el lugar donde habitamos, donde desarrollamos el sentido de pertenecía e identidad, que en definitiva, es lo que nos hace ser argentinos conociendo lo nuestro, un escenario del pasado donde el general Güemes y sus milicias gauchas dejaron su huellas, es también el escenario del presente donde se levanta una escuela agrícola, dos formas de mantener nuestros valores, de nuestra historia que debemos recordar como ciudadanos salteños.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

DIARIO CUARTO PODER, Salta, 2007.

DIARIO EL CÍVICO, Salta, Diciembre 1895, Año V, Nº 1138.

DIARIO EL TRIBUNO, Salta, Agosto, 1998.

 

CORNEJO, Atilio: “Historia de Güemes”. Tercera Edición, págs.130 y 131.

SOLÁ, Manuel: “Memoria Descriptiva de la Provincia de Salta”, Buenos Aires, 1889.

ULLOA, Mónica: “Jujuy en la Historia”, págs. 46-47. UNJU, 1995.

SALTA IV SIGLOS DE ARQUITECTURA Y URBANISMO, págs. 155.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL VALLE DE CALCHAQUÍ Y SUS PATRIOTAS. JUSTO HOMENAJE A TRES GUERREROS

DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA

 

 

 

 

 

 

            El comandante don Pedro Alcántara Ferreyra, nacido en Seclantás y dedicado a labores agrícolas, adhirió y abrazó la causa de la Patria desde el primer momento, participando en la Batalla de Tucumán y en otras numerosas acciones, pero principalmente pasó a la historia por convocar a los patriotas en la hoy Plaza de La Junta, en 1812, frente a la vieja casona de sus mayores en Seclantás, para organizar las milicias y planificar las acciones contra los realistas. Estuvo casado con doña Isabel Duenas, quién le dio al menos dos hijos (Archivo Leandro Plaza Navamuel).

            Además de este destacado guerrero de la Independencia, es justo recordar los nombres de tres próceres vallistos, los comandantes del Valle, coroneles don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza, de quién se trató en el Boletín Nº 31 del Instituto Güemesiano de Salta, don Luis Borja Díaz y don Bonifacio Ruiz de los Llanos, que incluiremos en las siguientes páginas de este Boletín Nº 33.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              

Escudo de armas de Díaz

(Ilustración de Da. Cecilia Ibarguren en base a las armas primitivas de la Casa solar de Díaz, de Bobia, provincia de León, según los heraldistas D. Alberto y D. Arturo García Garraffa)

 

Escudo: En campo de plata, un león rampante de gules empuñando un bastón de oro, perfilado de sable; bordura de gules con cinco flores de lis de oro.

 

 

 

 

                                                                                             

 

                       

 

 

 

 

 

Escudo de armas de Lea y Plaza

(Ilustración del heraldista D. Luis Mc Garrell Gallo en base a

representaciones de antiguos documentos y armoriales de Navarra)

 

Escudo cortado: 1º, jaquelado de plata y sable, que es de Lea

(o del Valle del Baztán); y 2º, en campo de plata, tres barras de oro, perfiladas de sable, que es de Plaza.

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PATRIARCA DEL CALCHAQUÍ

 

 

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL ·

 

 

                A mis hijos Ana Lourdes, Rodolfo Wenceslao

                y Juan de Dios Plaza Navamuel, que también

                llevan la sangre del Patriarca del Calchaquí

 

 

                                               “Podrán las tropas del rey destrozar nuestros campos,

                                               acribillar a nuestros soldados y plantar nuevos gólgotas en

                                               aras de la Independencia Americana, pero nunca doblegar

                                               el patriotismo de Borja Díaz, el valiente caudillo vallisto,

                                               que combate con empeño en Humahuaca”

                                                                                              Pedro Antonio Arias Velázquez, Junio de 1821

 

            En Salta, después de la Revolución de Mayo se crearon Unidades de Caballería en diferentes puntos, aunque muchas de ellas provisorias. En 1810, se registra la “Compañía Veterana. Partida de Fronteras”, “Asamblea de la Ciudad”, “Milicias Provinciales Patriotas”. En 1811 “Patricios de la Plaza”, “Compañía de Fronteras”, “Milicias Auxiliares del Fuerte Pizarro”, “Milicias de Orán”, “Dragones Ligeros de la Patria”, “Cuerpo de Húsares”, “Milicias de San Carlos”, “Milicias de Cachi”, “Milicias del Rosario de Cerrillos”, “Milicias de la Candelaria”, “Milicias de Chicoana”, “Milicias de la Frontera del Rosario”, “Regimientos de Dragones Patricios de la Plaza”, “Regimiento de Milicianos Voluntarios”, “Regimiento Provincial de Milicias de Salta”, “Milicias de Santa María”, “Dragones Patricios de Caballería de Salta”, “Compañía de Campo Santo”, “Compañía de Cerrillos”, “Milicias del Fuerte de Caraparí”, “Milicias Auxiliares del Regimiento de San Francisco”, “Milicias del Río del Valle”, “Milicias del Fuerte de San Bernardo”, “Tropas de la Frontera de Tarija”. En 1812 “Guarnición del Fuerte Ledesma”. En 1815 “Cuerpo de Gauchos”, “División Infernal de Línea”. En 1816 “Piquete de Artillería de Línea”, “Piquete de Gauchos de Jujuy”, “Granaderos a Caballo de Güemes de Línea”. En 1817 “División de Cazadores”. En 1820 “Estado Mayor de Línea”, “División de Santa Cruz”, entre otras. Cada una de estas Unidades era comandada por insignes próceres de la Emancipación Americana, muchos de los cuales aún permanecen en el olvido.

            Por eso, entre tantísimos héroes anónimos y poco o nada recordados, vale rescatar aunque sea en un resumen algunas de las facetas más significativas de un prócer invencible de nuestra emancipación, el coronel don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza, quien fue una de las figuras más destacadas de los Valles, habría de ser en su momento lugarteniente de Güemes, y considerado como el “Patriarca del Calchaquí” por los componentes de la falange patriótica de Salta[1].

            Don Luis Borja había nacido en el Valle de San José de Cachi (Salta) hacia 1770, en el distinguido hogar formado por el hacendado don Martín Díaz de Urmendía (natural y afincado en los Valles de arriba, Cachi y Seclantás, dedicado al comercio de mulares y también a la agricultura, fue dueño entre otras propiedades, de la estancia “Tin-tín Grande” la que en la posteridad heredaría su hijo el guerrero de la Independencia, capitán don José Mariano Díaz), y doña María Paula de Lea y Plaza de Texerina, ambos descendientes de los primeros conquistadores, descubridores y pobladores de América. En efecto, don Luis Borja era nieto paterno de don Domingo Díaz de Loria[2] y de doña Felipa de Urmendía, y nieto materno de don Miguel de Lea y Plaza[3] y de doña Rosa de Texerina. Cursó sus estudios en los claustros del colegio de San Diego (hoy convento San Francisco) de la ciudad de Salta, donde además cursó humanidades[4]. Posteriormente regresó a su pueblo natal en Cachi, residiendo también en Seclantás para ocuparse de las fincas de sus padres, en las que trabajó afanosamente. En “La Banda”, de Seclantás (Departamento de Molinos), poseyó un importante molino harinero que ya funcionaba en 1812[5].

            Al producirse la Revolución de Mayo expresó su adhesión, aportando dinero, hombres, animales y cosechas para el mantenimiento de las tropas. En tanto, don José Ignacio de Gorriti, le escribía a Díaz “Es necesaria la ayuda de esos Valles a las tropas en las cuales me hallo empeñado en formar - le dice, y agrega - Martín (de Güemes) y Toribio (Tedín) me han dado datos de la gente de por allí y me han hablado de usted diciéndome que es un eficaz y verdadero amigo de la causa de Mayo. Los del Rosario de Lerma también se ofrecen a prestarme ayuda y especialmente don Hermenejildo Diez y don Jorge Torino, vecinos de calificación y de méritos”. Don Borja estuvo de esta manera entre los primeros salteños que se incorporó a las filas de la Patria, y organizó con los vecinos más destacados las milicias de Seclantás, de Molinos, de Atapsi y de Cachi, e ingresó con sus huestes al “Regimiento de Patriotas”, participando en la memorable Batalla de Suipacha el 7 de noviembre de 1810 a las órdenes del coronel Antonio González Balcarce, donde se obtuvo la primera victoria de las fuerzas emancipadoras sobre las realistas.

            En agosto de 1811, con el grado de sargento de la Compañía de Dragones de Milicias Patrióticas, asistió a numerosos encuentros con las tropas realistas en el Alto Perú. En febrero de 1812 el Triunvirato designó al doctor Manuel Belgrano en reemplazo de Pueyrredón en el mando del Ejército Auxiliar del Perú. Belgrano llegó a Tucumán en marzo partiendo enseguida a Jujuy para hacerse cargo, y el 19 de mayo instaló su Cuartel General. El 28 del mismo mes, desde San Carlos del Valle de Calchaquí, don Justo Pastor Arce le escribía a don José de Gurruchaga, diciéndole “Muy digno amigo y compatriota: Aquí, aislado de noticias, pensando en la suerte que habrá corrido el ejército del general Belgrano, recibo la visita de su amigo don Jorge Torino y las mulas cargueras que usted ha tenido la deferencia de mandarme de Bolivia. Impresión muy buena me ha hecho el rosarino (Jorge Torino) y no podía ser de otro modo, si es que usted me lo recomendaba con tanta insistencia. Sobre todo he advertido su gran sencillez, ya que aquí donde cada uno se cree algo así como un Dios chico, empezando por el godo Aramburú (Manuel Fernando) y todos los que llevan sangre de nobles, creyendo apocarnos a los que la llevamos con mayor honra y dignidad, se ha hecho una figura simpática, y todos le han atendido como se merece, sin que él se hubiese envalentonado en ninguna hora.

            Torino me ha dicho que don Francisco (de Gurruchaga) no está en Salta y que usted piensa también irse a San Juan. Gran sentimiento y pérdida, sería para nosotros, que Ud. abandonara esta ciudad, desde donde nos vienen sus conceptos tan oportunos y los alientos, que nos da para evitarnos nuestro desfallecimiento. El Dr. Gorriti ha andado en Cachi y nos ha llamado para hablarnos de sus planes militares. Borja (Díaz de Lea y Plaza) está dispuesto a ayudarlo, lo mismo que Ubaldo (de Lea y Plaza) y don Bonifacio (Ruiz de los Llanos). Como vé el entusiasmo no se ha perdido del todo. Salude a Doña Martina (Silva de Gurruchaga) en nombre de los míos y mande a su íntimo. Justo Pastor Arce[6]. Con omisión del comandante don Pedro Alcántara Ferreyra, que pasó a la historia por convocar a los patriotas en Seclantás a fin de organizar las milicias en momentos decisivos, Arce nombra en esta carta a los que con el tiempo serían los tres más importantes guerreros de la Independencia que tuvo el Valle de Calchaquí, y que aún esperan un justo reconocimiento de su Salta natal, los coroneles don Luis Borja Díaz, don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza y don Bonifacio Ruiz de los Llanos, conocido este último como “El Intrépido” por sus valerosas hazañas.

            Luego del éxodo jujeño que se realizó el 23 de agosto, y del Combate de Las Piedras el 3 de setiembre, Belgrano regresa a Tucumán no por el Camino Real sino optando por el camino llamado “de Las Carretas”, perseguido de cerca por el general Pío Tristán. Don Luis Borja Díaz incorporado al Ejército del Norte, marchó igualmente a Tucumán donde Belgrano resolvió enfrentar a Tristán, participando en la victoriosa Batalla del 24 de setiembre de 1812. Con posterioridad a esta victoria, en el denominado Campo de las Carreras en Tucumán, Belgrano se ocupó del adiestramiento de sus soldados y marchó a la provincia de Salta, hasta donde habían retrocedido y se atrincheraron los derrotados españoles. El 20 de febrero de 1813, las huestes de Belgrano atacan nuevamente al general Pío Tristán, derrotándolo por completo. El triunfo de Salta comprometía la gratitud nacional, y el gobierno, - dice Mitre - “asociándose al sentimiento público, colmó de distinciones a los vencedores”[7].

            Recordemos que desde el inicio de la guerra todos los hermanos y primos hermanos de Lea y Plaza organizaron en Escoipe, Cachi, Atapsi, Seclantás y San Carlos, varios escuadrones con sus allegados, sus peonadas y sus propios recursos, distinguiéndose y luchando en distintas batallas y combates juntos a González Balcarce, Belgrano, Rondeau, Güemes, Arenales y a otros memorables próceres de la Independencia Argentina[8]. Precisamente, el 10 de diciembre de 1813, don Luis ponía a disposición el pie de lista de los militares del Regimiento de Dragones de Milicias Patrióticas “que compone la Compañía que se presenta en revista de comisario”. La encabezaba el capitán D. Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y el teniente D. Pedro Alcántara Ferreyra. Sargentos: D. Juan Pablo de Lea y Plaza y D. José Remigio de Lea y Plaza. Cabos: José Aparicio, José Manuel Mora, Manuel Avendaño y José María Cabrera. Soldados: Bernardo Balboa, Juan de la Cruz Castro, Mauricio Guerra, Doroteo García, Francisco Macías, Juan Torres, Vicente Escobar, José Blas Burgos, Francisco López, José Manuel Cruz, Juan de Dios Mamaní, Valentín Carral, Felipe Gallegos, José Mondaca, Pedro Erazo, Felipe Venancio Fuenteseca, José Benito Guerra, Juan Bautista Mendoza, Pantaleón Llanos, Ambrosio Bordón, Marcos Estopiñán, Juan E. Mendoza, José Manuel Pucapuca, Mariano Flores, Diego Vedia, Juan Bautista Burgos, Martín Farfán, Carlos Villanueva, Pablo Luna, Ermenegildo Torres, Tomás Aguirre, Juan Vázquez, Juan Erazo, Manuel Guantay, Valentín Guzmán, Teodoro Hurtado, Bonifacio Aguirre, Francisco Velarde, José Velarde, Severo Genovés, José Manuel Magno, Antonio Abano, Agustín Hurtado, José Tiburcio Choque, Francisco Borja Barrosa, Estanislao Plaza, Agustín Ochoa, José Manuel Mamaní, Agustín Gutiérrez, Julián Mexía, José Mariano Aguirre, Cipriano Parra, José Hoyos, Pedro Pablo Corte, José Manuel Chaile, Mariano Cayata, José Santos Gutiérrez, Bartolo Aguirre y Pedro Garnica[9].

            El 29 de diciembre, el general Belgrano ascendió a Díaz, en mérito a sus servicios, a capitán de la Primera Compañía del Primer Escuadrón de Dragones Patricios de Salta. Anteriormente, el 1º de octubre, Díaz Plaza había tomado parte de la derrota de Vilcapugio, en la que el ejército patrio perdió parte de los soldados, armas y alimentos; y también, el 14 de noviembre, en la de Ayohuma, en la que el general Joaquín de la Pezuela produjo la casi total destrucción del Ejército del Norte. En Seclantás, mientras tanto, Ferreyra tenía la misión de reclutar voluntarios para el ejército, tarea en la que consiguió numerosas incorporaciones, sobre todo entre los peones de Díaz, los que en su momento auxiliaron a Belgrano en su retirada.

            Victorioso Pezuela, penetró en la ciudad de Jujuy para luego dirigirse a Salta, de la que se apodera a comienzos de 1814; ya por entonces Joaquín de la Pezuela había sido designado general en Jefe del Ejército del Alto Perú, por el Virrey José Fernando Abascal. Luis Díaz “se distinguió en el rechazo de esta invasión, logrando hacerlos huir con grandes pérdidas”[10]. Esta malograda acción de Pezuela fue llamada “Invasión de los Cuicos”, ya que las tropas se componían en su mayor parte de mestizos nativos del Alto y Bajo Perú[11]. Díaz, en setiembre de 1814 se encuentra en la Rinconada como punta de vanguardia de las fuerzas avanzadas del comandante don Alejandro Heredia[12], a quien el 23 del mismo mes le comunicaba de las noticias que había podido recoger sobre el repliegue de los españoles. Por su valiente comportamiento en esta ruda campaña fue nombrado por el general Rondeau, el 1º de abril de 1815, capitán de una Compañía Veterana[13]. En efecto, el general Rondeau, desde su Cuartel General de Huacalera (Jujuy), aprobaba los respectivos despachos del nombramiento de Díaz como capitán de la Primera Compañía Veterana del Cuarto Escuadrón del Valle de Cachi y partidos adyacentes, tomándose razón el 22 de mayo[14].

            Emprendida la guerra gaucha, Díaz fue una de sus figuras salientes. Sabido es que la Guerra Gaucha conducida por el general Martín Miguel de Güemes se inicia el 1º de marzo de 1814, y a partir de entonces, numerosos patriotas encabezados por don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza en los Valles Calchaquíes, don Luis Burela en Salta, don Pedro Zavala en Cerrillos y don Juan de Dios de Lea y Plaza en Escoipe, entre otros, se rebelan contra la invasión de los ejércitos españoles, formando unidades de Caballería que luego servirían para la organización de verdaderas Milicias. Es así que durante la guerra de la Independencia, el día antes de asumir el general Güemes el gobierno de la Provincia, el 6 de mayo de 1815, creó el “Cuerpo de Gauchos”. Luego, tal como anticipamos, organizó las milicias, respondiendo a las divisiones políticas y regionales del vasto territorio de la Intendencia de Salta, formando en lugares estratégicos verdaderos Regimientos de Caballería denominándolos “Escuadrones de Gauchos”[15].

            El 17 de agosto de 1815, don Martín Miguel de Güemes en su carácter de “Coronel de los Ejércitos de la Patria, Comandante General de la Campaña y Gobernador Intendente de esta Provincia de Salta”, y “Atendiendo a los méritos y servicios del capitán don Luis Borja Díaz, su adhesión al sistema, aptitud, juicio...” lo nombra Comandante General de la División de Gauchos en el Valle de San Carlos[16]. Don Luis asume el cargo siendo luego uno de los principales jefes de los “Escuadrones de Gauchos”, juntamente con don Manuel Eduardo Arias, don Manuel Álvarez Prado, don Francisco Pastor, don José Francisco “Pachi” Gorriti, don Luis Burela y don Bonifacio Ruiz de los Llanos. Todos estos valientes oficiales estaban bajo el mando del coronel don Martín Miguel de Güemes, a quien en abril de 1815 ya se lo calificaba como “Comandante de Gauchos”, y con ellos emprendería la organización de sus milicias, conforme a su programa de división política de la provincia.

 

 

Título (en forma) de Comandante General de la División de Gauchos en el Valle

de San Carlos, otorgado el 17 de agosto de 1815, al capitán D. Luis Borja Díaz,

por el gobernador intendente de Salta, coronel D. Martín Miguel de Güemes

 

            Una vez planeada la defensa de Salta, el coronel don Manuel Fernando de Aramburú, hijo del feudatario de San Carlos don Nicolás Ignacio de Aramburú y Lisperguer, equipó un “Escuadrón de Caballería de San Carlos”, en defensa de la causa del rey Fernando VII, procurando mantener los Valles Calchaquíes despojados de la influencia de los patriotas, afamado foco de resistencia realista aunque indiscutible su inferioridad militar en la zona. Sabemos que los principales hacendados de la región, existentes en ambos bandos, surgieron como los indiscutidos jefes militares de la campaña y de esta manera aparecen las familias acaudaladas de los Valles Calchaquíes como los mayores protagonistas durante las reñidas contiendas. Pues vemos a realistas como los de Aramburú y los de Isasmendi en los Valles Calchaquíes, que debieron enfrentarse políticamente con los Díaz, los de Lea y Plaza, los Ruiz de los Llanos, los Arce y los Fernández de Córdoba, entre otros. Así, todos estos guerreros de la Independencia oriundos de los Valles Calchaquíes, fuesen de la causa del rey o de la emancipación, supieron actuar las fuerzas de sus linajes. Del mismo modo, dentro de esas familias realistas también se contaban con algunos miembros adheridos fuertemente a la causa independentista. Bien destaca Carlos Luque Colombres, cuando escribe que estos apellidos mencionados “de noble cepa española, dieron lustre a su nombre por sus heroicas gestas”. Díaz, pues, se vio obligado a enfrentarse numerosas veces con el comandante Aramburú, de marcada ideología realista y que permanentemente se levantó en contra de los “Escuadrones de los Gauchos Vallistos”.

            En diciembre de 1815 el teniente coronel don Luis Borja Díaz fue electo Alcalde Rural por Cachi. En esa fecha también fueron electos en el mismo cargo, según oficiaba la Asamblea Electoral “atendiendo como ciudadanos honrados e hijos beneméritos de la Patria el derecho que ésta misma tiene para exigirles sus servicios”, don Martín Espinosa por Rosario de Cerrillos, don Santiago Morales por Chicoana, don Nicolás Frías por San Carlos, don José Gabino Cornejo por Rosario de la Frontera, don José Gabriel Jáuregui por Anta y don Casimiro Arrieta por Perico[17].

            Güemes sentía un verdadero aprecio por don Luis Borja Díaz y por don Gaspar López de Vera [hombre culto, amante de las letras, discreto versificador, autor de versos jocosos, románticos, gauchescos y de olvidados cielitos, abogado, guerrero de la Independencia, coronel, gobernador de Salta (1840 y 1841), y esposo de doña Juana de Lea y Plaza de Valdés, prima hermana de Díaz][18], en quienes don Martín Miguel de Güemes depositó su confianza y los consideraba sus amigos. El caudillo gaucho estando en Jujuy el 15 de setiembre de 1816, le escribe a don Teodoro López una carta llena de sentimientos patrióticos: “Mi Teodoro: Es tanto el deseo que tengo de hacer ver al mundo entero la energía de nuestra provincia que he dado orden a mi vanguardia no les hagan un tiro a fin de que no se vuelvan. Mis medidas las tengo hace mucho tiempo tomadas y así es que los únicos días que he tenido ociosos y tranquilos son desde que tuve noticias que el enemigo cargaba, a pesar que carga con furia. Esto quisiera que le sucediera en el Valle a mi amigo don Luis (Borja) Díaz; por eso es que nunca más que ahora conviene que vayas inmediatamente a ayudarle a cumplir las órdenes que anteriormente le tengo comunicadas. Tú sabes que don Gaspar López es uno de los amigos de quien más confianza tengo por su patriotismo, por su agilidad y por cuanto lo busquen; dile pues de mi parte, que me le ayude en cuanto pueda, a mi compañero Díaz. No perdamos, pues, momento mi querido Teodoro: llenemos de gloria a nuestro país, ya que la fortuna nos proporciona un lance tan oportuno. Hagamos ver al mundo todo, que sola, nuestra provincia, ha de sacar de los trabajos a tanto infeliz errante”[19].

            Más adelante, Díaz “se halló en la famosa sorpresa de Yavi, el 15 de noviembre de 1816, fecha en que se encontraba reuniendo gente en el lugar de las Barrancas, boca de la quebrada del Valle, próxima a aquel punto”[20], donde su primo hermano y cuñado el entonces teniente don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza, fue tomado prisionero y conducido al Perú, lugar en el que permaneció largos años entre las rejas de los godos. Los enemigos habían tomado a seis prisioneros, uno de ellos pudo escapar y avisó al momento, trayendo la alarma al campamento del cuarto marqués del Valle de Tojo, encomendero de los Pueblos de Casabindo y Cochinoca, caballero de la Orden de Carlos III, coronel mayor don Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero Martearena del Barranco y Pérez de Uriondo[21] (inclinado a la Patria), allí se encontraban don Bonifacio Ruiz de los Llanos, don Luis Borja Díaz, don Juan José Quesada y don José Gregorio López. Sobre el particular dice Mitre que “inmediatamente el enemigo apareció haciendo fuego. Desde este momento todo fue confusión”. Mientras tanto, los patriotas atinaron a tomar algunas providencias y el marqués intentó escapar con los citados oficiales, que le salvaron la vida, pero el marqués fue capturado pese a la ayuda que le prestó don Bonifacio Ruiz de los Llanos, cediéndole su mula. Campero, en plena huida, cae de la bestia de espaldas y sobrevinieron en él los enemigos intimándole rendición, siendo tomado prisionero junto al teniente coronel Quesada. Por su parte los patriotas Díaz, Ruiz y Frías también fueron intimados por los realistas a rendirse con la promesa de ser perdonados, sin contestarles y huyendo, los Cuycos les hicieron tres tiros mientras los seguían. Al cesar la persecución, nuestros hombres se dirigieron rumbo a Chiyavi, con destino a Salta. El comandante Luis Borja Díaz logró escapar de aquel desastre con ciento y tantos hombres, entre los que se cuentan los capitanes Bonifacio Ruiz de los Llanos y Nicolás Frías[22].

            En los años siguientes tendrán Salta y Jujuy nuevas invasiones realistas, venidas del Alto Perú, encontrándose los guerreros de nuestro Ejército en un estado deplorable, tanto económica como anímicamente. En 1817 Güemes recibía del Director Pueyrredón los despachos de coronel mayor de los Ejércitos de la Patria. Como ya lo adelantamos, se habían organizado los principales Escuadrones de Gauchos: a) el de Orán, que mandaba el Tte. coronel Manuel Eduardo Arias; b) los tres de la Quebrada de Humahuaca que mandaban los Ttes. coroneles Manuel Álvarez Prado, Juan Francisco Pastor y Guillermo Belmonte; c) el de Sta. Victoria, al mando del Tte. coronel José Antonio Ruiz; d) el de la Frontera del Rosario que mandaba el Tte. coronel Francisco Gorriti; e) los dos de la ciudad de Jujuy, mandados por los Ttes. coroneles Bartolomé de la Corte y José Gabino de la Quintana; f) los tres de Salta y su campaña mandados por los Ttes. coroneles Santos Morales, José Luis Burela, Francisco Velarde y Ángel Mariano Zerda; los de los Valles los mandaban los Ttes. coroneles Luis Borja Díaz de Lea y Plaza y Bonifacio Ruiz de los Llanos. En 1817 el general José de La Serna avanza sobre Salta; esta fue la tercera invasión hispana precedidas como vimos por la de Pío Tristán, en 1812 y la de Joaquín de la Pezuela en 1814, la cuarta invasión a la Patria sería la del general Pedro Antonio de Olañeta, hasta Humahuaca, luego en 1818 sobrevendrá otra de Olañeta y el coronel Jerónimo Valdés. Al año siguiente, en marzo de 1819, el Ejército Español invade nuevamente la provincia, por sexta vez, ocupando el general José Canterac la ciudad de Jujuy, el día 26, sin poder seguir avanzando y salvándose la ciudad de Salta de ser ocupada merced a que las milicias gauchas no cesaron los hostigamientos. Don Luis Borja Díaz, en su carácter de comandante, continuó en permanente defensa durante todo ese tiempo, en el que se producían innumerables combates, sobresaliendo en aquellos episodios por su valor y coraje.

            El coronel don Feliciano de la Mota Botello, gobernador intendente de la provincia de Tucumán, le informaba a Güemes el 29 de marzo de 1819 “Ya tengo dado providencia para que se pongan en Santa María dos escuadrones que están a las órdenes del comandante Díaz y he tomado las demás consiguientes a la defensa de esta provincia”[23]. Mientras que el 3 de abril de la Mota Botello, le comunicaba a Güemes que “Había dispuesto auxiliar a don Luis Borja (Díaz) con 600 hombres de la caballada de Catamarca que estaban en movimiento desde el 31 y a este fin mandé a Santa María dos mil cartuchos a bala al comandante Alurralde que debía obrar a las ordenes de aquel”[24].

            El 9 de junio de 1819 el Director Pueyrredón renuncia a su cargo, sucediéndole el general José Rondeau, quién el 27 de agosto “Atendiendo a los servicios prestados a la causa de la libertad”, designó a Díaz comandante del Escuadrón de Gauchos del Valle de Cachi.

            Meses más tarde, desde Cachi don Luis Borja Díaz le escribe, el 18 de mayo de 1820, a don José de Gurruchaga: “Mi muy querido amigo: Por intermedio del cabo sancarleño don José María Cabrera, patriota valeroso y de méritos, vengo a saber de las revueltas continuas, que se vienen produciendo en esa, debido a las intrigas de Dámaso (Uriburu) y a las intransigencias de Arias Velázquez (Pedro Antonio). Estas cosas no pueden ser peores según me cuenta el cura Celedonio Molina que ha venido por asuntos de la Javierita (Molina y Gallo, hija del después cura don Celedonio), que sin mayor preámbulo se ha casado con un oficial del Perú y por nombre Dávalos (Toribio, el que originó una rama de ese apellido en Salta). Yo no se el porqué de estas reyertas, cuando Güemes es un hombre decente y de prestigio como lo ha dicho Belgrano a todos sus jefes. Cabrera ha sido llamado para ir a Salta y ayudar las maniobras que harán en esa don Juan Galo (Leguizamón) y sus segundos Alemán (Pablo), Romero (Miguel), Burela (Luis) y Ríos (Mateo). Cabrera irá a esa el 30 para comandar las fuerzas de Yavi, adonde dicen que está combatiendo Pachi (Gorriti). Aquí no hay más que contar, a no ser la enfermedad de don Severo (Isasmendi), que piensa ir a esa en una silla conducida por sus peones. Reciba cariñosos afectos de su servidor y envío saludos al Dr. Francisco (de Gurruchaga), suyo Luis Borja Díaz[25].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rúbricas del comandante general de los

Valles, coronel D. Luis Borja Díaz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Los realistas en este lapso, no se detenían y se empeñaban en emprender una nueva invasión sobre las provincias situadas al Sur del Alto Perú. El general godo Juan Ramírez y Orozco, sucesor de La Serna en el mando del Ejército Real del Perú y con una fuerza de siete mil hombres llega hasta Tupiza el 5 de febrero de 1820, disponiendo un movimiento sobre las ciudades de Jujuy y Salta. El general José Canterac entró el 24 de mayo a la ciudad de Jujuy, siguiendo hacia la ciudad de Salta y ocupándola el día 31, se trataba de la séptima invasión realista a la Provincia de Salta. Pero las fuerzas españolas, dada la encarnizada hostilidad de las partidas gauchas, debieron replegarse y regresar a Tupiza, a donde llegaron el 30 de junio. En la retirada, las fuerzas reales fueron tenazmente perseguidas bajo la dirección acertada del teniente coronel Francisco Pérez de Uriondo, resultando varios soldados enemigos heridos y muertos. Don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza con su División se unió a Pérez de Uriondo en el rechazo de los invasores distinguiéndose en su condición de Comandante General de los Valles, cargo para el que había sido nombrado por Güemes el 22 de junio de 1820, en mérito a su “comportación valerosa”. El 30 de agosto de ese año, Güemes, en su carácter de General en Jefe del Ejército de Observación del Perú, le confirió los despachos de coronel graduado.

            El 26 de noviembre de 1820 don Luis Borja Díaz le decía al general Güemes en una nota fechada en San Carlos “Mi venerado y muy digno señor general: Anoche recibí la de V.S. de 13 del corriente, junto con el oficio que contesto. Estoy íntimamente persuadido de la necesidad en que todos nos hallamos de hacer los últimos sacrificios para no ser infelices, después de haber padecido y trabajado tanto por ser libres. Cuente V.S. con todos mis esfuerzos para proporcionar la marcha del señor jefe del Estado Mayor por lo que respecta a víveres, cabalgaduras y otros precisos, a pesar de la escasez suma y pobreza en que veo a este Valle. La única dificultad insuperable que encuentro, es la de proporcionar los cien caballos que me pide, porque no hay entre los vecinos más pudientes quien tenga arriba de cuatro. Al gaucho, sabe V.S. que no se le puede hacer mayor vejamen que despojarlo de su caballo y solo por la fuerza sería asequible su consecución. Si lo tiene V.S. por conveniente daré este paso. No tenga V.S. la menor duda, de que si puedo rezagar todos los artículos reunidos anteriormente de su orden, para el sostén de los dos mil hombres que van marchando, lo he de hacer, porque me hago cargo de los grandes conflictos en que se vé, no teniendo el Estado, caudales ni arbitrios para las erogaciones que demanda esta importante empresa, cuyo buen éxito se deberá realmente a los continuos sacrificios que consagra V.S. al bien común. Descuide V.S. de la seguridad de todos los caminos que se dirigen al interior, porque esta es la principal atención que me ocupa. Deseo a V.S. toda felicidad y que mande en la fina voluntad con que le ama su más atento y afectísimo súbdito Q.S.M.B Luis Borja Díaz. - P.D. Después que marche el jefe del Estado Mayor, agradeceré a V.S. me franquee permiso para ir a esa. Señor general en jefe don Martín Miguel de Güemes”[26]. Este documento demuestra que el avance de Güemes al Perú ya estaba en plena ejecución.

            Antes de producida la muerte del héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, en junio de 1821, don Pedro Antonio Arias Velázquez le decía en una carta al gobernador: “Podrán las tropas del rey destrozar nuestros campos, acribillar a nuestros soldados y plantar nuevos gólgotas en aras de la Independencia Americana, pero nunca doblegar el patriotismo de Borja Díaz, el valiente caudillo vallisto, que combate con empeño en Humahuaca”[27].

            El coronel Díaz fue un verdadero líder en todo el Valle de Calchaquí, en el que lució su coraje y su gran ascendencia entre los pobladores. En abril de 1823 era comandante del Valle de Cachi; por aquella época dada las preocupaciones que se tenían con respecto a los sacrificios de los gauchos, don Luis Borja Díaz de Lea y Plaza desde San José de Cachi informaba: “Sin duda fueron éstas las consideraciones que impulsaron al Sr. ex gobernador don Martín Miguel de Güemes, a abolir, o moderar la cuota de arrendamiento con respecto a los gauchos, eligiendo prudentemente del mal, el menor, y una alteración absoluta sobre el particular, no podía menos que producir un desaliento o un sacrificio. Pagando la mitad de los arriendos durante la guerra, parece soportable el perjuicio recíproco del propietario y del gaucho arrendero y cesando aquella, el gobierno tomará las medidas conducentes a reparar las quiebras que haya ocasionado la defensa común en cuanto a los derechos parroquiales, se estableció ya en éste curato de Cachi y en San Carlos que los entierros de los gauchos se hicieran gratuitamente y los casamientos por cuatro pesos”[28]. Lilia F. Pérez de Arévalo, señala respecto de la nota transcripta, que “en el mismo informe se hace una reflexión; que ya se pagan estos derechos parroquiales sin haber cesado la causa, y nos dice que los sacrificios de los gauchos son inmensos y todo lo que se dispone en su favor es premio a sus fatigas. Que por su parte los párrocos pueden subsistir con las contribuciones de los demás feligreses o que la paga del gaucho sea moderada”[29]. Díaz siempre tuvo presente a sus valientes guerreros, para quienes fue como un padre que a la par del bienestar que les procuraba, con ellos compartía las victorias y las derrotas. Se caracterizó asimismo por defender a la población vallista más necesitada, de injusticias y malos tratos.

            En tanto, don José María Paz, quién al decir de Mitre: “debía ser con el tiempo uno de los primeros generales de América del Sur”, fue invitado en 1823 por el coronel José M. Pérez de Urdininea, para cooperar en la expedición al Perú proyectada por San Martín. Partió Paz “asumiendo el cargo de 2do. jefe del Cuerpo de Dragones de San Juan, que estuvo a sus órdenes en Animaná y en el pueblo de San Carlos, hasta junio de 1824 en que Urdininea marchó al Norte con los Dragones”. Estando José María Paz en San Carlos, observó que la producción principal eran “los trigos, algunas viñas y alfalfares”, productos que indudablemente le interesaba sobremanera, debido en principio, a la falta de alimento y dificultades que presentaba tanto la tropa, como los animales[30]. A pesar de estas limitaciones, aunque siempre aliviado con leña, carne y otros víveres por el “Patriarca del Calchaquí”, el coronel Paz contribuyó al auxilio del gobernador de la provincia, general don Juan Antonio Álvarez de Arenales, amenazado por algunos conspiradores. El 17 de febrero de 1824, Paz se encontraba en el Valle de arriba, pasando por la Cuesta del Obispo; al día siguiente desembocó en las inmediaciones de las propiedades del coronel Luis Borja Díaz, quien estaba con sus fuerzas en Cachi[31], entonces el día 20 Paz se unió a Díaz con sus tropas en el punto de La Viña, avanzando sobre Salta motivado por los temores de la subversión que existía.

            Entre los conspiradores de Arenales se encontraban los coroneles Jorge Enrique Widt, Sinforoso Morales y Bernardino Olivera, que se habían levantado en armas en la zona de Guachipas, siendo tomados prisioneros los dos últimos (Morales y Olivera) el 5 de febrero de 1824, y sentenciados a muerte como “reos de conspiración” fueron ejecutados el 27 de febrero, bajo la dirección de Urdininea y la aprobación de Arenales[32]. Luego de estos episodios, el 8 de marzo Díaz Plaza y sus gauchos regresan nuevamente al Valle de Cachi. El 30 de setiembre de 1824, Díaz recibía del gobernador Arenales los despachos de coronel efectivo del Primer Escuadrón de los Valles Calchaquíes. En marzo del año siguiente, el general don Juan Antonio Álvarez de Arenales le escribía al coronel Díaz “Ha llegado el momento de hacer uso de las repetidas y generosas instancias con que V.S. procuró tener parte en los honorantes objetos a que marcha la División de mi mando: En consecuencia y siendo irreparable la pérdida de un solo día en la aproximación al territorio en que debe obrar, prevengo a V.S. por medio del presente, que desde el acto de recibirlo ponga su movimiento todo cuanto convenga para alistar cien hombres exigidos de los de su mando, y con ellos marchar con una rapidez y celeridad que comprueben su celo y eficacia, y llenen las miras con que el llamado, debiendo traer cada hombre dos bestias al menos y con preferencia las mulas de mejor calidad. La marcha de V.S. a la cabeza de dicha fuerza debe ser directa a los puntos de Colorados o La Quiaca dándome continuos y prontos avisos de sus movimientos para según ellos arreglar mis marchas y procurar nuestra citada reunión. Como será preciso impedir algunos gastos para mover dicha fuerza y para su manutención en el tránsito hasta la reunión mencionada, faculto a V.S. para suplirse 300 pesos destinados a dichos objetos, que serán religiosamente satisfechos por la Comisaría de la División, al mismo tiempo a los soldados se les dará a su arribo al mismo vestuario que se ha dado a los otros Cuerpos. Dios guarde. Cuartel General en Jujuy Marzo 30 de 1825. J. A. A. de Arenales. J. M. Serrano, Secretario. - Sr. Coronel Comandante Dn. Luis Borja Díaz”[33].

            Debemos destacar que don José María Paz tuvo por aquella época importante actuación en la organización de las milicias salteñas, con el grado de coronel en 1825 procedió a levantar un Batallón de Infantería bajo su mando, junto a la inspección del gobernador de Salta, don Juan Antonio Álvarez de Arenales, con el fin de incorporarse al Ejército de Operaciones contra el Emperador del Brasil, que comenzaba a organizarse en San José del Uruguay[34]. En ese pequeño Regimiento de 800 hombres, formado por Paz y Arenales, se incorporaron muchos de los guerreros de los Valles Calchaquíes, entre los que figuraron varios oficiales del Escuadrón del comandante Díaz, participando activamente en toda la campaña del Brasil, aunque muchos otros que se alistaron no llegaron a tomar intervención en la guerra.

            Figuró Luis Borja Díaz entre algunos oficiales, como Jorge Torino, Bonifacio Ruiz de los Llanos, Ángel Mariano Zerda, Pedro Alcántara Ferreyra, Manuel Álvarez Prado y Miguel Puch, que compartían plenamente la corriente política del general Juan Antonio Álvarez de Arenales[35], quien desde su asunción al poder procuraba establecer en Salta un gobierno liberal Rivadaviano, pero los problemas internos entre los distintos partidos políticos hizo que un grupo de los mismos partidarios de Arenales se unieran en 1827, en la revuelta encabezada por José Gorriti que derrocó al gobierno, del que temían que intentara prolongarse en su mandato[36]. El coronel Díaz Plaza prosiguió en la carrera de las armas, alternando su tiempo con la atención de sus propiedades en Seclantás y en San José de Cachi; su nombre estaba muy prestigiado entre los salteños por su destacado y persistente servicio al país, fue valeroso y un gran estratega, virtudes que evidenció durante toda su vida. Ya entrado en años, decidió asentarse definitivamente en el Valle de Cachi, pero su lúcida actuación en la guerra gaucha determinó que debiera asumir el cargo de “Comandante Principal de las Milicias de San José de Cachi”[37], que ocupó hasta su muerte.

            Contrajo matrimonio con su prima hermana, la Dama Patricia doña María Magdalena de Lea y Plaza Ríos[38], la que lo sobrevivió varios años, hija del hacendado y pionero de la vitivinicultura salteña de mediados del siglo XVIII, don Julián de Lea y Plaza de Texerina (1748-1798), y de doña María Cándida de los Ríos.

            Hizo su testamento sin poner fecha “en Salta siendo testigos los ciudadanos don Juan de Dios Aparicio, don Juan Luis Maurin y don José Antonio Cesar y Robles” el que se protocolizó en setiembre de 1831, en la escribanía de don Mariano Nicolás Valda; seguramente temeroso de algún desafortunado destino en la guerra, pues sus textuales palabras en este documento dicen: “Sepan cuantos este testam.to., última y postrimera voluntad vieren, como yo el Ciudadano Luis Borja Díaz Coronel, y Comandante principal de las milicias de Sn. José de Cachi, hijo legítimo de los finados Dn. Martín Díaz, y doña María Paula Plaza qe. en paz descansen, hallándome por la misericordia del Señor sano, y en marcha a la guerra a que me destina el Sr. General Gobernador de ésta Provincia de Salta a la cual correspondo; creyendo en el alto, e infalible misterio de la santísima Trinidad y en todos los demás que cree predica y enseña Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica Romana, en cuya fé, y creencia he vivido, y protesto vivir, y morir como católico fiel cristiano invocando a mi protectora Nuestra Señora de las Mercedes[39] para que interceda por mi alma...”, más adelante dice: “Declaro que he sido casado bajo los ritos de la Iglesia con doña Magdalena Plaza, y que no hemos tenido hijos en dicho matrimonio”.

            Entre otras cláusulas dispone “Mando que con respecto a la declaración de los bienes que recíprocamente introdujimos al matrimonio se esté a la verdad de mi espresada compañera por estar penetrado de su rectitud y buena fé”. Nombró por sus albaceas a su esposa en primer lugar, al cura de Cachi doctor don José Manuel Salguero en segundo lugar, y a una hija adoptiva doña Flora Díaz en tercer lugar; siendo sus herederos su “consorte” doña Magdalena Plaza, doña Flora Díaz y su sobrina doña Micaela Plaza “...hija de mi primo, y hermano político el Capitán don Remigio Plaza...”.

            No tenemos con exactitud su fecha de fallecimiento; no obstante doña Magdalena se presentó en Salta el 17 de setiembre de 1831, ante el juez de Paz en 1ra. Nominación, ya viuda y como albacea testamentaria “del finado coronel don Luis Borja Díaz”, por lo que bien creemos que don Luis falleció a mediados de 1831[40], siendo enterrado, según consta, en la Iglesia Parroquial de Seclantás. Dicha parroquia fue fundada por su hermano don José Mariano Díaz de Lea y Plaza, quien en su testamento encargaba al primer ordenado de sus descendientes, “con paternal expresión, que procure fomentar en él la devoción a mi Señora del Carmen”[41].

El nombre de Díaz figura entre los más destacados oficiales de la Independencia en una placa del monumento al héroe gaucho don Martín Miguel de Güemes, al pie del cerro San Bernardo, en Salta. También se lo recuerda en otra placa de bronce en el monolito a Güemes en Cachi; además con merecida justicia la provincia de Salta le rindió homenaje imponiendo su nombre a una calle en la ciudad capital[42].

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

ARCHIVOS

 

Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Archivo María Teresa Cadena de Hessling

Archivo Plaza Navamuel

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ARÉVALO, Lilia Fanny Pérez de: “El Fuero Gaucho”. Boletín Nº 3 del Instituto Güemesiano de Salta, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Salta. Salta, 1979.

CORNEJO, Atilio: “Causas y Consecuencias de la Muerte de Güemes”, pág. 20. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1973.

-- “Güemes y la Tradición Gaucha de Salta”. Boletín del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, Tomo VIII, Nº 29. Salta.

-- “José María Paz en Salta”, pág. 141. Boletín del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Tomo 30. Salta, 1960

-- “Historia de Güemes”, Segunda Edición. Talleres Artes Gráficas S. A. Salta, 1971.

CUESTA FIGUEROA, Marta de la: “El Cabildo de Salta (1582-1825)”. Instituto de Investigaciones Históricas de Salta. Consejo de Investigaciones de la Universidad Católica de Salta. Salta, 1998.

CUTOLO, Vicente Osvaldo: “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino”. VI volúmenes. Edit. Elche, Imprenta Crisol. Buenos Aires, 1968.

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GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”. 12 Tomos. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires, 1986.

IBARGUREN, Carlos (h): “Los Antepasados. A lo largo y más allá de la Historia Argentina. Genealogía de sus respectivos linajes”, Tomo III. Buenos Aires, 1983 (“Los Antepasados” debemos a la gentileza de nuestro pariente y amigo don Marcelo Aubone Ibarguren).

MITRE, Bartolomé: “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”. Edit. Anaconda. Buenos Aires, 1950.

NELSON, Cristian: “Notas sobre la Industria Harinera de Salta”. Boletín Nº 1 del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta. Salta, 1938.

PAZ, José María: “Memorias Póstumas”, Tomo I y II. Editorial Almanueva. Buenos Aires, 1954.

PLAZA NAVAMUEL, Rodolfo Leandro: “Protagonistas de una Gesta Incomparable”. Separata del Boletín Nº 29-30 del Instituto Güemesiano de Salta, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Salta. Salta, 2007.

REYES GAJARDO, Carlos M.: “Apuntes Históricos sobre San Carlos del Valle Calchaquí de Salta”. S. A. Casa Jacobo Peuser, Ltda. Buenos Aires, 1938.

YABEN, Jacinto: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”. Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                              

Escudo de armas de Ruiz de Llanos

(Ilustración de Da. Cecilia Ibarguren en base al “Nobiliario del Antiguo Virreynato del Río de la Plata”, de D. Carlos Calvo)

 

Escudo: En campo de plata, cuatro calderas de sable puestas de dos en dos; terrazado de sinople.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   Coronel D. Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

 

 

 

EL INTRÉPIDO

 

 

Bernardo RUIZ de los LLANOS ·

 

 

Introducción

 

            A través de estas líneas se rescata al coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos, uno de los capitanes del general Martín Miguel de Güemes y valiente soldado de la Independencia. Desde mis tiempos de niñez y adolescencia cuando vivía en la ciudad de La Plata, tuve el anhelo de profundizar mis conocimientos acerca de los hechos, las anécdotas y los episodios vinculados con la historia de la Patria naciente, de los que fui empapándome a través de imborrables narraciones de mi padre, Bernardo Manuel Ruiz de los Llanos. Consideré que el camino más apropiado para llegar a la meta que buscaba y develar las inquietudes pendientes, era recurrir en consulta a los antecedentes históricos documentados en las obras escritas por grandes historiadores como lo fueron, entre otros, Bartolomé Mitre, Bernardo Frías y Luis Güemes. Vaya entonces mi reconocimiento a estos escritores, especialmente por haber otorgado al coronel Ruiz de los Llanos, dueño de tan inquebrantable lealtad, el justo y merecido sitial que ocupa en las más esclarecidas páginas de nuestra historia.

            Finalmente ansío que mediante esta breve reseña y recopilación documental, se puedan conocer algunos aspectos de la personalidad de este abnegado militar salteño, cuyo aporte a la gesta güemesiana fue en más de una oportunidad decisivo, valeroso y patriótico.

 

 

            1. Su trayectoria

 

            Don Manuel Bonifacio Ruiz de los Llanos nació en la ciudad de Salta el 15 de junio de 1791 y fue bautizado el 25 de septiembre del mismo año. Hijo de don Ventura Ruiz de los Llanos y Berdeja y de doña Petrona Villada y Ríos, según investigaciones del historiador y genealogista Rodolfo Leandro Plaza Navamuel.

            Guerrero de la Independencia. Comenzó la carrera de las armas el 15 de septiembre de 1811 en calidad de Sargento 2º en el “Regimiento de Patricios de Salta” (Compañía de Infantería) comandado en ese entonces por el teniente 1º Rudecindo Alvarado, con el que se encontró en las primeras avanzadas patriotas. En octubre de ese mismo año se marchó de Salta con su Compañía hasta Humahuaca y desde allí a Orán, al frente de un reducido destacamento, custodiando los caudales que consistían en 39 zurrones cerrados de plata y oro sellado, en tejos y armamentos, que transportaba desde la ciudad de Potosí hacia Tucumán el coronel Juan Martín de Pueyrredón, regresando luego nuevamente a Salta.

            Un mes después se incorporó con su compañía a la vanguardia del “Ejército Auxiliar” que se hallaba en Jujuy. Oportunidad que fue ascendido a Sargento 1º, el 1º de noviembre de 1811. En aquella provincia, se distinguió en un acto de arrojo, ya que a fuerza de coraje se abrió paso por entre las filas enemigas, superiores en número, en una célebre retirada, para luego reunirse con el grueso del ejército de Belgrano que retrocedía al sur y encontrarse en la acción de Nazareno a las órdenes del coronel Eustaquio Díaz Vélez el 12 de enero de 1812, después de la cual el ejército se retiró hasta Yatasto, donde en el mes de marzo, el general Manuel Belgrano se recibió del comando en jefe.

            En la nueva organización que dio el general Belgrano al “Ejército Auxiliar”, la Compañía de Ruiz de los Llanos quedó refundida en los demás cuerpos del ejército, continuando sus servicios en la “2ª. Compañía del Regimiento Nº 6 de Infantería”, que mandaba el capitán Francisco Antonio Sempol, pasando posteriormente al “Regimiento de Artillería” a las órdenes del Barón de Holmberg, comandante de aquella arma y junto a él se batió con singular bravura en la Batalla de Tucumán el 24 de septiembre de 1812.

            Fue reincorporado nuevamente en diciembre, al “Regimiento Nº 6 de Infantería”, por orden del general Manuel Belgrano y bajo su mando luchó en la gloriosa “Batalla de Salta” el 20 de febrero de 1813, marchando luego hasta la ciudad de Potosí. Debido a su comportamiento en ambas acciones fue ascendido sucesivamente a Subteniente, el 1º de febrero y a Teniente, el 1º de junio, grado con el que peleó en Vilcapugio el 1º de octubre y en Ayohuma el 14 de noviembre de 1813, retirándose después de esta derrota a Tucumán con los restos del ejército, y como expresan documentos de esa época “con los soldados que seguían leales a su bandera”.

            De regreso a Salta, solicitó su baja por encontrarse enfermo, la cual obtuvo el 20 de mayo de 1814, pero una vez restablecido, se alistó en las avanzadas del “Ejército Patriota” dirigidas por el sargento mayor José Apolinario Saravia, situadas en Guachipas, a las que fue incorporado el 1º de marzo de 1815. Sirvió en ellas hasta que fue desalojado de Salta el ejército español. Al incorporarse a las avanzadas de Apolinario Saravia, Ruiz de los Llanos es reconocido como Teniente Primero.

            A partir de 1815 pasó a revistar en las partidas gauchas incorporándose al “Regimiento de Dragones Infernales”. Unidad que creó el jefe salteño en contraposición del cuerpo realista que se conocía con el nombre de “Angélicos”, destacándose por su valentía y estrategia combativa, bajo la dirección del entonces coronel Martín Miguel de Güemes, y desempeñándose en calidad de Ayudante Mayor desde el 1º de noviembre de aquel año, hasta el 16 del mismo mes, en que obtuvo su baja.

            El 1º de marzo de 1816 regresó al servicio, y por espacio de varios años tomó parte en las operaciones de vanguardia, incorporándose en clase de capitán del “Regimiento Páramo del Orden” sirviendo al mando del coronel mayor Juan José Fernández Campero, el conocido marqués de Yavi o del Valle de Tojo, caballero de la Orden de Carlos III, quien tenía a su mando directo una división de 800 hombres, de la cual era segundo jefe el teniente coronel Juan José Quesada, comandante de Caballería; desempeñando el capitán Ruiz de los Llanos el cargo de Jefe de Avanzadas. Dicha división fue por varios meses un excelente destacamento de vanguardia y obtuvo algunos triunfos parciales que detuvieron las agresiones del enemigo.

            El 29 de junio de 1816, el marqués escribió en borrador un oficio dirigido a Güemes, que dice: “Creo que el enemigo no ha pasado de Miraflores, ni aún a Casabindo, respecto de que el capitán Ruiz de los Llanos que quedó en aquel punto no ha dado parte alguno. Este se halla con cerca de 70 hombres (...) observando los movimientos del ejército contrario, el que según los bomberos se emplea en robar los ganados enviando partidas gruesas para todas partes...”.

            Posteriormente, el 16 de septiembre de ese año, Juan José Fernández Campero le escribió un oficio al gobernador intendente don Martín Miguel de Güemes desde el Cuartel Principal en el Moreno, donde le manifiesta que: “Con fecha de 14 del presente me dice el Comandante de Avanzadas, capitán Don Bonifacio Ruiz de los Llanos lo siguiente: Ayer recibí parte del capitán Rivera, y Cala en que me dicen que el enemigo en número de 700 a 800 hombres pasaron por las Cortaderas, y que en Abrapampa acamparon 200, quienes no pasan de Miraflores. Yo lo dificulto, y más bien creo que como saben que hay tropa en ese punto, quieran llamarles la atención y dirijan una partida por un camino que hay de Abrapampa por Tres Cruces, Vicuñayoc para evitar el ser sorprendido por esa parte. A los Capitanes Rivera y Cala se los he prevenido, dándoles las órdenes convenientes; les he encargado que me avisen con certeza si el enemigo no pasa de ahí para con las noticias que espero tener del Jefe de Vanguardia a quien le he comunicado lo interesante de este parte, dirigirme a reunirme con dichos Capitanes con toda mi tropa para hostilizar al enemigo. En posdata se me asegura que los enemigos que van para Humahuaca son 500, y 100 los que han llegado a la Abra... (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            Participó en el combate de Colpayo, el 15 de septiembre de 1816, junto con fuerzas pertenecientes al “Regimiento Peruano”, donde las armas patriotas salieron victoriosas. Güemes desde su Cuartel General ubicado en Humahuaca ordenó al Marqués de Yavi que se estableciera en Abrapampa, colocando de Jefe de Avanzadas al capitán Bonifacio Ruiz de los Llanos.

            Estando en esta situación, el 11 de noviembre su Jefe de Avanzadas dio aviso al marqués de que el enemigo estaba en movimiento sobre Yavi, inmediatamente se adelantó con todas sus fuerzas hasta el Puesto e hizo adelantar de allí a los comandantes Lanza y Ruiz de los Llanos con dos columnas de Dragones Infernales y gauchos, trasladándose luego este último con Quesada y una escolta de Dragones desde Pulpera hacia la población de Yavi donde llegaron al anochecer. Lugar en el cual el 12 de noviembre, las avanzadas de Ruiz de los Llanos (con ocho meses de servicio en la puna jujeña apoyando a las gestas emancipadoras) sostuvieron un fuerte choque contra los realistas, donde se destacaron oficiales de las tropas gauchas de los Valles Calchaquíes, en el que salieron victoriosos, pero tres días después la caballería enemiga del coronel Marquiegui cayó sorpresivamente sobre la descuidada división del coronel Fernández Campero entre las 8 y las 9 de la mañana, y se apoderó de sus fuerzas tomándolo prisionero al igual que al 2º jefe de aquellas, teniente coronel Quesada. Asimismo, cayeron en poder de los realistas: 100 vallistas, 200 peruanos, 58 infernales y dragones, quienes quedaron como prisioneros, después de ocasionarle muchas bajas entre muertos y heridos. A excepción de los fallecidos durante la pelea, el enemigo no abusó de su victoria.

            Bonifacio Ruiz de los Llanos luego de este contraste y de gran confusión, le cedió su caballo a su jefe el marqués del Valle de Tojo, y luego una cabalgadura mejor, una mula ensillada para que se salvase, pero el esfuerzo fue en vano, ya que éste no era gran jinete y no supo sacar todo el provecho posible a la ayuda recibida, debiendo don Bonifacio huir entre el fuego de sus enemigos junto al comandante Luis Borja Díaz y al capitán Nicolás Frías, quienes a pie llegaron a Cachi.

            El capitán de fragata (R) Jacinto Yaben, en su obra “Biografías Argentinas y Sudamericanas”, sostiene que el marqués Fernández Campero, habría recibido un parte del comandante Gaspar Aramayo, avisándole que el enemigo “trataba de cargar a Yavi” y que estuviese vigilante, pero el marqués descuidó tomar inmediatas medidas de seguridad para evitar la sorpresa; los realistas sorprendieron en circunstancias en que Quesada, Ruiz de los Llanos y otros oficiales se hallaban en casa de su Jefe y la tropa no estaba menos descuidada. Parte logró salvarse saltando sobre los caballos en pelo, pero Quesada tuvo que rendirse y el Marqués fue capturado en la huída...”.

            Bartolomé Mitre en su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” hace alusión a un parte inédito de Güemes de fecha 22 de noviembre de 1816 en el cual narra detalles de la carta de don Bonifacio Ruiz de los Llanos sobre la sorpresa como testigo personal de aquel suceso ocurrido en Yavi. Dicho parte expresa: “Al tumulto salió el Marqués a la plaza, en momentos que pasaba por ella el oficial Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, Comandante de las Avanzadas de Güemes, montado en pelos un caballo flaco enfrenado. El Marqués atribulado le gritó: Ruiz ¿qué haré? ¡Favoréceme! – Ruiz de los Llanos le cedió generosamente su caballo, costando trabajo hacerle montar por su mucha corpulencia. Una vez a caballo, le recomendó tratar de reunir la tropa, y se puso en salvo; pero en aquel momento, a la voz de ¡nos cortan por la zanja! (que era la izquierda por el lado del río, por donde en efecto aparecía una columna) todos huyeron. Ruiz a pie, pudo alcanzar al Marqués que huía y montar de un salto en ancas, pero viendo que su compañero no podía sostenerse, se bajó, y consiguió tomar una mula ensillada, que dio a su jefe, cambiando con él cabalgadura...”.

            Bernardo Frías en su obra “Historia del General Martín Güemes”, narra también aquel episodio de la siguiente manera: “El Marqués, más desgraciado que todos, oía en esos momentos la misa. Sintiendo el tropel en la plaza, salió cuando el enemigo cargaba. El desventurado, que era corpulento y casi obeso, se hallaba a pie. Acierta en esto a pasar Don Bonifacio Ruiz de los Llanos montado en pelos un caballo flaco enfrenado; el Marqués que lo ve, le suplica su consejo y protección, a lo que el generoso oficial cedió, dándole su caballo. Cuesta al Marqués cabalgar, aun con ayuda; mas una vez encima, ordena a Ruiz organizar la tropa, mientras tira él a ponerse a salvo. Pero el enemigo, entrando también por la parte del río en aquel momento, dilata el pánico; todos se creen cercados y tratan de huir cada uno como mejor puede. Todo quedaba así perdido. Ruiz, que era alto y flexible, alcanza al Marqués y de un salto se le trepa a las ancas; pero viendo era imposible sostener al Marqués en caballo sin silla ni estribos, toma una mula con la cual da, cambia el Marqués de cabalgadura...”.

            Cuatro días después, Ruiz de los Llanos le escribe a un tío suyo desde la localidad de Cachi, contándole el terrible e inesperado suceso ocurrido el 15 de noviembre en Yavi en el que por fortuna logró escapar y poner a salvo su vida. Esta carta se publicó en la obra “Güemes Documentado” del historiador Luis Güemes, la que transcribiré más adelante. Además, entre los documentos históricos recopilados por Luis Güemes, encontramos una carta de Belgrano dirigida al general Martín Miguel de Güemes, donde le expresa: “Compañero y amigo querido: Dígame Ud. ¿no sería conveniente que la gente que fue del peruano se reorganizase? López, el José Gregorio y Ruiz de los Llanos podrían emprender esta obra; déme usted su parecer en el particular para que entremos a esta obra, porque el asunto es hallarnos con gente útil por todas partes para concluir con la empresa pronto...”.

            El 15 de septiembre de 1816 Bonifacio Ruiz de los Llanos, en su calidad de Comandante de Avanzadas, comunicó desde Lumará al marqués del Valle de Tojo del triunfo de los patriotas en el Combate de Colpayo al sur de la actual población boliviana de Tarija y luego, desde Pulpera pone en aviso que se desplaza rumbo a Yavi.

            El marqués, a su vez, tres días después le comunica desde el Cuartel Principal en el Moreno a Güemes, lo siguiente: “Son las 7 de la mañana: hora en que he recibido el parte del Comandante de Avanzadas Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, que en copia acompaño: doy a vuestra señoría los parabienes por el triunfo de nuestras armas, y me congratulo con que el peruano empiece sus ensayos militares, lleno de laureles, los individuos que recomienda tanto el comandante Ruiz de los Llanos como el capitán Rivera, son dignos de ser atendidos...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            Pablo de la Torre le escribe a Güemes en Calchaquí el 26 de septiembre de 1816, diciéndole: “Mi venerado jefe y señor: En el momento que llegué a San Carlos oficié al europeo Irrivarrín, para que compareciese a dicho lugar, y allí imponerle el empréstito que V. S. me ordenó; recibió mi oficio y sin contestarme se ocultó, de suerte, que hasta el día no se dónde se haya; en esta virtud he dispuesto pase a su estancia el capitán Ruiz de los Llanos a tomar razón de la hacienda que tenga, y traiga consigo a su capataz, para que éste declare el número de burros, que tenga a su cargo, porque en la actualidad es imposible parar rodeo por la falta de cabalgadura. Si he de dejar en depósito esta hacienda, o la he de conducir a Salta, V. S. me ordenará...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            El 13 de agosto de 1816, el marqués del Valle de Tojo Juan José Fernández Campero, le envía a Güemes una carta desde Toro, en la puna jujeña, por medio de la cual se puede apreciar la estrategia y la capacidad de lucha de los vallistos. En ella expresa lo siguiente: “Mi amado primo y querido Martín: nuestra avanzada principal está en Cueva al cargo de Ruiz de los Llanos y otros oficiales de honor que no se duermen a vista de sus deberes y del enemigo...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            También en la obra citada precedentemente, encontramos un oficio del 6 de noviembre de 1816 remitido por Güemes desde Huacalera al comandante Manuel Eduardo Arias a quién le ordena que: “Mande usted un par de bomberos buenos al dicho punto de Santa Victoria, bien montados, a averiguar si el enemigo ha vuelto, o qué ruta ha tomado, lo mismo que de la suerte de los tarijeños; encárgueles usted averigüen todo con el mayor empeño y con verdad, y usted sin perder un momento me dará parte de lo más mínimo: la adjunta, que pase inmediatamente a Ruiz de los Llanos para que sin demora cumpla lo que en ella le prevengo. En el momento que reciba usted éste, mande cinco hombres a que reciban 25 mulas chúcaras para que las reparta a la gente de su mando (...) P.D. Remito a usted dos mulas más, para que éstas se las pase al Comandante Ruiz de los Llanos con las que ha de pagar un chasqui que importa. Las mulas que tiene usted tenga mucho cuidado con ellas para que no se aniquilen, haciéndolas poner en los mejores pastos, a fin de estar prontas para segunda orden...”.

            Así, entre los documentos güemesianos encontramos sendos oficios remitidos por Fernández Campero a Güemes, desde el Campamento Andante de la Raya y en el Puesto, de fechas 11 y 12 de noviembre de 1816, donde le comunica: “Ayer tarde escribí a vuestra señoría con el parte que me dio el Comandante de Avanzadas Ruiz de los Llanos, de que el enemigo lejos de tratar de atacarnos, hacía su retirada a Suipacha: en cuya virtud, mando al teniente Don Santiago Berresford, que se avance hasta el indicado destino, para que observe sus movimientos...”. “El Teniente Coronel Don Juan José Quesada al presente se había reunido con el Comandante Ruiz de los Llanos...”. “En la declaración ante el gobierno militar del teniente Don Justo González de fecha 2l de noviembre de 1816, procedente de la División que iba al mando del coronel mayor Don Juan José Fernández Campero, sorprendida en el punto de Yavi, y no pudiendo pasar por enfermo al punto de Jujuy a dar su declaración verbal al señor gobernador comandante general de Vanguardia Don Martín Miguel de Güemes, ha tenido por conveniente ordenar al sargento mayor Don Juan Esteban Pérez, para que estampando por escrito la correspondiente declaración me la pase inmediatamente para dar cuenta con ella a dicho jefe. Fecha ut supra. Pablo de la Torre. Certifico que la declaración que sigue es la misma que ha dado el teniente Don Justo González. ...Preguntado si sabe haya escapado alguno de los jefes u oficiales, dijo; que no sabe que hayan escapado más que el comandante Díaz, el capitán Ruiz de los Llanos, el ídem Don Nicolás Frías, y que el coronel Campero, a pesar de haber disparado en un caballo de Ruiz de los Llanos en pelo, fue perseguido, y tomado prisionero, y el teniente coronel Quesada, le han dicho corrió igual suerte con algunos sablazos que le dieron en el mismo pueblo...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            Encontramos también en la citada obra documental, una carta del 2 de septiembre de 1816 remitida por el marqués del Valle de Tojo a Güemes desde Moreno, en la que manifiesta: “Al momento he dirigido cincuenta hombres armados a reforzar las avanzadas bajo las órdenes del capitán Ruiz de los Llanos, con dirección al lado de Cangrejos unos, y otros a los puntos más inmediatos que puedan. No he podido engrosar más esta partida por falta de mulas mansas y porque las del servicio están incapaces, por el trajín y por el tiempo. Por los últimos partes que he recibido, sé que el enemigo se halla ya con toda su fuerza en Yavi (...) A Ruiz de los Llanos le hago las prevenciones que me parece convienen...”.

            En enero de 1817, don Bonifacio Ruiz de los Llanos fue nombrado segundo jefe del “Escuadrón de Gauchos del Valle de Cachi”, bajando con dichas milicias a la ciudad de Salta a hostilizar a los realistas que ocupaban toda la provincia. Poco después, por su valor, era trasladado al “Comando de los Infernales” con el grado de Capitán a cuyo frente participó en las acciones contra La Serna. Debió librar violentos combates desde el 17 de abril al 1º de mayo, en las regiones de Cerrillos y El Bañado, donde los invasores resultaron con importantes bajas.

            La Serna inició el repliegue sobre Jujuy, el día 4 de este último mes. Mientras que el comandante Luis Burela previno a su par Ruiz de los Llanos que ocupara, por orden de Güemes, la Pampa del Rosario, dando cumplimiento a lo requerido. El 13 de mayo de 1817 La Serna intensamente hostilizado por sus flancos, y su retaguardia por las partidas de Infernales, emprendía la retirada de Jujuy, a los seis meses de iniciada la invasión.

            El Boletín número 20, desde el 10 de abril de 1817 hasta el 30 del mismo del “Ejército Auxiliar del Perú” registra que “Se distinguió también mucho en estos días el intrépido Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, Segundo Comandante de la División del Valle Calchaquí...”.

            Güemes en su parte Nº 1, del 25 de abril de ese año remitido desde el campamento volante “El Bañado” al general Belgrano, expresa textualmente: “Excelentísimo señor...No puedo pasar en silencio recomendar la conducta y valor militar del Segundo Comandante de la División del Valle Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, quien con treinta soldados de su mando logró en un avance matarle diez hombres, y quitarles algunas armas con pérdida de dos muertos, y un herido, según me acabo de informar por el último parte. Si la fortuna nos presenta más ocasiones de servir y merecer, tendremos la satisfacción de dar a la invencible nación americana, muchos días de gloria...”.

            El 10 de junio de 1817 Manuel Belgrano le escribe a Güemes desde la Provincia de Tucumán diciéndole: “Compañero y amigo querido: ...Un oficial Peñalba, de los prisioneros en Yavi, me fue remitido por Aramayo en compañía de un Centeno, que fue prisionero en Salo; el oficial Ruiz de los Llanos le ordenó al tal Peñalba que fuese a ver a Ud. primero y le entregó la carta que acompaño; no sé por qué el nominado Ruiz de los Llanos no le querría dejar pasar viniendo a donde yo estoy. Según oigo, parece que en los Valles hay muchas arbitrariedad en los Comandantes y bueno sería que Ud. pusiere un orden con tiempo. Tampoco ha parecido hasta ahora un hombre de los que Ud. me dijo que habían de venir de allí para el ejército por inobedientes; ¡quién sabe si los que deben entender en esto son los que le dan el ejemplo! Hágase Ud. respetar y obedecer contando conmigo para todo; pues de nada servirán nuestros trabajos si la autoridad no se conserva sin el menor vejamen...” (Luis Güemes: “Güemes Documentado”).

            En 1818 marchó a la Puna como Segundo Jefe de las tropas a las órdenes del teniente coronel José Gregorio López, y se mantuvo hasta 1819, habiéndose distinguido en los diferentes combates que sostuvieron con los enemigos, entre ellos el de Acoyte, librado el 11 de febrero de ese año, en el que tomó 40 prisioneros haciéndose acreedor Ruiz de los Llanos nuevamente, por su conducta, a la honrosa distinción de “El Intrépido”, mote con que lo calificó su Jefe Superior el teniente coronel José Gregorio López, en los partes oficiales publicados en aquella época, que habla con elocuencia de su personalidad militar (Jacinto Yaben: “Biografías Argentinas y Sudamericanas”).

            El 1º de enero de 1819, recibió la jerarquía de Teniente Coronel Graduado, y el 27 de agosto de ese mismo año fue nombrado Comandante del “2º Escuadrón de Gauchos del Valle”, con residencia en Cachi. El general Güemes, en su carácter de General en Jefe del “Ejército de Observación del Perú”, le otorgó el 15 de agosto de 1820, los despachos de Coronel Graduado (Libro de Títulos Militares del Archivo General de la Provincia de Salta). Este oficial de honor tuvo el privilegio por su lealtad, de ser uno de los capitanes que rodearon al “Héroe Gaucho” en la Quebrada de la Horqueta, en sus últimos instantes, en la noche aciaga del 17 de junio de 1821, al pie de un cebíl colorado.

            En los años siguientes la Puna lo vio combatir con el arrojo que lo caracterizó, donde prosiguió prestando servicios en las líneas de avanzadas con el cargo de “Jefe de las Milicias del Valle de Cachi”, que fueron adiestradas por el propio Güemes, y como tal, asistió a los diferentes combates que tuvieron lugar en los años (1820-21) con el objetivo de rechazar las nuevas invasiones realistas de entonces. Continuó con esa designación hasta la finalización de la guerra contra los invasores. “Para esas acciones empeñadas contra los realistas –acertadamente escribe Rodolfo Leandro Plaza Navamuel- partían los Regimientos de San Carlos, Seclantás, Cachi, Atapsi y Molinos, que organizaron los patriotas más destacados del Valle como Luis Borja Díaz de Lea y Plaza, Pedro Alcántara Ferreyra, Tomás y Nicolás de Frías y Aramburú, Alberto Montellano, Justo Pérez de Mendoza y sus hermanos Juan de Dios y José María de Lea y Plaza de Mendoza, Bonifacio Ruiz de los Llanos, Justo Pastor Arce y los de Lea y Plaza Ríos…”. Por su parte Bernardo Frías, apunta que “la Independencia Nacional tuvo una repercusión notable en el Valle, y en particular en San Carlos, donde se alistó bajo las banderas del Ejército Patriota, un crecido número de valientes, que formaron lista de honor. En las regiones montañosas, que abren sus valles al pie de la cordillera, desde Catamarca hasta la Puna de Atacama, la población casi toda indígena y avezada a domar las montañas, infatigable en las marchas el árido y rocalloso terreno, bajo el mando de lo distinguido del lugar, como don Bonifacio Ruiz de los Llanos, don Tomás Frías, don Alberto Montellano, o don Luis Borja Díaz, preparaban sus batallones de ligera y sufrida infantería, de Caballería en San Carlos...”. Mientras que las historiadoras Ercilia Navamuel y Julia Cabral en “Los Valles Calchaquíes...”, señalan que el Ejército de los Vallistos se destacó por su bravura en las históricas jornadas de Humahuaca, siendo dirigidos por destacados lugareños como los coroneles Bonifacio Ruiz de los Llanos, Luis Borja Díaz, Plaza y otros”.

            En 1824 aparece en los Libros de Títulos Militares del Archivo General de la Provincia de Salta “La División de las Milicias del Valle”, formada por cinco escuadrones, cuyos oficiales van distribuidos según los distintos nombramientos efectuados el 13 de octubre de 1824, nombrándose en el 2º Escuadrón a “Don Bonifacio Ruiz de los Llanos, Comandante y Coronel Graduado...”. El 12 de julio de 1826 fue nombrado Coronel Efectivo del “Ejército de la Patria” por lo que, al desatarse la guerra fratricida, tomó partido por los federales.

            Los gobiernos que se sucedieron conservaron a Ruiz de los Llanos en ese rango. En marzo de 1841, siendo “Comandante General de los Valles” fue tomado prisionero por las fuerzas unitarias y relevado de sus funciones el 11 de abril por el coronel Florentín Santos. Continuó después desempeñando ese y otros cargos análogos. Al sobrevenir la época de la tiranía, y al estar en desacuerdo con el gobierno de Rosas se retiró del servicio activo logrando su baja, hasta que en 1855 el Gobierno de la Confederación Argentina lo reincorporó al Estado Mayor, Sección Salta en clase de disponibilidad, mandándole a extender el despacho de Coronel que había obtenido en el Ejército de la Provincia.

            Indican algunos de sus biógrafos que don Bonifacio permaneció en aquella situación de revista, hasta que solicitó su baja definitiva en 1862, luego de haberle sido entregado el decreto firmado por el entonces presidente de la República Justo José de Urquiza, que lo ascendía a Coronel Mayor. El 12 de diciembre del mismo año, el gobierno de la República Argentina dispuso revistara con su jerarquía conseguida en la Plana Mayor Pasiva.

            Retirado a la vida privada el meritorio jefe militar “falleció en su finca de Payogasta, en la que residía con su familia, el 28 de septiembre de 1870 (...). Contrajo matrimonio con doña Buenaventura San Roque, hija del capitán don Francisco Nicolás García de San Roque (dueño en 1795 de la estancia Payogasta en el Valle Calchaquí) y de doña Polonia Solaligue y Plaza, nieta materna del hacendado don Pedro Solaligue y de doña Tomasa Plaza”, con quien tuvo seis hijos: Policarpo, Rafael, José, Nicasia, Ventura y Saturnino. Sus restos se hallan sepultados en la iglesia de esa localidad (Rodolfo Leandro Plaza Navamuel: “Los de Lea y Plaza…”, pág. 275, Salta, 2000, y del mismo autor: “Las huestes de la Patria en los tiempos de Güemes”. Revista Nº 4 de la Junta Sabatina de Especialidades Históricas, Buenos Aires, 2003).

 

Lápida de los esposos Ruiz de Llanos – San Roque emplazada

donde descansan sus restos en la iglesia de Payogasta

 

 

            2. Correspondencias

 

            A continuación incluiremos algunos documentos históricos relacionados con el prócer gaucho don Bonifacio Ruiz de los Llanos, que extractamos de la obra “Güemes Documentado” de Luis Güemes.

 

 

--Oficio de Ruiz de los Llanos a Güemes--

 

            Hace hora y media que escribí a vuestra señoría comunicándole la retirada del enemigo de Yavi, acabo de recibir los partes que en copia acompaño, ellos acreditan que no ha sido retirada, sino fuga, y son del tenor siguiente. Acabo de recibir el adjunto en cuya virtud emprendo mi marcha a aquel destino: no espero al segundo jefe por dos motivos, el primero, porque sé que esto debo hacer en virtud de lo que vuestra señoría me comunicó ayer, y lo segundo porque los animales no se fatiguen.

            Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Campamento en Pulpera, noviembre 12 de 1816.

 

                                                                       Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

Señor General en Jefe Don Martín Güemes

 

 

--Oficio de Santiago Berresford a Ruiz de los Llanos--

 

            Doy parte a usted de haber entrado a las tres de la tarde a este pueblo, y he encontrado con alguna gente de Sarsuna, quienes habían recogido algunas cosas que dejó el enemigo: todas ellas las tengo acuarteladas por averiguar de algunas más: éstas son doce tiendas de campaña, veinte lomillos, y medio cajón de velas; tengo noticias de que el capitán Rojas ha mandado un par de petacas llenas de libros y papeles, doce sables, y tres cargas de cebada en grano.

            Dios guarde a usted mucho. Yavi, noviembre 11 de 1816.

 

                                                                                  Santiago Berresford

 

Señor Comandante de Avanzadas Don Bonifacio Ruiz de los Llanos.

 

Nota: El enemigo ha llevado el camino de Sococha para Mojo.

 

 

--Oficio de Bonifacio Ruiz de los Llanos a Güemes--

 

            Desde Pulares me remite el sargento mayor Don Gaspar López un oficio que había V.S. dirigido a él, el que contenía cuatro de los que entregué dos, uno al señor cura Astigueta, quien en virtud del recibo del pie me lo cubrió con 40 pesos y otro al ciudadano Don Santiago López quien también exhibió 60 pesos, los que componiendo la cantidad de cien pesos, he entregado al oficial Don Andrés Gómez para que los entregue a V.S. Los otros dos oficios para el cura de San Carlos y para Don Fernando López, quien está allí también, los he remitido allí al comandante principal Díaz, encargándole remita V.S. con la brevedad posible las cantidades que oblen aquellos por conducto seguro.

            Dios guarde a V.S. muchos años. Cachi, noviembre 23 de 1820.

 

                                                                       Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

Señor General en Jefe Don Martín Güemes.

 

 

 

--Bonifacio Ruiz de los Llanos a Güemes--

 

                                                           Cachi, noviembre 23 de 1820

 

            Señor General en Jefe Don Martín Güemes.

            Mi digno jefe: Si mi voz tiene ante V.S. algún valimiento, me atrevo con ella a insinuarme, para que con oído más compasivo atienda en la causa de Ferreyra. Sólo me mueve a esto, saber que los Riojas, de quienes creo proceda el informe, que han hecho a V.S. contra dicho Ferreyra, han tomado, por tema el desconceptuarnos a todos nosotros, uno después de otro, para con V.S.; y el motivo que han tenido para hacerlo hoy con Ferreyra, ha sido el haber sacado la cara ante ellos por el buen oficial Don Jacinto Carrillo, a quien lo han insultado dichos Riojas, hasta el extremo de decir públicamente, que era un ladrón porque tuvo la desgracia de no devolverles, íntegramente, el negocio, que condujo para arriba, el que sabe V.S., que le quitaron las Partidas de Rivera, y, cuando obtuvo orden de V.S., para que se lo devuelvan, ya habían extraído algo de él. Así es que dicho Carrillo ha sufrido este vejamen después de que por su honor y por servir quizá, a ellos, se estrechó con V.S. suplicándole por la referida orden que obtuvo. Yo no sé cómo si Rioja tiene tanto celo no avisó a V.S. de esto y menos el que estos intereses no pertenecían en el todo a ellos sino a Uriarte, quien está con el enemigo. Yo prescindo de que Ferreyra haya llevado o no las mulas y burros que le han dicho, tengo sí alguna dificultad en creerlo, pero me duele, el que quizá por este ruin medio quiera colocarse Rioja con algún mando o representación en Los Molinos, y más estando cierto de que, quizá, por ellos perdamos ese partido, que tanto ha costado a Ferreyra ponerlo en disposición de que sirva a la patria.

            Ferreyra quizá ha tenido esta y algunas otras debilidades a causa de su mucha escasez, cuando se ve cargado de familia; pero infórmese V.S. del Jefe del Estado Mayor y de otros muy sensatos que hay en este Valle, es uno de los mejores oficiales que V.S. tiene, por cuya razón es de mi obligación mirar por su causa sin perjuicio del castigo que merezca si ha delinquido.

            B.L.M. de V.S. su afectísimo súbdito.

 

                                                                       Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

 

--Oficio de Bonifacio Ruiz de los Llanos a Güemes--

 

            Mucha novedad me ha causado el que hayan dicho a V.S. que yo tenía embargadas las mulas cambiadas por coca, cuando de esto apenas sé lo siguiente: Estando yo en San Carlos ahora 15 días llegó a manos del comandante principal Díaz, un partecito de un sargento del Despoblado en que le comunica que por allí intentaban sacar para Atacama una punta considerable de mulas con sólo el pase de Don Ángel Rioja, y que había tenido a bien detenerlas, hasta que se le ordene sobre el particular, a que dicho Díaz contestó de mi letra, que apresase a quien las conducía y quedasen embargadas allí dichas mulas hasta segunda orden; a pocos días regresé de aquel lugar a éste y en el camino vino a verme el costeño cambiador de ellas, y tuvo el atrevimiento de pedirme pasaporte para llevar sus mulas diciéndome que él si había cambiado las mulas, había sido bajo del concepto que se le había de franquear el pase de ellas, y que así se lo había prometido Rioja, en cuya prueba ya le había dado pasaporte para que un compañero suyo las lleve hasta Atacama, y que se las había atajado la guardia diciendo que sin orden de los jefes no habían de salir, a que contesté que él y Rioja habían cometido un delito, él por haber recibido pasaporte de quien no tenía facultad de darlo, y Rioja por tamaño atrevimiento, pues sin ser facultado y contraviniendo directamente las órdenes de V.S., se atrevió a darlo, que por un afecto de conmiseración hacia él le advertía que inmediatamente ordenase a su compañero o dependiente que regresase con las mulas y que él se dirija a San Carlos y del comandante principal saque permiso para ponerlas en invernada en alguna de las estancias de Don Severo Isasmendi hasta que pudiese salir con ellas, a lo que contestó que así lo haría. Es cuanto sé sobre el particular.

            En este momento que he recibido el de V.S., he ordenado que los subalternos de la compañía de los Molinos, Don Pablo y Don Remigio Plaza pasen de San José, donde residen a aquel lugar y se presenten ante Rioja para que le ayuden en cuanto V.S. le ha ordenado, y a más si dicho Rioja me avisa que necesita para el cumplimiento de su comisión mi persona, en el momento pasaré allí y haré cuanto esté a mis alcances, pues la atención de asistir a los granaderos que tengo encuartelados en mi casa, me priva el ir cuando no se me ha avisado hasta ahora una necesidad urgente en los Molinos, pero si se me avisa, ya digo a V.S. que en el acto pasaré allí, y haré cuanto esté a mi parte en servicio de la Nación.

            Quedo impuesto de reconocer y hacer reconozcan por capitán y ayudante de V.S. a dicho Don Ángel Rioja, con lo que contesto a los de V.S. fecha 18.

            Dios guarde a V.S. muchos años. Cachi, noviembre 23 de 1820.

 

                                                                       Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

Señor General en Jefe Don Martín Güemes.

 

 

--Oficio de Ruiz de los Llanos a Güemes--

 

            Impuesto del de V.S. fecha 22 he ordenado que el mayor graduado Don Pedro Ferreyra, despache a ésa los arrieros, y especies pertenecientes al ejército que hayan en todo el partido de los Molinos, y con respecto al de San Carlos he pasado la misma orden al capitán con grado de teniente coronel Don Juan Plaza, para cuyo efecto anoche que recibí el de V.S. les pasé el correspondiente oficio. Con respecto a este partido, etc., trataré de hacerlo yo a la mayor brevedad.

            Dios guarde a V.S. muchos años. Cachi, diciembre 26 de 1820.

 

                                                                       Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

En primera ocasión avisaré a V.S. sobre el trato de mulas con harinas.

 

            Señor General en Jefe Don Martín Güemes.

 

(Sobrescrito)

 

S. N.

 

            Al Señor General en Jefe Don Martín Güemes Gobernador Intendente de la Provincia de Salta.

            (Coronel Graduado y 2º Comandante de los Valles).

 

 

--Carta de Ruiz de los Llanos a su Tío--

 

            Cachi. Noviembre 26 de 1816. Mi amadísimo tío: después de una larga serie de trabajos originados de su ausencia, ninguna comunicación, ni contesto a varias que le he dirigido, y por último, el terrible, e inesperado del 15 del presente en Yavi; me hallo en este lugar desde ayer, gracias a Dios, al que me dirigí reunido con nuestro Díaz, y el capitán Frías, con quienes me permitió la fortuna escapar; sé que usted y otras personas allegadas desearán el saber como he escapado, y lo demás que precedió aquel infausto día, que perdimos constantes sacrificios en ocho meses de servicio a las órdenes de nuestro marqués, comandando seis de éstos las avanzadas, y en fin cuanto podía perder, a excepción de mi vida, y libertad, para evitar prolijidades; me explicaré por un diario desde que movió el dicho Marqués su campo de Mira Flores a Abrapampa, que fue el día 8 del corriente; en este mismo llegó el referido Marqués a aquel destino con toda su fuerza, constando la mía, ya algunos días situada allí de doscientos hombres. El 9 marché con toda ella al Puesto, y en el momento destaqué partidas; 1º en Congrejillos al mando del teniente Don Gregorio Villada; 2º en Pulpera, al mando de Berresford; 3º en Pumaguasi, al mando del alférez de Cala; 4º en Chocoiti al del oficial Quadros; el 10 por la mañana recibí partes de las de Pumaguasi, y Pulpera, que el enemigo estaba en movimiento en el mismo Yavi, y que por una mujer sabían trataban de salir hasta el Puesto; inmediatamente pasé el parte correspondiente; con este motivo dispondría el coronel su marcha al Puesto; pues el 11 llegó, e inmediatamente ordenó que Lanza con su división de Dragones, e Infernales, y yo con la mía marchásemos a Pulpera, se efectuó aquel mismo día, y ordené yo a mis partidas que a cada una se avanzase con dirección a Yavi: el 12 muy temprano recibí parte de Berresford datado en Yavi, quien había entrado junto con Villada a dicho Yavi el día antes, y dos horas primero que éstos, el capitán Rojas quién había venido mandado por el señor Güemes; este Rojas traía su partida de quince hombres, con la que pasó hasta Sococha; en este mismo día dispusimos con Lanza seguir de Pulpera nuestra marcha para Yavi, pues ya teníamos orden para ello, así es, que la emprendimos y habiendo llegado a Barrios, dispuse el mandar dos partidas, la una a Tapia al mando de Burgos, y el capitán Saravia del Toro con la mitad de su compañía; y la otra a la Quiaca con la otra mitad al mando de su teniente Baldivieso. A las horas que éstas marcharon de aquel punto, llegó el segundo Jefe Quesada, a quien inmediatamente di cuenta de todo, y lo aprobó dicho jefe; dispuso pasar en esta misma tarde a Yavi, acompañado de mí, y una escolta de Dragones; efectivamente pasamos y llegamos a Yavi al anochecer. Este jefe trajo instrucciones del 1º, y a lo que creo no fueron cumplidas. El 13 salieron tres oficiales con partidas, el uno que fue Berresford destacado a Rota a cuidar el camino de Tarija, y Santa Victoria, el otro fue Iturbe, quien con cuatro hombres se fue a Toro con una carta para el europeo Garner con el objeto según me dijeron de traer plata y qué sé yo qué otras cosas más para nuestro auxilio, y el otro que fue Villada a cuidar la encrucijada de Sampaya; aquel mismo día por la tarde llegó a Yavi un sargento de Rojas, quien traía pliegos para dicho señor Güemes, y dos bastones puño de oro, y se rugió la voz de que sables, petacas, y una cantidad de pesos se había tomado al enemigo por Rojas, o su gente; parece que estas noticias abrieron la codicia, lo cierto es, que sin pérdida de tiempo se le ofició a Rojas llamándolo, y con responsabilidad de Sococha, se vino con toda su partida, y allí mismo fue reconvenido de que a él sólo se le había llamado, lo cierto es que el camino de Sococha ya no se cubrió más, y por allí fue nuestra desgracia. Rojas en su conversación dijo haber sabido que en Toro habían enemigos haciendo sus correrías, con esto dispuso Quesada que saliese Lanza con su división a proteger a su ayudante Iturbe; todo se efectuó esa misma tarde. El 14 por la mañana llegó toda nuestra fuerza con el coronel, inmediatamente le di cuenta a dicho señor de todo, en conversación que tuvimos los dos, y con todo se avino, en todo aquel día no hubo novedad. El 15 a las ocho de la mañana salieron algunos vallistos a recoger leña, como por el lado de Yavi Chico, y allí mismo sin separarse ni dos cuadras del pueblo habían tomado, los enemigos que ya cargaban, seis de ellos prisioneros, uno escapó, y vino avisándolo a voces: yo me hallaba en casa del coronel con Quesada, Don Luis Díaz, José Gregorio López, y otros varios; y como oyésemos aquella inesperada voz nos aterramos; pero yo, Díaz y López no en tanto grado que no atinásemos a tomar algunas providencias, así es que corrimos a nuestras casas, yo vivía en la de Campero por donde mismo venían los Cuycos, allí también Quesada, corrí, y tomé mi sable, y traté de ensillar mi caballo, sólo conseguí enfrenarlo pues cuando quise ponerle jergas, y lomillo ya me hicieron dos tiros. Quesada pudo hacer lo mismo, y éste con la satisfacción que debía tener, en su caballo al que no monté por consideración a él, en fin monté en pelo, y caí a la plaza; ya el enemigo se apoderó de las alturas de Tapiales, jamás pudimos conseguir formarlos, y sí el que con algún desorden hicieran fuego. En este estado aparéceseme el Marqués me consternó su suerte, y sin advertir en la mía al oír sus exclamaciones, Ruiz (de los Llanos) qué haré, favorézcame, me desmonté, y con gran trabajo alzándolo lo cabalgué en el mío, advirtiéndole que trate de caminar hasta el alto derecho, y allí vea de formar la tropa que ya en gran número había tomado esa dirección; estando en esto, yo a pie, y con tan poca fuerza, y algo aturdido se oye una voz, nos cortan por la zanja, que es aquella que está a la izquierda, por donde venía una columna como de seiscientos hombres sin caja y a paso redoblado, allí fueron mis apuros, y sin atender a más defensa que la de huir, lo hice con tal agitación que ante de tres cuadras ya no pude, alcancé al Marqués, y brinqué en sus ancas, diciéndole que hasta donde estaba mi tropa, no había mucha distancia me llevase, pero el hombre apenas hizo con mi peso un movimiento extraño el caballo quiso caer, y tuve a bien apearme, y enderezarlo, corra usted le dije, y pasó. Encuéntrome con Durán de Castro, el mozo, y como lo viese en buena mula le rogué me alzase, después de algunos instantes me admitió brinqué en sus ancas, y ladeóse con recado, y todo en tal estado que cayó allí; me apee, y lo dejé componiendo su recado, pasé adelante, y mi felicidad me depara la mejor de mis mulas ensillada en poder de Alejo, aquel mozo de José Gregorio López, se la pedí, me objetó la necesidad en que se hallaba su patrón, le contesté que ya había montado en ancas de Gaspar, y el infeliz no tuvo embarazo en dármela con todo el apero de su patrón, cuando yo me ví en ella, como la conociese ser tan buena ya me conté libre pasé adelante, alcancé mi tropa, e hice montar al ayudante (intercalado: de Lanza) Quiroga, y con esta compañía hicimos alcance otra vez al Marqués, que en el momento que me vio exclamó segunda vez diciéndome que ya no podía sufrir en empelo en un caballo tan flaco, no tuve embarazo en cambiarle con la mula, advirtiéndole lo buena que era, lo hice montar en ella, pues si eso podía, y tratamos sólo de huir, ya las circunstancias no admitían otro partido, allí estábamos reunidos con el Tatito, Castro, Frías, y yo, cuando nos alcanza Díaz, y dicen apuren que nos traen muy cerca. El Tatito y Castro se separaron, y fue el medio más seguro para que el enemigo ya sabía quiénes éramos los que huyamos por los prisioneros de atrás, revolví, y vi que venían siete hombres en persecución de cuatro que éramos, y tan inmediatos que a salvo nos venían tiroteando dos de ellos que se adelantaban venían en los caballos de Quesada, los mismos que quedaron en mi casa, allí se cayó el Marqués no por otra cosa que por haberse criado en mejores pañales que nosotros, ayudamos a alzarlo y seguimos sufriendo un vivo tiroteo, visto lo cual desviándonos del camino hacia mano derecha, subimos con gran trabajo un cerro, más los siete no dejaron de perseguirnos, bajamos éste, y pasamos al río de Barrios, y aseguró a usted que aunque ya habían quedado cinco de nuestros perseguidores arriba del cerro, dos nos traían tan inmediatos que no distaban tres cuartos de cuadra, cada uno de estos con dos fusiles, con los que nos hacían un fuego diestro; aquí fueron los apuros del Marqués, y peor cuando encontramos una zanja como de vara y media de latitud, y onda, fui el primero que salvé, y después Díaz, y Frías, quedando dicho Marqués, sin animarse a hacerlo, nos paramos, le hicimos instancia a que pasara, él se animó, pero sin un esfuerzo cual lo requería el caso que no podía ser más apurado; pues con nuestra detención se aproximaron los dos referidos a menos de media cuadra, y se unían ya los otros cinco, en este estado metió, la mencionada mula del coronel las dos manos en la zanja, y cómo esta bestia no encontró jinete que la apurase la sacó de golpe por un lado con cuyo movimiento cayó en tierra el Marqués de espaldas, inmediatamente cargaron sobre él, los enemigos intimándole rendición, se paró él, y contestó que estaba rendido, y los que venían atrás le hicieron un tiro, pero no le acertaron, y fueron reprendidos por el que lo rindió, el mismo que dirigió sus expresiones a nosotros, que nos rindiésemos, que seríamos perdonados a lo que sin contestarles advirtiéndole a Díaz, y Frías, me siguieron, huimos con dirección a Chiyavi, al huir nos hicieron tres tiros, y advertí nos seguían, corrimos como seis cuadras, y alcanzamos a Canero que venía montado, le advertimos que apurase, y no sé cual fue el motivo, pues a poco rato advertí que llegaron a alcanzarlo los enemigos, y lo volvieron prisionero con lo que cesó nuestra persecución; ya podrá usted formar una idea de mi narración que satisfaga el deseo de saber lo sucedido, pues aún no han concluido hasta entonces los peligros que amenazaban, es el caso que el mismo día de nuestra desgracia marchaba para Yavi un oficial Marcó con una partida de veinte y tantos Infernales, quienes encontrando a algunos derrotados, formaron un cabo y seis de ellos el proyecto de desertarse, como lo verificaron, no puede usted figurarse el tamaño de los delitos que han cometido, sólo me ciño a decirle que después que han robado, saqueado, y arrasado por donde han venido, que han sido los lugares de Cochinoca, Tambillo, en donde quitándole a un indio una carguita lo maniataron, y lo dejaron distante del camino, lo dejaron así, Casabindo, en donde fusilaron al oficial Telles, y un soldado habiendo salvado milagrosamente Gregorio Villada, y otro soldado, que todos cuatro iban a ser víctimas, en Abra de Barrancas en donde dieron una puñalada, y dejaron moribundo a un hombre en Corralitos donde se batieron, haciéndonos y recibiendo fuego de nosotros etcétera. A éstos nos hallamos juzgando por una comisión militar, y creo no escaparán tres o cuatro, salvando la vida los demás por consideraciones. Mi tío, yo sólo he salvado mi freno perdiendo todo, todo lo demás, así es, que necesito un todo espero que me mande lo poco que me queda por lo pronto, y para después del modo más posible lo preciso, en la inteligencia que yo sé que usted no lo podrá proporcionar, porque me hago el cargo de su estado; pero la Providencia no me ha negado del todo sus recursos. Nada sé de mi Barrios que es lo que más falta me hace, ojalá aparezca por ahí, que no hay mucha dificultad, pues aquí ya nos hemos juntado con más de cincuenta fusiles, cuando creíamos todos perdidos, y por consiguiente con el duplo, o más gente; yo no pienso bajar a ésa, pues sabe usted mi amistad con Díaz, y que aquí necesito menos, fuera de que es mucha mi inclinación a esta división, y puedo serle útil con mis conocimientos y pocas luces. José Gregorio López, llegó ayer, éste ha padecido muchos más trabajos que yo, y como ya se han acabado, y estamos juntos todos, parece que nos hallamos satisfechos, con esta recompensa, ya he dicho lo principal; si algo me resta, lo diré después en mis continuas correspondencias, y entregado las adjuntas, mande en la voluntad más firme de su sobrino que sus manos besa.

 

                                                                       Bonifacio Ruiz de los Llanos

 

Entre renglones de Lanza, enmendado Prisionero. Vale.

Es copia.

                                                                       Icazate

                                                                       Secretario

 

 

            Las tradiciones familiares hablan de una batalla en un lugar cercano al Río Tala, de la que participó Bonifacio Ruiz de los Llanos en los comienzos de su carrera. Según cuentan “rodeado de enemigos y teniendo a sus espaldas la barranca, tapó la cabeza de su caballo con su poncho y buscó en el salto la salvación. Quebrado el animal, debió abandonarlo y en otro que se encontraba en la margen opuesta, en pelo, ganó el monte con rumbo a Tucumán”. Esa actitud y la de haber cabalgado sobre los vivacs enemigos con tropas de yeguas con pajas encendidas en la cola, justificaron junto a otros hechos, el calificativo de “El Intrépido” con que lo había denominado el coronel López después de su brillante y valerosa actuación en el Combate de Acoyte. Durante su larga campaña hizo honor a esa mención.

            Según la tradición vallista, don José Ruiz de los Llanos, hijo del guerrero, cuenta que Güemes estuvo en San José de Cachi, a más de 2.300 metros de altura, y que llegó a Payogasta a la casa de don Bonifacio, de donde lo sacó para llevarlo a combatir a su lado. Peleó en Pulpera, cerca de Nazareno.

            Se dice que en honor a don Bonifacio se llama “Ruiz de los Llanos” la estación del ferrocarril, antes conocida como “El Tala”, en el Departamento de “La Candelaria”, Provincia de Salta. Aunque otras versiones afirman, que es en homenaje a su hijo el doctor Rafael Ruiz de los Llanos, destacada figura nacional, habiéndose desempeñado como diputado nacional, tocándole ejercer durante un año la presidencia de la Cámara.

            Con motivo de cumplirse el centenario de su muerte fue inaugurada en Payogasta, el pueblo que don Bonifacio tanto quiso, la “Escuela Nacional Nº 42” que fue bautizada como “Coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos”, siendo padrino del acto en aquella oportunidad, su bisnieto don Mario Daniel Ruiz de los Llanos.

            En 2004 la Banda de Música del “Regimiento C-5 de Caballería de Salta” que lleva su nombre, descubrió un busto en su memoria donado gentilmente por un amigo, el coronel (R) Mario A. Leal. El 29 de setiembre de 2008, por haberse cumplido un nuevo aniversario de su fallecimiento, el mencionado Regimiento le hizo otro homenaje, con la entonación del Himno Nacional ejecutado por la Banda de Música Crnl. Ruiz de los Llanos, y un emotivo discurso del jefe del Regimiento, teniente coronel Walter Ricardo Álvarez y de mi padre Bernardo Manuel Ruiz de los Llanos, en nombre de los descendientes. También lleva su nombre un pasaje de la ciudad de Salta. Asimismo, en el Monumento al general Güemes se encuentra inserta una placa de bronce en honor a su brillante actuación.

 

 

            Reconocimiento

 

            Figura sin sombras en nuestra historia, prototipo de coraje y disciplina, un jefe muy querido por sus subalternos, de gran valor en el combate, condición que en los ejércitos de la Independencia fue base para obtener el respeto y la admiración de la tropa. Este notable guerrero, de lealtad inquebrantable, brindó siempre su incondicional apoyo a las gestas emancipadoras. Nunca perdió su condición de hombre simple, de bien, sin altanerías, de ordenado y generoso.

            Es importante no olvidar a aquellos hombres del pasado que dieron todo sin esperar nada a cambio, luchando con arrojo y arriesgando sus vidas a cada instante, soñando con una “Nación Libre, Próspera y Soberana”, no imponiendo condiciones algunas y sí, brindándose por enteros a los destinos de nuestra patria naciente.

 

 

 

 

 

 

 

 

AL “INTRÉPIDO” CORONEL

BONIFACIO RUIZ DE LOS LLANOS

 

 


                        I

 

En las huellas de la historia,

por el tiempo y el espacio,

al trote asoman las honras

del coronel Bonifacio.

 

                        II

 

Dicen que dijo la Patria,

en tono celeste y blanco:

¡Es el tiempo de las armas,

soldado Ruiz de los Llanos!

 

                        III

 

Y sin pensarlo dos veces,

con valor y con denuedo,

a luchar se hizo presente

este patriota salteño.

 

                        IV

 

Buscando fue con el viento,

espada en mano el destino,

entre fogones y truenos,

todo el sentir argentino.

 

                        V

 

Lo de Salta y Tucumán,

sangre y triunfo de adalides,

fue pregón de Libertad,

al sonar de los clarines.

 

 

 

 

                        VI

 

Lo vieron pelear por Yavi,

Vilcapugio y Ayohuma,

en partidas por la Puna

y tropereando por Cachi.

 

                        VII

 

Le dejó el sol la Gloria

de sus luces majestuosas,

con pesar en las derrotas

y sereno en las victorias.

 

                        VIII

 

Por las sierras y los montes

al comando de Infernales,

forjó el rastro por el Norte,

con laureles inmortales.

 

                        IX

 

El “Intrépido” entre cerros,

por los valles y quebradas,

en brioso corcel cabalga,

orgulloso de su suelo.

 

                        X

 

Es que un día en Payogasta,

su vida ganó el silencio.

De luto visitó la Patria:

Había muerto el gran guerrero.

           

                        Norberto Raúl Pintos

            Salta, 31 de octubre de 2002


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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VOCACIONES GAUCHAS

 

 

Ercilia NAVAMUEL ·

 

            El ser gaucho es una cultura tradicional criolla, con un complejo de rasgos que lo diferencian del hombre urbano burgués y comerciante. En dichos rasgos se conjugan varios aspectos entrelazados que configuran su personalidad.

1-     El paisaje que habita y que conoce profundamente sabiendo aprovechar para el sustento y salud familiar.

2-     El trabajo, relacionado con la actividad rural, especialmente ganadera, ya que formará el equipo de valores y códigos de convivencia, los largos arreos insumían gran parte de su vida, lo cual desarrolló las virtudes de la solidaridad, respeto a su igual, valor, conocimientos, amor a la tierra y a la naturaleza. Como también el desarrollo de las artesanías ya que debían autoabastecerse, afirmándose la autosuficiencia material. Así se desarrolló una verdadera cultura del trabajo con fuerte arraigo.

3-     La religión cristiana, heredada desde los primeros tiempos del dominio hispano, lo cual determinará sus normas de conducta, especialmente el respeto al género femenino, como guardiana de su patrimonio familiar durante sus largas ausencias y fortalecerá el culto a la Virgen María, como símbolo de fertilidad, paz y concordia. Su fe se manifiesta en el hecho de que en cada casa de gaucho hay un Oratorio y Misachicos que llevan a las fiestas patronales y también las pasean por sus campos de trabajo, haciendo rogativas en determinadas fechas o en ocasión de catástrofes climáticas. Son los gauchos los que desde tiempos inmemoriales hacen largas peregrinaciones a pie con sus imágenes a imitación de los apóstoles, fruto de las enseñanzas de los antiguos misioneros.

4-     Un marcado individualismo, ante la conciencia de que su subsistencia y supervivencia del núcleo familiar depende absolutamente de su eficiencia, ante las soledades inmensas en las que vive. Esto mismo hizo que sus relaciones sociales, fueran escasas pero muy respetadas, desarrollándose la solidaridad como un deber y honor. Virtudes que lo caracterizan como recibir al viajero, auxiliar al necesitado y el respeto mutuo, pero también estar siempre alerta para la defensa por los múltiples riesgos que significan sus soledades, como ataques de bandas de malhechores, enfermedades, hambre, etc. contra lo único que vale es su propia eficiencia, y conocimiento de la naturaleza para encontrar solución.

5-     Organización familiar muy sólida, con división de responsabilidades entre sus miembros, destacándose el gran respeto a los abuelos, considerados como jefes consejeros, a través de los cuales se transmitía la cultura, el conocimiento y las buenas costumbres.

 

Estos caracteres culturales se afianzaron a través de los siglos, mezclándose con algunos rasgos de las culturas aborígenes, como el culto a la tierra como entidad femenina de la fertilidad, la cual se identificó con el culto a la Virgen María, también el idioma, tomando muchas palabras del quechua principalmente, el conocimiento de la naturaleza, vestuarios como el poncho y la faja, alimentación como el famoso locro y el cultivo del maíz, papa y poroto entre otros productos americanos. Los tejidos de lana de llama, alpaca y vicuña fueron un signo de prestigio agregándose a la de ovejas de uso más común.

Sus relaciones con las tribus aborígenes fueron armónicas, siendo los primeros que harán pactos de amistad y mutua cooperación y protección, ya que ambos compartían espacios próximos y semejantes, siendo indiferentes a los intereses por el poder político. Estas relaciones favorecieron el mestizaje cultural y biológico, que es característico de la cultura criolla.

Así llegamos al siglo XIX, época en que esta cultura criolla, gaucha y mestiza estaba en su mayor apogeo. Las guerras por la Independencia los ponen en contacto con un gaucho patriota y militar de carrera, don Martín Miguel de Güemes y por primera vez se organiza el nucleamiento de este sector social, por una causa común, que fue la libertad. Se constituyen las Milicias Gauchas en cada valle, dirigidas por un Capitán originario del mismo lugar, combatirán con sus artefactos de trabajo y armas elementales como lazos, boleadoras y lanzas, complementado con su extraordinaria habilidad ecuestre y a pesar de las diferencias serán muy temidos.

Los objetivos se lograrán precisamente por las cualidades culturales criollas y gauchas, siendo el triunfo sobre los realistas en forma total y la patria se organizará en forma federal, como herencia de esta cultura original y autóctona.

Luego de las guerras, la soledad del gaucho volvió, pero los gauchos no olvidaron los años güemesianos que los reunieron y quedó el sueño del nuevo encuentro, el cual recién se producirá un siglo mas tarde, por una causa religiosa. Mientras tanto, el país se modernizaba, inundándose las ciudades de nuevas modas y marcándose en forma rotunda la división de la población entre rural gaucha y urbana comerciante con raíces extranjeras, producto de la política inmigracionista. Surgiendo un sentimiento antagónico entre ambos a causa de la incomprensión, pues representaban dos mundos con historias y tradiciones diferentes.

En 1892, llegó a Salta la congregación Católica de los Redentoristas, siendo portadores de la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro. Eran misioneros que provisoriamente se instalaron en la Iglesia de La Merced, hasta que en 1894 se construyó la iglesia de San Alfonso. La Congregación Redentorista fue fundada en Italia, en 1732, por el jesuita San Alfonso María de Ligorio, patrono de los abogados, ya que primero tuvo esa profesión y luego tomó los hábitos.

Sobre el origen de la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro, se dice que en la isla de Creta había un icono del artista Andrés Rizo de Candía datado del siglo XV, inspirado en la obra del evangelista San Lucas. Los iconos de estilo bizantino, los más antiguos son del siglo VI, pero solo se conocen como más antiguos los del siglo XII. En el siglo XVI, un comerciante roba en Creta el icono de la Virgen de la Pasión y la lleva a Roma, en donde queda olvidada en el templo de San Mateo que luego en el siglo XVIII las guerras lo destruyen.

En 1855, los Redentoristas hacen su casa sobre las ruinas de San Mateo y desde diciembre de 1866, por merced del Papa Pío Nono, el cuadro de la Virgen de la Pasión o sea del Perpetuo Socorro, estará a cargo de los Redentoristas en la Iglesia de San Alfonso, estando siempre acompañada de la Cruz Misional.

Se dice icono a la pintura de estilo bizantino efectuada sobre madera durante la oración con inspiración Divina y objetivo catequístico, razón por la cual es sagrado.

El cuadro que llega a Salta dataría de 1480 o 1325 según los análisis de C.14, posee toda una simbología a interpretar, dirigida a los fieles, que encierran un profundo mensaje para los que no saben leer. El cuadro representa a la Virgen María con el Niño Jesús en los brazos. Ella se muestra como mujer valiente y fuerte, mirando al público con actitud de esperanza y socorro. Una de sus manos señala a su Hijo en un gesto de “hagan todo lo que él les diga”.

El Niño, posee una actitud temerosa refugiándose en los brazos de su madre, mirando a los dos arcángeles que poseen los símbolos de la Pasión, su destino. Se trata del arcángel San Miguel, el luchador que porta una Cruz y San Gabriel, el mensajero, con una lanza y clavos en la mano. Ambos son los que combaten el mal pero le anuncian al Niño Jesús la pasión en la Cruz.

Los colores también contienen mensajes: La Virgen viste una túnica roja como signo de amor y fuego; un manto azul forrado de verde, que son los colores de la realeza, lo divino y la esperanza, en la frente tiene una estrella dorada de ocho rayos que significa que ella es la luz guía divina. El Niño viste una túnica verde con cintura y manto rojo. Todo el conjunto está sobre un fondo amarillo oro, que es el símbolo del sol y la luz divina. También son doradas las aureolas de ambos.

Los Redentoristas en Salta hicieron una enorme obra misional en el interior provincial, llegando hasta los lugares mas aislados y difíciles de la zona andina y vallista, en donde quedan hasta hoy sus testimonios de la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro, con una gran devoción de la población rural, como también una gran Cruz plantada en lugares destacados de cada pueblo.

Este accionar coincidirá con la organización de la celebración del centenario de la Independencia y de la muerte del Gral. Martín M. de Güemes, por lo cual había en todo el país y especialmente en Salta, un gran movimiento oficial y cultural en el ámbito urbano, que coincidirá con las organizaciones rurales gauchas, motivadas por el culto a la Virgen del Perpetuo Socorro muy asociadas a la cultura tradicional.

Desde 1928 se misiona en el Valle de Lerma, destacándose Chicoana, La Silleta y Rosario, entre otros lugares. Desde 1930 actuaron en el Valle Calchaquí y desde 1933 en Jujuy hasta la Quiaca. Los Misioneros dejaban en cada lugar catecismos y hojas con oraciones, nombrando a un encargado responsable, siendo el rezador en ausencia del misionero. Uno de los misioneros mas destacados fue el P. Armando Tiznen, quién será el organizador de los gauchos como los “Caballeros de la Virgen” y “Caballeros de la Santa Cruz” en 1930. Eran el símbolo de los combatientes contra el demonio. En el acto de plantar la Cruz Misional, acompañaban los gauchos a caballo, adornados con flores, banderas y ponchos con los colores de la Virgen, rojo con guarda azul. Todo al son de tambores, guitarras y acordeón haciendo vivas a la Santa Cruz, acompañados por todo el pueblo.

En 1934 es el primer desfile de gauchos con la Virgen del Perpetuo Socorro, con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico. Comenzaron 40 y a fines del siglo XX ya eran 2000 gauchos a caballo con sus típicos ponchos rojo y azul. Al P. Armando Tisken lo acompañaban destacados Caballeros de la Santa Cruz, como don Cesar Echazú, don Cesar Pereyra Rozas, don Gustavo Marrupe y en 1936 don José Solís Pizarro por el paraje de Atocha. Para la fecha indicada, los gauchos con sus jefes llegaban temprano y acampaban en el patio de San Alfonso, donde almorzaban y a la tarde acompañaban en procesión a la Santa Virgen.

Gracias a esta obra del P. A. Tisken, es que los gauchos se hacen presentes para la inauguración del Monumento al Gral. M. M. de Güemes en 1931, pues ya estaban organizados según su origen y con sus respectivos jefes, lo cual dará lugar a la formación de los Fortines actuales. Y recién en 1946 se fundará la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes. Pero son dos fuertes sentimientos los que los agruparán, la “Gesta Güemesiana” protagonizada por sus abuelos y que se conservaba en la tradición oral familiar y el culto a la Virgen del Perpetuo Socorro, como expresión de su profunda y ancestral religiosidad.

Hasta la actualidad los gauchos participan fielmente en los desfiles patrios, en especial el 17 de junio, agrupados en fortines, como también en la procesión de la Virgen del Perpetuo Socorro. Otras actividades en las que se hacen presentes es en los festejos patronales de cada lugar, en donde efectúan destrezas ecuestres gauchas además de las religiosas. Últimamente se están desarrollando cabalgatas recorriendo los senderos patrios del tiempo de la Independencia, participan los fortines con el apoyo del Ministerio de Turismo y de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes. De esta manera llegamos al siglo XXI, con los gauchos mas integrados a las modas urbanas, aunque conservando y añorando sus auténticas tradiciones y valores.

Respecto a la cultura que caracteriza al criollo gaucho, la mejor manifestación como prueba documental es su vida familiar, en donde se condensan todos sus valores y virtudes. Es muy ejemplificador un documento en el que hay consejos para una niña en su cumpleaños. Fueron escritos por los tíos y amigos del padre de ella, en una libreta para que le queden como recuerdo y guía en toda su vida.

El mismo pertenece a un archivo familiar, que amablemente fue prestado, se transcribe fielmente a continuación, sin modificar la ortografía, solo las abreviaturas se pusieron en palabras completas.

                       

 

            Álbum de la señorita Carmen Güemes

 

(Pág. 2) Carmencita:

Tal vez cuando podáis leer estas palabras no tendrás del que las escribe mas que mi recuerdo; pero quiero que ese recuerdo despierte en ti un noble sentimiento.- Tu infancia pasará pronto y las puertas

(Pag.2 V.) del mundo se abrirán para ti. Los placeres de ese mundo te parecerán hermosos, sus vanidades encantadoras. Sin embargo nunca permitas que ellos se hagan dueños de tu alma. Cuando las vanidades y el orgullo acarician tus anhelos, huye de ellos, son moneda

(Pág. 3) falsa con lo que no se compra sino desengaños y amarguras. Los placeres del mundo son un sueño que huye pronto y dejan postrado nuestro cuerpo.- La hermosura de la mujer es una flor que dura una mañana. Todo en la tierra es perecedero.- Si no quieres llorar amargamente si quieres encontrar

(Pág. 3 V.) un consuelo inefable para las amarguras del mundo, eleva siempre su pensamientos al cielo.- Allá encontrarás el origen de la virtud, la fuente de la moral,- La virtud es la verdadera hermosura de la mujer; el poder que hace mas respetable y hace de la

(Pág. 4) mujer una divinidad.- Haz de la virtud tu compañera inseparable.- Ella iluminará el camino de tu vida, enjugará tus lágrimas, fortalecerá tu debilidad; ella sostendrá tu débil juventud y la acompañará hasta el sepulcro por que es lo único que no perece en el mundo.

                       Junio 13 de 1865

                                                Francisco de Uriburu

(Pág. 4 V.) Carmencita

Tu Tío Pancho que te ha regalado este albuncito en el día de tu cumpleaños, ha estampado pensamientos que con visible celo quiere te sirva de lección provechosa allá en la edad en que tú puedas discernirlos. Es pues esa su primera página, en que deberás meditar todos los días.

Tu Tatito Castrito tiene el gesto de llenar una, para darte algunos consejos que nacen de su corazón y con su experiencia de 43 años.

Ah hijita, cual será tu suerte!...............Esta idea

(Pág. 5) me ha sorprendido, pero vuelvo al sosiego.-

No hay mas modo de vivir, hijita, en este mundo de desencantos y falacias, que aquel por el que se sujetan todos los actos de nuestra existencia al crisol de la sana moral y la recta razón. Procediendo este constante cuidado, se disminuye enormemente ese crecido número de amarguras que hace de tantos seres tantas víctimas del sufrimiento.

Después de recordar siempre con respeto las virtudes de tus amorosos padres, y acomodar siempre tam-

(Pág. 5 V.) bien tu vida los preceptos de un Dios que nos vigila, hallarás tu recompensa aun antes de ir al cielo, en esta misma tierra en que parece que cada día se esforzare mas el hombre en deprimir la virtud.- Ama a tus padres cuidándolos y aliviándolos en lo que puedas, dulcifica con solicito afán los pesares de tus hermanitos en las varias fases de la vida a que se hallarán ligados, y siendo para con los demás miembros de la humanidad con quien este roces, siempre digna, siempre afable y comprensiva, alejarás de ti todos esos resabio y de-

(Pág. 6) efectos que empañan el carácter y afean el alma de una niña, conturbando su inteligencia.

Las otras perfecciones que complementan de ser moral, son obra del estudio, del talento y de la experiencia, por ahora, lo que rige y corre priva en una joven es ser virtuosa desde muy temprano. Y el modo de conseguirlo y de serlo efectivamente, hijita, es pues haciendo todo aquello de que en una hora de silenciosa meditación, no tenga que reprobarlo nuestra conciencia.

Tu Dios te ilumine vidita.- Y que cuando valorices estos conceptos, recuerdes a tu Tatito Castrito en la misma

(Pág. 6 V.) afectuosa bondad que ahora,- Que será entonces de tu

                                   Salta Junio 27 / 65

                                                           Luis Castro

(Pág. 7) Señorita Carmencita

Bien veo que Usted es muy niña pero bastante feliz; lo uno por que el cielo le ha deparado unos padres buenos cuyo amor y selo hacia Usted son enormes; lo otro por que él mismo la conserva aun en la edad mas pura, candorosa i envidiable, estado de la inocencia; Oh cuan dulces son esos recuerdos para los que se ven ya lejos de ella. Es indudable que después de esa edad pura i deliciosa fuese Usted a un mundo nuevo, bello i encantador, a primera vista; cuyos innumerables

(Pág. 7 V.) lisonjeros atractivos, solicitaban con afán convenció su atención, ofreciéndole sus placeres i glorias, entonces es preciso que Usted se muestre sorda a sus insinuaciones, i procure huir de esa voz funesta; por que esos placeres i glorias son muy fugaces, i tan veloces como la electricidad, que solo dejan en el corazón sembrados los remordimientos i zozobras; por que sus bellezas son falsas i quiméricas. Implore Usted siempre del cielo sus auxilios, que es fuente de la sabiduría i marche con acierto por la senda escabrosa

(Pág. 8) de la vida; no desconfíe un solo momento, que sus oraciones serán oídas.

Si por otra parte quieren combatirla i apoderarse de Usted el orgullo, la vanidad i la soberbia, agentes poderosos del mundo, procure atacarlos desde luego con las invencibles armas de la virtud, i sana moral. Practique continuamente la caridad que es una de las virtudes colosales, que consiste en amar á Dios sobre todo, por que á él se le debe todo; i al prójimo por ser hermanos ya que todos hemos descendido

(Pág. 8 V.) de una misma madre, que es Eva. Sea Usted decidida al estudio i al trabajo, que así paliará el amargor de la vida, i será Usted útil a su casa. La prudencia i la amabilidad con todos, que hagan mansión en su corazón desde sus tiernos años.

También ser Usted decidida i amante de sus queridos padres, fiel i obediente a sus consejos; por que después de Dios ellos son los que ocupan el primer lugar entre los deberes morales del hombre; pues de este modo labrará su felicidad eterna.

(Pág. 9) En conclusión diré estimada niña, que me faltan palabras para hablar a Usted sobre la nobleza i generosidad de sus distinguidos padres, que con tanta bondad se dignaron darme acogida en su amistad, solo para colmarme de honores i beneficios, que tal vez nunca los he merecido.

Como se observa en este documento, a través de expresiones de distintas personas que tienen de común una misma tradición, hay una fuerte preocupación por la formación de la juventud, un profundo sentido religioso y de respeto a los mayores, especialmente a los padres y todo su entorno, siendo ellos los encargados de educar y transmitir los valores y virtudes que rigen a una sociedad. También se nota una preocupación por los cambios de las costumbres que introduce la modernidad, alertando a la joven sobre sus peligros.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

ARCHIVOS

 

Archivos familiares, con cartas y documentos inéditos.

Documentación obtenida en la Iglesia San Alfonso sobre la historia de la Virgen del Perpetuo Socorro y su escolta de gauchos.

La tradición oral familiar y popular, con la consulta a los ancianos gauchos.

Senado de la Nación: 1997, Obras completas de Juan Carlos Dávalos. T. I, II Y III.

Senado de la Nación: 2000, Obras literarias de Joaquín Castellanos.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CORNEJO, Atilio: 1983, “Historia de Güemes”. Ed. Industrias Gráficas Codex S.A. Salta.

COLMENARES, Luis Oscar: 1999, “Martín Güemes. El Héroe Mártir”. Ed. Ciudad Argentina.

FRÍAS, Bernardo: 1926, “Tradiciones Históricas de Salta”. Ed. Juan Roldán y Cía. Bs.As.

-- 1976 y 1978, “Tradiciones Históricas de Salta”, T. I y II. Ed. Fundación Michel Torino. Salta.

-- 1973, “Historia del General Güemes”. Ed. Depalma.

MÓNICO SARAVIA, Abel: 2008, “Bajo el Cielo de Gualiama”. Ed. Crear S.R.L.

NAVAMUEL, Ercilia: “Treinta Años de Relevamiento en el Campo, sobre las Fiestas y Costumbres Tradicionales”. Trabajo inédito.

OLIVA, Justo José: “Gauchos Salteños o Gauchos de Güemes. Güemes en la Historia y la Leyenda”. Comisión Bicameral Examinadora de obras de autores salteños, 1987.

TORRES, Gregorio Ernesto: 2008, “Obras Completas”. Ed. Tecpetrol.

EL ROSTRO DE GÜEMES ·

 

 

Rogelio Wenceslao SARAVIA TOLEDO ··

 

            Cuando gentil y amablemente la Escuela de la Magistratura del Poder Judicial de Salta, me invitó a participar con una charla en este Ciclo de homenaje a Martín Miguel de Güemes, no dudé un instante en aceptar la propuesta ya que la misma, no sólo me sacaba del, en alguna medida, tedioso trajinar cotidiano con el derecho, la judicatura y la docencia universitaria sino porque reverdecía mi siempre presente inquietud por la historia, tanto local como nacional y, al mismo tiempo me trajo muy agradables, aunque nostalgiosos, recuerdos de la ya lejana época de mi ejercicio profesional en el fuero provincial como abogado, Juez de Instrucción o miembro directivo en las diversas asociaciones profesionales que nuclean a tantos amigos que hoy veo presentes en esta sala.

Sin embargo, al brindárseme la oportunidad de elegir el tema a exponer, por sobre los que podían referirse a la incuestionable y trascendente labor militar, política o gubernativa de Martín Miguel de Güemes o su, aún hasta hoy, no suficientemente reconocida actuación en las luchas por la independencia de nuestro país, opté por un tópico más íntimo, más personal el cual, se podría decir, está menos relacionado con su accionar en la gesta libertaria, escogiendo uno que estimo no fue investigado ni tratado suficiente ni profundamente, salvo por un par de honrosas excepciones.

Este es, el del rostro, la fisonomía facial del prócer, si es y hasta dónde o con qué grado de aproximación, el que habitualmente vemos reflejado en distintos retratos pictóricos colgados en dependencias oficiales o públicas, museos, escuelas, etc., o en fotografías en los libros de historia o en los monumentos o bustos que honran su memoria.

Es verdad sabida que Martín Miguel de Güemes no fue retratado en vida, ni al óleo ni al lápiz y menos aún existió la posibilidad de reproducir su imagen a través del sistema ideado por el decorador teatral y físico francés Louis Jacques Daguerre (nac. 1787, fall.1851) quien asociado en 1829 con otro físico, en el año 1839 inventara la Daguerrotipia (método de revelado de imágenes al vapor de mercurio de yoduro y bromuro de plata contenidos en una plancha de cobre plateado y fijando la combinación con cianuro), pues, el invento llegó tarde, es decir, 18 años después de la muerte del prócer.

El no haber posado para que se lo pintara pudo haber respondido a múltiples y variadas causas, o circunstancias, todas conjeturales o meras suposiciones, tales como el hecho de haber vivido nada más que escasos 36 años (nació en 1785 y falleció en 1821) de los cuales pasó su infancia en Salta y su adolescencia en Buenos Aires, regresando recién en 1809, a los 24 años de edad, a su ciudad natal para emprender poco tiempo después de lleno, sin pausa ni descanso, su afanosa y heroica gesta de la lucha por la liberación del dominio español, lapso vital éste de azarosos escasos 12 años transcurridos entre batallas y ajetreos políticos que, obviamente, no le dejaron resquicio de tiempo alguno ni sosiego para someterse a la tediosa tarea de posar para un retrato o talvez porque pensó que ya habría oportunidades en el futuro o quizá no le interesaba pues no pensó tampoco que tendría tan prematura muerte y menos aún en las circunstancias en que ésta aconteció.

Al respecto pienso que la muerte de un estratega de su talla habituado a la lucha de guerrilla, conocedor de atajos, selvas, valles, quebradas, montes, ríos y montañas sólo puede explicarse porque fue una emboscada en plena ciudad, es decir, fuera de aquél su hábitat de guerrero, en el cual, no dudo, hubiera eludido la misma y la mortífera descarga que pusiera fin a su vida.

Además, estimo que en aquellos tiempos, no abundaban artistas plásticos en nuestra patria y que, los pocos que hubieran habido, tampoco andarían ofreciendo por doquier sus capacidades pictóricas en tan dilatado territorio y menos aún en nuestra Salta tan lejana, para aquel entonces, del puerto de Buenos Aires.

Hay también otro prócer, Dn. Manuel Belgrano, que tampoco habría sido retratado en vida y la primera vez que aparece su efigie lo fue en el famoso cuadro del abrazo entre Belgrano y Pío Tristán (y que fuera reproducido en un bajo relieve del monumento 20 de Febrero inaugurado por allí de 1912-15), que se sostiene habría sido obra del pintor francés Ernest Chartón, personaje sobre el cual existe un trabajo del historiador Marcos Estrada publicado en el n° 7 del año 1959 del Boletín del Instituto Bonaerense de Numismática, en el que se habla de su labor pictórica en el noroeste y que alrededor de 1876 ya habría pintado en Tucumán un retrato del creador de nuestra bandera.

También cabe mencionar, como mera información, que en 1845 el plástico Mauricio Rugendas ya había pintado un retrato de Belgrano y lógicamente sin que el prócer hubiera posado a tales efectos pues sabemos que había fallecido en 1820 para luego, mucho tiempo después, Cafferata ejecutar la estatua de éste que se encuentra en la plaza de nuestra ciudad que lleva su nombre.

Volviendo al rostro de Martín Miguel de Güemes, se sabe que el citado pintor francés Chartón que en 1876 invitado se encontraba en Tucumán ejecutando diversas obras, era apoyado en su tarea pictórica por el Dr. Juan María Gutiérrez, hombre público, poeta, político, historiador nacido en 1809 y fallecido en 1878 en Buenos Aires que fue Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina (1854-1860) y Rector de la Universidad de Buenos Aires (1861-1863), literato autor de poesías, obras críticas, prólogos diversos (entre otros a las “Bases” de Juan B. Alberdi y al Dogma Socialista de Esteban Echeverría), el cual tenía una gran amistad con un salteño con quien mantenía un asiduo intercambio epistolar, el Dr. Juan Martín Leguizamón Goicoechea, nacido en 1833 y fallecido en Buenos Aires en 1881, casado con Emilia Todd Gurruchaga, quien fuera Presidente de la legislatura provincial, Ministro de Gobierno de los Gobernadores don Benjamín Dávalos y don Miguel Francisco Aráoz, gobernador interino en 1878, etc. y que escribiera sobre temas históricos y geográficos siendo precursor de la arqueología en nuestro país (de ahí su nombre al Museo Antropológico de Salta), encargado del Departamento de Escuelas, creador del Consejo de Instrucción Pública (luego Consejo de Educación) donante del edificio para éste que queda frente a nuestra plaza 9 de julio y fundador de la Sociedad Científica Argentina, junto con Estanislao Zeballos etc., todos datos que brindo sobre estos personajes mencionados, a fin de destacar la valía, la relevancia, el protagonismo más sobresaliente de la actividad de nuestro país en esa época, de dos personalidades vivamente interesadas en lograr un retrato del general Martín Miguel de Güemes que perpetuara su rostro para el reconocimiento de las futuras generaciones de argentinos.

Así las cosas, como producto de la referida amistad y el común interés por nuestra historia y en especial por el tema que hoy nos ocupa, Juan María Gutiérrez le escribe en 1876 desde Buenos Aires a Leguizamón, manifestándole: “Creo que Ud. podrá satisfacer ahora su viejo deseo de ver pintado un cuadro del general Güemes, retrato que acaso pudiese confeccionarse directamente allí, bajo la dirección eficaz de Ud. que sabrá proporcionar los materiales” y agrega: “El pintor francés, Monsieur Ernest Chartón, que es persona en la que creo pueda Ud. concretar su aspiración, ha pasado actualmente a Tucumán donde permanecerá un tiempo en busca de antecedentes para un óleo que se propone realizar sobre Marco Avellaneda, tal como lo ha hecho de Echeverría. Es posible que Monsieur Chartón pinte otros cuadros en Tucumán y Ud. podrá obtener la manera de llevarlo a Salta, donde los Tedín también lo atenderán”.

Efectivamente, según el referido Estrada, el pintor francés ya había realizado en 1874 dos trabajos, uno al lápiz y otro al pastel y un retrato al óleo que existe en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, del escritor y político autor de “La Cautiva”, “El matadero” y el ya citado “Dogma Socialista”, entre otras obras, don José Esteban Echeverría.

Ante ello Leguizamón habría viajado de inmediato hacia la vecina Tucumán, conociendo al pintor con quien se vinculara estrechamente e interesándolo en pintar al héroe gaucho, por lo cual éste se trasladó ese año a Salta a fin de realizar un retrato del Gral. Güemes, según lo refiere la tradición oral transmitida por familiares del Dr. Juan Martín Leguizamón.

Como ya expresáramos, el prócer no dejó en vida perduración fisonómica, pero sus contemporáneos y familiares conservaban en sus memorias su imagen, su rostro, y muchos de estos afirmaban, por aquellos años de 1876, que entre las personas que más se le parecían estaban sus hijos, don Martín del Milagro Güemes Puch (el primogénito y que llevaba tal nombre por haber nacido el 15 de setiembre de 1819 y falleciera a fines de 1859 y fuera gobernador interino de Salta en dos oportunidades, en 1856 y luego desde 10/6/1857 a 1859, legislador provincial y Presidente de la Sala de Representantes, etc.) y don Luis Güemes Puch, como así también, don Carlos Murúa Figueroa (nacido alrededor de 1838-40) quien era hijo de don Miguel Gerónimo Murúa Costas y de doña María Mercedes Figueroa Güemes (bautizada el 30-9-1810), hija ésta a su vez, de Sebastián Fructuoso de Figueroa y Toledo (bautizado el 4.1.1782) quien contrajo matrimonio, el 30-4-1809, con doña Francisca Güemes Goyechea hermana del general Güemes, o sea que el referido Carlos Murúa era nieto de dicha dama y, consecuentemente, sobrino nieto del prócer.

Previamente, antes de adentrarnos en el análisis de hasta qué punto, porqué y de qué manera, fueron utilizados el rostro, la fisonomía, la imagen de los mencionados parientes en la confección del primer retrato que se realizara sobre Güemes producto del tesón que al respecto pusiera don Juan Martín Leguizamón para concretar su, desde hacía tiempo anhelado y loable proyecto, cabe resaltar que si bien se carecía de un retrato tomado del natural, son varias las referencias literarias e históricas que describen físicamente al prócer, algunas de contemporáneos que lo conocieron personalmente y otros por referencias.

Así el relato que realiza Juana Manuela Gorriti en su “Güemes - Recuerdos de la Infancia” escrito y publicado en 1853, reiterado posteriormente en su serie “Perfiles”, (año 1892) y que se puede consultar en el Tomo III de sus “Obras Completas” (págs. 106/109) publicados por la Fundación del Bco. Noroeste Ed. Agosto de 1994. Allí expresa, que siendo niña en su Horcones natal, al escuchar un rumor de voces y el galope de caballos, miró hacia el sendero que llevaba a la casa y vio arribaban dos jinetes. Uno de ellos era “un guerrero alto, esbelto, de admirable apostura, de cabellera negra, de largos bucles y una barba rizada y brillante, encuadraban su bello rostro de perfil griego y expresión dulce y benigna”... “montaba con gracia infinita un fogoso caballo negro”, mientras “grupos de hombres del campo y algunos soldados”.... precipitáronse a su encuentro, clamando con delirante entusiasmo, ¡Güemes!, ¡Viva Güemes....!”.

Tal relato, a pesar de haber sido escrito mucho tiempo después del suceso que describe y que había acontecido cuando la notable escritora salteña era una niña de corta edad, aunque denota un fuerte contenido emocional y romántico pues la misma autora refiere que “miraba embebecida”... “la brillante aparición que tenía ante los ojos”, sin duda nos indica rasgos fisonómicos del prócer tales como su cabellera, su barba, su mirada, su porte, etc., indiscutibles por ser una versión de la única persona que lo describe habiéndolo tenido ante su presencia salvo, las referencias que de M. M. de Güemes hace Dionicio Puch, en una carta familiar, pero concidentes con la caracterización de J. M. Gorriti, esto es, “de talla esbelta, cabellera negra de largos bucles, barba entera, larga y rizada, brillantes ojos pardos, tez de color blanco pálido”, etc. El resto de los que a su fisonomía se refieren, como es el caso de los historiadores Bernardo Frías, Joaquín Carrillo, Vicente Fidel López, Atilio Cornejo, Miguel Solá, Luis Colmenares, etc. concuerdan cuando al rostro del prócer se refieren, con las características antedichas, esto es elevada estatura, cabello y barba negra y crecida, ojos pardos llenos de animación, piel color blanco pálido, de firme y aguzada mirada, lógicamente dentro de un relato épico histórico, pero que fueron dejando una impronta sobre el rostro de Güemes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                               1. Martín del Milagro Güemes Puch

 

                               2. Luis Güemes Puch

 

                               3. Carlos Murúa Figueroa

 

 

 

 

También, como se expresa en la obra “Güemes Documentado”, T. XII Ed. 1990 en ese afán de develar la incógnita fisonómica del prócer, se realizó por parte del Gabinete Scopométrico y químico de la Policía Federal Argentina, un análisis de un mechón de sus cabellos y dado el tiempo transcurrido, tal valiosa colaboración no pudo tener la contundencia que afanosamente se buscaba, como tampoco el Identi-Kit que se realizara en base a las descripciones ya comentadas el cual, sin embargo, llega a la conclusión de que la talla de Güemes oscilaría en 1,83 mts. o más.

Volviendo a los parecidos con M. M. de Güemes que familiares, parientes y allegados de este notaban y resaltaban que tenían con éste los nombrados hijos del Caudillo norteño, en especial con su primogénito Martín y también con el ya citado sobrino nieto don Carlos Murúa Figueroa, era costumbre desde siempre, y aún hoy, escuchar en cualquier ámbito familiar expresiones y manifestaciones tales como: “fulanito cada día está más parecido a mi abuelo”, o “está igualito a su padre o es el retrato vivo de su tío zutano” o “a tu hijo le floreció el mal genio, mal humor, tozudez o engreimiento de los perenganos”, o “se le trepó la opería de los menganos” o “a quien te hace acordar la bondad, la mirada, el andar, el porte, los ademanes, la sonrisa, sus gestos, el buen carácter, o su habilidad o inquietudes para tal o cual habilidad artística o intelectual de zutanito, expresiones a las cuales inveteradamente se contestaba, ¡¡es el aire de familia!! o “lo habrá heredado o le vendrá por el lado de los hermanos de su abuela materna” etc., etc.

 Obviamente tales observaciones y consecuentes manifestaciones sobre parecidos entre personas parientes de distintas y aún distantes generaciones entre sí y que se trasmitían oralmente como también en forma escrita a través del epistolario familiar, son fruto de contactos cotidianos directos, a lo largo de sucesivas y hasta lejanas convivencias en común, entre los componentes de cualquier grupo familiar, siendo fruto de sencillas y espontáneas, observaciones hasta intuitivamente y sin sospechar siquiera que sus aseveraciones tenían y tienen sustento y apoyatura científica. ¡Son los genes!, la unidad básica de la herencia, que saltan, afloran y se patentizan en cada persona proviniendo de nuestros ancestros, aún lejanos y por nosotros ni siquiera conocimos talvez ni fotográficamente, los cuales se tramiten de generación en generación tanto por línea paterna cuanto materna y que desde la aparición de la Genética (cuyas bases estableció Gregor Mendel, biólogo y religioso austriaco 1822-1884 con ensayos y estudios que pasaron inadvertidos hasta 1901) esa rama de la biología que estudia los fenómenos hereditarios, los procesos relacionados con la herencia y que abarca aspectos tales como lo molecular, los cromosomas constituidos por ADN, la transmisión de genes, etc., que en definitiva, demuestra la herencia de los caracteres.

Así las cosas, el citado pintor Chartón en Salta (había nacido en 1815 en Sens, Yonne - Francia- donde falleció en 1877 y que fuera al mismo tiempo también escritor y amante de aventuradas travesías que supo narrar en distintos folletos llegando en sus andanzas hasta Chile donde pintó, entre otras obras, “Panorama de Valparaíso”, “La Plaza de Armas” de Santiago y “el Velatorio del angelito” trabajo este que trajo hasta Buenos Aires y que su adquirente donó al Museo Nacional de Bellas Artes, fue nombrado por el referido Rector de la Universidad de Buenos Aires profesor de dibujo en el Colegio Nacional de ella dependiente, instalado ya en Salta luego de su periplo por varias provincias argentinas, entre ellas Tucumán donde como dijimos, efectuó varios retratos, se dice montó su taller provisorio en la propia residencia de Leguizamón y allí tomando como modelo a don Carlos Murúa dado el evidente parecido que existía entre éste y su tío abuelo y teniendo también en cuenta la fotografía del hijo mayor del prócer, don Martín del Milagro Güemes Puch, reconstruyó, en base a ellos y a sus parecidos con aquél, la imagen, el rostro de Martín Miguel de Güemes.

Tal versión, quien les habla supo, en varias oportunidades, escucharla en su niñez y adolescencia de boca del pintor salteño, que bien podría bautizárselo “el retratista por antonomasia de Güemes”, don Guillermo A. Usandivaras Murúa (1900-1976) hermano de mi abuela materna y mi padrino de bautismo el cual, a su vez era bisnieto de don Miguel Gerónimo Murúa Costas y de su esposa Mercedes Figueroa Güemes padres del referido modelo y por ende tataranieto de Sebastián Fructuoso de Figueroa y de su esposa Francisca Güemes Goyechea, casados el 30-4-1809, hermana del general Martín Miguel de Güemes o sea, cercanísimos parientes del prócer. De allí es que tengo en mi poder, un añejo álbum con sus tapas nacaradas, sus hojas de cartón con bordes dorados, con antiguas (es de alrededor de los años 1870-80) fotografías color sepia, con la inscripción a su pié “M. Romero y Cía. - Salta”, posiblemente el tomador de las imágenes de las damas y caballeros en él insertas y pertenecientes a mis ancestros Murúa, Costas, Usandivaras, Aráoz, Figueroa Güemes, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Óleo de Güemes de Guillermo Usandivaras (1975)

 

2. Óleo de Güemes de Guillermo Usandivaras (1972)

 

3. Cuadro de Güemes de J. V. Ovalle (1921)

 

 

En el mismo encontré esta foto de don Carlos Murúa Figueroa, tío abuelo del pintor Usandivaras, que vemos a mi izquierda juntamente con otras, dos de ellas de los mencionados hijos de Güemes y con algunas de pinturas del rostro del héroe gaucho de afamados plásticos argentinos.

Observándolas podemos constatar en todas ellas, la misma poblada barba, su idéntica mirada profunda y aguzada, su frente amplia, su cabellera negra, su gesto adusto de guerrero indomable que plasma el citado Chartón en su retrato a lápiz que confeccionara en su estadía en nuestra ciudad en el cual, sin embargo, Güemes aparecía, con indumentaria gaucha y habría sido obsequiado, conforme a distintas tradiciones orales que así lo aseveran, por el Dr. Juan Martín Leguizamón al Dr. Ángel Justiniano Carranza fundador del Museo Histórico Nacional quien también había sido tentado por varios plásticos para reproducir al Gral. Güemes pero vestido con su uniforme blanco con alamares y pelliza mordoré de húsar, iniciativas que vaya a saber porque no se concretaron a pesar de que al citado notable historiador no le había resultado de su total complacencia el realizado por el pintor francés pues su deseo era el de un Güemes vestido de militar. Las vueltas de la vida hicieron, sin saberse el motivo o la causa, que al referido primer retrato a lápiz del prócer no se lo viera nunca más ni tampoco se conociera su paradero o destino final.

Sin embargo, existen ciertos datos que indicarían que inspirándose en el cuadro de Chartón, el artista salteño don Casiano Hoyos y también tomando como modelo a don Carlos Murúa, confeccionó otro dibujo a lápiz de Güemes en uniforme, como el que a manera de bosquejo o boceto también a lápiz, había encargado el Dr. Carranza y fuera firmado con las iniciales FG que algunos atribuyen a don Flavio García y otros, tal como Juan Martín Leguizamón, al religioso franciscano Fray Luis Gorgi, afamado artista y escultor italiano. En todos ellos está la impronta del retrato de Chartón y de sus modelos Murúa y los hijos del Gral. Güemes.

Al lado y abajo de las fotografías ya mencionadas, observamos una del retrato ejecutado en 1902 por el destacado pintor Eduardo Schiaffino que se encuentra en el museo histórico del Cabildo en nuestra ciudad y que es el que prácticamente aparece en todos los libros de historia como retrato oficial del general M. M. de Güemes. A continuación vemos las pertenecientes a los cuadros realizados por don Guillermo Usandivaras, en la última etapa de su vida, de quien podemos hoy contemplar sus anteriores retratos del prócer en distintas y variadas instituciones privadas y reparticiones, oficinas y despachos públicos o en los museos de Salta y de otros lugares del país, tales como los que se encuentran en el aeropuerto El Aybal, del año 1949, que le fuera encargado en dicho año por decreto del entonces gobernador de Salta don Emilio Espelta, en Gendarmería Nacional, en museos locales, en la Sirio Libanesa o dos de ellos en la Auditoría General de la Provincia, en el Club 20 de Febrero, etc. en todos los cuales sean óleos o al lápiz graso acompaña a su firma la leyenda “Del dibujo oficial de E. Schiaffino”, apelativo este que se le asignó por mera tradición o costumbre desde siempre al confeccionado por éste en el citado año 1902, ya que recién tal retrato fue legalizado como oficial por Decreto Provincial N° 8998 de fecha 15/6/1965 durante el Gobierno del Dr. Ricardo Durand que lleva la firma de su Ministro de Gobierno, el Dr. Guillermo Villegas.

Sin embargo Usandivaras fue fiel al dibujo que motivara sus pinturas sobre el rostro de Güemes, hasta que, como podemos ver en una de estas otras dos fotografías en colores de sus cuadros, el que lleva fecha 1972 y que se encuentra en el Club 20 de Febrero, que si bien reitera tal leyenda notamos que comienza a variar, aunque respetando aquella imagen o rostro del cuadro de Schiaffino los rasgos del prócer, haciéndolo con mirada más profunda aún, con gesto más adusto y bravío, talvez, más guerrero, lo cual plasma nuevamente en 1975, un año antes de su fallecimiento, en su último retrato que hace del general Güemes y en el cual tal leyenda dice: “Del dibujo oficial con modificaciones y agregados”. Esta obra es de propiedad de mi madre y se encuentra en nuestra casa paterna a la espera de que dada su envergadura, calidad plástica y expresividad del retratado, alguien se percate que merece estar presidiendo algún salón de alguna dependencia oficial o museo de nuestra provincia o de la Nación.

Esta otra, es un óleo que representa “La Muerte de Güemes”, como se lo denomina y es obra del célebre pintor Antonio Alice, nacido en Buenos Aires el 23/2/1886 y fallecido el 24/8/1943, quien becado estudió en Turín - Italia con grandes maestros, cuadro este con el cual obtuviera la medalla de oro de la Exposición del Centenario en Buenos Aires en el año 1910.

Tal artista realizó, además, exitosas exposiciones en Europa (Italia-Francia-Estados Unidos) siendo de excelente factura, entre otras su “Los Constituyentes del 53”, imponente cuadro que fuera comprado por el Congreso de la Nación y destinado al Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados. “La Muerte de Güemes” fue adquirido, a su vez, por el Gobierno de Salta y se encuentra desde 1911 en el recinto de sesiones de la Legislatura Provincial.

Las otras dos fotografías expuestas que nos quedan por referir, una de ellas es obra del pintor J. V. Ovalle, confeccionada en 1921, en donde Güemes aparece empuñando el mango de su espada pero tapado su uniforme militar con un poncho blanco, posiblemente de vicuña, con rayas y flecos de idéntica factura de color marrón y pañuelo blanco al cuello. Era común en aquellas lejanas épocas de la vida del prócer y aún hasta avanzados los primeros treinta años del reciente siglo XX pasado, la usanza de ponchos blancos, marrones claros, azules, etc. de vicuña. Lo del poncho color sangre de toro tan usual hoy en Salta, es de más reciente aparición y esa es otra historia. También realizaron retratos del general Güemes, otros muchos relevantes artistas plásticos, así el estudio de Lorenzo Gigli, montando el prócer un brioso caballo o el retrato a pluma hecho por nuestro comprovinciano Jorge Hugo Román.

Considero que a partir de Chartón, pasando por Schiaffino, Alice, Usandivaras, etc., en todos los retratos referidos se logra una casi exacta aproximación a la fisonomía, que no se había podido tomar del natural, del general don Martín Miguel de Güemes. Sea en estos más adusto su rostro o más o menos severo, sea su mirada más profunda y aguzada, sea su cabellera y barba más renegrida y abultada o no, sea su expresión desencajada y su mirada perdida como en la obra de Alice en la cual su rostro aparece como avizorando su muy próxima e inexorable muerte, todos representan el rostro del prócer salteño, en una imagen pergeñada en base a la memoria de sus contemporáneos, del parecido con sus hijos o con su sobrino nieto Carlos Murúa. Por ello, al observar cualquier retrato que lo represente, resulta imposible confundirlo con algún otro prócer guerrero de la independencia o caudillo de nuestra patria; harto imposible se piense se trate de Juan Lavalle, Pancho Ramírez, Chacho Peñaloza o Facundo Quiroga, etc. Es el rostro del general Martín Miguel de Güemes y así perdurará hasta el fin de los tiempos y si acaso su faz hubiera sido, en realidad, con barba menos poblada y cabellera menos renegrida o su porte diferente y su mirada algo menos profunda, ello no haría en absoluto mella alguna ni mengua de ninguna especie, a la invalorable gesta en la lucha por la independencia de nuestro país del dominio español, llevada a cabo por ese rostro, el rostro del general Güemes.

Así también lo es el rostro de las dos excelentes obras, esta acuarela y este pastel-acrílico que acompañan, junto a la exposición de magníficas fotografías que adornan la sala de conferencias de estas jornadas de homenaje a Güemes, pues su autora, Adriana Rodríguez con maestría de plástica destacada, con su técnica depurada, su imaginación, su visión de artista y su simple recuerdo de la imagen del prócer que desde siempre vio en distintos lugares de nuestra Salta, logra la misma imagen y que es, sin duda, el rostro de Martín Miguel de Güemes.

 

       Dibujo a tinta de Jorge Hugo Román

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL GENERAL MANUEL BELGRANO EN LA GESTA

DEL NORTE. AMISTAD ENTRE LOS GENERALES

MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES Y MANUEL BELGRANO

 

 

Ricardo Federico MENA y MARTÍNEZ CASTRO ·

 

Antes de hablar acerca del accionar del general Manuel Belgrano en la gesta emancipadora, quizá debamos adentrarnos en una parte de su intimidad, es decir, presentar la figura del personaje en el seno de su familia, para lo cual consultamos el Catálogo Heráldico de la Sra. Esther Rodríguez Ortiz de Rosas. Dentro de las heráldicas expuestas, figura la de “Belgrano”, que dice textualmente así:

Armas: En campo de gules, tres espigas de oro, plantadas en terreno de sinople, moviente de la punta, y tres flores de lis de Francia, corona antigua de Patricio, con cuatro florones y otras tantas perlas, y como lema “Belgrano”.

Itinerario: Originarios de Cerdeña, Italia, ciudad de Oneglia. Uno de sus vástagos D. Domingo Belgrano y Peri, trasladase al Río de la Plata a mediados del siglo XVIII. Casase en la ciudad de Buenos Aires, el 4-11-1757 con doña María Josefa González Casero, siendo padres entre otros del general don Manuel Belgrano.

Fue el cuarto hijo de un matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres. Don Domingo Belgrano y Peri, llegó al país en el año 1751 y pronto constituyó el núcleo de los comerciantes importantes de Buenos Aires, obteniendo su naturalización.

Quebrantos financieros, oscurecieron su situación durante los últimos años de su vida, por lo que sus hijos hubieron de preocuparse por sus obligaciones pendientes. La gloria de su cuarto hijo, arrancó del anonimato a este esforzado comerciante que tuvo confianza en la generosa tierra del Plata.

Don Manuel Joaquín del Corazón de Jesús, nacido el 4 de junio de 1770, cursó sus primeras letras en el Colegio de San Carlos en la ciudad de Buenos Aires. Bajo la dirección del Dr. Luis Chorroarín, estudió latín y filosofía, obteniendo el diploma de licenciado en el año 1787, cuando ya se encontraba en España, donde lo había mandado su padre para instruirse en el comercio. Se matriculó en la Universidad de Salamanca, graduándose de abogado en Valladolid, en el año 1793. Conoció la vida de la Corte, viajó por la Península, y por Europa, leyendo a sus autores predilectos en francés, italiano e inglés. De ello se desprende el amplio cultivo de su espíritu. Muy próximo a su regreso, recibió la comunicación oficial, a fines de 1793, en la que se le anunciaba su designación como Secretario Perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. Iniciaba así a los 24 años de edad su actuación pública, y estaría consagrado hasta el fin de sus días a servir a su patria y a sus compatriotas.

La vida de Manuel Belgrano no puede resumirse en unas cuantas páginas, sino que consumiría horas y horas dedicadas al amplísimo espectro de su quehacer. Así debería efectuarse un pantallazo como Secretario del Consulado, su actuación durante las invasiones inglesas, su actuación como Plenipotenciario, sus contactos con la princesa Carlota Joaquina de Borbón y de Parma, hija de Carlos IV de España y esposa del Príncipe Regente de Portugal, acerca de una monarquía constitucional en el Plata, pero la firme postura de nuestro héroe, de establecer una monarquía constitucional, terminaron por disgustar a la princesa. Creo que en justicia es el patriota de mayor formación interdisciplinaria de nuestro país y de su época. Se suma a esto su labor como periodista, sociólogo y educador; ni qué hablar de sus desvelos como creador de nuestra enseña nacional. En el año 1809, cuando Cisneros arribaba a nuestro país, le encarga la formación de un periódico que difundiera las ciencias, las artes, la historia y la geografía. Fue así que el 3 de marzo de 1810, aparece en la escena nacional este periódico que funcionó hasta el 6 de abril de 1811, en cuya redacción colaboró también don Hipólito Vieytes. Se llamó “Correo de Comercio”. Los artículos de hondo contenido político, no fueron publicados hasta después del 25 de mayo de 1810. No obstante esto, los temas revolucionarios se discutían en rueda de amigos. La ocupación francesa de España, marcó la hora de las decisiones y Manuel Belgrano, fue llamado con urgencia, y durante la siguiente década, debió responder siempre con desinterés y abnegación los apremiantes llamados de la patria. Durante la gran semana de mayo vemos a nuestro futuro General, participar de todas las gestiones que se realizan para forzar la decisión que los patriotas anhelaban. Lo que sucede en esa febril semana es por todo conocido, donde Belgrano es nombrado Vocal en la Junta Provisional. En este breve período ocupa distintos cargos: presidente de la Junta del Monte-Pío, de ministro de Justicia y de la Real Hacienda, y protector de la recién inaugurada Escuela de Matemáticas; todo esto sin abandonar sus tareas de redactor del Correo de Comercio. Su desinterés le lleva a donar su sueldo para financiar la expedición a Córdoba y dona gran parte de sus libros a fin de que pudiera funcionar la recientemente formada Biblioteca Pública a instancias de su amigo don Mariano Moreno.

La hostilidad del gobernador del Paraguay, don Bernardo de Velasco hacia la Junta de Buenos Aires, determinó su nombramiento al frente de una expedición que iría a fortalecer con la fuerza armada a los pueblos de Entre Ríos, Corrientes, de la Banda Oriental y del mismo Paraguay. Al llegar a Corrientes, su espíritu civilizador dispuso el trazado definitivo de dos pueblos: Mandisoví y Curuzú Cuatiá. Se da tiempo para redactar “El Reglamento para los Indios de Misiones”.

El 19 de enero de 1811 se produce el primer episodio militar, donde 700 hombres al mando de Belgrano se enfrentan con 7000 de Velasco. La disparidad de las fuerzas es abrumadora, no obstante el contingente de nuestro héroe se repliegan en orden hasta la localidad de Santa Rosa, donde recibe la orden del gobierno de trasladarse hasta la Banda Oriental. La retirada continúa hasta el Río Tacuarí, donde el general Cabañas le intima rendición. Luego de siete horas de lucha y después de parlamentar, las fuerzas de la patria logran retirarse en orden, con armas y bagaje, con honra y dignidad. Sembró durante esta acción la semilla de la libertad en el vecino país. Luego del armisticio de Tacuarí, marchará hasta el Norte, desde el 10 de marzo hasta el 1º del mismo mes, pero del año siguiente o sea de 1812.

La derrota de Huaqui, echó por tierra las esperanzas de un triunfo fácil por el norte, cuyo drama se desarrolla entre 1812 y 1813. El resto de ese desmantelado ejército fue recibido por Belgrano, de manos de Pueyrredón, en Yatasto. Son ochocientos hombres desmoralizados, sin armas e incapaces de enfrentarse nuevamente con Goyeneche.

La tarea que le espera es ardua y agotadora: reordenar los cuadros, disciplinar los soldados, abastecer el ejército, dar ánimo a los pobladores, es decir, transformar un ejército en quiebra, por otro muy distinto: armónico, disciplinado, que pudiera hacer frente a los eficientes ejércitos del rey.

Es entonces que se vuelve inflexible ante cualquier falta, y dentro de estas normas tan rígidas, se formarán hombres que luego honrarán las armas argentinas: Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Cornelio Zelaya, Lorenzo Lugones entre otros: Mientras Goyeneche permanece detenido en el Norte debido a la revuelta cochabambina, Belgrano se dirige hasta Jujuy, donde presenta el 25 de mayo de 1812, al pueblo, y a los soldados por segunda vez la bandera de su creación. Fue bendecida al término del Tedeum, por el canónigo Juan Ignacio de Gorriti. Este acto le valió un fuerte reclamo del gobierno central, por lo cual promete guardar la bandera o deshacerse de ella. A todo esto se sumaban otras aflicciones dentro de la tropa, y esto era nada menos que el creciente deterioro debido a la insuficiente incorporación de efectivos, el paludismo voraz y la falta de recursos.

Llegaba el mes de agosto de 1812, y el ejército español invade la ciudad de Jujuy con trescientos hombres al mando del general D. Pío Tristán, primo de Goyeneche. Es entonces cuando el desesperado Gral. Belgrano, lanza su vehemente proclama en la que dice: “Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo, y de que vengáis a reuniros al Ejército de mi mando, si como aseguráis, querer ser libres…”. Mientras esto decía a su pueblo, su voz cobraba enérgicos matices, mientras se le encendían los labios y los ojos, que acaso no lucieran nunca tan hermosos ni tan brillantes como esa tarde incierta, en la que se irradiaban sobre ellos, la luz de todos los fogones de la patria.

La historia impertérrita acechaba anhelante aquella escena conmovedora. El pueblo que presiente que es su hora de gloria, lo sigue hacia el vórtice de un drama que ha de resolverse en el Campo de las Carreras.

Con los ojos de la memoria estamos viendo en la lejanía, lidiando penosamente con garabatos y espinillos, un ejército: El Ejército del Norte, mientras su retaguardia era hostigada permanentemente por la vanguardia enemiga. Así es que sucede el encuentro sobre el Río Piedras, que demuestra el temple de los soldados, y devuelve la confianza perdida. No esperaban que Belgrano luego del primer contratiempo, los pusiera en fuga, matando a 25 hombres, hacer varios prisioneros y apoderarse de importante armamento. Se va esfumando así, como en lentos cendales de bruma, la orden del gobierno de agostar todo aquello que pueda ser útil al enemigo y de continuar la marcha macabra hacia Córdoba.

Todo el pueblo de Jujuy responde a la adversidad del momento, acompañando a su general que sabe capitalizar el sentimiento de su pueblo, y en su momento de gloria, conduce a su gente hacia el Campo de las Carreras en Tucumán, donde las aflicciones y penas tomarán un nuevo rumbo. Es precisamente en Tucumán, donde según propias manifestaciones no sólo ha encontrado el amor, sino también su segunda patria, donde una comisión de notables le ofrece las armas y los hombres para hacer frente a los realistas. Las órdenes del gobierno central eran terminantes, de manera que la retirada hacia Córdoba, significaba dejara a Tucumán abandonado a su suerte.

Desde el Campamento de La Encrucijada, el General envía a la ciudad de San Miguel, al teniente coronel Juan Ramón Balcarce, para promover una reunión de gentes y de armas y estimular al vecindario a la defensa. Algunas versiones aseguraban que la venida de Balcarce tenía por fin recoger las armas que estaban en poder del gobierno y de los particulares. Esto causó gran alarma a la que se sumó el rumor de que la tropa se retiraba hacia Córdoba.

Tañeron las campanas del Cabildo, y en sesión pública decidieron enviar tres representantes: los oficiales Bernabé Aráoz, Rudesindo Alvarado y el eclesiástico Dr. Pedro Miguel Aráoz, ante Belgrano para pedirle que diera batalla a los españoles en Tucumán. Hablaron primero con Balcarce y luego con el General en Jefe, exponiendo diversos argumentos entre los que se encontraba el peligro de una sublevación popular, ante la privación de armamentos. El Jefe aceptaba con la condición que se aumentara su ejército en 1500 hombres y la dotación de 20.000 pesos plata para la tropa, cantidades estas que la comisión se ofreció duplicar.

Toda la jurisdicción se convirtió en un cuartel. La ciudad fue fosada, en el caso de fuera necesario resistir en las calles. La desobediencia y el choque se producirían entonces de manera inexorable para suerte de la patria. El general Pío Tristán, mientras estos preparativos bélicos se realizaban en Tucumán, avanzaba tranquilo desde su campamento de Metán. Una de sus avanzadas al mando del coronel Huici, fue capturada por una partida patriota, al mando del capitán Esteban Figueroa. El 23 de septiembre el grueso de la tropa llegó hasta los Nogales, a las puertas de la ciudad. Tristán decidió acampar allí, como paso previo a lo que consideraba una fácil entrada triunfal.

El grueso del ejército patriota estaba acampado al norte de la ciudad, en donde hoy se encuentra la Plaza Urquiza. El ejército realista contaba con 3000 hombres, 13 piezas de artillería, mientras que el criollo con sólo 1600 y cuatro piezas. A pesar de la disparidad de las fuerzas -nada nuevo para Belgrano- la tropa estaba animada por un vivo fuego por vencer. La estrategia de Tristán se basaba en la suposición de que Belgrano libraría la batalla atrincherado en la ciudad, pues jamás pensó que se atrevería a combatir en campo abierto cual era el Campo de Las Carreras. Se dirigiría al sur de la ciudad y desde allí hostigaría a nuestras fuerzas en los días sucesivos.

Gregorio Aráoz de Lamadrid, pensaba, como lo anota en sus memorias, que Tristán quería combatir ese mismo día, y tanta era su confianza, que mandó a pedir una pipa de agua a un aguatero, y que se la llevara al mediodía hasta la casa de Garmendia que estaba frente a la plaza, para darse un baño después de la batalla. Belgrano entonces, cambia sorpresivamente de posición y emplaza su frente de batalla cara al sur. Desplegó sus hombres en una línea que abarcaba diez cuadras. La caballería se dispuso en ambos flancos y en la primera línea con los infantes al frente.

La infantería formaba en tres columnas: la primera estaba al comando del coronel Forest y las tres secciones en las que se dividía, a cargo del capitán Ramón Echavarría, el comandante Jerónimo Helguera, y el ayudante mayor Blas Rojas. La segunda al mando del comandante Ignacio Warnes y sus secciones al comando de los capitanes Manuel Ruiz, José María Sempol, y Melchor Tellería. La tercera al mando del jefe de Pardos José Superí; las secciones estaban a cargo de los tenientes Ramón Mauriño y Bartolomé Rivadera y el capitán Antonio Visuara. Las guerrillas se pusieron a las órdenes del subteniente Tadeo Lerdo.

La caballería y más precisamente su ala derecha estaba comandada por el teniente coronel Juan Ramón Balcarce; las secciones por el capitán Cornelio Zelaya, el sargento mayor Pedro Flores y el teniente Rudesindo Alvarado. El ala izquierda era responsabilidad del comandante José Bernaldes Pallado, mientras que las secciones por los capitanes Francisco de Paula Castellanos, Fermín Baca y Nicolás Baca.

Al frente de la Reserva iba el teniente coronel Manuel Dorrego, y las secciones a cargo del capitán Esteban Figueroa, del teniente Manuel Sagárnaga y del capitán Inocencio Pesoa.

La división de Reserva de la Caballería estaba al comando del sargento mayor Diego González Balcarce y las secciones por los capitanes Antonio Rodríguez y Domingo Soriano Arévalo y el teniente Rufino Valle.

La artillería volante al comando del barón Eduardo Kunitz Holmberg, con sus piezas a cargo del capitán Francisco Villanueva y los tenientes Juan Santa María, Juan Pedro Luna, y Antonio Giles. El joven oficial José María Paz era el Ayudante.

Las improvisadas milicias provinciales estaban agrupadas en la Compañía de Decididos, dividida en Húsares (donde formaban los de Tucumán) y Dragones que estaba conformada con paisanos de Salta y de Jujuy.

El desarrollo de la batalla por momentos se vio confuso, y ambos generales se vieron desbordados y alejados de su tropa. Díaz Vélez, segundo de Belgrano, retiró las tropas hacia la ciudad, lo que fue decisivo para la suerte del combate. Finalmente, Tristán se retiró a Salta sin continuar la Batalla.

Traemos todos estos nombres de la oficialidad Belgraniana, como sentido homenaje de quienes hoy agradecemos el haber contribuido a la consolidación de la frontera Norte de la Patria.

Son las ocho de la mañana, los pájaros y los animales de la floresta vecina han acallado sus voces y, contritos observan aquella escena de terror y violencia. De pronto la batalla como decíamos se vuelve confusa y de difícil conducción. Los ejércitos se fragmentan, se entrecruzan y vuelven a fragmentarse en medio de los gritos, los ayes de dolor, de pajonales incendiados, mientras la confusión crece y adquiere ribetes superlativos, cuando sobre el glorioso Campo de Las Carreras se abate la ignominia de una negra manga de langostas. ¿Sería el futuro negro de nuestro país en manos de actuales dirigentes corruptos e irresponsables?

En la Batalla ni un solo resorte falla, como si una precisión matemática estuviera ordenando cada milimétrico detalle. Era, por así decirlo, una majestuosa complicación de músculos y acero. Un hacinamiento articulado, inflexible, luminoso…en definitiva…estupendo.

Fue una jornada densa, plena de heroísmos individuales. Recién a la noche, Belgrano logra reunir sus huestes vencedoras. España ha dejado en el campo 450 muertos y 700 prisioneros, siete cañones, banderas y estandartes y, sobre todo…jirones de su petulancia de la víspera. No obstante esto, quizá sea el momento de reflexionar sobre las injusticias de la guerra, donde tan brillante juventud cae abatida injustamente por el frenesí de las balas y de la discordia. La guerra avanza cuando las negociaciones fracasan, mas no obstante, no por ello deja de ser injusta y terrible.

La huella de Belgrano está allí, concreta, visible en su grandiosidad, ya que sin ser militar, hubo de aprender sacrificadamente el arte de la guerra. Los cantos epinicios le seguían porfiadamente, ya su impulso, hubo de crear una Escuela de Guerra, donde Jefes, Oficiales, y pueblo en general toman nueva conciencia que, por esa boca negra y redonda del fusil que se vuelca sobre el ojo certero del tirador, están los ojos vigilantes de los abuelos que han muerto por la patria, la fe de las madres y esposas que esperan el regreso de sus hombres en la paz del hogar y la segura gratitud de las progenies venideras.

Aquí debemos reflexionar nuevamente, que la Historia, que es una obra humana y espejo de la vida, permite un conocimiento cabal del hombre y de su propio destino. En la historia coinciden la acción y el conocimiento, y sin embargo lamentablemente el interés por la historia despierta acaso demasiado tarde en la conciencia de los hombres.

El hombre vive en la historia: se incorpora en una época que no ha podido elegir y en ella desarrolla sus posibilidades. Crece en su atmósfera, lucha contra sus semejantes, llega a su plenitud o sucumbe. En definitiva, la vida es una lucha con el destino, pugnando por insertar nuestra iniciativa en el curso de los acontecimientos. De esta manera se engrandece la vida del hombre. La lucha lo transfigura y engrandece. La vida en resumen es inestable como el mar, en permanente equilibrio. Tomar contacto con el sentido de la historia para participar efectivamente de los hechos, es un modo de librarse, por el conocimiento, de su oscura tiranía. Pero sólo en la lucha, alcanza el hombre la suprema grandeza.

Así lo debe haber entendido nuestro General al incorporarse al cauce de la historia, con su energía, plena de ideas que a su juicio engrandecerían la patria. Lamentablemente nuestros próceres no calcularon, que dentro de la regularidad histórica, acaso entregarían sus desvelos, a seres efímeros, minúsculos, que llevarían a nuestra patria a vivir en permanente zozobra, lejos del tan fementido Destino de Grandeza, como la que nos ha tocado y nos toca actualmente vivir. El conflicto es complejo y del cual nos resulta cada vez más difícil emerger, pues mientras nuestra dirigencia engorda su patrimonio, las naciones vecinas avanzan a un ritmo que para nuestro país se vuelve cada vez más inalcanzable. Faltan estadistas y sobran inescrupulosos.

Luego de estas reflexiones que hacen a la filosofía de la historia, seguimos comentando las batallas de Tucumán y Salta, la primera el 24 de septiembre de 1812 y la segunda el 20 de febrero de 1813. Estas dos batallas principales no fueron las únicas acciones de guerra, como decíamos anteriormente, pues hubieron otras de menor importancia, como los encuentros de Cobos, el 26 de enero de 1812, Las Piedras del 3 de septiembre del mismo año, y el segundo Cobos del 14 de febrero de 1813; también el de Las Higuerillas del 18 de febrero de 1813. Los dos primeros antes de la Batalla de Tucumán y los dos segundos anteriores a la Batalla de Salta. Fueron librados entre las fuerzas de retaguardia y de vanguardia de ambos ejércitos.

Volvemos a evocar aquel lejano 24 de septiembre de 1812, y cerrando fugazmente los ojos, aunque sólo sea por un segundo, imbuidos de un misterioso clima de taumaturgia, podremos transitar aquella dramática escena del mes de agosto de 1812. Luego del resonante triunfo que puso en vilo al país y que hiciera cantar al impulso de la frase “Tucumán, cuna de la libertad y sepulcro de la tiranía”, durante los cuatro meses siguientes, se refuerzan los efectivos del ejército y se lo aprovisiona adecuadamente para hacer frente a la nueva campaña, cuyo destino final, será la ciudad de Salta.

Nuestro prócer fue muchas veces, injustamente descalificado en los terrenos del amor; pero a fuer de ser sinceros, y bajándolo del Olimpo de los elegidos, en Tucumán cobijó dos de sus grandes amores: doña Josefa Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas y la joven Dolores Helguero, amores estos que fructificaron en dos hijos y en numerosos descendientes, que tienen el orgullo supremo de llevar su sangre.

A principios de 1813, el ejército se pone en marcha hacia el Norte y el 11 de febrero el General, decide hacer jurar fidelidad a la Honorable Asamblea General Constituyente que había inaugurado sus sesiones el 31 de enero en Buenos Aires. Pío Tristán espera a Belgrano, con casi 4000 hombres en Salta. Los patriotas amagan atacar por el Este, pero luego de una azarosa marcha por la quebrada de Chachapoyas, conducidos por el célebre Chocolate Saravia, aparecen por el Norte, aislando de esta manera a Tristán de sus bases.

Esta maniobra estratégica, le valió un triunfo resonante que consolidó las fronteras de la patria. Fue el 20 de febrero de 1813. Los seiscientos muertos de ambos bandos, fueron enterrados en una fosa común, bajo la misma gigantesca Cruz de madera. Esta actitud fue duramente criticada por quienes eran partidarios de acciones más enérgicas, a lo que Belgrano respondió en carta a Chiclana: “Siempre se divierten los que están lejos de las balas”.

El choque de las tropas fue extremadamente duro y ambas partes se batieron con bravura. El Regimiento Nº 1- el predilecto de Belgrano- le tocó batirse con el Real de Lima. Lucharon encarnizadamente durante tres largas horas; era el mejor cuerpo del ejército realista y el único compuesto por soldados peninsulares. En este enfrentamiento hay que mencionar la heroica acción de don Mariano Benítez, que formaba parte de la División de los Decididos de Salta que, lanzándose a furioso galope sobre las filas enemigas, y aprovechando el estupor causado por su acción, arrebató la bandera del Batallón del Cuzco, que un Alférez agitaba. Herido, y manando sangre profusamente, fue ayudado por Dorrego, y un esclavo de su familia, pudiendo regresar con vida a su batallón. Días después Belgrano le alcanzó los despachos de Capitán, honor que rechazó, pues se encontraba suficientemente pago, con haber podido contribuir a la libertad de su patria.

En esta batalla también es digno de recordación, entre tantos patriotas, la decidida acción de don Juan José Fernández Campero, que militaba en las huestes del rey, pues el retiro de su caballería contribuyó grandemente al éxito del combate. Fue tomado prisionero de los realistas y luego de humillantes castigos, murió en alta mar, rumbo a España donde esperaba ser juzgado. El Marqués del Valle del Tojo, no pudo llegar a su destino español, pero sí llegó a su destino de gloria en nuestra patria.

Luego de la Batalla de Tucumán se produce un episodio injusto entre Belgrano y Güemes, pues este último es acusado por el Regidor de la ciudad de Santiago del Estero, don Germán Lugones, de llevar una vida licenciosa. Recordemos que durante la segunda celebración de la Revolución de Mayo, Belgrano dispuso que una parte de su oficialidad, entre las que estaba nuestro futuro general Güemes, se desplazara hasta la ciudad de Santiago con el fin de reclutar soldados para el Ejército, como asimismo conseguir vituallas y alimentos, ante la eventualidad que los reveses de la guerra obligaran al Ejército Auxiliar retroceder hasta Córdoba. Belgrano en aquella oportunidad ordenó su traslado a Buenos Aires, sin dar cuenta al propio interesado las razones de tal medida, ni darle oportunidad para su defensa. Tres años más tarde Belgrano en carta a Güemes, reconoce lealmente su error y manifiesta su pesar por una medida que fue tomada ligeramente, por haberse dejado convencer por terceros, sin haber investigado la veracidad de lo expuesto.

Luego de las alegrías sobrevendrían los pesares de Vilcapugio y Ayohuma. El gobierno urgió a Belgrano que estaba convaleciente de fiebres tercianas, a abrir nuevamente el frente Norte hacia el Perú. Por aquellos días se evidenciaban desarmonías entre su oficialidad, como asimismo dificultades para abastecer su ejército. Había que compatibilizar el apuro de Buenos Aires, con esta dura realidad jujeña. Sus problemas se resolvieron en parte y dona al Cabildo de la ciudad un estandarte con el escudo de la Soberana Asamblea, pintado en el centro, para reemplazar al tradicional del Rey.

Desde allí se dirige hacia Potosí que lo recibe con mil atenciones. Desde allí gobierna los pueblos del Alto Perú. Aumenta los efectivos del ejército para enfrentar los 4000 de un desanimado Goyeneche. Concentra bajo sus hombros todo el poder político y militar, por lo que sus responsabilidades se multiplican. La quimera de Lima estaba tan cerca que casi se podía tocar.

Los españoles nombran un nuevo Jefe, don Joaquín de la Pezuela. Belgrano sale de Potosí y se dispone a levantar los pueblos del Bajo Perú, pero una sensible documentación patriota cae en manos enemigas. Se multiplican las expediciones de reconocimiento. Pezuela realiza una maniobra atrevida y atravesando las montañas presenta batalla en Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813.

El triunfo argentino parecía asegurado, la persecución ya se había iniciado, cuando imprevistamente se suspende el ataque, que es capitalizado por los españoles que, habiendo perdido la batalla, se reagrupan y ponen en línea sus reservas. Los patriotas dispersos van reuniéndose junto a su jefe, que hacía flamear en su diestra la Enseña Nacional, acompañado por el lúgubre roncar de los tambores, en dramático llamado a los extraviados. Amparados por la noche se dirigen a Macha, donde Belgrano decide combatir, a pesar de la opinión en contrario de algunos de sus oficiales. La retirada fue dramática: adelante formaban los heridos, montados a caballo, atrás, a pié los de la retaguardia y junto a ellos Belgrano con su fusil al hombro.

El Ejército marcha hacia su destino de sombras, hacia la pampa de Ayohuma, donde el 14 de noviembre de 1813, nuestro Ejército es derrotado por Pezuela. Hay que emprender nuevamente la retirada, portando todo lo que pueda servir al enemigo, quemando las cajas del parque y los fusiles, para combatir el frío mortal de las alturas.

De nuevo Potosí, Mojos, Humahuaca, Jujuy, Salta, cuya población marcha con su Jefe, llevándose hasta las campanas de las iglesias, quedando sólo las partidas emboscadas en los cerros. Belgrano durante esas penosas horas de prueba supo mostrar la grandeza de un verdadero Jefe. Ya estaba enterado de la llegada de un nuevo Jefe, el coronel San Martín, que había debutado militarmente en suelo americano. Desde Humahuaca, Lagunillas y Salta, le escribe cartas urgiendo su venida.

Le escribe a San Martín desde Jujuy: “… mi corazón toma nuevo aliento, cada instante que pienso que usted se me acerca, porque estoy persuadido que con usted se salvará la patria”. En Yatasto se produciría el tan anhelado encuentro, en la vieja hacienda establecida desde el siglo XVII. Fue allí que Belgrano se encontró con Pueyrredón para hacerse cargo del Ejército del Norte en 1812 y fue allí el encuentro con San Martín que arribaba desde Buenos Aires con una columna de auxilio. Ese abrazo selló una amistad y respeto entre ambos Jefes, que habría de durar hasta el fin de sus días.

Belgrano había solicitado desde fines de diciembre el relevo del mando, pues entendía que la derrota exigía ese tributo, permaneciendo con el grado de Coronel al frente de su querido Regimiento Nº 1, hasta el 1 de marzo, cuando el gobierno lo relevó de todas sus funciones. Había solicitado el relevo definitivo, pero el gobierno no se lo concedió hasta tanto se sustanciara un proceso que nunca tuvo lugar.

Luego de estos acontecimientos, sobrevendría la Misión Diplomática de 1814-1815, el Congreso de Tucumán de julio de 1816 y nuevamente la milicia entre 1816 y 1819, al mando del Ejército del Norte en reemplazo de Rondeau.

 

 

1. La Bandera Nacional

 

Respecto a esta importantísima concreción, por razones de tiempo, diremos solamente que acaso debamos retrotraer nuestra mirada hacia aquellos días posteriores al 7 de febrero de 1812, cuando don Manuel Belgrano llega a Rosario con el Regimiento Nº 5 de Patricios. Por aquellos tiempos, un testigo presencial de todos los acontecimientos que se desarrollaban en el país, el Dr. Echavarría, manifestaba lo siguiente: “Las escarapelas azul y blanco han entrado de moda”. Efectivamente, en nuestro territorio, algunos cuerpos militares habían comenzado ya a usar cucardas blancas y celestes, pero Manuel Belgrano razonaba desde hacía tiempo que, el mayor de los absurdos, era enfrentarse al enemigo luciendo los mismos colores y emblemas.

Es por eso que apremia al Triunvirato, para que tomara una medida expresa, diciendo: “Me tomo la libertad de exigir a VE. que declare una escarapela nacional, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos”. En estas concisas palabras se destacan “Exijo” y “Nacional”, donde queda expresado el pensamiento del futuro creador de la bandera. El Triunvirato estuvo de acuerdo y aceptó la propuesta el 18 de febrero de 1812, disponiendo que la escarapela que distinguiera a las Provincias Unidas del Río de la Plata, fuera de color “blanco y celeste”. Entusiasmado el prócer con esta resolución, procedió a distribuir las escarapelas a sus soldados, en la confianza que el Triunvirato avalaría sus disposiciones posteriores.

El 27 de febrero del mismo año escribiría a las autoridades de Buenos Aires: “Siendo necesario enarbolar bandera, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de VE”. Mucho se ha escrito sobre esta bandera, pero sintetizaremos este hecho, que casi seguramente fue emplazada en la Batería Libertad y, según la tradición oral recogida por Pastor Obligado, llevada al tope por D. Cosme Maciel.

Los conciliábulos políticos de aquellos momentos frenaron esta acción Belgraniana, contrariando al Triunvirato que desaprobó la acción, pues por aquellos días España era aliada de Inglaterra que, como siempre en la sombra, no podía avalar este movimiento, si es que mediante un emblema distinto del español promovía su independencia de la Metrópoli.

La bandera que Belgrano hace jurar en Jujuy, con motivo del segundo aniversario de la Revolución de Mayo, primero fue paseada desde la salida del sol hasta el ocaso, llevada al templo y bendecida por el Canónigo Gorriti. Fue luego conducida a la plaza y jurada por las tropas reunidas en cuadro. En aquellos momentos el General dijo: “El 25 de mayo será siempre memorable en los anales de nuestra historia, y vosotros tendréis un motivo más para recordarlo, cuando en él veis por primera vez, la Bandera Nacional en mis manos, que ya os distingue de las demás naciones del globo”. Hablaba sin retaceos de una nueva Nación.

Al margen de las disquisiciones de todas las banderas nacionales, sólo diremos que la bandera jurada sobre el Río Pasaje, según los recuerdos del coronel Lorenzo Lugones, el General, haciendo formar la tropa en cuadro y sobre un pequeño altar colocado al medio pronunció estas palabras: “Este será el color de la nueva divisa con que marcharán a la lid los nuevos campeones de la patria”.

Esta versión pertenece al libro “Recuerdos Históricos” del mencionado Coronel, pero lo cierto fue que Belgrano, haciendo cruz con su espada, sobre el asta de la bandera, ratificó el juramento de fidelidad a la Asamblea, ajustándose a la fórmula del juramento de banderas que se acostumbraba a tomar a los reclutas.

 

 

2. Güemes y Belgrano

 

La biografía de don Martín Miguel de Güemes como así su genealogía, han sido tan intensamente tratadas en los distintos trabajos sobre la materia, que sintetizaremos estos conceptos tan conocidos, en las palabras de don Leandro Plaza Navamuel, cuando al tratar en su trabajo Protagonistas de una Gesta Incomparable (2006), exhaustivamente la nómina de patriotas que participaron en la gesta, dice respecto a nuestro general:

“Don Martín Miguel de Güemes, fue hijo de un funcionario español de la Real Hacienda de Salta, D. Gabriel de Güemes Montero y de doña María Magdalena de Goyechea y de la Corte. Ostentaba en 1810 el grado de Teniente y comenzó a organizar en Salta una primera partida de voluntarios bajo su dirección y adiestramiento. Así comenzaría su actuación en las filas de la Patria. Durante esa época aparecen decenas de apellidos que sobresalieron por su patriotismo y su bravura. Martín Miguel de Güemes, incorporado como vanguardia al Ejército Auxiliar del Norte, creó un ejército con características propias, sumamente disciplinado y que se fue reforzando con los voluntarios de la División de Tarija, las milicias del Valle de Calchaquí y el Escuadrón de Salteños. Organizó una división con la que avanzaría hasta Suipacha, acompañando a Juan José Castelli en la Campaña del Alto Perú, contra las fuerzas del godo, a las que se impuso una total derrota, y en consecuencia el primer triunfo criollo.

En 1814, fue designado Jefe de Avanzadas y se dispuso a expulsar a los españoles de Jujuy y de Salta. Al año siguiente, entre otras medidas estratégicas, Güemes comisionó a don Bonifacio Ruiz de los Llanos y a don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza para organizar las milicias de los Valles Calchaquíes, escenario muy conocido por ambos guerreros y que desde el primer momento se mostraron como verdaderos patriotas, a los que también acompañó don Manuel Puch…”.

Mucho es lo que podría decirse acerca de la vinculación epistolar de Belgrano y Güemes, como así lo ha demostrado el Dr. Luis Güemes en su libro “Güemes Documentado” y a través de esa correspondencia puede seguirse perfectamente toda la actividad del Ejército del Norte, y es precisamente entre los años 1817 y 1818, que el mismo trabaja de acuerdo al Plan Continental programado por el general San Martín, con la decisiva colaboración de los generales que hoy nos ocupan: Güemes y Belgrano. El accionar conjunto de ambos Jefes se pacta en una entrevista personal que tuvieron en esta provincia de Salta en junio de 1817.

Güemes en su labor política no sólo se limitó a la defensa de su patria chica, sino que estuvo consustanciado con toda la política nacional e internacional de aquellos momentos. Así fue que se preocupó de los desórdenes del litoral y de la situación de Artigas, a quién escribe invitándole a deponer su actitud.

Lamentablemente por aquellos momentos el general Belgrano, se encontraba en tremendos apuros, de modo que ni él ni Pueyrredón, como Jefe del Gobierno Central podían ayudar adecuadamente a Güemes. Es precisamente en esta época cuando se ve constreñido a adoptar medidas antipáticas que luego comentaremos. Luego de la retirada del general La Serna, Belgrano solicita se le conceda el grado de Coronel Mayor. Se sucedería luego la incomprensión de Bernabé Aráoz. Fue un período de nuestra historia muy intenso y lleno de anécdotas y circunstancias dramáticas.

La memoria del general Güemes debe asimismo inscribirse en el Parnaso donde se escriben las historias de los héroes de este mundo. Es bien sabido que sin el concurso de Martín Miguel de Güemes, jamás se habría producido el triunfo de las armas de la patria, y otra hubiera sido la historia de nuestra Argentina.

Hacía seis años que Martín Miguel gobernaba la provincia de Salta con mano férrea, y más férrea aún debido a que no recibía la ayuda necesaria para solventar la guerra contra el invasor. Debido a esta circunstancia, como se ha dicho ya hasta el hartazgo, nuestro benemérito general se vio obligado a recurrir a políticas quizá antipáticas, pues parte del gobierno de las Provincias Unidas, y más precisamente Buenos Aires, no contribuyeron con la eficacia esperada, ni con los elementos necesarios para sostener tan desgastante guerra, especialmente para las provincias de Salta y Jujuy que, a consecuencia de ella, vieron devastadas sus economías.

Parte del vecindario de Salta, luego de estas luchas que asfixiaban sus bolsillos, ansiaban una paz a cualquier precio, aún al humillante costo de pactar con el enemigo. La figura del general, era ambivalente dentro de la concepción de los vecinos, en definitiva una figura maniquea donde no se visualizaban tonos de grises. Era blanco o negro, malo o bueno. Para los primeros era considerado como el Padre de Los Pobres, mientras que para los segundos, era considerado como el tirano que disponía a su libre albedrío de las riquezas ajenas.

Era uso y costumbre de la época en que nos situamos, que los milicianos de Güemes fueran campesinos no propietarios de la tierra, debiendo pagar en consecuencia con su trabajo, un canon por su ocupación. Ese canon estaba estipulado en un mes de trabajo gratuito para sus patrones. El Caudillo consideró esta medida de extrema injusticia, más aún ponderando que debían arriesgar sus vidas y la tranquilidad de sus familias, en pos de la paz y de la libertad. ¡Qué tristeza da pensar que tantas vidas de héroes ignorados, como así de patriotas que todo lo dieron por su país, se consuman en la debacle de corrupción y autoritarismo que nuestro desangrado país vive! ¡Qué falsedad el juramento con que los funcionarios de turno asumen su codicia diciendo: “Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden!”.

Volviendo a nuestro máximo paladín, decíamos que consideraba este trato asaz injusto, por lo cual suspendió el pago de esos arriendos. La medida, aunada a las contribuciones forzosas que obligadamente debían efectuarse para sostener la contienda, fue minando el apoyo de la clase más acomodada de la provincia, que culminaría en la formación de un nuevo partido: el de “La Patria Nueva”, en contraposición al liderado por Güemes, llamado de “La Patria Vieja”. Los preceptos de la primera estaban liderados por influyentes personajes, entre los que se encontraban figuras como las de los Gorriti y el joven doctor Facundo de Zuviría.

Debemos aclarar en estas líneas, que no todos los hermanos Gorriti, comulgaban las mismas ideas, ya que José Ignacio y Pachi, se embanderaban, junto a Macacha, detrás de la figura de don Martín Miguel. Eran los fundadores de La Patria Vieja. Los seguidores de La Patria Nueva, sostenían que debían darse instituciones, a lo que los aglutinados en la Patria Vieja, consideraban, que primero debían tener una patria definitivamente independiente.

La acción de Güemes seguía como tantas veces se ha dicho, los lineamientos del plan continental de José de San Martín y nuestro general en cumplimiento de aquello, debía recuperar el parque que estaba en la ciudad de Tucumán, gobernado por don Bernabé Aráoz. Se suscitan en consecuencia los consabidos enfrentamientos que obviaremos de comentar por ser innumerablemente tratados, pero sí debemos recordar que, estando a cargo del gobierno de Salta por disposición de don Martín Miguel, don José Ignacio Gorriti enfrentaba con éxito la octava invasión realista al mando de Marquiegui. A consecuencia de la derrota de Güemes en el Rincón de Marlopa, el cabildo de la ciudad salteña, de la mano de los confabulados miembros de la Patria Nueva, aprovechan la circunstancia para derrocarlo. Duraría muy poco esta acción, pues don Martín al regresar, ocupó la ciudad volviendo a ocupar el puesto del que había sido desplazado. Luego se sucedería el incalificable crimen del Adalid de la patria que todos conocemos. Era el tiempo del mito, de la leyenda y de la realidad que, a pesar del tiempo transcurrido, aún no se valora en su verdadera dimensión.

Dentro del mito y de la leyenda, el doctor Lucio Cornejo, en un artículo publicado por la Revista del Club 20 de Febrero, refiriéndose a los caballos utilizados por el general, y citando a don Eustaquio Alderete, en 1913, dice: (…) “Tenía dos caballos que eran sus predilectos, el Gateado y el Tordo, como que a la inteligencia y vivacidad de esos animales, se unían su hermosura y agilidad poco comunes, pues obedecían a su dueño, casi adivinando el pensamiento y mostrándose celosos de su fama de buenos corceles”.

Una vez fue puesta en duda la eficiencia del Tordo, “el dueño herido en su amor propio, provocó una apuesta de cierta consideración, para corroborar con una prueba contundente y acabada, lo que su caballo era capaz.

Una mañana de primavera de aquellos tiempos, cuando las aguerridas huestes españolas se habían retirado al norte, el célebre Tordo, en carrera vertiginosa y sin dar tiempo a que un grupo de muchachos se apercibiera de lo que pasaba, saltó por sobre de ellos, sin tocarlos ni producirles más daño que el considerable susto”. El General había ganado la apuesta. El fiel Tordo de cabos negros, acompañaría a Güemes en la fatídica noche del 7 de junio de 1821.

La amistad de ambos próceres Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes, al margen de cualquier otra disquisición, fue real, sin tomar en cuenta antiguos enojos. Al reasumir Belgrano la Jefatura del Ejército Auxiliar de Perú, en Tucumán, inicia de inmediato su correspondencia con Güemes, al que da el trato de “estimado paisano y amigo”, al que desea desde lo más profundo de su nobleza el mejor de los éxitos en su campaña, para revertir, la congoja por los desastres de Vilcapugio, Ayohuma y Sipe-Sipe. La contestación no se hace esperar, y correspondía a su hidalguía de señor de buena cuna, dejar también en el olvido los acontecimientos del año 1812 que los distanciaran. En la carta le ofrece su sincera amistad, y un acatamiento a su autoridad.

La extrema confianza de Belgrano en Güemes, queda demostrada al concentrar el mando militar de la provincia de Salta y sus adyacencias, exclusivamente en su persona. En las múltiples cartas entrecruzadas se comprueba el afán con el que don Manuel trataba de mitigar las grandes necesidades de nuestro héroe, materializadas en vestimenta para sus gauchos: ponchos, chaquetas, pantalones, yerba, hierro para las armas, además de centenares de caballos y mulas con las que “yapaba”, como decíamos, sus grandes necesidades. Belgrano a su vez, debía afrontar también sus propias e ingentes necesidades con un ejército en recuperación psicológica y material, acantonado en la ciudad de Tucumán.

Largo sería enumerar las palabras de comprensión, afecto mutuo y solidaridad, en tan afligentes circunstancias. Sólo bástenos nombrar una carta fechada en Tucumán el 9 de septiembre de 1816, donde Belgrano decía: “(...) Ayúdeme usted a soportar este peso, que no puedo con él; consérveme su amistad, que nunca faltará, a la que le profesa su Manuel Belgrano”.

Otra carta de las muchas que se cruzaron, Belgrano comunica a Güemes el 23 de febrero de 1817, acerca del triunfo de San Martín en Chacabuco. El encabezamiento dice: “Compañero y amigo querido: Nueva victoria que anuncia el completo fin de los tiranos en Chile (…)”, citada por don David Slodky en su trabajo: Al Encuentro de la Heroína.

Para finalizar, y poner en evidencia la reciprocidad de don Martín Miguel de Güemes, cuando corrían los años postreros de don Manuel Belgrano, el Jefe Gaucho ponía a su disposición su médico personal, el Dr. Redhead, a fin de que se trasladara a la ciudad de Tucumán, donde su dolencia lo tumbaba. Examinando documentos relativos al tema, expongo una copia facsimilar de los mismos, a pesar que este hecho es por demás conocido y tratado en diversos textos.

 

 

            Nota 121

 

El Ministro General de Hacienda, auxiliará al facultativo en medicina, Dr. Dn. José Redhead, con trescientos cincuenta pesos por vía de viático, abonando a más la posta y peones hasta el Pasaje, en concepto de que este gasto, lo motiva la nota particular del Exmo. Señor General en Jefe Dn. Manuel Belgrano, fecha última (¿?) en que pide a este Gobierno, dicho facultativo, para que le cure y asista en la larga enfermedad que padece, dándose esta oportunamente a la superioridad para su aprobación.

Salta 5 de octubre de 1819.

 

 

 

Documento Nº 2

 

Hay un recibo firmado por José Redhead, donde se recibe de los viáticos, por $ 350, para el transporte para ir a Tucumán a curar al Señor General en Jefe del Ejército Auxiliar del Perú, don Manuel Belgrano.

 

 

 

 

Documento Nº 3

 

He recibido del Señor Ministro de Hacienda, dose (sic) reales. Los seis para tres cueros, dos para clavos y cuatro para jabón y sebo, todo para el coche que va el Dr. Dn. José Redhead al Tucumán a curar al Exmo Sr. Gral. en Jefe D. Manuel Belgrano. Salta octubre 5 de 1819-

                                                           Firmado Apolinar de Saravia

 

 

 

 

Documento Nº 4

 

He recibido del Sr. Ministro Gral. de Hacienda, tres pesos, dos reales, por un caballo de silla, para el paje ¿? del Dr. Redhead y el tiro del postillón para el coche, desde esta hasta el Pasaje. Salta, 16 de octubre de 1819

                                               Firmado José Manuel Boedo

 

 

 

 

Documento Nº 5

 

Recibí del Sr. Ministro Contador diez y nuebe pesos (sic), cinco y medio reales que importa la posta de aquí al Pasaje para la conducción del carruage (sic), con que parte al Tucumán el Dr. Dn. José Redhea(sic) a curar al Exmo. Señor General en Jefe Dn. Manuel Belgrano a saber:

Por cuatro cabalgaduras a dos reales desde esta a Cobos, que dista nueve leguas ---------------------------------------------------------------------------------------------------- 9

Por el Postillón a un real por legua ------------------------------------------------ 1.1

Por las mismas cabalgaduras y Postillón, Posta sencilla en las 17 leguas que dista desde Cobos al Pasaje ---------------------------------------------------------------------- 9.4 ½

Total ----------------------------------------------------------------------------------- 19.5 y ½

Salta octubre 5 de 1819

                                               Firma José Manuel Boedo.

 

 

 

Documento Nº 6

 

Recibimos del Sr. Ministro Contador veintiséis pesos, para ir tirando el coche, en que pasa el Dr. José redhead al Tucumán a medicinar al Exmo. Sr. Gral. En Jefe Dn. Manuel Belgrano en la forma siguiente: A mí Lorenzo Villafañe, seis pesos y a los dos compañeros José Tomás Suainaba y Sebastián Ruiz, ocho pesos a cada uno. Salta 5 de octubre de 1819. A ruego de los percibientes que no saben firmar

                                               José Antonio César

Son 26 pesos.

 

 

 

Con esto queda demostrada la fiel dedicación con que don Martín Miguel de Güemes, auxiliaba A UN AMIGO. Belgrano y Güemes no pueden morir en los azares de la ingratitud y del olvido. Sus proverbiales modestias vuelven a encenderse en el recuerdo, ya que jamás volvieron la cara para recoger el agravio y hacer sus defensas.

No pueden morir como decíamos en el olvido, por sus envergaduras, sus trayectorias, sus inteligencias que brillarán siempre en los disímiles campos de sus respectivas actuaciones. Sus espíritus vagarán por estas tierras americanas como el viento en el albedrío de los crepúsculos y sus inspiraciones presidirán las altas palpitaciones del pensamiento nacional. Tal vez ahora los podamos ver mejor, porque así como la luz necesita de la sombra, como así también para poder mejor observar la montaña, es menester alejarse de ella, así también para poder admirar en toda su potencia estas vidas de entrega a la patria, es necesario que la muerte realice la paradojal restauración de la vida, para presentarlos así transparentes, in táctiles, en el plano superior de la inmortalidad.

La República necesita un estrechar de filas, una aglutinación de ideas trascendentes y la sudoración profusa de los músculos dedicados al trabajo, como una manera viva de seguir luchando, hasta la muerte si fuera preciso, para soslayar una vez más las dependencias nacionales. Los países de la región deben unirse sin retaceos, para constituir esa fuerza que haga borrar del labio extranjero, ese gesto interrogante con que todavía nos agravia y, para que echando a vuelo las campanas, el viento divulgue por el mundo, la convicción de que aquí se quedará inamovible, el contrapeso meridional del continente.

De que aquí, con fuerza, en la paz y en el trabajo, bajo la caricia infinita de ese sol de bonanzas que adorna nuestra bandera, haga germinar a la tierra todas sus riquezas, a la selva, sus insondables secretos, al vientre de la montaña todos sus tesoros escondidos, al cielo azul que nos cubre todas sus sonrisas y a la invisible entraña, todas sus respuestas.

Y, si así Dios nos consintiera darnos la fe para la lucha, podremos decir casi como un grito que cubra de orgullo nuestro suelo: Generales, no han sido en vano sus esfuerzos. No ha sido en vano la sangre derramada por tantos argentinos. Tal vez salgamos de nuestro estupor, para que nuestros hijos puedan avizorar una patria grande como los sueños infinitos, fuertes como las espadas que acompañaron sus campañas, brillantes como el genio que los caracterizara y eterna como el sol que ilumina sus glorias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BATALLA DE HUAQUI. FIN DE LA

PRIMERA EXPEDICIÓN AL ALTO PERÚ

 

           

José Alfonso de GUARDIA de PONTÉ ·

 

La Batalla de Huaqui o Guaqui, conocida también como Batalla del Desaguadero o Yuraicoragua, marcó el fin de la primera campaña militar al Alto Perú por parte de la Junta de Gobierno de Buenos Aires. Ocurrida el 20 de junio de 1811 entre las tropas comandadas por el general Antonio González Balcarce y las tropas realistas del virreinato español del Perú al mando del general José Manuel Goyeneche.

 

 

Antecedentes

 

Los antecedentes de la terrible derrota sufrida en el Desaguadero arrancan muy lejos, en Buenos Aires, el 14 de junio de 1810, cuando la Junta de Gobierno comisiona al vocal Juan José Castelli a la formación de un Ejército para hacer frente a insurgentes levantados en Córdoba en contra de la revolución a las órdenes del ex virrey Dn. Santiago de Liniers.

La Junta comenzó una colecta en Buenos Aires para pertrechar a la expedición y se reunió un ejército de 1.150 hombres, al que se les dio una formación apresurada y partió de la capital del ex virreinato, el 6 de julio de 1810, al mando del coronel Francisco Ortiz de Ocampo, secundado por el teniente coronel Antonio González Balcarce, el cual no contaba con experiencia alguna para tamaña empresa, e imbuidos de aires surgidos de la misma revolución francesa llevaban consigo un comisionado político: Hipólito Vieytes y un auditor, Feliciano Chiclana que se incorporó más tarde y que luego fuera nombrado gobernador intendente de Salta del Tucumán. El mando militar estaba sujeto al político y éste a la Junta a través de la Secretaría de Guerra que ocupaba Mariano Moreno.

Esta fuerza expedicionaria, primera en acción militar de la incipiente revolución, en el transcurso de su infructuosa aventura cometió innumerables errores y excesos, en su mayoría a causa de la inexperiencia pero, y sin lugar a dudas, por la soberbia propia de los inseguros que creen ser mejores porque son originarios de tal o cual parte.

El primer acto desbordado de la fuerza expedicionaria es, como todos sabemos, el fusilamiento de Liniers junto con el gobernador de Córdoba del Tucumán, Juan Gutiérrez de la Concha, el teniente gobernador Victorio Rodríguez, Santiago Alejo de Allende y Joaquín Moreno, el 26 de agosto en Cabeza de Tigre. Luego de este acto reprochable y con cambios en el mando, el ejército siguió su curso hacia el norte. Paso a paso iban engrosándose sus filas con hombres idealistas imbuidos de los aires de libertad. En Santiago del Estero se formó un Batallón de Patricios Santiagueños comandados por el coronel Juan Francisco Borges. En Salta y Jujuy gauchos aguerridos y conocedores del terreno a las órdenes de Martín Miguel de Güemes. Más tarde, en Tarija, se sumarían los caudillos Méndez y Arraya.

 

 

1. Cotagaita, primera acción

 

El primero en entrar en suelo enemigo fue el mismo Martín Miguel de Güemes comandando tropas de Salta y Jujuy, es así como el 3 de setiembre toma un pequeño campamento realista donde se apodera de valiosa información como el sitio de la vanguardia enemiga, órdenes, armas y fuerzas que aglomeraban los del rey. (Archivo General de Nación - Sección Trelles p. 56). Llegado el Ejército Expedicionario a las órdenes del general González Balcarce se incorporó Güemes con su partida de observación. Posteriormente se le confió a Güemes la misión de ocupar la ciudad de Tupiza, la que verificó sin resistencia alguna. Después seguiría a Tarija donde formaría una división de voluntarios que se sumaría a los ya reclutados en los Valles de Salta y Jujuy. Entre tanto, el grueso de las fuerzas realistas al mando de José de Córdova había establecido su cuartel general en Cotagaita, a 400 kilómetros al norte de Jujuy.

Ya próximos ambos enemigos, Córdova adopta una actitud defensiva o mejor dicho cautelosa, ya que el jefe realista, militar experimentado, no conocía a su enemigo y prudentemente decide esperar a que los revolucionarios realicen los primeros movimientos. González Balcarce tomó la iniciativa. Primero se aseguró de haber recibido las cargas de municiones de la artillería, luego avanzó y se situó en Cazón a 3 leguas de las trincheras enemigas.

Antes de iniciar el combate, González Balcarce dirigió un oficio “A los señores generales, comandante de los cuerpos y oficiales de la tropa del Alto Perú”, indicándoles sus buenas intenciones e invitándoles a rendirse o retirarse. Actitud soberbia para un principiante de la guerra ante experimentadas fuerzas reales. Soberbia que no se respaldaba tampoco en lo estratégico ya que las fuerzas patrias contaban con menos hombres y material bélico, sitiando a fuerzas más numerosas, mejor armadas, experimentadas y muy bien atrincheras en una fortaleza natural inexpugnable. El resultado es absolutamente lógico: en este desafortunado encuentro las fuerzas patrióticas perdieron tres hombres, cuarenta y cinco heridos, siete prisioneros y una decena de efectivos se pasaron al bando realista. Afortunadamente el enemigo no intentó perseguirlo, puesto que no contaba con cabalgaduras.

 

 

2. Suipacha

 

Luego de Cotagaita las fuerzas patriotas retrocedieron a Tupìza donde se reorganizaron. Al cuerpo central se suman las fuerzas gauchas y milicianas de Salta, Jujuy, Tupiza y Tarija, unos 200 hombres más la incorporación de 100 hombres de Buenos Aires que venían del sur. Córdova, habiendo observado la incapacidad militar de González Balcarce, avanza seguro de vencer a un enemigo tan inexperto. El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza, luego de recibir refuerzos de Nieto con 200 veteranos provenientes de Chuquisaca. Al día siguiente, Balcarce desalojó aquel pueblo que fue ocupado por los realistas, y se situó en Nazareno el 6 de noviembre, ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió refuerzos provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería.

Córdova recibe informes de sus espías sobre la moral combativa de las fuerzas de González Balcarce, convenciéndose de que se retiraban descontentos y mal armados y por lo tanto sería relativamente fácil dispersarlos. Lo que no tiene en cuenta es la actitud de las milicias gauchas de Güemes que se encuentran expectantes y muy concentradas. González Balcarce ordena retroceder a Tarija dejando a las fuerzas Milicianas Gauchas como resguardo de retirada. Córdova y Nieto viendo el retiro de tropas patriotas deciden perseguirlo al día siguiente y ordenan acampar sus tropas al margen del río Suipacha.

Este es justamente el momento clave, las tropas concentradas en Nazareno a las órdenes de Güemes, acompañadas de la caballería chicheña de Tupiza comandada por el coronel Pedro Arraya – imprevistamente - atacan el Campamento realista de Suipacha el 7 de noviembre obteniendo un triunfo contundente. El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Mayo.

Castelli, que estaba en Yavi en el momento de la batalla, el 8 de noviembre informa a Buenos Aires sobre la victoria – parte de guerra que luego terminaría en Tupiza el 10 de noviembre. En el mismo, omite resaltar la importancia de las fuerzas gauchas salto-jujeñas-tarijeñas y sólo les confiere un papel secundario en la importante victoria. Ante este agravio, las fuerzas comandadas por Güemes se retiran del Ejército del Norte. La falta de reconocimiento a estos hombres será una de las causas que decidirá la suerte de la campaña ya que el ejército expedicionario perdería milicias importantes, conocedoras del terreno, afines a las personas y soldadesca que se iba sumando y fundamentalmente el espíritu aguerrido del hombre que pelea en su territorio, en defensa de su tierra. De aquí en más el camino hasta el momento culmine, Hoaqui, será una cadena de hechos desafortunados, desaciertos y acciones irresponsables que irán forjando un final desastroso e irremediable:

1) Cumpliendo órdenes de Buenos Aires y como castigo por la represión de 1809 en las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, los jefes realistas José de Córdoba, Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz fueron capturados en Potosí y ejecutados, crueldad que inmediatamente se consideró innecesaria y mal visto por la población local indecisa con respecto a qué bando elegir.

2) El segundo acto perturbador fue que Castelli confiscó el rico contenido de las reales cajas de Potosí y los caudales encontrados en Chuquisaca. No es difícil imaginarse que las ciudades al verse privadas súbitamente de sus presupuestos, sin duda se resintieron en todos los órdenes de su administración, con la consiguiente disconformidad de los habitantes, quienes debieron alternar su fervor independentista, con el perjuicio y desorden que éste empezaba a acarrearles.

3) Otro acto imperdonable fue la autorización a la soldadesca patria de lanzarse al pillaje en perjuicio de la población civil. En este sentido nuestras tropas ya no eran libertarias sino una brutal fuerza invasora.

4) Otro de los errores que se considera lamentable fue que, llegados a la Paz, las fuerzas armadas revolucionarias hicieron su entrada en la ciudad en medio de las festividades de uno de los días de la Semana Santa, con lo cual, la impresión de impiedad y desinterés religioso que produjeron fue tremenda, en una comunidad donde estos sentimientos eran casi todo, y que llevó a que no pocos ciudadanos paceños se preguntaran preocupados qué clase de cambios produciría finalmente esta revolución desprovista de algunos valores que ellos consideraban fundamentales.

5) Otra cuestión a tener en cuenta fue el modo de pensar de los oficiales de Buenos Aires que provenían de ambientes culturales que habían absorbido con intensidad diversos aspectos de la filosofía volteriana, provenientes de la revolución francesa que había roto con no pocas de las viejas estructuras de pensamiento de Europa. Esta forma de pensar chocó con las más antiguas tradiciones de las ciudades de provincia donde se encontraban ahora, a las cuales, las ideas revolucionarias recién empezaban a llegar, y sin duda sintieron el golpe súbito de toda una ola cultural, para la que no estaban totalmente preparados.

6) Por otro lado, la permanencia inactiva de las tropas patriotas en Potosí durante meses relajó la disciplina y el espíritu de combate. Además, algunos oficiales se dieron a la vida licenciosa, emborrachándose por las noches y causando disturbios y grescas que muchas veces tomaba vidas entre los lugareños.

 

Ya el 20 de abril de 1811, Castelli sufre un levantamiento contrarevolucionario en Potosí, organizado por dos marinos venidos con Córdova desde España de nombres Miguel Goñi y Pedro Lobo. El levantamiento fue reprimido y sus impulsores fueron enviados encadenados a Salta para ser juzgados.

Era tan grande la desorientación de los hombres de Buenos Aires que un suceso poco conocido nos ilustra inmejorablemente. Este suceso transcurrió el 25 de mayo de 1811, en Tiahuanaco, para celebrar el aniversario de la Revolución de Mayo, pero paso a transcribirles a Frías: “(...) Eligió así Castelli lugar tan imponente para lograr más grandes los efectos en el acto que meditaba realizar; porque allí revivían las grandes tradiciones, y la opresión sería sentida mas hiriente con la ternura de los recuerdos, viendo aquellos pueblos, congregados allí en asamblea, como se ligaban dos épocas de su historia, aquella de una patria antes poderosa y libre, y ésta otra del reinado de la igualdad, cuya rosada aurora parecía amanecer, al fin, en el seno de aquellas ruinas veneradas, de aquella ciudad santa; sede que en otrora había sido del esplendor, del poder y de la gloria de sus antepasados. Hasta la misma cercanía del sagrado lago Titicaca, en el seno de cuyas aguas había engendrado el sol, según la leyenda, a Manco Capac, primer rey y padre civilizador del pueblo peruano, daba motivos para que se rodeara el espectáculo de sublime y melancólica grandeza. Castelli allí, subiendo a ocupar aquella majestuosa tribuna, en medio de los pueblos de indios congregados a propósito, hizo la solemne proclamación de sus derechos en nombre de la Junta de Buenos Aires; pintándoles al terminar, en lenguaje estudiado y vehementísimo, cuáles eran los abusos y las crueldades del despotismo que ya conocían, y cuales los beneficios de la libertad que él venía a traerles; y es fama que hecho lo cual, les preguntó, aguardando proclamaran por unanimidad sus banderas democráticas: Ya habéis visto los males y los bienes que os ofrecen el uno y el otro sistema; pues bien, ahora decidme vosotros: ¿qué quereis?. Y la indiada, a coro, le respondió en su mala jerga y recordando lo que tenía costumbre de que se le diera en todas sus fiestas y reuniones: ¡Abarrente, tatay! (Aguardiente, señor). ¡El ilustrado revolucionario, que sin duda lo fue, no había logrado entender ni hacerse entender por los desposeídos!” y mientras realizaba ese imponente y patético acto, Goyeneche se rearmaba y como un tigre agazapado esperaba el momento decisivo.

 

 

3. Tregua del Desaguadero

 

El 11 de mayo, el Dr. Castelli remite una nota a la Junta informándole las intenciones de entablar negociaciones con el brigadier Goyeneche a fin de lograr un armisticio o tregua que le permita ganar tiempo para reorganizar su ejército, el cual se encontraba en pésimas condiciones de disciplina y moral. Necesitaba además con urgencia reaprovisionarse de armamento y cabalgaduras. Contradictoriamente terminaba diciendo que contaba con seis mil hombres bien preparados y dispuestos a morir por la libertad.

Goyeneche también necesitaba tiempo para movilizar tropas desde el Perú y terminar una serie de fortificaciones importantes. En estos términos el armisticio se firmó el 14 de mayo entre los dos beligerantes por el término de cuarenta días.

En definitiva esta tregua beneficiaba a los realistas ya que les daba tiempo de recibir los refuerzos que necesitaban para poder hacer frente al ejército de patrio, el cual se deterioraba día a día en su disciplina y efectividad.

 

 

4. Momentos Preliminares

 

Luego del armisticio que no fue cumplido por ninguno de los dos bandos y dado que Abascal, Virrey del Perú, no se fiaba de Castelli, envió nuevos refuerzos y abastecimientos a Goyeneche, quien continuó los preparativos bélicos. Advertido Castelli de estos preparativos, movió su ejército desde el campamento de La Laja, en el que se había instalado a principios de abril, hacia el nuevo campamento en Huaqui para guarnecer el paso del río Desaguadero (denominado Puente del Inca) y observar los movimientos realistas, lo que constituía una violación flagrante del armisticio firmado por ambas partes.

Un nuevo suceso viene a sumarse a los problemas del ejército expedicionario, de Buenos Aires se reciben noticias de la destitución de Mariano Moreno y la caída de todos sus hombres. Saavedra está indeciso de remplazar a Castelli y éste no está seguro de regresar a Buenos Aires con su ejército para derrocar a Saavedra.

 

 

5. Las Fuerzas y disposición de batalla

 

Los realistas se disponían en tres grupos, una vanguardia, una gran guardia o avanzada y un núcleo cerrado o grueso de tropa[43].

La Vanguardia: La infantería, el Regimiento de Línea del Cuzco; batallones 1º al mando de Francisco de Picoaga y 2º con Fermín Piérola, y el Batallón de Milicias de Abancay, todos sumaban unos dos mil hombres, estacionados al oeste del Río Desaguadero en un paraje llamado Zepita. Contaba con cuatro piezas de artillería.

Avanzada: emplazada en la cuesta de Vila Vila cubriendo los caminos de Huaqui que conducían al Desaguadero. Dispuestos a la derecha el Segundo Batallón del Regimiento Fijo Real de Lima al mando del coronel Antonio Suárez, emplazado en las laderas del cerro de San Andrés; a la izquierda, un destacamento compuesto por los Dragones de Chumbivilcas, el Escuadrón de milicias de Dragones de Arequipa al mando de Pedro Galtier Winthuysen. Emplazado en el poblado de Yunguyo estaba los Escuadrones de milicias de Dragones de Tinta al mando de Francisco de Paula González y el Escuadrón de milicias de Azángaro.

Grueso: detrás de Zepita estaban los Batallones Fernando VII, de milicias de Puno; de milicias de Paruro, y de milicias de Paucartambo.

 

Los Patriotas, por su parte, estaban distribuidos en[44]

Vanguardia: al mando del Cnel. Díaz Vélez con un batallón del Regimiento nº 6 – unos trescientos hombres con tres cañones apostados al costado de la quebrada de Yuraicoragua.

Grueso: dividido en dos partes, una al mando del general González Balcarce, otra al mando del teniente coronel Bolaños.

Caballería: detrás de Bolaños al Norte de Huaqui.

La Batalla:

 

 

 

Los ejércitos estuvieron uno frente al otro durante mucho tiempo, sus jefes temerosos se mantenían a la defensiva. La situación se puso insostenible. Goyeneche convocó a sus oficiales el 19 de junio para instarlos a atacar. En dicha reunión, que duró tres horas, el comandante supremo de las fuerzas realistas tuvo que apelar a toda su autoridad para convencer a sus subordinados a tomar la iniciativa. Se resolvió atacar a las tres de la madrugada del 20 de junio.

Castelli también había decidido atacar el 20 pero a las 7 de la mañana, con un buen golpe de la caballería patriota sobre el puente que estaba al oeste del Río Desaguadero protegido por el Regimiento de Línea del Cuzco al mando de Francisco de Picoaga[45].

Goyeneche atacó en bloque con su grueso de ejército sobre el centro donde estaba posicionado Díaz Vélez, el cual le hizo frente durante una hora pero al no poder frenar el avance tuvo que retroceder. La Caballería patriota al mando de Rivero, tuvo que salir a cubrir la retirada del Regimiento Nº 6 evitando una verdadera masacre, aunque no pudo evitar la pérdida de tres cañones[46].

Fue entonces, cuando González Balcarce hizo frente a la embestida realista frenándola en furiosa carnicería durante dos horas, pero tampoco pudo soportarla y debió replegarse, el resto de la batalla se convirtió en innumerables escaramuzas desordenadas.

Los patriotas trataron de atrincherarse, pero fueron barridos con fuego de artillería de los nuevos obuses recibidos de Lima y cuando la caballería patriota fatigada y desmembrada no pudo ya arremeter contra las fuerzas de Goyeneche, la batalla se terminó, dispersándose las tropas patrias en diferentes direcciones, con el saldo para éstas, de más de mil hombres perdidos y abandono de numeroso parque y artillería.

 

 

Epílogo

 

La 1era. Expedición al Alto Perú marca en primer lugar la inexperiencia de nuestros hombres, tanto políticos como militares. Pero fundamentalmente nos muestra que una derrota militar de estas características no es casual, es simplemente una consecuencia.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN ARGENTINA Partes y documentos relativos a la Independencia Argentina.

ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN – Publicación Oficial. Buenos Aires – 1894. Tomo I.

 

BIDONDO, Emilio A.: “La Expedición y Auxilio a las Provincias del Interior 1810 – 1812”. Ed. Círculo Militar 1987.

CORNEJO, Atilio: “Historia de Güemes”, Segunda Edición. Talleres Artes Gráficas S. A. Salta, 1971.

LEVENE, Ricardo: “Historia Argentina”. Buenos Aires, 1932.

PAZ, Luis: “Historia general del Alto Perú, hoy Bolivia”, Tomo II. Imprenta Bolívar. Sucre, Bolivia, 1919.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PATRIOTISMO GAUCHO

 

 

María Cristina FERNÁNDEZ ·

           

 

            1. Fe y confraternidad

           

            Cada año se renueva en Salta la llama del Milagro. Llama que congrega a miles de devotos que mediante peregrinaciones, oración, gestos solidarios, arte, etc. expresan su amor al Señor y a la Virgen del Milagro. La devoción a los Santos Patronos forma parte del acervo que identifica al salteño pero no sólo se expresa durante el novenario y la magnífica procesión del 15 de setiembre. En cualquier momento del año se puede vivir el Milagro, especialmente desde el patriotismo.

En 2008, cuando en la ciudad de Salta y en otras poblaciones de la provincia ya se vivía la antigua y especial festividad, un puñado de gauchos brotó de las entrañas de la tierra para marchar desde Salta hasta Jujuy. No fue una marcha más, fue una marcha presidida por la imagen de la Virgen Peregrina del Milagro construida en el año 2000. Ese año encabezó a cinco jinetes que unieron Salta con Buenos Aires (1600 km) en homenaje al Gral. Martín Miguel de Güemes. Esta vez recorrió 240 Km, desde Potrero (Depto. Rosario de la Frontera) hasta la ciudad de Jujuy. La institución convocante fue la Marcha Patriótica Permanente Gral. Martín M. de Güemes "Salta de Pie", que reunió a gauchos de Santiago del Estero; Tucumán; El Naranjo; El Jardín; El Tala; Rosario de la Frontera, El Potrero; Balboa; Metán; Lumbreras y General Güemes. En comunión de ideales marcharon desde el 15 al 21 de agosto evocando el 196º aniversario del Éxodo Jujeño.

El día de la partida se recordaba la Asunción de la Virgen María por lo cual los marcheros recibieron la Bendición apostólica en el Cerro Termas, Rosario de la Frontera, donde se venera a la Virgen de la Montaña. En el mismo acto se bendijo una réplica de la Bandera de Macha, donada por el Instituto Belgraniano, que a partir de entonces es enarbolada por quienes con su sacrificio dignifican al Gaucho.

En el trayecto (El Potrero, Balboa, Rosario de la Frontera, Yatasto, Metán, acceso a Río Piedras, Lumbreras, Juramento, Cruz Quemada, Palomitas, Güemes, Pampa Blanca, Las Pampitas, Palpalá, San Salvador de Jujuy) la Marcha recibió el reconocimiento del pueblo y de las autoridades. Se realizaron importantes actos entre los que se destaca el homenaje al gaucho Jorge Salgado en Metán Viejo; al Gral. José de San Martín en Lumbreras y a don Laureano Juárez, el último chasqui, en Gral. Güemes. La totalidad de las noches los jinetes descansaron sobre el apero, la mayoría de ellas a la intemperie, enfrentando privaciones y experimentando las inclemencias climatológicas.

La Imagen Peregrina de la Virgen del Milagro marchó en un hermoso caballo guiado por el vicepresidente de la Agrupación Tradicionalista “El Bagual” de Balboa, Roberto Díaz. Cada noche, excepto en dos ocasiones, la Imagen quedó a resguardo en lugares Sagrados (Capillas o Parroquias) y expuesta a la veneración popular. Diariamente, al iniciar la jornada, los Gauchos y el personal de apoyo se reunían a su alrededor implorando protección.

Cada día, se revitalizó la relación fraternal que une al gaucho con sus pares de otras Provincias, en sus ideales, fe y afectos. El vínculo los aunó en el reconocimiento al heroísmo de sus antepasados, reafirmando y resguardando el patrimonio histórico y tradicional.

Aquellos que protagonizaron la epopeya emancipadora son representados hoy, tanto en la fe como en el patriotismo, por quienes marchan contra el olvido, la indiferencia, el vacío, incentivando a mantener valores, tradiciones, el respeto a los símbolos patrios y en suma, la identidad. Por ello la movilización se realizó a lomo de mula o a caballo, con indumentaria acorde al lugar de pertenencia, portando Banderas y Estandartes, alimentándose y pernoctando a la intemperie, para vivenciar parte de las privaciones y esfuerzos experimentados por quienes nos precedieron.

Con gran alegría y satisfacción los 73 jinetes que llegaron a San Salvador de Jujuy recibieron a su paso el aplauso de una Ciudad que los recibió con calidez. Con el poncho cubierto por el polvo del camino, la sed acosando las gargantas y las Banderas en alto, los gauchos lograron la ansiada meta. Al alcanzarla exaltaron las gestas Sanmartiniana, Belgraniana y Güemesiana; promovieron la integración cultural reafirmando lazos de hermandad; fortalecieron los valores que cimentan nuestra identidad y, por sobre todo, fecundando el recuerdo de quienes heroicamente nos legaron una Patria en libertad.

Reivindicando la figura del Gaucho, el día 23 encabezaron el desfile durante el acto central, acompañados por otros que se sumaron a quienes marcharon. Las Banderas de la Nación, la Papal, la réplica de la de Macha, las de las Provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero, fueron lucidas con gallardía.

Fue Jefe de Marcha el señor Adrián Checa Teseyra, Coordinadores los señores Carlos José López y Ciro Arias. Entre los marcheros se encontraban varios niños y jóvenes, destacándose Roberto Adrián Jurado Checa de siete años que cabalgó 200 km (desde Rosario de la Frontera hasta Jujuy) constituyendo un ejemplo de tesón y fortaleza.

 

 

2. Patriotismo gaucho

 

La Prof. María Cristina Fernández, quien acompañó la Marcha desde la Ciudad de Rosario de la Frontera hasta la de San Salvador de Jujuy, contribuyó durante todo el recorrido con la divulgación y concientización de la gesta independentista. En adhesión al loable esfuerzo realizado por los distintos Fortines y Agrupaciones, redactó el cuadernillo titulado “Patriotismo Gaucho” en el que reseña los principales acontecimientos de la gesta que independizó el país. Su redacción está dedicada a los integrantes de las siguientes instituciones, en la persona de sus presidentes:

Enrique Omar Zelaya (Fortín El Naranjo); Olegario Juárez (Fortín El Jardín); Roberto Ciro Gómez (Fortín “Pachi Gorriti”, R. de la Frontera); Eduardo García (Fortín “Manuel Chamorro”, El Tala); Fredy Padilla (Fortín “San Isidro”, El Potrero); Adrián R Checa Teseyra (Agrupación Tradicionalista “El Bagual”, Balboa); Pablo Sarmiento (Agrupación “Raíces gauchas”, R. de la Frontera); Hernán Pérez (Agrupación “Bicentenario”, Tucumán); Rodolfo Figueroa (Fortín “José Ignacio Sierra”, Metán); Pedro Juárez (Fortín “El Palenque”, Lumbreras); Carlos Alberto Coronel (Fortín “Posta de Yatasto”, Metan) y Mariela Calvó (Fortín Macacha Güemes, de Gral. Güemes).

 

 

3. Fundamentación

 

El Gaucho, expresión que identifica al poblador rural, con ideas, costumbres, tradiciones y actividades típicas, posee en el Norte Argentino características únicas debidas al momento histórico en el que se moldeó. Hombre sencillo, humilde, respetuoso de la naturaleza, profundamente apegado a su terruño y dotado de un gran sentido del honor, unió su raigambre y su espíritu libertario para constituir el cimiento sobre el cual se edificó nuestra Patria.

Hasta 1810 vivía como peón, baqueano, puestero, arriero, agricultor, en estrecha armonía con la tierra y sus misterios. Con el movimiento de Mayo paulatinamente su situación social cambió y como consecuencia de los acontecimientos de los que fue partícipe pasó a ser conocido con el honroso título que con orgullo aún ostenta, el de Gaucho. Aquel a quien Juan Carlos Dávalos considerara el primer argentino y cuya consagración le fuera dada por su guía y protector: Martín Miguel Juan de Mata Güemes.

Las instituciones tradicionalistas mantienen vigente la memoria de este General a quien el historiador boliviano Alcides Arguedas llamó “el alma de los gauchos”. Entre ellas se encuentra la Marcha Patriótica Permanente Gral. Martín Miguel de Güemes “Salta de Pie”, fundada en el Departamento de Rosario de la Frontera (Provincia de Salta) el 20 de enero de 2005. A través de ella los representantes de todos los Fortines y Agrupaciones Gauchas de Rosario de la Frontera, promueven la reivindicación de la figura del héroe gaucho, fortaleciendo vínculos de amistad, propiciando actos cívicos, patrióticos y culturales, para reafirmar y resguardar el patrimonio histórico y tradicional.

En cumplimiento de sus objetivos y siguiendo el ejemplo dado por el prócer marchan convocando a la hermandad y confraternidad de los pueblos con un pasado común. Como contribución a la labor que la institución desarrolla y en comunión de objetivos, se redactó una breve caracterización de la Gesta Güemesiana, impresa y distribuida gratuitamente por la autora, adhiriendo al esfuerzo de cada marchero y sus acompañantes.

 

 

4. Hermanados desde la cuna

 

Gabriel de Güemes Montero, santanderino, llegó desde España a Jujuy en 1777 para desempeñar el cargo de Oficial de las Cajas del Rey del recientemente creado Virreinato del Río de la Plata. Allí se casó con María Magdalena de Goyechea y la Corte, descendiente del fundador de la Ciudad, Francisco de Argañarás y Murguía. Cuando en 1783 se creó la Intendencia de Salta del Tucumán don Gabriel fue ascendido a Ministro Tesorero de Real Hacienda por lo que junto a su esposa y el primogénito, Tomás Manuel, se trasladó a Salta, Capital de la Intendencia. Allí nacieron Martín Miguel (en 1785) y otros siete hermanos.

Desde el surgimiento de la Patria, y al ser Salta la única Intendencia que adhirió a la Revolución de Mayo, Martín Miguel hermanó hombres y sentimientos. Cuando le fue encomendado interferir en los planes de los realistas de Córdoba y los del Alto Perú, lo hizo comandando milicias gauchas regladas de origen salteño, jujeño y tarijeño. La pequeña pero eficaz fuerza operó como Avanzada del Ejército Auxiliar cuyo objetivo era recuperar las Intendencias de La Paz, Cochabamba, Charcas y Potosí, anexadas por los contrarrevolucionarios al Virreinato del Perú.

La división al mando de Güemes auxilió a la artillería patriota el 27 de noviembre de 1810 en Santiago de Cotagaita antes del ataque del Gral. José de Córdoba y luego protegió la retirada. En Suipacha, el 7 de noviembre, la vanguardia del Ejército Patriota, formada por las caballerías gauchas de Salta, Jujuy y Tarija, registró la única victoria en territorio altoperuano, la que fue desaprovechada. Los realistas se dispersaron abandonando la artillería. Juan José Castelli –jefe del ejército patriota- envió a Güemes a Cinti (proximidades de Charcas, hoy Sucre) con una misión militar y las cuatro Intendencias del Alto Perú fueron recuperadas.

El 2 de diciembre el capitán de Patricios Roque José de Tollo llegó a Buenos Aires llevando la noticia de lo sucedido y la bandera del Regimiento de la Plata arrebatada por los hermanos Gallardo, salteños, que se conserva en el Cabildo de Buenos Aires. Cuando en el Regimiento de Patricios se celebró el triunfo un capitán proclamó al Pdte. de la Primera Junta y Jefe de Patricios, el potosino Cornelio Saavedra, “Rey y Emperador de toda América”. Esto motivó que Mariano Moreno redactara un Decreto de supresión de honores a los funcionarios públicos que en su artículo 11 expresa: “Habiendo echado un brindis don Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente y atacó los derechos de la Patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se le destierra perpetuamente de esta ciudad, porque un habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país”. Esta fue otra consecuencia, inesperada, de la victoria de Suipacha.

Durante 1811 Güemes continuó desempeñándose militarmente en Salta y Jujuy. Luego de la derrota de Huaqui (20 de Junio) auxilió a Juan Martín de Pueyrredón en el traslado de los caudales de Potosí, escoltándolo con sus milicias heroicas hasta Campo Santo (Salta). Cuando Pueyrredón se hizo cargo del Ejército Auxiliar designó a Güemes 2do Jefe de la Vanguardia. Pueyrredón fue reemplazado por el Gral. Manuel Belgrano en marzo de 1812, quien envió a Güemes a Santiago del Estero y luego a Buenos Aires, de donde regresó a Salta en enero de 1814 junto al Gral. José de San Martín.

 

 

5. Las batallas de la Unión Nacional

 

Luego de triunfar en Huaqui, el ejército español recuperó las Intendencias Altoperuanas y avanzó sobre Jujuy a las órdenes del Gral. arequipeño José Pío Tristán. En un angustiante marco, Belgrano intentó elevar la moral patriótica recordando el 2do. aniversario del movimiento de Mayo. El 25 hizo bendecir la bandera que creara a orillas del Río Paraná ignorando que el gobierno central no la autorizaba.

El plan realista contemplaba la concentración de fuerzas y el avance hacia Córdoba donde se reunirían las tropas de Tristán con las de Osorio, que desde Chile cruzaría Los Andes, y los realistas que operaban en Montevideo. El objetivo era recuperar Buenos Aires y con ello el dominio del apetecido Virreinato. El ejército patriota, empobrecido y sin recursos, era considerado en incapacidad de defensa. Por ello el Triunvirato ordenó a Belgrano evacuar desde Jujuy hasta Córdoba, liberando el inmenso territorio al enemigo. El sacrificio comenzó en Humahuaca. Bajo permanente acoso de los bien pertrechados enemigos, los pueblos marcharon regando con dolor la tierra que amaban hasta que el 3 de setiembre de 1812 en Las Piedras (Sur de Salta) tras un breve combate paladearon la victoria. Imbuidos de valor y heroísmo, pese a la insistente orden de continuar la marcha, los obligados protagonistas del éxodo decidieron enfrentar a Tristán.

Conscientes de que el territorio que dejaban podía ser irrecuperable, el 24 de setiembre las tropas al mando de Belgrano triunfaron en Tucumán. Esa batalla es considerada por el Dr. Armando Raúl Bazán como la batalla de la unión nacional debido a que en ella pelearon salteños (al mando de José de Moldes), jujeños, tucumanos (reunidos por Bernabé Aráoz), santiagueños, catamarqueños, altoperuanos (al mando de Manuel Ascencio Padilla y de Pedro Flores) y restos de regimientos porteños. El temido ejército de Tristán fue derrotado por gauchos y tropas regulares, hermanados en la defensa del territorio. El triunfo, consecuencia de la desobediencia de Belgrano, provocó la caída del Primer Triunvirato. Tristán fue nuevamente vencido en Salta, en otra batalla popular donde se unieron fuerzas, voluntades, bravura, patriotismo y fe. Allí la mujer tuvo papel decisivo tanto en las tareas de espionaje como de inteligencia y las demostraciones de valor como la dada por Martina Silva de Gurruchaga que organizó una tropa de caballería gaucha contribuyendo a la derrota realista.

José de Goyeneche renunció a la jefatura del Ejército Realista y fue reemplazado por Joaquín de la Pezuela. También como consecuencia de ese triunfo, los jujeños recuperaron su Ciudad. Después de siete penosos meses, desde Salta, cual protección maternal, llegaba la libertad. En el libro de actas Belgrano escribió el 21 de Marzo de 1813: “Aquí concluyó el Cabildo establecido por la tiranía que fue repulsada, arrojada, aniquilada y destruida con la célebre y memorable victoria que obtuvieron las armas de la Patria el 20 de febrero de 1813, siendo el primer soldado de ellas ‘Manuel Belgrano’”. En memoria perpetua de aquellos sucesos y como homenaje al pueblo jujeño, el prócer hizo pintar sobre un paño blanco el Escudo de la Asamblea General Constituyente del año XIII, símbolo al que llamó Bandera Nacional de la Libertad Civil con la que reafirmaba la voluntad de constituir una nueva Nación. Bendecida el 25 de mayo de 1813, fue adoptada por Ley Nº 4816/94 como Bandera de la Provincia de Jujuy.

Lamentablemente la derrota del ejército realista no implicó el fin de la lucha. Belgrano se posesionó de Potosí en junio, alentando la organización de tropas. Sobrevinieron Vilcapugio y Ayohuma (1 de octubre y 14 de noviembre de 1813) y nuevamente el ejército patriota debió retirarse, vencido. Acosado por Pezuela, Belgrano ordenó el segundo éxodo jujeño a mediados de enero de 1814. Mientras delegaba el mando en el Gral. José de San Martín los realistas ocupaban Jujuy y luego Salta.

Ante la difícil situación, San Martín nombró a Güemes Jefe de Avanzadas del Río Pasaje (hoy Juramento, al sur de Salta) confiándole un extenso y estratégico territorio para contener al invasor. El ejército patriota fue concentrado en Tucumán donde se intentó disciplinarlo y reorganizarlo. Convencido San Martín que el fin de la oposición debía ser buscado por vía marítima, solicitó su relevo y fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo, donde organizó el cruce de los Andes.

 

 

6. “Los campeones que tengo el honor de mandar”

 

Las tropas gauchas al mando de Güemes lograron, tras un continuo hostigamiento, innumerables refriegas y ataques por sorpresa, desgastar las de Pezuela. Después de siete meses de una cruel invasión en la que se destruyeron propiedades, se saqueó ganado, cosechas y se hizo vivir dramáticos momentos a los defensores de la causa, los realistas fueron obligados a retroceder hasta Cotagaita. Luego de ello Rondeau avanzó con gran lentitud hacia Perú, su ejército padecía de ineficiencia y corrupción, lo que favoreció que uno de sus oficiales, Martín Rodríguez, fuera sorprendido en El Tejar (Norte de Jujuy) y tomado prisionero.

El 23 de febrero de 1815, mediante Proclama, Martín Miguel de Güemes, coronel comandante del Cuerpo Militar de los Paisanos de la Campaña de la Provincia de Salta decía: “Patriotas: ved el cuerpo militar de vuestros hermanos los gauchos que se une, se forma y sale a la campaña en los breves momentos de cuatro días: observad el gozo, la alegría y júbilo con que van a presentarse al frente de un ejército orgulloso, sin que a ninguno de estos héroes acompañe aquel temor que constituye los esclavos viles y ruines”. “Confiad en los campeones que tengo el honor de mandar y tened el consuelo que estos brazos fuertes e incorruptibles os darán la libertad que anheláis y la seguridad que deseáis”. El espíritu libertario del gaucho fue orientado por Güemes al ideal de Independencia. El cuerpo militar que conformaban defendía entonces la Intendencia de Salta, que un año antes había sido separada de Tucumán.

Ante la inacción del Ejército Auxiliar, Martín Güemes atacó a la división de Antonio Vigil, derrotándola en Puesto del Marqués el 14 de Abril de 1815. Este nuevo lauro de las tropas gauchas trajo como consecuencia la designación de Güemes como Gobernador de la Intendencia. A raíz de ésa derrota los realistas desocuparon Potosí y Charcas sin que el Ejército Auxiliar disparase un solo tiro o arriesgara un solo soldado. Rondeau avanzó en condiciones favorables ya que el Alto Perú estaba bajo dominio patriota a través de los caudillos locales. Sin embargo fue derrotado en Venta y Media (20 de octubre) y Sipe Sipe (29 de noviembre) perdiendo otra oportunidad de finalizar la cruenta lucha.

 

 

7. Protector y padre de los paisanos

 

Por disposición de Rondeau, Güemes había sido reemplazado en el mando de la Vanguardia del Ejército Auxiliar por Martín Rodríguez, con quien había tenido un serio enfrentamiento a raíz del trato que el porteño daba a sus gauchos. Los valores y estima que les profesaba Güemes eran advertidos por otros. Cuando fue elegido gobernador, un salteño que se encontraba en Buenos Aires –Juan Francisco Sevilla- le ofreció ponerse bajo sus órdenes junto a sus paisanos. En un párrafo le decía: “Veo en este hecho tan cabal brillar el iris que nos ofrece que no volveremos a ser esclavos, se disipan ya las nieblas del horizonte de nuestra felicidad y veo también constituido en nuestro gobernador un protector y padre de mis paisanos que tan injustamente han sido despreciados y mirados con abandono”.

El 2 de julio de 1817 el cadete Juan Antonio Blasco solicitaba a Güemes auxilio por encontrarse en extrema pobreza escribiéndole: “Me veo obligado a ocurrir a la protección y amparo de V.S para que como padre que es de los pobres se digne socorrerme”. Además de protegerlos, Güemes confiaba en ellos. Esta confianza, siempre explícita, operaba como fuerte estímulo. El honor con el que actuaban, el conocimiento del medio, las actividades que desarrollaban para proveerse de alimentos, vestidos, información, socorros, etc. los convirtieron en insustituibles en aquél proceso. Partícipes irreemplazables, los gauchos sostuvieron la libertad e independencia de la Patria, rubricando con heroísmo nuestro destino.

 

 

8. La heroica defensa de la Patria

 

Mientras Rondeau regresaba derrotado del Alto Perú, Güemes se esforzaba por obtener recursos para contener al enemigo. El 24 de diciembre de 1815 escribía desde Salta al Comandante Gral. de la Puna, su primo Juan José Fernández Campero: “Sobre mi salida de aquí no sé qué le diga a usted. Lo cierto es que yo lo deseo vivamente, pero si no se me proporcionan auxilios es un imposible verificarlo. No tengo una mula, ni un caballo, ni un peso ni cosa que se parezca. A Tucumán he pedido municiones y se me ha negado”. Al día siguiente, Fernández Campero le escribía desde Yavi: “Trate usted a toda costa de marchar hasta éste punto con la posible fuerza armada arrollando, y superando, cuanto obstáculo se presente”.

Cuando Pueyrredón se hizo cargo del Directorio (mayo de 1816) y luego de verificar el deplorable estado del Ejército Auxiliar que se encontraba en Jujuy, ordenó a Rondeau concentrarlo en Tucumán entregando a Güemes armamentos y municiones. A su vez le informaba que quedaba a cargo de Güemes la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar.

El Dr. Luis Oscar Colmenares deduce que Pueyrredón habría tomado estas medidas considerando lo que Güemes había logrado con sus milicias frente a Pezuela en 1814; en 1815 en Puesto del Marqués y en marzo de 1816 cuando obligó a capitular a Rondeau que había invadido Salta para darle un castigo ejemplar. Por ello pensó que Güemes podía impedir que las Provincias Unidas cayeran en poder de España. Y no se equivocó.

Güemes y los pueblos bajo su mando se abocaron a cumplir esta misión sin parangón, con el apoyo y comunicación permanente de los bolivianos con quienes intercambiaba información y les daba instrucciones militares. También los auxiliaba, como consta en el acta del Cabildo de Santa Cruz del 15 de octubre de 1816 en la que agradecía la ayuda prestada por Güemes a Ignacio Warnes en potros para su Escuadrón de Lanceros. El 4 de noviembre el mismo Cabildo, ante la amenaza realista, pedía ayuda a los pueblos vecinos entre los cuales figuraba Salta. También hace referencia a que Santa Cruz podía confiar en la ayuda de Güemes que en casos similares la había ofrecido y otorgado. Pese a la resistencia, Santa Cruz cayó en manos de Aguilera y varios cruceños se refugiaron en Salta.

El Alto Perú, hasta 1810 y por 34 años, había integrado el Virreinato del Río de la Plata y los Ejércitos al mando de Castelli, Balcarce, Pueyrredón, Belgrano, San Martín y Rondeau habían intentado recuperarlo infructuosamente. La vinculación de Güemes con sus habitantes, su capacidad de organización y la autoridad que ejercía sobre ellos quedó documentada en cartas como la que el 19 de agosto de 1814 escribe desde Jujuy a Pedro Flores en la que le solicita aliente y anime a los valientes tarijeños para hostilizar al enemigo apostado en Tupiza, Suipacha y La Quiaca. También lo instruye para que les impidan tomar víveres, ganados e incomodarlos, formar escuadrones e informarle semanalmente lo que ocurriera.

El 2 de noviembre de 1820, mediante Proclama Güemes exhortaba a los cruceños al último sacrificio para apoyar la expedición de San Martín. Ya contaba con la adhesión de los caudillos altoperuanos. Pero la misión encomendada se vio obstaculizada por la realidad. En setiembre de 1816, desde Moreno, Fernández Campero escribía a Güemes: “Veo los trabajos en que te hallas por carne para la tropa, pero si tú no me auxilias ¿cómo subsisto? Ya no hay recursos y esto nos mata. El enemigo debió salir de Yavi ayer, creo que no lo ha hecho, pero serán consecutivas las noticias si ocurre algo”. Declarada la Independencia, Güemes la hizo jurar en agosto en Jujuy. Fernández Campero lo hizo en Moreno (Quebrada de Humahuaca) el 30 de agosto, día de la Patrona de América, la peruana Santa Rosa (Isabel Flores de Oliva, fallecida en 1617 a los 31 años). A partir de entonces se luchó por defender la Independencia.

 

 

9. Infranqueable barrera

 

Cartas y Oficios de Güemes a terceros y de terceros a Güemes escritas entre 1810 y 1821 en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Catamarca, La Rioja, Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Mendoza, Rosario, Santiago de Chile, Tupiza, Mojo, Tarija, La Paz; Santa Cruz de la Sierra; Pomabamba y Potosí; en localidades como: Pilar, Capilla del Pilar, Río Seco, Hoyada, Rosario de la Frontera, Naranjo, Molinos, Payogasta, Cachi, San Carlos, San Isidro, Toldos, Toro, Chicoana, Concha, Molinos, Calchaquí, Sauces, Humahuaca, Pampa Blanca, San Pedro, Moreno, Huacalera, Casabindo, Fraile Muerto, Santa Catalina, Yavi, Brete, Huerta, Ranchos, Lules, Trancas, Papagayos, Santa María, Belén, Purificación (Banda Oriental), Misiones (Oriente Boliviano), Carachimayo, Colpa, etc; testimonian los vínculos entre Güemes, los patriotas diseminados en distintos puntos del extenso territorio de las entonces Provincias Unidas y sus pueblos.

Desde 1816 hasta su muerte, el ejército de Güemes frustró todos los intentos de la corona por recuperar el dominio del ex Virreinato del Río de la Plata. Belgrano, nuevamente al mando del Ejército Patrio, al anoticiarse en 1817 del avance de La Serna ordenó por Bando preparar el éxodo bajo pena de ser pasado por las armas aquél que proveyera aunque fuera un huevo al enemigo. La Serna fue expulsado sin apoyo del gobierno central ni de las Provincias. En Noviembre, Pedro Antonio de Olañeta invadió Jujuy y fue obligado a retirarse, lo mismo le ocurrió a Canterac en marzo de 1819.

Cada invasión provocó graves daños, pérdidas, muertes, irrecuperables gastos, devastación. Pezuela, La Serna, Ramírez, Canterac, Olañeta, Valdés, entre otros, no pudieron traspasar los límites de Salta en su camino a Buenos Aires pero huellaron la tierra de dolor y destrucción. A fines de 1818 Güemes se aprestaba a avanzar al Alto Perú comandando la vanguardia del Ejército Auxiliar luego del triunfo de San Martín en Maipú. Pero Pueyrredón dispuso que el Ejército marchara a enfrentar a los caudillos del Litoral. Al poco tiempo Pueyrredón renunció al cargo, sucediéndolo Rondeau.

En enero de 1820 el Ejército se sublevó en Arequito y Rondeau fue vencido en Cepeda por Estanislao López y Francisco Ramírez, quedando el país sin gobierno central. Entonces los realistas creyeron propicio el avance pero sólo pudieron llegar hasta Río Juramento (Sur de Salta) y tuvieron que regresar. El ejército con el que defendió a las Provincias Unidas siempre estuvo integrado por una mayoría gaucha. Según lo describe el Dr. Luis Oscar Colmenares: “Llegó a tener 6610 hombres, entre los que había una pequeña fuerza de línea. De acuerdo a una lista del año 1818 se componía de Estado Mayor, artillería, caballería de línea (división de gauchos de línea) que ascendían a 667 plazas y Escuadrones de Gauchos con 5.943 hombres. Los Escuadrones de gauchos no eran meras agrupaciones ocasionales de paisanos sino verdaderos cuerpos fijos y reglados de milicias, con fuero militar propio. Tenía servicio de maestranza, fábrica de pólvora y cartuchos, hospital y sastrería. Contaba, además, con varias divisiones corsarias con funciones parecidas a los modernos comandos y Capellanes”. Sólo 900 hombres de tropa de línea percibían haberes.

 

 

10. Suplicando auxilios

 

El 8 de junio de 1820, Güemes fue nombrado por San Martín General en Jefe del Ejército de Observación “por sus conocimientos distinguidos y servicios notorios, por voluntad y aclamación de los jefes y tropa del Ejército Libertador a mi mando”. El Director Supremo de Chile, Bernardo de O’ Higgins expresó por escrito a Güemes que su gobierno garantizaba que serían cumplidas las promesas que le hubiera hecho o hiciera San Martín. Güemes gobernaba la Intendencia de Salta desde 1815 y como supremo defensor de la Independencia se puso en acción de inmediato.

El Ejército de Observación debía unirse al de San Martín para acabar con el dominio hispánico. Güemes pidió a los gobiernos de las otras Provincias que lo reconocieran y auxiliaran, obtuvo lo primero pero no recursos. Desilusionado, escribía a O’ Higgins: “Todo me falta, nada he conseguido de las Provincias Unidas, a pesar de mis reclamos… Me he propuesto mirar mi parque exhausto de municiones y de útiles de pelea como si abundase en ellos, me he arrostrado a la pobreza; y socorridas mis divisiones con un chiripá de picote y una jerga por vestuario, ha desfilado ayer la primera y van a seguirla las otras, llevando sí grabado el lema Morir por la Patria es gloria”.

Güemes actuaba en común acuerdo con San Martín desde 1814, en el inmenso escenario conformado por el territorio hoy boliviano y la Intendencia de Salta. En el Alto Perú actuaron en masa los nativos y más de un centenar de caudillos, en su mayoría locales, el 90% de los cuales murieron combatiendo o ajusticiados. El comando unificado, oficialmente reconocido, lo ejerció el Gral. Martín Miguel de Güemes. Por ello dice Luis Grenni: “Esta región fue el templo de la Patria formado por majestuosas montañas en la propia espina dorsal del Ande en el que se batalló día a día”. “Sin este martirio San Martín no hubiera podido cruzar los Andes o su gesta hubiera sido ahogada al nacer.”

El 14 de agosto de 1820 Güemes registraba lo que estaba “pronto para la expedición al Perú de solo la Provincia a mi mando”. Mencionaba: 2.000 hombres de línea y gauchos escogidos “los más valientes subordinados y honrados”, sin contar las tropas y ganados que mantenía en la vanguardia, todos armados y la mayor parte municionados; 2.000 mulas de silla; 1.500 caballos; 500 mulas de arriar; 1400 burros de carga; 200 arrobas de galletas; 1500 cabezas de ganado vacuno y alguno lanar; charqui, ají, porotos, cebollas, tabaco y mil pesos. Luego aclaraba que todo había sido “aprontado sin costo alguno por parte del Estado, pues no tienen estas cajas un solo peso en circunstancias de haber sido atacada las Provincias por los enemigos y destruida en 5 años, que sólo ella ha trabajado por la causa, en general abandonada de las demás”.

En diciembre del mismo año envió al coronel José Miguel Lanza y cuatro colaboradores a Inquisivi (cerca de La Paz) a reclutar hombres. Güemes lo había nombrado Gobernador y Comandante militar de ésa región e instruido para informar a San Martín los movimientos del enemigo, sus posiciones y lo que considere oportuno; mantener línea de comunicación con el ejército de Güemes informando la situación de sus tropas, estado de los pueblos bajo su mando y las noticias que obtuviera de San Martín; mantener comunicación con las fuerzas patriotas del interior del Alto Perú invitándolas a operar en concierto y unión.

 

 

11. El faro que alumbra nuestra conciencia

 

Durante el primer semestre de 1821 Güemes suplicó auxilios para equipar la fuerza que debía marchar al Perú a sostener la campaña sanmartiniana. Pero las heridas abiertas por su gestión política y económica a favor de la Independencia, el sostenimiento de la causa –forzosa o voluntariamente- a cargo de los pudientes –ya ex pudientes- de Salta y Jujuy, generaron una enconada oposición que la traición coronó truncando la vida del prócer. A raíz de ello San Martín tuvo que retirarse del Perú después de declarar su independencia, sin lograr la liberación por la que ambos héroes y sus hombres habían sacrificado bienes, familia y vidas. Al anoticiarse de la muerte de Güemes, el Gral. venezolano José Antonio Páez que luchó a la par de Bolívar dijo: “El asesinato de Güemes en Salta demorará la independencia por más de cinco años”. En poco se equivocó Páez: Simón Bolívar y Antonio José de Sucre obtuvieron los lauros finales cuatro años después, cuando fue extirpado en 1825 el último foco realista en América del Sur.

Sobre la muerte de Güemes dijo Numa Romero del Carpio: “Un acontecimiento sombrío conmovió a todo el Continente y enlutó para siempre a los guerrilleros. El 17 de Junio moría Martín Miguel de Güemes, herido por una bala en la oscuridad de la noche del 7 de Junio. Desde entonces su inmensa figura es un faro que alumbra la conciencia, vigilante, de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su muerte debilitó los planes de San Martín y cambió el curso de la historia de nuestros pueblos”. Acertadas palabras del investigador boliviano, que supo interpretar la real dimensión de la actuación de Martín Güemes, lo que no ocurrió con algunos de sus pares argentinos.

 

 

Palabras finales

 

La actuación del Gral. Martín Miguel de Güemes y sus milicias gauchas fue salvífica para la Patria desde que Salta adhirió al movimiento de Mayo. En el proceso allí iniciado la epopeya Güemesiana fue de vital importancia ya que impidió durante una década que la corona española recuperara el poder. A casi 200 años de ése proceso es importante recordar:

· La relación fraternal que une a salteños, jujeños y bolivianos se consolidó en el extenso período en que se luchó por la Independencia. Martín Güemes, gestado en el vientre de una dama jujeña que educó cristiana y patrióticamente a sus hijos, nacidos uno en Jujuy y ocho en Salta, transitó ésos pueblos y compartió con ellos esperanzas y penurias. De allí el hermanamiento desde la cuna que se procura revitalizar.

· Argentina y Bolivia compartieron ideales y esfuerzos libertarios que las fronteras políticas no pudieron dividir. Los comandantes que se desempeñaban en el Alto Perú fueron guiados y aleccionados por Güemes, quien como Jefe de Vanguardia recibía y sus partes militares. Por ello se promueve que ambos países se aúnen en el reconocimiento a sus heroicos guerreros.

· Los triunfos en las Batallas de Tucumán y Salta fueron consecuencia de la unión de combatientes de la mayoría de las Provincias que integraban el ex Virreinato. En mérito a ellos el Gral. Manuel Belgrano obtuvo un premio monetario que destinó a la construcción de escuelas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Belgrano sabía que de la educación depende el futuro de los pueblos y los marcheros –hombres, mujeres y niños-procuran contribuir con sus acciones patrióticas a la educación de las generaciones presentes y futuras.

· Quienes lucharon por la libertad participaron en la construcción de una nueva Patria. La fuerza interior que los impulsó durante quince años pese al dolor, a la destrucción de sus hogares, al saqueo, la humillación de sus mujeres, la pérdida de sus hijos, etc. es la misma que hoy impulsa a marchar contra el olvido, la indiferencia, el vacío, a mantener valores, tradiciones, el respeto a los símbolos patrios y en suma, la identidad. Por ello la movilización se realiza a lomo de mula o a caballo, con indumentaria acorde al lugar de pertenencia, portando Banderas y Estandartes, alimentándose y pernoctando a la intemperie, para vivenciar parte de las privaciones y esfuerzos experimentados por quienes nos precedieron.

· Los gauchos de la epopeya emancipadora fueron jinetes incomparables que devoraban distancias, luchaban bravíamente, transitaban sendas ignoradas y con su astucia lograban pequeños triunfos equiparables a grandes batallas. Quienes los evocan se consideran descendientes y herederos de los “campeones” que Güemes tuvo el honor de mandar.

· Salta y Jujuy aportaron vidas, bienes, territorios, trabajo e iniciativas por ejemplo en las deliberaciones del Congreso de Tucumán. En 1816 la libertad peligraba pero Güemes, al impedir el avance del invasor, permitió la declaración de la independencia. Ese aporte heroico y sacrificado es lo que se desea difundir y valorar.

 

Lo enunciado enaltece las actividades de la Marcha Patriótica Permanente Gral. Martín M. de Güemes “Salta de Pie” porque a través de las mismas se:

· Exaltan las gestas Sanmartiniana, Belgraniana y Güemesiana, contribuyendo a su correcto conocimiento.

· Promueve la integración cultural reafirmando lazos de hermandad.

· Fortalece los valores que cimentan la identidad nacional.

· Fecunda el recuerdo de quienes heroicamente nos legaron una Patria libre.

· Difunde el respeto a los símbolos patrios, valores, tradiciones y sucesos gloriosos que enaltecen nuestro pasado y guían el porvenir.

 · Reivindica la debida honra al gaucho por su protagonismo en la lucha por la Independencia.

Todo ello genera la admiración y respeto con que fueron escritas estas páginas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTAS

 

Y

 

DISCURSOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

               LOS HÉROES

 

 

Rodolfo E. IBÁÑEZ PLAZA ·

 

Hoy miro mi casa y la de al lado,

Hoy miro mi plaza y mi bandera,

Hoy veo a la gente de mi pueblo,

Caminar y andar por todos lados.

 

Es la Libertad que hemos logrado,

Ya casi doscientos son los años,

Desde las hazañas de San Martín,

Belgrano, Güemes y tantos otros.

 

Sin embargo estar Alerta es lo acertado,

Hay alguien oculto entre las sombras,

Queriendo acabar la Paz y la Armonía,

Que esta Patria con luto ha conseguido.

 

No alces tus armas, mas no las guardes,

Mantén seca tu pólvora y el puñal con filo,

Despierta en las mañanas sin temores,

Pero ve atento y reserva entera tu valía,

 

Herencias de patriotas como Güemes,

No se manchan, no se venden, ni se olvidan,

Vela en sigilo, con prudencia y juicio,

El merecido descanso de tus héroes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN GAUCHA

 

 

Carlos DIEZ SAN MILLÁN ·

 

Padre Gaucho qu´stas en lo alto,

allá en el Puesto del Descanso,

nosotros, los hombres de Güemes

venimos a darte las gracias

y a ponernos al servicio

pa´ que se haga tu voluntá.

 

Te pedimos que bendigas

y protejas nuestros ranchos

hoy, y en todo momento,

y también las sementeras

pa´ que no falte el alimento

a toda esta raza criolla.

 

Perdona nuestros errores,

como lo hizo, por quererte

Don Martín Miguel de Güemes.

con grandeza de corazón,

perdonando a sus enemigos

que le acercaron la muerte.

 

Te pedimos por la patria

por la grande y por la chica,

Y que suenen tus palabras

como si fueran campanas,

pa´ que todas las naciones

vuelvan a ser hermanas.

 

 

En Rodeo Colorado, Iruya, a los 30 días del mes de abril de 2008

 

 

 

 

GUÍA GENEALÓGICA EN EL MILENIUM

 

 

R. L. P. N.

 

            Se presentó en Pro Cultura Salta el libro “Guía Genealógica en el Milenium” Tomo I Parte General, de Justino Terán. La presentación fue organizada por el Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta y auspiciada por el Instituto Güemesiano de Salta, el acto contó con una importante y calificada concurrencia, fue abierto por Bárbara Day en representación de Pro Cultura Salta y por Ercilia Navamuel en su carácter de presidente del Instituto Güemesiano de Salta. Los presentadores fueron D. Rogelio Wenceslao Saravia Toledo y D. Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, presidente y vicepresidente respectivamente del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, que resaltaron aspectos del autor y de la obra que abarca nueve capítulos y un epílogo digno de tener en cuenta.

            Importa resaltar que la noticia de la aparición de este libro, despertó un interés inmediato en nuestro medio y, a través de sus representantes, varias instituciones genealógicas del país hicieron llegar sus adhesiones al acto: Ignacio Tejerina Carreras de Córdoba, Marcelo Vieira de Mendoza, Guillermo Collado Madcur de San Juan, Manuel García Fernández del Centro Asturiano de Tucumán y Luis María Mesquita Errea de La Rioja, entre otros.

            La obra, de más de 400 páginas representa un valioso aporte para los estudios genealógicos tanto para quienes recién se inician en estas lides como para los que ya cuentan algunos años en indagar diversos archivos, repositorios y viejos papeles. Hacer genealogías, no es tarea simple, requiere de tiempo, compromiso y rigor, con prioridad en los métodos de investigación científica. Resalta Ignacio Tejerina Carreras en el prólogo, que Guía Genealógica en el Milenium “comienza con la definición de la Genealogía y sus nociones y principios, así como la vinculación con todas las ciencias y disciplinas de las que se sirve y a las que sirve”.

 

Rogelio Saravia Toledo, Justino Terán,

Leandro Plaza Navamuel y Ercilia Navamuel

 

            En síntesis, es el primer libro de estas características publicado en la Argentina y seguramente, por su didáctica, practicidad en la lectura, nociones y calidad, será de gran utilidad para todo investigador que se precie de tal. Con este libro se inicia una serie, que en próximos tomos contendrá otros aspectos de la genealogía del noroeste argentino. Terán tiene la palabra.

 

 

 

· Nota publicada en el diario digital El Intransigente.com, el sábado 8 de noviembre de 2008.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEMORIA ANUAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

MEMORIA ANUAL 2008

 

 

Ercilia NAVAMUEL

 

 

ENERO

 

            Días 8 al 13: Difusión de la Gesta Güemesiana en la prensa nacional, a cargo de la Prof. Macaria Choque, como delegada del Instituto Güemesiano de Salta, en Jesús María, Córdoba, Festival Nacional de Doma y Folklore. Distribuyó material bibliográfico de la Gesta Güemesiana.

 

            Día 19: La Prof. Macaria Choque, como delegada del Instituto Güemesiano de Salta, participó en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, Córdoba, difundiendo la Gesta Güemesiana y distribuyendo material bibliográfico proporcionado por el Instituto.

            Como conclusión de su participación, gestionó la grabación de un CD con dos temas: 1- Biografía Sintética del Gral. M. M. Güemes con música de Lito Nieva “Sueño Eterno”. 2- “Las Mujeres de la Independencia”. “Hablando de Salta”, intérprete Charanguita Martínez.

 

            La Prof. María Cristina Fernández de Pérez, delegada del Instituto Güemesiano de Salta en Buenos Aires, durante el año 2008, cumplió sus funciones en todos los Actos Patrios que se efectuaron en su jurisdicción.

            Día 26: Estuvo presente con abanderados en la Plaza San Martín para el inicio de la Cabalgata Retiro-San Lorenzo.

 

FEBRERO

 

Organización de los Actos Güemesianos. Gestiones en el Centro Cívico de Gran Bourg, para la publicación del Boletín Nº 32 del Instituto Güemesiano de Salta y gestiones para la conformación y concreción por Decreto del nuevo Consejo Directivo del Instituto Güemesiano.

            Día 8: Actos por el Natalicio del Gral. Güemes. Organizado por la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes: a horas 10, Acto en la Plaza 9 de Julio, Izamiento de Banderas. A 11.30 horas. Misa en la Catedral Basílica y Acto en el Panteón de las Glorias del Norte. Asistieron personal de Gobierno, Municipalidad, Policía de la Provincia, Ejército Argentino, Agrupación VII de Gendarmería Nacional y Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, acompañado por gauchas, socias y colaboradoras.   

            Organizado por el Instituto Güemesiano de Salta: A horas 19 en la Sede del Instituto. Acto Académico: Entrada de Banderas siendo escoltadas por el grupo folclórico gaucho “Infernales de Güemes” de Buenos Aires. Entonación de las estrofas del Himno Nacional e Himno al Gral. Güemes. Apertura y palabras alusivas a cargo de la presidente Prof. Ercilia Navamuel, quién además aclaró acerca de las confusiones que en la actualidad se están generando sobre el lugar de nacimiento de Don Martín Miguel de Güemes, provocados por conveniencias políticas y económicas, olvidando que está colocada una placa en la casa en donde está perfectamente documentado su natalicio en la ciudad de Salta. También se expuso sobre las dificultades en la publicación del Boletín Nº 32 al coincidir con las fechas de cambio de gobierno y renovación de estructura administrativa juntamente con la cuestión del nuevo presupuesto provincial.

            Fueron conferencistas los siguientes profesionales: Prof. Margarita González con el tema “Don Eustaquio Méndez y la Guerra Gaucha”. El Lic. Jorge Sáenz con el tema “La Guerra por la Independencia en el Norte”. Finalmente la senadora nacional Dra. Sonia Escudero expuso sobre el proyecto de la UNESCO del relevamiento del patrimonio histórico, invitando al Instituto Güemesiano a participar.

 

            Día 8: La Prof. delegada María Cristina Fernández organizó el acto evocativo del natalicio del Gral. M. M. de Güemes, en Plaza Güemes de Buenos Aires, junto con los Amigos de Plaza Güemes.

 

            Día 10 a horas 12.15: Radio 105.7, el periodista Lic. René Alejandro Ramos, Coordinador General del XIII Encuentro de las Tradiciones Gauchas Gral. Martín Miguel de Güemes, en el marco de las actividades a efectuarse durante todo el mes de Junio, efectuó un reportaje a la Prof. Ercilia Navamuel sobre la Gesta Güemesiana y el Instituto Güemesiano, también sobre los proyectos que tiene dicha institución para el corriente año.

            Por pedido del Lic. Ramos, se redactó un documento en que el Instituto Güemesiano Declara de Interés Histórico Güemesiano las actividades organizadas para el mes de Junio.

 

            Días 18 y 19: La Prof. delegada María Cristina Fernández, asistió al Encuentro de Comisiones Bicentenarias del NOA, efectuado en la ciudad de Metán, disertando sobre “El Manifiesto Gaucho”.

 

            Día 20: Actos en conmemoración a la Batalla de Salta del 20 de febrero de 1813, organizados por el Instituto Belgraniano de Salta y el Gobierno Provincial. Asistieron a los Actos personalidades de gobierno, policía provincial, Agrupación VII de Gendarmería Nacional, Ejército Argentino, miembros del Instituto Belgraniano de Salta y por el Instituto Güemesiano de Salta estuvieron la presidente Ercilia Navamuel, el Sr. Leandro Plaza Navamuel y un grupo de gauchas y profesores colaboradores del Instituto Güemesiano.

A 10 horas en la plaza Belgrano: Izamiento de banderas, estrofas del Himno Nacional, ofrenda floral y palabras del Dr. Jorge Skaf.

            A 11 horas desfile en el Monumento 20 de Febrero en el Campo de la Gloria.

 

            Día 22: La Prof. Macaria Choque, participó en Serenata a Cafayate, en nombre del Instituto Güemesiano de Salta, distribuyendo Bibliografía y láminas de la Gesta Güemesiana.

 

MARZO

 

 Continuación de gestiones de las autoridades del Instituto en el Ministerio de Gobierno y Gobernación, para el logro de la designación por Decreto, del nuevo Consejo Directivo del Instituto Güemesiano.

También gestiones en la Imprenta Milor para la publicación del Boletín Nº 32, por parte del director de publicaciones Leandro Plaza Navamuel.

           

            Día 7: La Prof. delegada en Buenos Aires, María Cristina Fernández, participó por Radio Nacional del Homenaje “Abanderadas del Patriotismo”, recordando a las mujeres patriotas salteñas.

 

            Día 14 a horas 20: En los salones del Club 20 de Febrero, el Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta efectuó la presentación de su Publicación Institucional Décimo Aniversario Nº 5, siendo expositores el señor presidente Dr. Rogelio Saravia Toledo y el señor vicepresidente MPN Rodolfo Leandro Plaza Navamuel. Asistió como invitada en representación del Instituto Güemesiano la Prof. Ercilia Navamuel, quién recibió el ofrecimiento de un juego completo de las publicaciones del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta para la Biblioteca del Instituto Güemesiano con la excepción del Nº 2 que se encuentra agotado, lo que se concretó de manos del tesorero de esa institución, D. Félix Rodrigo Bravo Herrera.

           

            Día 25 a horas 10: Por invitación del señor intendente del Municipio de Cerrillos, la presidente del Instituto Güemesiano, Prof. Ercilia Navamuel, participó como conferencista en los actos conmemorativos del “Pacto de los Cerrillos” en donde destacó la importancia de dicho episodio como factor de unidad nacional y jura de la Independencia el 9 de julio de 1816, asistió acompañada por los socios colaboradores del Instituto Güemesianos Prof. Mirian Gutiérrez y José Alejandro Cañizares. La participación en dicho Acto se logró por las gestiones del Sr. intendente, quién proporcionó el transporte de ida y vuelta, siendo atendida permanentemente por el personal de Cultura de la Municipalidad. El Acto se realizó en la Plaza Principal con la asistencia de numeroso público, escuelas del Departamento, miembros de la Parroquia, representaciones del Ejército Nacional, Policía de la Provincia, legisladores y otras personalidades de Gobierno. También fueron expositores los Prof. Luis Borelli y Miguel Ángel Cáceres, luciéndose ambos con los conceptos de los ejemplos que nos deja la historia sobre la vocación de unidad y reconciliación. El Acto terminó al mediodía.

            Luego de la exposición sobre Historia del Pacto de los Cerrillos, la Prof. E. Navamuel, entregó al Sr. Intendente 4 paquetes de bibliografía güemesiana para ser distribuidos en las bibliotecas y escuelas del Municipio, quedando el ofrecimiento para todo el público y otras entidades culturales o educativas de concurrir a la Sede del Instituto en donde se les entregaría también dicha bibliografía.

            El contacto con Cultura de la Municipalidad de Cerrillos, permitió proyectar la realización del circuito histórico del pueblo e iniciar gestiones para la restauración de edificios históricos ubicando placas con las referencias correspondientes. Para dicha tarea fue formalmente invitada a colaborar la Prof. Ercilia Navamuel.

 

            Día 25 de marzo es la fecha de firma por el Sr. Gobernador de la Provincia, del Decreto Nº 1480 de designación del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, con vigencia desde el 14 de febrero de 2008 hasta el 14 de febrero de 2012. Quedando integrado de la siguiente forma: Presidente Prof. Ercilia Navamuel, Vicepresidente y Director de Publicaciones MPN Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, Tesorero Esc. Víctor Fernández Esteban, Secretario Sr. José Alejandro Cañizares, Prosecretario Prof. Margarita González, Vocales Lic. Raymundo García Pinto, Lic. Jorge Sáenz, Dr. Álvaro Cornejo Fleming, Sr. Félix Rodrigo Bravo Herrera, Sr. Narciso Ángel Fabbroni y Prof. Darío Wayar Núñez.

 

ABRIL

 

El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano estableció la adhesión a los Actos por el Bicentenario de la Independencia Nacional, siendo los señores socios activos y secretarios coordinadores de la Comisión Provincial Década Bicentenaria, Martín Güemes y Alejandro Pojasi, responsables de cumplir funciones de nexo con dichas actividades.

 

            Día 2: El Instituto Güemesiano adhirió a los Actos oficiales por las Islas Malvinas, asistió en representación la Prof. Ercilia navamuel.

 

            Día 3: Adhesión del Instituto Güemesiano a los Actos organizados por el Fortín Martina Silva de Gurruchaga, en la Catedral Basílica, en conmemoración del fallecimiento de Doña Margarita del Carmen Puch de Güemes. Asistió en representación la Prof. Ercilia Navamuel.

 

            Día 16: El Instituto Güemesiano adhirió a los Actos organizados por la Municipalidad de Salta y Gobierno Provincial en conmemoración de la fundación de la Ciudad por Don Hernando de Lerma en 1582, que se efectuaron en la Plaza Güemes. Asistió en representación la Prof. Ercilia Navamuel. El Acto consistió en la presentación de Banderas, entonación del Himno Nacional e Himno a Salta y luego de los discursos correspondientes se efectuó el desfile.

 

            Día 29 a horas 19.30: Acto de asunción del nuevo Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, organizado por el Ministerio de Gobierno de la Provincia, en el Centro de Convenciones del Centro Cívico. Se contó con la presencia de los señores ministros de Gobierno y de Justicia con sus respectivos secretarios, funcionarios del gobierno provincial, personal de Ceremonial, Policía de la Provincia e invitados especiales, socios del Instituto Güemesiano de Salta, Instituto Sanmartiniano de Salta e Instituto Belgraniano de Salta, Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes, etc.

            El Acto se inició con palabras del señor ministro de gobierno don Antonio Marocco destacando la importancia del Instituto Güemesiano, presentando el nuevo Consejo Directivo y entregando en usufructo a la institución una computadora.

Seguidamente, la presidente del Instituto Güemesiano Prof. Ercilia Navamuel, expuso sobre la trayectoria del Instituto Güemesiano de Salta, sus logros y personalidades destacadas que le dieron origen y lo dirigieron como el Dr. Atilio Cornejo, el Lic. Luis Oscar Colmenares y otros. Haciendo referencias a los objetivos de investigación y difusión de la Gesta Güemesiana por la Independencia y cualidades de sus miembros, como las de exclusiva vocación sin fines de lucro ni de exaltación personal. Finalmente se refirió a la problemática del Bicentenario a lo cual el Instituto Güemesiano aportaría los estudios científicos competentes, siendo los señores coordinadores Martín Güemes y Alejandro Pojasi los responsables de mantener informados al Instituto Güemesiano sobre las actividades y homenajes que se organicen y prever lo necesario para su participación. También agradeció la entrega de la PC, la cual será un elemento de gran ayuda para el cumplimiento de los objetivos mencionados.

El acto concluyó con la exposición de los señores coordinadores de la Junta Provincial del Bicentenario.

 

MAYO

 

Día 3 a horas 11 en la Sede del Instituto Güemesiano de Salta: Se reúne el flamante Consejo Directivo del Instituto Güemesiano a fin de organizar las actividades del año y comentar las alternativas del Acto de Asunción. La prosecretario Prof. Margarita González se encargó de redactar el Acta en el libro correspondiente.

En primer lugar, la presidente del Instituto expuso sobre los gastos producidos en lo que va del año y los proyectos de conferencistas para los Actos Académicos de Junio. Luego se distribuyó a los nuevos miembros del Consejo Directivo copia del Decreto 1480 de designación y copia del Estatuto del Instituto, dictado en la fecha de su creación, 1972.

También se trató el tema de la decisión a tomar sobre el proyecto presentado por el Sr. Martín Güemes sobre creación del Instituto Güemesiano Nacional, sobre lo cual se acordó elevar nota al gobernador sobre la opinión que nos parece.

 

Día 15 de mayo de horas 9 a 17. La Comisión Directiva del Centro Vecinal de Atocha invitó al Instituto Güemesiano a los actos en homenaje al poeta José Solís Pizarro, fundador de dicha Villa por ser quién produjo el hallazgo de la reliquia Virgen de Atocha, donando los terrenos para la capilla y plaza. El Acto consistió en misa y discursos en la referida plaza “República Lírica de Atocha”, finalizando con un almuerzo criollo comunitario y visita a los sitios de significación histórica y cultural. Como la exposición de fotografías antiguas y documentales de la historia de Atocha.

Asistieron por el Instituto Güemesiano la Prof. Ercilia Navamuel, el Sr. José Cañizares, la socia activa Mirian Gutiérrez y su esposo. En la oportunidad se donó bibliografía güemesiana para ser distribuida entre el vecindario y escuela.

 

Día 16, 17 y 18: Trabajos de investigación histórica y de la cultura tradicional en el Departamento de Molinos gracias a la invitación de la hostería “Casa de D. Nicolás Severo de Isasmendi”, en donde se prestó asesoramiento histórico y cultural. Asistió la Prof. Ercilia Navamuel. En la oportunidad se hizo importante donación bibliográfica sobre la Gesta Güemesiana para la Hostería, Escuela, Biblioteca del Municipio, Parroquia, Policía y público en general.

 

Día 20 a horas 10: Acto de homenaje al Gral. M. M. Güemes en el Monumento, efectuado por la Embajada de Israel, con la presencia del señor embajador, El señor vicegobernador, ministros y otras autoridades, además de la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes. El Instituto Güemesiano de Salta fue invitado muy especialmente, asistiendo en representación la Prof. Ercilia Navamuel, el Sr. José Cañizares y la socia gaucha Arminda Tapia.

El Acto consistió en izamiento de Banderas, entonación del Himno Nacional, ofrenda floral para lo cual intervinieron las autoridades gubernamentales, el Sr. embajador y la Prof. Ercilia Navamuel. Siguieron los discursos del Sr. embajador, del señor vicegobernador y la entrega por la Prof. Ercilia Navamuel de bibliografía Güemesiana al señor embajador a quién se le dio la bienvenida.

 

Día 23 a horas 19, en la Sede del Instituto Güemesiano: Acto por el Glorioso 25 de Mayo de 1810: Presentación de banderas, entonación del Himno Nacional, palabras alusivas por la Prof. Ercilia Navamuel y conferencia del historiador tarijeño, doctor Oscar Eduardo Lazcano Henry, sobre “Historia de Tarija y sus vínculos con Salta”. Asistió importante público. El historiador Oscar Eduardo Lazcano Henry, donó a continuación para la biblioteca del Instituto, su última obra titulada “La Tierra Misma (Novela Histórica)”, editada en Tarija en abril de 2007.

 

            Día 25: Adhesión del Instituto Güemesiano a los Actos por la fecha patria organizados por el gobierno provincial.

 

Día 25: La delegada en Buenos Aires María Cristina Fernández, asistió a los actos de Bendición de la Bandera de Buenos Aires en la Parroquia Inmaculada Concepción, manifestando su objetivo de difundir la Gesta Güemesiana.

 

Día 26 a horas 20: Conferencia de la profesora Ercilia Navamuel en la Casa de la Cultura de Salta, sobre el tema Güemes y la Gesta Independista. Por invitación de los organizadores del 25º Congreso Federal de Guías de Turismo efectuado desde el 26 al 30 de mayo en Salta.

 

Días 26 al 30 a horas 11.55: Ponencias a cargo de la Prof. Ercilia Navamuel, sobre Significación Histórica del 25 de mayo de 1810, en el programa “Reflexiones” de Canal 11, por invitación del Sr. Roberto V. Casas.

 

Día 29 a 11.30 horas: Adhesión del Instituto Güemesiano con la asistencia del vocal del Consejo Directivo Lic. Jorge Sáenz, a los actos por el 198 Aniversario de la Creación del Ejército Argentino, en la Plaza de Armas del Regimiento de Caballería Ligero 5 Gral. Güemes.

 

JUNIO

 

            Día 2: Adhesión del Instituto Güemesiano de Salta a la Muestra Anual del Archivo y Biblioteca Histórico, titulada “Memoria de Salta en el Archivo Histórico”, en la Casa de la Cultura. Asistió la Prof. Ercilia Navamuel.

 

            Día 6: La delegada en Buenos Aires María Cristina Fernández, participó de los Actos Güemesianos en la Casa de Salta. Disertó sobre “El Gaucho, Forjador de la Independencia”, distribuyó bibliografía sobre la “Gesta Güemesiana”.

 

            Día 7 a horas 9: Adhesión del Instituto Güemesiano de Salta al Acto organizado por la Agrupación Tradicionalista de Salta Gauchos de Güemes, en Homenaje a la Sra. Magdalena “Macacha” Güemes de Tejada, en la plaza Macacha de la ciudad de Salta, en donde expuso palabras alusivas la Sra. Eufrasina Torres.

 

            Día 7 a horas 10: Acto organizado por el Instituto Güemesiano de Salta, en el monolito de plaza Gral. Belgrano, conmemorando la fecha en que fue herido mortalmente el Gral. M. M. Güemes. Presentación de banderas y entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino. Ofrenda floral y dirección del Acto a cargo de la Prof. Ercilia Navamuel con palabras alusivas. Disertación del Prof. Darío Wayar.

 

            Acto Académico a horas 19, en la Sede del Instituto Güemesiano de Salta.

            Presentación de Banderas y entonación del Himno Nacional Argentino, seguido del Himno al Gral. Güemes. Apertura con palabras alusivas a cargo de la presidente Prof. Ercilia Navamuel.

            Conferencias: Presentación del Boletín Nº 32, por el director de publicaciones MPN Leandro Plaza Navamuel.

            El Golpe de Mano en Humahuaca por el Lic. Jorge Sáenz.

            Las Medallas del Gral. Güemes por el numismático, doctor Roberto Enrique Díaz. La conferencia estuvo acompañada de una exposición de medallas en dos vitrinas aseguradas, las que quedaron para ser visitadas por el público por espacio de 10 días.

            Finalmente se procedió a la distribución del Boletín Nº 32 a todos los presentes.

           

            Día 11: La delegada en Buenos Aires, Prof. María Cristina Fernández, participó en el programa de Radio el Mundo, difundiendo “Los valores cristianos y morales de Güemes”.

 

            Día 12, de horas 7 a 18: Por gestiones del socio y miembro del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, Prof. Darío Wayar, la presidente Prof. Ercilia Navamuel disertó para estudiantes, docentes y vecinos, en las escuelas de los municipios de Guachipas y Coronel Moldes, sobre la Gesta del Gral. Martín Miguel Güemes, oportunidad en que también se distribuyó bibliografía alusiva para las bibliotecas escolares, municipales y docentes. Es de destacar la participación en el Colegio Puerta de Díaz Nº 5148 e Instituto San Bernardo Nº 8091.

 

            Día 13 a horas 10: Disertación para alumnos y docentes, sobre la Gesta Güemesiana a cargo de la Prof. Ercilia Navamuel, en el Liceo Cultural Docente de Salta; se concluyó el Acto con la película “La Guerra Gaucha” y se donó bibliografía y la película a dicho establecimiento.

 

            Día 15: La delegada en Buenos Aires, Prof. María Cristina Fernández, participó en los actos de Plaza Güemes de Adolfo Sordeaux, en donde se distribuyó material bibliográfico sobre la Gesta Güemesiana.

 

            Día 17 a horas 9: Adhesión y asistencia a los actos organizados por el Gobierno Provincial. Asistencia al Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral Basílica y al posterior desfile en Av. Uruguay ante el Monumento al Gral. Martín Miguel Güemes. Asistieron los miembros del Consejo Directivo, Prof. Ercilia Navamuel, el MPN Leandro Plaza Navamuel, Sr. José Cañizares y las socias colaboradoras Prof. Mirian Gutiérrez y Sra. Arminda Tapia.

            Acto Académico a horas 19 en la Sede del Instituto Güemesiano de Salta:

            Entrada de Banderas. Entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino y del Himno al Gral. M. M. Güemes.

            Apertura a cargo de la presidente Prof. Ercilia Navamuel con palabras alusivas.

            Conferencias: La Gran Gesta Güemesiana en la Lucha por la Independencia Vista por Don Dalmacio Vélez Sarsfield, a cargo del escribano Víctor Fernández Esteban.

            El Gral. José de San Martín en Salta a cargo del Prof. Matías Jorge.

            El Legado Güemes y la Escuela Agrícola, por la Prof. Mirian Gutiérrez.

 

            Día 18 a horas 10: Acto en Capilla el Chamical en recordación de la fecha y lugar en que fue sepultado el Gral. M. M. Güemes, organizado por el Instituto Güemesiano de Salta. Asistieron la Prof.: Ercilia Navamuel, el Sr. José Cañizares, 14 socios colaboradores y numeroso público criollos gauchos del lugar.

            Presentación de Banderas. Entonación del Himno Nacional Argentino y palabras alusivas a cargo de la profesora Ercilia Navamuel, todo en el Monolito del Cementerio del Chamical. Luego responso religioso y oración dirigida por la Sta. Diacona Lucrecia Díaz Torino de la Parroquia de la Merced y finalmente donación para los pobres de la región de mercaderías aportadas por Caritas y el Sr. Párroco de la Iglesia de la Merced, todo lo cual quedó depositado en la Capilla del Chamical con encargo de distribución a la Sra. Puas y la gaucha Sra. Dominga Chuchuy.

            La jornada finalizó con almuerzo criollo y visita al Museo Rural de Finca La Cruz. El Instituto Güemesiano de Salta distribuyó bibliografía y folletería a los vecinos que asistieron a los actos.

 

            Días 18 y 19: Adhesión del Instituto Güemesiano de Salta al IV Encuentro Interprovincial Década Bicentenaria 2006-2016. Evocación al Gral. Martín Miguel de Güemes y al Gral. Manuel Belgrano, organizados por el Gobierno Provincial en el Centro Cultural América. Asistieron el Lic. Jorge Sáenz y la Prof. Ercilia Navamuel.

 

            Días 20 y 21: La delegada en Buenos Aires Prof. María Cristina Fernández, participó en los Actos efectuados en el Monumento al Gral. Güemes de Buenos Aires, en homenaje a los generales M. M. Güemes y M. Belgrano. Durante todo el mes de Junio asesoró a estudiantes de historia de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

 

JULIO

 

            Días 7 a 11, a horas 11.55: Ponencias a cargo de la Prof. Ercilia Navamuel, sobre la Significación Histórica del 9 de Julio de 1816, en el programa “Reflexiones” de Canal 11, por invitación del Sr. Roberto V. Casas.

 

            Día 8 a horas 14: Conferencia en la Escuela Normal General Belgrano, sobre “la Gesta Güemesiana” a cargo de la Prof. Ercilia Navamuel, por invitación de las autoridades de dicho establecimiento. Se donó material bibliográfico para la biblioteca y docentes.

 

            Día 8 a horas 21, en Galería el Palacio: Adhesión del Instituto Güemesiano al Acto de agradecimiento “Hermanando Banderas, Bandera de Salta con La Heroica Bandera del Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, Corrientes”, organizado por la gaucha Teresita Espíndola.

 

            Día 9: Adhesión del Instituto Güemesiano a los Actos conmemorativos de la Independencia Nacional organizados por el Gobierno Provincial.

 

            Día 8: La delegada en Buenos Aires María Cristina Fernández, organizó y participó del acto en conmemoración de la Declaración de la Independencia, en Plaza Güemes en Buenos Aires, en donde pronunció palabras alusivas a la fecha y al Gral. M. M. de Güemes.

            Durante todo el mes de Julio la Prof. M. C. Fernández se dedicó a la investigación y difusión de la Gesta Güemesiana con publicaciones de artículos en diversas revistas.

 

            Día 14: La Prof. M. C. Fernández participó del acto en la Casa de Salta, de la inauguración de la Placa en Homenaje al Gral. M. M. de Güemes.

 

            Día 18: Colaboración con la revista El Guardamonte Nº 5 de la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes, con un artículo a cargo de la Prof. Ercilia Navamuel, sobre “Homenajes al Gral. Martín Miguel Güemes en Junio de 2008” por el Instituto Güemesiano de Salta. Dicho artículo fue acompañado de fotografías relacionadas con los actos efectuados, todo lo cual fue solicitado y recibido por el Sr. Jorge Virgilio Núñez.

 

            Día 19: Participación del Instituto Güemesiano, con la asistencia de la Prof. Ercilia Navamuel, en los Actos Patronales por la Virgen del Carmen en el pueblo de Seclantás. Se distribuyó bibliografía en la escuela y fortines gauchos además de aprovechar la oportunidad para profundizar en la investigación cultural tradicional de la región.

 

            Días 28 a 31: Adhesión del Instituto Güemesiano a los Actos Conmemorativos de la fundación de Gendarmería Nacional. Por pedido de dicha institución se prestó material para la exposición que se efectuó en el Centro Cultural América, atril y paneles con fotografías alusivas al Gral. M. M. Güemes, además de folletería para ser distribuida. Dicho material fue devuelto junto con una nota de agradecimiento firmada por el señor comandante mayor Julio Cesar Leguizamón.

            El día 31, se efectuaron los Actos Centrales en el Monumento al Gral. Güemes, asistiendo por parte del Instituto Güemesiano la profesora Ercilia Navamuel junto con el vicepresidente MPN Leandro Plaza Navamuel y la prosecretario profesora Margarita González.

 

AGOSTO

           

            Día 3 a 17.30 horas: Por invitación de la Senda Gloriosa de la Patria, el Instituto Güemesiano de Salta adhirió a los actos de inauguración de la Sede en la Iglesia de la Viña, cuyo párroco permitió que en la Sala Capitular, sobre calle San Juan, se hicieran los homenajes al Gral. M. M. de Güemes.

 

            Día 14 a 19.30 horas: Adhesión del Instituto Güemesiano al Acto Académico en Homenaje al Gral. José de San Martín, organizado por el Instituto Sanmartiniano de Salta y otras entidades culturales, oportunidad en que se expusieron varias conferencias. Asistió en representación del Instituto Güemesiano la Prof. Ercilia Navamuel.

 

            Día 17: El Instituto Güemesiano de Salta adhiere a los Actos en Homenaje al Gral. José de San Martín, organizados por el Gobierno Provincial y la Municipalidad de la ciudad de Salta efectuados a horas 14.30 en el Monumento del Gral. José de San Martín en el parque del mismo nombre, en la ciudad de Salta. Asistió en representación del instituto Güemesiano el miembro del Consejo Directivo, escribano Víctor Fernández Esteban.

 

            Días 15 a 23: Adhesión del Instituto Güemesiano de Salta a los Actos por las celebraciones del Éxodo en San Salvador de Jujuy. Por lo cual, los Fortines Gauchos efectuaron una cabalgata con la Virgen Peregrina, desde Potrero en Rosario de la Frontera, haciendo actos alusivos en pueblos y lugares históricos del trayecto hasta Jujuy. Participaron también gauchos de las provincias de Santiago del Estero y Tucumán, agregándose en el trayecto los de los municipios del sur salteño hasta el Departamento de Gral. Güemes. Participó en su carácter de socia académica del Instituto Güemesiano, la Prof. María Cristina Fernández de Pérez, distribuyendo material bibliográfico de su autoría y exponiendo en Lumbreras “Relación entre los generales San Martín, Manuel Belgrano y M. M. de Güemes”.

 

            Día 19: La Prof. Macaria Choque, como socia participó de la Semana Mundial del Folklore en la Capital Federal, Buenos Aires, organizado por el Consejo Argentino de Ingenieros y Universidad Católica Argentina, distribuyendo bibliografía y láminas de la Gesta Güemesiana en nombre del Instituto Güemesiano de Salta.

 

            La delegada en Buenos Aires Cristina Fernández, da a conocer que el Boletín Güemesiano Digital, cumplió 8 años de existencia mensual llegando al Nº 100, por medio del cual se difunde la gesta Güemesiana a nivel nacional e internacional.

 

            Día 24 a 11 horas: Misa del Milagro en la Catedral Basílica, para el Instituto Güemesiano y la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes. Asistieron los miembros del Consejo Directivo y socios.

 

SETIEMBRE

 

            Día 1º a 10 horas: En el Salón Blanco del Centro Cultural América se efectuó la conferencia “Claves Para Pensar la Argentina del Bicentenario” por monseñor Justo Laguna, Obispo Emérito de Morón. El Instituto Güemesiano de Salta participó del mismo con la asistencia de la Prof. Ercilia Navamuel y varios socios, por invitación de los organizadores Fundación Participar y Fundación C.E.A.L.D.

 

            Día 3: Adhesión del Instituto Güemesiano de Salta a los Actos en el pueblo de Río Piedras en conmemoración de la Batalla dada por el Gral. M. Belgrano en 1812. Fue organizado por el Municipio, Gobierno de Salta e Instituto Belgraniano de Salta. Luego de la parte protocolar, se escucharon las palabras alusivas del Belgraniano señor E. Pérez Torres. Asistieron el señor gobernador y vicegobernador, miembros de la Policía y Ejército, escolares, público en general y en representación del Instituto Güemesiano la Prof. Ercilia Navamuel, quién donó para el Municipio, Biblioteca y Escuelas bibliografía Güemesiana. Las actividades terminaron con un almuerzo criollo y la visita al monumento por el Combate de Río Las Piedras.

 

            Día 20: La Prof. Macaria Choque, distribuyó material bibliográfico proporcionado por el Instituto Güemesiano, en el Consejo Argentino de Ingenieros de Capital Federal.

 

            Día 22 y 23: En el día Mundial del Folklore, la Prof. Macaria Choque difundió y distribuyó material bibliográfico proporcionado por el Instituto Güemesiano, en la Universidad Católica de Buenos Aires y en la Casa de Salta.

 

            Día 27 a 10 horas: Por invitación del Círculo de Legisladores de la Provincia de Salta, que organizó el Ciclo de Conferencias sobre “Aspectos Relevantes de Mujeres que Tuvieron Preponderante Actuación en la Historia”, desarrollado en el Salón de Sesiones de la Cámara Legislativa de Salta, el Instituto Güemesiano de Salta participó con la disertación de la Prof. Ercilia Navamuel con el tema “Biografía de Doña Martina Silva de Gurruchaga y el pensamiento de sus tiempos” y la Prof. Margarita González con la “Biografía de Macacha Güemes”.

            Otras disertantes fueron: Sra. Marta Elena de la Zerda con el tema “La Participación de las Mujeres en la Guerra de la Independencia”. Senadora Nacional por Santa Cruz, Sra. Selva Judit Forestman, sobre “La Vida de Martina Chapanay, Dama Sanjuanina”.

            Asistieron, aparte de las disertantes, miembros del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano, como el MPN Leandro Plaza Navamuel y el Sr. José Cañizares además de socios, como la Sra. Rosa Cruz, Sra. Elena Almirón, Sta. Macaria Choque, Sra. Hortencia Arroyo, Prof. Mirian Gutiérrez, etc.

            Posteriormente el Círculo de Legisladores de la Provincia de Salta hizo llegar a cada uno de los disertantes una nota de agradecimiento y felicitaciones, firmada por el presidente, diputado (Mc) Ernesto Solá.

 

            Día 27 a horas 19.30: El Instituto Güemesiano de Salta participó de la Misa y Novena en honor a Ntra. Sra. de la Merced, por invitación de la Parroquia San Juan Bautista de la Merced. Asistió la Prof. Ercilia Navamuel junto con otras socias de la institución.

 

            Día 28 a 18 horas: El Instituto Güemesiano participó de la procesión en honor a Ntra. Sra. de la Merced, participaron la Prof. Ercilia Navamuel, Sr. José Cañizares y socias como las hermanas Díaz Torino y hermanas Ulivarri, entre otras más.

 

            Día 29 a 11,45 horas: Homenaje por un nuevo aniversario del fallecimiento del guerrero de la Independencia, coronel D. Bonifacio Ruiz de los Llanos, organizado y efectuado en el Regimiento de Caballería Ligero 5 “General Güemes”. Luego del Himno Nacional ejecutado por la Banda de Música Crnl. Ruiz de los Llanos, pronunció un discurso alusivo el jefe del Regimiento, teniente coronel Walter Ricardo Álvarez y posteriormente el señor Bernardo Manuel Ruiz de los Llanos, en nombre de los descendientes del prócer. A continuación, se invitó a los asistentes a un vino de honor. Asistió en representación del Instituto Güemesiano de Salta, el vicepresidente Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, quien hizo entrega a los presentes de bibliografía güemesiana y distribuyó un resumen biográfico del guerrero patriota homenajeado.

 

OCTUBRE

 

            Día 6: El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, designó a su vocal, Lic. Jorge Sáenz, como Delegado en la ciudad de Mar del Plata, en donde radicó su nuevo domicilio por razones laborales. Tiene proyectado organizar una subsede del Instituto para difundir la “Gesta Güemesiana” en la ciudad turística.

 

            Día 8 a horas 20, en los salones de Pro Cultura Salta, se presentó el libro “Las Cruces Catequísticas de Santiago del Estero” Ed. Quinto Centenario 2008, de doña Amalia Gramajo de Martines Moreno y don Hugo Martínez Moreno. Fueron auspiciantes Pro Cultura Salta, Instituto Güemesiano de Salta e Instituto de Cultura Hispánica de Salta, siendo disertantes la Prof. Ercilia Navamuel, El Prof. Vicente Pérez Sáenz y el historiador Hugo Martínez Moreno. Todo lo cual se efectuó en homenaje al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de la Dra. Amalia Gramajo de Martínez Moreno.

 

            Día 12 a horas 9: El Instituto Güemesiano de Salta participó de los actos por el Día de América Hispana, organizados por el Consulado de España y el Instituto de Cultura Hispánica de Salta, el cual se efectuó en el monumento a Isabel la Católica. Fueron conferencistas la Prof. Ercilia Navamuel y el señor intendente de la ciudad de Salta don Miguel Isa.

            A horas 10.30, se asistió a la misa en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, al coincidir dicha fecha con la fiesta patronal religiosa en honor a la Virgen del Pilar. Asistieron miembros del Instituto de Cultura Hispánica, la Prof. Ercilia Navamuel por el Instituto Güemesiano y el Consulado de España.

 

            Día 14: El señor Pablo Pérez, miembro de la Delegación en Buenos Aires del Instituto Güemesiano de Salta, disertó en la Provincia de Tucumán, Escuadrón 55 de Tucumán de Gendarmería Nacional, sobre “El Gral. M. M. Güemes y la guerra por la Independencia”. Al mismo tiempo distribuyó material bibliográfico güemesiano. Se recibió nota de agradecimiento de las autoridades de Gendarmería Nacional.

 

            Día 15: El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano de Salta, designó al señor Hugo Norman Martínez Moreno, salteño güemesiano residente en la ciudad de Santiago del Estero, como Delegado del Instituto en esa Provincia a fin de que difunda la “Gesta Güemesiana”. Para lo cual se le entregó el material bibliográfico necesario.

 

            Día 17: La Prof. delegada del Instituto Güemesiano en Buenos Aires M. Cristina Fernández de Pérez, entregó material bibliográfico güemesiano a la Biblioteca del Congreso de