LEYENDAS

 

         Las leyendas son relatos de determinados sucesos extraordinarios o fantásticos, que el pueblo considera fehacientemente ocurridos en determinado tiempo y lugar. Se basan en personajes o hechos reales o supuestos, en indicios naturales, en creencias religiosas y en supersticiones.

 

         Antiguamente, se refería a la historia o en relación de la vida de uno o más santos. Hoy es el relato de sucesos que, partiendo de una base histórica, han sido dibujados por la imaginación popular, es decir, que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos.

 

         Los relatos que en vez de narrar un acontecimiento notable de este tipo, exponen simplemente una creencia y la acreditan con episodios anecdóticos, no constituyen leyendas propiamente dichas. De todos modos, si tienen unidad narrativa, suele llamárselos leyendas, lo mismo que los relatos anecdóticos, sin veracidad documental, relativos a sucesos o personajes históricos.

 

         La dinámica de estas leyendas y relatos afines es la tradición popular. Ella los conserva en el patrimonio espiritual de la comunidad, reelaborándolos con matices locales.

 

Leyendas Religiosas

 

         En nuestro pasado histórico la fe religiosa ha recogido multitud de prodigios sobrenaturales, tales como los milagros de amor logrados por San Francisco Solano en su evangelización de los calchaquíes ; el asombroso advenimiento del "Cristo del Milagro" (1592) que se venera en la catedral de Salta ; el hallazgo de la "Virgen del Valle" en 1615, en la gruta de Choya, imagen que está en Catamarca, y el prestigio de los santos que se empecinan en quedarse en determinado lugar, que aparecen o desaparecen de donde no quieren estar, dando origen a santuarios famoso, a pueblos y a especiales motivaciones devotas.

 

Leyendas Históricas

 

         De la interpretación de determinados sucesos históricos, o de testimonios exagerados, se han derivado interesantes leyendas.

 

         A veces la interpretación de un hecho histórico que ha impresionado vivamente, supone la intervención de fuerzas sobrenaturales. Por ejemplo, la destrucción de Esteco, en 1692, por un terremoto, suele atribuirse,  como el relato bíblico, al castigo de su población impía.

 

         Otras veces las leyendas históricas dan relieve a personajes admirados o temidos, atribuyéndoles hazañas, astucias y otros rasgos singulares.

 

Leyendas geográficas

 

         Ha sido frecuente atribuir cualidades humanas o sobrehumanas a cerros, lagunas y otros lugares de difícil acceso o donde es fácil extraviarse. Comúnmente se incurre en interpretaciones animistas o se crean númenes como custodios de dichos lugares.

 

Leyendas de la Flora y de la Fauna

 

         En su mayor parte estas leyendas son de carácter etiológico (del griego "aitia", causa), pues se proponen explicar la causa u origen de un hecho cierto, como puede ser el color de una flor, o el grito de un animal.

 

         Quizás la más conocida es la leyenda norteña del cacuy, nombre quechua de un pájaro que en guaraní llaman urutaú o guemicué.

 

         Otra leyenda etiológica de este tipo nos llega de tierras guaraníticas ; es la de la flor del mburucuyá, la que los cristianos llamaron pasionaria, por haber descubierto en ella los atributos de la pasión de Jesús.

 

         Otra leyenda guaraní cuenta de este modo el origen del irupé o victoria regia, la bellísima planta acuática.

 

Leyendas animistas

 

         La superstición popular ha creado númenes y mitos numerosos, algunos de los cuales motivaron conocidas leyendas.

 

         Así como en los valles calchaquíes se tenía a Llantay por deidad protectora de las aves, y le hacían ofrendas los cazadores, Coquena es considerado más al norte, como numen protector de las vicuñas y guanacos.

 

 

 

EL CACIQUE GUATAVITÁ

 

                                                                  Leyenda Chibcha.

 

 

         Según cierta leyenda chibcha, vivió junto a la laguna Guatavitá (Colombia), un príncipe que, disgustado con su esposa, la castigaba y sometía a crueles humillaciones.

 

         Desesperada la infeliz, arrojose con su hijita a la laguna, donde se dice que fue acogida por la divinidad en un prodigioso palacio escondido en el fondo de las aguas. Mortificado por el arrepentimiento, desde entonces el príncipe solía llegar en una balsa al medio de la laguna y arrojaba ofrendas de oro y esmeraldas para desagraviar a su esposa y volver a ganar su corazón.

 

         Evocando ese mito, los muiscas efectuaban, en ciertas oportunidades, una extraña ceremonia religiosa. El cacique debía untarse íntegramente el cuerpo con cierta resina, y espolvoreárselo por completo con un fino polvo de oro. Después entraba a la laguna con una balsa, efectuaba ricas ofrendas de oro y piedras preciosas arrojándolas al agua, y él mismo se sumergía en un baño ritual.

 

         Esta ceremonia del "príncipe dorado" dejó de practicarse poco antes de la conquista española, pues los nativos de Guatavitá fueron aniquilados  por los de Bogotá. De todos modos, la fama de su prodigalidad llegó a oídos de los conquistadores, quienes emprendieron afanosamente su búsqueda, con el muy humano aliciente del oro

 

 

 

 

EL IMPERIO DE LOS INCAS

 

Se cuenta la leyenda...

 

         Cierta vez, en una isla del lago Titicaca, apareció una pareja divina hijos del Sol, a quienes éste les confió la misión de enseñar a los hombres  principios de civilización,  verdad y justicia. Para ello les entregó una vara de oro, mandándoles que se estableciesen allí donde la vara desapareciera al hundirla en el suelo. Partieron pues Manco Capac y Mama Ocllo en busca de su tierra  prometida, golpeando el suelo cada día con la vara mágica. Se detuvieron un poco Pacaritampu y al fin llegaron junto a la colina de Huanacuari, donde en el primer golpe en el suelo la vara de oro desapareció. Entonces la divina pareja se estableció allí ; enseñaron a las gentes del lugar a cultivar la tierra, a tejer la fibra y a construir casas ;  las leyes, la guerra y el culto del Sol. Fundaron, en fin, la ciudad de Cuzco, en cuyo dominio sobre los pueblos vecinos se cimentó el imperio de los incas.

 

 

 

 

LA ARAÑA

 

                                      Leyenda quichua

 

         Uru era el nombre de una princesa heredera de un trono inca. Su padre, el curaca Kúntur Capac, había procurado darle esmerada educación, pero la princesita, que vivía envuelta en lujos y refinamientos, era sumamente díscola y caprichosa. Pasaba los días comprando ricas telas y exóticos tocados y no cumplía con las obligaciones propias de su condición, escapándose de la tutela de ayos  o maestros. El Hamurpa, preocupado  por su indolencia y egoísmo, interpelaba al curaca : "Tú sabes que estás enfermo y próximo a morir, Kúntur Capac - solía decirle - Y tu hija heredará este trono, para el que no está preparada. Nada sabe de nuestra historia, de nuestras costumbres y necesidades, no realiza ninguna tarea útil o noble y sólo se ocupa en vestirse, adornarse y saborear manjares costosos que hace traer de lejanos lugares". El curaca Capac, preocupado por sus palabras, procuraba inculcar a Uru el sentido de la responsabilidad de su futuro cargo. Todo era en vano : Uru malgastaba grandes sumas en adquirir telas exóticas, adornos de oro y plata con que embellecía sus tocados, y pasaba indiferente y desdeñosa ante los súbditos que se agolpaban alrededor de su killapu sin un solo gesto benévolo ni humanitarios hacia ellos.

         Por fin llegó el día temido en que el curaca falleció. Su muerte fue lamentada por espacio de siete días y siete noches, con llantos y lastimeros cánticos religiosos con los que le expresaban su tristeza y su miedo por el destino que les esperaba en manos de la nueva reina. La joven, impresionada al principio por la muerte de su padre y su nuevo cargo, obedeció en todo a Hamurpa y gobernó con verdadera inteligencia, pero pronto se cansó de ello. Volvió a su vida egoísta y, embriagada por su poder, malgastó cuantiosas sumas en cumplir con sus caprichos ; pronto empobreció las arcas del palacio y comenzó a oprimir al pueblo con elevados impuestos, con los que podría mantener sus gastos.

         Un día en que Hamurpa y otros consejeros ancianos procuraban conmoverla para que prestara atención a las necesidades de su pueblo, Uru decidió desembarazarse de ellos. "Tomen prisioneros a todos los consejeros de mi padre y azótenlos hasta que mueran - ordenó - imperiosa y soberbia. Desde ahora en adelante, no conozco otros consejeros que mis deseos. Y no me importa que mi gente se empobrezca o carezca de tierras y alimentos. Yo, heredera directa de los incas, he nacido para gozar de la vida y ser obedecida". Y para ratificar su orden, tomó ella misma su cinturón trenzado en blando cuero de cabras y comenzó a golpear a los ancianos sacerdotes. No pudo, sin embargo, proseguir con su furia destructiva, su brazo quedó paralizado, y toda ella enmudeció ante una figura bellísima y majestuosa que se presentó interponiéndose entre los sacerdotes y la reina. "Has llegado demasiado lejos, princesa Uru - le advirtió la voz de la diosa -. Hemos decidido castigarte y liberar a tu tribu de tus desvaríos y tu mal gobierno. A partir de ahora sabrás lo que significa luchar por tu propio sustento. Trabajarás continuamente, sin descanso por los siglos de los siglos". La envolvió con su oscuro manto y la hizo desaparecer ente los ojos estupefactos de los consejeros.

         En su lugar había quedado un insecto pequeño, de cuerpo oscuro y velloso, provisto de ágiles patas, que comenzó inmediatamente a tejer una complicada tela con el hilo que extraía de su propio cuerpo. Desde entonces Uru, la araña de nuestra leyenda sigue tejiendo sin descanso para ganar el perdón de los dioses por sus antiguos errores.

 

               

EL QUIRQUINCHO

Leyenda quechua.

 

Pucá era una hábil tejedor que vivía en la Puna Jujeña. Fabricaba hermosas "cumbias" para los nobles, "abascas" sencillas para la gente de pueblo, y abrigos "yacollas" que se destacaban por el colorido y por la perfección del tejido. Su fama llegó hasta los incas más poderosos, y su pequeña choza se vio repleta de lanas y cueros con los cuales trabajaba rápidamente para cumplir con los pedidos. Los incas, satisfechos con su trabajo, le pagaban en oro, plata y piedras preciosas. " Pronto seré rico reflexionaba Pucá mientras se inclinaba, laborioso en su telar _ Y podré divertirme como los demás : pasearé, cazaré cuanto quiera y compraré todo lo que me guste"

 

En efecto, cansado de tanto trabajo y sacrificio, Pucá fue dejando sus telas y alejándose de su tarea. Se dedicó a la caza y comenzó a divertirse, embriagarse en compañía de otros indios, gastando su oro en cosas inútiles y vistosas. Rápidamente lo abandonó su   suerte y los príncipes dejaron de encargarle trabajos que ya no cumpliría. Un día sintió frío y se dio cuenta de que el invierno llegaba : "Tendré que tejerme una yacolla", pensó, y con manos temblorosas dispuso las tintas para teñir la lana. Pero hasta tal punto había perdido su habilidad, que el teñido salió pálido y lleno de manchas y después de varias horas de trabajo sólo logró un tejido flojo, grosero y lleno de ásperos nudos y pelotones de lana mal escardada.

 

"No importa, lo usaré así. Mañana trataré de tejer otro", se dijo, y se envolvió completamente con el poncho.

 

Cuando despertó, el "yacolla" se había adherido a su cuerpo formando una dura corza, y en lugar de piernas y brazos emergían de ella cuatro patas cortas terminadas en afiladas uñas. Así, convertido en quirquincho, se lo ve aún entre los cardones de la Puna donde había vivido o en la campiña argentina, huyendo de los peligros y escondiéndose dentro de su caparazón.

 



Los loros

                                                Leyenda quechua

          Hace mucho tiempo, en época de la dominación inca, los loros tenían lenguaje propio y  sabían pensar y razonar. Los incas, maravillados con estas aves, decidieron llevarlas junto a sus soberanos. "Será útil enseñarles nuestra lengua y cultura para que las extiendan por otros lugares de la Tierra", pensaron los reyes, y ordenaron a sus sabios que les enseñaran a los loros el lengua quechua, así como su ciencia y tradiciones.          

 

         Una vez que los loritos aprendieron todo lo que los incas creyeron prudente, volvieron a su lugar natal.

 

         "Ahora seremos los reyes de la selva", puesto que hablamos y razonamos como los seres humanos", se dijeron. y comenzaron a impartir  órdenes con voz chillona y desagradable, y a dar picotazos y muestras de soberbia. Los demás animales quedaron espantados al escuchar el extraño idioma, reaccionaron con violencia frente a la prepotencia de los loros y contestaron con airados gritos. Cada uno fue elevando más y más la voz hasta que toda la selva se llenó  de chillidos y ruidos. Fue entonces cuando el dios de las aves se enojó con los loros y les arrojó un puñado de tierra a la boca, los loros perdieron la facultad de razonar y sólo pudieron repetir lo que oían.

 

         Así quedaron desde aquel día, y como recuerdo de la ira del dios aún conservan la boca negra  por dentro, como si hubieran tragado el puñado de tierra que les cayó del cielo.

 

        

Adivinanza

 

         De colores  muy galanos, soy bruto y no lo parezco. Perpetua prisión padezco, uso del lenguaje humano, si bien de razón padezco.

 

 

Refranes.

 

         "Más seco que lengua de loro"

 

         "Loro viejo no aprende a hablar"

 

  

EL VIENTO ZONDA

 

                                                                                         Leyenda Calchaquí

           El indio Huampi gobernaba varias tribus de las que habitaban los valles calchaquíes. Bien merecía llevar su nombre, pues no había otro que se destacara como él por su indomable valor y su extraordinaria destreza en el manejo de las armas.

 

         Admirado y temido por todos, era al mismo tiempo amo y señor de toda la comarca..

 

         Huampi era cazador incansable y el más diestro que hasta entonces se había conocido. Manejaba el arco con tal habilidad que no perdía víctima a la que arrojara sus certeras flechas.

 

         Por eso en los montes, valles, praderas y bosques que recorría, tanto caían guanacos, vicuñas y huillas, como los cóndores, los suris y toda clase de aves...

 

         Huampi no perdonaba, en sus frecuentes cacerías, ni las crías más chiquitas.

 

Iba de este modo despoblando de animales la región. Y no era justo que así sucediera.

 

         Volvía un día, al caer la tarde, cargado de caza, cuando se le apareció Pachamama, entre resplandores :

 

         _¡Huampi, mal hijo de la Tierra !  ¿Te has propuesto terminar con todos los animales ?    ¿Por qué los persigues sañudamente ?. Hasta los pájaros del bosque te tienen miedo y callan cuando apareces.

 

         Huampi bajó la cabeza y Pachamama  prosiguió :

 

         -¿Piensas indio soberbio, que he creado los animales para que tú los mates ?.

 

         Sigue matando y llegará el momento en que te faltará su carne para comer y su leche, y sus pieles para cubrirte. Si no dejas vicuñas ni guanacos, ¿donde encontrarás lana suave y sedosa para tejer tus mantas ?. Si no dejas llamas, ¿qué animal llevará las cargas a lugares lejanos ? . ¡Mata las aves y no tendrás plumas para adornarte !

 

         Eres ambicioso y egoísta, y desagradecido porque no sabes apreciar ni respetar los bienes que te da la Madre Tierra. Huampi no tienes corazón. No mereces que te perdone..., sino un castigo por tu maldad, y te llegará....

 

 

         Y Pachamama desapareció envuelta en su luz, Huampi creyó despertar de una pesadilla. Estaba paralizado de miedo. Intentó dominarse, pero los amargos reproches de Pachamama y la amenaza de castigo le atormentaban duramente. Apoyando en el grueso tronco de un árbol, entregado a sus reflexiones, oyó un silbido.

 

         _¿Qué es eso ?. ¿Será el anuncio del castigo de la Pachamama ?

 

         Y no estaba equivocado. Al tiempo sintió su rostro azotado por el aire, que quemó su obscura piel ; las ramas de los árboles se agitaban, hojas, flores y frutos se arremolinaron a sus pies y el silbido era cada vez más lastimero y terrible.

 

         Huampi no dudó ya.. Era la furia de la Madre Tierra sobre él y sus dominios, en forma de huracán espantoso.

 

         Era el castigo prometido.

 

         Dicen que , desde entonces, sopla el viento Zonda por nuestros valles andinos con voz casi humana.

 

 

         ¡"RECORDAD EL CASTIGO DEL CAZADOR CRUEL". ¡Sed compasivos con los animales ! Respetad las leyes de la caza para que no desaparezcan las especies de la TIERRA".

 

 

EL COQUENA

                                                                                Leyenda salteña

 

         En las inmensas soledades de la puna, los ganados están protegidos. Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien defiende sus vidas de las crueldades humanas. Nadie a visto a Coquena. Es fama que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña. Lleva también diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo. Desde las alturas contempla sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.

 

         Prefieren cortar suavemente el vellón. Tampoco maltratan las a arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros. Se cuentan historias, en que justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don ; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hato de cabras en plena borrasca. Y está su persona tan ligada a los hechos que ocurren por estas regiones, que, en Salta, cuando aparece un forastero, para adquirir provisiones y, tocándose con el codo, murmuran : "Es coquena".

 

De un escrito de Juan Carlos Dávalos.

 

 

COQUENA

                  

Cazando vicuñas anduve en los cerros

Heridas de bala se escaparon dos.

- No caces vicuñas con armas de fuego ;

Coquena se enoja, - me dijo un pastor.

 

 

- ¿Por qué no pillarlas a la usanza vieja,

cercando la hoyada con hilo punzó ?

- ¿Para qué matarlas, si sólo codicias

para tus vestidos el fino vellón ?

 

 

- No caces vicuñas con armas de fuego,

Coquena se venga, - te lo digo yo

¿No viste en las mansas pupilas obscuras

brillar la serena mirada del dios ?

 

 

- ¿Tú viste a Coquena ? -  Yo nunca lo vide,

pero si mi agüelo, - repuso el pastor ;

una vez oíle silbar solamente

y en unos tolares, como a la oración.

 

 

Coquena es enano ; de vicuña lleva

sombrero, escarpines, casaca y calzón,

gasta diminutas ojotas de duende,

y diz que es de cholo la cara del dios.

 

 

De todo ganado que pace en los cerros

Coquena es oculto, celoso pastor ;

Si ves a lo lejos moverse las tropas,

es porque invisible las arrea el dios.

 

 

Y es él quien se roba de noche las llamas

cuando con exceso las carga el patrón.

 

 

                                                                  Juan Carlos Dávalos.

 

                       

                                            

 

LA CAZA DE LA VICUÑA

                                                                            Leyenda salteña.

          Para cazar tan gracioso rumiante los calchaquíes tienen un sistema curiosísimo.

 

         Llegada la época, los cazadores se reúnen formando compañías mandadas por capitanes elegidos por ellos y a los que obedecen ciegamente.

 

         El capitán pasa revista a su gente y después de haber comprobado cuales son los cerros más ricos en caza, se dirigen a ellos. Cada uno de los hombres marcha provisto de un atado conteniendo estacas y una larga cuerda de lana, de la que cuelgan, de trecho en trecho, cintas de colores vivos.

 

         Una vez formado los cazadores al pie del cerro, el capitán hace un agujero en el suelo, en donde todos depositan una ofrenda de coca, cigarros y llicta. Luego el capitán derramando un poco a aguardiente, invoca a la Pachamama, para que le sea propicia la cacería en la siguiente forma :

 

Madre del Cerro y de la Santa Tierra

 

Haz que no vaya bien,

 

danos vicuña y no nos mezquines,

 

danos fortuna y no nos hagas enfermar

 

¡ Haz que nos vaya bien !

 

¡ Haz que nos vaya bien !

 

         Concluída la invocación, se deshace la kacha o kuna o formación, y cada uno levanta sus estacas, cuerda de lana, boleadoras y demás útiles de caza que previamente habían colocado en tierra, en torno del ofrendario, para mayor solemnidad de la ceremonia.

 

         El agujero es tapado y los hombres, de acuerdo con las órdenes del capitán, ocupan sus puestos respectivos en la guerrilla que despliegan al pie del cerro. Así distribuidos todos, a una señal dada, empiezan a trepar y llegados a cierta altura clavan las estacas tendiendo las cuerdas para formar un inmenso corral, dentro del cual quedan aprisionadas las vicuñas que se hallan en las cumbres.

 

         Como en una evolución militar el cerco se estrecha paulatinamente. Ariscas como son, las vicuñas huyen de los que se aproximan, pero al llegar a las cuerdas, asustadas por los colgajos coloridos que flotan al viento, retrocedan sin animarse a salvar la frágil valla.

 

         Cerrando el círculo penetran en él los cazadores, a pie o en mula y lanzan las certeras boleadoras, abatiendo a las desgraciadas vicuñas que son de inmediato degolladas.

 

         Al final de la matanza el capitán reparte equitativamente las presas, cuyos cueros son vendidos a los acopiadores o bien benefician a los mismos cazadores, quienes hilan la delicada lana y fabrican con ella los renombrados ponchos de vicuña. La carne que charquean es conducida a los hogares para alimento de las respectivas familias.

 

Juan B. Ambrosetti.

 

(de Superticiones y Leyendas)

 

 

LA CREENCIA DE BREALITO

 

Leyenda salteña

          Era una población muy numerosa y trabajadora. Había oído la palabra de los misioneros y se mantenía muy devota. Pero la prosperidad de su comercio, el dinero excesivo que ganaban, hizo que los habitantes se perdieran. Lujos y vicios rivalizaban en primacía. Se olvidaron de Dios. Su Iglesia, muy linda y adornada de oro, no era concurrida. Una vez llegó al lugar un viejito muy pobre. Les habló en la plaza para que cambiaran de vida y realizaran penitencia de sus pecados. No le quisieron hacer caso y tampoco le dieron hospedaje ni comida. Entonces, el viejito se fue a un barrio alejado del centro de la urbe y ahí encontró una familia muy buena odiada por los demás a causa de sus costumbres puras. El jefe de la casa había sido sacristán. En recompensa del hospedaje el viejito les anunció los castigos que vendrían sobre los malos cristianos. Les aconsejó que se fueran en seguida a otro pueblo pero que, si oían grandes ruidos, no se dieran vuelta para mirar los desastres.

 

         Sucedió como predijo el anciano. Se oyeron grandes estrépitos de terremotos. El sacristán, curioso, volvió la cabeza para observar y... quedó convertido en piedra, rodando y deshaciéndose.

 

         La ciudad maldita yace  ahora en ruinas bajo la laguna. Los vecinos oyen en las noches el gemir de las campanas de la Iglesia, a las que todos insultaban. Creen también que, cuando las campanas suenan tan tristes, es porque las almas "muertas en condena vienen llorando sus pecados terrenales".    

 

Libro de Supersticiones Calchaquíes de P. Fortuny

 

 

 LA MUJER DE PIEDRA

                                                 

                                                                                     Leyenda salteña.

          Esteco era un pueblo tan rico que se gente no se conformaba con las comodidades y hacía uso del vicio y el derroche.

 

         Cierto día llegó hasta allí un raro personaje que comenzó a predicar la necesidad de volver al camino de Dios y a las buenas costumbres. Era un anciano de vestimenta humilde, larga barba, poco cabello y mirar severo.

 

         Predicaba a cuanto grupo humano encontraba a su paso, terminando con su profecía.

 

Salta...saltará

          San Miguel florecerá

                                               ¡Esteco perecerá !

 

         Algunos lo escuchaban por curiosidad, otros con cierto temor, pero la mayoría se burlaba y hasta inventaban bromas para mofarse del castigo que anunciaba el anciano.

 

         Una familia del lugar le había brindado alojamiento y afecto. El era español, ella india y tenían una hija llamada Milagro. Al atardecer del 13 de setiembre de 1692, cansado ya de predicar sin ningún fruto, el anciano habló a esta familia previniéndoles la  proximidad de un fuerte temblor. Les pidió que se alejaran de Esteco y cuando lo hicieran no se dieran vuelta por más    ruidos y clamores que escucharan.

 

         En una de las majestuosas residencias del pueblo se celebraba una gran fiesta a la que habían concurrido las más importantes y acaudaladas familias.

 

         Era ya medianoche. De pronto se oyeron los bramidos de la tierra... ¡Temblor !. ¡Temblor !.

 

         Milagro y sus padres caminaban a las puertas del pueblo recordando la profecía. ¿Quién era aquel misterioso personaje ? De repente Milagro escuchó una voz conocida que la llamaba y olvidando la prevención del ermitaño se dio vuelta. En este instante se quedó inmóvil, transformada en piedra.

 

         La orgullosa ciudad de Esteco se perdió. Actualmente en el lugar hay un monte cautivante en cantares y leyendas.

 

  

La Yerba Mate

 

                                                        Leyenda Guaraní

          Yarí - i vivía cerca de la selva misionera. Era bella y joven, y cuidaba con afecto a su viejo padre, un indio casi ciego que se había negado a seguir el curso de la nómade tribu a la que pertenecían. " Ya no tengo fuerzas para cambiar de morada - explicó -.  Sólo les pido que se lleven a mi hija, cuya juventud merece la compañía de otros jóvenes y no esta soledad". Pero la joven afirmó : "Estaré donde tu estés ; seré tu hija y tu hijo a la vez : aprenderé a cazar como hombre y a guisar como mujer".                                                             

 Y así fue. Solícita y cariñosa, Yarí - i  pronto aprendió a pescar, cazar y a recoger los frutos de la apretada selva donde habían quedado. Su padre, agradecido, rogaba a Tupá que recompensara a la joven por tantos desvelos.

 

         Cierto día, apareció en la casa, un hombre con hábito de peregrino, que no era otro que el mismo Tupá. Yarí - i lo recibió generosamente, cazó y cocinó para él un exquisito agutí y le preparó una confortable cama.

 

         Al día siguiente, el peregrino se preparó para partir "No me iré sin recompensarte - dijo -. Haré brotar una nueva planta que llevará tu nombre, y tú serás, desde ahora, la Caa - Yarí  inmortal". Diciendo así, el dios hizo nacer la yerba mate, cuyas virtudes refrescantes y terapéuticas son conocidas por todos los que la consumen.

 

 

                            Alhajerito Poético

 

Santo Tomás iba un día                         Santo Tomé les responde :

orillas del Paraguay,                              _Os tengo que abandonar

aprendiendo el guaraní                          porque Cristo me ha mandado

para predicar.                                         Otras tierra visitar.

 

Los jaguares y los pumas                       En recuerdo de mi estada

no le hacían ningún mal,                       una gracia os de dar

ni lo jejenes y avispas                             que es la yerba paraguaya

ni la serpiente coral.                              Que por mí, bendita está.

 

Los chontas y motacúes                         Santo Tomé entró en el río,        

palmito y sombra le dan :                      y  en peana de cristal

el managá le convida                              las aguas se le llevaron

a gustar de su panal.                             a las llanuras del mar.

 

Santo Tomé los bendice                          Los indios, de su partida,

y bendice al Paraguay                                     no se pueden consolar,

ya  los indios guaraníes                         y a Dios siempre le piden

le proclaman capitán.                                      Que vuelva Santo Tomé

 

A través de ésta poesía anónima el nacimiento de la yerba mate fue atribuido a Santo Tomé.                

 

 

LA FLOR DEL ILOLAY

LEYENDA

 

DON JUAN BERNARDO

 

DON JUAN

 

Érase una viejecilla

que en los ojos tenía un mal

y la pobre no cesaba

de llorar.

 

Una médica le dijo :

 

_ Te pudiera yo curar

si tus hijos me trajesen

una flor del Ilolay -

 

Y la pobre viejecilla

no cesaba de llorar,

por que no era nada fácil

encontrar

esa flor del ilo - ilo

Ilolay.

 

Más los hijos que a su madre

la querían a cuál más,

resolvieron irse lejos

a buscar,

esa flor maravillosa

que a los ciegos vista da.

 

 

BERNARDO

 

_Va rajado el cuento, abuelo,

como vos me lo cantaís

¡No habéis dicho que los hijos

eran tres !

 

DON JUAN

 

_ Bueno ; Ya están !

Y los tres, marchando juntos

caminaron hasta dar

con tres sendas, y tomaron

una senda cada cual.

 

El chiquillo que a su madre

quería más

fue derecho por su senda

sin parar,

preguntando a los viajeros

por la flor del Ilolay.

 

Y una noche fatigado

de viajar y preguntar,

en el hueco de unas peñas

acostóse a descansar.

Y lloraba, y a la pobre

cieguecilla recordaba

sin cesar.

 

Y ocurrió que de esas peñas

en la lóbrega osquedad,

al venir la medianoche

sus consejos de familia

celebraba Satanás

Y la diabla y los diablillos,

en horrible zarabanda

se ponían a bailar.

 

Carboncillo de los diablos,

el más diablo para el mal,

¡Carboncillo cayó el último

de gran flor en el ojal !

_Carboncillo ! - gritó al verle

furibundo Satanás -

¡Petulante Carboncillo,

quite allá.

 

¿Cómo viene a mi presencia

con la flor de Dios hechura

que a los ciegos vista da ?

Metió el rabo entre la piernas

y poniéndose a temblar,

Carboncillo tiró lejos

el adorno de su ojal.

 

Y el chiquillo recogióla,

y allá va,

¡corre, corre, que te corre

que te corre Satanás !

el camino desandando

sin parar,

y ganó la encrucijada

con la flor del Ilolay.

 

Le aguardaban sus hermanos,

y al mirarle regresar,

con la flor que pudieron

los muy tunos encontrar,

¡Le mataron envidiosos,

le mataron sin piedad !

Le enterraron allí cerca

del camino, en un erial,

y se fueron a su madre

con la flor del Ilolay.

 

Y curó la viejecita

de su mal,

y al pequeño recordando

sin cesar,

preguntaba a sus dos hijos

_ Dónde mi hijo, dónde está... ?

 

_ No le vimos contestaban

los perversos, - que quizás

extraviados con sus malas

compañías andará-

 

Y los días y los meses

se pasaron, y al lugar,

¡nunca, nunca el pobrecillo

volvió más !

Y una vez un pastorcillo

 que pasó por el erial,

una caña de canutos

vio al pasar.

 

Con la caña hizo una flauta,

y poniéndose a tocar,

escuchaba el pastorcillo

de las notas al compás,

que la caña suspiraba

con lamento sepulcral :

_Pastorcillo, no me toques

ni me dejes de tocar :

¿Mis hermanitos me han muerto

por la flor del Ylolay !

     Juan Carlos Dávalos

 

 

El Duende

 

_ Es - dijo el indio viejo, de barbas de chivato ,

empezando la historia con su habitual recato _

 

un hombre peticito, sombrerudo y lampiño,

forzudo como un toro, travieso como un niño.

 

Oculta en los bolsillos de su calzón de pana,

una mano de plomo y otra mano lana :

 

pregunta a quien le halla cual es la que prefiere,

y si elegía la lana, con la de plomo os hiere.

 

El hace en la cocina que rebalse la olla,

y él aumenta en el tulpo la dosis de cebolla.

 

De acuerdo con el gato, su compadre y amigo

echa pelos en la leche, se revuelca en el trigo,

 

a medianoche muele maíz en el mortero,

encabrita la jaca y aventa el avispero.

 

A la hora de la siesta cuando el sol reverbera,

se aparece a los chicos debajo de la higuera.

 

A  jugar les convida con palabras cordiales

y en la frente les deja tramendos cardenales.

 

El sábado a la noche ronda la pulpería

y aporrea a los ebrios con pesada porfía ;

 

se enanca en el caballo, les hurta los pellones

y el pan de las alforjas lo trueca por carbones.

 

El duende es el demonio del mal que muerde y pasa

el que pudre los huevos, el que apedrea la casa ;

 

toda molestia viene de su maligna influencia,

y un solo medio existe para burlar su ciencia.

 

Se sabe - acabó el viejo de barbas de chivato -,

que el duende es un espíritu que tiene un gran

olfato.

 

Para ahuyentar es bueno, según decía mi abuela

cargar en los bolsillos algo que mucha huela.

Por donde tal remedio, según lo que trasciende,

resulta peor que el duende.

 

Juan Carlos Dávalos.

 

 

 

 EL ZORRO Y EL QUIRQUINCHO

 

(Cuento criollo)

 

         Juan el zorro había comprado una linda chacrita, pero no le gustaba sembrarla. Así que fue en busca del quirquincho y le dijo : "Vea, compadre, yo tengo una chacrita medio abandonada, ¿vio ? Y quería decirle que si usted me la siembra, yo le doy la mitad de la cosecha. ¿Vale ?. El quirquincho dijo que sí. Pero el zorro, que quería aprovecharse de él, agregó : "Eso si..., lo que nace sobre la tierra va a ser mío y lo que nace por debajo va a ser de usted". El  quirquincho contestó : "Trato hecho, nunca deshecho". Y se fue a sembrar papas.

 

         Cuando llegó la época de la recolección, al zorro le tocaron los tallos y las hojas ; al quirquincho, los tubérculos. El zorro se aguantó el enojo y le dijo : "Vea, compadre, este reparto no me gustó. Así que la próxima vez me da a mí todo lo que crece por abajo y usted se queda con lo de arriba". El quirquincho contestó : "Trato hecho, nunca deshecho". Y se apresuró a sembrar trigo.

 

         Llegó el momento de la cosecha, y el zorro fue a llevarse su parte. Cuando vio que le tocaban todas las raíces y al quirquincho las espigas, puso cara de zorro bravo y le dijo al quirquincho : "Vea compadre, me estoy enojando mucho. Así que para la próxima, a mí me da lo de arriba y lo de abajo, y usted se queda con lo del medio. "El quirquincho, una vez más  contestó : "Trato hecho, nunca deshecho". Y sembró maíz.

 

         Apenas maduró la siembra, el zorro apareció con una gran carretilla a la que el quirquincho llenó con flojos penachos y raíces, mientras que él se quedaba con riquísimos choclos. El zorro no pudo más y le dijo : "Bueno, compadre, ahora sí que se acabó el trato ; ¡Váyase de mi chacrita !.Y el quirquincho se fue lo más campante, pero desde entonces el zorro no tuvo más remedio que aprender a sembrar.

Beatriz Parula.

 

 



LA PALOMA  DE LA PUÑALADA

 

         Leyenda guaraní

 

         Los antiguos guaraníes creían que Tupá, genio de bien, había creado los bosques, los animales y las aguas. Según sus creencias, Tupá tardó varias lunas en decidirse a crear al hombre, y sobre dicha creación cuentan la siguiente leyenda.

 

         Tupá tomó un poco de barro de las márgenes del río y creó un hombre  y una mujer, oscuritos como la tierra de la que estaban hechos, de ojos brillantes y ligeramente almendrados, de brazos fuertes y piernas ágiles para pasear por los bosques y las sierras, que les ofrecían los frutos para su sustento. Pero ocurrió que Tupá tuvo noticias de que otro dios había creado a un hombre y a una mujer blancos. El dios quedó mortificado y pensativo :  todo lo que el creaba con arcilla parda que poseía era oscuro. Trató de embellecer a sus criaturas con los colores más hermosos, y pintó al yacaré de verde, al yaguareté con pintas, y a la tuyuyú con tenues rosados, y a la volandera panmbí con todos los colores del arco iris y el polvo lejano de las estrellas... pero no quedó conforme : "Hay   un dios que creó a un hombre y una mujer blancos - decía - No quedaré contento hasta conseguir, por lo menos, una sola criatura blanca". Y frente a su aflicción, parecía que los arroyos quedaban quietos y los pájaros detenían sus vuelos ; el viento calmaba su gemido y las flores titilaban inquietas.

 

         Todo siguió así hasta que Aná, travieso demonio de las creencias guaraníes, consiguió llegar a la tierra de los hombres blancos y robar una "cuña morotí",  que regaló a Tupá. Este quedó muy admirado por la blancura de su piel y la transformó en blanquísima ave, dulce y buena, que fue la paloma.

 

         La paloma echó a volar y quiso visitar el mundo que había creado Tupá. Vio la plata de los arroyos, los bosques de distintos tonos de verde, los pájaros coloridos  y abigarrados... y se sintió muy, muy  triste por ser blanca. "Tan blanca, tan igual - se quejaba - ¿Por qué me habrá hecho Tupá de este color ? ¡Cuánta belleza hay en los demás animales...cuánto colorido, y mis plumitas, en cambio, tan tontas... ! Y seguía  protestando tanto, que Tupá tuvo que taparse los oídos.

 

         ¡Con lo que había deseado crear una criatura blanca ! No, No, señor, Tupá dejaría a la paloma tal cual estaba. La paloma se empeñaba cada vez más :"Por lo menos, unas plumitas, señor, con una nota de color..."

 

         Tupá no le hacía el menor caso : a él le gustaba así.

         Entonces la paloma, tristísima, hundió su agudo pico en la blancura de su pecho y, lentamente, vio teñirse su pechera algodonada con gotitas de sangre. Quiso lavarse en las aguas de un arroyo, pero la mancha no salía. Orgullosa por su colorido, por la belleza de esas plumitas se su pechera, se pavoneó muy oronda frente a las demás aves bullangueras   y policromadras.

 

¿I Tupá ?

 

La vio tan contenta, tan satisfecha, que se conformó.

 

Desde entonces, esta evecita es llamada "Paloma de la puñalada". Y dicen los guaraníes que es más coqueta y vanidosa que las demás  palomas, porque siempre recuerda, que, alguna vez, fue una hermosa mujer blanca a quien Tupá había dado forma de ave...

 

 

 



EL JUNCO

 

Leyenda guaraní



Pirí era una india guaraní   joven y bonita. Como a sus demás compañeras, le gustaba pasear en livianas guavirobas, mecerse al compás del río y despeinar su negra cabellera para dejar en libertad las apretadas trenzas. Entre risas y cantos, las jóvenes adornaban los sueltos cabellos con coloridas flores y ceñían su cuerpo con vistosas chumbé que ellas mismas tejían.

 

Cierto día, Pirí conoció a dos jóvenes hermanos llamados Yatatí y Mboré, reconocidos como valientes guerreros e inseparables camaradas. Yatatí y Mboré quedaron prendados de la joven, y desde entonces la colmaron de regalos para observar en sus reacciones los sentimientos que podían inspirarle. Pirí, sin comprender lo que ocurría, aceptaba sus presentes con alegría y complacencia, pero no se decidía a otorgar favores a ninguno de los dos hermanos.

 

Pasado un tiempo, Yatatí dijo a Mboré : "Hermano desde que nuestros pensamientos están dirigidos a Pirí nos hemos convertido en rivales y en enemigos. En nuestro corazón, donde antes albergábamos el amor fraternal, anidan ahora los celos y el rencor". Mboré dijo tristemente : "No podemos continuar así, lo sé. Sólo nos queda un camino para resolver este conflicto".

 

Yatatí asintió en silencio, y llenos de pesar ambos comenzaron a preparar las armas y ropas de combate...

 

Los demás compañeros supieron de inmediato lo que ocurría, pero no pudieron detener la fatal caminata hacia el oscuro monte donde tantas veces los hermanos habían cazado juntos, compartiendo el mismo alimento y el mismo esfuerzo. Yatatí  y Mboré decidirían con la lucha con la lucha cuál de los dos podría conquistar el corazón de Pirí.

 

Los días pasaron sin que nada se supiese de los hermanos. En vano los buscaron por montes y bosques durante varias lunas : Yatatí y Mboré habían desaparecido. Apesadumbrada, Pirí se dirigió lentamente a la orilla del río donde tantas veces había disfrutado de la compañía de otros jóvenes y doncellas e invocó al I - Yará (dios de las aguas) : "Oh, bondadoso dios, te suplico que me ayudes a compensar el daño que mi belleza causó. Conviérteme en algo útil para todos y por lo cual me recuerden".

 

I - Yará oyó su súplica y mandó al I - Porá (fantasma de las aguas) para que alzara en sus gigantescos brazos a la infortunada joven y la sumergiera en lo hondo del río. Sus compañeras, sorprendidas y apenadas, vieron como Pirí se hundía suavemente en las aguas, mientras sus flotantes cabellos se transformaban en plumosos penachos que cimbreaban en la  punta de un flexible tallo...

 

Así - según cuentan los guaraníes - nació el junco, la utilísima planta acuática a la llamaron Pirí en homenaje a la bella indiecita.

 

Glosario :

 

Pirí : Junco

 

Guaviroba : canoa

 

Cumbé : faja

 

El picaflor

 

Leyenda guaraní

 

Había una india muy bella que se llamaba Flor y estaba enamorada de un indio joven y valiente. Un día, el padre de Flor se llevó a su hija a otra tribu, donde estableció una nueva morada ; y el enamorado quedó sumido en tanta tristeza que se convirtió en ave. Desde entonces revolotea  por todas las flores para encontrar alguna vez a su Flor. En esta leyenda de origen guaraní, al Picaflor se lo llama "Mainunbi".

 

 

En Salta  hay muchas especies de picaflores ; el ventriazul, el garganta verde, el oreja azul, el dorado, el vientre blanco o el vientre canela, el coludito rojo...

 

 

Superticiones y creencias

 

Cuando el picaflor revolotea cerca de una persona, anuncia visita.

 

Donde hace nido el picaflor no cae el rayo ni hay incencio.

 

 

 

EL GIRASOL

 Leyenda guaraní

 

Pirayú y Mandió eran caciques de distintas tribus ribereñas : vivían a ambos lados del río Paraná. Sus pueblos intercambiaban productos de artesanías, compartían pacíficamente los predios para caza y pesca y celebraban sus festividades en común.

 

Cierta vez Mandió sugirió a Pirayú que unieran sus tribus por medio del matrimonio :"Dame tu hija, Pirayú, y nuestros pueblos se unirán para siempre", expresó. Pirayú, meneó gravemente la cabeza : "me temo que es imposible, Madió. Mi hija  Caranda - i (palmera) no consiente en casarse con nadie, pues ha ofrecido su vida al dios Sol. Desde pequeña, suele quedarse horas contemplándolo, y parece que no puede vivir sin él, pues los días nublados la ponen triste y meditabunda. No puedo casarla contigo".

 

Los ojos de Mandió brillaron con ira : "¡Te equivocas, Pirayú, si piensas que olvidaré este desprecio !. Y el soberbio cacique se retiró intempestivamente de la tienda de Pirayú, dejando a éste sumido en hondas meditaciones. Sabía que su pueblo corría un grave peligro, pues Mandió jamás olvidaba un agravio.

 

Pasaron varias lunas sin que nada aconteciera. Por fin, una tarde en que Caranda - i se había alejado con su flexible igá (canoa) para contemplar libremente la caída del Sol sobre el río, vio resplandores de fuego sobre su fuego sobre su aldea. Llena de funestos presentimientos, remó rápidamente hacia la orilla y procuró desembarcar. Pero unos brazos de acero la apresaron y trabaron sus movimientos, mientras la voz de Mondió resonaba en sus oídos : "¡Pídele a tu dios que te libere de mi venganza, desdeñosa princesa, pues ni tú ni tu tribu serán capaces de hacerlo !."Y su risa cruel avivó la angustia de la doncella. Esta, mientras procuraba infructuosamente liberarse de su captor, rezaba en muda oración a su dios : "¡Oh, Guarahjí (Sol), no permitas que Mandió lleve a cabo su malvado intento !".

 

Y el dios de los Potentes Rayos, el Guarahjí de los guaraníes, lo oyó. Envió hacia la joven un remolino de potentes rayos que la encolvieron y la hicieron desaparecer ante los ojos atemorizados de Mandió. En su lugar, brotó una esbelta planta con una flor hermosa y grande, cuya dorada cabecita seguía el curso del Sol en el cielo, como antes lo solía seguir la piadosa hija de Pirayú.

 

Y así fue, según cuentan los guaraníes, cómo nació el girasol.

 

Por Beatriz Parula



EL YARAVÍ

 

Leyenda salteña

 

Chasca Ñaui era la hija menor de un matrimonio quichua que vivía en una tribu, entre montañas del norte. Era una niña todavía, cuando un día oyó hablar de las virtudes de una laguna que encontraba cerca de allí. Decían que la doncella que se bañara en sus aguas, encontraría el marido anhelado.

 

Chascha Ñaui creció, transformándose en una hermosa joven y entonces deseó, como las otras jóvenes de la tribu, tener a alguien que la amara.

 

Una mañana, cuando los amancays y las retamas perfumaban el aire con sus flores, la joven decidió ir a la laguna y emprendió el camino. Cuando llegó, se quitó la túnica de combi y poco a poco se fue sumergiendo en el agua con la esperanza de encontrar a su compañero.

 

De pronto, el lejano sonido de una quena le advirtió que alguien se acercaba. Salió de la laguna, se puso su túnica ciñéndola a su cintura con una faja de vivos colores, calzó  sus pies con ojotas de cuero, arregló sus cabellos y los adornó con flores silvestres.

 

La vos de la quena sonaba cada vez más fuerte y una dulce esperanza florecía en Chasca Ñaui. Se sentó sobre una piedra cerca de la orilla y esperó. Por detrás de unas matas de chañar vio venir en su dirección, a un joven apuesto. Tocaba la quena como nunca lo había hecho nadie en el lugar ; su música llegaba a los oídos de Chasca Ñaui como un suave canto de amor.

 

Al verse, inclinaron sus rostros sonrientes en ademán de saludo, y Hayri, que así se llamaba el muchacho, quedó prendado de la joven.

 

Desde ese momento se vieron repetidas veces, hasta Hayri, seguro del profundo cariño que sentía por Chasca Ñaui, le pidió que fuera su esposa. Poco tiempo después se casaron y comenzaron a vivir felices en una cabaña próxima a un bosque.

 

Un día el sol se ocultaba detrás de los cerros y regresaban los dos de una visita a la laguna, inesperadamente se les interpuso en el camino un jefe español, acompañado de sus soldados. Pertenecían a las huestes de españoles que habían despojado a los incas de sus tierras. El jefe español, impresionado por la belleza Chasca Ñaui, la obligó a seguirlo.

 

Inútiles fueron los esfuerzo de Hayri para que no se la llevaran, pero los soldados azotaron al muchacho hasta dejarlo desvanecido. Cuando despertó, comenzó a buscarla sin tener en cuenta distancias ni peligros, pero jamás la encontró.

 

Desesperado optó por ir a la laguna. Allí pasaba las horas y los días tocando su quena ; cada nota iba reviviendo todo lo que había sucedido desde el momento en que vio por primera vez a la joven. Poco a poco el canto de la quena se fue haciendo más triste, hasta fijarse en una única melodía que reflejaba todo el dolor de su alma. Su vida se fue apagando, pero su quena sólo se calló cuando dio el último suspiro.

 

Mucho tiempo después, un joven indio encontró la quena, cuando se dispuso a tocarla, del instrumento sólo brotaba aquella triste melodía que creara Hayri antes de morir. Al escucharla en la tribu, todos recordaron a la pareja :

 

"Dos amantes palomitas

 

 penan, suspiran y lloran 

 

   y en viejos árboles moran

           

             a solas con su dolor"

 

Así nació el yaraví.

 

 

Glosario :

 

Yaraví : cantar que expresa el dolor producido por una pena de amor.

 

Chasca Ñaui : ojos de lucero.

 

Hayri : veloz

 

Combi :  tela fina de vicuña