Diego de Rojas

Por Andrés Mendieta

Expedicionario español del siglo XVI, acreditado como "caballero principal de Burgos" y por su buena situación económica, fue el primero que ingresó al actual noroeste argentino hasta llegar a desempeñarse como gobernador del Tucumán entre los años 1545 a 1549.

Antes de partir de Lima el virrey del Perú, Licenciado Vaca de Castro, para distinguirlo ante el Rey Carlos V le cursó una comunicación el 24 de noviembre de 1542 resaltando el accionar de Rojas en defensa de quienes estaban en contra de la Corona provocando calamidades a los naturales como un procedimiento de entorpecer los descubrimientos y, como así, dificultar la entrada al interior de las tierras descubiertas.

Diego de Almagro, con anterioridad, había presidido una marcha cu-yo fin tenía la intención fundamental la de llegar a Chile. Partió de Cuzco al frente de numerosos soldados e indios; como así de los sacerdotes mer-cedarios Fray Antonio de Solís y Fray Antonio de Almansa.

Al haber extraviado su ruta la partida pasó por el norte de Jujuy don-de los indios asesinaron a dos soldados y tras presentar combate sitiaron un pucará obligando a los expedicionarios abandonar el lugar para tantear seguir su viaje a Chile.

Almagro avanzó sobre Chicoana donde se estableció por espacio de dos meses para aprovisionarse de alimentos y reanudar el viaje a Tolombón (Cafayate), Hualfín y Londres (Catamarca); cruzando numerosos po-blados hasta llegar a Copiapó (Chile). Su retorno lo hizo por el sendero de la costa del mar y por el desierto de Atacama hasta llegar al Perú.

A fines de 1529 los pueblos partidarios a Lempira (1497-1537), jefe indio famoso por su lucha contra los españoles se insurreccionó apoyado por algunos hispanos no conforme con las disposiciones emanadas por la Corona.

El gobernador del Perú, Licenciado Cristóbal Vaca de Castro, reco-nociendo los triunfos del capitán Diego Rojas contra quienes se sublevaban las órdenes impartidas por el Rey Carlos V lo nombró Justicia Mayor y Gobernador de las tierras que descubriera para que se dirigirse hacia el nacimiento del Río Grande que también era llamado del Plata.

Diego de Rojas partió del Cuzco al mando de doscientos españoles, aborígenes, negros y esclavos, provisto además de una gran cantidad de armas, caballos y pertrechos de guerra. Asimismo, cabe destacar que in-tegraban la comitiva sacerdotes quienes fueron los primeros en difundir la palabra de Dios entre los nativos. Esta recordación alcanza a los Padres Francisco Galán de la Orden de los Comendadores de San Juan y el cléri-go Juan Cedrón.

Al llegar Tupiza (Bolivia) Rojas confundió de camino, - padeciendo de sed, mal de la puna, viento y fatiga- extravío que lo llevó alcanzar por asentamientos de Calahoyo, Moreta, Casabindo, Rincón de las Salinas, Tambo de Moreno, sobre la Quebrada del Toro, hasta llegar a Chicoana, "de discutida ubicación, pero con toda seguridad dentro del Valle Calchaquí".

También dejó marcadas sus huellas en los atajos que le permitirían cruzar por Córdoba, San Miguel de Tucumán, La Rioja, Jujuy, Salta y San Fernando del Valle de Catamarca, como de la misma forma en los desaparecidos asentamientos de Madrid, Esteco, y Cañete, entre otros.

En Santiago del Estero, antigua capital del Tucumán, se fundó las primeras instituciones civiles, religiosas, jurídicas, y culturales de nuestra epopeya poblacional. Por eso es llamada «Madre de Ciudades" al igual que otros centros poblados enunciados padeció de sangrientos pillaje entre por parte de las tribus de Chicoanas, Pulares y Guachipas.

Sería tedioso continuar visualizando la historia del Diego de Rojas, el descubridor del noroeste argentino, sino considero que esta nota no pretende hacer historia de toda la vida del gran expedicionario quien participó en las conquistas de Nicaragua y el Perú. En esta última región intervino, en 1538, en la fundación de Chuquisaca (actual Sucre), en el Alto Perú.
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En una contienda con los indígenas en la Quebrada de Maquijata, Diego Rojas recibió un flechazo en la pierna, herida que no le dio la trascendencia que merecía. Según parece la flecha poseía un potente veneno que acabó con la vida del conquistador luego de varios días de desgarra-dora agonía.

Sus restos fueron inhumados en las inmediaciones del actual pueblo de Maquijata (Departamento Choya), situado alrededor de 63 kilómetros de la ciudad de Santiago del Estero.

El poeta salteño Julio César Luzzatto, en 1944, recibió el primer premio consistente en una medalla de oro instituido por la Comisión Nacional de Cultura en un concurso convocado por la revista "Sustancia" (Tucumán) por su poema "Diego de Rojas, descubridor del norte argentino".

De igual forma uno de los grandes de las letras argentinas, Don Juan Carlos Dávalos, al referirse a Diego de Almagro, conquistador español muerto en 1544, volcó en el papel el siguiente poema:


Don Diego de Rojas
en un día así,
cuatrocientos años ha,
cruzó este ventoso,
quebrado país.

trescientos soldados
fueron por aquí,
cuando la conquista
heroica y rüin.

Tin-tin de cencerros
de armaduras y
de espuelas y espadas
oyó el Calchaquí.

Sonaron pedradas
zumbaron hondazos, tin-tin...
pasaron los siglos,
y de aquel trajín
de los castellanos
y del calchaquí,
sólo queda el eco perdido... Tin-tin.